sábado, 18 de junio de 2011

De un papá para su hija en el Día del Padre



Hija, cuando yo tendría como 18 años, fue que comencé a ir a los conciertos en la Sala Nezahualcoyotl. Antes, quizás desde los 14 años, yo ya había ido a Bellas Artes y a otras salas de la Ciudad de México, pero creo que fue hasta la universidad, cuando realmente me enamoré de la música clásica. Yo iba casi cada semana a los conciertos que se daban ahí, a veces con amigas y otras veces con tu abuela. Como es mi costumbre, me gustaba soñar despierto mientras esperaba a que comenzara el concierto. Entonces, veía entrar a señores acompañados de niños y eso me daba mucho gusto, el ver como los padres llevaban ilusionados a sus hijos a los conciertos para poder compartir su pasión con ellos, en verdad, era algo que yo disfrutaba enormemente. En ese momento, era justamente cuando yo comenzaba a soñar, y soñaba en que yo algún día llevaría a mi hijo o a mi hija de la mano y los dos, solos, nos sentaríamos ahí a disfrutar de la música en la mejor compañía posible… la compañía mutua, la tuya y la mía.

Y lo mismo me ocurría cuando iba a los toros. Soñaba con que algún día podría transmitirle a mi hijo la sensibilidad necesaria para apreciar el arte que había ahí en el ruedo. Y soñaba con que algún día mi hijo estaría a mi lado haciéndole compañía a su padre, en otras palabras, haciéndole la vida más feliz a su padre.

Así me pasó una y otra vez, en los museos, en el cine, en el parque, mientras veía las estrellas o mientras preparaba un pastel, nunca dejé de soñar que algún día junto a mí iba a estar compartiendo todos esos momentos mi hijo, mi hija… tú.

Sabes hija, el que sueña siempre obtiene una recompensa, y la recompensa es que tarde o temprano sus sueños se vuelven realidad. De pronto un día estoy sentado escuchando un concierto y sin querer rozo la mano de mi acompañante, volteo, y eres tú, ahí estas tú, mi hija, mi sueño hecho realidad. En ese momento sé que mi vida tiene sentido y que soy el papá más afortunado por tenerte a mi lado.

Hija, estás a tiempo de soñar, tienes que soñar, ¡debes de soñar!, y verás, que los sueños, tarde que temprano, te sorprenden cuando estos se vuelven realidad. Recuerda, las mejores cosas de la vida, primero y antes de que sucedan, comenzaron siendo un simple sueño.

Comienza pues a soñar, que todavía tienes por delante, una gran cantidad de sueños que se irán haciendo realidad ante tus ojos. Sueña, que cuando menos lo pienses, estarás rozando la mano… de tu hijo.

¡Gracias por ser mi mejor regalo del Día del Padre!


Con todo mi amor, para mi más grande sueño hecho realidad… Tú.