lunes, 17 de julio de 2017

Y que le caigo al MAM




Los museos de la Ciudad de México son muy bonitos por una sencilla razón, porque no hay gente. Y por eso yo soy feliz ahí, son como un remanso de paz en donde uno se puede desestresar y relajar rodeado de arte y gente bonita.

Ayer yo ya tenía planeado mi paseo, una rica caminata por el bosque rodeado de oyameles, pinos, encinos y quesadillas de flor de calabaza con queso. Cuando estaba a punto de emprender vuelo la “pegostes” de mi Sacrosanta se apuntó a mi paseo. Obvio que ella ya no está para caminar a campo traviesa, sus tiempos de mujer toda terreno ya fueron, así que tuve que improvisar y el resultado fue excelente. Una visita a la exposición “Rufino Tamayo el Éxtasis del Color” que se encuentra en el Museo de Arte Moderno en Chapultepec fue el nuevo destino.

Traer una ciruelita a bordo tiene sus ventajas, por ejemplo uno puede hacer uso de los estacionamientos destinados para los bebotes de la tercera edad, lo que en esta ocasión fue un gran paro ya que no había lugar en todo Chapultepec donde estacionarme.

El recorrido fue interesante, bello, cómodo, placentero, amable, y todo lo bonito que se puedan imaginar. Como siempre el personal de este museo, como el de la mayoría de los museos, fue sumamente amable y educado.






Cuando terminamos de recorrer la exposición de Tamayo salimos al jardín escultórico a tomar aire, y un cafecito de paso. Luego la saqué del museo por la entrada trasera, frente al Castillo de Chapultepec y a un costado del Monumento a los Niños Héroes, para que viera el bullicio dominical del bosque. Gente a borbotones: familias, vendedores, fotógrafos, merolicos, payasos, personas con perros y perros con personas, turistas, etc., todos interactuando y conviviendo en santa paz. Veinte minutos de baño de pueblo fueron suficientes para luego regresar al museo a retomar el recorrido.

Pasamos a dos salas más. En una estaba la exposición “La Colección. Escenarios de Identidad Mexicana” con parte del acervo del museo y en la cual, por cierto, sigo extrañando a "Las Dos Fridas" que anda de tour por el gabacho. En la otra sala nos encontramos con la exposición llamada “Amados Objetos”, con cosas bien bonitas e interesantes.


En la exposición "La Colección. Escenarios de Identidad Méxicana".

Exposición "Amados Objetos".

"Pronobis" de Reynaldo Velázquez. Talla en madera
ensamblada.

Pintura de viaje enrollada con la imagen de una virgen, s/f.

Con esta gran puerta la exposición da la bienvenida a los visitantes.


En los museos el tiempo vuela, tuvo que venir una de las personas del museo a decirnos que el museo estaba a punto de cerrar para que empezáramos a ahuecar el ala. Nosotros obedientes hicimos caso y salimos del museo contentos y felices, como siempre.

Por un lado es una pena ver que la gente poco va a los museos por iniciativa propia, muchos van en compañía de sus hijos porque los mandaron en la escuela pero pocos son los que acuden por verdadero gusto. Para los millones de chilangos que somos creo que debería de haber más personas disfrutando de los maravillosos museos que tenemos. Pero por otro lado gracias a que no hay tanta gente en los museos estos están bien cuidados y son harto disfrutables. Yo que soy enemigo de las multitudes y de la gente sin educación (que no cultura) me siento muy feliz cuando encuentro estos espacios tan padres.


Por ahora mi caminata al estilo Caperucita Roja fue pospuesta para la semana que entra, claro, si no es que se me atraviesa en el camino otra gran exposición como estas. 


Otro día con más calmita... nos leemos.


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