lunes, 21 de noviembre de 2016

La afición mexicana reprobó en el MNF de la NFL




Comenzó bien el evento. El estadio Azteca repleto y luego de su “chainiadita” hasta se veía decoroso (en lo que cabe). El himno de los Estados Unidos se interpretó de manera impecable y el respeto que mostró el aficionado mexicano fue digno de encomio. Luego como que la puerca comenzó a torcer el rabo. Apareció Julión Álvarez para cantar el Himno Nacional Mexicano… ¿así o más pelado? La interpretación estuvo medio confusa, entre que se le olvidó y entre que no se entendió. Yo me preguntó, ¿si tenemos al Coque Muñiz para qué invitar a este hijo de la Banda? 

Momentos después lo inevitable, lo que no puede faltar en el estadio Azteca, EL NACO. Y así, a coro, la chusma mostró su código postal gritando el peladísimo ¡Eeeeh Puto! Sí, estoy de acuerdo, no es un grito homofóbico, pero de que es peladísimo (por decir lo menos)… lo es. 

Y por si estas bonitas muestras de subdesarrollo no fueran suficientes apareció un naco con un laser dirigiendo la luz a la cara del QB de los Texans. Esto lo vieron en todo el mundo y lo vieron las autoridades de la NFL, así que no nos extrañe si este fue el último partido en nuestro país. 

Faltaba la cereza en el pastel y esta la puso… ¿quién creen? Pues más nacos. Lo hicieron lanzando avioncitos de papel al terreno de juego hechos con los cartones que les habían dado para hacer los mosaicos del medio tiempo. 

Ni hablar, somos un país subdesarrollado al que le falta muchísima educación. No generalizo, sería injusto, pero es triste que por unos pocos, o en este caso unos muchos, paguemos los aficionados a este deporte.


Hablando del partido hay que decir que estuvo bastante bueno, muy emocionante. Claro que hubo un par de “errores” de los oficiales que definitivamente ayudaron a que los Raiders ganaran el partido. No quiero pensar mal pero con eso de que es una costumbre que los árbitros se vendan en este estadio todo “sospechosismo” es aceptable. 

En fin, espero que algún día podamos comportarnos como gente de primer mundo si es que queremos seguir disfrutando de estos espectáculos de primer mundo. Digo.

Julión cantando el Himno Nacional Mexicano... no hubo pa' más.

El nefasto grito del futbol mexicano estuvo presente en el partido de
la NFL... ¡de pelados!

El láser que estuvo molestando al QB de los Texans podría ser la causa
de que no regrese la NFL a México.

Otro día con más calmita... nos leemos. 


martes, 15 de noviembre de 2016

La Súper Luna



¿Vieron la Súper Luna? ¿No? Yo tampoco, no se preocupen. La Luna allí está y allí estará por mucho tiempo. Es la misma que vieron los enamorados hace miles de años y va a ser la misma el resto de nuestras vidas (enamorados no se angustien). Más grande sí, un poco, casi imperceptible. Lo cierto es que gente se sugestiona cuando escucha el término “súper” por lo que asegura que la Luna de ayer era tamaño XL. Pues no, la Luna se vio igual, ligeramente más grande pero no tanto como cuando se asoma al caer la tarde o cuando se baña en el océano.

Lo que yo recomiendo, yo que soy un astrónomo villamenlón, es que no esperen a que le pongan adjetivos a la Luna para voltear a verla, adjetivos ridículos como “súper”, “sangre” o “eclipse”. La Luna es una y ya, de queso y lista cada mes para los amorosos que, como diría el poeta chiapaneco: “la toman en dosis precisas y controladas”.

Viéramos de voltear más seguido al cielo, ahí viven y juegan una enorme cantidad de astros que por un momento nos permiten escapar de esta nuestra esquizofrénica morada llamada Tierra. No es tan difícil, solo levanten la vista y ya.





Foto: Esta no es la Súper Luna de ayer, es la Luna a secas, así sin apellidos ni apodos. ¿No es hermosa?


Otro día con más calimta... nos leemos. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El extraño sueño de la Sacrosanta




Ayer mientras unos se jugaban las elecciones presidenciales en Estados Unidos mi Sacrosanta se jugaba la vida en un hospital. Y es que tres estudios simultáneos que para cualquiera de nosotros son a piese of cake, para ella, una ciruelita de la tercera edad (entrando a la cuarta), es algo bastante serio. Si a eso le añadimos la ya mermada y abollada salud de Doña Laura, pues la cosa no estaba fácil.

La noche previa me la pasé en vela preparando todo para su cita con los galenos: ropa, medicina, documentos, dinero, etc. Tuve que consumir grandes cantidades de café porque Morfeo se la pasó coqueteando conmigo all nigh long, pero afortunadamente nunca caí en sus brazos.

Llegué muy temprano al hospital, media hora antes de la cita. Me dirigí directo a la recepción en donde le harían los estudios y las maniobras pertinentes. La amable señorita luego de darme los buenos días me mandó a la caja acompañado de mi tarjetita de crédito. Ya saben que en esos lugares lo primero es lo primero… o sea el varo.

Regresé con la señorita luego de haber apoquinado y me dio nuevas instrucciones – Tome asiento por favor, enseguida le llaman -. Obediente cual niño en vísperas de navidad fui a depositar mi bien torneado trasero en una silla junto a mi madre. Luego intenté distraer a la Sacrosanta haciendo algunos comentarios “picarescos” acerca de la concurrencia allí reunida… eso nunca falla. Mi madre que estaba harto nerviosa por un momento se distrajo hasta que una señorita salió a llamarla.

La enfermera le entrego ropa de hospital y la mandó a cambiarse. Luego mi madre regresó conmigo a darme sus pertenencias y así la vi desaparecer por una puerta junto con la enfermera que la llevaba del brazo. Yo me quedé en la sala de espera junto con los familiares de otros pacientitos que andaban en las mismas.

Como sabía que la cosa iba a ser tardada yo iba bien preparado: libro, walkman, celular con juegos (ajedrez, sudoku y scrabble), galletas varias, más café, y mi infalible libreta por si se me ocurría algo (como esto). Mentalizado, así como cuando uno viaja a Europa y sabe que le esperan 12 horas de vuelo, intenté olvidarme del reloj y enfocarme a perder el tiempo en lo que fuera. Un rato jugué con el celular, otro rato escuché música, otro rato más escuché música mientras jugaba con el celular, intenté leer una biografía de Cuauhtemoc (el Tlatoani no el futbolista-político), platiqué con algunas de las personas que esperaban junto conmigo, en fin, hice todo lo posible por matar el tiempo. Incluso me puse a ver una televisión que había por ahí y quedé maravillado con lo que encontré. Primero vi un programa de esos que hay en las mañanas en donde salen como mil conductores, entre los que reconocí estaban: Albertano, Adrian Uribe, el “Burro” Van Rankin, Araiza, Galilea, Legarreta y muchos muchos más que no tengo la menor idea de quiénes eran. El programa estaba como para que en ese momento me hubieran internado a mí también con un severo daño cerebral irreversible, una cosa de pena ajena. Luego empezó una telenovela en la que descubrí al matador Capetillo, cosa que me dio gusto porque hace mucho tiempo que no lo veía en la tele (ni en la plaza de toros). La novela no sé ni cómo se llamaba y solo reconocí a Guillermo Capetillo. Francamente no entiendo cómo puede haber gente que se siente a ver esa programación y menos en las mañanas… ¿qué no tendrán algo mejor que hacer?

Pasaron una, dos, tres, cuatro horas y nada que me daban noticias. Para ese entonces ya me sabía la vida de todos los allí presentes junto con el historial clínico de sus familiares. Ya había jugado tantas partidas de ajedrez que si me hubieran traído a Karpárov seguro le hubiera dado la vuelta. Por mi walkman ya habían desfilado desde Yo-Yo Ma hasta Ramón Ayala y sus Bravos del Norte. En fin, ya me estaba comenzando a aburrir y, lo que es peor, a preocupar.

Salí un rato de la sala pero sin irme muy lejos por si me necesitaban. Estiré las piernas justo afuera de los quirófanos. Mientras estuve allí escuché a varios doctores que salían a hablar con los familiares. De los cinco casos que me tocó escuchar cuatro fueron muy malas noticias así que opté por retirarme de ese lugar ya que en lugar de distraerme comencé a preocuparme más. Regresé a mi lugar y retomé mi lectura tlatelolca.

Las horas seguían pasando y yo veía como uno a uno se iban retirando los pacientes con sus familiares. Aquella sala repleta comenzó a quedar sola. A lo largo del día vi como cada vez que alguien se acercaba a pedir información les decían que siguieran esperando, que ellos les iban a llamar. Por esa razón yo no me había acercado a peguntar por mi ciruelita pero llegó un momento en que decidí que ya era hora de hacer panchos. Justo cuando estaba por levantarme me llamaron del mostrador. La amable señorita en lugar de darme informes me pidió que fuera a pagar un material extra que habían tenido que usar. Antes de ir le pregunté por la salud de la Sacrosanta pero no me quiso decir nada, me dijo que en un momento iba a salir el doctor a hablar conmigo.

En friega me fui a pagar a la caja. Mientras caminaba le daba una leída a la larga lista de chunches que me estaban cobrando. Casi me da un infarto cuando en la lista encontré algo que decía “resucitador”. No me quedó más que apresurar el paso para regresar cuanto antes.

Cuando volví a la sala la encontré vacía. Las dos personas que esperaban a su paciente ya no estaban y la señorita del mostrador brillaba por su ausencia. De pronto salió el doctor, un doctor de esos que le gustan a mi madre, “de buen tipo” como dice ella. Me explicó que mi ciruelita estaba bien, que ya se estaba despertando. Me dijo que habían tenido que hacer algunas “maniobras” durante el procedimiento que no tenían contempladas pero que en general estaba bien y fuera de peligro. En ese momento ya me tranquilicé y mis amígdalas falsas regresaron a su lugar de origen.

El amable galeno me llevó hasta la habitación en la que tenían a la Sacrosanta tendida en una cama. Ya despierta, pero todavía bien pacheca por el Propofol, me vio entrar y le dio mucho gusto. Le estaba platicando a otro doctor que había tenido un sueño muy raro. El doctor intrigado le preguntó qué había soñado y mi madre le dijo que estaba soñando con un partido de americano muy bueno. El doctor se rió y le preguntó – ¿En serio?, ¿y quienes jugaban? -, mi madre obvio no le supo decir pero le dijo que estaba muy bueno porque se habían ido a tiempo extra. El doctor volvió a sonreír extrañado de los gustos de la Sacrosanta, gustos obviamente influenciados por los míos. Yo todavía sacado de onda con eso del “resucitador manual” me pregunté si lo que había soñado no habría sido ese “túnel con la luz al final del camino” del que muchos hablan y ella lo confundió con el túnel de los vestidores. Charros, qué miedo.

Poco a poco incorporé a mi madre y mientras una enfermera la ayudaba a vestirse yo recibí las últimas indicaciones del doctor. Salimos del hospital casi a las 7 de la noche. En la radio escuché la noticia que ya todos sabían, que al parecer Trump sería el futuro presidente del gabacho. Del cielo caía un tormentón y la temperatura bajaba súbitamente. Todo parecía estar muy triste, el futuro de México y hasta el clima. Pero yo no, yo estaba muy feliz, poco me importaba Trump y la tormenta por el simple y sencillo hecho de que mi Sacrosanta había salido bien de su aventura en el hospital.


Hoy doña Laura se recupera poco a poco en casa y yo sigo con hambre y sueño pero ya mañana seguramente todo irá mejor, incluso para México. Y es que nada dura para siempre, ni  las peores cosas. Así que a ser positivos que lo malo pronto pasa, ya sea una visita al hospital o la presidencia de un fanático.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Tiembla MARVEL, no estás solo




Pues ahí tienen que venía un autobús del Estado de México al DF. En alguna parte del trayecto suben cuatro personitas mismas que pasan a asaltar a todos los felices viajeros. Al bajarse del autobús aparece de entre los pasajeros una persona armada misma que les mete varios tiros a los ratas incluyendo en bonito y acertado tiro de gracia. Los cuatro cacos quedan tirados a orilla de la carretera en calidad de fiambres y el autobús sigue su curso. En pocas palabras estos fueron los hechos.

Hoy la celosa y eficiente policía del Edomex busca vehementemente al Charles Bronson de Tlachichilco que “ajustició” a los trinches rateros para refundirlo en la cárcel. Las personas que iban en el autobús y que fueron víctimas del asalto hasta el momento no han ido (voluntariamente) a rendir declaración y dudo que lo hagan. Es evidente que los pasajeros ya están hartos de los continuos asaltos y ahora están protegiendo a quien piensan hizo justicia en su nombre. Mientras tanto los familiares de los muertitos ya fueron a reclamar sus cuerpos. Resulta que todos eran primos y que uno de ellos ya era toda una fichita.

Yo no soy partidario de la pena de muerte, tampoco aplaudo que hayan perdido la vida estas lacras pero siempre será mejor que los muertos sean del lado de los malos y no del lado de los buenos. La policía dice que va a detener al “delincuente” que mató a los criaturos porque en el Edomex ningún delito queda impune, ja… ja… ja… Ojalá la policía le echara las mismas ganas para agarrar a los malandrines y así no habría necesidad de que ningún súper héroe “región 4” tuviera que interceder por Juan Pueblo. Por otro lado yo siempre he pensado que los familiares de todos los “cabroncitos” deberían de ser responsables solidarios con lo que hagan sus nenes, y es que cuando traes a alguien a este mundo es tu responsabilidad hacer de él una persona de bien, de lo contrario deberían de ir a la cárcel críos y padres. Sé que esto es un sueño guajiro ya que no existe esa figura jurídica pero en verdad que me encantaría.

Bueno vía de mientras vamos a ver qué pasa con este súper héroe. Hay que estar pendientes por si no surgen otros más, onda “copycats”  como les dicen los gringos. Yo tengo la esperanza de que pronto aparezca el famoso Tlalocman porque desde hace mucho yo soy su híperfanz. Y por si ustedes no lo conocen aquí esta su tema interpretado por mis queridos Botellos.






Otro día con más calmita... nos leemos.