viernes, 26 de diciembre de 2014

La Cena de Navidad "Minimalista" de Said




Lo que van a leer no es producto de la cuestionable creatividad de este su servidor, es simplemente un relato fiel apegado a la realidad sujeto a hechos comprobables por los métodos científicos y chismológicos más estrictos.

Resulta que este año la navidad de Said estuvo, como dirían los cronistas de las revista Hola, "de rompe y rasga”, osease, de alto pedorraje. Todo giró en torno a un bonito ambiente “minimalista”, que no pelado, que no miserable, que no jodido, mucho menos naco, solo “minimalista” (favor de leer esto con un ligero tono sarcástico).

El menú parecía salido del Waldorf Astoria, un manjar propio de reyes. El primer tiempo consistió en una deliciosa sopita fría de coditos, la famosa “Pasta Quinceañera Ensueño” que gusta tanto. Para el segundo tiempo tuvimos dos opciones a degustar: el famoso “pavo emergente” y el adorado (y adobado) “lomo enchilado”. Para acompañar dichos manjares y a manera de guarnición se sirvió un exquisito puré de manzana preparado en el delicatessen de “La Costeña”.

En esta ocasión y luego de discernir entre cuál sería el mejor maridaje para esta cena gourmet, finalmente se optó por sustituir el Château Pétrus, el Château Margaux y el Dom Pérignon por unos refrescantes y aromáticos Jarritos de Tamarindo y Limón (qué ricos son), traídos directamente de los bonitos viñedos de la región de La Merced.

Buscando darle un toque de originalidad y distinción a la cena navideña, se cambió la cristalería Riedel por simpáticos y decorativos vasitos de plástico rojos; la tradicional vajilla Villeroy & Boch se sustituyó por platitos de unicel elaborados en un innovador diseño rectangular que evocaban aquellos en los que me servían mi changüis y mis papitas Sabritas en las fiestas de la secundaria; en lo que respecta a los cubiertos, los Zwilling J.A. Henckels cedieron su espacio a unos rupestres, ¡ah! pero eso sí, plateadotes, cubiertos de plástico. Sobre la elegante mesa destacaban las servilletas de papel resaltando un espíritu ecológico y ambientalista tan de moda en estos días.

Cabe destacar que todos los contertulios, o por los menos los más afortunados, nos sentamos a compartir los sagrados alimentos en cómodas sillas de lámina rentadas que caprichosamente intercaladas hacían bonito contraste con el antiguo y lujoso comedor Chippendale.

Al terminar aquella opípara cena vino el pastel mismo que acompañamos con el mejor café recién molido del “7- Eleven” de la esquina (claro, en vasito de cartón). Y para rematar con broche de oro aquel momento onírico, los caballeros sibaritas ahí reunidos terminamos fumando un buen cigarro, no un Partagás, no un Cohiba, sino algo más bien… “delicado”.  

Y así siguió la noche, todos libando alegremente y diciendo salud con vasos pletóricos de burbujeante Jarrito de Tamarindo y Limón. Entre las risas, el intercambio de regalos y uno que otro irremediable viboreo, pasó la noche hasta que por ahí de las 5 de la mañana llegó la hora de bajar la cortina para hacer mutis de aquel lugar. Finalmente, yo, luego de haber permanecido estoico y calmado como lo había prometido, abandoné ya con mucho sueño aquella bonita tertulia familiar… ¡Ah! pero eso sí, como diría el gran Chava Flores: “Salí de aquella casa sin nada a comentar, no vaya a creer la gente que fui pa’ criticar”.


Otro día con más calmita… nos leemos.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Restaurantes para autistas




- ¿Qué onda, a ver si comemos, no? – frase harto común entre dos personas que se encuentran luego de un tiempo de no haber estado en contacto. Y es que no hay una experiencia más idónea para socializar que la de compartir los sagrados alimentos, bueno, al menos eso era hasta hace un tiempo porque de unos años a la fecha las cosas han cambiado radicalmente.  

El otro día mientras estaba en un restaurante me dispuse a hacer uno de mis famosos “escaneos” en mi carácter de observador de la vida social (como Montesquieu). El resultado de esta actividad meramente científica resultó harto curiosa e interesante. Por un momento sentí que en aquel lugar estaba rodeado de puros comensales autistas, y es que nadie platicaba, nadie intercambiaba anécdotas, experiencias, planes, vaya ni siquiera miradas sugerentes o concupiscentes con el prójimo. La culpa de esto, como ustedes seguramente ya adivinaron, es la maldita tecnología que todos los días se encarga de alejarnos del que tenemos enfrente para acercarnos al que tenemos en quién sabe dónde y que es quién sabe quién.

Aquel restaurante en el que me encontraba, que no era precisamente una fonda pedorra, estaba rodeado de enormes pantallas, pantallas que transmitían en un principio videos musicales y luego, claro, el peladísimo futbol. Por otro lado letreros dispuestos a lo largo y ancho de restaurante hacían saber a los contertulios que aquel establecimiento contaba con Wi-Fi. Como ya se podrán imaginar, el que no miraba absorto las pantallas se encontraba abismado y patidifuso atendiendo su “smartphone”. Frente a mí ocupó una mesa una familia compuesta por papá, mamá y dos hijas de aproximadamente 20 años. Antes de ver siquiera la carta, todos, a la voz de ya, sacaron sus teléfonos, se conectaron, y comenzaron a hacer quién sabe qué en sus teléfonos. El jefe de familia fue el único que no atendió su celular, solo lo puso en la mesa para enseguida clavar su mirada en el pambolero espectáculo que transmitían las pantallas. El mesero intentó entregarles la carta en las manos, al verse ignorado no tuvo otra opción más que colocar el menú sobre la mesa por si en algún momento aquella familia regresaba de su transe y se decidía a ordenar algo.

Y así era en todas las mesas, unos mandaban “whats”, otros retrataban sus platos de comida para luego subir las fotos a su “feis”, otros jugaban “candy”, “angry” o vayan a saber qué, el chiste es que nadie socializaba físicamente, todos lo hacían a través de las dichosas “redes sociales”. Y los negados para  la tecnología, esos hacían algo que requiere un mínimo de esfuerzo mental, contemplar simplemente a 22 pelados corretear un balón.

Aquello, como les digo, parecía un congreso de enfermos autistas. Ese momento maravilloso en el que las viandas y los tragos eran el marco ideal para realizar una entrañable charla con el prójimo prácticamente ha quedado en el pasado, claro, todavía hacemos quienes nos resistimos a eso. En mi caso está estrictamente prohibido atender llamadas mientras se jamba, no importa si provienen de un teléfono celular o de uno convencional. Si yo llego a salir con una persona que no pude dejar a un lado su teléfono mientras está en la mesa, pues debut y despedida, jamás vuelvo a ver a dicho ente (por más bizcocho que esté el susodicho ente).

Sé que no soy el único que tiene como regla fundamental la de no contestar llamadas en la mesa, de hecho una amiga mía que es igual de quisquillosa (mamona) que yo, puso una regla muy interesante a la hora de departir con sus amigas. Mi amiga me dijo que cuando ella sale con sus amigas a un antro, para evitar que pase esto que tanto nos molesta, todas ponen sus celulares al centro de la mesa y la primera que no resista contestar una llamada o mandar un mensaje, pierde y tiene que pagar todos los tragos que se hayan acumulado hasta el momento. Esto no solo es divertido sino que también es bastante útil para poder realizar una convivencia física y no virtual. Ahí se los paso al costo por si lo quieren aplicar la próxima vez que se vaya de copas con sus amigos o amigas.  

En fin, yo los convido a que abandonen sus vidas autistas y vuelvan a socializar con el prójimo, pero no de a través de la tecnología, sino, como diría Cantinflas: “en vivo y de cuerpo presente”, en verdad que esa experiencia es más gratificante que la de una trinche pantalla luminosa… ¡ah! pero no vaya a dejar de leerme porque entonces sí ya valió; ya saben, en esto como en todo, aplican restricciones, ¡YO!


Otro día con más calmita… nos leemos.   

miércoles, 17 de diciembre de 2014

Crónica de un Shopping Anunciado



Bonito día fui a escoger para llevar a mis owners a dar la vuelta a Perisur, viernes, 12 de diciembre Día de las Lupitas, y por si esto fuera poco, día de la Gran Venta Nocturna de Liverpool.

Mi arribo al bonito centro comercial del sur de la Ciudad de México fue de lo más normal, o sea, luego de casi dos horas de un trinche tráfico decembrino del asco. Durante el trayecto tuve que escuchar a mi Sacrosanta contándome de los adelantos en la mesa de negociación para la cena de navidad familiar. He de decirles que la mesa de diálogos del IPN se queda pendeja a lado de la mesa de diálogos de mi familia; imagínense a pura octogenaria tratando de llegar a acuerdos en lo que viene siendo el menú y la sede para la cena de navidad. En fin, según mi sacrosanta seguirán las discusiones y las negociaciones entre las matriarcas de la familia, y conociéndolas, será hasta el minuto cero de un día antes en que llegue a un feliz acuerdo. Vía de mientras yo estoy a cargo de las bebidas embriagantes, o por lo menos de las mías, que son las que realmente importan en estos casos, y todo está a bajo control.

Llegué a Perisur por ahí de las siete de la noche, el primer reto fue encontrar un espacio para estacionar mi corcel. No había un trinche lugar, había más coches en Perisur que ácaros en mi colchón (si me permiten esta licencia poética). De pronto y antes de abortar la misión, una camioneta que estaba frente a mí puso reversa e hizo mutis dejando el bonito lugar para su servidor. Le eché habilidad y me estacioné como pude, y es que siempre me he preguntado qué caso tiene pintar rayas en el suelo si nadie las respeta, parece que sirvieran para que los coches jueguen rayuela y no para que se estacionen correctamente.

Luego de echarle su bendición a mi corcel para librarlo de las señoras con camioneta que no miden bien los espacios, procedí a dirigirme a la entrada de Liverpool cual Pancho Villa con mis dos viejas a la orilla, a saber: mi Sacrosanta madre y mi Friducha hija. Apenas habían puesto un pie en la tienda cuando ya estaban chifladas viendo todo, parecían perritos en carnicería, no sabían ni para dónde jalar. Lo primero que vieron fue unos abalorios harto útiles y baratos para el regalo navideño “forzoso”, ya saben, esos regalos que se dan nomas por compromiso, no por gusto. - ¡Mira Said!, ¿ya viste estos aretitos?, ¿cómo ves esta pulserita?, ¿le gustará este prendedor?... ¡Ay! Para qué sufro, pa’ las mugres que me dan cada año, apenas esto –. Y así comenzaban oficialmente las compras navideñas con ese “bonito” espíritu navideño que tanto quiero. Lugo de casi una hora en el departamento de abalorios y bisutería chafa finalmente logré sacarlas de ahí, pero fue como salir de Guatemala para entrar a Guatepeor (como diría mi Inmortal), y es que no habían caminado apenas unos metros más cuando volvieron a hacer base. – Mira Said, yo ando buscando un suetercito como estos, ¿a poco no está divino? No me lo vas a creer pero es exactamente el que yo andaba buscando -… si, aja, el viejo truco.

Yo iba preparado, mentalizado, incluso ligeramente dopado para soportarlo todo, o al menos eso creía, y es que cuando mis dos damitas divisaron allá en la lontananza el departamento de zapatería, fue entonces que supe que ese iba a ser mi limite de paciencia. – Said, mira ¿ya viste estos que suavecitos están? Ay no, y el color de aquellos le iría perfecto a mi bolsa de “ositos” -, - Pero si nunca usas esa bolsa -, - Pues por eso, porque no tengo unos zapatos bonitos que combinen -.

Siempre he pensado que a mi mamá le hizo falta una hija que la acompañara en esa bonita aventura del shopping femenino, y es que por más que me esfuerzo por sacar a la jotita que llevo dentro para poder emocionarme como ella con unos zapatos con tacón muñeca o un saltito de cama vaporoso y coqueto, la verdad es que no puedo, simplemente me pego las aburridas del siglo cuando entro con mi Sacrosanta a una tienda. Pero en esta ocasión corrí con algo de suerte, afortunadamente mi Friducha luego de notar que mi paciencia estaba a punto de ebullición, generosamente me hizo el quite y me pidió que respirara profundamente, que contara hasta diez y que lo tomara con mucha calma al estilo Solín. Mi madre renuente aceptó el cambio de asesor y compañero de shopping y siguió del brazo de su nieta en búsqueda de todo aquello que le hacía falta y de los regalitos navideños que tanto le apuraban. Antes de hacerme a un lado, mi madre me entregó su bastón sabiendo que tiro por viaje lo pierde en las tiendas y, entonces sí, se dio vuelo recorriendo con Friducha todos los departamentos de Liverpool. Yo hubiera querido ir a los departamentos que a mí me chiflan: Fotografía, Electrónica, Juguetería, y, of course, a la bonita Experiencia Gourmet donde me puedo pasar horas viendo vinos y viandas, pero no lo hice, no lo hice porque en aquel maremágnum de corcueras, godínez y wannabes corría el riesgo de haber quedado al instante “viudo” de madre e hija.

A las dos horas logré convencerlas de salir de Liverpool asegurándoles que las demás tiendas iban a cerrar más temprano y en cambio Liverpool iba a estar abierto hasta la media noche. Las logré sacar de allí pero la verdad no sé ni para qué, porque inmediatamente se fueron a otra tienda, y luego a otra, y luego a otra, y otra… y yo, sin más remedio, busqué la querencia de las tablas en el Sanborns para “desengentarme” tomando un café. Les confiezo que a mí me choca Sanborns, pero por otro lado me gusta Sanborns, no sabría cómo explicarlo, es una especie de relación amor-odio la que tengo con este merendero eslimniano.

Luego de obtener una mesa y depositar mis bien torneado derrière en la silla, comencé a hacer mi acostumbrado y siempre recreativo “escaneo social”, digo, no pa’ criticar, ya ven que eso a mí no se me da, solo para tomar nota y hacer una que otra observación constructiva. El respetable ahí reunido era el de siempre, todos inmersos en sus enchiladas suizas o molletes, yo, yo solo iba por uno de los famosos cafés quitasueño que tanto me gustan. Al poco tiempo se acercó una mesera, ya saben, una quinceañera de aproximadamente 70 años enfundada en su típico uniforme de Sanborns, de esos que lucía Laura Pausini en La Voz México. Antes de que yo ordenara mi café archirequeterecontra cafeinado ella me ofreció un rico y delicioso ponche navideño. Como era obvio, sucumbí ante el encanto de esa bebida que me chifla y gustoso acepté. Todo iba bien hasta que regresó la mesera con mi ponche. En cuanto vi la bebida noté que algo andaba mal, muy mal, resulta que me sirvió mi ponche en un trinche jarrito de barro… ¡¡¿¿Pues qué se creen, que soy nuevo??!! Al instante pedí hablar con el gerente, incluso estuve tentado a marcarle a mi payino Carlitos para presentar mi enérgica queja. – A sus ordenes señor, en que le puedo servir - , me dijo un mozalbete que ostentaba el flamante puesto de gerente del restaurante. -  Óigame, cuando yo era niño a mí me servían mi ponche en una piñatita, ¡EXIJO que me traiga mi piñatita! -, - Antes que nada le ofrezco una disculpa, es que se nos acaban de terminar y no nos han surtido -. Francamente me molesté mucho, admito que asumí una actitud cuasi de normalista cruzado con anarquista y estuve a punto de quemar el lugar, pero es que no se vale, primero lo ilusionan a uno y lo hacen recordar tiempos felices y luego le salen con que no hay piñatita, eso no es de Dios #YaMeCanse #RenunciaPeñaNieto. En fin, de nuevo recurrí a mis técnicas tibetanas y así recobré mi ritmo cardiaco y estado zen.

Justo cuando estaba terminando mi poche sonó mi teléfono y recibí la feliz noticia, mi Sacrosanta estaba agotada y ya no quería seguir comprando nada. Me dijo mi hija que me esperaban en una banca a un costado del árbol de navidad, cosa que me dio mucho gusto. Cuando llegué mi madre tenía facha de sobreviviente de Auschwitz y mi hija como que todavía tenía pila. Enseguida procedí a tomarles una foto junto al árbol para proceder a evacuarlas del mall antes de que mi Sacrosanta recobrara fuerzas y cambiara de opinión. En eso estaba cuando mi hija me preguntó – Pa, ¿me dejas ir a esa tienda?, es que el otro día vi una blusa de los Beatles que me encantó -. Luego de todo el parote que me había hecho con su abuela la verdad es que no pude negarme, además me tiene bien medidito, bien sabe que con su carita de gatito de Shrek no me le puedo negar a nada.

Para ahorrar tiempo le dije a mi hija que la acompañaba, así que dejamos “ensillada” a su abuela comiendo su imperdonable helado de Nutrisa mientras Frida y yo íbamos a ver la dichosa blusa. La tienda era la típica tienda puberta, butimil jotitos adolescentes atendían a butimil chocantitas pubertas. La tienda estaba ambientada con la música moderna que tanto me enerva, el calor entre tanta gente y luces era insoportable. Yo pensé, me enseña la blusa, le digo que esta padrísima, la pago y nos vamos luego luego, rápido, sin pestañar, en friega, en chinga pues… si, aja, cómo no. Pa’ mi trinche suerte las malditas blusas de los Beatles habían volado, ya no había, estaban agotadas. Al escuchar la noticia proveniente del Liri-Lirón que nos atendía, mi Friducha puso una cara de tristeza nivel niño Teletón que me partió el alma, y yo, que soy más blando que un Frutilupi remojado en leche, no tuve más que decirle – Pues busca otra cosa, algo que te guste, escoge de una vez tu regalo de navidad -. Para estas alturas el calor ya comenzaba a hacer estragos en mi persona, yo sudaba cual gorda borracha después del tercer plato de pozole mientras mi hija corría de un anaquel a otro. Afortunadamente la tienda estaba a punto de cerrar, o seo creía ella, porque yo había escuchado a un puberto decirle a un cliente que iban a cerrar una hora más tarde de lo normal. Decidí guardar el secreto por razones obvias. Mi hija regresó con varios vestidos, me pidió que la acompañara a los vestidores para que le diera mi opinión, cosa que hice. Mientras esperaba afuera de los vestidores mi paciencia comenzaba a naufragar, estaba rodeado de las pubertas amigas que esperaban a las pubertas aspirantes a modelos que se probaban la ropa. Las conversaciones entre ellas eran realmente infumables, el “florido” lenguaje que manejaban podía haber hecho sonrojar al mismísimo Polo Polo,  me vi obligado a felicitarme por haber educado a mi hija de un modo diferente. De pronto salió mi Friducha  luciendo un vestido de corte moderno y entallado en un estampado escoses que la hacía ver hermosa, demasiado para mi gusto de padre celoso. Luego salió con otro igual de bonito, este le dejaba la espalda muy descubierta, como pa’ pescar una pulmonía… ñññ, como que también estaba muy atrevido para mi gusto. El tercero si no tenía madre, estaba más que entallado, pegado, embarrado diría yo, además muy muy zancón, casi se le veían los calzones… ese ni de chiste se lo iba a comprar. Pero siendo honestos yo tengo la culpa, porque a mí hija, como creo que a todas las niñas de su edad, le gustaban más los pantalones, yo fui el que le insistí mucho en que se veía muy bien con vestidos, le dije que tenía muy bonitas piernas y que debería de lucirlas… y ahora me chingo y me aguanto por wuey.

Salió del vestidor y afortunadamente no fue difícil convencerla por la primera opción, la del vestido rojo escoses. Cuando ya me encaminaba hacia la caja para pagar, me pregunta – Pa’ ¿puedo ver un saco?, es que me hace falta -. Chiale, y recontrachiale, sentí que mi destino iba a ser el de morir deshidratado en una tienda rodeado de jotitos y pubertas. Mi Friducha me conoce, y me conoce bien, y sabe que tengo un límite (eso se me nota en la mirada), así que salió disparada por el dichoso saco (sospecho que ya lo tenía bien identificado) y regresó con él en menos que canta un gallo. Se probó el saco frente a mí y vi que le quedaba bien, bueno según ella así se usan ahora, yo por no verme vegete y anticuado y con tal de salir de ahí cuanto antes, asentí con la cabeza.

Friducha salió de la tienda feliz. Mi madre entretenida viendo el pasar de las hordas de victimas del consumismo nos esperaba en una banca. Yo que soy más listo que el hambre pensé: “si volvemos a pasar por Liverpool de regreso al coche segurito que volverán a ser víctimas del canto de las sirenas con comisión, así que mejor le voy a decir a mi Sacrosanta que salgan por la puerta más cercana y que ahí las recojo para que no caminen mucho”. Mi madre mordió el anzuelo, y mi hija, feliz y cansada, también aceptó.

Luego de atravesar todo Liverpool me dirigí hasta las cajas en donde se paga el estacionamiento, hice un leve fila, pagué, llegué hasta mi coche, y por fin, me instalé de nuevo en mi zona de confort, mi amado corcel blanco quien me recibe con un mullido asiento y la relajante música del sensacional grupo Chicago. Arranqué el coche y pasé por mis domadoras quienes ya me esperan en una de las salidas de la plaza. Salimos del estacionamiento y emprendimos el feliz regreso.

Cuando íbamos a la mitad del camino, de pronto mi madre interrumpió el gorgorito de Peter Cetera para decirme – Oye Said, por qué no nos llevas al Centro a ver la iluminación -. Lo primero que pensé fue abrir la puerta del carro para arrojar a mi madre al carril de alta del Periférico, pero luego de pensarlo mejor, acepté, porque sabía que con lo friolenta que es mi madre no se iba a querer bajar del coche, así que con hacer un recorrido por el Zócalo y la Alameda iba a bastar. Mientras tanto mi hija en el asiento trasero comenzaba a caer en los brazos de Morfeo, ¡ha! pero eso sí, bien que estaba al pendiente de la conversación, tanto que de pronto exclamó – Pa’, ya que vamos a Centro, ¿podemos comprar churros para cenar? -. De nuevo comenzaba a complicarse la cosa, yo ya quería llevar a mi Principado para tirarme a ver la tele y mis patronas todavía seguían con cuerda. Le dije a Friducha – Está bien, pero tú te bajas y los pides para llevar -, -¡Va! -.

La pinche iluminación navideña nos la quedó a deber el Jefe de Gobierno porque el muy marro ya la había apagado, así que no vimos nada. Yo estacioné el coche en la calle de Uruguay mientras mi hija corría al Moro por dos docenas de churros, los míos normales y los de ella con canela. Luego volví a tomar camino hacia el sur de la ciudad, pasé a dejar a mi hija a su casa y finalmente llegué a la Domus Saidiana ya casi de madrugada. Mientras me desvestía y me preparaba para meterme a la cama, vi a la Sacrosanta como feliz desempacaba todo su motín de guerra y eso me hizo sentir muy bien; y es que finalmente de eso se trata esta temporada, de provocar sonrisas y alegrías en las personas, y eso lo conseguí aquel día con mi hija y mi madre, y espero ahora haberlo conseguido con ustedes al reseñarles lo sucedido a traves de este mamotreto… ánimas que así haya sido.


¡Feliz Pre-navidad amigos lectores!

domingo, 14 de diciembre de 2014

Frases Jotitas 55

¿Recuerdas cuántas veces mis ganas caminaron por tu vientre, por ese sinuoso camino que nos hacía volar? Bueno, pues hoy, el perfume de ese cielo, me volvió a llevar a ti.

- said -

lunes, 1 de diciembre de 2014

Para Itzel en su día.



Todos tenemos una misión en esta vida y evidentemente la tuya es alegrar los corazones de los demás, cosa que desde que naciste has hecho con mucho éxito. Dulce, cariñosa, y claro, INTENSA, siempre nos haces reír y nos contagias tu alegría por la vida. Con tus “tequieros” abrazas y con tus sonrisas acaricias, eres de esas personas que hacen sentir a los demás sumamente afortunados por el solo hecho de tenerte en sus vidas. Nunca dejes de ser como eres, así, tal cual, eres la alegría de todos… gracias por haber llegado a nuestras vidas.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS MI NIÑA HERMOSA!


Te quiere... tu tío Said.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Todos somos Ayotzinapa



¿Todos somos Ayotzinapa? No, yo no, yo no tomo casetas, yo no bloqueo carreteras, yo no hago pintas, yo no quemo edificios públicos, yo no secuestro autobuses, yo no robo mercancía de camiones repartidores, yo no exijo mi libre derecho a manifestarme arrojando bombas molotov o piedras, yo no golpeo para luego llamarme victima de la represión... no, yo no, yo no soy Ayotzinapa.


Atte. El políticamente incorrecto pero honesto de mí.


OJO.- Nada justifica la desaparición de personas.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Con qué cara les pedimos a nuestros gobernantes que no sean corruptos y rateros.




Francamente no entiendo por qué nos indignamos de que nuestras autoridades sean corruptas y rateras si vivimos y formamos parte de una sociedad corrupta y ratera… la mexicana.

Y es que no queremos autoridades corruptas pero en cuanto podemos le decimos al poli que nos pide que movamos nuestro coche porque está mal estacionado “Poli, no me voy a tardar, deme chanse y le doy pal chesco”, o igual cuando vamos a verificar nuestro coche nos acercamos al encargado para decirle “Qué tranza Mike, ya sabes, este va con brinco”, o al tramitar un permiso o sacar una licencia, o ante cualquier trámite, siempre hacemos uso del cohecho para evitar cumplir con los requisitos de ley.  

Por otro lado nos quejamos de que nuestras autoridades sean rateras cuando la secretaria se roba una caja de clips y lápices para llevársela a su casa, o el gerente se roba producto para revenderlo, o el director se roba computadoras y considerables cantidades de dinero al facturar de manera “conveniente”. De igual modo la tía se roba los sobrecitos de azúcar del Vips, el primo las pilas de Walmart, la hermana la música de internet, el compadre la luz de su casa, la muchacha el cambio del mandado, etcétera etcétera etcétera.

Claro que me dirán que no se compara el robo de una caja de clips con los millones de pesos que se roban las autoridades y nuestros gobernantes, pero claro que se comparan, son exactamente lo mismo, la diferencia es que la secretaria no puede ni tiene los medios para robar más, pero en la medida que pudiera, seguro lo haría.

Rateros, corruptos y tramposos somos, antes, creo, tendríamos que cambiar para poder tener cara para exigir honradez y honestidad a nuestros gobernantes. Robar poco o robar mucho, por más que le busquemos, es exactamente lo mismo. Aquí no aplica eso de "nomás la puntita". Hagan un ejercicio de conciencia, sean honestos, y verán que tengo la razón. 


Otro día con más calmita… nos leemos.


(Este post va dedicado el pinche ratero que me robó hoy en Walmart)

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La doble moral de Calle 13



Dicen ser contestatarios, defensores de las causas populares, irreverentes y harto valientes, para mí son más falsos que un billete de tres dólares y tienen menos talento que una tortuga disecada. Este grupo de puertorriqueños oportunistas-engañabobos se han vuelto millonarios a costa de explotar la ingenuidad de los “oprimidos” que ven en ellos a sus redentores. Dicen estar en contra del sistema, del capitalismo, del neoliberalismo, de los poderes facticos, sin embargo están firmados con una de las compañías de discos más grandes, poderosas y capitalistas de los Estados Unidos, léase Sony Music. Un día se presentan en una entrega de premios y lanzan su mensaje de solidaridad con el pueblo, al otro día sacan una camiseta con un lema oportunista para vendérselas (carííísimas) a ese mismo pueblo que dicen defender. Defienden su derecho a la libertad de expresión pero dicen que van a demandar a todos aquellos que se expresaron mal de ellos por el caso de esas camisetas oportunistas.

Yo puedo entender que haya gente con pésimo gusto musical a las cuales les guste este grupillo, lo me pudre, lo que me enerva, es que los eleven a niveles cuasi de caudillos o mesías revolucionarios.  Ya la vida se pasó de lanza con la humanidad cuando nos dio a Arjona, el que ahora nos regale a este grupillo de pseudomúsicos oligofrénicos  encabezados por René Pérez Joglar “Residente”,  eso, eso me parece una verdadera y reverenda... chingadera.





Otro día con mas calmita... nos leemos. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

El "Birdman" de González Iñárritu.



Ver a un actor trabajando estupendamente en una película, habla bien de él; ver a todos los actores de la película trabajando estupendamente, habla bien del director… luego entonces ¡Bravo Negro!

Luego de ver “Birdman” no me queda otra más que reconocer, no el talento, la GENIALIDAD de Alejandro González Iñárritu. Yo no soy quién para intentar calificar su trabajo, ni siquiera para reseñar una de sus películas, pero en mi calidad de público palomero gustoso de las buenas películas tengo que decir que la suya simplemente me encantó. El manejo que hace de la cámara que asemeja una sola toma continua (desconozco el nombre de la técnica) es extraordinario, y claro, se lo debe al gran Emmanuel “Chivo” Lubezki. Las tomas son casi todo el tiempo primeros planos de los actores lo que nos acerca al máximo a la impecable actuación de cada uno de ellos. En todo momento pareciera que el espectador está parado a lado de los protagonistas. La banda sonora también es un acierto, es el “repetumbe” de una batería, eso y solo eso.

Por último creo, y casi podría apostarlo, que el actor principal de la película Michael Keaton, el cinematógrafo Emmanuel Lubezki y el director González Iñárritu, ya se pueden ir anotando, por lo menos, una nominación al Oscar.


La película en mi opinión es más que buena, extraordinaria diría yo, tanto que logra hacer a un lado mis “injustificadas” antipatías por Emma Stone y el mismo González Iñárritu. Vale la pena verla, perdérsela seria un desperdicio.





Otro día con más calmita... nos leemos. 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Frases Jotitas 54

Cómo le hago para llegar a ti, cómo le hago para poder tocarte, cómo le hago para estar contigo, para ser contigo... cierto, solo pensándote, soñemos pues.

Y se fueron a dormir juntos...

- said -

Frases Jotitas 53

“Siempre asustada por los fantasmas del pasado, y hoy, ya ves, eres uno de ellos”.

- said -

Frases Jotitas 52

“No, no es que te olvides de mí, es solo que a veces me oculto entre tus recuerdos para evitar que vengas a mí, para evitar… que yo vuelva a ti”.

- said -

Frases Jotitas 51

“Cómo le hago para llegar a ti, cómo le hago para poder tocarte, cómo le hago para estar contigo, para ser contigo... cierto, solo pensándote”.

- said -

sábado, 25 de octubre de 2014

La corneta pambolera de mi vecino




Ya de que escucho la peladísima corneta de mi vecino es que seguramente hay partido de fútbol. Prendo la tele para ver quién fregados está jugando, quiero saber qué es lo que emociona tanto a mi rupestre y oligofrénico vecino, y me encuentro con un partido del fútbol de la liga española. Dicen los de la tele que es el famoso "clásico español", debe de ser, yo no tengo por qué dudarlo. Le echo un vistazo al partido, nomás por no dejar (diría mi abuela), y me encuentro con un jugador que de inmediato llama mi atención. Creo, al mirarlo, por fin haber encontrado al culpable de que toda la bola de pelados se depilen las cejas, es un tal Cristiano Ronaldo. Este jugador, como diría mi madre: “es de buen tipo”, así que se podría decir que “le queda” (entre comillas) su look “metrosexual”, pero digo, seamos honestos, al resto de nuestros huehuenches compatriotas como que no les va eso. Y es que cada vez que veo un franelero o un taquero con las cejas depiladas, más que parecer metrosexual, como el tal Ronaldo, parece un transexual sacado directamente de alguna comparsa gay del Carnaval de Veracruz. Neta, si están rollizos (tirando a marris) y con la tés morena clara (tirando a prietos color de llanta), por favor, NO lo hagan, asustan, dan desconfianza… me apanican pues.

En fin, mi interés en el partido luego de 5 minutos termina y regreso a mis quehaceres, no sin antes reflexionar en lo hipócritas que son mis paisanos pamboleros, esos mismos que todo el tiempo se la pasan odiando a los gachupines, acusándolos, todavía y luego de casi cinco siglos, de habernos conquistado salvaje y vilmente; ¡ah!, pero eso sí, el día que juega el Real Madrid, orgullosos exclaman con un maravilloso acento ibérico… ¡Hala Madrid!


Señores, por favor, NO LACTEN.


Otro día con más calmita... nos leemos.

jueves, 23 de octubre de 2014

Los calcetines escapistas




Odio con todas mis fuerzas a los calcetines. ¿Por qué fregados cada vez que lavo calcetines siempre falta uno?, ¿por qué se esconde?, ¿dónde se queda?, ¿yo qué le he hecho?, ¿lo hace a propósito? Yo entiendo que la vida de un calcetín no ha de ser fácil, entiendo que quieran huir de su vida por el camino más fácil, pero yo qué culpa tengo, como diría Cristina Pacheco “ahí les toco vivir”.

Una vez secos y luego de pasar por la agüita, el Bold y el Downy, viene la hora de hacerla de Celestina con los calcetines… y ahí es donde Miss Piggy torció el rabo. Comenzar a hacer parejas es harto difícil, sobre todo cuando mis calcetines son casi todos iguales. Además, como buen vejete mañoso que soy, yo sostengo la tesis de que los calcetines tienen memoria, es decir que un calcetín que alguna vez estuvo en el pie derecho debe forzosamente seguir en el pie derecho por el resto de sus días. ¿Por qué si hay un zapato diseñado ex profeso para el pie derecho y otro para el izquierdo no va a haber un calcetín para el pie derecho y otro para el pie izquierdo?, eso es lo más lógico. Entonces, buscarle la pareja a un calcetín negro con “memoria” de pie derecho no es tan fácil, eso lleva mucho tiempo y requiere de una gran habilidad y paciencia.

Al final, cuando casi todos los trinches calcetines ya están felizmente arrejuntados con su alma gemela, siempre aparecen uno o dos que no encuentran a su pareja, ahí es en donde yo me preguntó ¡¡¿¿Qué chingados pasó con los calcetines faltantes??!! Y entonces comienza la frenética búsqueda, se lanza la Alerta Amber por todos los medios posibles, se realiza la recreación en el lugar de los hechos, se analizan varias líneas de investigación, comienzan las pesquisas, y todo con el fin de dar con el paradero de los calcetines desaparecidos.

Algunos aparecen, unos bajo la cama, otros atrás del cesto de la ropa sucia, otros junto a la lavadora, otros más abandonados en el tendedero con una fuerte insolación, pero hay otros, los más afortunados, esos nunca aparecen, nunca se les vuelve a ver, seguramente esos alcanzaron su libertad y se encuentran ya en lugar mejor (quizás ahora son felices marionetas en un jardín de niños). Los cautivos, esos están condenados a su vida de calcetín por el resto de su existencia, y cuando digo el resto de su existencia lo digo en serio, porque para ellos no existe la jubilación ni el retiro voluntario. Y es que la mayoría de los hombres, por alguna extraña razón, no nos deshacemos de ellos sino hasta su desintegración espontanea; pueden tener sendos hoyotes en las puntas, o los resortes ya vencidos, o incluso los talones tan delgados y desgastados que ya hasta parecen alas de mosca, y sin embargo nos resistimos a dejarlos ir. Y ahí tenemos a las mamás o esposas zurciendo calcetines, incluso llegamos a hacerlo nosotros mismos con tal de no otorgarles su merecida libertad; y que conste que no es por falta de recursos (varo), porque un par de calcetines no son caros, de hecho hay quienes tenemos cajones llenos de calcetines nuevos y sin usar (gracias a los intercambios de navidad y al 2X1 de Julio Regalado) y aun así preferimos a nuestros vejetes amigos.

En fin, el chiste es que odio tanto cuando llega el día de lavar mis calcetines que estoy dispuesto a terminar con esa monserga volviendo a poner de moda el uso de zapatos sin calcetines, así tal y como lo hacía el buen Julio Iglesias en los 80s. Sí, ya sé, se veía peleadísimo el asunto, pero mientras los calcetines sigan con esa actitud “houdinesca” no tendré otra opción… ni modo, con la pena. 


Otro día con más calmita... nos leemos. 

sábado, 18 de octubre de 2014

El Movimiento del IPN comienza a deslavarse



TODOS SOMOS POLITECNICO… no eh, yo no, yo ya no. Yo apoyé a los estudiantes que querían estudiar, que querían ser mejores profesionistas, que tenían una serie de demandas legítimas y harto plausibles, hoy ya no, hoy ya no apoyo a los estudiantes huevones, sorry.

Afortunadamente no todos los estudiantes del Politécnico son huevones, hay muchos que quieren estudiar, pero como siempre ocurre en estos casos, los radicales e intransigentes siempre ganan sobre aquellos cuyo único interés es estudiar y prepararse para el futuro.

A mí me toco vivir como estudiante la huelga de la UNAM de 1987. Recuerdo que mi facultad, la Facultad de Contaduría y Administración, no quería participar, al menos la mayoría de los que estudiábamos ahí no estábamos de acuerdo con la huelga. Lo mismo ocurría en muchas facultades, pero por miedo y amenazas tuvimos que parar actividades. La Facultad de Filosofía y Letras, la Facultad de Ciencias y la Facultad de Ciencias Políticas, eran las que estaban más a favor de la huelga y el movimiento. Los principales líderes del movimiento pertenecían a estas facultades: Imanol Ordorika (Facultad de Ciencias), Carlos Imaz (Facultad de Ciencias Políticas) y Antonio Santos (Facultad de Filosofía y Letras). Y como es lógico, con el tiempo, estos tipos consiguieron muy buenos “huesos” en el Gobierno, unos se unieron al Gobierno Federal y otros al PRD.

Nosotros, los que si queríamos estudiar, los que no estábamos de acuerdo con la huelga, hacíamos hasta lo imposible por tomar clases. Repito que no era fácil, había amenazas a los estudiantes y a los maestros que no se unieran a la huelga, sin embargo nos las ingeniábamos para tomar clases. Conseguimos que la escuela La Salle nos prestara un salón para tomar clases, incluso hubo una ocasión en que la clase la tomamos dentro de una iglesia de la colonia San José Insurgentes. Las tareas, los trabajos y las citas eran por medio de llamadas telefónicas, cosa que era complicado ya que muchos compañeros no tenían teléfono en su casa. Como quiera nos las arreglábamos y gracias a eso no nos retrasamos en nuestros estudios. La huelga un buen día terminó, nosotros regresamos a clases, los líderes de la huelga consiguieron su “hueso” y la imagen de los estudiantes de la UNAM quedó por los suelos. En los avisos de ocasión que aparecían en los periódicos se podía leer “UNAM absténganse” o simplemente “No UNAM”.

Hace unos días descubrí, cosa que me dio mucho gusto, que muchos estudiantes del Politécnico siguen tomando clases, claro, igual que lo hacíamos en mi facultad, a escondidas. Lo bueno, lo genial, es que en estos días gracias a la tecnología existente, es mucho más fácil hacerlo. Me decía un muchacho que sus maestros y sus compañeros siguen en contacto gracias a las redes sociales. Las tareas y los trabajos van y vienen por e-mail, incluso hay maestros que han pensado en dar la clase grabada usando video y audio (youtube o facebook). Este muchacho y sus compañeros  ya no están de acuerdo con el paro, ya quieren volver a clases, están muy apurados porque no se quieren retrasar, no quieren perder el semestre, quieren aprender, sobre todo eso, aprender. Yo veo que es cuestión de poco tiempo para que comience a salir a la luz la evidente división del estudiantado, los que ya quieren clases y los que hacen hasta la imposible por no regresar argumentando lo inargumentable (si me permiten la palabra).

Es una pena, los muchachos no se dan cuenta que el paro de labores solo les afecta a ellos. Es muy diferente cuando el paro o la huelga se llevan a cabo en una empresa, ahí se perjudica a los dueños, por lo que el paro y la huelga si funcionan como medios de presión. Por otro lado, el apoyo que la sociedad les mostró en un principio, poco a poco se va a ir deslavando con el pasar del tiempo y llegará el momento en que se queden solos en su movimiento, solo hay que revisar la historia para darse cuenta de esto. 

Tengo fe en que cada vez sean más los politécnicos que quieran regresar a clases para que así el paro ya sea insostenible. Ya ganaron, ya consiguieron lo que querían, creo que, como en todo en esta vida, hay que saber retirarse cuando uno va ganando para no perder todo... por nada.


Otro día con más calmita… nos leemos.


jueves, 16 de octubre de 2014

"La Dictadura Perfecta" (2014)



Luis Estrada se las da de ser un director que cuestiona al sistema, un director contestatario, un director crítico y con una amplia conciencia social, un director aguerrido y revolucionario… naaa, para mí es un director mediocre que ha tenido éxito solo gracias a que se ha rodeado de buenos y carismáticos actores, punto.

Para los que no lo ubiquen les diré que Luis Estrada dirigió en 1999 “La Ley de Herodes” y en 2010 “El Infierno”, películas que indiscutiblemente tuvieron éxito, si entendemos por éxito la entrada de dinero en taquilla. Pero yo me pregunto, ¿El éxito de estas películas fue producto de un gran trabajo de dirección o más bien de la participación del buen actor Damián Alcázar y del carismático Joaquín Cosío? Yo creo que es lo segundo.

Hoy se estrena su nueva película “LA DICTADURA PERFECTA”, película que de entrada me da harta wueva ver, seguro es más de lo mismo (Estrada es un director que se repite y se repite, y no sale de su zona de confort). Para variar Luis Estrada vuelve a convocar a Damián Alcázar que ya estuvo con él en “La Ley de Herodes”, “Un Mundo Maravilloso” y “El Infierno”; y también repite a Joaquín Cosío con quien trabajó en “El Infierno”. El tema, el mismo, pegarle al gobierno, cosa que no está mal siempre y cuando no se haga desde un punto de vista panfletario, barato y tramposo, de lo contrario, repito, a mí ya me da mucha flojera eso.

Luis Estrada en esta ocasión no ha podido encontrar un “villano” que intente bloquear su película, cosa que seguramente pedía a gritos ya que no hay mejor publicidad que esa. Ni el Gobierno ni Televisa (los villanos favoritos de este país), han intentado siquiera bloquear su proyecto, por el contrario, Estrada ha recibido diferentes apoyos de ellos.

Esta película, “La Dictadura Perfecta”, quitando a Damián y a Joaquín, lleva a puros actores chafas, la mayoría de ellos salidos de las telenovelas de Televisa, la televisora que por cierto él y su público tanto critican, ejemplo: Alfonso Herrera (egresado del “talentoso” grupo juvenil RBD y de la churronovela Clase 406), Osvaldo Benavides (el famoso “Nandito” de María la del Barrio), Sergio Mayer (primer actor de telenovelas y pilar de esa “gran” banda llamada Garibaldi), Saúl Lisazo (actor de novelas y el de “la prueba del añejo”), Arath de la Torre (el Pancho López de la peladísima novela Una Familia con Suerte), Itatí Cantoral (mala actriz de telenovela y con las sangre igual de pesada que su difunto padre)… o sea, el reparto está como para mearlo (si me permiten esta licencia poética). 

En fin, no puedo decirles si la película es buena o mala porque no la he visto, y como dijo Don Teofilito: “ni la veré”; ahí ustedes si quieren gastar su dinero en este tipo de películas engañabobos. Recuerden que a las películas mexicanas hay que verlas y apoyarlas por buenas, no por mexicanas.



El director Luis Estrada.

Damián Alcázar y Alfonso Herrera.

"La Dictadura Perfecta", más de lo mismo, ya chole.


Pronóstico: La gente va a acudir a borbotones a ver esta película, seguramente será un éxito en taquilla, de eso no tengo duda, es el tipo de cine que le gusta al mexicano promedio… ni modo.


Otro día con más calmita... nos leemos.

martes, 30 de septiembre de 2014

La monserga del Suicidio




El otro día estaba pensando en el suicidio, pero no, no se apuren, no es que su mirrey de cabecera quiera terminar con su existencia (Eusebio Gayosso, siento desilusionarte); estaba pensando en el suicidio, pero en lo difícil y molesto que es el terminar voluntariamente con una vida.

Siempre he pensado que los suicidas son harto desconsiderados y egoístas, pero quizás no es su culpa. Y cuando digo desconsiderados y egoístas lo digo porque cuando deciden quitarse la vida nunca piensan en los demás, en las incomodidades y en los desagradables traumas que les pueden causar a los que deciden quedarse a aguantar vara en este mundo. Piensen…

Cuando un suicida decide tirarse a las vías del Metro este nunca se detiene a pensar en el trinche trauma que le va a causar al operador del tren y a los cientos o miles de testigos que presenciarán el desagradable acto, sin contar, claro, con el retraso que les causará a muchos usuarios cuando se tenga que suspender el servicio para recolectar los restos del destripado individuo.

El tirarse de un edificio tampoco está padre. Una de las cosas que más me chocan en esta vida es que un pájaro cague mi coche recién lavado, el simple hecho que le caiga caca de pájaro a mi coche recién enceradito me pone de muy mal humor… ahora ¿se imaginan como me podría si en lugar de caca le cae un cristiano? Digo, no se vale, neta. Pero bueno, eso en el mejor de los casos, porque si en lugar de caer sobre un coche el clavadista de la quebrada cae sobre un transeúnte, entonces, eso ya cuenta como una desafortunada carambola y se convierte en doble tragedia.  

¿Ahorcado?... naaa, tampoco. Encontrar un lugar y una soga que soporte el peso del suicida requiere de un mínimo de intelecto, cosa con lo que no siempre se cuenta. El candidato a colgarse debe tener por lo menos nociones básicas de las leyes de la física, ya saben, masa, peso, velocidad, aceleración, etc. Y es que cuántos casos se han dado de suicidios fallidos por culpa del adiposo y rollizo cuerpo del suicida que al colgarse se trae consigo el tubo del baño o rompe el mecate del tendedero. Además, irse de este mundo sacando la lengua no es de gente educada, recuerden que esa será la imagen con la que el respetable los recordará por siempre.

Cortarse las venas con una Gillette (previamente desinfectada) tampoco es algo aceptado. Piensen en el desagradable charco de sangre que van a dejar; además con tantos problemas de hepatitis tipo C y de sida que hay en este mundo, pues no queremos que nadie vaya a salir contagiado ¿verdad? Por otro lado la moronga es un platillo mexicano exquisito, pero un buen taco de moronga nunca volverá a saber igual de sabroso luego de presenciar un suicidio de este tipo. Y qué me dicen de los problemas para sacar la mancha de sangre de la alfombra, esto no es nada fácil y va a representar un gasto extra para los deudos del azotado suicida. En resumen, descarten también esta opción.

Otra de las opciones más socorridas y de las primeras que atraviesan por la mente de un suicida es la de pegarse un tiro. Claro, como si eso fuera tan fácil. A ver, díganme, dónde carajos van a conseguir una pistola. Por supuesto que si usted amigo lector pertenece a los Templarios, a la Familia, a los Zetas o a algún otro cartel de narcotraficantes, no tendrá ningún problema, seguramente usted ya cuenta con su bonito cuerno de chivo o su lanza misiles, mismo que podrá usar apuntándolo a su sien; pero si no, pues entonces ya se le complicó el asunto. Si usted es un simple ciudadano, un hijo de vecino, y quiere conseguir una pistola, ni le piense, tendrá que comprársela a algún malandrín; tendrá que ir, por ejemplo, a Tepito, exponiéndose, claro está, a que algún gandul se le adelante y lo mate antes de poder suicidarse, y eso no se vale. Otra aspecto a considerar es el regadero de sesos y partes de cráneo que quedaran esparcidos a su alrededor luego de pegarse el tiro (¿recuerda CSI?), piense en la chacha y en lo desagradable que será para ella levantar su “tiradero”. Por último, siempre está la posibilidad que se le chispe el tiro y no le atine a la sien, y lo único que conseguirá es quedar todo “tullido” y discapacitado siendo ahora una carga para su familia. Eso debe de ser muy traumante, porque si usted decidió quitarse la vida seguramente fue porque usted es un fracasado, por lo que fracasar en su intento de suicidio lo va a convertir en dos veces fracasado, y así… ni cómo ayudarle.

Como verán no es nada fácil suicidarse. Al principio les decía que los suicidas son harto desconsiderados y egoístas, pero que yo no creía que fuera su culpa, y es que francamente la sociedad y el gobierno no cooperan para facilitarles las cosas. Creo que una excelente idea sería que en las farmacias vendieran la bonita pastilla pal suicidio, algo parecido a la que usaban los nazis en la Segunda Guerra Mundial y que era harto eficaz; bastaba morder esa minicapsula para que en cuestión de segundo y con poco dolor… ¡pelas!, pasaran a formar parte del fiambrerío nazi. Digo, ya está autorizada y comercializada la pastilla anticonceptiva y la pastilla del día siguiente, entonces no veo por qué no poner algo al mercado que ayude a sacar de esta vida al que voluntariamente se quiera ir. Vamos haciendo más espacio, ya somos muchos.

En fin, si usted amigo lector últimamente ha acariciado la idea de dejar este mundo yo lo invito a que lo piense dos veces, cierto, es una chinguita lidiar con la vida diaria, pero también es un chingita terminar con ella. Mejor vamos aguantando vara ya que no hay mal que dure cien años; vamos buscando ayuda, neta, siempre hay alguien dispuesto a escuchar o a tenderle la mano al desesperado. Yo, ya saben, aquí estoy pa’ lo que gusten y manden ($2,500 pesos la hora jeje). ¡Venga pues!


Otro día con más calmita… nos leemos. 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Triste adiós al circo




Ni le busquen, no le den vueltas, el Circo sin animales simplemente NO ES CIRCO. Un Circo sin animales, tipo el Cirque du Soleil, no es un circo, es un espectáculo en el que los niños se aburren y al cual solo un sector muy pequeño de la población tiene acceso dado el alto costo del boleto. Por cierto, y para los que no lo sepan, Normand Latourelle quien fue uno de los fundadores del Cirque es también el creador de “Voltige”, lo que ahora se conoce como… adivinaron, ¡Cavalia! Para los que no conocen “Cavalia” les diré que es un show CON ANIMALES, en este caso, caballos.

El Partido Verde Ecologista, un partido advenedizo, oportunista, corrupto y parasito, el mismo partido “ambientalista” que cuando fue necesario (para ellos) dijo que estaba totalmente de acuerdo con la pena de muerte, lo único que buscó promoviendo esta ley de Circos sin Animales fue el tener una bandera política que enarbolar en las próximas elecciones. Su interés en la vida, en los animales, no existe, fue una simple estrategia política para atraer votos, y para ello decidieron irse sobre el más débil, los circos. ¿Ustedes creen que algún día este partido hará algo en contra de los toros, las carreras de caballos o galgos, de la equitación, de los delfinarios, acuarios, zoológicos, rodeos, o de la charrería? Claro que no, Azcarraga, Alemán, Slim, Hank Rhon, Quintana Pali, etc. son personas harto poderosas e intocables, y el Partido Verde es todo, menos tonto.

Ahora bien, que quede claro que yo no estoy a favor del maltrato de los animales, todo lo contrario, por eso creo que lo más inteligente en este caso hubiera sido regular los circos, NO PROHIBIRLOS. No dudo que en algunos circos tengan viviendo a sus animales en malas condiciones higiénicas, o incluso que los maltraten, definitivamente a esos circos deberían de multarlos o cerrarlos, pero por qué tienen que pagar todos por unos cuantos. Esta ley promovida por el PVEM no tiene ningún sentido, es como si quisiéramos prohibirle a las personas que tengan hijos porque se han detectado casos en los que los padres maltratan a sus hijos. La solución es regular, no prohibir… por eso está prohibido maltratar a un hijo, no tenerlo.

Hace unos días el Circo Hermanos Vázquez anunció que cierra definitivamente, ayer lo hizo el Circo Atayde, y seguramente pronto lo hará el Circo Fuentes Gasca. Si esto le está pasando a los tres circos más importantes de México ya nos podremos imaginar lo que les va a pasar a los más pequeños y modestos. Por supuesto que no podrán emigrar a un espectáculo como el Cirque du Soleil, como estúpidamente proponen los del Verde; ni los del circo tienen los recursos, ni el público tampoco. Todas esas personas humildes que viven en las comunidades más alejadas y marginadas del país y que tenían a los circos como una de las pocas oportunidades de conocer animales salvajes, ahora no podrán volver a disfrutar de este accesible divertimento gracias a esta estúpida ley.

Ni hablar, seguramente los circos pronto serán algo del pasado, algo que muchos niños no conocerán y de lo que solo sabrán gracias a lo que les cuenten sus padres. Yo tengo entrañables recuerdos de mis visitas a los circos, en especial del Circo Atayde cuando se presentaba de modo espectacular en la Arena México. Ya más grande tuve la oportunidad de conocer el “espectáculo más grande del mundo”, el impresionante circo Ringling Bros Barnum and Bailey del cual quedé enamorado. Hoy, por prosaicos y vulgares intereses políticos, tendré que aprender a vivir sin payasos, trapecistas, malabaristas, domadores, y claro, risas, muchas risas de niños y grandes… y todo gracias a una bola de pendejos legisladores.


Uno de los muchos circos a los que fui de niño.
El circo, una tradición de muchísimos años atrás. 

Circo Atayde sobre la Av. Niño Perdido a la altura de Fray Servando por
ahí de 1946.

Impresionante la cantidad de público que convocaban los circos.

Imagen del Circo Atayde cuando se presentaba en la Arena México.

Felices mi hermano, yo y mi papá en el
Circo Atayde.



Otro día con más calmita… nos leemos. 

martes, 23 de septiembre de 2014

Treinta años después


Dos veces en la vida me ha pasado. Me enamoro de una mujer, y ella, aun correspondiendo ese amor, generosamente se hace a un lado para permitir que una amiga suya pueda tener una relación conmigo. Siendo esto un gran gesto de amistad me parece injusto, injusto para ella, injusto para mí, e incluso para su amiga. Dos veces en la vida he iniciado una relación con la persona equivocada, esperando, con el tiempo, corresponder a ese amor. Dos veces en la vida la mayor muestra de amor que puede haber, que es la de renunciar a la persona amada, ha sido en vano. Dos veces en la vida un gran amor que pudo ser, nunca existió, por un amor que no debió ser, y fracasó.

Hoy, treinta años después, finalmente aceptamos nuestro amor, a lo que ella se resistió y a lo que yo me resigné, con el tiempo ocurrió. Comenzó tomándonos de la mano como los amigos que siempre fingimos ser, luego vino el encuentro de nuestras miradas, la confesión y aceptación en silencio, para luego, enseguida, fundirnos en un largo, en un eterno beso. La larga espera valió la pena, con un beso, con ese beso, recuperamos todo el tiempo perdido, con ese beso, al fin, nos reconciliamos con el destino; y todo esto ocurrió, claro… en la clandestinidad de un sueño.


(Dedicado para ti, que sé que me lees).


martes, 2 de septiembre de 2014

Crecer tiene un precio




A lo largo de nuestra vida, sobre todo en la adolescencia, como dirían los clásicos: “estamos viendo y no vemos”.

Hoy, a muchos años de distancia, pienso, y me doy cuenta, cuántas veces deje ir al posible gran amor de mi vida por no entender que aquella vez en que ella me abrazó, me tomó de la mano o nos tumbamos en la hierba para ver pasar las nubes, era una sutil señal, una secreta confesión de amor que tuvo que pasar de largo sin que yo la viera por mi falta de experiencia. Hoy que vuelvo la vista al pasado entiendo que muchas de mis amigas, siempre preferí las amigas a los amigos, nunca me vieron como un gran amigo sino como algo más; y acepto que yo a ellas, a veces, igual. Hoy a la distancia de los años descubro tristemente todo lo que pudo haber sido y no fue, lo que esa miopía propia de la juventud y la inocencia no me dejó ver.

Hay personas que piensan que una gran amistad se puede terminar al mezclarla con el amor, yo no lo creo; yo creo, estoy convencido, que los grandes amores siempre comienzan con una gran amistad, porque, después de todo, lo que uno espera encontrar en el amor de su vida, es eso, a la mejor amiga.

Hoy pienso en cada una de ellas y en sus señales que nunca entendí; hoy sé que ese es el precio que uno tiene que pagar para crecer; hoy entiendo que les debo una disculpa por no haber entendido que ese cruce de miradas, que esas sonrisas, que esos roces, significaban un velado te quiero, un sutil me gustas, un discreto vamos a amarnos por el resto de nuestras vidas.

Hoy pienso en ellas, y ellas, hoy, seguro en mí… ¿Les ha pasado? 


Otro día con más calmita... nos leemos. 

miércoles, 27 de agosto de 2014

Las hermanas se prestan, los discos NO




Tocar un disco de vinil es un acto que requiere de una responsabilidad extrema, nada que ver con el vulgar y prosaico acto de ponerle play a un reproductor MP3 o un CD player.

Mantener un disco de vinil en buen estado era algo que solo estaba reservado para los melómanos ortodoxos radicales que no permitían que mano extraña tocara sus LPs. Esta rara especie de amantes de la música normalmente eran señalados por ser unos trinches envidiosos, egoístas y hasta ojetes, ya que nunca prestaban sus discos. Una de las cosas que caracterizaba a estas personas era que nada estaba por encima de sus discos, ni siquiera una amistad o un lazo consanguíneo, así que si alguien se ofendía cuando escuchaba un rotundo NO a la hora de pedir prestado un disco, pues allá él y su muina, porque ningún argumento o promesa podía hacer que aquel "NO" se transformase en un "SI".

Para un melómano cualquier disco merecía el mismo trato, no importaba si era uno de Chico Che o de los Cinco Latinos, o bien un disco de importación de Porgy and Bess o de Billie Holiday. Los cuidados para con los discos necesariamente tenían que ser exagerados. Había que saber desde cómo abrir un disco, en dónde y en qué posición guardarlo, cómo limpiarlo, cómo manipularlo, cómo tocarlo, etcétera.

Algún día leí en una publicación para expertos melómanos una serie de consejos que yo mismo  adopté. Lo primero que hacía luego de abrir, y OLER, un disco nuevo, era deshacerme de la funda de plástico en donde venía el disco. El siguiente paso era hacer lo mismo con la cubierta de plástico (celofán) que protegía la portada del disco. Conservar esto no ayudaba en nada a proteger los discos, la primera lo único que hacía era crear estática en el disco, la segunda con el calor se contraía y apretaba la portada llegando incluso a deformar el disco. Limpiar los LPs con aquel famoso spray que vendían en las tiendas de discos no era muy recomendable, la humedad podría general hongos en los discos alterando su fidelidad, por lo que solo había que hacerlo de ser sumamente necesario (si uno sabía manipular bien los discos no tenían por qué ensuciarse). Jamás había que poner en el tocadiscos o tornamesa varios discos al mismo tiempo para que fueran cayendo uno a uno, esto podía ocasionar que se rayaran. Nunca almacenarlos en posición horizontal, lo recomendable era siempre en posición vertical. Básicamente estos eran los cuidados mínimos que había que tener con los discos, si uno seguía estas simples reglas o sugerencias, la larga vida de un disco estaba asegurada.


Estos cepillos eran muy usados para quitarles el polvo y la tierra
 a los discos.

Los discos para un melómano son verdaderos tesoros. 

Este podría ser el sueño de cualquier amante de la música y
los discos de vinil. 
  

Recuerdo que no faltaban los amigos ilusos que te preguntaban – Oye, voy a hacer una fiesta, ¿no me puedes prestar algunos discos? -. Por supuesto que jamás había que prestar un disco, menos para una fiesta. Y es que los discos en las fiestas normalmente eran manoseados por todo mundo, y todo mundo por lo regular se encontraba en estado etílico, oséase hasta la madre. Así que confiar en el pulso de un borracho que insiste en escuchar la misma canción una y otra vez era peor que confiarle tu hija de 12 años a Sergio Andrade o a Succar Kuri. Los discos luego de una fiesta normalmente terminaban fuera de sus portadas o en portadas distintas, llenos de ceniza de cigarro, restos de cuba y más rayados que las estrías de una gorda.


Así terminaban los discos luego de una fiesta.


Los jóvenes de hoy afortunadamente no padecen el estrés de alguien que veía su disco de vinil andar de mano en mano en una fiesta, hoy, gracias a sus iPod y teléfonos inteligentes, basta con conectarse al equipo de sonido para escuchar lo que cada quien quiera y cuantas veces quiera. Sin embargo, todavía hay gente como yo que creemos, no sé si por verdaderas razones técnicas o simple nostalgia, que la música grabada en discos de vinil se escucha infinitamente mejor que la grabada en los modernos formatos digitales.  

Un día alguien me dijo una frase que tenía que ver con prestar libros, yo inmediatamente la adapté a los discos:

“La persona que presta un disco es un idiota, pero la persona que regresa ese disco… ¡es dos veces más idiota!”


Así que más vale, para evitarse problemas, no pidan ni presten discos, mejor, si les gusta la promiscuidad musical, adopten los nuevos formatos digitales y, entonces sí, denle vuelo a la hilacha compartiendo música con todo mundo. Solo así.



Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 21 de agosto de 2014

Los Verificentros del D.F.... un infierno.




¿Y usted gentil amigo lector ya pasó por el viacrucis de llevar a verificar su auto? Si ya fue seguramente habrá notado que cada vez están más prepotentes y mamilas los finos y bien educados técnicos de los verificentros del Distrito Federal. Y es que desde que a nuestro ilustre Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera se le ocurrió modificar el HOY NO CIRCULA, aquello se ha convertido en un verdadero calvario, una monserga tirando a reverenda chinga.

A mí me llegó la hora, por lo que no tuve más remedio que llevar a verificar mi auto, y le cuento que aquello fue la peor de las pesadillas. Desde que llega uno al verificentro lo reciben con una prepotencia tal que por un momento me hicieron sentir como si yo fuera un importante huésped de Auschwitz, algo así como una Anita Frank tenochca siendo recibido por la SS en un campo de concentración nazi.

Primero me enteré que, igual que en la casa de Big Brother, las reglas cambian. Resulta que ahora atienden por ficha, por lo que hay que irse a formar en la madrugada para que a uno le den “cita” durante el transcurso del día, como si uno no tuviera cosas que hacer. Luego, un pelado que parecía recién egresado de alguno de los reclusorios de esta ciudad daba órdenes a los que iba llegado mientras se regocijaba con el poder que le da el hecho de ser un trinche funcionario público jediondo.

El neandertal del verificentro se daba vuelo intimidando a los resignados ciudadanos que acudían a cumplir con los caprichos del Jefe de Gobierno… que si no tiene cita no lo atiendo, que nada más una persona pasa, que deme sus papeles, que vaya a pagar a la caja, que no se mueva de ahí, que bájese los pantalones, etcétera, etcétera, etcétera. Por un momento hasta tuve un déjà vu, recordé cuando fui a sacar mi Visa a la Embajada de los Estados Unidos, era la misma sensación de impotencia e incertidumbre, daban ganas de inmolarse ahí mismo en nombre de Alá y de los coches con más de 15 años de antigüedad.

Mi hermoso Corcel blanco quedó de lado completamente opuesto al lugar en donde estábamos recluidos los propietarios de los autos. Vi como a los lejos le abrían el cofre para “revisarlo”. Pasaba el tiempo y ahí seguía mi coche sin que nadie le hiciera caso. Yo veía como en las demás “líneas” pasaban y pasaban autos y el mío simplemente no se movía. Pasó casi una hora y mi carro seguía estoico como una estatua sin moverse. Durante esa hora vi como llegó la hora del taco y todos tranquilamente suspendieron sus actividades para jambar con singular alegría sus sagrados alimentos. No sabía si protestar, quería preguntar qué pasaba con mi auto, por qué estaba olvidado en la última línea, pero no me atrevía, ya había visto la cajeteada que le habían puesto a un señor tan solo por haber cometido la osadía de intentar ir por su celular a su coche, coche que estaba apenas a tres metros de donde nos encontrábamos. Además, si mi pregunta los incomodaba, era muy probable que vinieran las represalias por parte de esas finísimas personas, así que seguí esperando cual Penelope en mi banco en el andén.  

Cuando mi paciencia estaba por llegar al límite y me encontraba dispuesto a armar tremendo pancho al fin apareció un hijo del maíz que se subió a mi auto y lo puso sobre los rodillos para comenzar a hacerle la verificación. Cuando terminó de hacerle su “colonoscopía” por el mofle, el monito se volvió a subir a mi Corcel y lo movió unos metros adelante de la máquina. Acto seguido apareció una señora de lentes con look de maestra de primaria, de esas de antes que daban reglazos y jalaban las patillas, quien con voz de sargento me ordenó que moviera mi auto hasta una caseta que estaba junto a donde nos encontrábamos. Yo, cual soldado raso, sin chistar obedecí y a paso redoblado me dirigí hasta donde estaba mi pobre Corcel blanco para proceder a cumplir las órdenes de ese aborto de maestra de la CNTE . Luego de moverlo esperé unos minutos a que volviera a aparecer la ñora ahora ya con el holograma en la mano, mismo que puso en la parte donde ella quiso y no donde amablemente se lo pedí. Lo siguiente fue la orden de retirada.

Y así fue como salí de aquel infierno, mentando madres y haciéndoles cazuelitas pérsicas a todos, deseando no volver a verlos nunca más en mi vida, claro, sé que esto no va a pasar, porque dentro de un rato tendré que volver a transitar por este trinche suplicio una vez más. Quizás si yo estuviera convencido de que toda esta monserga que viví en el verificentro es por el bien de nosotros los ciudadanos, no protestaría, pero no lo estoy, sé muy bien que mientras exista la bonita corrupción, mientras las unidades del Gobierno del D.F. sigan contaminando ostensiblemente, y mientras los funcionarios de esta ciudad comenzando por Miguel Ángel Mancera no dejen a un lado sus lujosas camionetas con escoltas para subirse al inseguro, incomodo e insuficiente transporte público de la Ciudad de México, las cosas simplemente no van a mejorar en lo más mínimo. Vía de mientras, a usted amigo lector y a mí, no nos quedará de otra más que sufrir y padecer las ocurrencias del estúpido de Mancera y sus colaboradores. Por cierto, ¿Cuándo fue la última vez que se encontró a Mancera o a la Secretaria del Medio Ambiente del D.F. viajando con usted en la micro o en el Metro? ¿Si realmente es tan cómodo y seguro el transporte público entonces por qué no dejan estacionadas sus costosas camionetas y sus coches escoltas y lo usan? Ahí le encargo que lo piense.


Mancera y sus amiguis quiere circular con sus camionetotas blindadas y sus
séquitos de guaruras de manera fluida y sin broncas, por eso quieren que
hayan menos coches en las calles... claro, los coches de ustedes amigos
lectores (no importa que paguen tenencia y derechos vehiculares).
 



Otro día con más calmita… nos leemos.