domingo, 30 de diciembre de 2012

Ya chupó faros




Los "Faros" son una marca de cigarros mexicanos muy económicos y antiguos, tipo los desaparecidos "Carmencita" (seguramente inspirados en el personaje de la cigarrera Carmen de la ópera de Bizet del mismo nombre), los “Tigres”, los “Alas”, los “Casinos”, o los tradicionales "Delicados" (ovalados y sin filtro) que aun existen.

Ahora bien, la expresión "Ya chupó faros" seguramente viene desde los tiempos de la Revolución Mexicana y sin duda que tiene que ver con esta marca de cigarros nacida en Irapuato Guanajuato.

En aquellos lejanos y belicosos años se solía "ajusticiar" a todo mundo de manera apresurada y sin previo juicio, en caliente pues (cualquier parecido con la actualidad es mera coincidencia). Como un bonito gesto humanitario para aquellos pobres infelices que estaban a punto de pasar al otro mundo, se les concedía un último deseo, y ese último deseo por lo general era fumar su último cigarrillo con el fin de “calmar los nervios” antes de recibir una generosa descarga de plomo de parte de la tropa. Como la marca más común de cigarros entre la "bola" eran los Faros, pues de ahí que cuando se decía “ya chupó faros” se referían a que ya le habían dado cuello a alguien y había pasado mejor vida luego de fumar su último cigarro “Faros”.

Decir “ya chupo faros” es lo mismo que decir “ya se petatió”, “ya colgó los tenis”, “ya estiró la pata”, “ya felpó”, etc. todas expresiones populares usadas para referirse a alguien que ya murió. Bueno y como este brevísimo breve breviario cultural (valga la triple redundancia) ya llegó a su fin, bien podemos decir que este post, oficialmente… ¡ya chupó faros!


Otro día con más calmita… nos leemos. 

lunes, 24 de diciembre de 2012

MENSAJE NAVIDEÑO URBI ET ORBI DE SAID




PERDÓN, NO TENGO MUCHO TIEMPO PARA ESCRIBIRLES ALGO BONITO COMO USTEDES SE MERECEN, PERO ESO NO IMPORTA PORQUE LO QUE LES VOY A DECIR VIENE DESDE LO MÁS PROFUNDO DE MI CORAZÓN, Y ESO QUERIDOS AMIGOS, ESO ES MÁS MEJOR...

LOS QUIERO MUCHO Y LES DESEO A TODOS UNA MUY FELIZ NAVIDAD EN LA COMPAÑÍA DE TODOS SUS SERES QUERIDO. QUE DIOS LOS BENDIGA, Y YA SABEN... ¡SUEÑEN!

viernes, 14 de diciembre de 2012

Mi obeso ego




Es un hecho indiscutible que mi ego es más inseguro que un simicondón caduco. Por eso cada vez que me encuentro por la vida a una persona más lista e inteligente que yo, cosa que por cierto ocurre todo el tiempo, inmediatamente se ve amenazado mi amor propio y mi ego comienza tambalearse cual “Super Leche” en sismo de magnitud 8.1 en la escala de “ay nanita”. Y la culpa de esto la tienen las personas que me quieren y que constantemente me están adulando (quién sabe con qué oscuro fin) con inmerecidos cumplidos y adjetivos; ellos son los verdaderos culpables de haber creado a este insoportable ente lleno de pedantería, egocentrismo y vanidad llamado Said (yo pues).

Sin embargo, hay una única ocasión en la que mi ego, al toparme con alguien más inteligente que yo, no se ve amenazado, por el contrario, se siente alimentado y se hincha cual “seno lactante” de puritito orgullo y satisfacción.  Ese extraño y atípico fenómeno ocurre cada vez que me doy cuenta que en muchos aspectos de la vida mi hija ya es mucho más inteligente y culta que yo. Y es que aunque se supone que los padres somos los responsables de transmitirles todo el conocimiento y la experiencia a nuestros hijos, llega un momento en que estos comienzan a sorprendernos gratamente al rebasar  nuestras capacidades. Es justo en esos momentos en los que dejo de ser padre para convertirme en un simple espectador que mi ego se ve glotonamente alimentado y mi vida se ve plenamente “justificada” ante la humanidad, y todo gracias a mi pequeño retoño, a mi humilde contribución a este mundo, a mi hija.

Ahora solo le pido a la vida que me siga sorprendiendo, que permita que mi hija siga creciendo en todos los sentidos, que supere a su padre en todos los sentidos, que sea más culta que su padre, que sea más inteligente que su padre, que se más humilde y menos chocantita que su padre, y lo principal, que sea igual de feliz que su padre cuando tenga la fortuna y la bendición de tener a sus hijos a su lado. 

Por increíble que parezca, mi hija alimenta mi ego haciendo justamente lo que a mi ego le choca, siendo mejor que yo, y eso lo es desde el mismo día en que nació.


Te amo princesa.

sábado, 8 de diciembre de 2012

¡Santos agentes secretos, Batman!




Hace unos días, atendiendo a un bonito y atento reclamo, decidí sacar a pasear a mi ciruelita adorada, a la Sacrosanta. Hacía ya un buen tiempo que ni ella ni yo íbamos al cine, así que me pareció una buena idea pasar un rato con mi octogenaria jefecita disfrutando de una buena cinta. Pensé en una película que tuviera harta bala y cuete para que no se me fuera a aburrir, así que me la lleve a ver la nueva película del agente 007 “Skyfall”.

Llegamos al cine, recogí los boletos que ya había comprado por internet y nos encaminamos a la sala respectiva. Me pareció una buena idea el hecho de que uno ya lleve sus lugares reservados, sobre todo en mi caso ya que tengo que recorrer los pasillos del cine a una supersónica velocidad crucero de 1.5 km/h., y eso carrereando a mi cabecita de algodón.

Ya adentro de la sala y una vez instalados en nuestros asientos, comenzó la primera queja de mi Sacrosanta: - Oye, qué no le podrán bajar tantito a su aire, hace mucho frío aquí adentro -. Me llevó un rato convencerla que no hacía frío en el cine, de cualquier modo ella no quedó muy convencida así que le tuve que pedir una frazada, o “fresada”, como dice ella, para que cubriera su gélida humanidad. Además le pedí un café bien caliente, claro, con su respectivo "patel" de chocolate para ver si así entraba en calor y dejaba de dar lata. Para mí solo ordené unas trinches palomitas (a precio de oro) y una cerveza.

La segunda queja de mi amá vino en cuanto se apagaron las luces y comenzaron los cortos: - Oye, que no le podrán bajar al ruido, está muy alto el volumen, ándale ve y diles que le bajen -.  De nuevo tuve que usar todo mi poder de convencimiento, pero mi madre es más necia que un ceceachero del 132, así que no fue nada fácil.

Comenzó la película y de inmediato mi Sacrosanta se clavo en la trama, y yo igual. En mi larga y putrefacta vida, me ha tocado ver desfilar a varios James Bond, desde Roger Moore hasta el actual. En el caso de mi Sacrosanta, ella ha visto a todos, desde el prehistórico Sean Connery hasta Daniel Craig el James Bond de hoy. Para muchos el mejor ha sido Sean Connery, para mí, todos, cada uno con una personalidad diferente.

La película resultó muy buena (en su género), contrario a lo que yo creía. Mi Sacrosanta madre igual quedó encantada con la película; a ella le encantan las películas en las que aparecen ciudades como Paris, Londres, Venecia, etc., le encanta recordar sus viajes y poder decir “yo estuve ahí”, claro que muchas veces le traiciona el subconsciente y dice que estuvo en ciudades en las que jamás se ha parado, pero bueno, yo no la saco de su error y la dejo que se sienta la Marco Polo de la Lagunilla.

La película terminó y se encendieron las luces. Yo impaciente esperé la docta opinión de mi cinéfila acompañante. Luego de votar a un lado la frazada, de sacudirse las moronas del pastel, y de incorporarse, volteó hacia donde yo me encontraba, y con una voz firme y segura, me dijo: - Pues dirán misa, pero para mí este es el mejor Batman de todos -, - ¡Ah, chinga!, pos que no venimos a ver al 007 -, - Por eso – me dijo ya medio enojada y poniéndome cara de “no seas pendejo”. No me quedó de otra más que asentir moviendo mi testa dándole toda la razón, y es que bien dicen que: “más sabe el diablo por viejo, que yo por pendejo”.

Hoy mi madre y yo fuimos a hacer el súper a la Comer y al pasar frente a unas pantallas en las que estaban proyectando la más reciente película de Batman, me dijo: - Mira qué bonita se ve la película que fuimos a ver en esta tele -. La neta yo sigo sin comprender qué tiene que ver un encapuchado con capa montado en una moto con llantotas con un labregón enfundado en un traje de casimir ingles montado en un Aston Martin… ¿será que la verdadera identidad de Batman no es Bruce Wayne sino James Bond?, sabe.  


Otro día con más calmita… nos leemos. 

miércoles, 7 de noviembre de 2012

En busca de Ritmo Peligroso


Era el sábado 3 de noviembre, aproximadamente a la 1 de la tarde, cuando al regresar del carwash en donde le acababan de dar su shampoo de cariño a mi fiel corcel blanco, escuché un grito desesperado y desgarrador que venía desde lo más profundo de mi ser, un grito que en un estado de exasperación indescriptible me decía: “aliméntame, no seas maldito, qué no ves que muero de hambre”. Así es, era mi insufrible tripa que cuando le llega la hora de comer no da tregua alguna hasta conseguir lo que se propone, en este caso, una grasosa e insalubre (pero deliciosa) Quarter Pounder de McDonalds con sus respectivas papas y refresco grande.

Atendiendo a tan gentil petición me dirigí presto en busca del McDonalds más cercano. Recordé, ¡ah! porque he de decirles que mi memoria gastronómica es privilegiada, que una vez vi un de estos templos de comida rápida muy cerca del Parque de los Venados, y allí me dirigí. Desatendiendo uno que otro semáforo en rojo y aplicando las hábiles técnicas de manejo de los microbuseros, llegué  en friega a mi gastronómico destino.

Mis intenciones eran pasar directamente al "automac", ordenar mis sagrados alimentos, salir, y en seguida dirigirme a la comodidad de mi Principado para zampármelos con singular alegría. Sin embargo, al llegar justo frente a McDonalds, me percaté, como diría un distinguido elemento de seguridad del DF, que en la explanada que está justo enfrente y que corresponde a la Delegación Benito Juárez, se estaba llevando a cabo un bonito festival musical que de inmediato me sedujo (así reacciono normalmente ante la música). Y como en mi caso “música mata hambre”, pues estacioné mi unidad en McDonalds y me fui a averiguar de qué se trataba ese escandaloso guateque.

Fue hasta que crucé la calle que me separaba de aquel evento musical que me di cuenta de lo que se trataba. Era un concierto organizado por la estación 91.3 ALFA dedicado a los difuntitos muertos sin vida en estado cadavérico que habían celebrado su día apenas 24 horas antes. Inmediatamente me di cuenta que dicho evento había logrado reunir en la explanada de la Delegación Benito Juárez a la crema y nata de Tlahuac, Iztapalapa, La Nopalera, Mexicaltzingo, Tezonco, Tlaltenco y alrededores. Así es amigos, la explanada estaba pletórica, por no decir hasta la madre, de pintorescos jóvenes que eufóricos brincaban y hacia retumbar el suelo mientras los también singulares grupos tocaban a todo volumen.

Poco a poco me fui mezclando entre el respetable tratando de pasar desapercibido y buscando enterarme de más de lo que estaba pasando ahí. Una de las finísimas edecanes encargadas de organizar el evento y guardar el orden, me indicó amablemente el lugar por el cual se podía acceder a la explanada de la Delegación; claro, luego de ver la enorme fila que había y el estado sardina en el que se encontraban los que ya estaban dentro de la explanada, decidí abandonar rápidamente la idea de entrar a la explanada.

Luego de deambular alrededor del evento y de haces unos elevados cálculos trigonométricos, logré ubicar un lugar privilegiado en la pequeña terraza-corredor que tiene el gimnasio que se encuentra a un costado de la Delegación. Este estratégico spot me permitía tener una maravillosa visita del evento sin tener que exponer el físico junto con el resto de los eufóricos pubertos. Desde ahí tenía una maravillosa perspectiva del evento, podía ver perfectamente el “imponente” escenario montado por la estación de radio, así como a las hordas de adolescentes que seguían llegando al toquín en cantidades cuantiosas.




No acababa de instalarme en ese privilegiado lugar, cuando el grupo que estaba tocando finalizó su numerito e hizo mutis del escenario dejándome picado justo cuando apenas comenzaba a agarrarle el gusto a su estrepitosa música. Aprovechando que se hizo el silencio por un momento, ubiqué de entre mis contertulios al más viejo (aun así mas joven que yo) para preguntarle quién más iba a tocar ese día. Un joven que iba acompañado de su pareja (de la misma especie) amablemente contestó y disipó mi duda – Van a tocar Dildo, Los Bunkers, Volovan, Los Estramboticos, La Gusana y Ritmo Peligroso - me dijo. Mi cara, que en un principio fue de “juat”, al escuchar el nombre de Ritmo Peligroso, cambió su expresión por una de “uta, hasta que conozco a uno”. 

En eso estaba cuando apareció en escena uno de los locutores de la estación, creo que de nombre Antonio Esquinca. Los pubertos ahí reunidos se prendieron al verlo, yo medio ignorante volví a preguntarle al monito de al lado - ¿Oye carnal, y ese güey de que grupo eso? -, a lo que él de nuevo amablemente respondió - No señor, ese es Toño Esquinca, uno de los locutores de la estación -. Instantes después de mi primer oso, el locutor en cuestión anunció los grupos que estaban por venir: los Bunkers, La Gusana Ciega y Ritmo Peligroso. Les voy a confesar que yo no soy un super fan de Ritmo Peligroso, pero al menos, en mis ochenteros años pubertos los escuché en varias ocasiones e incluso aun recuerdo uno de sus éxitos, el “Marielito”; así que decidí quedarme para poder ver lo que quedaba de ese grupo y entonar, con un poco de suerte, ese bonito éxito ochentero.

En lo que el staf de técnicos acomodaban los instrumentos del siguiente grupo, yo me entretuve observando ese bonito desfile de chiquillos y chiquillas que salían a borbotones de la recién estrenada Línea Dorada del Metro. Por supuesto que mi intención no era la de criticar, ónde pasan a creer, cuando mucho era hacer una que otra de mis famosas y siempre sutiles "observaciones de la vida social", así, tal y como lo hacía el ilustre filosofo francés del periodo de la Ilustración, Montesquieu. No diré que la mayoría de los ahí presentes estaban harto feitos, porque eso suena muy despectivo y poco elegante de mi parte, digamos solo que eran un grupo de seres vivos abstractos y surrealistas. Una de las cosas que más me llaman la atención de este tipo de jóvenes con denominación de origen tenochca, son sus estrafalarios cortes de pelos, en su mayoría, saturados de harto Moco de Gorila para dar ese bonito acabado de mango chupado que tanto resalta su belleza autóctona.

Luego de ese bonito momento de solaz contemplación y después de ver que los avezados técnicos no daban una con el sonido, decidí dar un rondín para ver si me encontraba con algo más interesante. De pronto, no sé cómo, ya me encontraba en backstage y sin portar ningún tipo de gafete all access. Del otro lado valla, un grupo de entusiastas groupies y fans, pedían a gritos la presencia de los artistas para tomarse con ellos la bonita foto del recuerdo o conseguir un autógrafo. Yo, sin conocer a nadie, solo buscaba entre la bola de macuarros ahí reunidos a Piro, el cantante de Ritmo Peligroso que, como les dije, era el único al que yo conocía.

Cuando veía que alguien se acercaba a dar un autógrafo o a tomarse la foto con la banda, esa era señal inequívoca de que se trataba del integrante de alguna de las bandas que se iban a presentar ahí, así que yo corría a su lado para preguntarle a las niñas quién carajos era, digo, nomas para tener una trinche idea de con quién estaba y satisfacer mi curiosidad. Uno de los que causó mucho revuelo entre las fans fue un tal Paco del grupo Dildo, casi lo apachurran cuando pasó entre sus fans para subirse a su camioneta y poder retirarse del lugar. Otros que se portaron bastante buena onda con sus fans y que me cayeron muy bien, fueron todos los integrantes de los Estramboticos los cuales se tomaron un buen de tiempo para atender a la banda. Arturo “Pino” Ruelas (voz), David “El Chadou” Sanchez (lira) y Leo Añorve (bajo), todos integrantes de los Estrambóticos, se la rifaron un buen rato atendiendo a todos sin ningún hacer ningún purrún.

Mientras los Estramboticos daban autógrafos yo seguía buscando por todo backstage a Piro de Ritmo Peligroso sin tener éxito. Me encontré por ahí a Daniel, el vocalista de La Gusana Ciega quien estaba por subir al escenario. También me topé con dos de los locutores de la estación, Toño Esquinca (medio divo y mamón) y un chavito llamado José Luis Jarero al cual le decían “Jari” y que también se portó bastante chido con las eufóricas pubertas ahí reunidas.


Arturo "Pino" Ruelas de los Estrambóticos.

David "El Chadou" Sánchez de los Estrambóticos.

Leo Añorve de los Estrambóticos.

Daniel Gutiérrez de La Gusana Ciega.

José Luis Jarero "Jari" de ALFA 91.3


Cansado de mi búsqueda frenética y de andar preguntándole a todo mundo “¿Quién chingaos es ese güey?”, decidí salir de backstage y regresar a mi palco con vista privilegiada para ver el final de la actuación de Los Bunkers (grupo chileno bastante chafa) y esperar a que salieran a escena mis contemporáneos amigos de Ritmo Peligroso. Para estas alturas, mi ya avanzada y putrefacta edad comenzaba a ser un factor importante en esa larga espera. Las reumas, las várices, la ciática, la gota y todas las radiculopatías habidas y por haber en mi cuerpo, comenzaban a protestar y a pedirme a gritos un lugar donde dejarlas caer para sentarme a descansar. Por supuesto que yo no me iba a sentar en el suelo, no solo porque hubiera estropeado mi “finísimo” pantalón de casimir ingles de la prestigiada tienda de La Lagunilla “Macazaga”, sino porque una vez que me echo como vaca luego me resulta casi imposible volver a reincorporar mi inmensa y adiposa humanidad.

Como pude aguanté vara y seguí ahí parado, estoico, pacientemente esperando la llegada de mi banda ochentera. Finalmente salió a escena la dichos Gusana Ciega, banda que por cierto no sé por qué yo tenía la idea que era más heavy, y pus no, resultó bastante fresota para mi gusto. Los de la Gusana tocaron algunos covers ochenterotes así como éxitos propios (mismos que yo no conocía), como quiera, la verdad es que sí me gustó su presentación e incluso diré que hasta me prendieron con sus covers ochenteros. Ahora bien, todo tiene un límite en esta vida, incluso mi paciencia, así que luego de analizar el costo-beneficio de seguir ahí parado cual trinche policía de crucero, tomé la sabia decisión de retirarme del bonito toquín, incluso aun sin haber visto a Ritmo Peligroso. Y es que la mera verdad no era para tanto, mi afición por ese grupo no se podía comparar con lo que siento, por ejemplo, por Sir Paul McCartney, por el cual sí esperé como chingomil horas para ver su concierto en el Zócalo capitalino.

En fin, con la pena pero tuve que abandonar a mis olorosos contertulios, quienes por cierto también ya se veían bastante cansados, para dirigirme, directito, hasta donde había dejado estacionado a mi fiel Corcel blanco. En cuanto llegué y mis bien torneados glúteos tocaron el asiento de mi unidad, finalmente descansé y hasta recobré el hambre que tenía al llegar a ese lugar. Antes de retirarme, pasé por el “automac” y ordené mis viandas pa’ llevar, y así dejé atrás ese suculento festín musical organizado por Alfa 91.3 en honor a los muertitos.

Al llegar a mi principado, inmediatamente tomé mi computadora, la encendí, entré a Youtube, y mientras me jambaba mi hamburguesa, busqué a los chicos de Ritmo Peligroso para no quedarme con las ganas de escuchar su gran éxito “Marielito”. Cierto que hubiera estado más padre haber conocido en persona y de cuerpo presente a Piro, pero pues caray, ahí será otro día con más calmita, total, la vida da muchas vueltas y seguro que ya nos encontraremos en algún otro toquín.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

¿Solo de nuevo?




Durante muchos años logré sobrevivir a los a veces burlones comentarios de mis amigos que giraban en torno a mi eterna soltería. Mi muy cuestionada de por si heterosexualidad estuvo en entre dicho durante muchos años tan solo por el hecho de que hasta la fecha nunca pisé un juzgado para contraer nupcias con alguna mujer. Hoy, después de muchos años, las cosas han cambiado.

Hoy solo tengo dos clases de amigos, los que están divorciados y los que aun viven infelizmente casados, y eso, aunque ustedes no lo crean, me preocupa mucho. Y digo que me preocupa mucho, porque contrario a lo que parezca, yo sí creo en el matrimonio, creo fervientemente en la familia como núcleo vital de la sociedad. Sin embargo, algo pasa que ya es prácticamente imposible encontrar a una pareja felizmente casada, felizmente casada luego de una larga vida en pareja.

Estoy consciente de que no todo debe de ser felicidad, que en una relación de pareja siempre habrán altas y bajas, y que estas “bajas” siempre serán un permanente reto a la inteligencia para lograr sortearlas. Pero por otro lado, no entiendo a todas esas parejas que viven una a lado de la otra, en calidad de bultos, tan solo por el temor a la soledad o a empezar de nuevo. Y es que en verdad, créanme, nunca es tarde para dar un buen golpe de timón y dejar esa vida de conformismo emocional para ir en busca de eso a lo que todos tenemos derecho a aspirar… la felicidad.

En una relación de pareja solo hay algo peor que las agresiones mutuas, que la violencia misma, y eso es amigos y amigas, la indiferencia. No hay nada más agresivo y violento para el espíritu humano que la indiferencia en nuestras vidas o en nuestras vidas en pareja. El rendirse desde ya, es una de las maneras más eficaces de morir en vida. Pero afortunadamente los muertos en vida, a diferencia de los muertos en muerte, siempre tendrán la bonita gracia de poder resucitar con solo pestañar. Así que yo los invito a ponerle una solución a sus vidas, a no tenerle miedo a la soledad, porque la soledad es el mejor pretexto para iniciar esa bonita y recreativa practica que consiste en ir en busca del verdadero amor, no del amor eterno, no del amor para siempre, solo del verdadero amor.

No deja de darme pena el hecho de enterarme todo el tiempo que el amor ha sido derrotado por la indiferencia, sin embargo, yo no renuncio, ni renunciaré jamás, a mi eterna condición de soñador empedernido que piensa y cree que aunque el amor no es eterno, que aunque el amor no es para siempre, si hay amores que duran mucho, tanto como nuestras vidas mismas… y es por esos amores por los que hay que luchar.

Queridos amigos, estar solo nunca será tan malo mientras podamos lidiar con la mejor de las compañías, la de nosotros mismos. Recuerden que no puede haber nada peor en esta vida, que un par de soledades viviendo bajo el mismo techo.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 28 de octubre de 2012

Ofrenda de Día de Muertos en el Museo Dolores Olmedo




Cada vez que pueda, cada vez que tenga la oportunidad, no me cansaré de chulear y recomendar plenamente este maravilloso y generoso museo. Me refiero, por supuesto, al gran Museo Dolores Olmedo de la Ciudad de México.  

Miren que yo he tenido la fortuna de conocer muchos museos maravillosos, impresionantes, en este y en otros países, pero en ninguno, jamás, me he sentido tan cómodo y feliz como en este museo. Por eso, siempre que puedo, me doy una escapadita a ese remanso de paz y cultura en donde paso un maravilloso día rodeado de arte en un ambiente que exalta el profundo amor que siento por mi querido México.

El Museo Dolores Olmedo, siempre preocupado por rescatar y preservar muestras maravillosas costumbres y tradiciones, en esta temporada, como todos los años, presenta su ya famosa Ofrenda de Día de Muertos. Nadie, absolutamente nadie, debería de perdérsela, es verdaderamente espectacular.











  

Si visitan la Ofrenda de Día de Muertos, por favor, no dejen de visitar toda la obra que tiene el museo del gran Diego Rivera y de Frida Kahlo, es una de las colecciones más importantes a nivel mundial. De paso, y ya encarrerados, échenle un vistazo a toda la colección de arte popular mexicano con el que cuenta el museo, las piezas prehispánicas, los grabados de Angelina Beloff, y claro, los impresionantes objetos que formaban parte de la decoración de la casa de Lolita Olmedo.

Los jardines del museo son un atractivo extra. En ellos cohabitan desde los aristócratas pavos reales hasta los prehispánicos perros xoloitzcuintles. Además, los fines de semana, se realizan algunos eventos artísticos al aire libre. Los críos podrán pasar un buen rato aprendiendo en el taller de manualidades mientras que los padres toman un rico refrigerio en la cafetería del lugar. Por último, una visita a la tienda de suvenir para no olvidar la visita y ¡listo!... así habrán pasado un maravilloso y redondo día en este museo.


Los críos son felices haciendo manualidades en el taller del museo.

Aquí me podrán encontrar descansando y disfrutando de un
café luego de mi  visita a las distintas salas del museo. 


Por cierto, como les decía, en esta temporada pueden visitar la Ofrenda de Día de Muertos dedicada, como siempre, a la querida Lolita Olmedo y sus señora madre, pero además, pueden participar en el ya tradicional concurso de disfraces de la Calavera Catrina que se celebra el día 2 de noviembre en los jardines del museo. Ya sea que participen como concursantes o solo como publico espectador, seguro que la pasarán muy bien.





El Museo Dolores Olmedo, les decía yo, es sumamente generoso con el pueblo de México porque nos ofrece todo esto a un costo súper razonable, simbólico diría yo, cosa que en estos tiempos de austeridad se agradece de sobremanera. Vayan, en verdad se los recomiendo, no se van a arrepentir, si no les gusta, ya saben, yo acepto desde reclamos hasta sonoras mentadas de madre, pero ya verán que no me equivoco al recomendarlo ampliamente.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

sábado, 20 de octubre de 2012

Reggaetoneros... desafío a la tolerancia


Recuerdo que mi ilustre padre que era todo un homofóbico radical y consuetudinario solía decir que si él tuviera o hubiese tenido un hijo “joto” primero lo mataba, o se mataba, antes de aceptarlo. La verdad es que esto siempre me pareció un exceso, exceso propio de la intolerancia de mi padre, sin embargo, ahora que conozco a esa raza extraña de seres bípedos y vertebrados llamados “reggaetoneros”, como que comienzo a entenderlo y a darla la razón.

Por supuesto que yo no llegaría al extremo de cometer parricidio en contra de mi hijo, mucho menos me quitaría la vida por culpa de tan pelado género musical, pero lo que sí haría, sería el considerar seriamente el hecho de dar a mi vástago en adopción o bien donarlo a la ciencia para su estudio y disección, claro, con fines didácticos para las generaciones futuras. Y es que nomás de ver al gordo “viene-viene” que me estaciona el coche con sus cejitas depiladas, su peinadito “tomahawk”, sus chingomil piercings colocados estratégicamente a todo la largo y ancho de su autóctono rostro, y su bonita gorrita de trailero ochentero con San Juditas Tadeo bordado en ella, pues no me queda otra opción más que considerar esta brillante idea.

Pues bien querido amigo lector, si usted es padre de uno de estos pintorescos especímenes y este no fue el producto de una negligencia médica al haberle faltado oxigeno al nacer, entonces, seguramente, usted tuvo la culpa al haber concebido, gestado y criado a un ser humano normal hasta convertirlo en este horrible capricho de la naturaleza llamado “reggaetoñero”. Así que yo le pido de la manera más aténtenla, amigo lector, que se ponga las pilas y asuma su responsabilidad actuando en consecuencia. Ande, siga mi consejo, done a su vástago a la ciencia y no permita que este país se llene de esta extraña raza de seres oligofrénicos y subnormales montados en motonetas sin oficio ni beneficio.











Otro día con más calmita y en un plan más tolerante… nos leemos. 

sábado, 13 de octubre de 2012

El CENART y su FESTIVAL JAZZ-MEX




Dicen que gratis, hasta las cachetadas… ¡pues no eh! Resulta que este sábado me fui al FESTIVAL JAZZ-MEX que se está presentando en el Centro Nacional de las Artes CENART, con la bonita y melómana intención de disfrutar de una tarde de buena música.

Primero y antes que nada, tengo que decirles que una de las cosas que debo de aplaudirle a este lugar es que su estacionamiento es completamente gratis, cosa muy difícil de ver en estos días en los que los trinches estacionamientos son un negocio más para los dueños de los lugares en lugar de ser un servicio para los visitantes.

Pues bien, llegué rápida y muy cómodamente en mi unidad hasta el CENART con una hora y media de anticipación a la hora en que estaba programado el concierto. Luego de estacionar mi coche, mi acompañante y yo salimos a una de las pequeñas explanadas del lugar en donde nos encontramos a un elemento de seguridad el cual amablemente me indicó el lugar exacto a donde se efectuaría el concierto.

Luego de subir unas cuantas escaleras nos topamos con una fila enorme de chiquillos y chiquillas, en su mayoría, que habían llegado seguramente con más anticipación que yo al lugar y que como justo premio obtendrían un mejor sitio dentro del foro.

Mi amiga y yo, de la forma más civilizada posible, caminamos y caminamos hasta encontrar el final de la larga fila y resignados nos formamos. Durante el tiempo en que estuvimos parados ahí no pude evitar el hacer algunas “observaciones” al respetable. La mayoría de los ahí presentes eran pubertos y pubertas del tipo “ceceacheros”, onda entre medio intelectualoides y hippiosos, ¡ah, pero eso sí!, todos mostrando un comportamiento ejemplar, cosa que me dio mucho gusto. También habían padres de familia que llevaban a sus pequeños críos seguramente con la plausible y encomiable intención de educarles el oído y alejarlos del nefasto reggaetón… supongo yo. Contrario a lo que suponía, había solo una que otra ciruelita acompañada de su cebollín, la verdad eran pocos los representantes de la tercera edad.

Luego de esperar aproximadamente unos 40 minutos, la fila comenzó a avanzar y poco a poco llegamos hasta el foro en donde se presentaría el bonito evento musical… y ahí fue donde la puerca torció el rabo (y yo la boca). Y es que el lugar en donde se presentan los grupos es sumamente incomodo, poco práctico, inapropiado, mal planeado, en fin, harto pinchurriento pa’ acabar pronto. Se trata de un espacio muy pequeño en el que apenas si caben unas cuantas filas de improvisadas sillas. Para completar el aforo, los organizadores usan unas escaleras en las que las personas se tienen que sentar con el siempre existente riesgo de perder, ahí y para siempre, la rayita de las nalguitas. Además, sobre estas escaleras descansan unas enormes columnas que impiden la visibilidad a la mitad de los “suertudos” (entre comillas) que obtuvieron uno de estos incómodos y nada pulcros lugares.


La Plaza de la Artes del CENART es el peor lugar posible para
ver algún espectáculo, está muy mal diseñado para ello. 

En la Plaza de las Artes del CENART hay mil obstáculos que
no permiten ver nada. 


Afortunadamente mi estatura me ayuda en estos casos y yo no tuve ningún problema en encontrar un lugar (de pie) desde donde ver el concierto, sin embargo, mi fiel acompañante es bastante petiza por lo que no alcanzó a ver nada.

La verdad es que no me explico como a los “brillantes” (de nuevo entre comillas) arquitectos que tuvieron a bien diseñar y construir este espacio para las artes, el CENART, no se les ocurrió incluir en el proyecto un trinche espacio lo suficientemente cómodo, amplio y funcional, diseñado exprofesamente para la presentación de eventos como estos al aire libre. ¿Pues qué no sabían que a eso se iba a dedicar este lugar? En verdad que la cajetearon y fuertemente… digan lo que digan.

Otra cosa que no me gusta y con la que nunca he estado de acuerdo, es que estos espectáculos sean gratuitos. Yo soy de la idea que todo debe de costar, poco, si quieren, pero costar. De lo contrario, estos espectáculos suelen llenarse siempre de personas a las cuales poco les interesa lo que van a ver. Es más, siempre sucede que por ahí de la tercera o cuarta pieza musical, muchos de esos que estuvieron por un buen tiempo formados comienzan a salirse del espectáculo, aburridos y desilusionados de lo que están presenciando. Esto es una verdadera monserga para el resto de los contertulios que sí está interesado en lo que pasa en el escenario, porque se la pasan interrumpiendo el buen desarrollo del concierto al moverse por todo el lugar buscando las salidas. Por eso creo que no es mala idea cobrar por cualquier espectáculo, claro, con sus respectivos descuentos para las personas que realmente lo necesiten. No tengo duda que de esta manera apreciarán y valorarán más el trabajo de los artistas.

Ahora bien, en lo que respecta al espectáculo musical que presencié, francamente no tengo ninguna queja. Carlos Tercero y su Big Band estuvieron soberbios, seguramente igual que el resto del elenco que se va a presentar a lo largo del FESTIVAL JAZZ-MEX. Ojalá pronto haya la oportunidad de volverlo a escuchar en un espacio más apropiado para el disfrute de la música, porque la verdad mi petiza amiga y yo nos quedamos con ganas de más. Reconozco a las autoridades del CENART el esfuerzo por presentar este tipo de espectáculos de calidad, pero con la pena, no puedo dejar de criticar el lugar tan chafa que tienen para hacerlo.


Carlos Tercero Big Band.


A la salida, mi amiga y yo encontramos la libreta en donde se ponen las opiniones y sugerencias, y la mía fue: “Tiren esta chingadera y vuélvanla a construir, pero ahora sí teniendo en cuenta el concepto ‘funcionalidad y comodidad’. Ánimas que me hagan caso.” Atte. El Jodón de Said.


Otro día con más calmita… nos leemos. 


Nota: El FESTIVAL JAZZ-MEX estará en el CENART  del 6 al 28 de octubre de 2012, si llegan temprano y consiguen un buen lugar, seguro que lo van a disfrutar. 

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Frase Cele bral 25




La vida no tiene sentido, buen si, uno, el sentido del gusto... del gusto por la vida.

- Said -

martes, 18 de septiembre de 2012

El Dedo de Dios

Señoras y señores... los frutos del ocio.




Otro día con más calmita... nos leemos.

martes, 4 de septiembre de 2012

Teatro de Búsqueda... ¡sí, de búsqueda de tu dinero!



Señores padres de familia, jóvenes estudiantes, amigos y amigos, chiquillas y chiquillos, ¿nos les ha pasado que a sus hijos o a ustedes mismos los mandan por parte de la escuela a chutarse una obra de teatro en particular que resulta ser no menos que un escatológico y aromático churro retorcido?, seguramente que si les ha pasado. Algo que pareciera ser una obra inteligente y pensante como las que se suelen encontrar en el teatro experimental, en el teatro de búsqueda, resulta ser algo verdaderamente infumable, un simple medio para timar y estafar a los sumisos padres de familia que se ven obligados, por los maestros, a asistir a esos bodrios artísticos acompañando a sus críos.

Y no es que uno piense mal, pero por lo menos a mí me resulta harto sospechoso que estos maestros dictadores, quesque promotores de la cultura, obliguen a los parvulitos a asistir a estas puestas en escena so pena de reprobarlos o, en el mejor de los casos, de bajarles calificación si osaren desobedecer dicha orden. Es evidente que estos “profes” (porque no merecen ser llamados profesores) no asistirían en su sano juicio a presenciar alguna obra de teatro como esas, así que, ¿de dónde les sale la brillante idea de mandar a su alumnado a fumarse tan lastimoso espectáculo?... pues seguramente del “entre” que les ofrecieron los productores de dicho espectáculo.

Y es que no hay que ser un iluminado para darse cuenta que los productores de estas improvisadas puestas en escena convencen a los maestros para que manden (en bola) a sus discípulos a cambio de una bonita y generosa comisión. Así, y solo así, es como estos abortos de obras sobreviven a su mediocridad, no hay vuelta de hoja.

Mi hija, que suele ser un pan de Dios, ante la injusticia se transforma y se convierte en la más grande defensora de las causas perdidas, una mezcla entre Juana de Arco y la Señorita Laura en versión puberta. Pues bien, luego de que una de estas nefastas y hambreadas “profes” la obligara a asistir a una obra de teatro de bastante mala hechura, no le quedó más que levantar la voz y presentar su queja por escrito aprovechando la tarea que les fue encomendada. A continuación les presentó el relato que mi argüendera hija le presentó a su oligofrénica maestra cumpliendo puntualmente con su tarea… ánimas que no me la vaya a reprobar porque no se la va a acabar. Bueno, este fue su reporte:




REPORTE: OBRA DE TEATRO
Por Frida Mariana


Me encontraba sobre la calle Antonio Caso e Insurgentes sur, solo me faltaba caminar una cuadra más para así dar por terminado mi largo y cansado peregrinar de mi casa al Teatro.

Al llegar, me encontré con una trifulca. Lo que sucedía es que fuera del Teatro se encontraban varios jóvenes un tanto amontonados en las puertas del teatro, que por cierto ya habían cerrado, así que me di a la tarea de investigar tal despapaye. De inmediato me encontré con algunas compañeras del salón y les pregunté qué ocurría, a lo que me respondieron – ¿Qué crees Frida?, pues resulta que nos cerraron las puertas y no nos quieren vender boletos para la obra, dicen que nos esperemos a la otra función -. A tal información me espanté y me dije a mi misma –Ves, por qué no te paraste temprano, y por qué en vez de estar viendo Phineas y Ferb no te apuraste, así hubieras salido más temprano de tu casa y no estuvieras pasando por esto -. Y pues ni modo, me tendría que esperar poco más de una hora para poder entrar a la segunda función. Pero mientras me reclamaba a mi misma, las mismas chavas de mi salón hicieron que les abrieran las puertas. Así como pude, me metí de colada y pude comprar mi boleto sin ningún problema. A la damita que recogía los boletos la noté un tanto desesperada, su comportamiento hacia nosotros no fue del todo atento, lo que a mi parecer deja mucho que desear el servicio del tan concurrido Teatro.

Después de todo lo sucedido, al fin pude entrar a la tan maravillosa obra teatral que me esperaba en los “adentros” de las instalaciones del teatro. Al entrar, obvio, ya había empezado la función, así que traté de entrar de puntitas para no hacer ruido y no distraer al respetable público. Mi asiento tuvo que ser hasta arriba, lo cual no era muy agradable, ya que no tendría cerca a las estrellas (actores) de la obra, claro, para poder aventarles los jitomates que traía en mi bolsa y que pase de contrabando. Una vez que me pude instalar en mi asiento, tuve la oportunidad de empezar a ver la obra.

El primer acto trató de un hombrecillo que hacía como un tipo de malabares con ayuda de algunos elementos como aros, luces, bolas de plástico etc., todo esto acompañado de música electrónica y ruidos extraños, tan raros que pensé que a alguien lo estaban torturando en los camerinos. Por otro lado, se veía tan feo y descuidado el teatro, que no sé si era parte de la escenografía para que fuera de acuerdo con el tipo de obra teatral (fea y descuidada).

Después de ese espectacular acto de malabarismo, me quedé sencillamente anonadada y pensé - De seguro que  el Cirque Du Soleil les copió -. Ya no aguantaba más las ganas de ver lo que venía, de pronto, en ese momento, salieron dos monjes de entre el público y comenzaron a espantar a los privilegiados que alcanzaron lugar hasta adelante, después tomaron posesión del escenario, se quitaron las capas de monjes y comenzaron a bailar cumbia… ¡sí!, mi cara fue de “¡y eso qué!”, pero bueno, no se le puede pedir más al intelecto de los escritores de este tipo de obras teatrales.

Una vez que los dichosos monjes terminaron con su performance “cumbiañero”, entró en escena el presentador. Era un chavito enquencle, una especie de Marco Antonio Regil “región 4”, que entró al escenario con tanto ánimo, que se trababa cada vez que intentaba decía algo, o se le olvidaba lo que iba a decir, o repetía lo que ya había dicho.

El presentador se quedó en escena toda la obra junto con los dos monjes falsos, ya que la obra consistía en que los dos monjes participarían en 6 juegos de improvisación. El presentador sacaba de una caja una frase y los dos actores tenían que improvisar de manera instantánea lo que decía la frase.

A mí en lo particular me parecieron increíbles sus actuaciones, incluso hasta llegué a pensar que estudiaron en algún taller de actuación en NY y que ellos si estaban preparados, no como los actores de Televisa, que con solo ir CEA (Centro de Educación Artística de Televisa) ya se creen mejores que Julie Andrews o Al Pacino.

Es justo aclarar que todo lo que escribí no es para burlarme o algo parecido, es solo para demostrar el bajo nivel de teatro que tenemos en México, y no digo que no haya buen teatro, pero creo que si alguien tiene la oportunidad de poner en escena una obra, lo debería de hacer lo mejor posible. La gente va a ver su obra y paga la cantidad que ellos creyeron conveniente, más no pagan lo que cada persona pueda, quiera o crea que se merezcan. Además, creo que los maestros no deberían de enviar a sus alumnos a este tipo de obras de teatro, ya que como alumnos solo vamos a tirar nuestro dinero a la basura, literalmente, y no nos llevamos ni un poquito de cultura en nuestras cabezas, y en verdad que nos falta mucho que aprender a esta edad. Creo que a la mayoría de mis compañeros no les importa ver una buena o mala obra de teatro, la mayoría van solo por cumplir con la tarea y así poder subir su calificación; pero yo no solo voy a eso, a mí si me gusta aprender y más a través de este tipo de expresiones artísticas, que a mí, en lo particular, me encantan.

Sin más que reclamar por el momento, infinitas gracias por demostrar que seguimos siendo un país pobre en educación y cultura.



Bueno queridos amigos, ánimas que ustedes no tengan que padecer una de estas encomiendas porque en verdad que da mucho coraje el que le quieran ver a uno la cara. Ojalá en verdad los maestros se preocuparan por difundir la cultura, el buen teatro, la buena música, y en general, cualquier expresión de arte de calidad. Ojalá que los maestro tuvieran un poco de amor y respeto por su profesión y se preocuparan más por fomentar en los jóvenes el arte, el conocimiento y la cultura, y no por meterse unos cuantos pesos a la bolsa. Afortunadamente no son todos los maestros, afortunadamente hay maestros que sí fomentan el amor por las expresiones artísticas y la cultura en general… bien por ellos, buuu por los otros.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Rod Stewart, 23 años, 4 meses y 10 días



3,510 no es el número de tacos al pastor con piña y salsa roja que me he comido a lo largo de mi vida, tampoco son los Melox que me he tenido que tomar después de comer tacos al pastor, tampoco son los cuadritos de papel que he usado durante mis consecuentes diarreas cuartas por comer tacos al pastor de dudosa procedencia, tampoco son las veces que le miento su madre a Israel Jaitovich cada vez que me lo topo en la tele luego de comer tacos al pasto (o de no comerlos), en fin, que este número no tiene nada que ver con tacos al pastor ni con speudocómicos oligofrénicos harto chocantitos, no.

Más bien, cuando hablo de esta cifra, 3,510, me estoy refiriendo, por su puesto, a los días que tuvieron que pasar para que se pudiera dar el reencuentro entre un fan y su ídolo, entre un tenochca y un ingles, entre un por siempre joven y otro por siempre joven, entre Jaime Said y Roderick David Stewart, o sea, ¡entre el gran Rod Stewart y yo!

Así es, tuvieron que pasar 23 años, 4 meses y 10 días desde aquel histórico concierto en el Estadio Corregidora de Querétaro al cual asistí, para que pudiéramos cantar de nuevo, él y yo (y unos cuantos miles más), aquello que dice: “Forever Young…”.

Todavía parece que fue ayer cuando estuve horas y horas formado en la afueras del estadio de Querétaro, bajo aquel imponente sol que caía a plomo, esperando para poder entrar al primer gran concierto de rock que se daba en nuestro país luego de muchos años de involuntaria abstinencia (cúlpese de ello a nuestras nefastas autoridades de entonces). Nunca olvidaré cuando, luego de esa interminable espera, finalmente se apagaron las luces y comenzó a escucharse en todo el estadio “The Stripper”, al tiempo que unos reflectores iluminaban el imponente escenario en forma de una sexy mujer recostada. Luego de apenas unos segundos, dejó de escucharse “The Stripper” (rolita que usualmente utiliza para abrir sus conciertos), y se escucharon a todo volumen los primeros acordes de “Hot Legs”, fue en ese preciso momento cuando saltó al escenario el gran Rod Stewart con apenas 44 añitos y con toda la energía propia de esa cuasiadolescente edad. Sin lugar a dudas, ese fue el principio de uno de los mejores conciertos que he visto en mi ya longeva y putrefacta vida.


Cartel original del concierto de Rod Stewart en el Estadio Corregidora de
Querétaro en 1989.

Este es mi boleto del concierto de
Rod Stewart en Querétaro. 


Rod Stewart regresó a tocar a México luego de aquel histórico concierto algunas veces más, pero yo, por una u otra razón, nunca lo pude ir a ver. Pero este año, cuando aun no me reponía de la emoción (y del gasto $$$) de haber estado frente a mi otro gran ídolo Paul McCartney, llegó a mí la maravillosa noticia de que Rod Stewart venía a México de nuevo. Pero por si esta noticia no fuera lo suficiente emocionante, me enteré que la fecha de su concierto sería el día 16 de agosto, ¡exactamente un día antes del cumpleaños de mi hija! Déjenme decirles que si yo soy super fan de Rod, pues mi hija me dice ¡quítate que ahí te voy! Así que qué mejor regalo para mi rocanrolera Princesa, que poderla llevar a ver a su también ídolo Rod Stewart.  

Compré los boletos en prevente, pasaron los días, y finalmente el pasado 16 de agosto, mi hija y yo, nos dirigimos al Auditorio Nacional dispuestos a disfrutar en la mejor compañía, la mutua, uno de los conciertos que seguramente nunca vamos a olvidar. 

Luego de estacionarnos y antes de bajar del coche, volteé a ver a mi hija y noté en su rostro una de esas sonrisas muy de ella, sonrisa que indica felicidad plena, felicidad al 100%. Cuando esto pasa, definitivamente soy el hombre más feliz en la tierra, porque no hay nada que haga más feliz a un padre, que una hija feliz.  

Mientras caminábamos por el estacionamiento comencé a ver como de los demás autos descendían familias enteras, padres como de mi edad acompañados de sus hijos adolescentes. Seguramente muchos de esos padres de familia, al igual que yo, estuvieron en el concierto del estadio de Querétaro y nunca pensaron, pensamos, que luego de tantos años, la vida nos daría el regalo de poder compartir a nuestro ídolo con nuestros hijos, y en mi caso, que mi ídolo se convirtiera también en el ídolo de mi hija.


La gente poco a poco iba llegando a la cita con el gran Rod Stewart.


Ya en la explanada del Auditorio Nacional, como aun era temprano y teníamos mucho tiempo, mi hija me propuso un bonito recorrido entre los puestos ambulantes que se encuentran a unos metros de ahí para comprar algún recuerdito del concierto. Esta es una de las partes que más disfruto cuando voy a un concierto, el pasearme entre los puestos para ver cuanta mugre se merca ahí con el nombre y la figura del artista, es algo que verdaderamente gozo. A mí la verdad todo se me antoja, pero logro dominar mi instinto consumista y generalmente no compro más que una cosa… peeeeero mi hija no se gobierna tan fácilmente y ella sí que termina comprando mugre y media.

Luego de transitar en repetidas ocasiones los pasillos entre los puestos, finalmente mi hija terminó de hacer su shopping y salió de ahí hasta con el perico. Se compró: que la playera oficial, que la taza oficial, que la pluma oficial, que el vaso oficial, que la pulsera oficial, que el llaverito oficial, que la foto oficial, etc. Acto seguido, la mandé a guardar todo su Kit Stewart al coche y pacientemente esperé su regreso. Mientras ella iba y venía, yo me entretuve viendo al respetable que poco a poco llegaba al Auditorio Nacional. Que diferente a aquel concierto del 1989 en el que hubo personas que incluso se fueron a quedar a dormir afuera del estadio una noche antes; aquí bastaba con llegar boleto en mano, y en diez minutos cuando mucho, uno ya se encontraba sentado en su cómodo lugar frente al escenario.

Cuando regresó mi hija, inmediatamente nos dirigimos a una de las chingomil entradas del Auditorio Nacional y nos dispusimos a entrar al recinto. Luego de una bonita y reconfortante manoseada a mi pudoroso cuerpecito por parte de un elemento de seguridad, finalmente nos permitieron entrar al ya concurrido lobby. Ahí fui interceptado por una serie de nalgoncitas edecanes que amablemente me invitaban a pasar a sus respectivos stands para ensartarme algún producto o servicio. Mi hija y yo logramos escabullirnos de esas sonrientes e insistentes damitas y pasamos a ver una pequeña pero interesante exposición de fotos que estaban expuestas a un costado del lobby. Eran fotos de todos los artistas que se han presentado en el Auditorio Nacional. Al terminar de recorrer la exposición quedé bastante frustrado al darme cuenta de toda la bola de artistas que me he perdido tan solo por la irrelevante e insignificante razón de que no soy millonario… buuu.

Antes de pasar al interior de la sala, mi hija y yo decidimos pasar al antidoping para evitar tener que salir a mitad del concierto por culpa de nuestras inoportunas vejigas. Una vez que nos “escurrimos” lo necesario, nos fuimos a la entrada que nos correspondía y pacientes esperamos a que una acomodadora nos llevara hasta nuestros lugares.

El escenario estaba cubierto por un enorme telón de “ciertopelo” rojo. El interior del auditorio estaba iluminado en tonos morados, rosas y violetas, bastante jotito pero harto bonito. Mi hija se comía las uñas de los nervios, solo faltaban unos minutos para que ella conociera a Rod, y para que yo lo reconociera. La gente no terminaba de entrar, parecía que el auditorio no se iba a llenar y esto a mi hija le inquietaba más que al propio Rod.

La hora que marcaban los boletos para dar inicio al concierto llegó, pero nada. Mi hija que no sabe chiflar, intentaba hacerlo, yo que soy más pelado y si sé hacerlo, pues lo hacía. Apenas 15 minutos después de la hora anunciada, ya casi con la sala llena, se apagaron las luces, se abrió el enorme telón del Auditorio Nacional y, al igual que hace más de 23 años en Querétaro, las notas de “The Stripper” dieron inicio al concierto. Poco a poco fueron apareciendo en escena el resto de los músicos y las coristas, de pronto, el retumbe de la batería dio inicio a tema “Love Train” y fue en ese momento cuando finalmente saltó a escena, mi adorado Rod Stewart.  

Rod portaba un bonito y “discreto” saco color fiusha (o sea rosota), pantalón y camisa negra, corbata amarilla y unos maravillosos zapatos negros con blanco. Su blonda cabellera lucía igual que hace 23 años, su voz ronca y rasposa era la misma de siempre, y su energía y vitalidad no habían sufrido ninguna merma por el paso de los años. Mi hija, como siempre ocurre cuando se emociona hasta el delirio, gritaba eufórica cual fan de Camilo Sesto en “Siempre en Domingo”. Yo confieso que por un momento sentí que se me humedecieron los ojos de la emoción (sí, soy jotito ¡y qué!).




Así dio inicio uno de los conciertos que más voy a recordar en lo que me resta de vida, y lo voy a recordar porque fue el reencuentro luego de 23 años entre Rod y yo, pero principalmente, porque pude asistir a ese maravilloso reencuentro con la persona más importante en mi vida, mi hija. Nunca voy a olvidar ese momento tan especial en el que Rod cantó “Forever Young” mientras yo tomaba fuertemente la mano de mi hija, mientras mi corazón en silencio le decía al suyo exactamente lo mismo que dice la canción:

Y cuando al fin te marches
Espero haberte servido bien
Porque toda la sabiduría de una vida
Nadie la podría contar
Pero cualquiera que sea el camino que tú tomes
Estoy detrás de ti, ganes o pierdas
Por siempre joven, por siempre joven
Por siempre joven…




Rod Stewart y la bandera de México, bonita forma de darle la bienvenida
al próximo mes patrio.

Rod Stewart presentó en las pantallas a sus hijas, sus hijos y su nieta. 

Eran 13 las personas en el escenario entre músicos y coristas.

En una parte del concierto Rod Stewart cantó algunos de sus éxitos
en acústico.

En lo que Rod se cambiaba de ropa, una de sus talentosísimas coristas
derrochaba talento y voz.

La enorme pantalla creaba maravillosos efectos de luces en el escenario de
Rod Stewart.

Otro momento bastante cajeta fue cuando Rod mostró en las pantallas lo que
pasa cuando toma de más. 

Así, con un simpático sombrero, se despidió de México cantando su legendario
éxito "Da Ya Think I'm Sexy".

Rod Stewart... Forever Young!


Gracias hija por esos maravillosos 17 años de felicidad que me has regalado, te amo. ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!


Otro día con más calmita… nos leemos.