domingo, 19 de marzo de 2017

De Tin Marin De Do Pin... ¡Fue!




Ayer sábado me vi ante la encrucijada de decidir entre tres eventos que requerían mi presencia, la decisión fue difícil:


1. Fiesta de XV Años.- Un buen amigo me convidó a los XV años de su retoño, cosa que le agradezco, pero una de las cosas que más me chocan en este mundo son las Bodas y las fiestas de  XV Años. Me pego las aburridas del siglo viendo los desfiguros del padrino alcoholizado dando su emotivo discurso para la cumpleañera, o el eterno desfile de familiares y amigos bailando el vals con la rolliza quinceañera, o el baile moderno con los chambelanes ensalzado con pirotecnia, luces y harto hielo seco; o en el caso de las bodas la ridícula “Víbora de la Mar” con los novios subidos en tambaleantes sillas, o la ceremonia de la liga y el ramo en la que siempre van a dar al suelo las tías gordas quedadas, o el infalible baile colectivo del “Payaso de Rodeo” o “No rompas mi pobre corazón” en completa desincronización, o el fallido intento de muchos chavorrucos por entrar en los trajes sudados de Timbiriche para cantar y bailar el popurrí ochentero. Y ni qué decir de las cenas que se sirven en esos lugares, porciones mínimas y desabridas de alimentos con nombres muy rimbombantes pero nada agradables al paladar. Y la monserga de los meseros acosándote en todo momento para que no te vayas a ir sin darles su inmerecida propinota.

2. Reunión Familiar.- Una vez más mis octogenarias tías se reunirán para platicar únicamente de achaques, enfermedades y medicinas mientras mis primas (mayores que yo) intentarán ponerle ambiente a la velada con sus discos de Los Joao, Bronco y los Bukis. Mis primos seguramente jugarán al analista político repitiendo solo lo que escuchan de la chaira mayor Carmen Aristegui o de la abyecta Denise Dresser. Mis sobrinos absortos en sus celulares sufrirán de un autismo voluntario a lo largo de toda la reunión. Y así el tiempo pasará lentamente mientras yo al mismo tiempo intento atender tres pláticas completamente diferentes para no parecer grosero.

3. Concierto Sinfónico.- Uno de los pocos lugares en donde converge la perfección en todas sus expresiones. Los instrumentos perfectos elaborados por talentosos luthiers afinados con suma precisión. Maestros músicos dirigidos por un talentoso director de orquesta. Solistas con años y años de estudio y dedicación. Obras de genios de la música. Y todo en una sala diseñada exclusivamente para disfrutar de tanta perfección. En el concierto el maestro Johannes Moser, uno de los mejores violonchelistas, tocará con la orquesta las “Variaciones sobre un tema rococó, op. 33” de Chaikovski y con un poco de suerte vendrá un encore. Durante el intermedio habrá la oportunidad de salir al mezzanine para tomar una copa de vino tinto mientras el espíritu se reacomoda para la segunda parte del concierto. No habrán celulares en la sala, no habrá gente hablando, no habrá gente entrando una vez comenzado el concierto, en resumen no habrá pelados que me generen mis habituales entuertos y muinas. Todo será bonito, hermoso, respetuoso, cordial, sublime… será simplemente perfecto. Y de allí a cenar rico.



Bueno pues esas fueron mis tres opciones, seguramente ya se imaginarán por cuál me decidí. 


Otro día con más calmita... nos leemos.