viernes, 24 de mayo de 2013

Protectores de Animales... ¡la maaanga qué!



Por qué podemos caminar por un jardín aplastando con singular alegría a cientos de insectos y no sentimos ninguna culpa. Por qué podemos sentarnos a comer un rico desayuno con huevos, tocino y leche y no sentimos ninguna culpa. Por qué podemos meter nuestros hediondos pies en unos finos zapatos Gucci o depositar nuestros voluminosos traseros en los asientos de piel de nuestras camionetas y no sentimos ninguna culpa. Bueno, quizás porque “ojos que no ven corazón que no siente”, o también, por qué no, quizás porque todos tenemos una doble moral y una manera de ver la vida a nuestra conveniencia justificando lo que haya que justificarse.

Muchos de esos autonombrados “Defensores de Animales” no son en nada congruentes con lo que predican y solo buscan expiar sus culpas con la Vida a través de un discurso meramente mediático. Otros “Defensores de Animales” adoptan esta postura solo porque está de moda, creen que eso de ser defensor de los derechos de los animales es de gente nice, de gente bien. Pero cuántos de estos realmente lo harán por plena convicción, por un verdadero compromiso con la Vida, pero con toda, no solo con esa que está más a la vista de todos y que es la que les puede dar una buena imagen ante ciertos círculos sociales. Cuántos de todos esos molestos “gritones” y “pancheros” realmente estarán dispuestos a cambiar su estilo de vida y a renunciar a muchos de sus lujos y comodidades para realmente predicar con el ejemplo… la verdad es que yo creo que muy pocos.  

A esos gritones que se paran afuera de la Plaza de Toros o afuera del Circo Atayde o del Ringling Brothers and Barnum & Bailey para insultar y agredir a la gente que asiste a esos lugares, a ellos realmente les tiene sin cuidado lo que pasa en las azoteas de al lado de sus casas (o en las suyas propias) en donde viven perros en total abandono, a ellos les importa un pito lo que pase en las grajas de pollos mientras que puedan desayunarse sus huevos motuleños en el Vips o comerse su receta secreta en KFC, a ellos no les interesa en lo más mínimo las condiciones en la que vivió el ganado vacuno con el que se confeccionaron sus tenis Nike o sus chamarritas de piel con las que ellos pretenden adoptar un look intelectual, a ellos les importa madres si son o no felices los peces del acuario de sus hijos viviendo en una diminuta pecera de agua puerca o los pajaritos cantantes de sus mamacitas y abuelitas atrapados en esas mini jaulas, a ellos nada de eso les importa; a ellos lo que realmente les importa es hacerse ver afuera de esos espectáculos populares y masivos y no verdaderamente trabajar a favor de los animales en esa clandestinidad o anonimato que les pueden dar otras causas menos mediáticas pero sí más plausibles y dignas de encomio… como el lavar la trinche pecera de sus hijos o el liberar a los pobres pajaritos de sus mamacitas y abuelitas.






Pero afortunadamente no todos los defensores de los derechos de los animales son como estos. Hay personas que verdaderamente están involucrados con este movimiento y sí predican con el ejemplo; se convierten en vegetarianos, usas materiales sintéticos, y están al pendiente de todos los seres vivos y no solo de aquellos que son más populares y mediáticos. A este tipo de personas yo las respeto mucho e incluso las admiro aunque no comparta del todo su manera de pensar.

Y para aquellos que se creen defensores de animales solo por el hecho de que un fin de semana se organizan para hacer un “pancho” afuera de la Plaza México o de un circo, o que creen que lo son solo porque en twitter o facebook atacan espectáculos como estos, yo me permito recomendarles que comiencen dejando de tragar Big Macs, Whoppers, tacos al pastor, barbacoa, carnitas, cecina, mixotes, chicharrón, etc.; que dejen de ponerle leche a sus Zucaritas y queso a sus pizzas; que dejen de vestir artículos de piel tales como: bolsas, cinturones, zapatos, carteras, portafolios, etc,; que no vuelvan a comprar medicamentos o artículos de belleza de los laboratorios que experimentan en animales; y ya entrados en gastos, que dejen de comer frutas y verduras porque en la mayoría de los casos los campos donde se sembraron estos productos fueron arados por unos pobres bueyes a los cuales se les infringieron terribles castigos para que trabajaran. Ustedes me dirán que no es cierto, que la vida de estos animales es más feliz que la de los pobres toros de lidia o la de los elefantes en los circos… pues con la pena les digo que no es cierto. Tan fácil, los que no me crean chéquense los videos hechos por organismos internacionales serios que se dedican a proteger los derechos de los animales, ejemplo: PETA, y ahí verán en qué condiciones “viven” (entre comillas) la mayoría de los animales destinados al consumo humano: pollos, gallinas ponedoras, conejos, puercos, vacas lecheras, y por supuesto, las reses de engorda. ¡Ah! y no vayan a intentar justificar eso diciendo que son animales que se tienen que sacrificar para el consumo, porque en todo caso, los toros de lidia luego de morir en el ruedo también se destinan al consumo.

Yo no digo que una cosa esté bien y otra esté mal, o que una cosa justifique a la otra, yo solo digo que uno debe de ser congruente con lo que dice y piensa y no vivir tratando de aparentar lo que en el fondo sabe uno que no es. En el mundo animal no hay animales de primera y de segunda, tan respetable debe de ser la vida de un “carismático” oso panda o delfín, como la de un insignificante gusano de maguey o una langosta, ambas cocinadas vivas para el deleite de los tragones defensores de animales. Si van a asumir el compromiso de volverse defensores de los animales, háganlo pero de tiempo completo y no solo desde la comodidad del teclado de sus ordenadores. Vayan a hacer panchos no solo a la Plaza México o al Circo Atayde donde bien saben que los van a ver, que se van a hacer notar; no, vayan mejor a las pequeñas granjas avícolas, a los establos, a las ganaderías, a los rastros, a los laboratorios en las universidades, a las colonias populares en donde hay miles de perros en situación de calle, a todos esos lados en donde bien saben que no tendrán el foco de los medios pero si la legítima satisfacción de haber ayudado a esos indefensos animales. Luego de hacer eso, entonces sí podrán vanagloriarse de ser verdaderos Defensores de Animales; vía de mientras, con la pena, solo son unos trinches y  patéticos “pancheros” abortos de ambientalistas.


Otro día con más calmita… nos leemos.