viernes, 25 de noviembre de 2011

Un sueño más que húmedo


Como diría el morenazo Martin Luther King I have a dream…. Así es, ayer mismo tuve un sueño bien piocha, tan bueno como aquel en el que casi embarace a Shakira y Lucero al mismo tiempo.

Resulta que me encontraba cómodamente instalado en la ceremonia de inauguración de los próximos Juegos Olímpicos de Londres 2012, ya saben, como buen peladazo con mi sombrerote de charro y mi sarape de Saltillo cantando el “Cielito Lindo”, cuando de pronto, en un momento dado de la ceremonia, el presentador en su perfecto ingles británico anunciaba: - And now ladies and gentleman… ¡The Beatles! -. ¡Queeé! no lo podía creer, como dice una querida amiga: “casi me vine en seco”. Y como no si ahí estaban frente a mí los "Fab Four", John, Paul, George y Ringo, los cuatro juntitos y de cuerpo presente cantando “Can’t buy me love” a todo lo que daban. Aquello parecía un sueño, de hecho lo era, pero yo ni en cuenta. Al terminar de cantar y antes de que yo pudiera tomar aire, John, sí, el gran John Lennon, le daba durísimo a su guitarra y se soltaba cantando “Revolution”. Aquello era hermoso, increíble, sublime, apoteósico… ¡chingón pues!

Pero lo mejor vino después, cuando al terminar de cantar John, Paul se acercó al micrófono, dio algunos de sus característicos gritos, hizo una pausa, y dijo muy quitado de la pena: - I would like to invite to sing with us somebody special, so ladies and gentleman, my dear friend... Mr. Freddie Mercury -. ¡Queeé! ¡Segundo orgasmo en seco! He de decirles que el Estadio Olímpico de Londres prácticamente se venía abajo cuando en escena apareció el más grande de todos los roqueros,  el gran Freddie Mercury.

Vistiendo una enorme capa de terciopelo rojo y sosteniendo en una mano su imponente corona real, Freddie llegó hasta donde estaban los Beatles a los cuales saludó, uno a uno, con un cariñoso abrazo. Instantes después, Freddie fue hasta el frente del escenario, levantó su corona por unos segundos e hizo una señorial reverencia para saludar al respetable. En lo que él hacía esto, el publico y yo enardecíamos de la emoción, mientras, Brian May, John Deacon y Roger Taylor tomaban sus instrumentos y se mezclaban con los Beatles… ¡neta!

Aquello era la locura, todos gritábamos eufóricos, ¡qué más podía pedir!, en el escenario estaban juntos los Beatles y Queen, mis dos bandas preferidas, ¡las mejores! De pronto y antes de que comenzaran a tocar, siento la mano de alguien que me toca el hombro izquierdo y pone una cerveza frente a mí, una Guinness (of course!); y cuando volteo para darle las gracias, ¿saben quién era?... ¡Rod Stewart! (¡oh!, me cae, además es mi sueño y yo puedo invitar a quien quiera). Enfundado en sus clásicos pantalones de leopardo y con su blonda melena alborotada, ahí estaba el buen Rod discutiéndose con las chelas como buen valedor, así que como ustedes comprenderán y como las normas de etiqueta obligan, no me quedó otra más que decirle: - gracias carnalito, ¡que Dios te lo pague! Yo invito los cueritos y el chito pa’ la botana -. Rod solo me guiñó el ojo, se volteó y siguió platicando con su cuate David Bowie. Neta que sino hubiera sido por el par de bizcochotes que los acompañaban, hubiera pensado que el cuasiescocés me quería tirar toda la onda. Bueno, ahí la dejamos y regresamos nuestras miradas al centro del estadio a donde estaban los Beatles y Queen a punto de tocar… ¡juntos!

No acababan de tocar apenas los tres primero acordes de “A kind of  magic”, cuando… ¡tómala barbón! que suena la trinche alarma de mi celular y me despierta. ¿Saben lo frustrante que fue eso?, es como si Brooke Shields me dejara tocarle una nalguita y luego se diera la vuelta y se fuera, ¡así me quedé! Aquello fue un trinche coitus musicus interruptus.

No pude escuchar a mis ídolos tocar juntos; el imposible reencuentro de los Beatles se había dado junto con el también imposible reencuentro de Freddie Mercury con Queen, y por si esto fuera poco, ¡iban a tocar juntos! Nomás por eso, les confieso que ahora tengo mi pobre corazón hecho pedazos… ¡ah! y mi estúpido e inoportuno celular, también.


Otro día con más calmita… nos leemos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Frases Jotitas 24


Una de las principales secuelas que nos deja la inteligencia, es una crónica e incurable… sonrisa.

- said -

lunes, 21 de noviembre de 2011

¿EL BUEN FIN?... ¡la manga que!



Como siempre queriendo imitar a nuestros primos los gringos panza de pescado. Lástima que nunca logramos copiar de una manera por lo menos decorosa las cosas buenas de los gringos (que aunque no lo crean las tienen).


A alguien se le ocurrió en nuestro país, no sé a quien, si lo supiera creanme que lo señalaría con mi dedo flamígero (el de en medio claro está), inventar o copiar el famoso Black Friday de los gabachos, día en el que se ponen muy buenas ofertas en las tiendas y en los centros comerciales (Malls) de gabacholandia. Por su puesto que el resultado fue solo un trinche aborto region 4 del famoso Black Friday gabacho.

Y es que no hace falta ser un experimentado mercadólogo como yo (ire ire ire ire) para darse cuenta que todo es un vil engaño, un trinche gancho para que los queridos consumidores acudan a las tiendas a gastar sus pocos varos. Lo cierto es que en la tiendas no hay ninguna oferta fuera de lo común, algo que realmente nos hiciera emocionarnos. Por ejemplo, en la Comer están reembolsando, como gran oferta del “Buen Fin”, la cantidad de 250 pesos por cada 1,000 de compra en línea blanca. Esto a simple vista suena como a un trinche 25% de descuento, cosa que ni siquiera es cierta del todo. Y es que la devolución es por cada 1,000 pesos de compra, o sea que si el producto cuesta 1,990 pesos, solo le devolverán al cliente mugrosos 250 pesos por los primero mil pesos. Esto no representa más que un vil, pulgoso, mugriento y raquítico ahorro del 12.6%. Además y por si esto fuera poco, la devolución en si no existe, es más bien una bonificación a su famosa Tarjeta Naranja, sistema que de un tiempo a la fecha han adoptado muchas tiendas y centros comerciales para obligar al consumidor a gastar ahí mismo su “quizque” ahorro.


Pinchurriento descuento del "Buen Fin" en la Comer.


En fin, allá ustedes si quieren caer en el consumismo, a mí la verdad ya ni Julio Regalado me seduce; yo, como tipo harto cuidado pal centavo que soy, antes de caer en los truquitos baratos que elucubran los mercadólogos, primero lo pienso dos veces y ya luego aflojo el cuerpecito… perdón, el varo (me traiciono el subconsciente).

Queridos amigos lectores, si pueden, vieran de dense una vueltita por el Black Friday allá en McAllen o Laredo (por no decir New York) para que vean lo que son descuentos reales y chonchos, que en honor a la verdad, solo son unos cuantos artículos los que tienen estos descuentos espectaculares, por esa razón la gente asiste muy temprano a las tiendas y hace grandes colas para poder conseguir alguno de estos productos espectaculares. En fin, mi consejo es que cuide su varo y no se deje llevar por los descuentos engañosos, que no le gane la emoción, después de todo, ganar el varo cuenta un buen (iba a poner "... un huevo" pero me pareció muy pelado, ¡que bueno que no lo hice!).


Otro día con más calmita… nos leemos. 

martes, 15 de noviembre de 2011

La Tarjeta de López Obrador




El otro día mi Sacrosanta apareció frente a mí con su muy socorrida carita de “plis”, esa chantajista cara que siempre pone cuando quiere solicitar mis servicios de “escort” para alguna diligencia. Resulta que mi adorada ciruelita quería que la acompañase y la llevase si se pudiese y si yo quisiese en mi ese, a recoger su casi beatificada “Tarjeta de López Obrador” (como ella le llama). El bonito Gobierno del Distrito Federal decidió de manera unilateral (o sea, por sus huevos), que ya era tiempo de cambiar las más de 472 mil tarjetas existentes por unas nuevas. Por favor, no quiero que vayan a pensar que esto tenga alguna implicación relacionada con un acto de corrupción, que el costo de la elaboración y sustitución de estas tarjetas tenga que ver con que nuestro flamante Jefe de Gobierno esté haciendo su guardadito para su campaña, o en el peor de los casos, para su retiro. Tampoco quiero que vayan a pensar que este bonito acto tenga connotaciones electoreras, ¡qué esperanza!, esto no ocurre en nuestro país y menos en la “ciudad de vanguardia”.

El caso es que mi Sacrosanta suplicome, implorome y luego de ver que esto no fue suficiente, amenazome e instigome, para que la llevara al bonito acto convocado por el Gobierno del D.F..  El evento tendría lugar en uno de los salones del Word Trade Center, o como lo conocemos los labregones como yo, en el Hotel de México. Como sé que ese lugar cuenta con todas las facilidades para un mamila como yo (estacionamiento, cafetería y gente bonita), acepté gustoso, bueno ni tan gustoso pero acepté y decidí llevarla.

La cita era a las 12 del día. Cuando llegué al W.T.C. me sorprendí al ver como hordas enteras de parvulitos, todos ellos mayores de chingomil años, llegaban al lugar. Jamás había visto a tanta ciruelita y a tanto cebollín juntos, parecía que todos se dirigían a un megaconcierto, claro, un megaconcierto de Marilu “La Muñequita que Canta” o de Pablo Beltrán Ruiz y su orquesta de “Los Millonetas” (si al leer esto no estás en un asilo de ancianos, seguro no sabes de quien te hablo).

Al entrar al enorme salón donde se llevaría a cabo el evento, el olor a perfume y loción con suaves notas naftalina flotaba en el ambiente. Yo era de los pocos presentes menores de 70 años, el resto parecía salido del casting de la película “Cocoon”. Algunos de los invitados ya se encontraban sentaditos y los que íbamos llegando recibíamos instrucciones para ocupar nuestro lugar dentro del salón. La organización era buena y el trato amable, sabían bien que estaban tratando con verdaderas joyas arqueológicas vivientes. De hecho me pareció que había gente del Instituto Nacional de Antropología e Historia supervisando que todo saliera bien.

Una vez que ocupé mi lugar dentro de aquel enorme galerón, comencé a hacer mis acostumbradas e inevitables “observaciones”. La verdad, luego de mirar a tanto viejito a mi alrededor, he de decirles que se me ablandó el corazón y comencé a sentir eso que los jotitos llamamos “ternurita”. Con tanto abuelito y abuelita a mi lado, me sentí como protegido y apapachado, de hecho estuve a punto de pedirle al cebollín que tenía a la derecha, que me contara un bonito cuento.

Fácil había más de dos mil adultos mayores reunidos en aquel lugar. Yo que soy bien mal pensado, no perdía de vista a los organizadores y a las gentiles “visitadoras” (o como se llamen), y es que con tanto viejito reunido en ese lugar, pensé que en cualquier momento de la parte de arriba saldría gas al más puro estilo Auschwitz-Birkenau. Pero no, afortunadamente toda la concurrencia fue indultada y no pasó nada.

Mientras seguían llegando a borbotones cientos de viejitos, en el centro del salón y sobre un entarimado, el maestro de ceremonia presentaba al cantante que iba a amenizar el momento. Era el típico cantante de bar, onda el “Bacón Rojo” del Wings o del Sanborns. Por su puesto que el repertorio que manejaba el apolillado artista parecía salido de la estación “seis veinte, la música que llegó para quedarse”. Me acordé de todos esos artistas que se presentaban en el antigüísimo programa de “La Hora de los Locutores” en el canal 4: Enrique Cáceres, Daniel Riolobos, Carlos Lico, Alejandro Algara, Amparo Montes con Teté Cuevas al piano, etc. (de nuevo, si no estás en un asilo no te apures, no vas a saber de quien te hablo). El solitario trovador comenzó cantando música de Agustín Lara, lo que hizo que todos los ahí presentes corearan al unísono las bonitas rolas. He de decirles que el respetable estaba bien prendido, eufórico, pero cuando aquel Juanito Penas interpretó aquella de: “Veracruz, rinconcito donde hacen sus nidos las olas y el mar…”, aquello fue apoteósico. Incluso pensé que en cualquier momento alguna de las ahí presentes se iba a sacar el bra o el calzón-pantaleta y se lo iba a arrojar al engominado cantante. Estaban tan prendidos todos, que estuve a punto de gritar - la siguiente ronda de Ensure va por mi cuenta -, pero no, me contuve y me porté bien, justo como Dios y Matusalén mandan.

Finalmente terminaron de entrar todos los cebollines y las ciruelitas que faltaban y el cantante terminó de interpretar sus éxitos de 78 rpm. De nuevo subió el maestro de ceremonias al escenario, ahora para presentar a la Lic. Rosa Icela Rodríguez Velásquez quien es la mera efectiva del Instituto para la Atención de los Adultos Mayores. La amable damita comenzó su perorata agradeciendo a todos los ahí presentes. Luego les informó de algunos servicios que se estaban prestando en el lugar de manera gratuita. Invitó a todos los que no tuvieran su acta de nacimiento a que pasaran a tramitarla sin costo alguno. Yo, que a veces suelo ser medio cabrón, le comenté a mi Sacrosanta que en lugar de tramitarles su acta de nacimiento mejor “vieran” de aprovechar y sacar su acta de defunción de un vez. Un ciruelita que se encontraba en la fila de atrás me alcanzó a escuchar gracias a su aparato para la sordera biónico y me echó una mirada que casi me parte en dos. Ni modo, me tuve que esta quietecito como dijo mi mamá… o hablar mas bajito. También convidó a los abuelitos presentes a que tramitaran su testamento, aunque francamente la mayoría se veía que cuando mucho podía heredar su dentadura postiza con todo y Corega  y algún perrito o gatito meón. Otro de los servicios que se les ofrecieron, fue una línea telefónica llamada “La Linea Plateada”, en donde podían recibir apoyo de diferentes modos, desde psicológico, hasta legal, porque según dijo la Lic. Rocita, hay mucho “oji de su retamapudre drema” que le gusta darle sus zapes a mis viejitos adorados… vieran de ponerse con uno de mi tamaño si son tan machitos.

La licenciadita siguió hablando como si lo que les sobrara a los presentes fuera tiempo. De pronto, las vejigas de las ciruelitas y los cebollines comenzaron a reclamar un lugar donde desaguar, esto porque a algún iluminado se le ocurrió dejar en cada lugar una botella de agua (bonito detalle pero no para una vejiga senil). En mi carácter de contertulio lazarillo, tuve que abrirle paso a mi Sacrosanta entre la multitud para buscar un lugar donde hacer del cuerpo. Hubiera estado bien que al entrar se les obsequiara un kit de supervivencia a los viejitos, que contuviera, por lo menos: un trinche pañal para adulto y una útil inyección de Epinefrina por si les fallaba el corazón (recomendada por el afamado Dr. House).


Mis compañeritos de bancada en el evento.

En el centro el Lic. Mario M. Delgado luciéndose con
los cebollines y las ciruelitas.


Cuando mi madre volvió para ocupar su lugar, yo ya había ligado con una octogenaria, que si no estaba muy guapa que digamos, por lo menos sí se veía de varos, pero mi madre llegó a hacer mosca como es su costumbre y tristemente nuestro novel amor no cuajó. En eso estaba, cuando milagrosamente la licenciada comenzó a pedir porras y aplausos para Ebrard, lo que según yo presagiaba, el anhelado final de aquel interminable speech.

Cuando pensé que finalmente iban a pasar a los lugares a entregar las dichosas tarjetas de Pensión Alimentaria como habían prometido… ¡tómala barbón! Que presentan a otro monito dispuesto a seguir con los discursos. El interfecto era el Lic. Mario M. Delgado Carrillo, que ostenta el puestazo de  Secretario de Gobierno del D.F. Para los que no lo saben, este caballero es el “delfín” de Ebrard, es quien goza de su simpatía y amistad, o sea, es al que quiere dejar en su lugar el carnal Marcelo Ebrard. Así que, como ya se imaginaran, el discurso de este ojón fue más un acto de campaña que otra cosa. Neta, mis espigadas nalguitas ya pedían a gritos un descanso, pero ni como hacerle, estaba en medio de una larga fila, así que pedir permiso para hacer mutis del lugar era prácticamente una monserga. No me quedo otra más que resignarme y concentrarme para que aquello terminara rápido.


No es Gordolfo Gelatino con Doña Naborita, es
Marcelo Ebrard con una de sus viejecitas. 


Finalmente el trinche candidato se cansó y se despidió, instantes después comenzaron a repartir las tarjetas nuevas. El reparto fue rápido, lo que permitió que ipso facto me retirara de ese Shangri-La capitalino con mi viejita del brazo. Y así, poco a poco, el resto de los cebollines y ciruelitas fueron desalojando el lugar portando orgullosos su nueva tarjeta. Estoy seguro que el próximo día primero me los voy a topar, como siempre, en el pasillo de las galletas de la Comercial Mexicana, haciendo feliz uso de su súper tarjeta... de “López Obrador”.


Otro día con más calmita… nos leemos.


Con todo mi cariño para esos niños grandes que llegaron más lejos tan solo porque empezaron antes... mis adorados viejitos. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Frases Jotitas 23


A veces los grandes alucinógenos ayudan, por eso soy un adicto al amor, la música, el café, y claro… tu recuerdo.

- said -