miércoles, 2 de diciembre de 2015

Haciendo el super al otro lado de la ciudad




Ir a hacer el super hasta Polanco cuando se vive en el sur de la ciudad podría sonar descabellado, jalado de los pelos, y sí lo es, pero eso tiene una explicación.

Siempre me ha parecido una monserga tener que acompañar a mi madre a las tiendas de autoservicio a hacer el super. Cuando era niño mi única escapatoria era decirle - ¿Puedo ir a los juguetes? -. Mi madre contal de que dejara de estar poniendo gorro sin pensarlo mucho me decía – Ándale vete a los juguetes y ahí te recojo -. Hoy ya no soy un niño, ya soy un reverendo labregón y aunque sigo pasándola bomba en el departamento de juguetería tengo otros intereses que me obligan a buscar otros divertimentos a la hora de hacer esa insufrible actividad necesaria en cada hogar.

Pues bien, hace poco tiempo descubrí que frente al Chedraui de Polanco hay un oasis en el cual me puedo refugiar y ser feliz. Y es que solo atravesando la calle se encuentra el Museo Soumaya, un lugar pletórico de obras de arte y trato amable que alimentan mi espíritu y mi ser más que el departamento de carnisalchichonería de Chedraui.

Mientras mi Sacrosanta compra su jamón, su yogurt con propiedades laxantes, su pachoncito, su suavizante con aroma a bebé, sus galletas, sus sopas instantáneas, etc., yo le doy su bendición, atravieso la calle y entro a otro mundo, el mundo de la belleza y la sensibilidad producida por seres de mi misma especie. Antes Lili Ledy, Mi Alegría, Plastimarx y Mattel eran los encargados de entretenerme mientras la Sacrosanta hacía sus compras, hoy son Rodin, Dalí, Monet, Rubens, Renoir y demás colegas los que lo hacen.

Dos horas son pocas para recorrer el museo pero suficientes para que mi Sacrosanta agote los vales de despensa y sature las tarjetas de crédito, así que hay que ser medido con eso del oasis cultural y de vez en cuando sacrificar la visita para controlar a la compradora compulsiva de mi madre. De cualquier modo bien vale la pena atravesar la ciudad por lo menos cada quince días para hacer el super en la lejana comarca de Polanco. Ojalá la Comercial Mexicana, el Walmart y el Soriana de mi Principado me pudieran ofrecer lo mismo, pero no, acá en las afueras de esas tiendas de autoservicio hay cuando mucho exposiciones permanentes de tacos de suadero en puestos de lámina, ni modo... aquí nos tocó vivir (citando a la clásica).


Museo Soumaya, Ciudad de México.
Foto: Jaime Said.


Otro día con más calmita… nos leemos.




lunes, 30 de noviembre de 2015

La Feria de San Andrés




Cerca, muy cerca de mi antiguo Principado se encuentra el pintoresco barrio de San Andrés Tetepilco. Este encantador pueblito que con el tiempo fue devorado por la imparable mancha urbana hoy está de manteles largos, es día de su Santo Patrono.

Durante muchos años fue para mí toda una tradición asistir puntualmente cada 30 de noviembre a la feria de San Andrés. Las tres razones principales que siempre me atrajeron de esa bonita verbena fueron:  

I. Su Gastronomía.- Todo lo que chille en aceite se puede encontrar ahí: que el pambazo, que la quesadilla, que el sope, que las flautas, que los plátanos fritos (con mermelada, lechera y demás engordadera), que las papas fritas y las banderillas, etc. No pueden faltar los puestos de pozole o de buñuelos. También hay tacos de lo que se les ocurra. El pan de pulque con su delicioso y característico sabor también se encuentra. El hot cake es harto socorrido, ese que lleva cajeta, mermelada o leche “nescle”. Los elotes de la importante cadena de “Don Juanito” seguro que ahí estarán. Y hasta platillos internacionales como la hamburguesa o la pizza hacen acto de presencia. Las bebidas calientes como el café y el atole se venden a los contertulios. Y para los de más alto impacto también hay harta bebida espirituosa servida coquetamente en jarritos de barro o bien en el típico vasote escarchado de mugre y media.

II. Sus Atracciones.- Todo los juegos mecánicos característicos de las ferias ahí se encuentran, desde los de bajo impacto para los escuincles nalgas miadas hasta los más heavy para los labregones aventureros. En los viejos tiempos (cuando yo era un puberto) todavía se podían encontrar esas atracciones que a mí siempre me han chiflado: “La Mujer Araña”, “La Niña Tortuga”, “La Casa de los Espantos”, “La Casa de los Espejos”, “El Museo de Fenómenos”, etc. Hoy desgraciadamente ya no se encuentran tan fácilmente esas atracciones  al estilo de Barnum. Si a alguien le gusta la apuesta, no tiene que ir hasta Las Vegas, en la feria de San Andrés se manejan los juegos de azar como el de “¿Dónde quedó la bolita” o bien la tradicional “Lotería” (con frijolitos). También por las noches se arma el bonito baile con los mejores sonideros del rumbo. A ritmo de cumbia, salsa y ahora reggaetón los más efectivos realizan sus mejores evoluciones en la pista buscando ligar al bizcochito más codiciado de la feria. Los huevos de harina y la espuma en bote es el pasatiempo favorito del pelado, así que nadie se va a escapar de ser víctima de uno de esos dos productos festivos.

III. Fuegos Artificiales.- Lo mejor para mí siempre fueron los “cuetes”. En varias ocasiones estuve cerca de perder la figura y el rostro por culpa de los cuetes y toritos que amenazaron con quemarme y dejarme más jodido que al hijo de Pepe “El Toro”. Afortunadamente mi instinto de supervivencia siempre me hizo esquivar a tiempo esos fallidos fuegos artificiales poniendo a salvo mi integridad. Los castillos que se queman son todo un espectáculo y vale la pena jugarse el físico para estar cerca de ellos, o bien si uno se abre como yo últimamente, de lejitos se pueden admirar igual sin miedo a quedar chamuscado.


Bueno pues hoy es 30 de noviembre y pienso asistir de nuevo a la feria de San Andrés como lo hice tantos años. Y es que nunca voy a olvidar las noches en que al regresar de mi secundaria a casa, al pasar por la feria, hacíamos la escala oficial mi amigo Toño y yo para degustar una rica y grasosa garnacha (los pambazos eran los favoritos de mi amigo). Era muy común encontrarnos en alguno de esos puestos a nuestros maestros jambando con singular alegría. Hoy la gastritis y los triglicéridos me obligan a ser más medido y a evitar los excesos, sin embargo yo creo que hoy sí me voy a soltar el pelo y me voy a reventar por lo menos un pambazo y un hot cake con cajeta. No creo subirme a ningún juego mecánico, si acaso voy a jugar a las canicas o a los dados para ver si me gano mi alcancía de yeso con la figura del Santo. Los cuetes esos si no me los voy a perder, a distancia prudente claro está porque ahora ya no llevo a mi novia que siempre me sirvió como escudo humano a la hora de los cuetes perdidos. Los que vivan por ese rumbo no dejen de ir, los que no vivan por ahí búsquense una feria de pueblo y asistan porque les prometo que se la van a pasar bomba.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Secundaria 164 "El Reencuentro"




Y llegó el día. La fiesta más planeada desde el Bicentenario de la Independencia Mexicana. Fueron tres largos meses de preparativos para finalmente llegar a ese momento tan esperado, el reencuentro de los amigos de la secundaria. Algo inexplicable, una extraña fuerza es la que nos ha mantenido juntos a lo largo de tantos años convirtiendo esa amistad puberta en algo más fuerte, una hermandad adulta.

Apenas me desocupé a tiempo ese sábado para entrar a mantenimiento y restauración. Había que estar presentable, las mujeres más bellas de la secundaria se darían cita en dicho convite y por lo menos había que ir bien acicalado. Mis cremas rejuvenecedoras, mis mascarillas revitalizantes, mis toquecitos con toxina botulínica, mi tinte “tapacanas” y un corte de pelo estilo ochentero tendrían que ser suficientes para dar el gatazo.

El lugar agendado para reunirse fue la Iglesia de San Andrés, lugar que se encuentra a escasos metros de la que fuera nuestra querida escuela secundaria por tres años, o más en el caso de los jumentos como yo. También muy cerca de ese lugar, en las oficinas de uno de nuestros compañeros, se dispuso un lugar muy agradable para departir sin tener que arriesgar el físico en algún antro o tugurio.

Yo que normalmente soy harto puntual en esta ocasión si les pasé a quedar mal porque eso de ponerse “divis” como quiera se lleva su tiempo. Además tuve que hacer una escala en el super para comprar algo de bebidas espirituosas de esas que desinhiben y relajan la moral. Afortunadamente la puntualidad chilanga no es precisamente la inglesa así que no hubo fijón.

Luego de estacionarme y de bajar el preciado líquido toqué a la puerta. El anfitrión, mi entrañable amigo Enrique, fue quien abrió la puerta. En automático una sensación muy especial inundó mi corazón, ¿emoción?, ¿nostalgia?, ¿cariño abrumador?, la verdad no sabría como describirlo. Lo cierto es que el ver ahí reunidos a todos mis compañeros me hizo sentir cobijado por el cariño que solo se puede igualar al de un hermano.

Me recibieron con júbilo y algazara, dicho de otro modo “con harto desmadre”. Un poco de kilos de más, un poco de pelos de menos, unas cuantas arrugas por aquí y otras por allá, pero eran ellos, éramos nosotros, los mismos niños que crecimos y que pasamos la mejor etapa de la vida de un ser humano juntos.

Al parecer el que iba llegando tenía que pasar la prueba del Alzhéimer. La prueba consistía en recordar el nombre de cada uno de los ahí presentes. ¡¿Pero cómo no los iba a recordar?! ¡¿Quién olvida el nombre de un amigo, de un hermano?! Yo solo pregunté si el nombre debería incluir apellido y apodo, porque de ser así tampoco hubiera tenido problema. Luego de superar la prueba vino el intercambio de cariñitos al corazón, el apapacho, el abrazo fusión que hace que a uno se le engrose el alma con solo sentir los brazos del amigo o de la amiga.

A la mayoría de los ahí presentes ya los había visto recientemente, apenas hace tres años, otros más seguido, pero una de mis compañeras, mi querida Irma, a ella no la había visto desde que salimos de la secundaria, y de eso ya hace. Irmita tuvo a bien decirme unas palabras que me calaron hasta el fondo del corazón, mismas que si ustedes me lo permiten me las voy a guardar para mí solo.

Mi amigo Enrique ya los tenía bien atendidos, todos vaso rojo en mano libaban con singular alegría. Yo presto me quise poner a tono y me serví un tequila para acompañarlos y brindar por el reencuentro. Por un lado mi amigo Toño se ponía al corriente con Enrique, por otro lado Lulu platicaba en corto con Irmita, las insufribles chiquitas: Margarita, Antonieta y Almita reían de todo mientras Brígida (quien por cierto nunca contesta mis e-mails) las observaba, y yo por mi parte platicaba con Martín de lo que platican los amigos, de la vida misma. Parecía que el tiempo no había pasado, que en cualquier momento por la puerta iba a aparecer alguno de nuestros maestros: el Frijolito, el Mostachón, la Mosca, la Quinceañera o Matute, para comenzar con la clase. Era como estar en el salón de clases solo que ahora sin Jefa de Grupo que nos reportara o nos pusiera “puntos rojos” por gritar o estar parados fuera de nuestro lugar. Por cierto, yo fui Jefe de Grupo junto con Brígida (quien por cierto nunca contesta mis e-mails) así que nunca tuve problema con eso de los reportes.

Pero el grupo aun no estaba completo. De pronto tocaron a la puerta y apareció ella, Gloria, nadie como ella para regañarme, para insultarme con educación (como diría Serrat). Y lo dicho, lo primero que dijo al verme fue “Eres un cobarde Said”, frase legendaria desde la secundaria de origen incierto pero que yo disfruto al mil cada vez que me la dice, claro, acompañada de un gesto de desprecio con ojitos inquisidores. En seguida de Gloria entró por la puerta Benjamín “El Loco”, otro gran amigo al que al parecer los años y la madurez le quitaron lo “loco” volviéndolo ahora más propio y correcto pero igual de simpático y ocurrente. Por último hizo su arribo el compañero Israel, al cual hay que agradecerle que haya venido desde muy lejos al reencuentro. Y es que tres de ellos tuvieron que recorrer varios kilómetros para este bonito reencuentro: Toño que vino desde la bella Xalapa, Israel que llegó de Puebla y Almita de Querétaro, ¡ah! y por su puesto yo que vengo del lejano Principado de Said.

Una vez todos reunidos llegó la hora de la sesión de fotos, había que hacerla antes de caer en estado etílico. Por un momento me sentí Fidel Velázquez en conferencia de prensa. celulares, tabletas y cámaras fotográficas pasaban de mano en mano buscando congelar ese maravilloso momento. Sin embargo estoy seguro que la mejor foto fue la que hicieron nuestras mentes y nuestros corazones, imagen que cargaremos cada uno de nosotros hasta el final de nuestros días.

El tiempo pasaba, las bebidas espirituosas hacían bien su trabajo y las risas se mezclaban de un lado a otro del patio en donde nos encontrábamos. Mi amigo Toño tuvo la genial idea de hacer un “Chismógrafo Viviente”, algo así como en “streaming”. Así que acomodamos las sillas en un gran círculo, como si fuera aquello una reunión de alcohólicos anónimos (para esas horas casi lo éramos), y en seguida cada uno fue haciendo una pregunta misma que todos teníamos que ir contestando. Por supuesto que aquello fue un gran pretexto para reír eufóricamente de las respuestas que dábamos, incluso mi amiga Brígida (quien por cierto nunca contesta mis e-mails) contestó con toda honestidad y sin pudor alguno todas las preguntas.

El tiempo transcurría y la tripa hambrienta de la Presidenta del Comité Organizador del Reencuentro, “La China”, insistía en que ya había que pedir algo de cenar. Por supuesto que a esas altas horas de la madrugada ya era imposible que alguien nos llevara algo de comer así que todos salimos del lugar y cual peregrinación a Chalma caminamos hasta la taquería más cercana. La taquería “La Flama” fue la encargada de brindarnos el banquete. La sobremesa estaba en su mero mole cuando los encargados del lugar nos invitaron a pasar llegarle porque ya estaban por cerrar. Ya de regreso hicimos una escala en un OXXO para reabastecernos del preciado líquido.

De pronto el frío comenzó a hacer mella en mis reumáticas compañeritas por lo que gentilmente el compañero Rico nos invitó a pasar a sus oficinas. Ya allí adentro la charla se tornó más intensa, más reflexiva y profunda. El intercambio de ideas sustituyó al de simples ocurrencias. Mi amigo Toño quien tiene una visión especial y envidiable de la vida comenzó a tocar temas que se prestaban a la reflexión y al debate. Fue un agasajo aprender de todos ellos, de la manera particular de cada uno de ver la vida. Claro “La China” insistía en que cambiáramos el tema porque le estaba ganando el sueño, pero los intensos y clavados como Toño y yo seguíamos filosofando (al fin pedotes). La intensa plática estuvo fondeada todo el tiempo con música ochentera a cargo de nuestro DJ de cabecera, el querido Panda Perk hoy renombrado como el Panda Show.

Ya muy caminada la madrugada llegó la hora esotérica, la hora metafísica, la hora cuchi cuchi, la hora chingüengüenchona, la hora ya vas que chutas (como diría el magazo Beto el Boticario), y es que mi amiga Irmita resultó ser una estupenda grafóloga quien pa’ luego es tarde nos hizo poner en un papel nombre y firma para hacernos un estudio grafológico. El resultado fue sorprendente, casi todos resultamos ser sumamente “cachondos” con excepción de mi amigo el “Loco” que de ahora en adelante tendrá que aprender a vivir con ese estigma. La seriedad del estudio inevitablemente era interrumpida constantemente por las risas de “Las Chiquitas” seguidas por las del resto del grupo. Fue un gran momento ese.

Pero como dice Joaquín Sabina nos dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres… y las seis y desnudos al amanecer nos encontró la Luna, y nos dijimos adiós. Así es, el tiempo voló y ya con la luz del amanecer llegó a su fin ese íntimo, cercano, entrañable, próximo, querido y afectuoso reencuentro. Pero no fue el fin, fue solo el principio de la continuidad de una gran amistad que nunca tendrá fin, que vivirá hasta el final de los tiempos. Esperamos que para la próxima sean más los amigos ahí reunidos, que aquellos que se encuentran más lejos, incluso fuera del país, hagan acto de presencia para poder abrazarlos y decirles lo importante que fueron y serán en nuestras vidas. Todos salimos de ahí felices y con la ilusión de volver a encontrarnos en el futuro. Los abrazos, los besos y las palabras de despedida estuvieron colmados del amor de hermanos que nos tenemos. Larga vida a la amistad, porque los amigos… los amigos siempre serán amigos.

Los quiero mucho queridos compañeros de la Secundaria, gracias por formar parte de mi vida, de lo que soy. 

viernes, 23 de octubre de 2015

Los Perros envenenados del Parque México




No solo la Condesa sino todo el DF está invadido por perros. De pronto se puso de moda tener perros, no uno, no dos, sino hasta tres perros o más por persona. Por si fuera poca la sobrepoblación de seres bípedos irresponsables en esta ciudad ahora hay que lidiar con la sobrepoblación de perritos. Muchas calles están prácticamente “minadas” con las heces fecales de los canes propiedad de pelados que no tienen la bonita atención de limpiar lo que van dejando sus mascotas. Los parques en los que juegan nuestros hijos ahora están siendo ocupados por cientos de perros que van y vienen libremente sin correa poniendo en riesgo la integridad de los niños que ahí juegan.

Hay personas que están viendo esta modita como un negocio, son esos lo que tienen varios perros porque su intención es que se reproduzcan para poder venderlos y obtener un dinero fácil. Cuando los cachorritos no corren con la suerte de ser adquiridos, estos, en el mejor de los casos, se suman a la jauría del comerciante o bien terminan tristemente en situación de calle.

Por eso hay mucha gente muy molesta, como yo, que ya está harta de ver tanto perro en las calles y en los parques. Una de esas personas tuvo la estúpida idea de comenzar a envenenar a los perros como fue el caso del Parque México. Por supuesto que yo por más entuertos y muinas que haga con tanto perro repruebo y condeno esa estupidez de envenenar perros, porque después de todo qué culpa tienen los animales, en todo caso los zapes se los deberían de llevar los irresponsables dueños de los perros y no sus mascotas.


En la colonia Condesa se está viviendo una psicosis porque los dueños de perros tienen miedo de que sus mascotas terminen envenenadas como esos más de 20 perros que ya murieron. Creo que por lo pronto lo que deberían de hacer es ser más RESPONSABLES paseando a sus perros con correas y estando muy atentos de lo que comen. Tener una mascota debe de ser un acto responsable y no una simple modita. El día que la gente entienda esto podremos vivir en armonía perros y seres humanos, mientras esto no pase yo seguiré haciendo corajes y algunos más loquitos que yo se darán vuelo envenenando perros en los parques y en las calles del DF. Qué triste que estemos llegando a esto por culpa de algunos nacos pelados irresponsables.


Otro día con más calmita... nos leemos.

miércoles, 14 de octubre de 2015

"The Martian" de Ridley Scott




A mí no solo me gustan, me chiflan, ¡me encantan! las películas que tienen que ver con el espacio. Podría decir que en general me gustan todas las películas relacionadas con viajes y misiones espaciales pero principalmente aquellas que tienen un alto contenido de realidad científica y tan solo un poco de ciencia ficción. Sí, ok, está bien ver de vez en cuando a un Alien persiguiendo a Sigourney Weaver a lo largo y ancho de una nave o bien las aventuras de un orejón proveniente del planeta Vulcano, pero películas como “2001: A Space Odyssey”, “The Right Stuff”, “Apolo 13” y todas las de ese tipo, definitivamente son de mis favoritas.

Por eso en cuanto vi los cortos, o como le dicen ahora el trailer de “The Martian” (Misión Rescate) pa’ pronto me apunté para verla en una buena sala y en pantalla grande cual debe de. La historia por supuesto que tiene una buena dosis de ciencia ficción pero por lo menos no aparecen hombrecitos verdes con antenitas tratando de hacer travesuras a nuestros paisanos terrícolas.

La película como ya todos saben va de un grupo de astronautas que se encuentran en una misión en el planeta Marte. De pronto una furiosa y arenosa tormenta estilo Chalco se desata en el planeta rojo obligando a los astronautas a salir por piernas de aquel lugar. Cuando aquel grupo de astronautas intenta llegar a la nave que los sacará del planeta uno de ellos queda atrás y lo dan por muerto. Cuando la tormenta termina descubrimos que Jason Bourne vive, perdón el astronauta Mark Watney vive. Luego de quitarse la arena de los calzones el astronauta se da cuenta que está solo en el planeta y que tendrán que pasar muchos días, incluso años, para que alguien lo rescate, por lo que tiene que solucionar problemas como el alimento, el oxígeno, el agua, y demás inconvenientes.

La película tienes su dosis de humor, su dosis sentimental y sus dosis de acción y suspenso. Decían algunos críticos pomposos que la película es un poco larga, bueno es larga si el estúpido que te toca a lado se la pasa mandando mensajes en WhatsApp o la estúpida del otro lado pidiendo crepas, palomitas, nachos, sushi y demás tragadera, porque la película en sí a mí no se me hizo larga. Uno de los mejores momentos de la película es cuando en la banda sonora podemos escuchar al maestro David Bowie cantando “Starman”, la rola entra justo en el momento indicado “like a glove”, me cae que hasta se me erizó la piel de la emoción, bueno qué quieren… joterías mías.

Los viejitos como yo deben de verla en una cómoda sala arropados con una frazada, los de espíritu más puberto seguro la van a disfrutar en IMAX 3D o incluso en las salas X4D. La recomiendo ampliamente, sin ser una obra de arte es una película bastante entretenida y bien hecha (lleva el sello de garantía de Ridley Scott, nomás).

Por último aquí les dejo al maestro Bowie cantando "Starman" ahí nomás para que se den un ligero quemón y se terminen de animar a ver "The Martian". 






Otro día con más calmita... nos leemos.


miércoles, 16 de septiembre de 2015

Cariño pozolero que Dios me ha dado



Pues nada que la abuelita de mi hija, lo que vendría siendo algo así como mi mamita suegra, es originaria de un pueblito de la región de Tierra Caliente del estado de Guerrero. Como ya se imaginarán la doña cocina de rechupete, domina hartos manjares propios de esa zona, y claro, su especialidad es el pozole estilo Guerrero. Ya es una tradición desde hace muchos años que todos los 15 de septiembre Doña Deme prepare el pozole para agasajar a su yerno consentido, o sea yo. El resto de las nueras y yernos mueren de envidia y despotrican en mi contra pero mi mamita suegra siempre sale en mi defensa y les echa sus buenos aplastones para ponerlos en su lugar. Ni modo, quién les manda no ser tan encantadores como el tal Said.

Y es que no está de más recordarle a Doña Deme quién es su yerno favorito, recodárselo con un bonito detalle los días previos al 15, que unas bonitas flores, que unos chocolatitos, que una llamadita para preguntar por su salud, etc. Pero no se crean que es el cochino interés lo que me mueve, es simple gratitud. Prueba de ello es que este año por su estado de salud y su avanzada edad yo ya no contaba con el pozole y sin embargo la seguí chiqueando como ella se lo merece. Pues con todo y eso, doña Deme sacó fuerzas del cariño que me tiene, se puso las pilas, y se puso a hacer su famosísimo y codiciado pozole.

Ayer en la noche me habló mi hija para darme la buena noticia, para decirme que su abuelita estaba esperándome como todos los años para darme mi itacate de pozole. Me tuve que disculpar con ella porque francamente me sentía muy mal. Hoy, igual me siento del nabo, pero tuve que hacer un gran esfuerzo para ir por el pozole porque no quería que se me fuera a sentir mi mamita suegra. La vi, salió emocionada a dármelo hasta el coche, y yo feliz por tan bello gesto también se lo agradecí desde el fondo de mi corazón.

Esa señora es muy directa, como buena señora de pueblo, así que ella no oculta para nada sus sentimientos, es super sincera, por eso yo le agradezco de todo corazón que siempre me haya querido tanto aun sin merecerlo. Le pido a Dios y a la vida que me la conserve muchos años, aunque el pozole quede solo en el recuerdo, porque no cambio por nada uno de sus tiernos y cariñosos “cuídese mucho” acompañados siempre de una mirada de sincero amor.


¡Qué Viva Doña Deme! 

viernes, 11 de septiembre de 2015

Listo para la noche del Grito




Ando muy activo promoviendo que la gente no vaya al zócalo el Día del Grito, no es que me interese castigar al Gobierno ni mucho menos, lo que pasa es que no quiero que haya tanto pelado para poder ir.

Yo creo que en mi longeva y putrefacta vida he ido a la ceremonia del Grito unas tres o cuatro veces. Confieso que la experiencia para mí fue harto intensa. Recuerdo que en una ocasión hasta pensé que iba a morir aplastado por las adiposas masas ahí reunidas, pero sobreviví, no así uno de mis tenis del cual no volví a saber nada.

En esas visitas al zócalo de la Ciudad de México me tocó gritar a coro el ¡Viva México! junto a Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo. Incluso creo que una vez me tocó ver al entonces Regente del Distrito Federal Ramón Aguirre dar el grito, esto porque al Presidente Miguel de la Madrid le había tocado dar el grito en Dolores Hidalgo. Ni modo, ese año me tuve que fletar el grito con el gangoso de Ramón Aguirre.

Siempre ha existido el temor de que pueda pasar algo, siempre las mamás (responsables) les prohíben a los críos ir a arriesgar el físico a ese tumulto, siempre los hijos necios como yo desobedecemos a esas precavidas madres y nos aventuramos a ir, y hasta ahora, siempre sale uno vivo de esa patriótica aventura. Claro, uno termina siempre mojado, o magullado, o lleno de la peladísima espuma que tanto les chifla a los nacos, o con confeti en los calzones y harina en la cabeza, o ligeramente embriagados, bueno esto no producto de las hordas de pelados que convergen en el zócalo sino de las caguamas que ingiere uno previo al grito y después y a lo largo de la noche. Pero todo es parte de.

Este año tengo planeado llevar a mi hija al zócalo a ver el grito, claro que me lo estoy pensando, y es que ahora me toca a mí ser el padre responsable que cuida al crío, pero creo que si tomo las debidas precauciones bien me puedo aventurar sin poner en riesgo nuestra integridad física. Mi Friducha ya tiene 20 años y nunca ha estado ahí, al igual que a mí le chocan las multitudes, pero creo que por lo menos una vez en su vida debe de experimentar esa popular experiencia. El único problema es que me acabo de enterar que esa noche va a tocar una banda llamada “La Arrolladora” y por lo que sé es harto popular y jala hordas y hordas de finísimas personas. Eso es lo que hasta el momento me detiene y me hace pensarlo dos veces.

Ánimas que todos los fans de esa banda fueran chairos solidarios con el movimiento de odio en contra de Peña Nieto y su familia para que no fueran y me dejaran disfrutar del Grito como Dios manda, en completa paz y sin actitudes violentas o peladas. Pero francamente no creo que eso ocurra, sin embargo pienso que como todos los años la gente ira feliz en familia a disfrutar la ceremonia del Grito valiéndole un reverendo pepino la situación en la que está el país y el enojo y descontento que puedan tener con el Gobierno, y hacen bien porque finalmente uno no está ahí para festejar o celebrar al Presidente sino al gran país en el que vivimos, a mi adorado México que, a pesar de sus gobernantes y políticos, es grande entre los grandes.  

Bueno queridos amigos les pido encarecidamente que recen por mí y por mi Friducha para que regresemos del zócalo completos (incluyendo los tenis). Prometo contarles qué tal estuvo y cómo me fue en esa bonita experiencia extrema de la noche del Grito. Vía de mientras… ¡Que Viva México! (sin el cabrones, ese se lo ponen ustedes al gusto).


Otro día con más calmita… nos leemos. 


sábado, 5 de septiembre de 2015

Y allá en la juente...




De esas veces que uno se levanta un buen domingo sin saber a dónde ir a pasear. Bueno pues luego de analizar diferentes opciones llegué a la conclusión de jalar pal norte de la ciudad, cosa que generalmente no hago. Y por aquellos septentrionales rumbos hay justo un sitio que a mí en lo personal me encanta, es el Museo del Virreinato que se encuentra en lo que fuera el antiguo Colegio de San Francisco Javier en Tepotzotlán.  Justo unos metros antes de la primera caseta de la autopista a Querétaro está la desviación que nos lleva a esta maravilla de museo, no hay pierde.

Este conjunto de edificios fue construido por los jesuitas a finales del siglo XVI, así que como verán ya tiene sus añitos el lugar. El colegio junto con la IMPRESIONANTE (así con mayúsculas) iglesia de San Francisco Javier forman lo que hoy es el Museo del Virreinato, una visita obligada para todos los chilangos que luego no saben pa’ dónde jalar el fin de semana (no todo es Chapul o la calle de Madero, que les quede claro). El museo alberga una gran cantidad de objetos y obras de arte de la época colonial y la iglesia de San Francisco Javier tiene unos retablos churriguerescos que hacen que el visitante se vaya de chichis al contemplarlos. Además en esta iglesia de llevan a cabo conciertos harto piochas todos los domingos, solo hay que llegar con tiempo para poder entrar.

Yo ya había visitado el Museo del Virreinato en varias ocasiones pero la última vez que fui llevaba una “encomienda” en particular, la de descubrir el lugar exacto en donde se encuentra la verdadera y original Fuente del Salto del Agua. Y es que la fuente que todos conocemos y que vemos cuando circulamos por el eje Central no es la original, esa es una copia que ocupa el lugar en donde se encontraba la original que en la década de los 60’s (del siglo pasado) fue reubicada en los jardines del Museo Virreinal. Yo apenas hace unos años me vine a enterar de esto, sí, acúsome de ser un ignorante… pero más vale tarde que nunca.






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Bueno pues luego de caminar por los hermosos jardines del Museo del Virreinato, allá en el rincón más lejano, finalmente encontré la maravillosa fuente del Salto del Agua, la original, la construida por el arquitecto Ignacio Castera en 1779. La mayoría de los visitantes que pasan junto a la fuente no tienen ni la menor idea de lo que se trata, claro el tiempo y los años se encargaron de dejarla prácticamente irreconocible. De cualquier modo es una joya arquitectónica de suma importancia para la ciudad y como tal hay que verla.


La original Fuente del Salto del Agua que se
encuentra en Tepotzotlán.

Una persona junto a la fuente es un buen punto de referencia para ver
su gran tamaña.

A esta caja de agua llegaba el liquido que venia desde los manantiales
de Chapultepec a través del enorme acueducto de casi 1000 arcos.

Los años la han deteriorado pero aun se puede admirar su belleza. 


Luego de pasar un día maravilloso en ese museo rodeado de arte e historia regresé por la noche feliz a mi Principado. Ahora, cada vez que regrese a Tepotzotlán, lo primero que haré será pasara a presentarle mis respetos a la majestuosa Fuente del Salto del Agua, y es que ya saben, a mí me encantan las fuentes… ¡y más con tanta historia!


Otro día con más calmita… nos leemos.


lunes, 31 de agosto de 2015

Ecología vs. Limpieza Excesiva



Mi hija tiene un gran problema, es una chocantita ecologista a ultranza y a la vez una obsesiva con la limpieza, y las dos cosas nomás no van de la mano, con la pena. Resulta que el otro día que la invité a comer a la Domus Saidiana ella muy acomedida me ofreció su ayuda. Generalmente cuando cocino no me gusta que nadie esté a mi lado, ni siquiera dentro de la cocina, me estorban, pero ella insistió tanto que la puse a lavar unos jitomates para la ensalada con tal de que dejara de enchinchar. Cuando volteé a verla, la muy “aséptica” ya tenía todos los jitomates enjabonados y dándoles sendos tallones con una escobetilla. El problema no fue ese sino que, en su afán de siempre ahorra agua, doña ecologista nada enjuaga bien, así que dejó todos los jitomates llenos de restos de jabón. Olvidaba decirles que otro gran problema que tiene mi hija es que es harto delicadita, parece jarrito de Tlaquepaque, así que no se le puede decir nada porque de volada se me “siente”. Ni modo, resignados nos tuvimos que comer los jitomates con restos de jabón fingiendo demencia.

Generalmente yo solo enjuago los jitomates con agua corriente y ya, no es el caso para las lechugas, espinacas y otras verduras con las que sí aplico hasta gotitas de desinfectante, pero mi hija me dijo que era un cochino porque no usaba jabón y escobetilla con los jitomates. Ya no le quise decir nada pero, aquí entre nos, la muy delicadita bien que se traga mugre y media en la calle y allí sí no se pone exigente, no le importa cómo lavaron el cilantro de los tacos que se come, o la higiene de sus raspados, jícamas, paletas, aguas frescas, chicharrones, etc etc etc. Para unas cosas sí es harto delicada y para otras, como digo yo “aplica restricciones”.

Más vale que mi Friducha no lea esto o no me la voy a acabar…


Otro día con más calmita... nos leemos.


Nota: Jitomates es lo que se conoce en el norte de México como tomates, digo para que no me vayan a regañar mis paisanos del norte que a veces son harto puristas del lenguaje.

viernes, 21 de agosto de 2015

Michelangelo Buonarroti y Leonardo da Vinci en tierras tenochcas




Al parecer mi fama de amargosito y de productor consuetudinario de entuertos y muinas ha alcanzado niveles insospechados, tanto que cuando amigos y conocidos se enteraron que tenía en mente visitar las exposiciones de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci que se montaron en el Palacio de Bellas Artes de inmediato intentaron prevenirme y, en la medida de los posible, disuadirme. Una de las cosas que ayudó a que me decidiera a poner los pies en ese bonito recinto de mármol fue el hecho de que se podían comprar los boletos por anticipado sin tener que hacer kilométricas filas tipo el Monte de Piedad pasando de Semana Santa. En un principio eso no era posible pero luego alguien con más de dos dedos de frente tuvo la genial idea de hacerlo y pues “así si baila mi hija con el señor”. Los boletos los compré con una semana de anticipación, escogí una hora temprana para evitar las aglomeraciones vespertinas, al parecer eso no era necesario porque la gente va accediendo en “tandas” controladas, cosa también muy acertada.

Me presenté en el lugar junto con tres acompañantes ávidos de cultura, personas realmente interesadas y sabedoras de lo que ahí se presentaba, no como muchos que solo van para tener algo que agregarle a su currículum cultural o social, llámese Facebook.

Media hora de anticipación fue suficiente, de hecho podría haber llegado puntual y no hubiera tenido ningún problema para entrar, pero como en esta trinche ciudad uno no sabe con qué manifestantes se va topar más valía prevenir que lamentar. Y sí, ya sé que esos pobrecitos hediondos solo están ejerciendo su legítimo y constitucional derecho de desmadrarle la vida a los demás impidiéndonos transitar libremente con sus plantones, marchas y demás panchos. Pero regresando al tema diré que la llegada al Palacio de Bella Artes afortunadamente transcurrió sin ningún problema por lo que pude llegar con 30 minutos de anticipación a la hora marcada en el boleto.

Dentro del recinto lamentablemente sucedió lo que mis amigos pronosticaron cual Mhoni Videntes que son, y es que por más que yo me instalé en un estado zen para tomar las cosas con calma y con buena actitud pareciera que la gente conocida como “nacos de poco criterio” se esforzaron en sacarme de mis casillas. Resulta que la inoportuna vejiga de una de mis acompañantes, mi favorita (osease mi hija), sintió de pronto la necesidad de descargar su contenido antes de comenzar a gotear. Yo recordé que junto al llamado Café del Palacio se encontraban unos baños que ya en alguna otra ocasión otra de mis acompañantes había usado, así que presto le di instrucciones a mi hija y la vi encaminarse con buen rumbo hacia los servicios. Mi sobrino que es harto acomedido decidió acompañarla para que no fuera sola. Todo iba bien hasta que un estúpido mesero los detuvo argumentando que esos baños eran solo para sus clientes. Debo decirles que mi hija se sabe defender sola pero está tan bien educada que prefirió aguantarse antes que ponerle un pinche patín en salva sea la parte al oligofrénico empleado de la cafetería. Como les decía ella está bien educada, y yo también, pero mi estado zen tiene un límite, así que luego de ver la actitud del prepotente monito me dirigí hasta él para preguntarle de manera muy atenta y educada ¡¿por qué era tan pendejo y tan falto de criterio?! Él me contestó que con mi boleto podía subir al segundo piso y usar los baños que se encuentran allí. Yo le pregunté si ese era el trato que le daban al turista, si su frustración no le permitía entender que actitudes como esas son las que hacen que el turista se lleve una mala impresión de nuestro país. Él estaba un poco “shockeado”, o quizás ese era su estado natural, así como con cara de estúpido confundido. Por supuesto que hice caso omiso de su advertencia y llevé a mi hija hasta el baño dispuesto a hacer tremendo pancho, afortunadamente no fue necesario porque el caballero de la filipina ya no dijo nada. Ese apestoso Café del Palacio, que debería de estar en el Palacio de Lecumberri y no en el de Bellas Artes, jamás volverá a contará con mi presencia mientras tenga esas actitudes DISCRIMINATORIAS con los visitantes. Los encargados de ese lugar deberían de pagarles un viajecito a estos monitos para que vean como se atiende al turismo en otros países que sí viven de esa actividad económica.

Pero bueno, luego de sortear el pequeño altercado con ese acomplejado ser “unineuronal” pasé a formarme en donde me indicaron unas niñas dispuestas en el museo para informar y organizar al visitante. Las niñas al parecer estaban más confundidas que los visitantes o tenían serios problemas de comunicación porque confundían más de lo que ayudaban, eso sí, muy amables y harto dispuestas.


 

Ya formados y en completo orden, con una puntualidad casi inglesa, fuimos ingresando a las salas en donde se encuentran las dos exposiciones. Al entrar a la sala que contiene las obras de Miguel Ángel otra de las criaturitas que al parecer hacen ahí su servicio social nos dio la bienvenida junto con algunas indicaciones, la principal NO FOTOGRAFÍAS. Esto siempre me ha absurdo y es que nunca he entendido por qué en museos muy importantes como el Louvre, el Del Prado, el Rijksmuseum o incluso en los Museos del Vaticano, sí permiten que se hagan fotos, claro con los cuidados respectivos, en cambio en muchos museos de mi país me lo prohíben o me piden dinero a cambio de un “permiso” para tomar fotografías. Pero bueno, yo soy muy obediente y respetuoso de las indicaciones así que resignado accedí.

Es cierto que los que han tenido la fortuna de viajar al extranjero quizás se sintieron desilusionados al encontrarse con una exposición “raquítica”, pero para muchos que no tienen esa suerte seguro resultó harto interesante y emocionante el poder al menos disfrutar de unas cuantas piezas de esos grandes maestros del Renacimiento. La exposición de Miguel Ángel cuenta con 30 obras originales entre dibujos, oleos, documentos y esculturas. La pieza estrella de esta exposición es sin duda el Cristo Portacroce (Cristo Giustiniani), una hermosísima obra en mármol de 2.50 metros que salió por primera vez de Italia. Desde que uno la ve a la distancia es imposible no dirigir la mirada hacia ella y quedar cautivado por la belleza de la pieza. Tristemente vi que la gente no le prestaba la atención debida ya que se distraían con las pinturas que rodean la escultura, pinturas que no son de Miguel Ángel. Fue hasta que un guía comenzó a dar una explicación del Cristo Portacroce que los visitantes dirigieron su atención hacia él.






Otra de las esculturas que de inmediato llaman la atención es la famosa Pietà, y es que aunque se trata de una copia de la original que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, no deja de ser una obra IMPRESIONANTE. A diferencia de la original que se encuentra detrás de un vidrio y que solo se puede ver a varios metros de distancia, esta se puede admirar a centímetros.





La tercera escultura de la exposición, también original, es el David-Apollo, figura creada por Miguel Ángel en 1531 (quizás 1532). Esta escultura representa la masculinidad de Apolo y al mismo tiempo de David. El tamaño de esta pieza es menor al Cristo Portacroce, mide apenas 146cm y es una de las obras menos conocidas del maestro.





Los bocetos y estudios preparatorios que el maestro uso durante el proceso creativo para los frescos de la Capilla Sixtina también se encuentras expuestos y, tristemente, también pasan desapercibidos por la mayoría de los visitantes. Quizás como se trata de “dibujos inacabados en blanco y negro”  estos no resultan tan atractivos como otras obras pictóricas llenas de color allí exhibidas. Esto a mí lejos de molestarme me encantó porque tuve más espacio y tiempo para contemplarlos, así que si van, no se lo cuenten a nadie y aprovechen si los visitantes se distraen con las otras obras que no son de Miguel Ángel.

El resto de la exposición se complementa con 45 piezas más de artistas directamente influenciados por Miguel Ángel. Por supuesto que estas obras no son nada despreciables ya que fueron creadas por grandes maestros, entre ellos: Rafael Sanzio, Giorgio Vasari, Giorgio Ghisi, Daniele da Volterra, Andrés de Concha, Baltasar de Echave Orio, Leone Leoni, Marcello Venusti y Bernal Díaz del Castillo. Las obras que se presentan en esta exposición vienen de diversos sitios, entre ellos: la Casa Buonarroti,  la Galleria degli Uffizi (maravilloso lugar en Florencia), el Museo Nazionale del Bargello, el Musei Capitolini y el Museo di Roma.




A un costado de la exposición de Miguel Ángel se encuentra la de Leonardo da Vinci, el gran genio “todologo”: pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta, urbanista, y quien al parecer también vendía mole los domingos en la Piazza della Signoria. Muchos conocen al maestro da Vinci porque tiene nombre de plumones, o de tortuga ninja, o por el famoso “Codigo da Vinci” de Dan Brown, o por la serie “Da Vinci's Demons”, bastante buena por cierto, pero también hay quien lo conoce por ser el autor de la pintura más famosa del mundo mundial y galaxias circunvecinas, la famosa “Gioconda” también conocida como “La Mona Lisa”.

De nuevo, al entrar a la sala, vi caras como de desilusión, seguramente no faltó el iluso que pensaba encontrar en alguna pared a la mujer de la sonrisa enigmática, o quizás “La última cena”, el “Hombre de Vitruvio” o “La Virgen de las Rocas”, pues con la pena pero niguas, esas están muy bien clavadas o pintadas en otros recintos y de allí no se van a mover. Así que de una vez les digo que los que quieran conocer estas obras no tendrán de otra más que juntar un varote para viajar hasta Paris, Venecia o Milán.

La exposición “Leonardo da Vinci y la Idea de la Belleza” está conformada por 11 piezas originales junto con otras 4 piezas de su círculo de estudios. Los bocetos y dibujos expuestos son sencillamente maravillosos, deberían bastar en la vida de cualquier persona para darse por bien servida en lo que respecta al arte de Leonardo. Estas piezas provienen de la Biblioteca Real de Turín.

Hay en particular dos obras que a mí me encantaron: “Cabeza de Joven” y “Cabeza de Viejo”, ambas reflejan la genialidad del maestro. Por supuesto también el boceto del estudio para el ángel de “La Virgen de las Rocas” es imperdible dada la técnica que uso, técnica que no permite borrar o alterar el trazo (punta de plata sobre papel en color pardo).



Cabeza de Joven - Leonardo da Vinci.

Cabeza de Viejo - Leonardo da Vinci.

Boceto del estudio para el ángel de La Virgen
de las Rocas - Leonardo da Vinci.

Tres Vistas de Cabeza de Hombre con Barba - Leonardo da Vinci.


Y así como la exposición de Miguel Ángel tiene al Cristo Portacroce como la pieza estrella, la exposición de Leonardo da Vinci tiene el famoso “Códice Sobre el Vuelo de las Aves” como su pieza principal. Este códice nada tiene que ver con el “Código da Vinci”, lo digo porque por ahí escuché tal barbaridad.

De nuevo corrí con suerte cuando llegué hasta donde estaba el famoso códice porque justo en ese momento una las personas del museo anunció que estaba por empezar un video, anuncio que hizo que la mayoría de los presentes corrieran a la sala contigua para ver dicho audiovisual; yo que no soy tonto (a veces), me dije: “para ver videos está youtube, mejor veo esto que probablemente no volveré a ver en toda mi vida”… y eso hice. Este famoso “Código Sobre el Vuelo de las Aves” es un pequeño libro de apuntes que cuenta con 18 páginas en las cuales Leonardo da Vinci escribió, dibujó y reflexionó sobre las aves y los mecanismos fisiológicos de las alas que les permiten volar. Seguramente de este estudio surgió su deseo de inventar alguna máquina para poder volar imitando el vuelo de las aves. No, si tonto no era el buen Leonardo, no cabe duda.


Códice sobre el Vuelo de las Aves - Leonardo da Vinci.


Yo, al menos yo, sí salí muy satisfecho de lo que vi en las dos exposiciones, así que si alguien me preguntara si yo se las recomendaría, rotundamente diría que SÍ, que no se las deben de perder. Ahora que si son millonarios y el día de mañana pueden volar en primera clase hasta el viejo continente en busca de más obras de estos dos genios del Renacimiento, entonces pueden dejarlas pasar si ninguna bronca. Pero si no, ya saben, corran a verlas, están a tiempo, no se van a arrepentir.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 6 de agosto de 2015

Mission: Impossible - Rogue Nation




He de confesar que el chaparrito Tom Cruise en un principio me caía en la puntita de… salva sea la parte, luego, con el tiempo, algo pasó que poco a poco se fue ganando mi simpatía, hoy no me da pena decirlo, Tom Cruise me cae harto bien y soy su fans.

Resulta que ayer me fui al cine a ver su nueva película (no digan “peli” son PELÍCULAS) y me la pasé bomba. “Mission: Impossible - Rogue Nation” (Misión Imposible 5) resultó una joya del cine de acción, no confundir, no es cine de arte, ni experimental, ni de autor, es cine de acción y como tal se debe de juzgar. Bueno pues en esta bonita y taquillera categoría de cine palomero esta película es una maravilla, tiene todo lo necesario para pasarla “bomba”: un galán muy chucho cuerero que todavía hace que a las féminas se les mueva la patita, un bizcochito ya madurón pero increíblemente potable, así como mandado a hacer para el hijo de mi apá o sea yo, persecuciones a velocidades superiores a la devaluación del peso, explosiones, balaceras, moquetazos, etc… todo muy bien logrado por el director Christopher McQuarrie quien por cierto ya ha dirigido en varias ocasiones a Cruise. Por favor pongan especial atención en la persecución en motos, está increíblemente bien lograda. No les digo de qué va la película porque no viene ni al caso, todas las películas de acción son iguales, poco importa la trama mientras estén bien producidas, y este es el caso.

Por favor, vean la película en una buena sala porque tristemente tengo que reconocer que muchas de las salas de México cada vez están más descuidadas y abandonadas, si siguen así próximamente vamos a tener los mugreros de cines que teníamos antes, todos piojitos y hediondos. Esto va dedicado a Cinemex, con Cinepolis, por ahora, no tengo queja en ese aspecto. Bueno pues, busquen un cine limpio que tenga aire acondicionado, buen sonido y buena proyección, y con público “nice” que sea respetuoso, que no saque sus trinches celulares a mitad de la película, que no platique, que no patee al de enfrente, que no se la pase haciendo ruido con todo lo que traga, en resumen, que vayan a ver la película como gente civilizada. Si consiguen una sala así y un público así, seguro que van a disfrutar esta película como varios Tom Cruises, o sea… como enanos.


Otro día con más calmita... nos leemos. 


(Francamente no sé ni para qué les hago esta “profesional” reseña si para estas alturas me imagino que ya la vieron todos jeje, en fin).

lunes, 27 de julio de 2015

Mi primera vez con el Soumaya




Es una verdadera pena que el museo Soumaya tenga ya tanto tiempo que abrió sus puertas al público y yo que me jacto de conocerme casi todos los museos de esta tenochca ciudad aun no lo conociera. Recuerdo que quise ser de los primeros en conocer este museo, más sabiendo que el patrocinador oficial y mecenas de este bonito remanso de arte era mi payino Carlitos Slim, el problema fue que el día que hice acto de presencia en el museo aun no abría sus puertas porque como diría el peje “le estaban dando su chuleadita” y pues me tuve que quedar con un palmo de narices. Luego el tiempo pasó y por una u otra razón (léase hueva y desidia) nunca regresé hasta apenas hace poco en que una fuerza superior a mí (la beatlemaniaca de mi hija) me llevó de nuevo allá.

Pues sí, fue el orgullo de mi nepotismo quien me pidió encarecidamente y casi a punta de pistola que la llevara a la exposición temporal de memorabilia de The Fab Four (Los Bicles) que se encuentra en el museo; y yo que soy más ruco que mi hija, y por lo tanto más beatlemaniaco que ella, accedí gustoso y presto.

Luego de aplazar en varias ocasiones la visita al Museo Soumaya por cuestiones de logística (léase ahora las pinches y consuetudinarias marchas de esta ciudad) finalmente llegó el día en que padre e hija pudimos satisfacer nuestra apetito de Beatles. Y ahí estábamos bajos los rayos del sol esperando en las escalinatas del museo a que avanzara la fila, mi hija llevaba puesta, como buena nerd beatlemaniaca, una camiseta del cuarteto de Liverpool muy ad-hoc a la ocasión, yo, procurando verme menos teto solo llevaba tatuado en mi corazón a John, Paul, George y Ringo. A esta aventura nostálgica-retro-vintage se sumó la Sacrosanta quien confiesa que solo le gustan un par de canciones de los melenudos esos.

Una de las cosas más maravillosas que tiene el gran Museo Soumaya es su gratuidad, y es que es completamente gratis, cosa que en estos tiempos de devaluación y carestía se agradece y se aplaude de sobre manera.

No hay nada más bonito que ver los museos pletóricos de chiquitines y chiquitinas, así como de cebollines y ciruelitas (adultos mayores), y este era el caso, en la fila para entrar al museo había de todo, todo un abanico de edades, clases sociales, géneros y especies de seres vertebrados. Y bueno mientras estábamos en la fila, yo, para no perder la costumbre, realizaba mis “observaciones de la vida social” al más puro estilo de Montesquieu, criticaba pues, pero en buen plan. Por cierto, todo un espectáculo ver la arquitectura del lugar, el museo en sí ya es una obra de arte, esto se lo debemos al arquitecto mexicano Fernando Romero quien dicen se inspiró en la obra escultórica de Rodin.


El arquitecto Fernando Romero es el responsable de esta belleza. 


Luego de pasar los correspondientes puntos de revisión y seguridad mi hija tuvo la encomienda de investigar en dónde se encontraba la exposición de los Beatles que era la que nos estaba comiendo el seso. Y ahí, justo en nuestras propias narices se hallaba, en un pequeño y acalorado espacio. Al pasar por la puerta, una persona de seguridad más que amable me ofreció una silla de ruedas para mi Sacrosanta madre, misma que agradecí pero rechacé conociendo a mi orgullosa y digna jefecita quien aun se resiste a poner sobre ruedas su esquelético cuerpecito. Mi hija en cuento cruzó la puerta quedó fascinada al escuchar algunas rolitas de los Beatles que venían de la proyección de sus videos. Sus beatlemaniacos ojitos pizpiretos le brillaron al descubrir varios discos LP de vinilo que se encontraban en exhibición. Fue directo a ellos, los vio, los envidió, y luego se conformó sabiendo que en mi testamento ya está contemplado el que varios de esos discos que tengo en mi poder pasen a sus manos el día que yo pele mis pollos. Vía de mientras ya le heredé en vida un par pa’ que no vaya a andar deseando mi muerte, digo, no vaya a ser.  

El espacio como les decía era realmente pequeño, he de confesar que quedé algo decepcionado, y es que yo pensaba encontrar objetos con más valor histórico por tratarse de un museo, algo así como por ejemplo una guitarra autografiada por alguno de los integrantes o ya de perdis restos de sangre con el ADN de John recolectados afuera del edificio Dakota, pero no, básicamente eran souvenirs que bien pudieron pertenecer a cualquier fanático medianamente aplicado. Pero bueno, los Beatles son los Beatles y se agradece el esfuerzo y la intención, uno como buen beatlemaniaco se hinca y reverencia lo que sea, cosa que hicimos mi hija y yo. Mi madre por su lado, nada tonta, opto por sentarse a descansar mientras veía los videos de The Beatles que se proyectaban en una pantalla.










Luego de experimentar ese momento cuasi religioso con nuestra banda favorita, mi hija y yo nos dispusimos a recorrer el museo con la bonita intención de encontrar algo interesante, algo en extremo piocha para redondear la visita al museo. De entrada, y en la entrada, el visitante al Museo Soumaya es bien recibido por la escultura de “Le Poète”, mejor conocido como “Le Penseur”, y todavía más mejor conocido como “El Pensador” de Rodin. Yo de antemano ya sabía que una buena parte de este museo estaba dedicado al gran escultor Auguste Rodin cosa que me encantó, porque desde que yo tuve la fortuna de conocer el Museo Rodin en Paris quedé prendado del talento y arte de este insigne hombre galo. Así que sin chispar nos informamos en donde se encontraba expuesta la obra del maestro Rodin y nos dirigimos hacia allá.

La Era de Rodin se exhibe en la Sala 6 del museo, prácticamente hasta la azotea. Para llegar hasta allá tomamos el elevador hasta el quinto piso para luego continuar por una rampa que da acceso a la Sala 6. Para estas alturas del recorrido la digna de mi madre comenzó a refunfuñar y a arrepentirse de no haber aceptado la silla de ruedas, después de todo sus 83 años ya pesan. Sin embargo, como siempre ocurre con ella, en cuanto tuvo a la vista esa maravillosa sala pletórica de obras de arte su estado de ánimo cambió y se transformó en algarabía desbordada. Sacó fuerza de no sé dónde y metió segunda para terminar de subir lo más rápido posible la rampa. Una enorme cantidad de esculturas nos recibieron, algunas, la mayoría, de Rodin y Dalí, dos de los favoritos de mi madre. Mi hija que también “amadora” a Salvador Dalí, inmediatamente reconoció algunas de sus obras (por obvias razones) y corrió hasta ellas para admirarlas de cerca. Yo me fui derechito hacia una de las obras principales del recinto, las Trois Ombres (las Tres Sombras), escultura que corona la maravillosa y dantesca Porte de l’Enfer (Puerta del Infierno) del maestro Rodin de donde por cierto salieron varias de sus esculturas más conocidas, entre ellas, por supuesto, El Pensador. En la Divina Comedia de Dante las tres sombras eran las almas que se encontraban a la entrada de los Infiernos y que señalaban una inscripción que decía: “Vosotros que entráis, abandonad toda esperanza” (cualquier parecido con Auschwitz-Birkenau es mera coincidencia). En fin, esa fue una de las esculturas de Rodin que a mí más me gustaron de esa sala junto con las famosas manos “La Cathédrale” (La Catedral) y  “Le Baiser” (El Beso) del cual encontré dos versiones en bronce.


Obra de Salvador Dalí.

Trois Ombres (Las Tres Sombras) de Rodin.

Le Baiser (El Beso) de Rodin.


Luego de estar un buen rato contemplando el arte ahí expuesto la vejiga de mi madre tomó la decisión de pasar a retirarnos para ir en busca de un WC. Mi intención era visitar por lo menos otra de las salas del museo, en especial la Sala 4 en donde se encuentra la exposición permanente Del Impresionismo a Las Vanguardias. Hicimos mutis de la Sala 6, descendimos por la rampa, tomamos de nuevo el elevador, y listo, llegamos a nuestro nuevo destino. Ya en la Sala 4, lo primero a admirar fueron los retretes de los baños, mismos que encontramos harto limpios y bien dispuestos, luego, ya con la vejiga descansada comenzamos el recorrido.

Una de las corrientes de arte que más me chiflan es el Impresionismo, y en especial la obra de Pierre-Auguste Renoir, ya saben, mis gustos a veces suelen ser muy jotitos, y este es el caso. Bueno pues cuando descubrí que ahí se encontraban un buen numero de pinturas de Renoir no pude evitar emocionarme cual alcohólico en vinatería. Mi puberta hija disfrutaba al igual que yo de todas las pinturas allí expuestas, luego de hacer una pausa frente a un grupo de cuadros del catalán Miro de pronto se me adelantó y por un momento la perdí de vista. Yo seguía extasiado frente a las oleos de Renoir cuando de pronto veo venir a mi hija de nuevo hacia a mí toda emocionada, ¿la razón?, había descubierto entre todas esas maravillosas pinturas algunas del gran Vincent van Gogh (mejor conocido como “El Mochaorejas”). Frida Mariana, mi hija, me tomó de la mano y luego de darme tremendo jalón me llevó hasta las pinturas de van Gogh para que las admiráramos juntos. Por su parte mi Sacrosanta absorta disfrutaba de cada una de las pinturas ahí expuestas, haciendo pausa en las de Monet que tanto le gustan.


Mi Impresionista favorito, Pierre-Auguste
Renoir.

Hija e impresionistas juntos... y yo feliz.

La firma de Claude Monet, nada más y nada menos.

La presencia de Vincent van Gogh.


La estábamos pasando bomba en el museo, aun nos faltaba por recorrer más de la mitad de esa sala cuando de pronto, como dicen los polis, me “percaté” de la hora y tuve que, con la pena, emprender la retirada por compromisos contraídos con anterioridad.

Yo siempre he pensado que los museos hay que disfrutarlos y no padecerlos, por eso soy de la idea que un museo nunca se debe recorrer cuando uno ya está cansado o saturado, es mejor dejar el resto para otra o muchas otras ocasiones, más aun cuando tenemos la fortuna de tener esos museos prácticamente a la mano, que no sería el caso si estuviéramos de visita en otra ciudad o país. Así que por lo pronto le puse “pausa” a mi visita al encantador Museo Soumaya prometiéndome que pronto voy a regresar para continuar mi visita hasta peinar prácticamente en su totalidad el museo el cual tiene mucho, pero mucho más que mostrarme.

Por último, amigos del Museo Soumaya, mil gracias por ser tan buenos anfitriones y por esa generosidad cultural que ofertan a los amantes de la belleza como su servidor… y si no es mucha molestia, pronto, muy pronto, les estaré dando lata de nuevo. ¡Gracias payino!


Otro día con más calmita… nos leemos.