lunes, 31 de agosto de 2015

Ecología vs. Limpieza Excesiva



Mi hija tiene un gran problema, es una chocantita ecologista a ultranza y a la vez una obsesiva con la limpieza, y las dos cosas nomás no van de la mano, con la pena. Resulta que el otro día que la invité a comer a la Domus Saidiana ella muy acomedida me ofreció su ayuda. Generalmente cuando cocino no me gusta que nadie esté a mi lado, ni siquiera dentro de la cocina, me estorban, pero ella insistió tanto que la puse a lavar unos jitomates para la ensalada con tal de que dejara de enchinchar. Cuando volteé a verla, la muy “aséptica” ya tenía todos los jitomates enjabonados y dándoles sendos tallones con una escobetilla. El problema no fue ese sino que, en su afán de siempre ahorra agua, doña ecologista nada enjuaga bien, así que dejó todos los jitomates llenos de restos de jabón. Olvidaba decirles que otro gran problema que tiene mi hija es que es harto delicadita, parece jarrito de Tlaquepaque, así que no se le puede decir nada porque de volada se me “siente”. Ni modo, resignados nos tuvimos que comer los jitomates con restos de jabón fingiendo demencia.

Generalmente yo solo enjuago los jitomates con agua corriente y ya, no es el caso para las lechugas, espinacas y otras verduras con las que sí aplico hasta gotitas de desinfectante, pero mi hija me dijo que era un cochino porque no usaba jabón y escobetilla con los jitomates. Ya no le quise decir nada pero, aquí entre nos, la muy delicadita bien que se traga mugre y media en la calle y allí sí no se pone exigente, no le importa cómo lavaron el cilantro de los tacos que se come, o la higiene de sus raspados, jícamas, paletas, aguas frescas, chicharrones, etc etc etc. Para unas cosas sí es harto delicada y para otras, como digo yo “aplica restricciones”.

Más vale que mi Friducha no lea esto o no me la voy a acabar…


Otro día con más calmita... nos leemos.


Nota: Jitomates es lo que se conoce en el norte de México como tomates, digo para que no me vayan a regañar mis paisanos del norte que a veces son harto puristas del lenguaje.

viernes, 21 de agosto de 2015

Michelangelo Buonarroti y Leonardo da Vinci en tierras tenochcas




Al parecer mi fama de amargosito y de productor consuetudinario de entuertos y muinas ha alcanzado niveles insospechados, tanto que cuando amigos y conocidos se enteraron que tenía en mente visitar las exposiciones de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci que se montaron en el Palacio de Bellas Artes de inmediato intentaron prevenirme y, en la medida de los posible, disuadirme. Una de las cosas que ayudó a que me decidiera a poner los pies en ese bonito recinto de mármol fue el hecho de que se podían comprar los boletos por anticipado sin tener que hacer kilométricas filas tipo el Monte de Piedad pasando de Semana Santa. En un principio eso no era posible pero luego alguien con más de dos dedos de frente tuvo la genial idea de hacerlo y pues “así si baila mi hija con el señor”. Los boletos los compré con una semana de anticipación, escogí una hora temprana para evitar las aglomeraciones vespertinas, al parecer eso no era necesario porque la gente va accediendo en “tandas” controladas, cosa también muy acertada.

Me presenté en el lugar junto con tres acompañantes ávidos de cultura, personas realmente interesadas y sabedoras de lo que ahí se presentaba, no como muchos que solo van para tener algo que agregarle a su currículum cultural o social, llámese Facebook.

Media hora de anticipación fue suficiente, de hecho podría haber llegado puntual y no hubiera tenido ningún problema para entrar, pero como en esta trinche ciudad uno no sabe con qué manifestantes se va topar más valía prevenir que lamentar. Y sí, ya sé que esos pobrecitos hediondos solo están ejerciendo su legítimo y constitucional derecho de desmadrarle la vida a los demás impidiéndonos transitar libremente con sus plantones, marchas y demás panchos. Pero regresando al tema diré que la llegada al Palacio de Bella Artes afortunadamente transcurrió sin ningún problema por lo que pude llegar con 30 minutos de anticipación a la hora marcada en el boleto.

Dentro del recinto lamentablemente sucedió lo que mis amigos pronosticaron cual Mhoni Videntes que son, y es que por más que yo me instalé en un estado zen para tomar las cosas con calma y con buena actitud pareciera que la gente conocida como “nacos de poco criterio” se esforzaron en sacarme de mis casillas. Resulta que la inoportuna vejiga de una de mis acompañantes, mi favorita (osease mi hija), sintió de pronto la necesidad de descargar su contenido antes de comenzar a gotear. Yo recordé que junto al llamado Café del Palacio se encontraban unos baños que ya en alguna otra ocasión otra de mis acompañantes había usado, así que presto le di instrucciones a mi hija y la vi encaminarse con buen rumbo hacia los servicios. Mi sobrino que es harto acomedido decidió acompañarla para que no fuera sola. Todo iba bien hasta que un estúpido mesero los detuvo argumentando que esos baños eran solo para sus clientes. Debo decirles que mi hija se sabe defender sola pero está tan bien educada que prefirió aguantarse antes que ponerle un pinche patín en salva sea la parte al oligofrénico empleado de la cafetería. Como les decía ella está bien educada, y yo también, pero mi estado zen tiene un límite, así que luego de ver la actitud del prepotente monito me dirigí hasta él para preguntarle de manera muy atenta y educada ¡¿por qué era tan pendejo y tan falto de criterio?! Él me contestó que con mi boleto podía subir al segundo piso y usar los baños que se encuentran allí. Yo le pregunté si ese era el trato que le daban al turista, si su frustración no le permitía entender que actitudes como esas son las que hacen que el turista se lleve una mala impresión de nuestro país. Él estaba un poco “shockeado”, o quizás ese era su estado natural, así como con cara de estúpido confundido. Por supuesto que hice caso omiso de su advertencia y llevé a mi hija hasta el baño dispuesto a hacer tremendo pancho, afortunadamente no fue necesario porque el caballero de la filipina ya no dijo nada. Ese apestoso Café del Palacio, que debería de estar en el Palacio de Lecumberri y no en el de Bellas Artes, jamás volverá a contará con mi presencia mientras tenga esas actitudes DISCRIMINATORIAS con los visitantes. Los encargados de ese lugar deberían de pagarles un viajecito a estos monitos para que vean como se atiende al turismo en otros países que sí viven de esa actividad económica.

Pero bueno, luego de sortear el pequeño altercado con ese acomplejado ser “unineuronal” pasé a formarme en donde me indicaron unas niñas dispuestas en el museo para informar y organizar al visitante. Las niñas al parecer estaban más confundidas que los visitantes o tenían serios problemas de comunicación porque confundían más de lo que ayudaban, eso sí, muy amables y harto dispuestas.


 

Ya formados y en completo orden, con una puntualidad casi inglesa, fuimos ingresando a las salas en donde se encuentran las dos exposiciones. Al entrar a la sala que contiene las obras de Miguel Ángel otra de las criaturitas que al parecer hacen ahí su servicio social nos dio la bienvenida junto con algunas indicaciones, la principal NO FOTOGRAFÍAS. Esto siempre me ha absurdo y es que nunca he entendido por qué en museos muy importantes como el Louvre, el Del Prado, el Rijksmuseum o incluso en los Museos del Vaticano, sí permiten que se hagan fotos, claro con los cuidados respectivos, en cambio en muchos museos de mi país me lo prohíben o me piden dinero a cambio de un “permiso” para tomar fotografías. Pero bueno, yo soy muy obediente y respetuoso de las indicaciones así que resignado accedí.

Es cierto que los que han tenido la fortuna de viajar al extranjero quizás se sintieron desilusionados al encontrarse con una exposición “raquítica”, pero para muchos que no tienen esa suerte seguro resultó harto interesante y emocionante el poder al menos disfrutar de unas cuantas piezas de esos grandes maestros del Renacimiento. La exposición de Miguel Ángel cuenta con 30 obras originales entre dibujos, oleos, documentos y esculturas. La pieza estrella de esta exposición es sin duda el Cristo Portacroce (Cristo Giustiniani), una hermosísima obra en mármol de 2.50 metros que salió por primera vez de Italia. Desde que uno la ve a la distancia es imposible no dirigir la mirada hacia ella y quedar cautivado por la belleza de la pieza. Tristemente vi que la gente no le prestaba la atención debida ya que se distraían con las pinturas que rodean la escultura, pinturas que no son de Miguel Ángel. Fue hasta que un guía comenzó a dar una explicación del Cristo Portacroce que los visitantes dirigieron su atención hacia él.






Otra de las esculturas que de inmediato llaman la atención es la famosa Pietà, y es que aunque se trata de una copia de la original que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, no deja de ser una obra IMPRESIONANTE. A diferencia de la original que se encuentra detrás de un vidrio y que solo se puede ver a varios metros de distancia, esta se puede admirar a centímetros.





La tercera escultura de la exposición, también original, es el David-Apollo, figura creada por Miguel Ángel en 1531 (quizás 1532). Esta escultura representa la masculinidad de Apolo y al mismo tiempo de David. El tamaño de esta pieza es menor al Cristo Portacroce, mide apenas 146cm y es una de las obras menos conocidas del maestro.





Los bocetos y estudios preparatorios que el maestro uso durante el proceso creativo para los frescos de la Capilla Sixtina también se encuentras expuestos y, tristemente, también pasan desapercibidos por la mayoría de los visitantes. Quizás como se trata de “dibujos inacabados en blanco y negro”  estos no resultan tan atractivos como otras obras pictóricas llenas de color allí exhibidas. Esto a mí lejos de molestarme me encantó porque tuve más espacio y tiempo para contemplarlos, así que si van, no se lo cuenten a nadie y aprovechen si los visitantes se distraen con las otras obras que no son de Miguel Ángel.

El resto de la exposición se complementa con 45 piezas más de artistas directamente influenciados por Miguel Ángel. Por supuesto que estas obras no son nada despreciables ya que fueron creadas por grandes maestros, entre ellos: Rafael Sanzio, Giorgio Vasari, Giorgio Ghisi, Daniele da Volterra, Andrés de Concha, Baltasar de Echave Orio, Leone Leoni, Marcello Venusti y Bernal Díaz del Castillo. Las obras que se presentan en esta exposición vienen de diversos sitios, entre ellos: la Casa Buonarroti,  la Galleria degli Uffizi (maravilloso lugar en Florencia), el Museo Nazionale del Bargello, el Musei Capitolini y el Museo di Roma.




A un costado de la exposición de Miguel Ángel se encuentra la de Leonardo da Vinci, el gran genio “todologo”: pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta, urbanista, y quien al parecer también vendía mole los domingos en la Piazza della Signoria. Muchos conocen al maestro da Vinci porque tiene nombre de plumones, o de tortuga ninja, o por el famoso “Codigo da Vinci” de Dan Brown, o por la serie “Da Vinci's Demons”, bastante buena por cierto, pero también hay quien lo conoce por ser el autor de la pintura más famosa del mundo mundial y galaxias circunvecinas, la famosa “Gioconda” también conocida como “La Mona Lisa”.

De nuevo, al entrar a la sala, vi caras como de desilusión, seguramente no faltó el iluso que pensaba encontrar en alguna pared a la mujer de la sonrisa enigmática, o quizás “La última cena”, el “Hombre de Vitruvio” o “La Virgen de las Rocas”, pues con la pena pero niguas, esas están muy bien clavadas o pintadas en otros recintos y de allí no se van a mover. Así que de una vez les digo que los que quieran conocer estas obras no tendrán de otra más que juntar un varote para viajar hasta Paris, Venecia o Milán.

La exposición “Leonardo da Vinci y la Idea de la Belleza” está conformada por 11 piezas originales junto con otras 4 piezas de su círculo de estudios. Los bocetos y dibujos expuestos son sencillamente maravillosos, deberían bastar en la vida de cualquier persona para darse por bien servida en lo que respecta al arte de Leonardo. Estas piezas provienen de la Biblioteca Real de Turín.

Hay en particular dos obras que a mí me encantaron: “Cabeza de Joven” y “Cabeza de Viejo”, ambas reflejan la genialidad del maestro. Por supuesto también el boceto del estudio para el ángel de “La Virgen de las Rocas” es imperdible dada la técnica que uso, técnica que no permite borrar o alterar el trazo (punta de plata sobre papel en color pardo).



Cabeza de Joven - Leonardo da Vinci.

Cabeza de Viejo - Leonardo da Vinci.

Boceto del estudio para el ángel de La Virgen
de las Rocas - Leonardo da Vinci.

Tres Vistas de Cabeza de Hombre con Barba - Leonardo da Vinci.


Y así como la exposición de Miguel Ángel tiene al Cristo Portacroce como la pieza estrella, la exposición de Leonardo da Vinci tiene el famoso “Códice Sobre el Vuelo de las Aves” como su pieza principal. Este códice nada tiene que ver con el “Código da Vinci”, lo digo porque por ahí escuché tal barbaridad.

De nuevo corrí con suerte cuando llegué hasta donde estaba el famoso códice porque justo en ese momento una las personas del museo anunció que estaba por empezar un video, anuncio que hizo que la mayoría de los presentes corrieran a la sala contigua para ver dicho audiovisual; yo que no soy tonto (a veces), me dije: “para ver videos está youtube, mejor veo esto que probablemente no volveré a ver en toda mi vida”… y eso hice. Este famoso “Código Sobre el Vuelo de las Aves” es un pequeño libro de apuntes que cuenta con 18 páginas en las cuales Leonardo da Vinci escribió, dibujó y reflexionó sobre las aves y los mecanismos fisiológicos de las alas que les permiten volar. Seguramente de este estudio surgió su deseo de inventar alguna máquina para poder volar imitando el vuelo de las aves. No, si tonto no era el buen Leonardo, no cabe duda.


Códice sobre el Vuelo de las Aves - Leonardo da Vinci.


Yo, al menos yo, sí salí muy satisfecho de lo que vi en las dos exposiciones, así que si alguien me preguntara si yo se las recomendaría, rotundamente diría que SÍ, que no se las deben de perder. Ahora que si son millonarios y el día de mañana pueden volar en primera clase hasta el viejo continente en busca de más obras de estos dos genios del Renacimiento, entonces pueden dejarlas pasar si ninguna bronca. Pero si no, ya saben, corran a verlas, están a tiempo, no se van a arrepentir.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 6 de agosto de 2015

Mission: Impossible - Rogue Nation




He de confesar que el chaparrito Tom Cruise en un principio me caía en la puntita de… salva sea la parte, luego, con el tiempo, algo pasó que poco a poco se fue ganando mi simpatía, hoy no me da pena decirlo, Tom Cruise me cae harto bien y soy su fans.

Resulta que ayer me fui al cine a ver su nueva película (no digan “peli” son PELÍCULAS) y me la pasé bomba. “Mission: Impossible - Rogue Nation” (Misión Imposible 5) resultó una joya del cine de acción, no confundir, no es cine de arte, ni experimental, ni de autor, es cine de acción y como tal se debe de juzgar. Bueno pues en esta bonita y taquillera categoría de cine palomero esta película es una maravilla, tiene todo lo necesario para pasarla “bomba”: un galán muy chucho cuerero que todavía hace que a las féminas se les mueva la patita, un bizcochito ya madurón pero increíblemente potable, así como mandado a hacer para el hijo de mi apá o sea yo, persecuciones a velocidades superiores a la devaluación del peso, explosiones, balaceras, moquetazos, etc… todo muy bien logrado por el director Christopher McQuarrie quien por cierto ya ha dirigido en varias ocasiones a Cruise. Por favor pongan especial atención en la persecución en motos, está increíblemente bien lograda. No les digo de qué va la película porque no viene ni al caso, todas las películas de acción son iguales, poco importa la trama mientras estén bien producidas, y este es el caso.

Por favor, vean la película en una buena sala porque tristemente tengo que reconocer que muchas de las salas de México cada vez están más descuidadas y abandonadas, si siguen así próximamente vamos a tener los mugreros de cines que teníamos antes, todos piojitos y hediondos. Esto va dedicado a Cinemex, con Cinepolis, por ahora, no tengo queja en ese aspecto. Bueno pues, busquen un cine limpio que tenga aire acondicionado, buen sonido y buena proyección, y con público “nice” que sea respetuoso, que no saque sus trinches celulares a mitad de la película, que no platique, que no patee al de enfrente, que no se la pase haciendo ruido con todo lo que traga, en resumen, que vayan a ver la película como gente civilizada. Si consiguen una sala así y un público así, seguro que van a disfrutar esta película como varios Tom Cruises, o sea… como enanos.


Otro día con más calmita... nos leemos. 


(Francamente no sé ni para qué les hago esta “profesional” reseña si para estas alturas me imagino que ya la vieron todos jeje, en fin).