miércoles, 14 de diciembre de 2016

Se les va a secar la mano y a caer el pito




A mí la senadora Ana Gabriela Guevara me cae mal, pero lo que le hicieron no tiene madre. Cuatro peladazos golpeando a alguien en el suelo es de cobardes, pero si ese alguien además es una mujer entonces es lo más vil y abyecto que puede haber, por decir lo menos. Pero lo peor de todo, lo que me da más asco, son toda esa bola de idiotas de las redes sociales que hacen bromas con algo tan lamentable como esto. Yo defiendo el buen sentido del humor pero también hay que tener límites, y el límite siempre tiene que ser el buen gusto y el respeto por las personas en lo particular. Hacer bromas que tienen que ver con la preferencia sexual o la apariencia de una persona que acaba de pasar por algo tan lamentable solo puede venir de personas igual de ruines que los que la golpearon. Un comentario de estos de mal gusto equivale a una patada más en la cara de esta mujer.

Deberíamos de hacer lo posible por educar a nuestros hijos, que es lo que nos corresponde, para que en un futuro no se conviertan en ese tipo de lacras sociales de las que lamentablemente están llenas las redes sociales y la vida misma.

Como diría un amigo: “No chinguen la amistad”.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

lunes, 12 de diciembre de 2016

¡Pun!... tranquilos, no pasa nada.




Que si los perros, que si el medio ambiente, que si son peligrosos, que si no me dejan dormir, que si la manga del muerto… puras quejas en contra de los cohetes y demás fuegos artificiales. Yo NO tengo ningún problema con esa tradición (NO EXCLUSIVA DE ESTE PAÍS).

Antes de vivir en mi actual Principado, en mi otra comarca, yo solía vivir enseguida a donde se encuentra un gran altar a la Virgen de Guadalupe, por lo que el 11 y 12 de diciembre aquello se transformaba en algo parecido a Bagdad en pleno bombardeo. Los cohetones que usaban para festejar a la Morenita parecían misiles tierra-aire, misiles Tomahawk o disparos de obuses, eran verdaderas explosiones hiroshimescas. Sin embargo yo nunca me puse punk, nunca fui de nena a pedirles que le bajaran a su festejo porque sabía que aquello no ocurría todos los días. Creo que hay cosas peores y que me molestan más (auditivamente hablando) que la esporádicas explosiones de cohetes. Por ejemplo el pinche perro de mi vecina que vive en la azotea y que no deja de ladrar (a coro) todas las noches. O los cientos de vendedores que pasan por las calles todo el día con tremendos megáfonos. O los millones de oligofrénicos que tocan el claxon a la menor provocación. O los nacotes que traen tremendos sistemas de audio en sus coches para escuchar su peladísima música de banda o reguetón (y todavía le bajan los cristales de sus coches para llamar la atención). En fin, hay cientos de fuentes de ruido que a mí me molestan más que los cohetes que puedan usarse en las fiestas patronales o en la noche del 15 y en Año Nuevo.

Con respecto a lo que contaminan, esto es mínimo si lo comparamos a las bonitas emisiones de tan solo una micro o de un puesto de pollos a la leña. A mí me preocupa más respirar toda la caca de perros pulverizada que hay en el medio ambiente que la bocanada de humo que genera un cohetón. Cierto es que los perros no tienen la culpa de esto sino sus estúpidos y huevones dueños que no levantan las heces de sus animales porque carecen de la más elemental educación cívica.

En fin, seguramente ustedes pensarán que yo soy descendiente directo del Ecoloco pero créanme que no. Tengo más conciencia ambiental que muchos de los que se cortan las venas cada vez que escuchan el estallido de un cohete, es solo que yo le doy la justa dimensión a las cosas y entiendo que la tolerancia es algo vital cuando vivimos en esto que llamamos “sociedad”.


Ya saben que yo no soy dueño de la verdad absoluta, esta es tan solo una opinión… la mía.


Disneyland.

Dubai.

Londres.

Hong Kong.

Paris.

Singapur.

Sídney.

Otro día con más calmita... nos leemos. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

¡ALERTA AMBER!, se extravió mi espíritu navideño




Ya sé que es lo que me falta para comenzar a agarrarle sabor a la navidad… N.Y.

Sí, ya me cansé de recorrer centros comerciales en busca de alguna bonita locación que me haga sentir la navidad y nada, nomás no la encuentro. Los centros comerciales están bastante desangelados, igual que las calles y la ciudad completa.

Por otro lado ver a la gente en mangas de camisa eso tampoco ayuda al bonito espíritu navideño. Yo quisiera ver a todos con chamarras, abrigos, gorras, bufandas, guantes, etc., pero con este clima nada de eso se deja ver. Un poco de nieve no nos vendría mal, así el trineo de Santa se deslizaría mejor y no caería en alguno de los chingomil baches que tiene nuestra tenochca ciudad.

No sé si las navidades ya no son como antes o yo soy el que ya no soy el de antes, pero yo recuerdo que de chavo todo se veía diferente. Bueno ya ni siquiera podemos ir a tomarnos la tradicional y peladísima foto con los Santa Clauses de la Alameda, hasta ese gusto nos quitaron.

Ayer vi en un centro comercial a un grupo de niños cantando villancicos, de esos que son como del Ejército de Salvación, pero lo hacían con una hueva tal que daban lástima, además de que los caché haciendo tremendo playback al estilo Siempre en Domingo.  

Antes por estos días ya habían llegado a mi casa varias tarjetas navideñas mismas que yo orgulloso exhibía en algún mueble de la casa. Hoy eso ya es historia, ya nadie manda a hacer en Santo Domingo sus tarjetas navideñas personalizadas.  

Todo esto ha ido haciendo que mi espíritu navideño entre en fase terminal, por eso creo que lo único que podría salvar mi agonizante gusto por la navidad es una escapadita a Nueva York. Posiblemente las piernudas rockettes, una patinadita en Rockefeller Center y un paseo en carreta por Central Park nevado podrían regresarme ese gusto por la navidad que yo solía tener de crío.


Ánimas que se arme la coperacha para que su grinchiento amigo pueda viajar a la hermana República de la Hamburguesa en busca de su extraviado espíritu navideño. Vía de mientras ♫♪ Jingle bells, jingle bells… ♫♪  y caigamos en oración.


Rockefeller Center en Navidad.


Otro día con más calmita... nos leemos.