miércoles, 29 de febrero de 2012

Frases Jotitas 29


Por más fuertes y maduros que seamos, por más autosuficientes que nos sintamos, siempre, irremediablemente, necesitaremos de alguien que nos escuche, de alguien que nos aconseje, o simplemente de alguien que nos tome de la mano o nos abrace para sentirnos amados.

- said -

sábado, 25 de febrero de 2012

Beatriz Paredes y su "Doble Discurso"




Gentiles lectores de este sitio, he de decirles que esto no lo escribí yo, pero me pareció tan bueno que quise publicarlo en mi blog para compartirlo con todos ustedes. Por favor léanlo completo y disfrútenlo.



CON CARIÑO: BEATRIZ PAREDES
Doble discurso

En nuestro partido político cumplimos con lo que prometemos.
Sólo los necios pueden creer que
no lucharemos contra la corrupción.
Porque si hay algo seguro para nosotros es que
la honestidad y la transparencia son fundamentales
para alcanzar nuestros ideales
Demostraremos que es una gran estupidez creer que
las mafias seguirán formando parte del gobierno como en otros tiempos
Aseguramos sin resquicio de duda que
la justicia social será el fin principal de nuestro accionar.
Pese a eso, todavía hay idiotas que fantasean -o añoran- que
se pueda seguir gobernando con las mañas de la vieja política.
Cuando asumamos el poder, haremos lo imposible para que
se acaben las jubilaciones de privilegio y los negociados.
No permitiremos de ningún modo que
nuestros niños mueran de hambre..
Cumpliremos nuestros propósitos aunque
los recursos económicos se hayan agotado.
Ejerceremos el poder hasta que
Comprendan desde ahora que
Somos la 'nueva política'.

(Convincente, ¿verdad?) . Ahora leerlo de abajo hacia arriba renglón a renglón.


Quien haya sido el autor de esto merece todo mi respeto y admiración por tanto ingenio y creatividad… ¿o no?


Otro día con más calmita… nos leemos. 

martes, 21 de febrero de 2012

El Amoroso Festival de Baile




Mientras realizaba un ejercicio de introspección en relación a la perennidad de los crustáceos decápodos, o sea, mientras pensaba en la inmortalidad del cangrejo, o lo que es lo mismo, mientras desovaba… ¡tiraba la hueva pues!, sonó una simpática campanita en mi celular misma que me advirtió que había recibido un mensaje de texto. Al leerlo me percaté que se trataba del mio fratello, o sea, de mi “broder” Georgie; el mensaje de texto decía lo siguiente: “Hola, mañana baila Liz a las 11:00 por si quieres ir”. ¡Carambas!, la verdad es que hubiera preferido leer algo así como: “Lo esperamos mañana para su colonoscopía, no olvide que tiene que prepararse con tres lavados por enema… disfrútelos”. Y no es que no quiera a mi única sobrina, la adoro, pero todo mundo sabe que eso de los festivales escolares son una verdadera monserga, un fastidio, sobre todo si el mocoso en turno no es tu hijo o hija. Pero yo que soy facilito y de corazón blando, nomás no pude negarme y tuve que ajustar mi “apretada” agenda para darle un tiempo de calidad a mi adorada “Pestañitas”.

Luego de dejar preparado todo mi equipo fotográfico para tan magno evento, me retiré a descansar para estar fresco la mañana siguiente en la que tendría que hacer alarde de mis habilidades como fotógrafo. Ni hablar, ese es el precio que uno tiene que pagar cuando las fotos que tomas no salen tan mal, sin quererlo y sin proponértelo, te conviertes en el fotógrafo oficial de la familia.

Con esa bonita puntualidad inglesa que me caracteriza, llegué puntualito al Colegio, rayando mi fiel Corcel Negro como debe de ser. El tendido de numerado ya se encontraba ocupado, o sea, las no más de treinta trinches sillas que pusieron las “mises” en el patio ya estaban apartadas por las madres, abuelitas y demás “madrinas” de los parvulitos. Yo como iba en calidad de tío, pero sobre todo, de fotógrafo oficial de “Pestañitas”, pues no hice caso de las sillas y ubique mi enorme humanidad en el mejor sitio posible para lograr las mejores tomas.

Entre el respetable reconocí a varios miembros de mi familia, que al igual que yo, se solidarizaos con “Pestañitas” y acudieron puntuales a la cita para presenciar sus habilidades artísticas. Ahí estaba en primera fila mi cuñada, la orgullosa madre de Liz. Junto a ella, Lilia, mi adorada “Tiadrina” (es mi tía y madrina al mismo tiempo). Una fila atrás estaban mi prima Perlita con su hija Itzel y mi otro sobrino Chis con su flamante esposa e hijo. O sea que a mi sobrina no le iba a faltar porra, de hecho todavía no comenzaba el evento y ellos ya estaban más animados que el club de fans de Camilo Sesto en "Siempre en Domingo".

Del otro lado del stage alcance a divisar a mi hermano que presto se encontraba ya para videograbar la actuación del orgullo de su nepotismo. Con un discreto pero elocuente gesto nos dijimos a lo lejos: - ¡Que onda wuey! -, - ¡Quiubo! -, y así, con esta breve ceremonia, nos dimos por saludados.

El show comenzó, los niños iban desfilando por el escenario, unos como solistas y otros en grupo. El desplante de talento se hizo presente desde el principio en cada uno de los números, talento casi equiparable al de Thalía, Paulina o Gloria, o sea, talento nulo. Como para el quito número musical comencé a sentirme incomodo, para el sexto, aquello ya era tan molesto como una hemorroide infamada. ¡Y cómo no! si la mayoría de las selecciones musicales era “regetoñeras”, o sea, ¡de pelados! ¿Pos no que mi hermano estaba pagando una escuela nice para su hija? Aquello parecía la Academia de Formación de los futuros Daddy Yankees de Tlachichilco. Allá de pronto aparecía en escena algún crío bailando algo diferente, un bonita pieza hawaiana, algo de danzas árabes, o incluso música pop de moda, pero en general, aquello parecía una de esas tocadas que hacen en “Indiapalapa” con la crema y nata de la socialité huehuenche.

Después de escuchar aquella música de moda, yo me pregunto: ¿Dónde quedó “La Sandunga”, “El Kazachok”, “El Jarabe Tapatío”, “El Siquisiri”, “La Raspa”, y todos aquellos bailes que se acostumbraban en mis tiempos? Si, ya sé, los tiempos cambian y ya sueno como el tipo viejito amargado, pero por Dios, ¡todo menos reggaeton! Pero bueno, los futuros chacas ahí presentes estaban felices emulando a sus ídolos Don Omar o Wisin & Yandel.

Como en todos los festivales infantiles, las orgullosas madres no perdían detalle de lo que pasaba en escena esperando ansiosas a que el turno de su vástago llegara para aclamarlos, después de todo, de eso se trata ser madre ¿o no? Celular en mano, las señoras rubias (producto del peroxido y no precisamente de su raza aria o escandinava) luchaban entre ellas por obtener la mejor toma de lo que ahí pasaba. La mayoría de estas “damitas” sacaban el cobre en el toma y daca entre ellas, digamos que a estas “piojos resucitadas” (como dice mi abuela) les afloraba el código postal a más no poder. Y es que hoy en día, con eso de que la gente de dinero ya no son precisamente las que tienen mejor educación sino las que hacen mejores tacos de barbacoa o dominan el narcomenudeo, entonces, no es de extrañar su compartimiento de peladas.

De pronto me sentí rodeado, sofocado y abrumado por toda esa grupo de personas wannabe, tanto que me dieron ganas de correr a comprar mis $50 pesotes de gasolina para rociar el lugar y prenderle fuego… total, lo más que podría pasar es que con tanto niño quemado Platanito Show pondría haber sacado más material para sus shows privados. Claro que no lo hice, solo fantaseé con hacerlo y me reí un rato pensando en los “Kentucky Fried Children” (chiste cruel cortesía de Platanito). Pero los niños no tienen la culpa del comportamiento de sus acomplejadas mamitas, porque, uno como quiera, pero ellos… ¡son criaturas!

El tiempo pasaba y aquello no terminaba. Yo no podía hacer mutis hasta que saliera a escena mi adorada sobrina, quien al parecer, estaba destinada a cerrar el evento. Ese festival, que por cierto no les dije, era en honor al Día del Amor y la Amistad, se estaba tornando eterno, ya era más largo que el mismísimo Vive Latino y más aburrido que un mimo cuadrapléjico. ¡Ah! pero yo estoico, como buen tío que ama a su sobrina, no me movía de mi estratégico lugar y no perdía detalle alguno para poder captar el momento de la entrada en escena de “Pestañitas”.

Luego de ver a una niña interpretar, ella sí, magistralmente una rolita de Madonna, llegó finalmente el turno de mi sobrina. El maestro de ceremonia, que seguramente era el conserje de la escuela, hizo la presentación oficial del grupo “X” (no me fije como se llamaba el grupo de mi sobrina), grupo compuesto por tres integrantes, ¡como las legendarias Flans! Tampoco puedo decirles a ciencia cierta como se llamó el bonito tema que bailaron, porque como ya les dije, yo no sé nada de reggaeton. Bueno, pos no es por presumir, pero la mera verdad, de todos los grupos que desfilaron en escena, ellas fueron las mejores, las más coordinadas, las más “copladas”.

Mi hermano, cual “Chivo” Lubezki, hizo las mejores y más profesionales tomas con su cámara de video. Yo por mi parte, hice lo propio con mi cámara de Mafafa Musguito. Al finalizar la actuación de mi sobrina y sus dos compañeritas, el respetable se vino abajo en aplausos, bueno no todo, solo el grupo de paleros que íbamos apoyando a este bonito trío de criaturas, ¡ah, pero eso sí!, con harta enjundia.

Después del baile de mi sobrina vinieron un par de grupos más y finalmente aquello llegó a su fin. Cuando yo ya estaba a punto de poner pies en polvorosa, el sonido local anunció que los jueces ya estaban deliberando para decidir quienes habían obtenido los primero lugares del evento. ¡Ah, chinga! yo no sabía que aquello era un concurso, de lo contrario me hubiera puesto de acuerdo con mi hermano para sobornar a los jueces, pensé. No me quedó otra más que esperar el fallo inapelable de los jueces y cruce los dedos. Luego de un par de minutos de deliberación comenzaron anunciando a los tres primeros lugares en la modalidad “solistas”. Las ardidas madres de los niños perdedores, lanzaron miradas flamígeras en contra de los jueces, ni modo… malas perdedoras (a los niños les dio igual, ellos como si nada). En seguida, anunciaron los premios para los “grupos”, y como dice mi abuela: “para no hacérselas larga” (sin albur), resulta que el primer lugar del Certamen de Baile del Día del Amor y la Amistad cayó en manos de mi adorada “Pestañitas” y sus otras dos compañeritas. Claro, ya luego me enteré de que mi hermano, que siempre piensa en todo, se había discutido con unos bonitos regalos para las “mayestras” y la Directora, lo que quizás, posiblemente, en una de esas, influyó un poquito en la decisión de los jueces. Aunque la verdad, como les dije, neta, si fueron las que bailaron mejor.

Desgraciadamente el premio al primer lugar solo consistió en un fuerte aplauso, ya ven, con eso de que los artistas viven del aplauso, así que mi sobrina, tristemente, no sacó de pobres a la familia, a comparación de la nena de Los Vazquez Sounds que al parecer ya hizo ricos a sus padres. En fin, yo solo espero que mi adorada sobrina valore y no olvide el esfuerzo que hice para acompañarla y aplaudirla en su somnífero festival de baile el día que ella me tenga que cambiar el pañal en mi ya no muy lejana vejez. Digo, no hay que ser…


El escape a la libertad.


Otro día con más calmita… nos leemos.

sábado, 4 de febrero de 2012

Hola, mi nombre es Said y soy villamelón




Una definición de Villamelón podría ser: “Pueblo o aldea en donde la mayoría de sus habitantes se dedican al cultivo del fruto conocido como melón”. Otra definición de Villamelón podría ser: “Dícese del lugar al cual acuden una serie de bípedos barrigones y nalgones a consumir de manera indiscriminada deliciosos tacos con el único y primitivo objetivo de saciar su apetito e incrementar su adiposidad”. Desgraciadamente ninguna de estas dos acepciones convenció a mi hija que es una purista del lenguaje y que ya de entrada, cree tener una idea de a que se refiera este bonito vocablo. Así que como no pienso confundirla más de lo que ya, “estoy”, procedo a intentar describir con ejemplos lo que realmente es un villamelón.

Por su puesto que el termino “villamelón” está íntimamente ligado a la fiesta brava, o sea, a las corridas de toros. Las personas que, como yo, tememos ya más de 25 años asistiendo puntualmente a estos bonitos festejos, nos podemos considerar unos verdaderos Villamelones con derecho de antigüedad. Y es que la verdad, uno nunca deja de serlo, de hecho, aquel que piensa que ya no lo es, ese es sin duda, un verdadero y reverendo ¡villamelón!

Un villamelón se distingue inmediatamente por su manera de vestir. Son esos tipos que para asistir a una corrida de toros creen que deben de disfrazarse de gachupines (boina española, bota de vino “ZZZ” y puro) o bien de ganaderos (sombrero, bota picuda, chamarra de piel y hebilla gigante). Las damitas de estos villamelones suelen solidarizarse con sus machos alfa y también asisten vestidas de forma harto exóticas, ya saben, jeans con bota por fuera, chamarra con harta borrega, sombrero (texana color rosa o cualquiera otra exotica), lente de sol tipo Silvia “La Chivis” Pinal, etc.

Los villamelones son aficionados que andan cazando carteles, es decir, solo asisten a la plaza cuando torean los matadores más conocidos y taquilleros. Jamás, ni por equivocación, se les puede ver en la plaza cuando en un cartel se encuentren toreros que están apenas comenzando su carrera y que son poco conocidos, aunque no por eso, menos buenos que los otros.

El villamelón muchas veces no planea asistir a una corrida, su decisión de ir a la plaza generalmente la toma de manera espontánea y como ocurrencia una vez que sale del fútbol con unas cervezas encima y busca seguir su pelado estado de ánimo jubiloso y eufórico. Por eso es que no es nada extraño escuchar a un villamelón gritar en la plaza de toros: “y arriba el América cabroneees…”. Por otro lado, también hay villamelones pirruris, esos que fueron a almorzar a Arroyo o bien al brunch de algún restaurante de Insurgentes y tienen la “genial” ocurrencia de ir a los toros ya que no se les hizo el plan de “Teques” o “Valle”. A estos se les reconoce por su engominado peinado hacia atrás y su particular forma de hablar y comportarse… ¡mamones pues!  

Los villamelones van muy bien equipados a los toros. Normalmente llevan sus binoculares y su radio portátil para escuchar la corrida. Por su puesto que los binoculares no los utilizan para ver si estuvo bien el puyazo o si el estoque quedó en todo lo alto, no, ellos los usan para buscar en las barreras y los tendidos a todas las luminarias y artistas del Canal de la Estrellas que asisten a las corridas de toros (bastante villamelones también, por cierto). Son expertos en introducir de manera clandestina bebidas espirituosas, mismas que, como grandes alquimistas que son, mezclan con refresco, para luego de ingerirlas, ponerse hasta su madre.

Los villamelones no tienen ni idea de lo que pasa en el ruedo. Desde que parten plaza, el villamolón ya confundió al alguacilillo con el rejoneador en turno. Sin embargo, lo que no les falla, lo que si conocen e incluso hacen alarde de saber, es el significado que tiene la forma en la que cae la montera cuando el torero la arroja a la arena luego de hacer el brindis (si cae con los machos para arriba es de mala suerte). Otra cosa que no les falla, es el típico grito de: “échale agua…”, esto cuando el capote del torero es flameado por el viento y le impide torear e incluso lo pone en riesgo. Una de las cosas que más le gustan al villamelón es cuando termina la corrida, para así poder aventar, cual vil pelado, los cojines al ruedo.

Al villamelón le encanta hacerse notar en la plaza por lo que normalmente suele repetir a grito pelado, una y otra vez, la genial ocurrencia de algún otro aficionado. Para que quede claro, el grito “Viva Aguascalientesnnn…” después de escucharlo por décima vez, comienza a ser algo irritante y molesto para el resto de los aficionados, o sea, realmente nos vale madres que “El Cejas” sea de aquellos lares y que haya traído a todo su paisanaje a la plaza. Por cierto, normalmente el villamelón de provincia suele gritarle a la banda: “¡música!” para pedirle que comienza a tocar durante la faena de un toro, incluso se llega a molesta si no comienzan a tocar los músicos, y es que no saben, que en la Plaza México, no se acostumbra que la banda toque mientras está el torero jugándose la vida en el ruedo.

El villamelón sabe poco o nada de la trayectoria de los toreros, ¡ah, pero eso si!, se conoce todos los chismes de su vida personal: que si el Capetillo le dio sus arrimones a Lucerito; que si Octavio García “El Payo” andaba untándole manteca a la galleta a Belinda; que si Julián López “El Juli” se trepó al Ángel de la Independencia para festejar y se echó una meadita desde todo lo alto, etc.

Por su puesto que el villamelón es el que se las da de más conocedor en toda la plaza. Es el que suele pitar y protestar todo, cree que esto lo vuelve un aficionado muy conocedor y exigente, pero lo cierto es que no tiene idea de cómo se debe de ver una corrida de toros. Ningún toro le gusta, para él todos los toros deben de pesar más de 600 kilos y verse como Miuras, no entiende que la anatomía del toro mexicano es diferente al español. Tampoco entiende la importancia de la suerte de varas, en cuanto el picador toca al toro, el villamelón ya está pitándole e insultandolo.

Por último, el villamelón no va a ver triunfar a los toreros, más bien va a ver fracasar al torero que le cae mal. Es común que el villamelón grite durante un mano a mano entre un torero español y un mexicano: “¡Viva México!”, como si en la fiesta brava realmente las nacionalidades importaran.


En fin, creo que si lee esto mi hija podrá entender un poco mejor lo que realmente es un villamelón, y en una de esas, se dará cuenta, que todos los que asistimos a las plazas de toros tenemos algo de villamelones, y el que no lo crea así, pues que arroje la primera… montera.


Otro día con más calmita… nos leemos.  

Frases Jotitas 28


No desperdicies tus “te quiero” porque algún día se te acabarán. Pero tampoco los guardes mucho tiempo porque tienen fecha de caducidad… podrían envenenarte.

- said -