lunes, 16 de abril de 2012

Julio Alemán, gran actor y mejor ser humano




Algunos lo recuerdan como Alex Dinamo (el James Bond mexicano), otros como El Tunco Maclovio (el Clint Eastwood mexicano), otros más como Juan del Diablo o Alberto Limonta, e incluso, también, hay quienes lo recuerdan dándole “el besito de las buenas noches” al entrañable Topo Gigio. Yo por su puesto que lo recuerdo trabajando en todas esas películas, telenovelas y programas de televisión, es más, aunque yo todavía era un crío, lo recuerdo muy bien a lado de Lucia Méndez en “El Fantasma de la Opera”, obra presentada en el Teatro Insurgentes por ahí de los años setentas. Sin embargo, el mejor recuerdo que tengo de Julio Alemán, no tiene que ver nada en absoluto con su trabajo como actor sino con su enorme calidad humana… les cuento.

Mi tío abuelo, Manolito, trabajó en muchas películas durante la Época del Oro del cine mexicano a lado de Pedrito Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, Joaquín Pardavé, etc. Por otro lado, su esposa Hortensia, la “Tita” (así le decíamos cariñosamente a mi tía abuela), trabajó en varias compañías de teatro, revista y zarzuela hasta antes de casarse con mi tío Manolito. Ambos eran miembros de la ANDA (Asociación Nacional de Actores), y por el número de sus credenciales, seguramente fueron de los primeros en cotizar en ese sindicato.

Pues bien, a la “corta” edad de noventa años, un buen día, o mejor dicho, un mal día, mi querida tía Hortensia enfermó y hubo que internarla de urgencia en un hospital de la colonia Roma. Recuerdo que fue por ahí del mes de septiembre u octubre de 1990 cuando mi Tita ingresó al Hospital Santa Elena por algo que después sabríamos era un cáncer de estomago. Mientras estaba yo con ella en la sala de Urgencias, apareció en una silla de ruedas el mismísimo Secretario General de la ANDA, en ese entonces, Julio Alemán. Por el semblante que tenía, me imagino que se sentía muy mal, la verdad nunca supe que tenía ni consideré prudente preguntar. Aun así, al enterarse de que mi Tita se encontraba ahí por parte de la ANDA, me preguntó qué le pasaba y cómo se sentía. Yo no quise molestarlo mucho y rápido le expliqué el porqué la estábamos internando. Luego de escuchar atento mi explicación, él se paró de la silla, vestía ya la bata del hospital, se acercó a mi Tita, le tomó la mano, y le dijo: “no se preocupe doña Hortensia, aquí estamos al pendiente, luego paso a verla a su cuarto”. La Tita lo saludó desde la camilla donde la tenían y luego me preguntó que quién era, no es que no lo conociera, lo que pasa es que le habían quitado sus lentes y no pudo verlo bien. Le expliqué que era Julio Alemán, el mero mero de la ANDA, y eso, la hizo muy feliz. Y es que mi Tita, gracias a mi tío Manolito, conoció muy bien a Jorge Negrete cuando él era el Secretario General de la ANDA, por eso le daba mucha importancia a los Secretarios de la ANDA, y por eso, le dio tanto gusto el gesto que tuvo en ese momento Julio Alemán para con ella.

Mi tía estuvo internada en el Hospital Santa Elena casi un mes hasta que finalmente murió. Durante todo ese tiempo, siempre estuvieron al pendiente de ella las personas de la ANDA y la acompañaron hasta el final del camino. Ahora mi Tita descansa en el lote de actores del Panteón Jardín a lado de su amado esposo, mi tío Manolito, y estoy seguro, que allá donde esté, ella personalmente ya le estará agradeciendo a Julito todas las atenciones que tuvo para con ella.

Querido amigos, después de leer esto, seguramente entenderán la razón por la cual recuerdo con tanto cariño y respeto a ese gran ser humano, al siempre querido y recordado… Julio Alemán.

Que descanse en paz.

martes, 3 de abril de 2012

Frases Jotitas 30

Uno no es más que la suma de los demás, y yo he tenido mucha suerte en lo que respecta... "a los demás".

- said -

lunes, 2 de abril de 2012

Botero, cultura rolliza y adiposa


Cuando el tedio le gana a la wueva, no queda otra más que comenzar a mover las carnes y salirse a dar la vuelta. Atendiendo a este bonito y huehuenche principio filosófico, el pasado sábado decidí salirme a caminar por nuestro maravilloso Centro Histórico. La experiencia fue, como suele serlo siempre en mi caso, harto gratificante.

El Centro estaba pletórico de homínidos varios, cada uno en lo suyo, contribuyendo de manera personal a formar prácticamente mares de personas, en los cuales, si te descuidabas, podías morir ahogado. Yo, buscando desintoxicarme de tanta gente, afortunadamente encontré un oasis dentro de ese tumulto, el Museo del Estanquillo. Sin pensarlo más, entré presto a ese maravilloso recinto, herencia de Carlitos Monsivais, a donde pasé un par de muy gratas horas chacoteando entre la cultura popular.

Luego de restablecer mis signos vitales y de retomar mi estado de ánimo cuasilama, salí de aquel maravilloso lugar y proseguí mi camino por la remodelada calle de Madero. Abriéndome paso entre miles de personas que solo acuden a ese sitio a ver pasar la vida, logré llegar hasta la explanada del Palacio de Bellas Artes a donde me esperaba una agradable sorpresa.

Ahí, justo frente al coloso de mármol, se encontraba una bonita muestra de la exposición del colombiano Fernando Botero misma que se estaba llevando a cabo en las salas del Palacio de Bellas Artes. Se trataba de cuatro adiposas y rollizas esculturas del maestro Botero que infaliblemente seducían al transeúnte y lo convidaban a pasar a disfrutar de la muestra completa. Las damas, los caballeros, y por su puesto su servidor, parecíamos mimetízanos con las nalgonas esculturas y quedábamos prendados inmediatamente de su encanto.

Junto a esas voluminosas esculturas pasé el resto de la tarde hasta que finalmente cayó la noche y tuve que hacer mutis del lugar. Por su puesto que mientras departía con “las gordas” tuve la oportunidad de hacer algunas fotos, mismas que quiero compartir con ustedes si me lo permiten. Aquí parte de lo que pude ver aquella tarde-noche.















Bueno, ojalá puedan darse una vuelta por el Palacio de Bellas Artes para disfrutar de la obra de este maravilloso artista colombiano que está próximo a cumplir el día 19 de abrir sus primeros 80 años de fructífera vida. ¡Larga vida al maestro Botero!


Otro día con más calmita… nos leemos.