domingo, 29 de enero de 2017

"HIDDEN FIGURES", la minireseña.




No tenía ni la más mínima idea de qué iba esta película así que mi sorpresa fue enorme al ver que el tema estaba relacionado con la carrera espacial de los 60’s. Les aviso por si no lo saben que yo soy harto fan de todo ese asunto espacial, ¡me chifla! Por su puesto que el tema principal de la película es la discriminación racial que existía en los Estados Unidos por aquellos años, cosa que ahora ya no se ve… si, aja.

Lo primero que hay que destacar es lo bien que está (físicamente) Kevin Costner, esto dicho por una de sus más grandes fans, mi madre bohemia. Francamente no entiendo por qué se opacó tanto la carrera de este actor si a mi juicio no es tan malo y sí tiene mucha presencia. Seguro lo recuerdan haciéndola de guarro de Whitney Houston en “The Bodyguard” (El Guardaespaldas) o trepado en su trajinera en “Waterworld” (Mundo Acuatico). Junto con Kostner aparecen tres actrices de color, negras pues, que están muy bien: Taraji P. Henson, Octavia Spencer y Janelle Monáe. Probablemente no ubicarán por su nombre a ninguna de estas actrices pero si las ven yo creo que sí las recuerdan de alguna otra película o serie de televisión. En el elenco aparecen dos personas más que sí son muy reconocibles: una es la tortita del Hombre Araña, Kirsten Dunst; y el otro es Jim Parsons, el Sheldon Cooper de “The Big Bang Theory” que aquí hace un papel similar al de la serie de televisión, un cerebro de la NASA.

La película está exquisitamente ambientada en los años 60´s, cosa que hay que agradecerle al director de arte. El guión, parte fundamental de cualquier película, es la adaptación del libro de Margot Lee Shetterly. La dirección es de Theodore Melfi.

La película tiene tres nominaciones al Oscar: Mejor Película, Mejor Actriz de Reparto (Octavia Spencer) y Mejor Guión Adaptado (Allison Schroeder y Theodore Melfi). De las tres nominaciones yo creo que solo se quedarán en eso, nominaciones. Sin embargo la película es buena, divertida y muy interesante, sobre todo ahora que el tema del racismo está tan de moda gracias al Cheeto Mayor, Donald Trump. Si les gusta la onda espacial tanto como a mí, no se la deben perder.







Otro día con más calmita… nos leemos.


sábado, 7 de enero de 2017

Cuando los mexicanos mostraron su ADN




Hace unos meses nos indignamos cuando Trump dijo que los mexicanos éramos unos delincuentes. Hoy, luego de ver los últimos sucesos, comienzo a pensar que tenía razón.

Unos dicen que son infiltrados pagados por el gobierno para desprestigiar las marchas y distraer la atención del objeto de la protesta. Otros dicen que son chairos enviados por el Dios Chairo (ya sabemos quién) con el fin de desestabilizar y hacer ver mal al partido en el poder. Quizás sea un poco de las dos cosas, a mí no me consta ni lo uno ni lo otro. Lo que estoy cierto, lo que es verdad, es que atrás de estos provocadores vienen otros cientos, quizás miles de ciudadanos comunes y corrientes que a la menor oportunidad sacaron su crianza silvestre carente del menor grado de principios e integridad.

Es muy triste y sobre todo penoso ver a niños, jóvenes, señoras y adultos mayores participando en esto a lo que unos llaman saqueo y otros actos de rapiña pero que yo siempre he conocido como vulgar robo. Hay fotos y videos donde claramente se ven a personas, incluso familias, cometiendo estos reprobables actos, personas que de infiltrados no tienen nada. Parece que el mensaje que los padres le quieren dar a sus hijos es que el robo se puede justificar e incluso aplaudir cuando este se comete en contra de alguien que tiene más o como consecuencia de un descontento o enojo colectivo. Si así es como piensan criar a sus vástagos qué podemos esperar de los mexicanos del mañana, una sociedad completamente descompuesta y corrompida en la que la norma será “chíngate al que puedas porque la vida ha sido injusta contigo”.

Durante estos actos delictivos (saqueos) en ningún caso vi a gente robando por hambre como muchos argumentan, yo vi gente robando por sinvergüenzas, porque así son, porque ese es su tamaño como personas, porque esa es su condición humana. Todos los días vemos a mexicanos violando normas, reglas, leyes, y lo vemos como parte de nuestra cultura, del folklore mexicano. Meterte en la fila en lugar de formarte, sobornar a alguien en lugar de cumplir con los requisitos, robarte un examen en lugar de estudiar, son cosas de todos los días, cosas simples que tristemente nos alejan cada día más de un mejor México.

Yo desde hace mucho tiempo perdí la fe en los políticos, en los que gobiernan este país, por lo que mi esperanza estaba puesta en el pueblo. Luego de todo esto mi pesimismo es radical y desesperanzador. Creo que la descomposición social ha tocado a la mayoría de los mexicanos. Es cierto que aun hay, y me incluyo, mexicanos que pensamos que la solución NO está en una persona, en un mesías, en un profeta, en un caudillo que mágicamente va a salvar a este país del pantano en el que se encuentra. Muchos creemos que la verdadera solución está en cada uno de nosotros, que en la medida en que seamos mejores personas seremos mejores ciudadanos que finalmente es de lo que está compuesta una nación, y que en la medida en que ese ejemplo les demos a nuestros hijos el futuro de este país será otro.

No me importa si hay descontento, no me importa si fueron chairos o infiltrados del gobierno, si eran provocadores profesionales, me importa y me preocupa que nosotros como sociedad no condenemos los hechos y solo lo veamos como algo anecdótico, divertido y hasta catártico porque eso solo habla de la descomposición social en la que todos estamos sumergidos.


Gobiernos vendrán de uno y otro partido pero nada cambiará mientras nosotros no lo hagamos. Cuándo será eso, francamente no lo sé.


Otro día con más calmita... nos leemos.