jueves, 14 de julio de 2016

"The Legend of Tarzan", la reseña.




Uno de mis personajes favoritos es Tarzan, quizás porque crecí con el mejor de todos, Ron Ely. Si usted gentil lector no es lo suficientemente adulto contemporáneo en avanzado estado de descomposición (just like me) seguramente no sabe de quién hablo. Ron Ely era el actor que interpretaba a Tarzan en la serie de televisión de los ya lejanos años 60s. Por supuesto que yo lo conocí en las retransmisiones que se hicieron años después en los 70s. La serie de Tarzan era una de mis series favoritas de la niñez. Yo jugaba todo el tiempo a Tarzan, sorry por mi hermano que siempre le tocaba ser chita. Mi padre era físicamente muy parecido a Ron Ely, quizás por eso llegué a querer tanto a Ron Ely… ¿o sería al revés?

El caso es que para mí no hay otro Tarzan más que Ron Ely. Es cierto que ha habido otros tarzanes importantes y muy queridos como es el caso de Johnny Weissmuller, quien no solo se casó con una mexicana, la actriz Lupe Vélez, sino que también decidió vivir hasta su muerte en el bello puerto de Acapulco. Otro Tarzan que recuerdo bien es Christopher Lambert quien hizo quizás la mejor personificación del “hombre mono” en la película “Greystoke: The Legend of Tarzan, Lord of The Apes” (1984). Otros tarzanes han sido de risa loca, como aquel que trabajó al lado de Bo Derek, aquella mujer que era el sueño erótico de cualquier puberto ochentero. Este aborto del Tarzan que se agasajó a la Derek respondía al nombre de Miles O'Keeffe (es en esta parte donde todos gritan a coro: “¡¿y quién es ese güey?!”.



Este es el Ron Ely, el Tarzan con el que yo crecí,
definitivamente mi favorito.

Christopher Lambert, quizás el Tarzan más creíble.


En fin, que han habido ya muchos tarzanes en el cine y en la televisión, unos más afortunados que otros, pero a todos, o a casi todos, los he ido a ver religiosamente al cine. Por lo mismo ahora que se ha estrenado una nueva película de Tarzan había que ir a hacer acto de presencia a las salas. Obvio que mi expectativa era muy pobre así que me mentalicé para no terminar decepcionado como en otros casos. Mi plan era muy simple, pasar un bonito rato palomero con la mejor compañía, la de mi changuita (digo, para estar a tono).

El cine estaba harto tupidito porque para mi mala fortuna escogí el miércoles para ver la película, igualito que en mis años mozos cuando los miércoles eran al 2X1. Cabe decir que el respetable se comportó impecablemente, cero celulares, cero personas llegando tarde, cero individuos hablando entre sí o intercambiando fluidos corporales. Creo que la mayoría del peladaje y los pubertos inquietos estaban viendo la película en las salas 4X y extremas, y en las versiones en español, así que yo me la pasé bomba en lo que respecta al respeto que espero de mis compañeros amantes del palomazo, el gaznate y la Copa Imperial de helado.

Hablando ya de “The Legend of Tarzan” diré que la película es entretenida pero nada del otro mundo. Algo que me choca y que quizás la mayoría no nota es que las películas que fueron pensadas para proyectarlas en 3D resultan incomodas para el ojo si se ven en una sala de proyección normal. Las tomas y los encuadres de la cámara resultan extraños y cansados si no se ven en 3D. Pero bueno, eso solo las personas quisquillosas (mamilas) como yo lo notamos y lo padecemos.

El actor que hace a Tarzan en esta ocasión es Alexander Skarsgård, actor que recordamos por películas como… como… comooo… sepa, la verdad no lo recuerdo por nada. Y es que a pesar de que ha participado en más de 50 proyectos no tiene nada que valga la pena. Este actor que está hipertrabado parece más que Tarzan el típico gringo de spring break, ya saben un güero baboso sin chiste pero eso sí harto mamado. Por otro lado la mozuela que hace a Jane Clayton es Margot Robbie a quien sí recuerdo muy bien por su trabajo en “The Wolf of Wall Street” en donde nos mostró desenfadadamente sus bien torneados “encantos”. Pero ninguno de estos actores cuentan cuando tienen a lado al gran Christoph Waltz, que aunque empiezo a sospechar que ya se repite mucho en sus papeles él sigue teniendo un encanto que viste cualquier película en la que aparezca. Samuel L. Jackson también participa en la película, a él ya comienzo a alucinarlo porque junto con Morgan Freeman ya parecen los Bichir del cine gabacho porque pareciera que salen en todas las películas que se filman en Hollywood. El casting lo completan chingomil negros que nomás no dan el tipo del negro africano, parecen más raperos gringos a los cuales les sustituyeron sus cadenas y placas de oro y diamantes por huesos y demás abalorios Made in Africa.

A medida que la película fue avanzando me dio la impresión de que estaba viendo varias películas en una. Al principio pensé que estaba viendo “Blood Diamond” (Diamantes de Sangre). Luego cuando vi que Tarzan sustituyo su clásico taparrabos por un pantalón encogido pensé que estaba viendo “Hulk”. Más adelante cuando Tarzan se sube a sus lianas y comienza a hacer más piruetas que un artista del Circo del Sol, aquello ya parecía “El Sorprendente Hombre Araña”. Luego Tarzan se revienta un tirito con un gorilón marca Bantú que irremediablemente me recordó aquel encuentro a dos de tres caídas que tuvo DiCaprio con el oso grizzly en “The Revenant”. La película sigue y viene una estampida de animales convocada por Tarzan quien tiene que bajar banda para agandallarse a los malos. La estampida comienza recordándome “El Rey Leon”, luego se convierte en “Jumanji” y finaliza en algo que parece un encierro de los Sanfermines. En fin, pareciera que los productores metieron varias películas a la licuadora y el resultado fue “The Legend of Tarzan”.

Tengo que hacer una mención especial a los efectos especiales que son buenísimos. Quitando los malabares de Tarzan en la liana, que son más que poco creíbles, los animales hechos por computadora son extraordinarios y sumamente realistas.

La película cumplió entreteniéndome. Si son amantes del personaje de Tarzan como yo ya les dije que soy, tienen que verla. Si les gustan las películas cero pretenciosas que no exigen el menor esfuerzo intelectual, tienen que verla. Si el climaterio les despierta la libido y quieren ver cuerpazo, tienen que verla. Si buscan la mejor película jamás filmada de Tarzan, entonces sí piénsenlo dos veces antes de verla. Ahí se los dejo a su criterio mis chavos.


Otro día con más calmita… nos leemos.

lunes, 11 de julio de 2016

La muerte de Bantu y las reacciónes




Pues nada que el gorila Bantu del Zoológico de Chapultepec murió luego de que intentaban trasladarlo a otro zoológico con el fin de reproducirlo. Esto es una pena, ni hablar. Pero la reacción de muchas personas a mí en lo personal me parece más que desbordada.

De entrada la mayoría de las personas ya dan por hecho que la muerte de este animal fue a causa de una negligencia. Yo creo que lo más conveniente es esperar el resultado que arroje la necropsia que se le ha practicado al gorila. Yo no sé si fue o no negligencia, lo que sí sé porque se lo he escuchado a médicos y veterinarios es que cualquier intervención tiene su riesgo, desde la aplicación de una vacuna hasta la aplicación de un antibiótico para salvarle la vida a un animal pueden causar una reacción incluso letal. Si la aplicación de la anestesia se aplicó de acuerdo al protocolo no lo sé, por eso no me atrevo a llamarles asesinos a las personas del zoológico hasta no saber realmente que fue lo que pasó.

Una segunda reacción de nuevo desbordada vino cuando se supo la forma en la que se la había hecho la necropsia a Bantu. Algunas personas llegaron a decir que habían “descuartizado” el cuerpo del gorila. Expertos veterinarios patólogos que no tienen nada que ver con el zoológico ya explicaron que ese es el procedimiento normal por más cruel que parezca. Cada órgano debe de ser extraído del animal para su estudio si es que se quiere determinar qué fue lo que pasó. Muchas partes del cuerpo deben de mandarse a distintos lugares para hacerles estudios, otras partes deben de conservarse (como el cerebro) y el resto del cuerpo deberá de incinerarse. Esto no es producto de la decisión u ocurrencia de una persona, no, es lo que dicen los protocolos y se tienen que respetar.


Impactante foto que muestra la necropsia que se le hizo a Bantu. Estas
imágenes causaron la indignación de muchas personas que desconocen
este procedimiento que ayudará a esclarecer los hechos.


Yo entiendo que somos seres humanos y  como tales llegamos a sentir simpatía por algunos animales, por algunas especies, pero insisto que me parece que la reacción, sobre todo chocantitas redes sociales, ha sido exagerada. Es cierto que se trata de una especie en peligro extinción, de hecho por ello se intentaba lograr con éxito la reproducción en cautiverio, pero yo no veo la misma reacción e indignación en otros casos, con otras especies, incluso con nuestros congéneres.

A mí en lo personal no me gustan los zoológicos como tampoco me gustan las granjas de pollos pero creo que ambas cumplen una función en la sociedad. No creo que los zoológicos deban desaparecer como tampoco deben hacerlo las granjas avícolas, pero sí deben de estar permanentemente supervisados para evitar en la medida de lo posible el maltrato animar y darles una estancia digna a los animales, pero a todos, no solo a aquellos que nos resultan más simpáticos.

Un mundo ideal sería aquel en el que no existieran los zoológicos. Y en ese utópico mundo ideal las señoras no deberían de usar abrigos de piel, ni bolsas de piel, ni zapatos de piel, de piel de ninguna especie, ni siquiera la vacuna. En ese mundo ideal los señores no usarían chamarras de piel, sus camionetas no tendrían vestiduras de piel, los cinturones y las carteras no serían de piel, vaya ni siquiera la correa de sus relojes sería de piel. Los niños no desayunarían huevos ni comerían hamburguesas, ni pescado, ni pollo, ni salchichas, ni siquiera tomarían leche con su cereal. Todos nos olvidaríamos de los tacos de carnitas o de barbacoa. Las señoras no podrían usar cosméticos o tratamientos de belleza que hayan sido probados en animales o que hayan sido elaborados con materias primas de origen animal. Salvar la vida de alguno de nuestros hijos con algún medicamento que haya sido el resultado de la experimentación en animales de laboratorio estaría estrictamente prohibido. En ese mundo perfecto las personas que tuvieran secuestrado algún pececito dorado o un canario serían condenados al escarnio en las plazas públicas. Definitivamente me gustaría conocer ese mundo ideal, pero saben que, no existe ni existirá.

Con todo esto no quiero decir que yo estoy a favor del maltrato animal, por supuesto que no, lo que quiero es hacer notar que desde que el hombre apareció en este planeta se ha aprovechado de los animales para sobrevivir, nos guste o no eso es parte de la vida. Los hemos usado como medio de transporte, como fuerza de trabajo, como alimento, para el vestido y el calzado, incluso como entretenimiento y compañeros de vida. Esto no lo vamos a dejar de hacer, porque pocos son los que están dispuestos a renunciar a todo eso. Así que de lo único que debemos de preocuparnos, y ocuparnos, es de tratarlos con la dignidad que merece cualquier ser vivo.

Regresando al caso de Bantu y a la conmoción que ha causado su muerte, diré que esta ha llegado a niveles tales que por ridículo que parezca hasta la Comisión de los Derechos Humanos del Distrito Federal va a intervenir… sí, leyeron bien, los Derechos Humanos que ni vela tienen en el entierro van a meter su cuchara. Pero como todo en este país se politiza para sacar raja seguramente pronto veremos partidos políticos o al mismísimo Peje organizando una marcha con sus respectivos bloqueos para esclarecer la lamentable muerte de este gorila.

En fin, yo sugiero que esperemos como gentes civilizadas el resultado de la necropsia (tardarán un mes) antes de quemar en la plaza pública a los encargados del traslado del gorila. Indignémonos, sí, de las muertes por negligencia, pero de todas, no solo de la de un simpático pero desafortunado gorila. En los hospitales de México diario mueren muchas personas y no necesariamente por negligencia, son cosas que pasan. A veces una simple y rutinaria operación del apéndice puede terminal mal y no forzosamente  por culpa de los médicos. Y esto lo sabe cualquiera que haya estudiado medicina.


Vía de mientras que descanse en paz Bantu y todos los animales, todos, los que nos han alimentado, vestido, calzado y curado a largo de miles y miles de años. 


Otro día con más calmita... nos leemos.