domingo, 27 de marzo de 2016

Encerando a los famosos.




No recuerdo exactamente la fecha pero fácil yo tenía más de 25 años de no ir al Museo de Cera de la Ciudad de México. Creo que la última vez que estuve por allá la novedad era una figura parlante del insufrible Raúl Velasco (asquito). Bueno pues luego de todo este tiempo finalmente decidí darme una vuelta y compartir la experiencia con mi hija de 20 años. 

Sí, ya sé, escogí un mal día para ir, son vacaciones y la gente sale a invadir todos los lugares, incluyendo los museos por extraño que parezca. Pero bueno soy harto previsor así que planeé mi visita cuidadosamente para evitar en la medida de lo posible los inconvenientes de estas fechas.

Llegué muy temprano al museo, prácticamente a la hora en que abría. No tuve problema para encontrar donde estacionarme, ¡milagro! Deposite monedas en el parquímetro, encomendé mi coche al Santo protector de las grúas e inmovilizadores y junto con mi hija llegué hasta las puertas del museo. La fila para comprar los boletos era apenas de unas cuantas personas. Como a todos me ofrecieron el paquete que incluye la visita la visita al Museo de Cera junto con la entrada al vecino Museo de Ripley, por supuesto que pasé, nada de lo que hay ahí me puede interesar.

El museo está muy cambiado, mejoró bastante desde aquella vez que estuve ahí. El museo cuenta con más de 230 figuras (yo no las conté pero eso dicen). Las figuras han sido colocadas en diferentes salas con un tema especifico, que deportes, que pintores, que políticos, que artistas, etc. La primera figura que nos recibe al entrar al museo es la de nuestro respetable e inteligente Presidente don Enrique Peña Nieta mejor conocido como “el pendejo ese”. En esa primera sala me encontré con la figura mejor hecha del museo, una figura que sobresale del resto por el minucioso y excelente trabajo con el que fue hecha. Se trata de la figura en cera de Víctor Trujillo en su personaje de Brozo. La pieza es de una calidad tal que bien podría estar en una de las salas de cualquier Museo de Madame Tussauds. Si de casualidad hay alguna persona del Museo de Cera lee esto hay le encargo que felicite a la persona o a las personas que tuvieron que ver en la elaboración de esa figura.

La siguiente sala está dedicada a grandes pintores, figuras como las de Dalí, Picasso, van Gogh, Orozco, Cuevas, Toulouse-Lautrec, Rivera y la adoración de mi hija Frida Kahlo, están ahí juntas esperando a que sus fans se hagan la obligada selfie. Desde que planeé la visita yo sabía que la figura de Frida Kahlo era una de las 5 figuras que emocionarían de sobremanera a mi hija. Desafortunadamente la figura no es tan buena como la de Víctor Trujillo o el oligofrénico de Alex Lora. De cualquier modo mi hija fue feliz tomándose varias fotos a lado de su admirada bigotona. La figura de El Panzón”, como la igualada de mi hija le dice a al gran maestro Diego Rivera, tampoco es así que digamos una fiel réplica del maestro, pero bueno, cumplió. 

La siguiente sala está dedicada a mí, a mí porque está llena de personajes relacionados con una de mis más grandes pasiones, la Fiesta Brava. Claro que en estos días no es políticamente correcto decir esto públicamente pero a mí lo políticamente correcto me tiene sin cuidado, yo soy taurino, nací taurino y moriré taurino… con la pena. En esta sala me encontré a leyendas del toreo como Silverio Pérez y el maestro Manuel Capetillo “el muletero tridimensional”. También están figuras de nuestros días como el matador Zotoluco y Ponce. En los tendidos de esa plaza simulada estaban sentados entre otros el ex presidente de España Felipe González y el mejor entrevistador que yo he conocido en esta vida (les guste o no) Jacobo Zabludovsky. En esta sala el que se tomó harta foto fui yo, con todo y que soy muy renuente a que me tomen fotos por aquello de que “me roban el alma”.

Salimos de la sala taurina y entramos a la sala de chile, manteca y dulce. En esta sala lo mismo estaba el intelectual de la Portales que tres de los hombres más ricos del mundo Carlos Slim, Bill Gates y Steve Jobs. También andaba por ahí Gandhi, no el de las librerías sino Mahatma, digo no vaya a ser que se confundan. El Dalai Lama y el Gabo completaban aquel grupo de ilustres caballeros.

Llegamos a la sala de la polaca, de los precisos, la crema y nata de los méndigos presidentes que nos han saqueado y robado a más no poder. Todos los pulpos chupeteadores (como diría Palillo) estaban ahí, ninguno le hizo el fuchi a ese grupillo de vivales. Cuando pasé a lado de Carlos Salinas y Díaz Ordaz como que llegó a mí un fuerte tufo a azufre… ay nanita. Mi hija Friducha se tomó foto con su presidente favorito, “el calderas” don Felipe Calderón. Y es que con eso de que cuando era niña fue convidada a departir en Los Pinos con Calderón pues yo creo que allí se hicieron íntimos. En otra salita anexa se encontraban los más veteranos: Juárez, Huerta, Obregón, Hidalgo, doña Josefa, en fin todos esos que aparecen en nuestros libros de historia de la SEP. 

Más adelante en una pequeña sala nos encontramos a Matusalén o al menos yo pensé que se trataba de él pero según el letrerito era nada más y nada menos que Leonardo da Vinci quien estaba acompañado de la señorita de la sonrisa enigmática, la famosa Gioconda que paciente posaba para el maestro. Junto a estas dos figuras de cera había una réplica de la famosa Mona Lisa que por lo menos en tamaño no se parece nada a la original que se encuentra en el Louvre.

Y llegamos a la Città del Vaticano, ahí estaban los tres últimos Vicarios de Cristo, o sea los meros meros de la iglesia católica: Juan Pablo II, Benedicto XVI y el actual Papa Francisco. Me sentí rodeado de pura luz, nada que ver con riqueza y pederastia, eso no existe en la iglesia católica (favor de leer esto en todo sarcástico). Junto al trío de Papas estaba Dranafile Bojaxhiu mejor conocida como La Madre Teresa de Calcuta, y junto a ella “la chica esta” como le dice Cristian Castro a sor Juana Inés de la Cruz. En lo alto había una figura de Cristo en la cruz que sí hace que a uno se le arrugue el alma tan solo de verlo.

Saliendo de ahí regresamos al tema de los políticos y los mandatarios solo que ahora pura calidad de importación. Ahí en ese sala estaba el presidente más cool de todos, Obama, al que por cierto me le acerqué con la intención de sacarle mi “green card” pero el méndigo morenazo no aflojó. Corrí a acusarlo con el comandante Chávez y su achichincle Nicolás Maduro quienes me ofrecieron unirme a la Revolución Bolibariana pero yo la neta me abrí. Note que en esa sala faltaba el gran Comandante Fidel Castro, así que ahí se los dejo de tarea porque les guste o no es un personaje muy importante del siglo XX. La monarquía española y la inglesa ahí departían juntos mientras desde una sillita el peladísimo presidente Evo los observaba. Foto con este, foto con aquel y continuamos con nuestro recorrido.

Todo iba bien hasta que me encontré con el Peje al pie de una escalera. Buscando limar asperezas con el mesías tropical le estreché la mano y me ofrecí a votar por él en las próximas elecciones del 2018, 2024 y 2030… y las que sean necesarias. Él olvidó las viejas rencillas y me prometió que ya no iba a vender nada aunque Obama no lo tenga. Luego mi hija, que lo alucina gacho, le metió el dedo a la nariz, le pico la cola, y nos fuimos rápido antes de que llegaran sus pejesombies al rescate. Al pasar frente a mi general Porfirio Días y su gentil esposa Carmelita hice un alto para presentarle mis respetos y para pedirle a Don Porfirio de la manera más atenta que le hiciera llegar mis saludos a su secretario particular Don Susanito Peñafiel y Somellera.

Luego de subir unas escaleras, ya en el piso de arriba, nos recibió al grito de ¡Azúúúcar! la queridísima Celia Cruz. La saludamos y como yo no me quería quedar con la duda aproveché para preguntarle si Songo ya se lleva mejor con Borondongo y al parecer sí, ya se llevan hasta con Bernabé y Muchilanga.

Pero lo mejor estaba por venir. Un grupo de personas se amontonaban a la entrada de una pequeña habitación. La curiosidad me ganó y me asomé sobre ese pequeño grupo de hobbits, lo que descubrí sabía que casi haría desmayar de la emoción a mi hija. Eran nada más y nada menos que los Quarrymen, o sea los Fab Four, los Beatles pa’ acabar pronto. Mi hija ni en cuenta, no se imaginaba que a solo unos pasos de donde estaba se encontraba su banda favorita. Cuando entró casi se le salen los ojos (y el corazón). Ahí estaba frente a ella el cuarteto de Liverpool, John Lennon, George Harrison, Ringo Starr y una mongol que se coló en el grupo haciéndose pasar por Sir Paul McCartney. Mi hija no pudo más que mostrar una profunda desilusión al descubrir que a su beatle favorito parecía que le faltaba un cromosoma. Y por si esto fuera poco, lo que terminó con el cuadro fue que el nombre de Paul estaba mal escrito. Por alguna extraña razón ese beatle apócrifo fue rebautizado como “Macartney” en lugar de McCartney. No entiendo cómo alguien del museo pudo meter la pata tan feo faltándole al respeto a miles de beatlemaniacos que como yo y mi crío nos sentimos ofendidos con ese errorsazo. Pero bueno, como no nos vamos a poner exigentes y tratándose de los otros cuatro ídolos de mi hija procedimos a tomarnos fotos con las figuras de los Beatles.


A este Paul McCartney como que le faltó un cromosoma.

Imperdonable el error, tache al que hizo los letreros del Museo de Cera.


Ya con las fotos de Frida Kahlo y los Beatles mi hija estaba más que satisfecha, pero todavía había otras figuras que ver. Llegamos a la sala de deportas. Esta sala casi la pasé sin ver porque estaba llena de jugadores de futbol y ya saben que a mí ese deporte no se me da. Pero bueno, ahí vi a la Lorenita Ocha, la gran golfista mexicana practicando su swing. También estaba Ana Gabriela Guevara que tanto en persona como en cera parece una vestida, con la pena. También vi por ahí a otra gran deportista mexicana, la clavadista Paola Espinosa que aquí entre nos a mí me chifla. El resto eran apestosos jugadores de futbol de los cuales no me sé ni su nombre, con excepción de Hugo Sánchez y el nuevo prócer de la patria Cuauhtémoc Blanco. ¡Ah! casi se me olvida, ahí estaba también el famoso Santo el enmascarado de plata, solo que sin momias ni mujeres vampiro.

La siguiente sala me gustó mucho aunque francamente muchas de las figuras no se parecían en nada a sus originales de carne y hueso. La sala de la que les hablo está dedicada al cine mexicano. Ahí estaba en una motocicleta una figura dizque de Pedrito Infante (nada que ver). Junto a él estaba su compañero de “A.T.M.” Luisito Aguilar quien se parecía un poco más. De nuevo, si alguien del museo está leyendo esto, ahí les encargo que me saquen al sol la figura de Pedro Infante hasta que se derrita para que la vuelvan a hacer, pero esta vez échenle más ganas porque Pedrito es uno de los actores consentidos del pueblo y merece una mejor figura de cera. Enseguida de estos dos oficiales estaba el pachuco consentido de México, el Tin Tan (sin su carnal Marcelo). Y para que no sigan diciendo que se odiaban, junto a Tin Tan estaba el gran Cantinflas con todo y su flamante gabardina. Luego el gran charro cantor Jorge Negrete al que había que encontrarle el ángulo indicado para hallarle el parecido. La pareja de “María Candelaria” (sin marranita) también estaba en el grupo, me refiero a Lolita del Río y a Pedro Armendáriz quien creo se parecía más al Charro Avitia. Atrás de ellos, en un balcón, estaba el GRAN actor cómico Joaquín Pardavé acompañado de la abuelita del cine mexicano Sara García. La diputada María Rojo se coló en la sala y ahí junto a una barra esperaba bailar un danzón. Antes de salir de la sala había un hermoso piano y parado junto al piano estaba el músico poeta Agustín Lara y claro, su musa, María bonita. Por ahí en un rincón estaba Derbez pero como me cae mal desde que hizo esa porquería de película, ni lo saludé.

Llegó el momento de saludar a la artisteada de importación. En una gran sala estaban los ganadores del Oscar, Tom Cruise y Meryl Streep. El gran Bosé, con ojito delineado y toda la cosa, se tomó una foto con Friducha porque mi hija también es bien fan de Don Diablo. Luego la invité a que hiciera lo propio con “El Sol” Luis Miguel ¡pero niguas!, en lugar de eso le pintó un gran violín y lo mandó al carajo. Luego mi hija me pido tomarse una foto con alguien que parecía señora de Polanco y que resultó ser Elton John. Siguió en sesión de fotos con Bono, Madonna y Shakira. Luego mi hija fue a burlarse de una figura que pretendía ser Elvis Presley, y es que creo que he visto gente más parecida al Rey en las calles de Vegas que esa horrible figura de cera. Luego pasó a tomarse una foto con la figura de Pedro Navajas, porque eso de Wolverine tenía lo que yo de del Pato Donald. A la figura de Alejandro Fernández ni nos acercamos, fuchi… y que quede claro que no por homofobia (de nuevo sarcasmo por si no lo notaron).

Unas escaleras de caracol nos llevaron hasta los sótanos del museo donde se encuentran las figuras “ay nanita”. Ahí estaban todos los monstruos y engendros del mal, todos los personajes de terror, si a caso solo faltaron las figuras de la maestra Elba Esther Gordillo, Fabiruchis, Lyn May y Kate del Castillo. Por supuesto que mi figura favorita fue la del doctor Hannibal Lecter con el cual intercambie algunas buenas recetas.

Luego para olvidar el susto llegamos a la sección de escuincles nalgas miadas en donde encontramos a Blanca Nieves y sus siete enanos, al Cookie Monster, al higadito del Chavo del Ocho y al gran Francisco Gavilondo Soler con su adorado Cri-Cri y los tres cochinitos… ¿o era Carstens y sus dos hermanos gemelos? Sabe.

Antes de salir del museo mi hija se retrato con dos de sus héroes favoritos, Anthony Edward "Tony" Stark  a.k.a. Iron Man y Bruce Wane a.k.a. Batman. Luego pasamos a la tienda de recuerdos de la cual solo nos llevamos el recuerdo. Finalmente y luego de hacer chis fuimos por un ICEE a la fuente de sodas.


Sin duda alguna esta es la mejor figura de cera del museo.

¡Mamááá, prende la grabadora que estoy en el blog de Said!

El genio de Salvador Dalí.

Frida Kahlo, el amor de mi Friducha.

Jacobo Zabludovsky, el mejor entrevistador que ha tenido México...
¡¿Quiubo?!

Este señor creo que es el dueño de las librerías Gandhi.

El Dalai lama.

El ex presidente Felipillo Calderón.

El gran Mesías Tropical don Andrés Manuel López
Obrador alias el Peje.

Santo, el enmascarado de plata.

Joaquín Pardavé y Sara García.

María... así nomás.

Miguel Bosé.

Dizque Elvis Presley... sí, aja.


Para cuando salimos del museo las colas para entrar ya eran kilométricas así que me sentí contento de haber madrugado. El Museo de Cera es harto recomendable porque veo que día a día mejora. En la primera oportunidad que tengan vayan a pasarse un rato agradable. Ahí van a comprobar que, después de todo, la cera no solo sirve para irritar el área del bikini.


Otro día con más calmita... nos leemos.


viernes, 25 de marzo de 2016

De las Siete Casas la quita la mejor.




Como ya todos saben el día de ayer me fui a hacer el tradicional recorrido de las Siete Casas del Jueves Santo. En esta ocasión me animé y me lancé hasta el Centro. Ir a hacer el recorrido al Centro tiene sus ventajas y sus desventajas. La principal ventaja es que como hay tantas iglesias caminando se pueden visitar las siete sin bronca alguna. La principal desventaja es que hay harto pero harto pero harto transeúnte, o sea pelados bípedos desplazándose de un lugar a otro haciendo alarde de su inexistente educación. Previniendo esto me fui temprano ya que como llevaba a mi Sacrosanta no quería que me la fueran a dejar aplastada y mallugada.

El recorrido fue un éxito. Sorteé sin problema las hordas de orcos que convergían religiosamente allí por lo que no hubo muina ni entripado alguno. Recé, comí, hice fotos y expié mis pecados, todo por vía del fast track. Pero lo mejor, la cereza del pastel, lo que hizo que todo valiera la pena, fue que por fin, luego de miles de intentos, pude conocer por dentro la iglesia en donde hace 84 años se casó mi inmortal abuela. Fue el 19 de mayo de 1931 cuando mi abuela, quien por cierto cumplía 26 años ese día, contrajo nupcias con el entonces muy joven abuelo Vicente. El lugar en donde se llevó a cabo la ceremonia fue la pequeña capilla del Señor de la Expiración que data de la primera mitad del siglo XVIII y que se ubica al suroeste del templo de Santo Domingo.

Como les decía durante mucho tiempo intenté conocer la capilla por dentro pero siempre que iba esta estaba cerrada. Traté de investigar cuándo o a qué hora se abría la capilla pero nadie me daba razón. Así que ayer que llegué a visitar el templo de Santo Domingo casi muero de la emoción al ver que las puertas de la capilla del Señor de la Expiración estaban abiertas. La Sacrosanta que iba conmigo también se emocionó harto así que aceleramos el paso y nos dirigimos allá. El lugar es muy pequeño, la decoración es mínima y el estado de la capilla es de franco abandono, sin embargo el imaginar a mis abuelos parados allí frente al altar fue algo sumamente emocionante.



Así luce de día la capilla del Señor de la Expiración.

La puerta de la capilla que siempre había
encontrado cerrada.

Esta placa recuerda la importancia que tiene esta pequeña capilla.

Este es el interior de la capilla del Señor de la Expiración. El lugar es
pequeño y muy sobrio. 

El Cristo de la Expiración es una escultura del siglo XVII y fue un
regalo de Carlos V a la Nueva España.

La foto de la boda de mis abuelos en la capilla del Señor de la Expiración
el 19 de mayo de 1931.

Por todo ello digo que valió la pena haber tomado el riesgo de ir al atiborrado Centro para hacer mi visita a las Siete Casas, porque una de esas “casas”, después de todo,  resultó ser la de mis queridos abuelos Rebeca y Vicente.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

lunes, 21 de marzo de 2016

Bye Bye CINEMEX y amigos que le acompañan




El día 17 de marzo de 2016 pasará a la historia como el día en que Said mandó definitivamente a la chingada a las cadenas de cines mexicanas, especialmente a CINEMEX.

Hace muchos muchos años yo ya pasé por este mismo trance, todo pareciera un desafortunado déjà vu. Recuerdo que un día estaba a punto de entrar a ver una película en el desaparecido cine Pedro Armendáriz, aquel que se encontraba a un costado de los Estudios Churubusco, cuando tomé la firme decisión de no regresar más a ese cine, esto luego de ver lo descuidado y pelado que se había vuelto. La dulcería del Pedro Armendáriz se había transformado en algo parecido a un buffet de quinta. Adentro del cine se podían comprar para introducir a la sala lo mismo tamales oaxaqueños que flautas de pollo con guacamole. El olor era insoportable, el suelo siempre estaba pegosteoso y las cucarachas caían del techo del cine sobre los espectadores cual plaga apocalíptica. La gente fumaba dentro del cine, gritaba al llegar y se hacía el gracioso a lo largo de toda la proyección. Ir al cine en aquellos años se convirtió en una actividad propia de “nacos” y yo no pude más.

Pero lo que pasaba en el cine Pedro Armendáriz igual pasaba en el Mariscala, el Teresa, el Sonora, el México y hasta en el Dorado 70 de Plaza Universidad. Intenté buscar nuevas salas de cine pero todas poco a poco fueron decayendo y terminaron por volverse cines piojitos, así que renuncié definitivamente a las salas. Las películas las veía en la tele o bien haciendo uso de los nacientes video clubs. Tuvieron que pasar muchos años para que yo aceptara regresar a las salas.

Un buen día llegaron las nuevas cadenas de cines con un concepto moderno y decidí darles otra oportunidad. Cadenas como Cinemex, Cinemark y Cinepolis invirtieron en complejos que ofrecían un buen servicio. Desapareció el odioso intermedio, las salas se transformaron en lugares más cómodos y limpios, y la tecnología en cuestión de sonido y proyección mejoró mucho. Durante un tiempo las cosas funcionaron bien, sobre todo comparado con los muladares que eran los cines viejos.

La gente que asistía a las nuevas salas mostraba un comportamiento distinto, menos pelado. El naquísimo grito de ¡Ya llegué cabrones! o ¡Arriba el América! poco a poco dejó de escucharse en las salas. La nefasta permanencia voluntaria pasó a la historia. El nostálgico “cácaro” fue sustituido por las automatizadas máquinas. La modernidad llegó. Las cosas iban bien pero tanta belleza no podía durar para siempre.

Hoy en día los cines de nuevo se están volviendo piojitos, especialmente los de la cadena CINEMEX. Detalles como que prendan la luz de la sala cuando aún no ha terminado la película hacen insufrible la ida al cine. El sonido que tanto presumen a veces no es el que realmente se escucha en la sala. El aire acondicionado lo prenden cuando se les da la gana o lo ponen a niveles casi árticos. Los asientos ya muestran signos de abandono y cansancio. Los pubertos que atienden la taquilla generalmente están mal capacitados y no dan una. Las colas en la dulcería son lentas y ni qué decir de sus precios absurdamente exorbitantes.

Pero lo peor de todo, lo que no trago, lo que me hace querer inmolarme dentro del cine, es el naco, el maleducado, el peladazo oligofrénico que ha vuelto a las salas de cine para hacer de las suyas. Parejitas que van a intercambiar fluidos al cine en lugar de pagar un 5 letras o buscar la intimidad del asiento trasero de un volcho, grupos de amigas que van a actualizar sus chismes en lugar de largarse a comadrear a un Vips o un Starbucks, y caballeros godinescos que van al cine a tragar como pelones de hospicio y a golpear las butacas con sus patotas, todos ellos hacen que la experiencia de ir al cine sea un vía crusis.

La gota que derramó el vaso, lo que me hizo tomar esta decisión tan radical de no regresar a las salas de cine, es el maldito celular. No puedo creer que toda esa bola de babosos no puedan prescindir de su estúpido celular por lo menos dos horas. ¿En verdad todos son expertos en trasplante de órganos y necesitan estar en contacto con el hospital para salir disparados a salvar una vida? No lo creo. Más bien son una bola de idiotas que están más preocupados por actualizar su estado en las redes sociales informándole a todo mundo que están en el cine. Esos imbéciles deberían de poner en el estado de sus redes sociales: “Aquí casual en el cine chingando y jodiendo a todos con la luz de mi celular”. ¿Neta tienen que estar leyendo todas las pendejadas que ponen los miembros distinguidos de sus círculos de amigos en lugar de ponerle atención a la película? Ok, quizás alguno de esos molestos seres unineuronales que están tan pendientes de su celular es porque tienen a un pariente cercano muy enfermo, quizás hasta en terapia intensiva. Luego entonces yo me pregunto ¡¿Qué chingados hacen en el cine?! Váyanse a cuidar a su enfermito o a su escuincle nalgas miadas y dejen en santa paz a las personas que sí fuimos al cine a ver la película y no las luces de los celulares.

Hay otras personas que piensan que son más “consientes” y “educados” saliéndose de la sala para atender las llamadas o para mandar o contestar algún mensaje, ¡pues no! Déjenme decirles que son igual de molestos yendo y viniendo por las escaleras del cine y atravesándose entre las butacas. Creo que si la gente no es capaz de APAGAR su celular (no silenciar) por lo menos dos horas, entonces a qué chingados van al cine, mejor renten una película y véanla en sus casas para que le puedan estar poniendo pausa cada vez que suene su celular o que quieran comentar la estúpida foto de un perrito o el pensamiento mamila de Paulo Coelho en el face de alguna amigui.

Buscando alejarme del pelado, del godínez y de los pubertos en celo, comencé a asistir a las salas VIP. Por un momento yo ilusamente pensé que esa era la solución a mis berrinches en el cine. Pues déjenme decirles que no. Comprobé tristemente que lo pelado y naco no es cuestión de capacidad adquisitiva ni estatus social, es simplemente un problema de educación. Lo que me encontré en esas salas dizque VIP fue que el problema no solo era el mismo sino que ahora había que agregarle a la luz de los celulares la molesta luz de la pantalla de las “tablets” que traen los empleados y que usan para tomar las ordenes de los posers y wannabes que gustan de tragar madre y media en el cine. No me explico por qué no hacen todo ese ritual de ordenar y servir antes de que comience la película… bueno sí me lo explico ¡por nacos y faltos de educación!


Este es el nuevo engendro de CINEMEX, se llama "Palco Cinemx". Ahora
el naquerío hediondo podrá ver la película acostado.
Qué sigue, ¡¿Excusado CINEMEX?!

 El día que CINEMEX y Cinepolis tengan una verdadera sala VIP en donde uno pueda ver una película cómodamente sin ser molestado POR NADIE, ese día regresaré a las salas de cine. Si la gente que asiste al cine no es capaz de comportarse de un modo civilizado apagando sus celulares hoy en día ya existe la tecnología para bloquear la señal dentro de la sala tal y como ocurre en la sala de conciertos Nezahualcoyotl de la Ciudad de México. Los empleados/meseros únicamente deberían de dar servicio hasta el momento en que comience la película, luego ya no deberían siquiera entrar a la sala. Eso sí sería una verdadera sala VIP y no eso que nos quieren vender ahora como tal.

En lo que esto ocurre, si es que algún día ocurre, yo me sentaré en la comodidad de la sala de mi casa a disfrutar del cine mientras veo como poco a poco los complejos de cines van en franca decadencia condenándose a la pronta extinción. Así que bye bye CINEMEX y cadenas que lo acompañan, un cliente menos… yo.


Otro día con más calmita… nos leemos.  

lunes, 14 de marzo de 2016

Carmen, ¡Ya apareció la medallita!




Esta bonita medalla con el rostro de Cristo perteneció a su servidor desde hace mucho tiempo cuando yo era todavía un baby bastante cute. Si ponen atención en el divino rostro del Señor notarán que está todo cuchito, y cómo no si a esa edad me la pasaba masticando la medallita todo el tiempo. Era un acto digamos antropófago divino. Todavía en el reverso de la medalla se pueden ver claramente mis peladísimas impresiones dentales.

Luego ya en mi etapa adolescente la usé en la muñeca de mi mano izquierda. Yo, firme y estoico, nunca sucumbí a la tentación de regalársela a alguna de mis novias a pesar de que todas le traían muchas ganas y de que un gesto como este hubiera facilitado más el tan anelado abacho-becho. 

El tiempo pasó y cuando nació mi Friducha decidí que algo que había estado conmigo tanto tiempo debería de pasar a la siguiente generación. Muchos años mi princesa la usó y estuvo con ella en los días más importantes de su corta vida. El sábado pasado me la trajo para que la viera y yo ni tardo ni perezoso se la confisqué unos días para poder tomarle fotos. Ahora espero que cuando mi hija tenga a su primer crío haga lo propio para que la medalla siga pasando de generación en generación hasta el final de los tiempos.

Ánimas que mi descendencia no vaya a heredar esa fea costumbre de masticar a Dios Padre… Caigamos en oración.


El reverso de la medallita donde se ven claramente
mis impresiones dentales. ¡Sacrilegio! 

Otro día con más calmita... nos leemos.

martes, 8 de marzo de 2016

Me fui a andar en bici pero a pie.




En todos estos años que tiene el Paseo Dominical en Bicicleta por Reforma yo nunca me había parado allí, por el contrario en mi calidad de bolsón usuario de automóvil había mentado madres a diestra y siniestra. Ayer decidí acudir de cuerpo presente a presenciar eso que a tantos les chifla y que otros tanto padecen. Pues nada que quedé impresionado de la excelente organización y no me quedó de otra más que aplaudir dicho proyecto y tragarme mis amargadas y prejuiciosas palabras. Claro que yo no llevé mi bicicleta, la principal razón es que yo no tengo bicicleta, pero luego de ver aquello me dieron ganas de correr a comprar una (con llantitas pa’ no caerme) para poder participar en aquella verbena.

Mi experiencia comenzó desde que salí de mi casa y decidí llegar hasta allá en transporte público. Muchas personas me preguntan que para qué quiero un auto si no lo uso y la respuesta es muy sencilla. Yo disfruto mucho viajar, sobre todo viajar por mi cuenta no en excursiones o tours. Me encanta esa experiencia de subirme a los medios de transporte propios de cada ciudad, convivir con las personas del lugar y de pronto perderme y descubrir lugares que no conocía, son cosas que hacen de cada viaje una experiencia emocionante y única. Cuando no puedo viajar lo hago en mi ciudad, y lo hago de la misma manera, desde que me subo a la micro, al metro o al metrobus, comienzo a sentir que ando viajando en alguna ciudad maravillosa y desconocida. Claro a veces me gana la flojera o la comodidad y paso a desertar regresando a casa en taxi.

El pasado domingo tomé primeramente una micro para que me acercara a una estación del metro. Me encantó ver que mi México querido en lugar de evolucionar va para atrás. Antes la gente viajaba en transporte colectivo con gallinas, guajolotes, chichicuilotes, chivitos y hasta marranitas (como mi adorada María Candelaria), hoy parece que queremos regresar a aquellos tiempos porque de pronto se subió a la micro un caballero con un trinche perrote que amenazaba con comerse al que se descuidara. Por supuesto que no se trataba de un ciego con su perro guía, no, era un apestoso con un perro ídem que contribuía a infectar a los chilangos con algún virus exótico tipo  chikungunya o zika. El operador de la micro le dijo al caballero del perro que si los pasajeros lo permitían a el no le importaba siempre y cuando pagara el pasaje del perro (neta). El apestoso (literal) subió a la micro y preguntó al respetable si le permitían subir con todo y su perro. Yo con la pura mirada claramente le dije “estás como pendejo” pero otro de los ahí presentes le dijo “sí claro”, así que me fregué. Otros de los ahí presentes también le hicieron cara al momito ese pero no se atrevieron a decirle nada por temor a ser devorados por el can. Lo bueno fue que mi viaje duró solo unos minutos en lo que llegamos a la estación de metro más cercana. 

El metro es uno de mis transportes favoritos, sí, es cierto, a veces va repleto y es sumamente incomodo pero por lo general es limpio, rápido y eficiente comparado con otros sistemas de transporte. Tuve que transbordar y me di cuenta que de nuevo estaban descompuestas las escaleras eléctricas. Recuerdo que cuando el estúpido de Mancera subió el precio del metro dijo que parte del dinero se iba a destinar al mantenimiento de los trenes y las estaciones, cosa que obvio no ha hecho. Me tuve que chutar unas escaleras enormes que por un momento pensé que estaba subiendo la pirámide del Sol. Pero bueno, como parte de mi paseo tenía como objetivo el hacer algo de ejercicio me pareció bien, sin embargo vi a una anciana que estaba a punto del sincope por culpa de las escaleras eléctricas descompuestas.

Al fin llegué a mi destino, la estación del metro Chapultepec. De pronto me vi caminando lentamente en un pasillo junto con cientos de personas, niños, damitas, caballeros y cebollines, parecía que en lugar de ir a Chapultepec estaba entrando a alguno de los juegos de Disneyland por la cantidad de personas. Cuando salí de la estación pude respirar aire puro, bueno casi puro. El espectáculo y la experiencia de llegar a Chapultepec por el metro yo ya la había vivido antes, aquí entren nos me encanta. Hordas y horadas de pelados (dicho con cariño) salen de todos lados con rumbo al bosque de Chapultepec. Los puestos ofrecen comida a precios increíbles: ¡8 tacos de canasta por $10!, ¡tortas de milanesa con fleco a $10!, ¡3 hamburguesas por $20! Muchos de los visitantes ya van “aprevenidos” con su itacate, ya llevan que sus tortas de “buebo” o queso de puerco, que sus latas de sardina con gallegas saladas, que sus bolsotas de Sabritones o Totis y claro sus botellotas de 3 litros de Titán de grosella o Jarrito de piña.




Antes de continuar hacia mi destino hice una parada para contemplar la fuente más antigua de la Ciudad de México, fuente que perteneció al viejo acueducto de Chapultepec. Es una pena pero a nadie de los transeúntes les interesaba ese pedazo de historia. A pesar de que está a solo unos metros de las salidas de la estación del metro Chapultepec absolutamente nadie volteaba siquiera a verla, yo era el único loco que le hacía caso. Por supuesto que le tomé fotos por todos los ángulos posibles. Una pareja que me veía intrigada desde una banca en cuanto me fui vi que se acercó a ver cuál era mi interés en ese montón de piedra abandonado, espero que se hayan interesado un poco en ella. La fuente se encuentra muy dañada, tiene una grieta enorme en su extremo derecho que prácticamente la partió en dos. Es claro el paso de los años. Afortunadamente está protegida por una enorme reja misma que no la deja lucir en todo su esplendor pero que por lo menos la mantiene lejos de los pelados que tanto daño le hicieron. Todavía hace poco estaba rodeada de vendedores ambulantes mismos que la usaban para amarrar sus puestos. El suelo sobre el que descansa está sufriendo hundimientos lo que pone todavía en más riesgo su existencia. Creo que urge que revisen el estado en el que se encuentra y que hagan algo con ella, solo espero que no quede en las mismas manos de los estúpidos que dañaron la estatua del Caballito.


La fuente más antigua de la Ciudad de México.


Por un momento me uní a la procesión de transeúntes que se dirigían al bosque de Chapultepec pero a la altura de la Puerta de los Leones los abandone para dirigirme hacia la tristemente célebre Estela de Luz. Ahí hice varias fotos, retraté la famosa reja de la puerta principal junto con sus dos imponentes leones, un lugar emblemático de la vieja Ciudad de México. También hice, bueno intenté, luché y me esforcé por retratar la Estela de Luz. Les prometo que hice hasta lo imposible por encontrar un ángulo en el que ese “monumento” (entre comillas) se viera majestuoso, imponente o por lo menos mono, ¡pero no! Es francamente imposible hacer que esa porquería luzca como un monumento digno de esta gran ciudad. De paso entré a conocer el Centro de Cultura Digital que se encuentra junto a la Estela de Luz. Este espacio destinado a… a… ¡a nada!, debería de ser dinamitado junto con la Estela de Luz.

Decidí no perder más tiempo y comencé mi caminata por Paseo de la Reforma hacia el norte. La Torre Mayor y sus nuevos edificios vecinos me rodearon y me hicieron sentir que andaba en una de esas grandes metrópolis en donde los rascacielos son los que rifan. La Estela de Luz de por si cuchita ahora se ve todavía más insignificante a lado de estos grandes y modernos edificios.

Fue en este punto donde tuve contacto por primera vez con el Paseo Ciclista. Eran cientos de personas, tal vez miles, las que iba y venían en su bicicleta a lo largo de esta hermosa avenida. Personas de todas las edades y de todas las clases sociales se veía que la pasaban bomba en familia. Los que como yo no llevábamos bici caminábamos a un costado cobijados por la sombra de los arboles. Otros más deportistas aprovechaban para correr o patinar sin molestar ni ser molestados por nadie.

Descubrí que hay muchas actividades, no solo se trata de andar en bici. Vi lugares en los que se impartían clases de manejo de bicicletas para niños, lo mismo había clases de “buen manejo” para adultos y hasta de mecánica de bicicletas. En otro lugar vi un lugar destinado para los ciegos, para que las personas invidentes pudieran pasear en bicicletas especiales para ellos. Esto me pareció maravilloso, una idea digna de encomio. También había unos templetes desde donde se daban clases de baile (para que los rollizos y las rollizas movieran el bote) y clases de yoga para los que gustan de esta disciplina. En fin que todo aquello era una gran verbena en donde uno se la podía pasar muy bien haciendo sano ejercicio. El paseo termina a las 2 de la tarde momento en el que se libera la circulación para que los contaminantes automotores sigan apestando nuestra ciudad… voooy de cuándo acá soy tan ecologista.


Una gran idea, ¡bravo!

Bicicletas especiales para ciegos.


Luego de hacer algunas fotos sobre Reforma y de asolearme lo suficiente decidí emprender la graciosa huida. Me interné a la jotííísima Zona Rosa en busca del metro Insurgentes. Para ello decidí caminar por la calle de Génova, calle que visité infinidad de veces en mi puberta edad y que obvio me trae grandes recuerdos. Pasé por lo que alguna vez fue el Yuppie’s Sports Café, un lugar bastante nice que estuvo de moda en la década de los 80s y 90s. Este era un lugar parecido al Hard Rock pero su temática eran los deportes. Creo que uno de los socios era Fernando Schwartz pero no me hagan mucho caso. El lugar actualmente se ve abandonado pero al parecer no tiene mucho que cerró.

Justo, en contra esquina, ahí en Génova y Hamburgo, se encontraba un lugar que fue símbolo de la vida nocturna de la Zona Rosa por aquellas décadas. Me refiero al Can-Can, lugar emblemático en el cual coristas y damas con poca ropa hacían las delicias de los parroquianos. Yo recuerdo alguna vez haber entrado a buscar a unos amigos (yo era menor de edad) y no se me olvida el impacto que causaron en mí esas mujeres que descubrí atrás de una elegante cortina roja de terciopelo. Solo fueron unos minutos los que estuve en el Can-Can pero puedo presumir que lo conocí. Ya un poco más labregoncillo yo iba a otro lugar también famoso llamado Las Yardas, un lugar en el que uno bebía chela en las entonces de moda yardas de cerveza. Ese lugar si no me equivoco estaba sobre la calle de Niza.


Así luce hoy el Yoppie's Sports Cafe.

Lo que queda del emblemático centro nocturno Can-Can.


Pero bueno yo seguí caminando por Genova rumbo al metro Insurgentes. Hoy el lugar luce bien aunque dicen que el ambiente nocturno está un poco decadente por la gran cantidad de “chichifos” que acuden a ese lugar en busca de sexo (pagado y de cachucha). Ya casi para llegar al metro me encontré con una bonita escultura del gran Germán Valdés Tin Tan. Al pasar frente a él hice una reverencia para mostrarle mis respetos al tiempo que le decía “¡Pégale al ritmo!”.

Antes de entrar a la glorieta de los Insurgentes me detuve un momento para recordar el lugar en donde estuvieron “Las Chispas”, un lugar dedicado a las primeras “maquinitas” que llegaron a México. Mi padre me llevaba a ese lugar, a un costado del antiguo cine Insurgentes, cuando yo era apenas un escuincle nalgas miadas, por eso me trae gratos recuerdos. Hoy en ese lugar hay algo llamado King’s Casino.


Escultura de Tin Tan en la calle de Génova.

Lugar donde alguna vez estuvieron "Las Chispas".


La Glorieta de los Insurgentes sigue igual que como la dejé hace varias décadas, medio abandonada, medio cochina y medio dejada de la mano de Dios (de dios Mancera), en pocas palabras ¡fodonguísima! Ese lugar con una inversión mínima podría quedar muy digno. Los comercios que hay ahí deberían hacer un esfuerzo por tenerlos más presentables. Podrían haber cafés, neverías o restaurantes con terrazas en el exterior. Por su parte la delegación o el Gobierno de la Ciudad de México podrían remodelar el lugar y llenarlo de plantas o jardineras así como dotarlo de una buena iluminación y suficiente seguridad, eso bastaría para cambiar drásticamente el panorama. Pero no, yo veo que pasan y pasan los años y aquello sigue cada vez más abandonado.

Cuando ya estaba a punto de entrar a la estación del metro me dije: “Said, todavía es temprano, no seas bolsón, sigue caminando que hay mucho que ver”. Y yo que siempre me hago caso, pues me hice caso. Así que salí de la Glorieta de los Insurgentes y tomé Av. Oaxaca con dirección a la Plaza Villa de Madrid lugar en el que se encuentra la famosa Fuente de las Cibeles. Para ese momento mi estado de deshidratación ya comenzaba a mermar mis facultades. Busqué en calidad de enchinga un lugar donde me pudieran reabastecer con el preciado líquido, o sea una cervecería, bar, cantina, o ya de perdis pulcata, pero nada.

Llegué hasta la Fuente de la Cibeles. Este lugar también tenía un buen rato que no lo visitaba. Creo que la última vez que estuve por allí fue hace como 20 años. En aquella ocasión fui a comer a un Carlos’n Charlie’s que también ya es historia y que se encontraba en donde hoy hay un centro IUSACELL. La glorieta está bien cuidada, ahora tiene alrededor una serie de mesas con sombrillas para que los vecinos o los visitantes descansen o practiquen el siempre sano ocio. Con respecto a la fuente, bueno ahí la cosa cambia. Siempre he criticado las fuentes de nuestra ciudad porque de fuentes no tienen nada. Para mí una fuente tiene que tener agua, chorros que suban y bajen y que caigan en un espejo de agua. Si las fuentes no tienen agua solo son esculturas (en el mejor de los casos) o bien, como en la mayoría de las fuentes de esta ciudad, lugares donde se acumula la tierra y la basura. La fuente estaba más seca que yo, apenas un pequeño escurrimiento de agua por una de sus bases. Intenté hacer algunas fotos pero nomás no le encontraba un bonito ángulo que me ayudara a disimulara un poco lo feo de los edificios que se encuentran en su retaguardia. Y no es que uno sea malinchista pero si comparamos la Fuente de las Cibeles de Madrid con esta, aquella sí tiene agua y un marco impresionantemente bello. Igual pienso que deberían de invertirle unos pesos para mejorar el espacio arquitectónico del lugar que por cierto es bastante turístico y visitado.


Plaza Villa de Madrid con la Fuente de las Cibeles al fondo.

 Cuando terminé de hacer mis fotos se reveló frente a mí, cual epifanía, un maravilloso lugar llamado La Cervecería de Barrio. Ese era mi premio, mi trofeo luego de haber caminado bajo el sol varios kilómetros. Ni tardo ni perezoso me dije ¡de aquí soy! No acaba de dar un paso hacia ese oasis cuando sonó mi teléfono. Lo atendí, cosa que no debí haber hecho, y pues nada, era mi madre que preguntaba a qué hora iba a regresar porque ella y mi hija ya tenían hambre y querían ir a comer. Yo me conozco, sabía que si entraba por mi chela a la Cervecería de Barrio aquello se iba a llevar su tiempo y yo podía correr el riesgo de ser linchado por mis hambrientas apoderadas. Ni modo, me prometí regresar pronto para tomarme algunas cuantas cheves desde aquel lugar con vista a la fuente, mientras me tuve que conformar con una botella de agua que compré en un OXXO para inmediatamente regresar a mi Principado a pasar lista con mis mujeres.

La verdad es que todavía tenía suficientes fuerzas para seguir caminando por aquellos lares. Yo había pensado ir al Palacio de Hierro que está en la calle de Durango en busca de una placa conmemorativa que hace alusión al lugar en donde alguna vez estuvo la legendaria plaza de toros El Toreo. Aquella icónica plaza en donde grandes diestros ofrecieron históricas corridas y en donde alguna vez llegara a dar una serie de conciertos el gran Enrico Caruso. También tenía planeado caminar las calles de la muy cercana colonia Roma, colonia que a mí en lo particular me gusta mucho y que también ya tiene tiempo que no visito. Pero ya será en otro momento. Lo que sí es que la próxima vez me aseguraré de dejar suficiente alimento para que mis mujeres no interrumpan una de mis más grandes pasiones, la de caminar mi ciudad.


Otro día con más calmita... nos leemos.


viernes, 4 de marzo de 2016

Comentarios que ni Obama los tiene. (1)


No quieren que se escuche mi voz ni que aparezca en televisión, me quieren borra. Mientras tanto les informo que:


SALUDAR, ¡YA!

Ayer andaba por la Plaza Mayor, o como le dice la perrada “El Zócalo”, justo a la hora en la que los soldados arrían la bandera. Me llamó mucho la atención que los mínimo seis años que todos pasamos por la primaria no sirvieron de nada. Cada lunes de cada semana en la escuela todos rendíamos honores a la bandera, ahí se nos enseñó cómo cantar el himno y cómo saludar a la bandera. Bueno pues al parecer la mayoría de los mexicanos o nunca pusieron atención o tienen una memoria de teflón porque no dan una. He visto en los estadios, y no solo en los estadios de futbol que se caracterizan por convocar harto pelados, que la mayoría de las personas cuando cantan el himno nacional se ponen la mano a la altura del corazón como saludando a la bandera, ¡mal, muy mal! El himno se canta en posición de firmes. Por otro lado, como les decía, ayer que andaba en la Plaza Mayor me percaté (como dicen los polis) que la mayoría de los curiosos ahí reunidos no saludaban a la bandera mientras esta era arriada, ¡mal, muy mal! Francamente me dieron ganas de repartir zapes a la concurrencia falta de civismo pero no pude porque YO SÍ estaba saludando a la bandera con todo el respeto que se merece nuestro lábaro patrio.





¡DEJEN DORMIR!

Mi querido y nunca bien ponderado Chapo Guzmán del Castillo últimamente se ha venido quejando del trato que le están dando dentro del penal de máxima seguridad de donde se escapó y al cual regresó. El criaturito asegura que lo quieren volver loco porque lo despiertan cada 4 horas, sí escucharon bien ¡cada 4 horas! ¡¿Neta?! Se ve que nunca ha estado internado en un hospital, ahí lo despiertan a uno cada 15 minutos para ponerle un medicamento, para tomar signos vitales, para dejar o llevarse la comida, para tomar notas o simplemente para joder, ¡y nadie se ha vuelto loco por eso! Igual se ve que nunca ha vivido a lado de una mujer primeriza con un bebé recién nacido el cual a grito pelón despierta a la mamá tiro por viaje que porque ya se meó, que porque tiene hambre, que porque tiene cólico, que porque perdió su equipo, etc. ¡y ninguna mamá se ha vuelto loca por eso! Creo que el Chapo, el más malo, peligroso y uyuyuy de todos los criminales del mundo, es una nena. Si tomamos en cuenta que cualquier persona duerme un promedio de 8 horas y a él lo despiertan cada 4 horas, esto quiere decir que solo lo despiertan una vez en la noche, entonces ¡qué pinche nena! Yo creo que deberíamos de mandarlo a un buen SPA por lo menos una semana cada mes para que se desestrese porque sino los Derechos Humanos de este país podrían pasar a molestarse.





Otro día con más calmita... nos leemos.