viernes, 26 de junio de 2015

Miguel Angel y Leonardo da Vinci en Bellas Artes... ¡formense!




La Doña decía: “a mí lo que me cuesta mucho trabajo ya no me gusta tanto”, y yo soy del mismo modo de pensar… igual de mamón pues.

Francamente creo que ya me pueden ir poniendo falta en el Palacio de Bellas Artes porque no creo que vaya a ir a las exposiciones de Mickey y Leo por más importantes que estas sean, y es que no estoy dispuesto a lidiar con chingomil personas oligofrénicas a las cuales en su vida les ha interesado el arte y mucho menos el Renacimiento, ¡ah, pero eso sí!, van cual zombies a donde la mercadotecnia, la publicidad, el “teacher” y las redes sociales les dicen. No estoy dispuesto a soportar la insufrible monserga de los cientos de miles de estudiantes de primaria y secundaria a los cuales se les obliga a asistir a los museos solo para cumplir con un trámite llamado “tarea”. A estos críos poco les importa lo que tienen enfrente, únicamente van a copiar en sus cuadernos lo que dicen las cedulas de la obras impidiendo que el resto de la gente pueda admirar lo verdaderamente importante, lo maravilloso, lo extraordinario… ¡las obras de arte!

Es cierto que el arte no debe de ser elitista, es cierto que el arte debe de acercarse al pueblo, es cierto que una de las funciones de los museos es divulgar la cultura y el arte, y es cierto que muchos de los obligados a ir terminan quedándose en el mundo de la cultura por gusto propio, pero también es cierto que muchos solo van a hacer bola y a enchinchar quitándole la oportunidad a aquellos a los que si les interesa la exposición. Alguna vez me tocó ver en el Zoológico de Zacango a un grupo como de 25 personas haciendo tremenda alharaca por algo que descubrieron en uno de los prados, yo curioso me acerqué a ver de qué se trataba y cuál sería mi sorpresa cuando vi que el objeto de su éxtasis desbordado era una trinche ardilla. Yo no daba crédito, frente a ellos había una pareja de majestuosos rinocerontes blancos y ellos los ignoraban olímpicamente por contemplar a una trinche y vulgar ardilla negra. Así de “curioso” (por decir lo menos) es el comportamiento humano.

Por eso, ojalá las personas a las cuales no les interesa el arte, aquellos que en su vida han leído nada del Renacimiento y de estos dos artistas, hicieran un verdadero acto de conciencia antes de ir y se preguntaran si van solo a pasar lista para poder decir que ya fueron o van dispuestos realmente a maravillarse con lo maravilloso, a conocer, a aprender o simplemente a disfrutar del talento de estos dos grandes, si es así, entonces bienvenidas sean las kilométricas filas que se hagan afuera del Palacio de Bellas Artes. Ojalá no se repita el fenómeno Kusama que tantos entuertos y muinas me hizo padecer.


No, no es la cola de las tortillas, es la fila para entrar a ver las
exposiciones de Miguel Angel y Leonardo da Vinci.

 Otro día con más calmita… nos leemos. 

miércoles, 24 de junio de 2015

El Feroz Ataque de los Juangabrielibers




“Juan Gabriel está descuidado físicamente y ya no tiene la voz que tenía antes”… decir esto en youtube me costó casi el linchamiento colectivo a manos de las huestes de comadritas del Divo de Juárez. Pues sí, para mi sorpresa las y los seguidores de Juanga resultaron más bravos y agresivos que los mismísimos fanáticos de Belinda, Anahi, Arjona y Justin Bieber juntos.

Yo siempre he reconocido el talento y el lugar que tiene Juan Gabriel en el mundo de la música, de hecho en el mismo comentario al que me refiero aclaré que su talento era incuestionable, lo que es triste, lamentable, son las reacciones tan agresivas que puede provocar un simple comentario en los “fanáticos”, que no fans, de un artista determinado, en este caso de Juanga. En todo el mundo, pero particularmente en México, somos propensos a idealizar a nuestros artistas y deportistas, el cariño y la admiración que podemos sentir por ellos nos ciega y nos adelgaza la piel a tal punto que nos hace sumamente sensibles a las criticas y a los comentarios que no compartimos.

Muchos de los juangabrielibers que brincaron ante mi comentario seguramente son mucho más jóvenes que yo y quizás no tuvieron la oportunidad de ver a Juanga en plenitud como lo vi yo. A mí, aunque ellos lo duden, me gusta mucho Juan Gabriel, pero no de ahora o de ayer, sino desde hace mucho tiempo. Yo era un niño de 8 años cuando en Chihuahua lo vi por primera vez, él empezaba su carrera y se presentaba en restaurantes y bares de por aquellos lares. Mi padre como trabajaba en el negocio de la cerveza tenía acceso a todos esos lugares y en un par de ocasiones yo lo vi trabajar ahí. Por supuesto que a esa edad me daba lo mismo, de hecho apenas lo recuerdo cantando “No tengo dinero” o “No se ha dado cuenta”. Luego, ya más grande, me tocó ver su éxito en el centro nocturno llamado El Patio, ahí no lo vi personalmente porque todavía era menor de edad, pero mi madre sí y ella me contaba del éxito que tenía cada vez que se presentaba. Luego llegó el tiempo de Premier en donde a mi juicio fue el mejor momento de su carrera, ahí sí lo vi y era increíble el kilométrico y apoteótico show que daba, muy diferente, repito, MUY DIFERENTE a lo que es ahora Juan Gabriel. La voz y el físico, aunque no lo quieran aceptar sus “fanáticos”, eran completamente distintos, y es que “el tiempo no perdona” como él mismo lo dice en una de sus canciones. Luego de Premier lo vi infinidad de veces en los palenques de Texcoco y Monterrey, así como en el Auditorio Nacional e incluso en Bellas Artes. Así que no me pueden decir que no sé de lo que hablo, porque yo junto con él hemos visto pasar el tiempo y, se quiera o no, este ha venido mermando sus facultades como artista, y eso no es malo, es parte de la naturaleza humana. Es indiscutible su descuido físico comparado con otros artistas de su tiempo que han sido más disciplinados, es indiscutible también que su voz ya no es la misma de antes, y por último, también, hay que aceptar que él ya no es lo prolífico que era antes a la hora de componer.


El Juan Gabriel de antes.

El Juan Gabriel de ahora.


Pero bueno, convencer de esto a sus “fanáticos” es gastar saliva a lo tonto, o en este caso bytes a lo tonto, y como no es mi intención convencer a nadie sino simplemente señalar lo inflexibles y cerrados que somos los mexicanos a las críticas, pues mejor hasta aquí le dejo. Juan Gabriel ya tiene su lugar bien ganado en la historia musical de este país, gordo o no, viejo o no, con voz o no, inspirado o no, él siempre será un gran artista, al igual que sus “fanáticos” siempre seguirán siendo sus defensores a ultranza, cueste lo que cueste, incluso a costa de la objetividad. 


Otro día con más calmita... nos leemos.