martes, 8 de abril de 2014

Una noche en el Lago de los Cisnes de Chapultepec




Parece ser que no hubo necesidad de ofrendarle al Dios Tlaloc alguna princesa virgen (tan escasitas en estos tiempos), aparentemente a esta deidad  le gustan las expresiones artísticas, en particular la danza, el ballet pues. Lo anterior lo afirmo porque el Dios de la Lluvia estuvo de lo más cooperativo con el evento al aire libre que yo, y cientos más, disfrutamos apenas hace unos días.

Todavía esa mañana, el día del evento, me desperté con el temor de encontrarme con un cielo nublado que pudiera presagiar copiosas precipitaciones nocturnas, precipitaciones que podían ser la causa de que el evento se suspendiera. Por cierto, no les he dicho aun pero el evento en cuestión era el ya tradicional Lago de los Cisnes que presenta cada año la Compañía Nacional de Danza en la isleta menor del Lago de Chapultepec. Pero qué les puedo decir del Lago de los Cisnes que ustedes o Google no sepan, por lo mismo solo les voy a hablar meramente del “color” del evento.

Todo comenzó con la difícil misión encomendada a un incondicional para conseguir boletos para el evento, boletos harto cotizados y difíciles de conseguir. El encargado de tan difícil misión movió cielo, mar y tierra (y revendedores) durante tres días hasta que finalmente consiguió los boletos y los lugares en especial que yo quería. Dicho individuo en justa retribución obtuvo de mí mi eterna gratitud que vale más que la trinche propina que le di.

Hubo que esperar unas tres semanas para que llegara el día. Como ya lo dije, mi temor más grande era que en la noche del evento se presentara desde un chipi chipi hasta un súper aguacero marca ¡Cuidado con los arrecifes! como los que justo habían caído apenas un par de días antes. Pero no, afortunadamente el día amaneció perfecto y así se comportó a lo largo del día y la noche.

Enemigo que soy del irremediable acto de estacionar el mueble, parquearse, estacionarse pues, y previniendo que por ahí no hay donde diablos dejar el coche, decidí dejarlo en casa y tomar un taxi que me dejara en la puerta del evento. Con lo que no contaba era que a los estúpidos organizadores del evento se les olvidó decirme por cuál puerta era el acceso, así que para cuando me bajé del taxi y me di cuenta que esa no era la entrada, mi fiel y elegante chafirete ya había hecho mutis y no me quedó de otra más que comenzar a mover los pies cual nómada nahuatlaca. Así caminé por un buen tiempo a lo largo del Paseo de la Reforma hasta que finalmente encontré el maldito acceso al evento. Afortunadamente, y previsor que soy, salí de mi Principado con mucho tiempo de anticipación cosa que incluso me permitió disfrutar de la exposición de fotografías que había en las rejas de Chapultepec.

Cuando llegué a la entrada de acceso al evento y vi la bola de automóviles que intentaban ingresar, inmediatamente me felicité por no haber llevado el mío y me encaminé, junto con otros que como yo llegaron a pincel, hacia el lago para ubicarme en mis lugares. Mientras caminaba entre la penumbra de aquel bosque mal iluminado, trataba de distinguir entre la gente a una bola de pigmeos, nomos, duendes, enanos e ewoks… que al final resultaron ser niños, y eso me hizo muy feliz, primero porque no creo en los anteriores y el verlos podría haber significado que estaba perdiendo la razón, y en segundo porque no hay nada más bonito que ver críos a lado de sus padres o abuelos en los eventos culturales.

Finalmente y luego de caminar otro buen trayecto, ahora ya por dentro del bosque, llegué hasta el lugar del evento. Ahí personal de seguridad daba indicaciones con un megáfono al respetable – Boleto en mano por favor. Se les recuerda que está prohibido introducir bebidas o alimentos -. Me pareció más que correcto el que prohibieran a la gente meter comida o líquidos al espectáculo, así que yo obediente, o más bien cuasi obediente, escondí perfectamente mis galletas (alimento elemental e indispensable para la felicidad de Said), y en completo orden pasé a buscar mis privilegiados lugares.

Luego del clásico “compermisito, compermisito, compermisito” llegamos, mi acompañante y yo, hasta nuestros asientos. La ubicación era perfecta, tal y como yo había calculado, justo entre el escenario del castillo y el del bosque (los dos principales). Apenas faltaban 15 minutos para comenzar, si no hubiera salido con tanta premura de mi Principado seguro que me hubiera perdido la mitad del espectáculo por la falta de señalamientos a la entrada del evento.

El siguiente anuncio vino del sonido local – Por derechos de autor y por seguridad de los bailarines se les informa que está estrictamente prohibido tomar fotos o video con cámaras o celulares. Por su atención, gracias -. Para cuando dieron el aviso yo ya había hecho varias pruebas de luz y encuadre con mi cámara para no fallar a la hora de la hora, así que ya se imaginaran lo triste que me puse ante esa enérgica prohibición. Ahora sí, obediente, guarde mi cámara para poner el ejemplo a los cientos de fotógrafos instagrameros que tenía atrás mí.

Los siguientes anuncios que se escucharon en el sonido local fueron para anunciar el nombre de los solistas en turno (no tuve tiempo de apuntar sus nombres, sorry), y enseguida vinieron la primera, segunda y tercera llamada para dar inicio al ballet.

El espectáculo de poco más de una hora estuvo excelente. La Compañía Nacional de Danza estrenó para esta temporada (la número 38) vestuario, escenografía, iluminación de leds, una pantalla de agua, efectos de pirotecnia, en fin, toda una gran producción. Es cierto que La Compañía Nacional de Danza no es el Kirov pero esa noche estuvo muy bien, a la altura, en especial la bailarina que interpretó a Odile el Cisne Negro, o en este caso “el cisne amarillo”, ya que la prima ballerina era una joven de raza oriental de nombre Mayuko Nihei.

Bajo una hermosa noche estrellada al pie del Castillo de Chapultepec los ahí reunidos disfrutamos de la hermosa música de Tchaikovsky y de la tradicional coreografía de Lev Ivanov y Marius Petipa. Todos los presentes salieron más que satisfechos y seguramente con ganas de regresar. Mi única queja es que deberían de hacer más funciones o bien alargar la temporada porque muchas son las personas que se quedan con las ganas de disfrutar de El Lago de los Cisnes; hay gente que incluso viene desde el interior del país solo para ver este espectáculo, así que los organizadores deberían de contemplar la posibilidad de dar más funciones.



"El Lago de los Cisnes" en la Isleta del Lago de Chapultepec. El escenario
del Castillo.

"El Lago de los Cisnes" en la Isleta del Lago de Chapultepec. El escenario
del Lago (el principal).

"El Lago de los Cisnes" en la Isleta del Lago de Chapultepec. El escenario
del Brujo.

"El Lago de los Cisnes" en la Isleta del Lago de Chapultepec. Odette
y Sigfrido luego de que ha triunfado el amor.


Salí de ahí feliz y muy satisfecho del espectáculo, ahora a esperar la próxima temporada dentro de un año… vía de mientras, a seguir a la CND en sus demás presentaciones a lo largo del año ya que soy su big fan. Que viva el arte, que viva la música, y que viva el ballet, que todo ello es el alimento del alma.


Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota: Perdón por las fotos, ya sé que estaba prohibido tomarlas pero no me pude resistir... mea culpa.



jueves, 3 de abril de 2014

El Ecosistema del Amor



Hace muchos años cuando estaba en la prepa tuve una novia llamada Claudia; en alguna de mis frecuentes visitas al Desierto de los Leones grabé las iniciales de nuestros nombres en un árbol como lo haría cualquier puberto enamorado. La relación con Claudia no funcionó y al poco tiempo terminó. 

Un año después, ya en la universidad, conocí a mi novia Cinthya a la cual amé profundamente. Mi espíritu y mi vocación ambientalista me hizo "reciclar" este grabado aprovechando que la inicial de su nombre coincidía con el de Claudia, claro que esto suena muy poco romantico pero no me negarán que fue un gesto harto ambientalista. Cinthya nunca supo que esa letra "C" en un principio le pertenecía a Claudia, pero poco importaba, porque mi corazón, ese sí, le pertenecía completamente a ella. 

Luego de varios años por razones muy difíciles de explicar la relación con Cinthya tristemente terminó. Pasaron muchos años, y un día, mientras caminaba por ahí con mi hija, pasamos frente a ese árbol y le conté la historia de esas letras. Mientras lo hacía me di cuenta que ahora la letra "C" ya no tenía sentido ni razón de ser, así que hubo que agregarle otra, la "M" de Mariana. Cada vez que regresaba al Desierto de los Leones con mi hija la visita a ese árbol era obligada, pero la última vez que fuimos nos llevamos una muy desagradable sorpresa. Parece ser que algún estúpido decidió talar ese árbol (junto con mucho más) y con ello se llevó nuestra historia.

Yo puedo soportar y tolerar que la mano del hombre se meta con la madre naturaleza, que atente en contra del medio ambiente y el ecosistema, lo que no tolero, lo que no le perdono, es que nos robe a Claudia, a Cinthya y a mi hija Mariana un pedazo de nuestra historia, un recuerdo, hasta hace poco, todavía vivo. Hoy solo queda de toda esa historia una foto, foto que comparto con ustedes.





Solo hay algo peor que un talador de arboles, y eso es... un talador de recuerdos.


Otro día con más calmita... nos leemos.