miércoles, 30 de julio de 2014

Adultos en Plenitud y el trabajo de la Secretaría de Desarrollo Social del DF




Por más que le insistí a mi Sacrosanta madre que en este caso hiciera usufructo de su abnegada nieta ella se negó, insistió que me quería a mí, a mí para que la acompañara a recoger su nueva y flamante tarjeta de la Pensión Alimenticia para Adultos Mayores que otorga el Gobierno de esta tenochca ciudad. Dado que una de las funciones de ser hijo prodigo es la de asistir y acompañar a la jefa en tramites como este, no tuve alternativa y me vi forzado a hacer a un lado mis múltiples ocupaciones para darle gusto a mi ciruelita adorada.

La cita fue por la mañana en el WTC (World Trade Center). Ya en otra ocasión la había acompañado a realizar el mismo trámite, así que más o menos sabía a lo que iba. La llegada al lugar de canje ocurrió sin novedad. Cientos de cebollines y ciruelitas iban y venían por las calles aledañas al antiguo Hotel de México. La organización fue muy buena, un grupo de personas se encargaron de señalizar perfectamente la ruta de acceso a la Sala en donde se llevaría a cabo el canje. Hubo que recorrer algunos metros, subir algunas escaleras, dar unas cuantas vueltas, de pronto hasta me sentí en una de esas filas interminables que hay en los juegos de Disneyland, pero finalmente llegamos a la entrada de la Sala.

Ya adentro del lugar se encontraban algunos viejecitos, los más puntuales, los más ágiles, los más ansiosos. En perfecto orden las encargadas del evento iban colocando a cada ciruelita y a cada cebollín en su lugar, y claro, también a sus asistentes personales (como yo). Mientras seguían llegando los rezagados, un buen mozo subió al escenario para entonar con buena voz los últimos y más recientes éxitos de: María Grever, Agustín Lara, Consuelito Velázquez, y demás revelaciones juveniles del momento. El respetable se veía harto feliz, incluso hubo una pareja que al ritmo de “Perfume de Gardenias” mostró algunos de sus mejores pasos.

El evento dio inicio apenas unos minutos después de lo pactado. La primera persona que tomó el micrófono para dirigirse a la concurrencia fue, si no me equivoco, la Lic. Rocío Bárcena Molina quien es la Directora General de Instituto para la Atención de los Adultos Mayores. La Lic. Bárcena durante su bonita perorata no perdió la oportunidad  para echarle su cebollazo a Andrés Manuel López Obrador, a Marcelo Ebrard, y por su puesto a nuestro ilustre Jefe de Gobierno el Doc. Mancera. Enseguida subió al estrado un caballero del cual no tengo su nombre, y no lo tengo porque no lo pude escuchar bien ya la acústica del lugar no era muy buena. Al parecer este caballero tenía algo que ver con la salud de los ahí presentes porque me pareció escuchar que dijo algo relacionado con la geriatría. Habló de un apoyo con medicamentos para las personas que tenían problemas con la presión arterial, apoyo que dado el costo de los medicamentos hoy en día, seguramente muchos agradecieron.  

Finalmente le tocó el turno a la Lic. Rosa Icela Rodríguez Velázquez, una persona a la cual yo tengo en alta estima puesto que creo que es una de esas funcionarias públicas que sí hace su trabajo. La Lic. Rosa Icela Rodríguez V. es la Secretaria de Desarrollo Social del Distrito Federal y en el pasado estuvo al frente del Instituto para la Atención de los Adultos Mayores por lo que podría afirmar sin temor a equivocarme que es una persona sumamente capaz y sobre todo sensible ante las  necesidades, en este caso, de los cabollines y las ciruelitas. La Lic. Rosa Icela estuvo como siempre muy cariñosa y amable con los adultos mayores mismos a los que atendió personalmente al final del evento.

He de decir, siendo justo, que en muchas ocasiones he criticado al Gobierno del Distrito Federal cuando en mi opinión no hace bien las cosas, pero en esta ocasión no tengo nada que reprocharle, por el contrario, creo que el trabajo que hace la Secretaría de Desarrollo Social del Distrito Federal es digno de encomio y plausible. Y es que si comparamos la ayuda que da la Ciudad de México a los adultos mayores con la ayuda que da el Gobierno Federal a este mismo sector de la población, esta es infinitamente superior en todos los sentidos, en la calidad, en la organización, en la transparencia, y, sobre todo, en el trato digno y respetuoso que le dan a nuestros queridos viejecitos. Ojalá el Gobierno Federal y la SEDESOL tomaran como ejemplo el trabajo que se hace en el Distrito Federal para así mejorar su desorganizado programa de “Pensión para Adultos Mayores” (60 y +); y es que a mí me ha tocado vivir en carne propia la monserga de andar buscando dónde pasar la dichosa “supervivencia” además de la impuntualidad a la hora de depositar la ayuda, ayuda por cierto mucho menor a la que da el Gobierno de la Ciudad de México.


La Lic. Rosa Icela Rodríguez V. dirigiéndose a los adultos
mayores que asistieron al evento.

El Programa de Pensión Alimentaria beneficia
aproximadamente a 480,000 adultos mayores.

Aparte de la Pensión Alimentaria se anunciaron nuevos programas
de ayuda a este sector de la población. 


Finalmente el evento llegó a su fin, la concurrencia comenzó a hacer mutis y mi Sacrosanta y yo nos retiramos del lugar satisfechos y felices, felices de ver a tanto viejecito contento con la ayuda que el Gobierno de esta ciudad les brinda para sobrellevar dignamente eso que se conoce como “vejez”. Ahora bien, el Gobierno ya hace su parte, el resto nos toca a nosotros como sociedad… cuidemos, honremos y respetemos a nuestros viejitos que finalmente a lo único que podemos aspirar realmente en esta vida, es a envejecer con dignidad.



Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 13 de julio de 2014

La Fiesta de Graduación




Ayer fui a la fiesta de graduación de mi sobrina, una flamante periodista en ciernes que pinta para convertirse rápidamente en la próxima Carmen Aristegui o ya de perdida en la nueva Paty Chapoy de Tlachichilco. El caso es que mi sobrina Lili desde chiquita habla más que un perdido cuando aparece, o sea que tiene bastante facilidad de palabra, además le encanta el chisme cachetón por lo que creo que ese orgullo de mi nepotismo escogió muy bien su carrera.

El convite fue en un prestigiado salón de fiestas del sur de la Ciudad de México. La concurrencia era de algo pedorraje. Las mujeres llegaron luciendo los últimos modelos de las casas de moda más exclusivas de La Lagunilla. Los caballeros, esos llegaban de cuasi rigurosa etiqueta, algunos luciendo un elegante Suburbia’s Look y otros con su smoking de Casa Marcelo “El duende que lo vestirá de fiesta”. Las entradas en años, las ciruelitas, abuelitas y tías, llegaban echando tiros con sus pieles de “conchinchilla” y “petigree”. Los cebollines, esos abuelitos que siempre fueron elegantes al vestir, lucían sobre sus brillosos trajes refinados abrigos cubiertos de pelos, pelos de sus fieles compañeros de vida, sus perros y gatos. Y las graduadas y graduados, esos impecables, como debe de ser, ellos estrenando traje y ellas con sus vestidos con harta chaquira, lentejuela y canutillo… discretitas pues.

El clásico grupo versátil animó la fiesta tocando los éxitos del momento, claro que para los vejetes como yo hubo el infaltable popurrí ochentero que prendió a la concurrencia de mi vuelo. Un DJ le hacía el quite al grupo en lo que sus elementos se refrescaban y rehidrataban con algunos alipuses cortesía de alguna mesa con espíritu altruista. Yo desde mi privilegiada mesa de pista, bueno ni tan privilegiada porque era un pinche pasadero de gente que ya me tenían mareado, con mirada escrutadora me divertía viendo lo último en pasos de baile. El calor en la pista se elevaba, las rollizas damitas sudaban cual gorda después del tercer plato de pozole mientras los caballeros comenzaban a hacer striptease despojándose del saco y la corbata al ritmo de Juana la Cubana.

Llego la hora de la entrega de Diplomas. El discurso de agradecimiento a los padres estuvo a cargo de mi sobrina Lili. La mesa de mi familia sacó a relucir el código postal al organizar dos que tres porras para mi sobrina. Poco faltó para que de mi mesa saliera el clásico y peladísimo: “eeeeh… putooo”, tan de moda en estos días.

Finalmente aparecieron los meseros haciendo el bonito ritual de pasear los sagrados alimentos a lo largo y ancho del salón. En mis tiempos esto no se acostumbraba, hoy lo ven como muy “nice” pero a mí me parece DE PELADOS.

El menú de la cena estaba escrito en un papel sobre la mesa, los nombres harto rimbombantes hacían suponer que lo que estaba por venir sería un bocatto di cardinale, una delicia… ¡pero cuál! La cena estuvo bastante pinchurrienta, y lo peor, las porciones eran como para top model anoréxica. La verdad yo estuve a punto de mandar traer una pizza o unos tacos de suadero del Metro para completar, porque francamente mi tripa quedó a disgusto con lo que recibió.

No me quedó más remedio luego de la desilusión de la cena que ponerme a ingerir bebidas espirituosas a discreción. Al llegar al salón ya me habían dado dizque un coctel de bienvenida, mismo que boté al instante al percatarme de su dudosa procedencia. Lo bueno fue que mi sobrina me había dicho que había derecho de descorche, o sea que se podían meter pomos sin ninguna bronca, así que presto mandé a mi sobrino al coche para que me trajera una botella de mi tequila favorito, misma que nunca falta en la cajuela de mi cantina, que diga en mi coche. Cuando regresó con el preciado liquido, hice a un lado la marranilla que el salón había puesto como cortesía en cada mesa y procedí a girar instrucciones al mesero para que me consiguiera todo el kit tequilero oficial. El buen mozo regresó en friega con copitas, limones y sal. Los de la mesa de lado me vieron como diciendo “ese pinche naco va a chupar tequila como si estuviera en una cantina”, ellos en cambio sacaron su elegante y sofisticado whisky marca William Lawson’s como de $120 varos, mismo que se tomaron con refresco de cola.

Una vez bien instalado a lado de mi tequilita 100% agave azul tequilero comencé a disfrutar de la bonita velada brindando por el éxito de mi sobrina y de sus felices compañeros y amigos. No faltó la dama que al verme inofensivo y solo en la mesa quiso sacarme a bailar, pero yo fingiendo una esclerosis multiple me libré de tener que pasar al centro de la pista a bailar pasito duranguense. Claro que tuve mis momentos en la pista bailando éxitos de Timbiriche, Cristian Castro, Flans y algo de rock en español, así como los todos los éxitos ochenteros que se dignó programar el DJ en turno.

El tener que salir del salón para fumar es una verdadera monserga, pero también es una buena oportunidad para conocer mozuelas adictas a la nicotina mismas que con el pretexto de “me regalas de tu lumbre” se acercan a ti para hacerte la plática. Yo que soy bastante jotito a la hora de ligar, sobre todo cuando sé que por ahí puede andar alcoholizado el novio o hermano de la femina, generalmente las bateo para evitarme problemas, sin embargo conocí a una niña bastante chula por la cual bien me podría haber aventado un tiro. Claro que eso lo pensé en ese momento porque yo también ya traía dos que tres copitas que me dieron valor, pero ahora que ya no circula por mi sangre el señor Gay-Lussac dudo mucho que la llame para salir.

El tiempo pasó, la fiesta feneció y llegó la hora de hacer mutis del lugar. El mesero apenas vio que me levanté de la mesa corrió para exigir su bonita y bien ganada propina, yo molesto de tal acoso le dije que me esperara, que no me iba a pelar, que iba a pasar al baño antes de irme. Cuando me di cuenta yo ya estaba pidiendo mi coche al del Valet Parking y no le había dado ni un quinto al molesto mesero; antes de abordar mi unidad me dio cargo de conciencia así que mandé a mi sobrino para que saldara esa cuenta pendiente, después de todo el chavo me había atendido muy bien. Finamente me retiré del lugar con rumbo a mi Principado no sin antes hacer una escala en los tacos del Cupacabras.

Hoy México se despertó con una nueva Licenciada en Periodismo, y claro también con un "observador de la vida social" ligeramente crudo e indispuesto; pero valió la pena, valió la pena porque anoche me sentí sumamente orgulloso de mi sobrina, porque anoche fui feliz, así, viendo gente feliz.



Otro día con más calmita… nos leemos.