miércoles, 7 de noviembre de 2012

En busca de Ritmo Peligroso


Era el sábado 3 de noviembre, aproximadamente a la 1 de la tarde, cuando al regresar del carwash en donde le acababan de dar su shampoo de cariño a mi fiel corcel blanco, escuché un grito desesperado y desgarrador que venía desde lo más profundo de mi ser, un grito que en un estado de exasperación indescriptible me decía: “aliméntame, no seas maldito, qué no ves que muero de hambre”. Así es, era mi insufrible tripa que cuando le llega la hora de comer no da tregua alguna hasta conseguir lo que se propone, en este caso, una grasosa e insalubre (pero deliciosa) Quarter Pounder de McDonalds con sus respectivas papas y refresco grande.

Atendiendo a tan gentil petición me dirigí presto en busca del McDonalds más cercano. Recordé, ¡ah! porque he de decirles que mi memoria gastronómica es privilegiada, que una vez vi un de estos templos de comida rápida muy cerca del Parque de los Venados, y allí me dirigí. Desatendiendo uno que otro semáforo en rojo y aplicando las hábiles técnicas de manejo de los microbuseros, llegué  en friega a mi gastronómico destino.

Mis intenciones eran pasar directamente al "automac", ordenar mis sagrados alimentos, salir, y en seguida dirigirme a la comodidad de mi Principado para zampármelos con singular alegría. Sin embargo, al llegar justo frente a McDonalds, me percaté, como diría un distinguido elemento de seguridad del DF, que en la explanada que está justo enfrente y que corresponde a la Delegación Benito Juárez, se estaba llevando a cabo un bonito festival musical que de inmediato me sedujo (así reacciono normalmente ante la música). Y como en mi caso “música mata hambre”, pues estacioné mi unidad en McDonalds y me fui a averiguar de qué se trataba ese escandaloso guateque.

Fue hasta que crucé la calle que me separaba de aquel evento musical que me di cuenta de lo que se trataba. Era un concierto organizado por la estación 91.3 ALFA dedicado a los difuntitos muertos sin vida en estado cadavérico que habían celebrado su día apenas 24 horas antes. Inmediatamente me di cuenta que dicho evento había logrado reunir en la explanada de la Delegación Benito Juárez a la crema y nata de Tlahuac, Iztapalapa, La Nopalera, Mexicaltzingo, Tezonco, Tlaltenco y alrededores. Así es amigos, la explanada estaba pletórica, por no decir hasta la madre, de pintorescos jóvenes que eufóricos brincaban y hacia retumbar el suelo mientras los también singulares grupos tocaban a todo volumen.

Poco a poco me fui mezclando entre el respetable tratando de pasar desapercibido y buscando enterarme de más de lo que estaba pasando ahí. Una de las finísimas edecanes encargadas de organizar el evento y guardar el orden, me indicó amablemente el lugar por el cual se podía acceder a la explanada de la Delegación; claro, luego de ver la enorme fila que había y el estado sardina en el que se encontraban los que ya estaban dentro de la explanada, decidí abandonar rápidamente la idea de entrar a la explanada.

Luego de deambular alrededor del evento y de haces unos elevados cálculos trigonométricos, logré ubicar un lugar privilegiado en la pequeña terraza-corredor que tiene el gimnasio que se encuentra a un costado de la Delegación. Este estratégico spot me permitía tener una maravillosa visita del evento sin tener que exponer el físico junto con el resto de los eufóricos pubertos. Desde ahí tenía una maravillosa perspectiva del evento, podía ver perfectamente el “imponente” escenario montado por la estación de radio, así como a las hordas de adolescentes que seguían llegando al toquín en cantidades cuantiosas.




No acababa de instalarme en ese privilegiado lugar, cuando el grupo que estaba tocando finalizó su numerito e hizo mutis del escenario dejándome picado justo cuando apenas comenzaba a agarrarle el gusto a su estrepitosa música. Aprovechando que se hizo el silencio por un momento, ubiqué de entre mis contertulios al más viejo (aun así mas joven que yo) para preguntarle quién más iba a tocar ese día. Un joven que iba acompañado de su pareja (de la misma especie) amablemente contestó y disipó mi duda – Van a tocar Dildo, Los Bunkers, Volovan, Los Estramboticos, La Gusana y Ritmo Peligroso - me dijo. Mi cara, que en un principio fue de “juat”, al escuchar el nombre de Ritmo Peligroso, cambió su expresión por una de “uta, hasta que conozco a uno”. 

En eso estaba cuando apareció en escena uno de los locutores de la estación, creo que de nombre Antonio Esquinca. Los pubertos ahí reunidos se prendieron al verlo, yo medio ignorante volví a preguntarle al monito de al lado - ¿Oye carnal, y ese güey de que grupo eso? -, a lo que él de nuevo amablemente respondió - No señor, ese es Toño Esquinca, uno de los locutores de la estación -. Instantes después de mi primer oso, el locutor en cuestión anunció los grupos que estaban por venir: los Bunkers, La Gusana Ciega y Ritmo Peligroso. Les voy a confesar que yo no soy un super fan de Ritmo Peligroso, pero al menos, en mis ochenteros años pubertos los escuché en varias ocasiones e incluso aun recuerdo uno de sus éxitos, el “Marielito”; así que decidí quedarme para poder ver lo que quedaba de ese grupo y entonar, con un poco de suerte, ese bonito éxito ochentero.

En lo que el staf de técnicos acomodaban los instrumentos del siguiente grupo, yo me entretuve observando ese bonito desfile de chiquillos y chiquillas que salían a borbotones de la recién estrenada Línea Dorada del Metro. Por supuesto que mi intención no era la de criticar, ónde pasan a creer, cuando mucho era hacer una que otra de mis famosas y siempre sutiles "observaciones de la vida social", así, tal y como lo hacía el ilustre filosofo francés del periodo de la Ilustración, Montesquieu. No diré que la mayoría de los ahí presentes estaban harto feitos, porque eso suena muy despectivo y poco elegante de mi parte, digamos solo que eran un grupo de seres vivos abstractos y surrealistas. Una de las cosas que más me llaman la atención de este tipo de jóvenes con denominación de origen tenochca, son sus estrafalarios cortes de pelos, en su mayoría, saturados de harto Moco de Gorila para dar ese bonito acabado de mango chupado que tanto resalta su belleza autóctona.

Luego de ese bonito momento de solaz contemplación y después de ver que los avezados técnicos no daban una con el sonido, decidí dar un rondín para ver si me encontraba con algo más interesante. De pronto, no sé cómo, ya me encontraba en backstage y sin portar ningún tipo de gafete all access. Del otro lado valla, un grupo de entusiastas groupies y fans, pedían a gritos la presencia de los artistas para tomarse con ellos la bonita foto del recuerdo o conseguir un autógrafo. Yo, sin conocer a nadie, solo buscaba entre la bola de macuarros ahí reunidos a Piro, el cantante de Ritmo Peligroso que, como les dije, era el único al que yo conocía.

Cuando veía que alguien se acercaba a dar un autógrafo o a tomarse la foto con la banda, esa era señal inequívoca de que se trataba del integrante de alguna de las bandas que se iban a presentar ahí, así que yo corría a su lado para preguntarle a las niñas quién carajos era, digo, nomas para tener una trinche idea de con quién estaba y satisfacer mi curiosidad. Uno de los que causó mucho revuelo entre las fans fue un tal Paco del grupo Dildo, casi lo apachurran cuando pasó entre sus fans para subirse a su camioneta y poder retirarse del lugar. Otros que se portaron bastante buena onda con sus fans y que me cayeron muy bien, fueron todos los integrantes de los Estramboticos los cuales se tomaron un buen de tiempo para atender a la banda. Arturo “Pino” Ruelas (voz), David “El Chadou” Sanchez (lira) y Leo Añorve (bajo), todos integrantes de los Estrambóticos, se la rifaron un buen rato atendiendo a todos sin ningún hacer ningún purrún.

Mientras los Estramboticos daban autógrafos yo seguía buscando por todo backstage a Piro de Ritmo Peligroso sin tener éxito. Me encontré por ahí a Daniel, el vocalista de La Gusana Ciega quien estaba por subir al escenario. También me topé con dos de los locutores de la estación, Toño Esquinca (medio divo y mamón) y un chavito llamado José Luis Jarero al cual le decían “Jari” y que también se portó bastante chido con las eufóricas pubertas ahí reunidas.


Arturo "Pino" Ruelas de los Estrambóticos.

David "El Chadou" Sánchez de los Estrambóticos.

Leo Añorve de los Estrambóticos.

Daniel Gutiérrez de La Gusana Ciega.

José Luis Jarero "Jari" de ALFA 91.3


Cansado de mi búsqueda frenética y de andar preguntándole a todo mundo “¿Quién chingaos es ese güey?”, decidí salir de backstage y regresar a mi palco con vista privilegiada para ver el final de la actuación de Los Bunkers (grupo chileno bastante chafa) y esperar a que salieran a escena mis contemporáneos amigos de Ritmo Peligroso. Para estas alturas, mi ya avanzada y putrefacta edad comenzaba a ser un factor importante en esa larga espera. Las reumas, las várices, la ciática, la gota y todas las radiculopatías habidas y por haber en mi cuerpo, comenzaban a protestar y a pedirme a gritos un lugar donde dejarlas caer para sentarme a descansar. Por supuesto que yo no me iba a sentar en el suelo, no solo porque hubiera estropeado mi “finísimo” pantalón de casimir ingles de la prestigiada tienda de La Lagunilla “Macazaga”, sino porque una vez que me echo como vaca luego me resulta casi imposible volver a reincorporar mi inmensa y adiposa humanidad.

Como pude aguanté vara y seguí ahí parado, estoico, pacientemente esperando la llegada de mi banda ochentera. Finalmente salió a escena la dichos Gusana Ciega, banda que por cierto no sé por qué yo tenía la idea que era más heavy, y pus no, resultó bastante fresota para mi gusto. Los de la Gusana tocaron algunos covers ochenterotes así como éxitos propios (mismos que yo no conocía), como quiera, la verdad es que sí me gustó su presentación e incluso diré que hasta me prendieron con sus covers ochenteros. Ahora bien, todo tiene un límite en esta vida, incluso mi paciencia, así que luego de analizar el costo-beneficio de seguir ahí parado cual trinche policía de crucero, tomé la sabia decisión de retirarme del bonito toquín, incluso aun sin haber visto a Ritmo Peligroso. Y es que la mera verdad no era para tanto, mi afición por ese grupo no se podía comparar con lo que siento, por ejemplo, por Sir Paul McCartney, por el cual sí esperé como chingomil horas para ver su concierto en el Zócalo capitalino.

En fin, con la pena pero tuve que abandonar a mis olorosos contertulios, quienes por cierto también ya se veían bastante cansados, para dirigirme, directito, hasta donde había dejado estacionado a mi fiel Corcel blanco. En cuanto llegué y mis bien torneados glúteos tocaron el asiento de mi unidad, finalmente descansé y hasta recobré el hambre que tenía al llegar a ese lugar. Antes de retirarme, pasé por el “automac” y ordené mis viandas pa’ llevar, y así dejé atrás ese suculento festín musical organizado por Alfa 91.3 en honor a los muertitos.

Al llegar a mi principado, inmediatamente tomé mi computadora, la encendí, entré a Youtube, y mientras me jambaba mi hamburguesa, busqué a los chicos de Ritmo Peligroso para no quedarme con las ganas de escuchar su gran éxito “Marielito”. Cierto que hubiera estado más padre haber conocido en persona y de cuerpo presente a Piro, pero pues caray, ahí será otro día con más calmita, total, la vida da muchas vueltas y seguro que ya nos encontraremos en algún otro toquín.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

¿Solo de nuevo?




Durante muchos años logré sobrevivir a los a veces burlones comentarios de mis amigos que giraban en torno a mi eterna soltería. Mi muy cuestionada de por si heterosexualidad estuvo en entre dicho durante muchos años tan solo por el hecho de que hasta la fecha nunca pisé un juzgado para contraer nupcias con alguna mujer. Hoy, después de muchos años, las cosas han cambiado.

Hoy solo tengo dos clases de amigos, los que están divorciados y los que aun viven infelizmente casados, y eso, aunque ustedes no lo crean, me preocupa mucho. Y digo que me preocupa mucho, porque contrario a lo que parezca, yo sí creo en el matrimonio, creo fervientemente en la familia como núcleo vital de la sociedad. Sin embargo, algo pasa que ya es prácticamente imposible encontrar a una pareja felizmente casada, felizmente casada luego de una larga vida en pareja.

Estoy consciente de que no todo debe de ser felicidad, que en una relación de pareja siempre habrán altas y bajas, y que estas “bajas” siempre serán un permanente reto a la inteligencia para lograr sortearlas. Pero por otro lado, no entiendo a todas esas parejas que viven una a lado de la otra, en calidad de bultos, tan solo por el temor a la soledad o a empezar de nuevo. Y es que en verdad, créanme, nunca es tarde para dar un buen golpe de timón y dejar esa vida de conformismo emocional para ir en busca de eso a lo que todos tenemos derecho a aspirar… la felicidad.

En una relación de pareja solo hay algo peor que las agresiones mutuas, que la violencia misma, y eso es amigos y amigas, la indiferencia. No hay nada más agresivo y violento para el espíritu humano que la indiferencia en nuestras vidas o en nuestras vidas en pareja. El rendirse desde ya, es una de las maneras más eficaces de morir en vida. Pero afortunadamente los muertos en vida, a diferencia de los muertos en muerte, siempre tendrán la bonita gracia de poder resucitar con solo pestañar. Así que yo los invito a ponerle una solución a sus vidas, a no tenerle miedo a la soledad, porque la soledad es el mejor pretexto para iniciar esa bonita y recreativa practica que consiste en ir en busca del verdadero amor, no del amor eterno, no del amor para siempre, solo del verdadero amor.

No deja de darme pena el hecho de enterarme todo el tiempo que el amor ha sido derrotado por la indiferencia, sin embargo, yo no renuncio, ni renunciaré jamás, a mi eterna condición de soñador empedernido que piensa y cree que aunque el amor no es eterno, que aunque el amor no es para siempre, si hay amores que duran mucho, tanto como nuestras vidas mismas… y es por esos amores por los que hay que luchar.

Queridos amigos, estar solo nunca será tan malo mientras podamos lidiar con la mejor de las compañías, la de nosotros mismos. Recuerden que no puede haber nada peor en esta vida, que un par de soledades viviendo bajo el mismo techo.


Otro día con más calmita… nos leemos.