martes, 24 de septiembre de 2013

Mi madre y su identidad secreta



Hace unos años estábamos mi Sacrosanta y yo tomando un café en los Bisquets de Álvaro Obregón cuando de una mesa se para Kippy Casado (qepd), llega hasta nosotros, se le queda viendo a mi madre, y le dice -Vas a ver, cómo eres, no me has ido a ver al Teatro -. Ambos, mi madre y yo, nos sacamos de onda. Nos levantamos de la mesa y antes de poder decir algo, Kippy nos interrumpió con tremendo abrazo - Los espero eh, me buscan cuando lleguen para pasarlos -, luego se me quedó viendo y me dijo – Mira nomás que grandes estás ya -. Nosotros correspondimos el abrazo y los apapachos, le dimos su beso y le prometimos que sin falta la próxima semana íbamos a ir a verla. Finalmente la querida Kippy regresó a su mesa con su hija y siguió cenando. Yo le pregunté a mi madre por qué nunca me había dicho que conocía a Kippy y ella me dijo que en la vida la había visto.


Kippy Casado (qepd).


En otra ocasión estábamos comiendo en Arroyo, mi madre, mi hermano, mi cuñada y yo, cuando igual, de una mesa se levantó Guillermo García Cantú (ligeramente hasta su madre). En su camino hacia el baño pasó cerca de nuestra mesa y, al ver a mi madre, de súbito detuvo su tambaleante andar para darle tremendo beso y abrazo a mi Sacrosanta ante la mirada atónita de todos los que estábamos en la mesa. Guillermo le dijo - ¿Cómo estás? Hace mucho que no te dejas ver -, mi madre muda solo asentía con la cabeza, - Espérame tantito, no te imaginas quién vino conmigo… espérame -. Acto seguido, se dio la vuelta y se dirigió a su mesa. A lo lejos vimos que le decía algo a una persona que estaba de espaldas a nosotros, de pronto esta persona se levantó, dio la media vuelta y vino hasta nuestra mesa, era Fernando Ciangherotti, el hijo de Fernando Lujan, que igual apestaba a chínguere añejo. Lo mismo, le dio un beso muy cariñoso a mi madre, un abrazo y luego saludo a los que estábamos ahí con ella. Le dijo Fernando – Ahora que le cuente a mi papá que te vi le va a dar mucho gusto. Te voy a dejar mi teléfono para ponernos de acuerdo para que vayas a la casa. – Mi madre a todo decía que si con una sonrisa de nervios en la cara. Finalmente se despidieron, yo aprovechando les tomé una foto, y reímos el resto de la tarde por el curioso incidente.


Guillermo García Cantú y Fernando Chiangherotti.


Una de las mejores amigas de mi madre es Olguita. A Olguita la conoció hace miles de años cuando yo y su hijo éramos compañeros en el Kinder de Piedradura. La amistad de ellas se volvió entrañable con el tiempo. Hace como tres años se casó por segunda vez mi amigo Manolo, su hijo, así que fuimos convidados a su boda. Ya en el salón, justo antes de cenar, mientras platicábamos los diez contertulios que compartíamos la mesa, escuché la voz de una mujer a mis espaldas diciendo – Vas a ver eh, te estoy viendo, a ver, ¿por qué no me has ido a saludar? -. Cuando volteo, cuál sería mi sorpresa al ver que la de la voz era Silvia Pinal dirigiéndose a mi madre. Mi madre que es big fan de ella, se paró y se disculpó, le dijo que no la había querido molestar, a lo que Silvia le contestó – Ay payasa, cuál molestar. Tenemos que vernos para echar una platicadita eh, le voy a decir a la “Gorda” que se organice un desayuno para juntarnos todas… pero ay de ti si no vas eh -. Mi mamá, ya con experiencia en este tipo de situaciones, le dijo que sí, incluso mandó saludar a Alejandrita y a Enriquito. La Pinal regresó a su mesa y nosotros curiosos le volvimos a preguntar a mi madre si la conocía. Nos dijo mi Sacrosanta que la última y única vez que había platicado con ella había sido en el hospital en donde nacieron mi hermano y Alejandra, apenas con un día de diferencia. Cuando nos retiramos al terminar la fiesta nos fuimos a despedir de Silvia y todavía le dijo a mi madre – Entonces ya quedamos eh, no vayas a dejar de ir –, y mi madre le volvió a dar el super avión y le dijo – Claro que no, ya quedamos, yo me pongo de acuerdo con la “Gorda” – (nunca supimos quién fregados era la tal “Gorda”).


Silvia Pinal.


Apenas hace unos días volvió a pasar, esta vez fue en los laboratorios de un hospital cuando nos topamos de frente a Gonzalo Vega quien iba acompañado de una señora, me supongo que era su esposa. Cuando vio a mi madre caminando hacia él abrió los brazos como para abrazarla, ahora si nos sacamos de onda porque como ha estado algo enfermo pues no quisimos hacer el oso importunando, pero sí, era con ella el asunto. Gonzalo Vega la abrazó y la besó, le preguntó que cómo estaba y qué andaba haciendo por ahí, a lo que mi madre con la mayor tranquilidad le respondió con un listado interminable de sus achaques. Luego le preguntó mi madre a Gonzalo que cómo estaba y él le dijo que bien, que solo eran estudios de control. A Gonzalo Vega yo frecuentemente me lo encontraba en la Plaza de Toros, me cae muy bien, por lo que me dio gusto ver que está mejor. En fin, ambos se desearon buena suerte, buena salud y se despidieron con un beso.


Gonzalo Vega.


La Pegunta de los 64 Mil Pesos es, ¿A quién carajos se parece mi madre que la confunden tanto?... ¿Será a una Delegada de la ANDA?... ¿Será a una empresaria del “chou bisnes”?... ¿Será a alguna periodista veterana de espectáculos?... ¿Será a la esposa, amante o "detalle" de algún caca grande con harto varo?... sepa, lo cierto es que ya nos acostumbramos a que siempre la andan confundiendo y ya lo tomamos con harta filosofía y sentido del humor. Por cierto, otra más a la cual olvidé mencionar fue Leticia Calderón quién se portó bien linda con mi mamá, y yo que he vivido enamorado de ella toda la vida, pues quedé todavía más enamorado.

En fin, mientras no confundan a mi Sacrasanta con la Reina del Pacifico o con la maestra Elba, todo está bien, yo vía de mientras me divierto mucho con estos curiosos sucesos inesperados.


Otro día con más calmita… nos leemos.


Nota: Quería poner la foto de mi Sacrosanta para ver si alguno de ustedes amables lectores le encontraba algún parecido con alguien, pero no obtuve su autorización por lo que seguirá siendo un misterio la respuesta a mis preguntas. 

martes, 3 de septiembre de 2013

DON PEDRO FERRIZ SANTA CRUZ


Y ahora, POR 64 MIL PESOS DÍGAME EL NOMBRE DEL MAESTRO DEL PERIODISMO Y DE LA COMUNICACIÓN QUE HOY TRISTEMENTE DEJÓ DE EXISTIR. FUE UN HOMBRE CULTO, INTERESANTE Y DIVERTIDO, PIONERO DE LA TELEVISIÓN, Y QUE A LO LARGO DE VARIAS GENERACIONES DEMOSTRÓ SER UNA PERSONA CON UN GRAN SENTIDO DE LA VIDA.





Y recuerden que... ¡Un Mundo nos Vigila!

(Descanse en paz el Maestro)