miércoles, 16 de septiembre de 2015

Cariño pozolero que Dios me ha dado



Pues nada que la abuelita de mi hija, lo que vendría siendo algo así como mi mamita suegra, es originaria de un pueblito de la región de Tierra Caliente del estado de Guerrero. Como ya se imaginarán la doña cocina de rechupete, domina hartos manjares propios de esa zona, y claro, su especialidad es el pozole estilo Guerrero. Ya es una tradición desde hace muchos años que todos los 15 de septiembre Doña Deme prepare el pozole para agasajar a su yerno consentido, o sea yo. El resto de las nueras y yernos mueren de envidia y despotrican en mi contra pero mi mamita suegra siempre sale en mi defensa y les echa sus buenos aplastones para ponerlos en su lugar. Ni modo, quién les manda no ser tan encantadores como el tal Said.

Y es que no está de más recordarle a Doña Deme quién es su yerno favorito, recodárselo con un bonito detalle los días previos al 15, que unas bonitas flores, que unos chocolatitos, que una llamadita para preguntar por su salud, etc. Pero no se crean que es el cochino interés lo que me mueve, es simple gratitud. Prueba de ello es que este año por su estado de salud y su avanzada edad yo ya no contaba con el pozole y sin embargo la seguí chiqueando como ella se lo merece. Pues con todo y eso, doña Deme sacó fuerzas del cariño que me tiene, se puso las pilas, y se puso a hacer su famosísimo y codiciado pozole.

Ayer en la noche me habló mi hija para darme la buena noticia, para decirme que su abuelita estaba esperándome como todos los años para darme mi itacate de pozole. Me tuve que disculpar con ella porque francamente me sentía muy mal. Hoy, igual me siento del nabo, pero tuve que hacer un gran esfuerzo para ir por el pozole porque no quería que se me fuera a sentir mi mamita suegra. La vi, salió emocionada a dármelo hasta el coche, y yo feliz por tan bello gesto también se lo agradecí desde el fondo de mi corazón.

Esa señora es muy directa, como buena señora de pueblo, así que ella no oculta para nada sus sentimientos, es super sincera, por eso yo le agradezco de todo corazón que siempre me haya querido tanto aun sin merecerlo. Le pido a Dios y a la vida que me la conserve muchos años, aunque el pozole quede solo en el recuerdo, porque no cambio por nada uno de sus tiernos y cariñosos “cuídese mucho” acompañados siempre de una mirada de sincero amor.


¡Qué Viva Doña Deme! 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Listo para la noche del Grito




Ando muy activo promoviendo que la gente no vaya al zócalo el Día del Grito, no es que me interese castigar al Gobierno ni mucho menos, lo que pasa es que no quiero que haya tanto pelado para poder ir.

Yo creo que en mi longeva y putrefacta vida he ido a la ceremonia del Grito unas tres o cuatro veces. Confieso que la experiencia para mí fue harto intensa. Recuerdo que en una ocasión hasta pensé que iba a morir aplastado por las adiposas masas ahí reunidas, pero sobreviví, no así uno de mis tenis del cual no volví a saber nada.

En esas visitas al zócalo de la Ciudad de México me tocó gritar a coro el ¡Viva México! junto a Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. Incluso creo que una vez me tocó ver al entonces Regente del Distrito Federal Ramón Aguirre dar el grito, esto porque al Presidente Miguel de la Madrid le había tocado dar el grito en Dolores Hidalgo. Ni modo, ese año me tuve que fletar el grito con el gangoso de Ramón Aguirre.

Siempre ha existido el temor de que pueda pasar algo, siempre las mamás (responsables) les prohíben a los críos ir a arriesgar el físico a ese tumulto, siempre los hijos necios como yo desobedecemos a esas precavidas madres y nos aventuramos a ir, y hasta ahora, siempre sale uno vivo de esa patriótica aventura. Claro, uno termina siempre mojado, o magullado, o lleno de la peladísima espuma que tanto les chifla a los nacos, o con confeti en los calzones y harina en la cabeza, o ligeramente embriagados, bueno esto no producto de las hordas de pelados que convergen en el zócalo sino de las caguamas que ingiere uno previo al grito y después y a lo largo de la noche. Pero todo es parte de.

Este año tengo planeado llevar a mi hija al zócalo a ver el grito, claro que me lo estoy pensando, y es que ahora me toca a mí ser el padre responsable que cuida al crío, pero creo que si tomo las debidas precauciones bien me puedo aventurar sin poner en riesgo nuestra integridad física. Mi Friducha ya tiene 20 años y nunca ha estado ahí, al igual que a mí le chocan las multitudes, pero creo que por lo menos una vez en su vida debe de experimentar esa popular experiencia. El único problema es que me acabo de enterar que esa noche va a tocar una banda llamada “La Arrolladora” y por lo que sé es harto popular y jala hordas y hordas de finísimas personas. Eso es lo que hasta el momento me detiene y me hace pensarlo dos veces.

Ánimas que todos los fans de esa banda fueran chairos solidarios con el movimiento de odio en contra de Peña Nieto y su familia para que no fueran y me dejaran disfrutar del Grito como Dios manda, en completa paz y sin actitudes violentas o peladas. Pero francamente no creo que eso ocurra, sin embargo pienso que como todos los años la gente ira feliz en familia a disfrutar la ceremonia del Grito valiéndole un reverendo pepino la situación en la que está el país y el enojo y descontento que puedan tener con el Gobierno, y hacen bien porque finalmente uno no está ahí para festejar o celebrar al Presidente sino al gran país en el que vivimos, a mi adorado México que, a pesar de sus gobernantes y políticos, es grande entre los grandes.  

Bueno queridos amigos les pido encarecidamente que recen por mí y por mi Friducha para que regresemos del zócalo completos (incluyendo los tenis). Prometo contarles qué tal estuvo y cómo me fue en esa bonita experiencia extrema de la noche del Grito. Vía de mientras… ¡Que Viva México! (sin el cabrones, ese se lo ponen ustedes al gusto).


Otro día con más calmita… nos leemos. 


sábado, 5 de septiembre de 2015

Y allá en la juente...




De esas veces que uno se levanta un buen domingo sin saber a dónde ir a pasear. Bueno pues luego de analizar diferentes opciones llegué a la conclusión de jalar pal norte de la ciudad, cosa que generalmente no hago. Y por aquellos septentrionales rumbos hay justo un sitio que a mí en lo personal me encanta, es el Museo del Virreinato que se encuentra en lo que fuera el antiguo Colegio de San Francisco Javier en Tepotzotlán.  Justo unos metros antes de la primera caseta de la autopista a Querétaro está la desviación que nos lleva a esta maravilla de museo, no hay pierde.

Este conjunto de edificios fue construido por los jesuitas a finales del siglo XVI, así que como verán ya tiene sus añitos el lugar. El colegio junto con la IMPRESIONANTE (así con mayúsculas) iglesia de San Francisco Javier forman lo que hoy es el Museo del Virreinato, una visita obligada para todos los chilangos que luego no saben pa’ dónde jalar el fin de semana (no todo es Chapul o la calle de Madero, que les quede claro). El museo alberga una gran cantidad de objetos y obras de arte de la época colonial y la iglesia de San Francisco Javier tiene unos retablos churriguerescos que hacen que el visitante se vaya de chichis al contemplarlos. Además en esta iglesia de llevan a cabo conciertos harto piochas todos los domingos, solo hay que llegar con tiempo para poder entrar.

Yo ya había visitado el Museo del Virreinato en varias ocasiones pero la última vez que fui llevaba una “encomienda” en particular, la de descubrir el lugar exacto en donde se encuentra la verdadera y original Fuente del Salto del Agua. Y es que la fuente que todos conocemos y que vemos cuando circulamos por el eje Central no es la original, esa es una copia que ocupa el lugar en donde se encontraba la original que en la década de los 60’s (del siglo pasado) fue reubicada en los jardines del Museo Virreinal. Yo apenas hace unos años me vine a enterar de esto, sí, acúsome de ser un ignorante… pero más vale tarde que nunca.






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Bueno pues luego de caminar por los hermosos jardines del Museo del Virreinato, allá en el rincón más lejano, finalmente encontré la maravillosa fuente del Salto del Agua, la original, la construida por el arquitecto Ignacio Castera en 1779. La mayoría de los visitantes que pasan junto a la fuente no tienen ni la menor idea de lo que se trata, claro el tiempo y los años se encargaron de dejarla prácticamente irreconocible. De cualquier modo es una joya arquitectónica de suma importancia para la ciudad y como tal hay que verla.


La original Fuente del Salto del Agua que se
encuentra en Tepotzotlán.

Una persona junto a la fuente es un buen punto de referencia para ver
su gran tamaña.

A esta caja de agua llegaba el liquido que venia desde los manantiales
de Chapultepec a través del enorme acueducto de casi 1000 arcos.

Los años la han deteriorado pero aun se puede admirar su belleza. 


Luego de pasar un día maravilloso en ese museo rodeado de arte e historia regresé por la noche feliz a mi Principado. Ahora, cada vez que regrese a Tepotzotlán, lo primero que haré será pasara a presentarle mis respetos a la majestuosa Fuente del Salto del Agua, y es que ya saben, a mí me encantan las fuentes… ¡y más con tanta historia!


Otro día con más calmita… nos leemos.