lunes, 26 de enero de 2015

La Ciudad de Los Palacios, corrijo... La Ciudad de las Marchas




Que tengas un vencimiento en un banco que está del otro lado de la ciudad un día de chingomil marchas como yo… ¡eso no es de Dios!

Luego de haber mentado madres cuando me desviaron en Tlalpan a la altura de División del Norte, tomé la decisión de estacionar mi “unida” para abordar el tan gustado y democrático Metro. En esta ocasión creo que sí fue una buena decisión.

Primero tomé la flamante Línea Dorada del carnal Marcelo, la Línea 12. Desde que esa línea no hace su recorrido completo la gente no la quiere usar, por lo que generalmente los vagones van casi vacios, cosa harto comoda. Lo único malo es que esa trinche línea es más lenta que los trenes de mulitas que había en la época de Don Porfirio, va como a 30 por hora y las paradas en cada estación son eternas. Luego al llegar a Mixcoac hice mi bonito trasbordo para tomar la Línea 7 que me llevó hasta Polanco.

No hay mejor manera para viajar en Metro que usando unos buenos audífonos que te aíslen del mundo terrenal y unos lentes oscuros que te permitan ir haciendo observaciones discretas de todo lo que ocurre ahí adentro. Así no hay pierde, no se aburre uno y hasta se disfruta del bonito baño de pueblo. Por supuesto que yo iba preparado con mis audífonos (discretos en tamaño) y mis lentes “otscuros” de pelado. Cuando iba por ahí de la estación Tacubaya me percaté (como dicen los polis chilangos) de que un par de bebotas me estaban mirando con harta lujuria y concupiscencia. Esto hizo que de inmediato se elevara mi frágil autoestima al descubrir que todavía puedo causar bajas pasiones en las mozuelas guapetonas, bueno, al menos eso fue lo que mi optimista imaginación fraguó, igual y solo se estaban pitorreando de los ademanes que iba haciendo mientras escuchaba a Freddie Mercury cantar “Don’t stop me now”. Pero bueno, me gusta inclinarme más por la teoría de que aun estoy apto para el consumo humano, sobre todo para el de las chicas de buen gusto.

Ya en Polanco, tierra de Godínez y Corcueras, tomé un taxi que me acercó al banco en cuestión. Cuando llegué con mi asesor luego de esa tremenda peregrinación, el muy pepino me dijo que tenía problemas con el sistema que no le permita hacer la liquidación. Casi le parto su mandarina en gajos porque desde el viernes hablé personalmente con él para darle la instrucción, claro, previamente me tuve que pelear dos horas con las máquinas esas que siempre contestan, ya saben, esas que dicen: “Por el momento nuestros asesores están ocupados, en cuando se desocupe uno con gusto le atenderá. Su llamada es muy importante para nosotros, gracias por esperar”. Y así me tuvieron dos horas, me dejaban en espera con musiquita, se cortaba la llamada, me transferían de una línea a otra, etcétera, lo de siempre. Finalmente me pude comunicar, ¡¿Y para qué?! Para que me salga el muy jumento con que la trinche computadora no quiere trabajar, seguramente en apoyo a los estudiantes de Ayotzinapa, o qué se yo.

Cuando yo ya estaba a punto de salir de su cubículo para ir en busca del gerente y hacerle tremendo numerito, ahí delante de todos sus cuentahabientes de postín, al fin llegó alguien que sí le sabía y le explicó al atarugado cómo hacer la operación en la computadora. Al ver que la cosa se había solucionado respiré profundamente y reconsideré la necesidad de tirarme en medio del suelo del banco a patalear. El novel asesor financiero se disculpó por el retraso (y el sustito) y concluyó con mi trámite ya sin mayor bronca.

Ya sin la angustia de tener que llegar a tiempo al banco salí de ahí y me fui a tomar un café en coqueto changarro polanquense (no fue en un Starbucks, obvio). Ahí honestamente no ligué nada, sentí como que me faltaba algo, quizás un BMW o una camionetota con chofer, ni modo, no me alcanzo con mi encantadora personalidad. Terminé mi café y emprendí mi regreso repitiendo la hazaña solo que en sentido inverso. Para entonces el caos ya había cuajado por allá así que caminé hasta el Metro disfrutando de ese barrio.

No cabe duda que esta ciudad ya está imposible, no se vive en ella, se sobrevive, y aun así, no la cambiaría por nada… ya ven, masoquista que es uno. Enrique Peño Nieto, Miguel Ángel Mancera… ¡LA PORRA TE SALUDA!



Otro día con más calimita… nos leemos. 

jueves, 22 de enero de 2015

"The Theory of Everything" de James Marsh




Cualquier actor que quiera impactar fácilmente con una actuación a un neófito lo único que tiene que hacer es conseguirse una silla de ruedas y pretender una discapacidad. Y es que no hay mejor manera de lucirse como actor que con un papel de estos, basta recordar a Daniel Day Lewis en “My left foot” o a Tom Cruise en “Born on the Fourth of July”; y no digo que estos sean malos actores, pos su puesto que no, pero de que eso les da una ventaja frente a sus compañero actores que interpretan papeles con menos impacto visual, eso que ni que.

La película “The Theory of Everything” es la vida del famoso físico y divulgador científico Stephen Hawking, la película está basada en las memorias que escribió su ex esposa Jane Hawking. Básicamente muestra la relación que tuvieron ambos y el proceso más impactante de su enfermedad. Las actuaciones de Eddie Redmayne y Felicity Jones (Stephen y esposa respectivamente) son buenas pero nada del otro mundo. La dirección y la fotografía cumplen, pero igual, nada fuera de este mundo. La música, esa sí me pareció excelente.

Esta película obtuvo cinco nominaciones al Oscar: Mejor Actor, Mejor Actriz, Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonara y Mejor Película. Afortunadamente no hubo nominación para el director y el fotógrafo, cosa que me deja tranquilo. No creo que tenga mucha suerte con sus nominaciones, creo que hay mejores películas que esta.


Para mi resultó tan “X” la película que ni siquiera me sacó una de cocodrilo, y miren que yo soy bastante facilito para chillar con este tipo de historias. De cualquier modo váyanla a ver, disfruten la actuación de Eddie Redmayne que, como les digo, aunque no es la mejor del año, cumple. ¡Ah! y si no llevan Kleenex, no se apuren, de todos modos no van a moquear.


Eddie Redmayne haciendo a Stephen Hawking. 

De lado izquierdo los verdaderos Stephen y Jane Hawking.

Felicity Jones y Eddie Redmayne visitando a Stephen Hawking.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

lunes, 19 de enero de 2015

"Unbroken" de Angelina Jolie




Niño latoso y rejego es encausado al atletismo para ver si así se entretiene y deja de estar fregando. El crío sale bueno pa’ correr y llega a las Olimpiadas donde le va muy bien. Luego viene la guerra, lo suben a un avión y es derribado en medio del océano. Ahí está en dos mini lanchitas salvavidas junto con otro dos sobrevinientes tomando el sol durante más de cuarenta días hasta que él y su compa es rescatado (uno de ellos muere). Esa ya sería toda una película pero ahí apenas comienza su “viacrucis” (como diría la clásica tía gorda), y comienza ahí porque para su mala suerte es rescatado por el enemigo, un barco japonés. Los japoneses se lo llevan a una isla y luego a una prisión en donde se topa con un taka taka bastante gandalla el cual le carga calor por el simple hecho de ser un atleta famoso.

Más o menos de eso va la película, película insufrible y aburrida dirigida con las patas por Angelina Jolie. Esto que podría haber sido una buena película ya que la historia es buena (el guión estuvo a cargo de los talentosos hermanos Coen), resultó harto tediosa en las manos inexpertas de la labios de colágeno. Francamente no me explico cómo es que obtuvo tres nominaciones al Oscar: Fotografía, Edición de Sonido y Mezcla de Sonido. Las actuaciones son bastante malas, el taka taka odioso - Takamasa Ishihara - es una actor con una vasta experiencia, esperiencia de... ¡solo una trinche película! Este infumable caballero del oriente está sobreactuado, culpa, por supuesto, de la mala dirección de Jolie. El resto de los actores tampoco tienen una gran trayectoria en la industria y sus actuaciones son bastante mediocres.

Hay una escena en donde el japonés obliga al preso americano a sostener una viga de madera sobre su cabeza y da la orden para que en cuanto la baje le disparen, él, estoico, aguanta vara haciendo alarde de fuerza y entereza, yo, por mi parte, rezaba a todos los Santos para que la soltara, le dispararan, y así terminara ya ese suplicio de película… pero no.

Bueno, allá ustedes si quieren perder su tiempo y dinero viendo esta mugre película que apenas si está para verla un domingo en Canal 5, doblada al español y con hartos comerciales, solo a ese tipo de público le puede gustar algo así. Por cierto, la película se llama “Unbroken” y le pusieron en español “Inquebrantable”, y sí, hay que ser inquebrantable para soportar las dos horas de película.



Jack O'Connell hace al atleta Louis Zamperini.

Takamasa Ishihara hace al andrógino Watanabe.

Aquí la "talentosa" Angelina Jolie con el auténtico atleta
Louis Zamperini.



Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 18 de enero de 2015

Bye Bye Kusama



Interesante el peladísimo fenómeno Yayoi Kusama. Al parecer los que no pudieron visitar el museo Tamayo para tomarse la obligadísima “selfie kusamesca” serán tachados, hasta el final de los tiempos, de incultos e ignorantes. Y es que es curioso como hasta en el arte la gente cae víctima del encanto de la moda y la mercadotecnia con tal de no sentirse excluida.

Resulta que ayer hubo quien se quedó en tremenda fila a pernoctar TODA LA NOCHE afuera del museo tan solo para conseguir la tan anhelada “selfie” misma que segurito van a presumir en su “feis”. Yo me pregunto, qué fregados tiene de maravillosa esa exposición que causa este tipo de reacciones en los wannabes de la cultura, en mi opinión, nada. Entonces, por qué el éxito de esta artista y escritora japonesa. La única respuesta que encuentro a mi ociosa pregunta es, por el puro “glamur” que rodea la vida de esta Yoko Ono de Tlachichilco. Porque es innegable que la historia de su internamiento voluntario en un “manicomio”, en el cual por cierto ha vivido desde hace ya varias décadas, hace que el morbo lleve a la gente a ver su obra. Es cierto, nuestra querida Frida Kahlo también vende muy bien gracias a su interesante y sufrida vida (que no me oiga mi hija porque me mata), pero aun así creo que entre el talento de Frida y Kusama todavía hay un abismo.







En fin, se terminó la exposición de Kusama, ahora, ojalá que todos esos entusiastas amantes del arte conceptual moderno aprovechen el vuelo que traen y se den una vuelta por los demás maravillosos museos con los que cuenta nuestra hermosa ciudad de la nube gris, comenzando, por su puesto, con el Museo de Arte Moderno que está a unos pasos del Museo Tamayo. 


Otro día con más calmita... nos leemos. 

miércoles, 14 de enero de 2015

Los pelados con celular en el cine



Estoy harto, alucino los celulares, son una monserga, y más en una sala de cine. Por qué carajos la gente que va al cine no apaga sus teléfonos, no basta con bajarles el sonido y ponerlos en modo de “vibración”, tiene que apagarlos o dejarlos en el coche porque son muy molestos para la gente que va al cine a lo que se debe de ir al cine, ¡A VER PELICULAS!

Esos estúpidos que se la pasan sacando su teléfono cada vez que les vibra para ver que babosada les pusieron en su face o que whats les mandaron ¡molestan mucho!, por si no se han dado cuenta las pantallas son muy luminosas y en la oscuridad casi total de la sala de un cine, más. Y esos otros estúpidos que salen corriendo de la sala para contestar una llamada (según para no molestar a los ahí presentes), igual distraen y son muy molestos. Me ha tocado ver idiotas que salen hasta cinco veces de la sala para atender sus llamadas. Yo me pregunto, qué tan importante puede ser una llamada que no puede esperar dos horas para ser atendida, o si tienen un pinche pariente en terapia intensiva o a su pinche madre en fase terminal entonces qué carajos hacen en el cine. Les apuesto que el 99.99% de las llamadas y los mensajes que recibe la gente en el cine son reverendas estupideces, de no ser que la persona que contesta el teléfono sea un eminente medico experto en trasplantes de órganos que tenga que correr a trasplantar un corazón antes de que este se agusane, francamente no se justifica que los presentes tengamos que padecer los celulares de los demás.

Por qué si ahora hay tantos tipos de salas (Regulares, Premium, VIP, 3D, 4X, para Mamás, etcétera) no hay una para viejitos amargados como yo en donde exista un sistema que bloquee la señal de los celulares, así como en mi adorada Sala Nezahualcoyotl, me cae que muchos amantes del cine asistiríamos encantados a esa sala.


Pero como eso no existe, no me queda más que suplicarle al peladaje que por favor se abstenga de atender o siquiera sacar su celular durante la función, neta, a nadie de sus amigos del face les interesa saber si tienen o no aplastadas sus nalgotas en la sala de un cine, eso puede esperar a que termine la función, les prometo que sus oligofrénicos amigos del face o sus seguidores de twitter no se los van a recriminar. Por favor, seamos educados cada vez que vayamos al cine y comportémonos como seres civilizados, evitemos que nos brote el peladísimo código postal, total, son dos horas… qué tanto es tantito.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

martes, 13 de enero de 2015

Libertad de Expresión... ¿Libertad de Insultar?



Gran debate por todos lados, que si debe de haber límites a la libertad de expresión o no, y todos, o casi todos, opinan que no, que no debe de haber limites porque si los hubiese no existiría realmente la libertad. Esta es la respuesta más “políticamente correcta”, por eso pienso que es la misma que asumen muchas personas, pero yo, yo no, yo nunca seré políticamente correcto solo por quedar bien, yo podré estar equivocado pero nunca dejaré de decir lo que pienso aunque esto incomode o moleste a muchos.

Por eso yo afirmo rotundamente que la libertad de expresión por supuesto que SÍ debe de tener límites; y es que es muy fácil defender la libertad de expresión cuando esta no le afecta a uno directamente sino a terceros, es muy fácil decirle a una persona, a una comunidad, o a un nación entera, que aguanten vara, que no sean chillones, que no es para tanto. Muchos dicen defender a ultranza la libertad de expresión, la libertad de insultar, pero yo me pregunto si opinarían lo mismo cuando esa libertad fuera usada en su contra o en contra de alguno de sus seres queridos, ¿lo tomarían con la misma madurez?, ¿la seguirían defendiendo estoicamente en pro de las libertades del ser humano?, ¿reaccionarían con toda calma e incluso serían indiferentes a esos actos? Si la respuesta es “Sí”, felicidades, entonces el día de mañana si su hijo es víctima de bullying, o su hermana es víctima de misoginia, o su primo es víctima de homofobia, o su madre es víctima de calumnias o difamaciones, entonces seguramente no harán nada al respecto porque eso sería atentar en contra de la libertad de expresión de un tercero.


No me cansaré de decir que nada justifica un hecho tan condenable como el ocurrido en Francia, pero por otro lado creo que no se puede andar por la vida agrediendo, insultando y burlándose sin estar consciente de que eso puede tener consecuencias muy serias, consecuencias que pueden ir desde una demanda judicial hasta algo tan radical como la misma muerte. 

Por otro lado yo siempre he sido enemigo de las famosas “teorías del complot”, del “sospechosismo”, pero en este caso, como en el ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, siempre habrá que tomar en cuenta que puede existir la posibilidad de que esto haya sido orquestado por el mismo gobierno para tener un bonito pretexto para coartar las libertades del pueblo francés así como para agredir, atacar e incluso invadir a otra nación. Decía mi Inmortal y sabia abuela: “piensa mal y acertaras”… ¿será?


Otro día con más calmita... nos leemos.