lunes, 30 de julio de 2012

Marcelo Ebrard, sus corruptas grúas y algo más




Un día le aplaudo, otro día hago muina, un día le aplaudo, otro día hago entuerto, un día le aplaudo, otro día hago coraje, un día le aplaudo, y otro día ¡me reteencabr…! Total, que de pronto medio me convence el carnal Marcelo Ebrard de su buen trabajo al frente de la Ciudad de México, y luego, inmediatamente, viene el desencanto y vuelvo a pensar que no es más que un gobernante populista y corrupto igual que todos.



El Tianguis del Eje Central.

Una de las cosas que “enveces” le aplaudo y le reconozco a Marcelo Ebrard, es el buen trabajo que ha hecho en el rescate del Centro Histórico. Es indiscutible que la manita de gato, o mejor dicho, el zarpazo de tigre que le dio al Centro Histórico, le cayó más que de perlas y lo han vuelto harto atractivo y disfrutable.

Quizás la labor más dura y titánica de tan plausible encomienda, fue la de mandar a pelar sus pollos a los trinches vendedores ambulantes que tenían literalmente secuestradas las banquetas y calles de tan bonito lugar. En cuanto el carnal Marcelo logró esto y se comenzaron a ganar los espacios antes perdidos por los gobiernos pasados, el Centro Histórico comenzó a transformarse en lo que ahora es, un lugar sencillamente majestuoso.

La reubicación de los vendedores ambulantes a la que tanto miedo le tenían los gobiernos pasados por el costo político que esto podría representar, tuvo en la persona de Marcelo, exactamente el efecto contrario. Quizás esa mafia de vividores definitivamente se volvió antimarcelista, pero el resto de los chilangos, que somos un buen, aplaudimos eso y vimos en Marcelo a un gobernante que, por lo menos, es diferente a los demás. Esto indiscutiblemente le ganó la simpatía y la aprobación de muchos de nosotros.

El problema y la desilusión viene cuando a recorrer esos espacios ganados, de pronto, me topo con que ahí están de nuevo, a la vista de todos, a la vista del Jefe de Gobierno y, como diría Jaime Mausán: “nadie hace nada”. Y es que al caminar por el Eje Centra, perdón, al tratar de caminar por el Eje Central, es fácil encontrarnos con butimil vendedores ambulantes, de esos a los que se les llama toreros, que obstruyen el libre paso del respetable al tiempo que venden productos de dudosa procedencia (teléfonos celulares usados, por no decir robados, o programas de computación copiados, por no decir piratas). Y ahí están, mientras los policías del “operativo” hacen como que los quitan y ellos hacen como que se quitan, mercando tan conchudos todos sus productos “de noveda”. Un día están en la acera poniente, otro día se pasan a la acera oriente, e incluso hay algunos que tan tranquilos instalan sus “tendajos” (palabra seguramente inventada por mí) en el renovado suelo de la calle de Madero, sin que nadie les diga nada.


Vendedor ambulante en el Eje Central.

La autoridad hace como que los quita y ellos hacen
como que se quitan... ¡simulación pura!

Imposible caminar entre los ambulantes del Eje Central.

Hermosa vista del Eje Central invadido por el comercio ambulante.

Comercio ambulante en plena calle de Madero. ¿Y las autoridades?...
bien gracias.


Por su puesto que mientras la gente siga comprando cuanta mugre venden, estos finísimos comerciantes seguirán “entrándole” con una lana para seguir enriqueciendo los bolsillos de quién sabe quien, o mejor dicho, de ya saben quien, a cambio de que los dejen trabajar libremente (simulación pura).



Las Grúas de Marcelo.

Si, adivinaron, soy una victima más de las feroces grúas de Marcelo. ¿Quién no ha sido victima de un bonito arrastre al corralón de su unidad por parte de una de estas máquinas de hacer dinero? Yo creo que la mayoría. Esto estaría bien y muy merecido, si en todos los casos dicho arrastre estuviera plenamente justificado, si fuera merecido pues… ¡pero no!

En mi caso ya van dos veces que mi charchina visita uno de estos temibles sitios de confinamiento y reclusión. Confieso que mi primera visita al corralón estuvo más que justificada, buen ni tanto. Resulta que un buen día a alguien se le ocurrió que ya no debería de estar permitido estacionarse en el lugar en donde durante toda mi vida me había estacionado, así que fueron y pintaron en la banqueta una raya amarilla según para indicar esto. Yo que soy medio distraído y poco avezado en el reglamento de transito (medio wuey pues), pus no vi la trinche raya amarilla y me estacioné como lo hacía siempre, obvio, al regresar de mi jornada, vi la raya amarilla pero ya no mi coche.

Y ahí empieza en trinche peregrinar. Primero a investigar si no se robaron el coche. Luego a investigar a que corralón se lo llevaron. Luego a investigar que documentos se necesitan para poder pagar el secuestro, que diga, para poder retirar mi coche del deposito de autos. Y luego, a esperar, porque si ya es tarde o para acabarla de amolar es fin de semana, pues te la pelas, a regresar otro día.

Ni modo, en esa ocasión ni gastar saliva. Junté mis documentos, saqué todas las copias necesarias (y las innecesarias también), pagué una parte de la campaña de Andrés Manuel, que diga, pagué la multa, y luego a esperar paciente a que me entregaran el coche. La espera fue corta, luego larga, y ya cuando se tornaba eterna, entonces sí comencé a hacer panchos para ver si así movían sus nalguitas los flamantes encargados del corralón y se aplicaban a darme mi coche. El problema fue que mi coche quedó atrás de muchos otros, así que me dijeron que había que esperar a que alguna grúa moviera los coches que estorbaban para así poder sacar el mío. Como ya se imaginaran, esto no ocurrió sino hasta que se los pedí de muy buen modo (con un billete de 200 pesos) y, entonces si, milagrosamente apareció una grúa que hizo las maniobras necesarias para poder finalmente recuperar mi cochecito.

La segunda ocasión en la que las grúas del carnal Marcelo volvieron a hacer de las suyas, fue igual o más injusta e irregular que la primera. Esto ocurrió en la calle que hace esquina con el Instituto Nacional de Cardiología al sur de la ciudad. En esta calle, durante el día, está permitido estacionarse sin ningún problema, de hecho es difícil encontrar un espacio libre para hacerlo. Claro que los franeleros, “viene viene” o dueños de la calle (que es lo mismo), son los encargados de asignar los espacios previa cooperación “voluntaria” de 30 pesos. El problema viene cuando cae la tarde y estos “administradores” de la vía publica se retirar del lugar (con los bolsillos cargados de dinero) dejando a la merced de las grúas los coches ahí rezagados. Es en ese momento cuando aparecen las grúas, antes no, antes solo pasan por su “mochada” con los franeleros, y se abocan a llevarse cuanto coche encuentran en esa calle. Obvio, mi coche corrió esa suerte y terminó en el corralón que esta frente al Estadio Azteca.


Las grúas, ¡negociazo de Marcelo!

Mientras los franeleros les den su "cuota" a los de las grúas estos les
permiten estacionar carros en esta calle donde está supuestamente
prohibido hacerlo.

Una vez que los franeleros se retiran de esta calle, entonces si las  grúas
comienzan a hacer su negocio. 

Las grúas, con licencia para robar (aunque suene a película).

Que Dios nos libre de caer en un corralón como este... ¡una mafia!


Estando ya en el corralón intentando recuperar mi coche, me encontré con una escena bastante surrealista, solo propia de una Ciudad de “Vanguardia”. Al lugar llegaban, uno tras otro y como podían, las victimas de estas infames grúas, todos con sus respectivos enfermitos de la mano, unos viejitos, otros con muletas, otros con cara de hepatitis “C” y otros, con solo sabe Dios que más. Y ahí todos descargaban su frustración al tiempo que alegaban tratando de hacer entender a los oligofrénicos encargados del lugar, que el arrastre de sus vehículos había sido injusto. Obvio que eso solo servia para desahogarse o, en el peor de los casos, para aumentar más su muina, porque los rollizos y adiposos oficiales nomás ni caso les hacían.

Una persona y su servidor presenciamos como una grúa venía jalando un coche (último modelo) que sacaba una gran cantidad de humo de las llantas traseras, producto seguramente, de que el freno de mano estaba puesto. El buen samaritano que me acompañaba, en un verdadero acto heroico, enfrentó a los “gruñeros” y les dijo que esas grúas contaban con un aditamento especial para no dañar los vehículos en estos casos. La respuesta de esos trogloditas fue una irónica y burlona sonrisa. Yo como ya no quería hacer corajes y ante la impotencia típica de un ciudadano de a pie, hice lo que tenía que hacer, recuperé mi coche, y me fui de ahí mentando madres c.c.p. Marcelo Ebrard. Ahora solo espero con fe ciega, no volver a ser asaltado en el futuro por otra de las nefastas grúas de carnal Marcelo.



Las Calles y la Banquetas Privatizadas.

La vía pública dejó de ser pública hace mucho. Ahora la gente cierra calles y las vuelve “privadas” ante la mirada complaciente de las autoridades capitalinas. Los vecinos apartan lugares con cubetas, llantas, guacales, y últimamente, hasta con unas especies de tubos giratorios fijados a la banqueta. ¿Pos qué no se supone que eso está prohibido? Y si a esto le agregamos la proliferación de franeleros que piden su “cuota voluntaria” por adelantad para evitar que le pueda pasar “algo” al coche, franeleros por cierto ahora reconocidos y tolerados por el Gobierno del D.F. Y para cerrar con broche de oro, los parquímetros a los cuales hay que apoquinarle cual si fueran un estacionamiento privado, con la diferencia que, en este caso, lo que le pueda pasar al coche no será problema de los dueños de los parquímetros. Total, que en esta Ciudad de “Vanguardia” ya es prácticamente imposible estacionarse en la vía pública de manera libre y segura, ahora o hay que echarse un tiro con los dueños de los guacales o caerse con una lana para poder usar un espacio que debería de ser publico y gratuito.


Según el Reglamento de Tránsito está prohibido apartar lugares en la
vía pública... si, aja, cómo no.

Para apartar lugar todo sirve, incluso hay quien lo hace con una
bonita conciencia ecológica. 

Se vale todo, pintar la banqueta, la calle, empotrar tubos, etc.

Ahora hay quien pone estos tubos empotrados en la banqueta que
girar a capricho del manchado dueño de los mismos para impedir que
alguien se estacione en la calle. 

Hay inventos tan sofisticados como este a los cuales ya solo les falta
ponerles una descarga de algo voltaje y un cocodrilo amarado a un bote.
¿Neta esto no lo ven las autoridades? No cabe duda,  ¡Viva la impunidad!



En fin, como diría Doña Cristina Pacheco: “aquí nos tocó vivir”… y qué le vamos a hacer, así son las flamantes autoridades de las “ciudades de vanguardia” gobernadas por el PRD. Ya ni hacer coraje es bueno.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 26 de julio de 2012

Frases Jotitas 37


Siempre que se cierra una puerta se habré una ventana, y siempre que cerramos los ojos estamos abriendo el corazón. Entre dos corazones abiertos, no hay puertas que tocar.

- said -

lunes, 23 de julio de 2012

Mis Geriátricos Gustos Musicales



El otro día mientras me acicalaba un poco antes de salir a la luz pública, escuché el llamado imperioso de mi madre quien solicitaba mi presencia en carácter de urgente. Presto, o sea en chinga, me dirigí a la alcoba real para ver cual era la emergencia y el origen de tanto irigote. Al entrar a su aposento, inmediatamente mi madre me pidió que observara su televisión al tiempo que me decía: - Mira, mira, seguro que ese te ha de gustar -. Cuando vi de quien se trataba, emocionado le dije: - ¡Claro que me gusta!, ¿cómo supiste?, que bien conoces mis gustos musicales -, a lo que ella contestó: - pues como a ti te gustan puros viejitos, yo me imaginé que seguro este te encantaba -.

Gentiles amigos, por respeto a los miembros de la tercera edad (tirándole a la cuarta) me voy a reservar el nombre del interfecto, pero efectivamente se trataba de un cebollín bastante entrado en años pero con un indiscutible talento musical.

Luego de dejar mi Principado y ya en el coche, me quedé pensando en lo que me había dicho mi ciruelita de cabecera, mi madre, acerca de mis gustos musicales. Y la verdad es que si, que la mayoría de los artistas a los cuales les rindo pleitesía y veneración por su indiscutible talento, son ya bastante mayorcitos. Independientemente del género musical al cual pertenecen, a todos ellos, el tiempo les ha dejado claras huellas de su paso. Muchos de ellos incluso ya pasaron a ser reverendos fiambres, unos murieron jóvenes y otros no tanto, pero como quiera, si aun estuvieran vivos, ya tendrían como chingomil años. 

A continuación podré la lista de algunos de mis artistas favoritos con la edad que tienen o tendrían este año, digo, nomás para que le vayan midiendo el agua a los tamales y vean que, lo mío lo mío lo mío, es la “geriatromúsica”… chequen si no.

  • Billy Joel (63 años)
  • Bono (52 años)
  • Paul McCartney (70 años)
  • Sarah Vaughan (88 años)
  • Joan Manuel Serrat (69 años)
  • Frank Sinatra (97 años)
  • Sting (61 años)
  • Rod Stewart (67 años)
  • Mick Jagger (69 años)
  • Duke Ellington (113 años)
  • Tony Bennett (86 años)
  • Phil Collins (61 años)
  • Joe Cocker (68 años)
  • Luciano Pavarotti (77 años)
  • Placido Domingo (71 años)
  • Ella Fitzgerald (95 años)
  • Billie Holiday (97 años)
  • David Bowie (65 años)
  • Bob Dylan (71 años)
  • Pete Townshend (67 años)
  • Dolores O’riordan (41 años)
  • Freddie Mercury (66 años)
  • Steve Perry (63 años)
  • Alanis Morissette (38 años)
  • Benny Goodman (103 años)
  • Etta Jones (74 años)
  • Miguel Bosé (56 años)
  • Eros Ramazzotti (49 años)
  • Pablo Milanes (69 años)
  • Oscar Chavez (77 años)
  • Robert Plant (64 años)
  • Peter Gabriel (62 años)
  • Bruce Springsteen (63 años)
  • Laura Pausini (38 años)
  • Silvio Rodríguez (66 años)
  • Roger Waters (69 años)
  • Maria Callas (89 años)








Es cierto que le reconozco a muchos jóvenes talentos su indiscutible calidad musical, pero por alguna extraña razón, los viejos, los músicos de antaño, seguirán siéndolo mis favoritos por los siglos de los siglos… Amén.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

sábado, 21 de julio de 2012

12 Imágenes a Color


Luego de haber publicado hace apenas unos días “12 Imágenes en Blanco y Negro”, la verdad es que no hace falta ser un genio para adivinar que tarde que temprano iba a publicar otro post similar a ese, solo que ahora con el nombre de “12 Imágenes a Color”.

Igual que en el post anterior, tengo que aclarar que estas fotos no necesariamente son las mejores que he tomado en mi ya conocida y larga carrera de aborto de fotógrafo, pero si son muy especiales para mí por el contexto en el que fueron tomadas, es decir, que lo que no alcanzó a salir en la foto, como siempre ocurre en estos casos, fue lo mejor.

De nuevo las quiero compartir con ustedes. Quizás en un futuro próximo haya tiempo para contar la historia detrás de casa foto, vía de mientras… ánimas que les gusten.














Bueno, estas fueron solo 12 de mis fotografías favoritas a color. Espero pronto seguir compartiendo todas esas historias congeladas en una imagen, historias que van y vienen a mi memoria gracias al mágico encanto de una simple fotografía.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

miércoles, 18 de julio de 2012

Frases Jotitas 36


¿Cómo es que todavía hay gente que no entiende que el amor también emborracha?... esos abstemios de amor me dan pena.

- said -

domingo, 15 de julio de 2012

12 Imágenes en Blanco y Negro



Los excesos, la hora, o simplemente la fiaca, en ocasiones me dificultan el poder escribir algo, ya no digamos interesante, por lo menos legible. Es en esos casos cuando recurro al viejo y conocido truco de dejar que una imagen hable por mí. Y como dicen que “una imagen vale más que mil palabras”, bueno pues ya estuvo que en este caso me voy a ahorrar unas doce mil palabras mínimo.

Estas son doce de las fotos que más me gustan, no necesariamente porque sean las mejores que he tomado, sino porque atrás de cada foto siempre hay una historia y esa es la que a mí me importa y la que hace que una foto se vuelva especial para mí. Con gusto las comparto con ustedes…















Listo, estas fueron doce de mis fotos favoritas, ánimas que les hayan gustado. Más adelante con gusto les comparto más, al cabo que lo que me sobran son fotos y ganas de seguir retratando lo que se me atraviese por la vida.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

martes, 10 de julio de 2012

Una experiencia Surrealista




Cuando la desolación llega a mi alma, cuando la desesperanza comienza a gobernarme, cuando el hastío y el tedio me impiden seguir adelante, en pocas palabras, cuando ya estoy hasta la madre, siempre, irremediablemente, corro a mi zona de conforto (o zonas). Y una de mis zonas de confort favoritas son los maravillosos museos que tiene nuestra tenochca ciudad de “vanguardia”.

Pues bien, el domingo pasado tuve la genial idea de correr al surrealista encuentro de la obra de Joan Miró, Salvador Dalí, Alberto Giacometti, René Magritte, Luis Buñuel, Yves Tanguy, Leonora Carrington, Wlfgang Paalen y Max Ernest, entre muchos otros. El feliz encuentro se dio en uno de los Museos más imponentes y maravillosos de México, el Museo Nacional de Arte (MUNAL). La exposición “Surrealismo, Vasos Comunicantes” se encuentra abierta al público desde el pasado jueves y pinta para ser una de las exposiciones más exitosas de este año.

Llegué al museo por ahí de las 12 del día con la inocente esperanza de que, al tener pocos días de haber sido abierta al público, todavía no se encontrara muy saturada de visitantes. Pero no, qué equivocado estaba yo. Cuando tuve a la vista el museo con su maravillosa Plaza Tolsá por delante, lo que vi fue una considerable fila de gente esperando entrar.

Yo, que iba escoltado por mi flamante ciruelita de cabecera, mi Sacrosanta Madre, tenía la esperanza de poder evadir la espera si es que algún buen samaritano del museo se apiadaba de la incuestionable vejez y discapacidad de mi madre, pero no, no tuve de otra más que ponerla en la sombrita para que no se me fuera a secar más de lo que ya está mientras yo civilizadamente me formaba en el rayo pelado del sol.

Para un “observador de la vida social” como suelo ser yo, no hay espera aburrida, siempre existe algún punto, algún motivo, algún objeto o sujeto al cual observar. Y si, efectivamente, me puse a criticar cuanto había a mi alrededor. Ahí, a los pies de la Estatua del Caballito, un artista urbano tocaba, bueno, le soplaba a su saxofón tratando de sacarle una que otra nota musical que no fuera un insulto a mis bien educados oídos. La verdad es que este aborto de Stan Getz, este emulo de Encías Sangrantes Murphy, no había tenido la suerte de haber sido bendecido con algo de talento musical; aunque el look, ese sí, era el más atinado para un artista de la calle (una mezcla entre integrante de ZZ Top y el poeta Sicilia). Junto a él se encontraba otro artista de la calle, este si con harto talento, haciendo una bonita replica de conocida obra pictórica en el suelo de la Plaza Tolsá. Este tipo de arte “efímero”, efímero porque en cuanto Tlaloc se hace sentir la obra se va a la coladera (literal), siempre será bien valorado y respetado por este su servilleta, por lo que gustoso le caí con mi cuerno para poder seguir patrocinando sus estudios en La Esmeralda.

La fila poco a poco avanzó hasta que finalmente llegamos al vestíbulo del museo. Ya ahí me informé si había que pagar algo, y no, los domingos son de cachucha. Claro, eso explicaba el porqué del gentío. Y es que los mexicanos somos muy especiales, siempre que vemos una fila casi en automático nos formamos y ya luego averiguamos para que carajos es. Además, los mexicanos siempre honramos aquella máxima que dice: “gratis, hasta las cachetadas”. Y digo esto porque ya adentro me di cuenta que muchas de las personas ahí reunidas no tenían ni la mas mínima idea de lo que iban a ver, y por su puesto que tampoco tenían el interés.

Está padre que el arte llegue al mayor número de personas, pero de personas que realmente se interesen por el arte. No se trata de atiborrar los museos a lo pelado llevando gente a raudales para ingenuamente pesar que nuestro país es un país culto. Con esto no quiero decir que el arte debe de ser elitista o exclusivo para unos cuantos, para los iluminados, claro que no, pero creo que antes de acercar a la gente al arte, este debe de ser llevado de la mano con una educación elemental desde niños, por el bien del mismo arte. Pero en fin, el chiste es que la exposición estaba abarrotada de bípedos vertebrados esforzándose por interesarse en el arte. Quizás esto lo conseguían en las primeras diez obras, para la número once francamente ya les valía madres lo que tenían enfrente y solo se dedicaban a entorpecer el acceso a las obras del resto de los que sí teníamos interés en ellas. Había personas “tuiteando” frente a las obras, besándose, platicando, o simplemente estando sin estar. La verdad es que mi Sacrosanta y yo no disfrutamos la exposición y decidimos mejor hacer mutis y regresar otro día, cualquier otro día en el que no sea gratis el acceso al museo, para entonces sí, encontrar solo personas a las que si les interese el arte y sapan comportarse civilizadamente dentro de un museo.





"Calavera de Sirenas" de Juan Soriano - Litografía 1944


De cualquier modo como ya estábamos ahí, decidimos recorrer el resto de las salas del MUNAL, lo que salvó mi experiencia en el museo de ser un fracaso. Por cierto, si van en estos días, no dejen de visitar la exposición del maestro Raúl Anguiano “Anguiano, El Experimentador”, es una maravilla, altamente recomendable.

Ahora y antes de terminar este mamotreto, quiero aprovecho este bonito espacio que yo mismo me doy (es mi blog de mí, ¡nomás faltaba!), para compartir con ustedes esta bonita selección de obras del maestro Said (osease yo) que fueron realizadas en su ya muy lejana adolescencia, a la corta y puberta edad de ¡16 años! Esta es mi humilde contribución al “Surrealismo Tlachichilca” y la pongo a su consideración.














Bueno queridos amigos, no dejen de ir al MUNAL a disfrutar de esta bonita exposición “Surrealismo, Vasos Comunicantes” que va a estar hasta el 15 de septiembre. ¡Ah! y no se olviden, sigan mi consejo, NO VAYAN LOS DOMINGOS si es que no quieren lidiar con los tumultos.


Otro día con más calmita… nos leemos.