lunes, 12 de junio de 2017

Pablo Picasso y Diego Rivera, "Conversaciones a través del tiempo"




Con cuál exposición comienzo, me dije. Bueno pues “De tin marín de do pingüe cucara macara titere fue”... sí cómo no, hasta creen. En mi caso: uno propone, Dios dispone y la Sacrosanta IMPONE. Así que la que decidió a que exposición ir fue mi madre bohemia, y decidió bien. Doña Laura escogió la exposición de Pablo Picasso y Diego Rivera “Conversaciones a través del tiempo” que se presenta en el Museo de Bellas Artes.

Domingo, 2 de la tarde, entrada libre, ya se imaginar las colas kilométricas que encontré afuera de Bellas Artes. Una cola era para obtener boletos y la otra para entrar a la exposición. Pero no se preocupen, les voy a dar un buen tip: si ustedes tiene permiso legal para portar una ciruelita o un cebollín como yo, ya la hicieron. Resulta que mientras yo me formaba bajo el trinche Sol calcinante puse en buen resguardo a mi viejita, en la sombra. Mientras yo intercambiaba impresiones (ligaba) con una gringuita de buenos bigotes, la mañosa de mi Sacrosanta se movió y entró hasta el recinto a preguntar si no había trato especial para los y las viejitas pedorras. Un muy amable empleado de Bellas Artes le dijo – Usted no se preocupe, ahorita le consigo un boleto para que no se forme -. Presto el hombre fue hasta la taquilla y le trajo un boleto a mi madre, ella puso cara de “no chingue la amistad” y le dijo – Pero es que no vengo sola, vengo con mi hijo y como no veo bien pues necesito que entre conmigo -. De nuevo el buen hombre le dijo que no se apurara y fue por otro boleto para acá su charro negro.

Para entonces yo ya la había perdido de vista y comenzaba a preocuparme pues en la sombrita en donde la había estacionado ya no estaba. Pero de pronto veo que sale de la puerta de Bellas Artes y me hace una señal para que vaya hasta donde estaba ella. Ahí me enteré que ya tenía dos boletos listos para entrar. Le dije – Bueno, quédate aquí mientras me formo en la otra fila para entrar -, pero ella con cara de “tú no sabes con quién estás hablando” me dijo – Qué fila ni que ocho cuartos, vámonos directos por el elevador sin formarnos -. Yo lo único que atiné a decir fue ¡ah chinga!

Y así, por el elevador, subimos directamente a una de las salas de la exposición, de hecho tuvimos que salir para comenzar el recorrido desde el principio pero sin formarnos. No cabe duda que mi madre es más lista que el hambre, o por lo menos mañosa. Claro que a sus 85 años está muy bien que tenga ciertos privilegios y canonjías, mismas que yo disfruto por el solo hecho de ser un hijo bonito y encantador.

De la exposición qué les puedo decir, es una exposición imperdible. Obras prestadas de muchos museos del mundo, obras, muchas de ellas, inéditas y que difícilmente volveremos a ver en nuestro país. La gente que está acostumbrada ver a Diego Rivera como uno de los tres grandes muralistas verá en esta exposición mucha obra de los primeros años de Diego, cuando era un gran exponente del cubismo. Durante el tiempo en el que Diego vivió en Francia tuvo contacto con grandes maestros como el mismo Picasso y otros más que por aquellos tiempos experimentaban nuevas corrientes como el cubismo. Diego comenzó con sus murales en 1922 a instancia de Vasconcelos quien era el Secretario de Educación en ese entonces. Su primer mural, como todos sabemos, fue el que hizo en el anfiteatro Simón Bolívar de la escuela Preparatoria Nacional, hoy conocida como San Idelfonso. En la exposición vemos mucho del trabajo anterior a esa etapa de su vida, mucha obra cubista que se asemeja en mucho a la de Picasso.

Para los que creen que siempre hubo rivalidad entre Picasso y Rivera, en la exposición hay algunas cartas que Diego le mandó a Picasso en las cuales se puede ver el respeto y la admiración que sentían el uno por el otro. Por ahí hay quien dice que Picasso llegó a copiar el trabajo de Diego, que se lo fusiló pues, y al respecto Picasso dijo una vez: “¡Pues sí, he imitado a todo el mundo! Excepto a mí mismo”. Lo cierto es que la genialidad de ambos es indiscutible y cada uno tiene un lugar muy bien ganado en la historia y en el arte.

En la exposición se encuentra la obra conocida como Paisaje Zapatista de 1915 que se considera fue la que puso fin a su etapa cubista. En este cuadro se puede ver la influencia y la técnica de Picasso. Es una pintura muy interesante en la que se muestra lo europeo con lo meramente mexicano, cosa que sería el sello del maestro en los siguientes años. En sus siguientes trabajos Rivera tuvo una influencia considerable de Cézanne, esto se puede ver en esta exposición en dos obras: Paisaje de Fontenay y El Matemático.

En la exposición hay una serie de grabados que a mí en lo personal me encantaron, son grabados creados por Picasso de 1930 a 1937 a petición de Ambroise Vollard quien fue su galerista. A estos grabados se les conoce como “La Suite Vollard”. En este mismo espacio se encuentra la creación muestra del grabado de Picasso, La Minotauromaquia, que dicen algunos fue la obra precursora del famoso Guernica. Estos grabados se encuentran casi en la parte final de la exposición y son como la cereza en el pastel junto con unas ilustraciones que hizo el maestro Rivera para el Popol Vuh, 1931. Estas ilustraciones son impresionantemente hermosas, punto.

Despiden a los visitantes dos grandes obras: Cabeza de Marie-Thérèse (Tête de Marie-Thérèse) [1932-1934] de Picasso, y la famosa Vendedora de Alcatraces [1943] de Rivera perteneciente a la colección Miguel Alemán Velasco.

Bueno, desde aquella exposición de los 80s (si mal no recuerdo) que se presentó en el Museo Rufino Tamayo, “Los Picassos de Picasso”, yo no había visto una muestra tan completa del maestro malagueño como la que se está presentando ahora en Bellas Artes, así que no hay que perdérsela.

Salí de Bellas Artes muy cansado, qué quieren ya soy muy mayor, pero eso sí muy satisfecho de lo que vi. Además quedé muy agradecido con la gente del Museo de Bellas Artes por el trato tan amable y cordial que le dan a todos los visitantes, no solo a los que portamos viejita. Bien por ellos que hace su trabajo con mucho amor, cariño y respeto. Y ustedes, amigos lectores, no vayan a dejar de ver esta exposición porque es una de esas que se ven pocas veces en nuestra tenochca ciudad.

Las obras de arte son para verlas en persona y no en fotografía, así que solo les pondré algunas de la que tomé con el único fin de que se animen a ir y las admiren, como diría el gran Cantinflas: “De cuerpo presente”. Ánimas que les gusten.


Pablo Picasso
Autorretrato con paleta, 1906 
Diego Rivera
La niña de los abanicos, 1913



Diego Rivera
Retrato del escultor Elie Indenbaum, 1913 
Pablo Picasso
El poeta (Le poète),1912


Pablo Picasso
Hombre con bombín sentado en un sillón, 1915 
Diego Rivera
El joven de la estilográfica, Retrato de Best
Maugard, 1914


Diego Rivera
Paisaje zapatista, 1915 
Diego Rivera
El matemático, 1919


Diego Rivera
Tatuaje. Preparación de tinta (boceto para la grisalla del mural Cultura
purépecha en Palacio Nacinoal). 1942 
Diego Rivera
El amigo de Frida, 1931


Diego Rivera
Día de flores, 1925 
Pablo Picasso
La Flauta de Pan (La Flûte de Pan), 1923


Diego Rivera
La creación del universo, ilustración del Popol Vuh, 1931 
Pablo Picasso
Minotauro acariciando a una mujer dormida, de la Suite Vollard, 1936


Pablo Picasso
La Minotauromaquia (La Minotauromachie), 1935 
Diego Rivera
Vendedora de alcatraces, 1943


Pablo Picasso
Cabeza de Marie-Thérèse, 1932-1934 


Otro día con más calmita… nos leemos.


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