lunes, 25 de julio de 2011

Es el humo del cigarrillo que me hace llorar



Nuestro flamante gobierno y sus correspondientes partidos a través del H. Congreso de la Unión (léase trinches diputados y senadores), están sumamente preocupados por nosotros los siempre inmaduros y descerebrados gobernados. Así es, en su constante afán paternalista, estos ilustres personajes han obligado a las empresas cigarreras de nuestro país a poner escalofriantes imágenes en las cajetillas de los cigarros relacionadas con el mal que hace el siempre bonito y bohemio acto de echar humito por la boca. Lo cierto es que a las personas que fuman (fumamos dijo el otro) esto nos tiene sin cuidado, no creo que nadie fume sin estar conciente del mal que hace el cigarro, así que con imágenes o sin ellas, la decisión de dejar de fumar depende solo de uno. Yo por lo pronto, nomás no puedo concebir mi vida sin el cigarro. Y es que no hay nada más placentero que un cigarrito después de… ¡sí!, después de alguna de mis dos actividades fisiológicas preferidas: el comer y el aparearme. El cigarrito viene a ser para mí, algo así como la cereza en el pastel para cualquiera de las dos actividades antes señaladas.

Pero bueno, regresando al bonito gesto “humanitario” que tuvieron las autoridades competentes (o más bien incompetentes) de nuestro país al poner esas imágenes en las cajetillas de cigarros, he de decirles que se me ocurrió la manera de pagarles con la misma moneda. Estaba pensando que, así como ellos tuvieron el detallazo de advertirnos del mal que nos hace el cigarro poniendo esas imágenes y leyendas en las cajetillas, yo propongo que ahora que vienen las elecciones para Presidente hagamos exactamente lo mismo advirtiendo al respetable del mal que hacen los partidos a México, advirtamos de ese cáncer social que son el PRD, el PRI y el PAN (principalmente) para nuestro país. Esto lo podríamos hacer simplemente poniendo imágenes igual de impactantes como las que aparecen en la cajetillas de cigarros, solo que en este caso aparecerían en las boletas electorales justo a un lado del “logo” de cada partido. Yo me pregunto si alguien tendría el valor suficiente de votar por el PRI luego de ver justo ahí en la boleta la bonita foto de Carlos Salinas de Gortari o de Gustavo Díaz Ordaz o de Luis Echeverría o de López Portillo o de Ulises Ruiz o de Mario “El Gober Precioso” Marín, tan solo por decir algunos. En verdad alguien tendría el valor de votar por el PAN si apareciera la foto de Fox o de alguno de los hijos de Martita o de Francisco Solís Peón mejor conocido como “Pancho Cachondo” o de Diego Fernández de Cevallos o de Juan Molinar Horcasitas o de Javier Lozano o de cualquier otro insigne panista que escape a mi memoria. También les aseguro que nadie en su sano juicio votaría por el PRD si en la boleta apareciera la escalofriante foto de Andrés Manuel “Peje” Obrador o de Rene “Mr. Ligas” Bejarano o de Carlos Imaz o de Dolores Padierna o de Fernández Noroña o de Félix Salgado Macedonio o de Gustavo Ponce o de Yeidckol Polevnsky o de cualquier otro ilustre “pedorrista”… ¡perdón! quise decir perredista.







En fin, no sé que les parezca mi idea, quizás solo son sueños guajiros producto del humo del cigarro que me estoy fumando, pero por lo menos a mí me parece que sería un bonito detalle el advertir (con fines profilácticos) a la ciudadanía, del mal que le hacen los partidos políticos a la de por sí precaria salud de nuestro querido México. ¡Ánimas que no lo echen en saco roto y consideren mi marihuana idea!


Otro día con más calmita… nos leemos.





lunes, 18 de julio de 2011

Una imagen igual a 1000 palabras, 16 imágenes igual a un mamotreto



Cuando no hay tiempo de escribir nada mejor que recurrir a las imagenes, que segun dicen, equivalen a algo así como 1000 palabras. A continuación pongo 16 imagenes, o lo que es lo mismo, 16 mil palabras ¡vaya mamotreto eh!

Alguien gentilmente me las hizo llegar, así que siendo justo tengo que darle su crédito, gracias Alberto. Todas me parecen interesantes, aunque en algunos casos, dudo de su autenticidad, pero... ¡qué importa!, están bastante piochas.


Este simpático escuincle es nada más y nada menos que
Adolfito Hitler. Que ganas de haberle aplicado calzón
chino en la escuela por futuro ojete.

El Titanic saliendo de puerto antes de correr con la misma suerte del
Acatiki.

Albert Einstein con estas calificaciones pintaba más para estudiante
de un CCH o Bachilleres que para futuro genio.

No es RBD o Microchips, son los Beatles en sus inicios.

Chuck Norris y Bruce Lee, buenos pa' aplicarle bullying a sus
compañeritos del colegio... a ver quien era el valiente que
se las hacía de jamón.

Primer McDonalds en el mundo. Estos son los presuntos culpables de
que mi colesterol y triglicéridos estén por las nubes.

Chaplin echando coto con Calzonzin Inspector... ah no, es Gandhi!

La familia de Osaba Bin Laden (en circulo rojo). Como diría Pompin
Iglesias: "¡Qué bonita familia, qué bonita familia!"

Botellas de Coca Cola a traves del tiempo. ¡Qué harían los borrachos y los
dentistas sin esta bonita bebida!

Mick Jagger y el gran Bob Marley con esa bonita sonrisa que solo
nos puede dar un buen toque de mota.

Aquí el Papa platicando con Hitler... ¡hijo de su madre! (Me refiero a
Hitler, no el Papa, bueno, ¡el Papa tambien!).

Estos son los inicios de Google allá por 1999. Estos si son changarritos y no
los que quería poner Fox.

Aquí mi adorado Jonh Lennon dándole un autógrafo a un asesino... ni modo,
eso pasa cuando tienes mala ortografía.

Aquí el Papa Juan Pablo II le dice a su cuasi asesino: "no hay pex, no hay
fijón, ya choclas".

Increible foto de un miembro de KKK (Ku Klux Klan) siendo atendido por
un grupo de ¡doctores negros! (al parecer los tíos de Kalimba).

Martin Luther King luego de ser ejecutado por alguien que
gritó: "¡tirenle al negro!". Gran tipo, defensor de los derechos
de los negros y demás morenazos.


Otro día con más calmita... nos leemos.

viernes, 8 de julio de 2011

¿Pa' dónde va, al futuro o al pasado?



En cuanto suena la rolita “Power of Love” de Huey Lewis and The News comienzo a emocionarme porque es clara señal de que está por comenzar una de mis películas preferidas (churrote si ustedes quieren pero a mí me chifla), me refiero por su puesto a la película “Back to the Future” (Volver al Futuro) del súper director Robert Zemeckis (“Contact” y “Forrest Gump” entre otras). Esta película que ya tiene un cuartote de siglo de haberse filmado, nos muestra al buen Michael J. Fox hecho apenas un crió viajando al pasado (1955) en el famoso auto Delorean convertido en maquina del tiempo por el Dr. Emmett Brown (Christopher Lloyd). La historia ya todos la conocen así que no creo que sea necesario contárselas.

Pues bien, la última vez que vi esta película (apenas hace dos días), me puse a pensar o como dicen los intelectuales “a debrayar” en lo que yo haría de contar con una de estas máquinas para viajar en el tiempo. Yo les puedo decir que no lo dudé ni un segundo, a mí me encantaría ir al pasado, sin embargo, me quedé con la duda si todos pensarían como yo, así que comencé a preguntarle a las personas que tenía a mi alrededor lo que harían con una maquina del tiempo, si irían al pasado o al futuro, y fue sorprendente, al menos para mí, lo que me contestaron. Yo pensé que la mayoría iba a decir que viajarían al pasado al igual que yo, pero ¡niguas que!, muchos, al menos casi la mitad, optaron por viajar cómodamente y en primera clase al futuro. La misma pregunta la hice en el Facebook y obtuve una respuesta similar, ¡casi la mitad dijo que iría al futuro!

No sé si es porque yo soy un trinche nostálgico que vive añorando los tiempos pasados (sin renegar del presente) o es que simplemente estoy algo desilusionado de lo que yo esperaba del futuro, pero la verdad, yo pensaba que la mayoría iba a optar por viajar al pasado al igual que yo. Y cuando digo desilusionado del futuro, es porque cuando uno es niño siempre se forma una imagen de lo que será el mundo en el futuro, de cómo será todo lo que nos rodea cuando seamos grandes y pase mucho tiempo. Ahora que ya soy grande y pasó el tiempo, veo que todo aquello que imaginé de niño, pues nomás nel, nada que ver con la realidad.

Yo y mis imberbes amigos cuando el clima o la simple hueva nos impedía jugar tochito, coladeritas, bote pateado, hoyos o quemados, solíamos sentábamos en la banqueta a platicar, o lo que es lo mismo, a decir cuanta babosada nos pasaba por nuestras piojosas cabezas. Entre esas filosóficas y elevadas platicas siempre surgía el tema de cómo nos imaginábamos que iba a ser el mundo cuando llegáramos al entonces lejano año 2000.

Seguramente influenciados por series como “Perdidos en el Espacio”, “Viaje a las Estrellas”, “Los Thunderbirds” o los mismísimos “Supersónicos”, imaginábamos un mundo lleno de comodidades y automatización. De entrada pensábamos que nuestros apestosos pantalones de mezclilla y camisetas iban a ser substituidos por unos bonitos overoles plateados corte Chico Che. Nuestros tenis Decathlon o nuestros Exorcistas Canadá, serían transformados con el tiempo en unas modernísimas botas plateadas a prueba de pie de atleta y con propulsión a chorro para volar por los aires. Desafortunadamente veo que seguimos usando mezclilla y tenis apestosos como hace tantos años, si acaso y cuando mucho, las camisetitas de lycra medio espaciales y jotitas se llegaron a poner de moda en la querida comunidad “gatorade” (al parecer son los únicos en nuestro país con buen cuerpo para lucirlas).

Para el año 2000 mis amigos y yo pensábamos y estábamos completamente convencidos que los coches ya iban a volar. De hecho imaginábamos que iba a ser muy divertido escupir desde allá arriba para ver a quien le caía dicho fluido corporal luego de haber sido debidamente macerado con la ayuda de un Orange Crush. Para los que no quisieran usar su coche volador también existiría la posibilidad de teletransportarse como lo hacían el Sr. Spock y el Capitán Kirk en la nave Enterprise, esto sin duda sería muy practico sobre todo para mí que no me gusta usar los baños públicos. Y hablando de los baños, por aquellos años pensábamos que el bañarse iba a ser algo parecido a los lavacoches automáticos. Uno entraría a la ducha y todo lo demás lo haría un máquina, la enjabonada (poniendo énfasis en áreas estratégicas allá por donde nunca da el sol), la tallada con zacate o estropajo de talones y codos percudidos, la enjuagada con abundante agua a presión para deleite del libido de adolescentes y solteronas, y por último, la secada y sopleteada… ¡servicio completo! Pero de nuevo nos la pelamos, nada de coches voladores ni teletrasportaciones, el futuro llegó y seguimos viajando en coches a nivel de la calle y cada vez a velocidades menores por el tráfico. De la teletransportación ni hablamos, a usar el trinche Metro y las micros porque no hay de otra. Y la bañada es cada vez más rústica, a cubetazo o jicarazo pelado por la constante falta de agua.

En cuestión de los enseres domésticos, las teles imaginábamos que se iban a poder ver ¡hasta en tercera dimensión! Aquí hay que reconocer que no estábamos tan equivocados, fuimos, se podría decir, unos visionarios. Lo malo es que, aunque ahora podemos ver televisión en 3D, tenemos que seguir viendo las trinches repeticiones de “El Chavo del Ocho” o los refritos de las mismas novelas de hace 40 años.

Para la limpieza todos pensábamos que en el año 2000 iban a existir robots que hicieran las labores domesticas, o como quien dice, el “quiaser”. Afortunadamente esto no existe y seguimos teniendo a las Marías y a las Lupes ayudando en el servicio domestico. Esto está bien, sobre todo para los viejitos libinopútridos que preferimos verles las piernas a una damita en lugar de a una “Robotina” como la de los Supersónicos.

En cuestión de los alimentos, imaginábamos que así como con el recién salido al mercado Tang (polvito mágico que al agregarle agua se convertía en jugo de naranja), existirían una gran cantidad de polvitos que luego de agregarles agua y rehidratarlos se transformarían por ejemplo: en un taco de nenepil o suadero, en una picosita pancita pa’ la cruda, en un hot cake con su jarabe de maple, en una chela o michelada fría, o incluso, en un impresionante camote con todo y su miel de piloncillo. Nada de esto existe, y me da gusto, porque lo más parecido hasta ahora, es la asquerosa sopa Maruchan y la neta… yo paso.

En fin, como verán, todo aquello que soñamos mis amigos y yo para el entonces lejano año 2000, nomás no se nos cumplió. Así que mi interés por viajar al futuro en estos días, es nulo, no existe, no hay. La verdad prefiero irme pa’ atrás, conocer en persona a toda esa gente que he admirado por su obra o que también, ¿por qué no?, que he odiado por ojetes y gachos. Conocer ciudades ahora inexistentes o casi desaparecidas, eso me resultaría también harto interesante. ¿Se imaginan estar en el estreno de la opera “Don Giovanni” de Mozart… ¡con Mozart!? ¿Se imaginan estar en el Coliseo Romano comiendo unos cueritos con salsa Valentina mientras los gladiadores se rompen su maraca en la arena? ¿Se imaginan ver la representación del Vía Crucis en autentico arameo e interpretando en el papel de Cristo al mismísimo Jesús de Nazaret? ¿Se imaginan estar en la primaria con Adolfo Hitler para aplicarle un manchadísimo "bullying" por gandul y ojete?, ¿Se imaginan el placer de ver perder de nuevo al Peje en las elecciones para Presidente? ¡Eso no tiene precio!

Bueno queridos amigos, váyanle pensando porque en una de esas y se inventa la máquina del tiempo que nos permita viajar al futuro o al pasado. En vía de mientras, no nos queda de otra más que usar la siempre bonita y creativa… imaginación.


Otro día con más calmita… nos leemos.