domingo, 28 de octubre de 2012

Ofrenda de Día de Muertos en el Museo Dolores Olmedo




Cada vez que pueda, cada vez que tenga la oportunidad, no me cansaré de chulear y recomendar plenamente este maravilloso y generoso museo. Me refiero, por supuesto, al gran Museo Dolores Olmedo de la Ciudad de México.  

Miren que yo he tenido la fortuna de conocer muchos museos maravillosos, impresionantes, en este y en otros países, pero en ninguno, jamás, me he sentido tan cómodo y feliz como en este museo. Por eso, siempre que puedo, me doy una escapadita a ese remanso de paz y cultura en donde paso un maravilloso día rodeado de arte en un ambiente que exalta el profundo amor que siento por mi querido México.

El Museo Dolores Olmedo, siempre preocupado por rescatar y preservar muestras maravillosas costumbres y tradiciones, en esta temporada, como todos los años, presenta su ya famosa Ofrenda de Día de Muertos. Nadie, absolutamente nadie, debería de perdérsela, es verdaderamente espectacular.











  

Si visitan la Ofrenda de Día de Muertos, por favor, no dejen de visitar toda la obra que tiene el museo del gran Diego Rivera y de Frida Kahlo, es una de las colecciones más importantes a nivel mundial. De paso, y ya encarrerados, échenle un vistazo a toda la colección de arte popular mexicano con el que cuenta el museo, las piezas prehispánicas, los grabados de Angelina Beloff, y claro, los impresionantes objetos que formaban parte de la decoración de la casa de Lolita Olmedo.

Los jardines del museo son un atractivo extra. En ellos cohabitan desde los aristócratas pavos reales hasta los prehispánicos perros xoloitzcuintles. Además, los fines de semana, se realizan algunos eventos artísticos al aire libre. Los críos podrán pasar un buen rato aprendiendo en el taller de manualidades mientras que los padres toman un rico refrigerio en la cafetería del lugar. Por último, una visita a la tienda de suvenir para no olvidar la visita y ¡listo!... así habrán pasado un maravilloso y redondo día en este museo.


Los críos son felices haciendo manualidades en el taller del museo.

Aquí me podrán encontrar descansando y disfrutando de un
café luego de mi  visita a las distintas salas del museo. 


Por cierto, como les decía, en esta temporada pueden visitar la Ofrenda de Día de Muertos dedicada, como siempre, a la querida Lolita Olmedo y sus señora madre, pero además, pueden participar en el ya tradicional concurso de disfraces de la Calavera Catrina que se celebra el día 2 de noviembre en los jardines del museo. Ya sea que participen como concursantes o solo como publico espectador, seguro que la pasarán muy bien.





El Museo Dolores Olmedo, les decía yo, es sumamente generoso con el pueblo de México porque nos ofrece todo esto a un costo súper razonable, simbólico diría yo, cosa que en estos tiempos de austeridad se agradece de sobremanera. Vayan, en verdad se los recomiendo, no se van a arrepentir, si no les gusta, ya saben, yo acepto desde reclamos hasta sonoras mentadas de madre, pero ya verán que no me equivoco al recomendarlo ampliamente.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

sábado, 20 de octubre de 2012

Reggaetoneros... desafío a la tolerancia


Recuerdo que mi ilustre padre que era todo un homofóbico radical y consuetudinario solía decir que si él tuviera o hubiese tenido un hijo “joto” primero lo mataba, o se mataba, antes de aceptarlo. La verdad es que esto siempre me pareció un exceso, exceso propio de la intolerancia de mi padre, sin embargo, ahora que conozco a esa raza extraña de seres bípedos y vertebrados llamados “reggaetoneros”, como que comienzo a entenderlo y a darla la razón.

Por supuesto que yo no llegaría al extremo de cometer parricidio en contra de mi hijo, mucho menos me quitaría la vida por culpa de tan pelado género musical, pero lo que sí haría, sería el considerar seriamente el hecho de dar a mi vástago en adopción o bien donarlo a la ciencia para su estudio y disección, claro, con fines didácticos para las generaciones futuras. Y es que nomás de ver al gordo “viene-viene” que me estaciona el coche con sus cejitas depiladas, su peinadito “tomahawk”, sus chingomil piercings colocados estratégicamente a todo la largo y ancho de su autóctono rostro, y su bonita gorrita de trailero ochentero con San Juditas Tadeo bordado en ella, pues no me queda otra opción más que considerar esta brillante idea.

Pues bien querido amigo lector, si usted es padre de uno de estos pintorescos especímenes y este no fue el producto de una negligencia médica al haberle faltado oxigeno al nacer, entonces, seguramente, usted tuvo la culpa al haber concebido, gestado y criado a un ser humano normal hasta convertirlo en este horrible capricho de la naturaleza llamado “reggaetoñero”. Así que yo le pido de la manera más aténtenla, amigo lector, que se ponga las pilas y asuma su responsabilidad actuando en consecuencia. Ande, siga mi consejo, done a su vástago a la ciencia y no permita que este país se llene de esta extraña raza de seres oligofrénicos y subnormales montados en motonetas sin oficio ni beneficio.











Otro día con más calmita y en un plan más tolerante… nos leemos. 

sábado, 13 de octubre de 2012

El CENART y su FESTIVAL JAZZ-MEX




Dicen que gratis, hasta las cachetadas… ¡pues no eh! Resulta que este sábado me fui al FESTIVAL JAZZ-MEX que se está presentando en el Centro Nacional de las Artes CENART, con la bonita y melómana intención de disfrutar de una tarde de buena música.

Primero y antes que nada, tengo que decirles que una de las cosas que debo de aplaudirle a este lugar es que su estacionamiento es completamente gratis, cosa muy difícil de ver en estos días en los que los trinches estacionamientos son un negocio más para los dueños de los lugares en lugar de ser un servicio para los visitantes.

Pues bien, llegué rápida y muy cómodamente en mi unidad hasta el CENART con una hora y media de anticipación a la hora en que estaba programado el concierto. Luego de estacionar mi coche, mi acompañante y yo salimos a una de las pequeñas explanadas del lugar en donde nos encontramos a un elemento de seguridad el cual amablemente me indicó el lugar exacto a donde se efectuaría el concierto.

Luego de subir unas cuantas escaleras nos topamos con una fila enorme de chiquillos y chiquillas, en su mayoría, que habían llegado seguramente con más anticipación que yo al lugar y que como justo premio obtendrían un mejor sitio dentro del foro.

Mi amiga y yo, de la forma más civilizada posible, caminamos y caminamos hasta encontrar el final de la larga fila y resignados nos formamos. Durante el tiempo en que estuvimos parados ahí no pude evitar el hacer algunas “observaciones” al respetable. La mayoría de los ahí presentes eran pubertos y pubertas del tipo “ceceacheros”, onda entre medio intelectualoides y hippiosos, ¡ah, pero eso sí!, todos mostrando un comportamiento ejemplar, cosa que me dio mucho gusto. También habían padres de familia que llevaban a sus pequeños críos seguramente con la plausible y encomiable intención de educarles el oído y alejarlos del nefasto reggaetón… supongo yo. Contrario a lo que suponía, había solo una que otra ciruelita acompañada de su cebollín, la verdad eran pocos los representantes de la tercera edad.

Luego de esperar aproximadamente unos 40 minutos, la fila comenzó a avanzar y poco a poco llegamos hasta el foro en donde se presentaría el bonito evento musical… y ahí fue donde la puerca torció el rabo (y yo la boca). Y es que el lugar en donde se presentan los grupos es sumamente incomodo, poco práctico, inapropiado, mal planeado, en fin, harto pinchurriento pa’ acabar pronto. Se trata de un espacio muy pequeño en el que apenas si caben unas cuantas filas de improvisadas sillas. Para completar el aforo, los organizadores usan unas escaleras en las que las personas se tienen que sentar con el siempre existente riesgo de perder, ahí y para siempre, la rayita de las nalguitas. Además, sobre estas escaleras descansan unas enormes columnas que impiden la visibilidad a la mitad de los “suertudos” (entre comillas) que obtuvieron uno de estos incómodos y nada pulcros lugares.


La Plaza de la Artes del CENART es el peor lugar posible para
ver algún espectáculo, está muy mal diseñado para ello. 

En la Plaza de las Artes del CENART hay mil obstáculos que
no permiten ver nada. 


Afortunadamente mi estatura me ayuda en estos casos y yo no tuve ningún problema en encontrar un lugar (de pie) desde donde ver el concierto, sin embargo, mi fiel acompañante es bastante petiza por lo que no alcanzó a ver nada.

La verdad es que no me explico como a los “brillantes” (de nuevo entre comillas) arquitectos que tuvieron a bien diseñar y construir este espacio para las artes, el CENART, no se les ocurrió incluir en el proyecto un trinche espacio lo suficientemente cómodo, amplio y funcional, diseñado exprofesamente para la presentación de eventos como estos al aire libre. ¿Pues qué no sabían que a eso se iba a dedicar este lugar? En verdad que la cajetearon y fuertemente… digan lo que digan.

Otra cosa que no me gusta y con la que nunca he estado de acuerdo, es que estos espectáculos sean gratuitos. Yo soy de la idea que todo debe de costar, poco, si quieren, pero costar. De lo contrario, estos espectáculos suelen llenarse siempre de personas a las cuales poco les interesa lo que van a ver. Es más, siempre sucede que por ahí de la tercera o cuarta pieza musical, muchos de esos que estuvieron por un buen tiempo formados comienzan a salirse del espectáculo, aburridos y desilusionados de lo que están presenciando. Esto es una verdadera monserga para el resto de los contertulios que sí está interesado en lo que pasa en el escenario, porque se la pasan interrumpiendo el buen desarrollo del concierto al moverse por todo el lugar buscando las salidas. Por eso creo que no es mala idea cobrar por cualquier espectáculo, claro, con sus respectivos descuentos para las personas que realmente lo necesiten. No tengo duda que de esta manera apreciarán y valorarán más el trabajo de los artistas.

Ahora bien, en lo que respecta al espectáculo musical que presencié, francamente no tengo ninguna queja. Carlos Tercero y su Big Band estuvieron soberbios, seguramente igual que el resto del elenco que se va a presentar a lo largo del FESTIVAL JAZZ-MEX. Ojalá pronto haya la oportunidad de volverlo a escuchar en un espacio más apropiado para el disfrute de la música, porque la verdad mi petiza amiga y yo nos quedamos con ganas de más. Reconozco a las autoridades del CENART el esfuerzo por presentar este tipo de espectáculos de calidad, pero con la pena, no puedo dejar de criticar el lugar tan chafa que tienen para hacerlo.


Carlos Tercero Big Band.


A la salida, mi amiga y yo encontramos la libreta en donde se ponen las opiniones y sugerencias, y la mía fue: “Tiren esta chingadera y vuélvanla a construir, pero ahora sí teniendo en cuenta el concepto ‘funcionalidad y comodidad’. Ánimas que me hagan caso.” Atte. El Jodón de Said.


Otro día con más calmita… nos leemos. 


Nota: El FESTIVAL JAZZ-MEX estará en el CENART  del 6 al 28 de octubre de 2012, si llegan temprano y consiguen un buen lugar, seguro que lo van a disfrutar.