miércoles, 19 de enero de 2011

Facebook, o lo que es lo mismo "dime de que presumes..."



¡Qué padre que en el Facebook todos pueden escribir lo que se les de la gana!… pues ni tanto eh, la verdad es que eso de la libertad de expresión a veces me descompone el estómago.

Seguramente muchas de las personas que amablemente me aceptaron como su amigo en su face, luego de leer esto, procederán a borrarme por trinche criticón. Lo cierto es que no soy criticón, como siempre les he dicho, simplemente soy un “observador de la vida social” como Montesquieu. Hecha esta aclaración, procedo.

No sé porque últimamente tengo la impresión que las personas usan su Facebook para presumirle a los demás cualquier tontería. Se preguntarán en que me baso para hacer tan temeraria y descabellada afirmación. Bueno, solo hay que ver lo que últimamente he leído en la parte “Inicio” de mi face.

De pronto leo un comentario como: “Me estoy tomando un delicioso Toffee Nut Latte en el Starbucks de Palmas”… ¡chale, chale, chale! ¡Y a mí qué! O sea, cree esta persona que hay que aplaudirle por estar en un "Starsucks" o que. Yo cuando me tomo mi trinche Coffee Sock Taste del OXXO, no hago fiesta ni nada.

Otro comentario dice: “Estoy degustando una deliciosa ensalada, tres lechugas, queso azul, uvas, manzana, mandarina, semillas y aderezo balsámico.... ¡una delicia!” De nuevo, ¡ay no ma… menir tu mamá! ¿Por qué nadie escribe en su face algo más autentico y real?, algo como: “me estoy chingando un sope de esos que chillan en aceite, con su salsa verde, cebolla, lechuga con harta amiba, quesito fresco y un delicioso Titán de grosella pa’ bajármelo”.

Otro más dice: “A punto de tomar mi vuelo a Miami, ya estamos abordando los de primera clase”. Chido ¡eh!, o sea, buena onda tu viaje. Nadie tiene el valor de decir la verdad, algo así como: “Nos vemos porque me largo a Tepetonguear el fin, si no regreso, es culpa de esta trinche línea de camiones guajoloteros que nunca traen frenos”.

Y que me dicen de esas personas que se compraron en el Metro su librito de “Frases Celebres” y se la pasan citando a cuanto hombre de mármol o cobre conocen, onda: Confucio, Séneca, Sócrates, Platón, Buda, Nietzsche; o también Cervantes, Oscar Wilde, Bernard Shaw, La Bruyère, etc. Digo, ¿por qué no citar mejor a Niurka, a Laura Bozzo, a Carmelita Salinas, a Cuauhtemoc Blanco, a Gaby Spanic, a Alfredo Palacios, o incluso al mismísimo Don Andrés Manuel López Obrador o Juanito?

Hay quien es feliz cambiando su estado sentimental en el face. Un día dicen que tienen una relación complicada, otro día son solteros, otro día están comprometidos, otro día están separados, otro día tienen una relación abierta, otro día copulan con un mico, etc. Francamente no creo que esta inestabilidad emocional sea buena publicidad para ellos, pero de que llaman la atención, la llaman… claro, finalmente, eso es lo que quieren, ¿o no?

Pero bueno, la verdad es que, como siempre, yo soy el primero en caer en lo que tanto critico, pero que le vamos a hacer, “errare humanum est”, o lo que es lo mismo, “más pronto cae un trinche hablador que un cojo”, o lo que también es lo mismo, “mejor ya me callo y le llego, porque yo soy pior”…


Otro día con más calmita… nos leemos.

miércoles, 12 de enero de 2011

¡Qué envidia ni que ocho cuartos!

Eso de andar de envidiosos, pus como pa' que. Acá en nuestro hermoso país también tenemos lo nuestro y si no me creen, pues chequen esto:


























Otro día con más calmita... nos leemos.

domingo, 9 de enero de 2011

La Navidad de Said... (parte 6 de 6)



Sábado 25

Abro el ojo, noto que no hay dolor de cabeza, nada me da vueltas, no tengo la boca seca ni la necesidad de tomar liquito urgentemente, luego entonces ¡no estoy crudo! Brinco de felicidad, buen no, si me da gusto pero me quedo de bolsón en mi camita. Volteo a ver el maldito reloj que me despierta normalmente y marca las dos de la tarde. Me vale gorro, lo ignoro y me volteo. Tomo el control remoto y enciendo la tele… ¡de aquí soy!

Termino de ver la película que puse ayer para conciliar el sueño, es “The Grinch”, no cabe duda, sigue siendo de mis preferidas; como que hay química entre el individuo verde y yo.

Ahora si me levanto, mi vejiga taurina ya no es la de antes, así que antes de que se relaje corro ipso facto a tirar el lastre (Ipso facto.- Locución latina que quiere decir “mas rápido que en chinga”). Salgo del baño y veo cerca de la entrada de la Domus Saidiana, tres bolsas llenas de regalos. Me encanta el consumismo navideño, la mercadotecnia aplicada a los siempre manipulables sentimientos decembrinos. Corro entonces a hacer el bonito recuento de mi botín navideño. Abro la bolsa número uno y encuentro, una bola de “topers” llenos de restos de comida. Lo que pasa es que ayer llegamos tan cansados y atarantados, que se nos olvido meter la comida para el recalentado al refrigerador. Afortunadamente el frío que ha estado haciendo en la Ciudad de México es de “vanguardia”, así que procedo a meter el pavo, los romeros, el bacalao y la pierna (la adobada no la mía) al refrigerador, antes de que se echen a perder. Sigo con la bolsa número dos y encuentro, un platón y un par de cacerolas sin lavar, las mismas en las que llevamos el pavo y el relleno al convite de anoche. ¡Joder!, esto ya no me está gustando. Tomo las cacerolas y el platón y lo pongo en el fregadero, espero que ocurra otro de esos famosos milagros navideños y se laven solitos. Mi última esperanza es la bolsa número tres, la más pequeña de todas… peor es nada. Abro la bolsa número tres y encuentro, o más bien reencuentro, los pocos regalos que recibimos mi madre y yo la noche anterior. Como cada año, me digo lo mismo, ¡no vuelvo a gastar un peso más en regalos navideños! Pero entonces ¡dónde está ese bonito espíritu navideño! Dicen que lo bonito es dar sin esperar nada a cambio, eso hago yo, espero todos los años que a cambio, jamás me llegue mi estado de cuenta. Esto tristemente jamás sucede.

Estoy sentado en la sala, mi madre duerme aun, me pongo todo positivo y comienzo a sacar los regalos. Una camisa, una pantalón, una bufanda, calcetines (miles de ellos), una sudadera, un par de corbatas, dulces (de parte de mi sobrina), un portarretrato, una botella, otra más, y como premio principal ¡un dvd que yo mismo me autorregalé! Mi madre recibió también mucha ropa, que al igual que yo, ira a cambiar mañana mismo para aprovechar el famoso “Adiós a las Mercancías” de Liverpool.

Luego de ir a comprar pan y tortillas, me siento a la mesa a disfrutar del famoso recalentado. Ahora sí, a disfrutar la comida como Dios y los gastroenterólogos mandan. Siempre he pensado que la “Cena de Navidad” mejor se debería de convertir en la “Comida de Navidad”, y es que muchos individuos indigestos como yo, nos vemos limitados por el horario nocturno a la hora de jambar, ya que nuestro aparato digestivo no puede con tanta comida altamente “explosiva” por la noche. Pero en este momento en que tengo toda la tardenoche para digerir mi rico bacalao, pavo, pierna y romeros, me doy vuelto tragando como trinche pelón de hospicio. Acompañado de una refrescante cebadilla, le doy una repasadita a cada uno de los tradicionales platillos navideños. Lo mejor sin lugar a dudas fue mi pavo. Desgraciadamente mi familia se lanzó cual pirañas hambrientas sobre el avechucho y lo dejo en los huesos. Mi madre, a riesgo de perder una mano en el intento, apenas si pudo robarse un poco de pavo para su nene, o sea yo, así que con esa miniporción de pavo me tengo que conformar.

¡Listo! ¿Qué sigue después de una opípara comida? ¡Ah si!, pues un poco de tele y luego, nada mejor que una reconfortante y reconstituyente “jetita” (Jetita.- es una especie de siesta en posición incomoda y con hilo de baba saliendo de la boca).

Son las nueve de la noche, despierto, descubro que la Domus Saidiana está muerta, no hay movimiento alguno. Mi ciruelita duerme a pierna suelta en su habitacion. Yo mañana veré a mi Princesa y seré feliz. Mientras tanto hoy, como siempre, solo me resta darle gracias a la vida por otro año a lado de mis seres amados, unos presentes, otros no, unos visibles, otros no, pero eso si, todos juntos en bonito intercambio de cariñitos al corazón.


Otra día con más calmita… nos leemos.


viernes, 7 de enero de 2011

La Navidad de Said... (parte 5 de 6)


Viernes 24

Intento despertar más tarde para aguantar fresco toda la noche, pero no puedo, mis problemas alérgicos me impiden realizar esa fea costumbre que tengo… de respirar. Me levanto y me doy un disparo, de medicamento, no de AK-47, que con estos problemas respiratorios, ganas no me faltan. Termino de despertar y veo tristemente que nada cambia, igual que en los últimos 15 años, la Navidad para mí, es el peor día del año. Intentaré durante todo el día no pensar en ello, intentare que esta Navidad sea diferente a las últimas.

Salgo de mis aposentos y me encuentro a una Sacrosanta toda angustiada, obnubilada, esquizofrénica, al borde prácticamente del “tramafat” – Said, llévame inmediatamente a comprarle algo a Carlos, se me pasó comprarle algo, ¡no hay que ser cargados!… -. Tomo aire, cuento hasta tres (en 16 idiomas diferentes, incluyendo 3 lenguas muertas y esperanto) y nada, mi madre lo consiguió, apenas voy abriendo el ojo y ya me puso de malas.

Sin embargo es Navidad, bueno, es noche buena, lo sé, pero a mí siempre se me ha dado la gana decirle Navidad al 24 de diciembre y no vamos a discutir por eso… ¿ok? Bueno, como les digo, es Navidad y voy a intentar hasta lo imposible por no hacer de este día, una monserga interminable, o sea, uno de mis famosos entuertos, corajes, berrinches, muinas o entripados. Así que hago uso de toda mi experiencia “tibetana” y consigo con éxito, relajarme, tomarlo con calma. – A ver madre, ¿A dónde quieres que te lleve? -, - Llévame aunque sea rapidito a la Comer, voy a ver si le veo algo, aunque sea unos calcetines -.

A la mitad del camino recuerdo que tengo un cajón lleno de calcetines. No hay articulo mas socorrido para el famoso “roperazo”, que unos trinches calcetines. Lo malo es que mi sobrino no usa calcetines de “viejito”, como los que me han regalado las últimas navidades, él usa calcetas para sus apestosos tenis, así que ni modo, habrá que comprarle calcetas y dejar el "roperazo" para otra mejor ocasión.

Temiendo lo peor, me llevo una gran sorpresa, la Comer está casi vacía… ¡no hay gente! Parece que yo soy el único animal en este recalentado planeta, que todavía acostumbra las compras de pánico. Seguro que todos los “Machos Alfa Dominantes” como yo, están en sus casas viendo la tele tumbados en un mullido sofá, mientras las mujeres del clan atienden el fogón al tiempo que preparan las viandas para la cena de la noche. En fin, aprovecho la desolada Comer y hago rápido mi comprita de pánico.

En menos de una hora estoy de regreso en la Domus Saidiana con una bonita loción que lleva el nombre del insigne futbolista mexicano, Rafael Marques. Me pregunto: ¿habrá algo mas pelado en este mundo que usar esa fragancia?... ¡seguramente que no! Mi madre no quiso escuchar los sabios consejos de un mercadólogo metrosexual y de buen gusto como yo, y a pesar de la mucha saliva gastada, compró la trinche loción para mi sobrino “a juerzas” (como dice el Burro de "Shrek"). Estoy seguro, que esa loción pasará a engrosar las filas de los “regalos para reciclar” el año entrante.

Mi madre está satisfecha, contenta de haber cumplido con el bonito ritual consumista de la navidad. Yo, igual, tranquilo y vale madres, intentando no pensar mucho en aquello que año con año estropéa mi Navidad. Así que, corro a mi sitio preferido frente a la tele, me pongo una sudadera bien calientita, quito zapato bostoniano, pongo pantufla afelpadita, y me dispongo así, todo comodote, a buscar algo bueno en la televisión. Le doy vuletas a los chingomil canales que tengo de cable y no encuentro nada. ¿Dónde carajos quedaron aquellos especiales de Navidad tan famosos? Ni sus luces del legendario especial navideño de Bing Crosby, bueno, ni siquiera el especial navideño de los Muppets que tanto me chiflaba de chavito. Desisto y ya no sigo, me da flojera eso del zapping.

No me queda otra más que tumbarme un rato en el lugar de mis éxitos a leer algo. Con la esperanza de ser acogido en los brazos de Morfeo, “cierro los ojos y comienzo a atardecer por dentro” (frase robada para homenajear a mi querido Germán Dehesa). Tristemente no lo consigo, en lugar de eso, llega a mí, como cada año, puntualmente, una puta depresión.

¡Odio la Navidad! Para entenderme, primero tendrían que ser padres como yo, y después, pasar todas las navidades lejos de su hija... también como yo. Sí, desde que nació mi hija hace ya quince años, cada navidad ha sido muy difícil para mí por el hecho de estar lejos de ella. Normalmente las parejas separadas comparten a los hijos una año si y un año no, pero en mi caso, eso no pasa. Dirán ustedes que tengo derecho, que podría pelear a mi hija, pero no quiero hacer eso. Desgraciadamente, la mujeres, no todas pero si la mayoría, usan a los hijos como un instrumento para fastidiar a sus exparejas…amigas lectoras, si son honestas, no podrán negar esto. Así que lo último que yo haría en esta vida, sería poner a mi hija entre la espada y la pared alejándola de su “chantajista madre” (por no decirle algo peor). Por eso, año con año, me tengo que joder pasando sin mi hija la Navidad. Además, esto implica, el tener que responderle y darle explicaciones a toda mi familia que año con año me pregunta: “Said, ¿y por qué no vino Mariana esta vez?”… lo cual hace más difícil, triste y doloroso, todo esto.

Estoy por mandar a la chingada esta Navidad, ya lo había pensado, fingiré que no me siento bien, que estoy enfermo, y así, esta vez evitaré el tener que asistir a mi triste y dolorosa Cena de Navidad. El problema es mi Sacrosanta, mi madre, que tampoco quiero que ella me vea todo triste y deprimido, porque también las personas que son madres, sabrán que en el caso de los hijos, la depresión y la tristeza es altamente contagiosa. Así que tengo que ser altamente creíble, tengo que hacer mi mejor actuación, digna de un Osacar, como cuando era un crío y fingía que me dolía el estomago para no ir a la escuela.

Comienzo a meterme en mi papel de enfermito in articulo mortis (In articulo mortis.- locución latina que significa “apunto de chupar faros”). En eso estoy, cuando suena mi celular. Debo decirles que, afortunadamente, la Vida (léase Dios) me ha rodeado de gente muy linda que siempre me está expresando su cariño y amor incondicional, esto siempre es un bálsamo reparador para mi corazón agujerado. Reviso el celular esperando encontrar palabras bonitas de algún ser querido y si, efectivamente, es un ser querido, ¡muy querido! Se trata de mi primera novia, mi novia primera, que después de tantos y tantos años, sé que aun ocupo un espacio privilegiado en su corazón.

Abro pronto su mensaje de texto, satisfecho del cariño que he sembrado en su corazón, y me topo con lo siguiente: “Hola Corazón, que crees, te tengo dos noticias, una mala y una buena. La mala es que ayer internaron a mi mamá y la buena es que hoy nace mi nieto, y los dos están en el mismo hospital. Al rato te estaré dando las noticias ok. Bye. Mándame un apapacho si”.

Queridos amigos lectores, tengo que decirles que esta mujer, a lo largo de toda mi vida, ha sido sin lugar a dudas, mi mayor inspiración, mi ejemplo de fortaleza y entereza, en pocas palabras ¡mi heroína! Es una mujer que ha pasado por verdaderas pruebas, y es que la vida, creanme, le ha metido el pie en muchas ocasiones de una manera verdaderamente grosera, y ella, con un valor y fuerza impresionante, siempre se ha sabido levantar, nunca ha dejado de luchar, y siempre le contesta con una patada en los huevos a la vida cuando esta se mete con ella. Cuando he estado en los momentos más difíciles en mi vida, solo pienso en ella, solo me acuerdo de ella, y entonces, todo se aclara, comprendo que a veces, o casi siempre, suelo hacer una tormenta en un vaso de agua. A Dios le encanta ponernos pruebas muy difíciles, como a ella, pero Dios que no es malo, siempre acompaña esas pruebas con una gran dosis de valor y fuerza, ese valor y fuerza a veces viene envuelto en forma de hijos o nietos, seguramente de ahí saca su fuerza mi adorada primera novia, mi novia primera, mi admirada “China”.

Podría seguir hablando maravillas de mi novia primera, decirles cuanto la quiero y cuanto la admiro, pero eso ya lo sabe ella y con eso me doy por bien servido. Entonces, marco inmediatamente después de leer su mensaje y me contesta, platicamos un rato, ella se queda tranquila y yo, como siempre, motivado por su entereza, decido cambiar mi actitud lastimosa y levanto mi ser de la cama, para como se suele decir… “echarle ganas”.

¡Es hora de cocinar! Hay un trinche pajarraco esperando a que mi magia lo transforme en la deliciosa cena de Navidad. ¡Manos a la obra! Pero, ¡uts!, joder, ¡me cago en leche! ¿Por qué carajos las “mamases” siempre usan el horno como alacena? Ya tengo mi súper pavo listo, inyectado, sazonado, empapelado, listo para el horno, pero el horno, lleno de sartenes, ollas y refractarios. Calma, quedamos que no iba a hacer una tormenta en un vaso de agua, así que resignado saco toda esa mugre del horno para dejarlo despejado y listo para el pavo. Para hacer esta tarea más amena y como marca la tradición, alimento mi equipo de audio con toda la música navideña que existe en mi fonoteca y entonces si, a ritmo de “Santa Claus is coming to town”, comienzo a cocinar ese delicioso Pavo a la Said.

Una de las cosas que más me gustan de este día y que me transporta en el tiempo, son los olores que invaden todas las casas. El olor a ajos anuncia que se está cocinando un rico bacalao a la vizcaína, el olor a camarón anuncia que las tortitas de camarón están listas para los romeritos, el olor a adobo anuncia que una pierna se cocina en el horno, y el olor a pavo ahumado, ¡mmm!... anuncia que Said superó su depresión navideña como todos los años.

Mientras el pavo termina de cocinarse, yo aprovecho y comienzo a empacar todos los regalos en mi Corcel Negro. Afortunadamente mi fiel Corcel es de cajuela grande, ¡como su dueño! Así que a pesar de que mi Sacrosanta se dio vuelvo comprando regalos harto estorbosos, no será necesario hacer dos viajes a casa de la tía Mirnita donde en esta ocasión será la Navidad. Mi madre no coopera, ella está ensimismada en su arreglo personal, quiere ir echando tiros al convite. Doy varias vueltas hasta donde está mi Corcel, por lo que al final termino sumamente cansado. Me siento un rato en la sala a contemplar mi arbolito navideño, decorado en esta ocasion al más puro estilo "minimalista", en lo que recupero el aliento.

Luego de dos horas de tener a mi pavo cual judío en horno de Auschwitz, lo saco y dejo que se enfríe un poco antes de meterlo en la cajuela de mi coche. No es por presumirles, pero huele… ¡delicioso!

Llegó mi turno. Hora de poner al muñeco súper guapo. Luego de pensar por un momento que me voy a poner, recuerdo años pasados y entonces me decido, obvio, por un pantalón lo más “sueltito” posible, de preferencia que de de si, porque hoy no pienso cenar, hoy ¡voy a tragar! En la parte de arriba, eso es lo de menos, algo cómodo y calientito, así que una camisa y un suéter, estarán bien. Unos zapatos cómodos y casuales para terminar... ¡y listo! Ahora sí, Said puede salir a escena a repartir mucho, pero mucho amor navideño, sin perder el estilo en ningún momento.

Preparo al pavo para su último viaje en coche y doy la orden para que mi madre comience con su ritual de partida. Se perfuma, va dos o tres veces al baño, checa si apagó todas sus veladoras y la estufa, desconecta las luces del árbol y la iluminación exterior, busca sus llaves, pierde sus llaves, etc. Yo, por mi parte, hago lo mismo atrás de ella, porque nomás no confió en que realice bien todas estas actividades debido a su avanzada edad (jurásica la señora). Ella, luego de que yo checo todo, como tampoco confía en mí, me pregunta si revise todo bien y yo asiento molesto con la cabeza. Así, desconfiando el uno del otro, salimos finalmente de la Domus Saidiana.

Ahora viene lo más difícil, pero luego de hablar con mi “heroína”, creo que no será tan difícil. Ya en el carro, regalos, pavo, Sacrosanta y yo, nos dirigimos a la casa de mi hija. Siempre lo más difícil para mí este día, es pasar a darle su abrazo a mi hija, dejarle sus regalos y tenerme que ir sin ella a la Cena de Navidad. Hoy, gracias a mi “China” linda, voy mentalizado al encuentro con el amor de mi vida, dispuesto a fundirme en un abrazo lleno de amor que tenga un efecto que se prolongo a lo largo de toda la noche.

Llego a su casa, le llamo para que salga, y cuando lo hace, el corazón se me quiere salir de la emoción, así que la abrazo con todas mis fuerzas. Mi hija, me corresponde igual, y cosa muy extraña en ella, me dice que me quiere, que me ama (como todas las adolescentes, no lo dicen muy seguido, no le gusta hacerlo aunque todo el tiempo me lo demuestra). Es uno de mis famosos abrazos, de esos que yo doy y que duran por lo menos un minuto, así, callados, dejando que nuestros corazones hablen entre si e intercambien cariñitos por un momento. ¡Ah!, que alivio, en verdad que hoy me siento muy feliz, sé que aunque no estará mi hija físicamente a mi lado en la noche, me llevo parte de ella en mi corazón, de hecho, creo que ella me prestó el suyo y yo le dejé el mío a cambio, así tendremos esta noche, cada uno, algo del otro.

Luego de que mi Princesa se funde en otro abrazo con su abuelita, nos despedimos de ella y le doy gracias a Dios por permitirme un año más, poder abrazar a mi hija y decirle cuanto la quiero. Mi celular suena, es mi hermano que pregunta a que hora vamos a llegar. Yo sé que mi presencia no es requerida en la fiesta, no soy indispensable, ¡ah!, pero mi trinche pavo, ¡ese si que ya lo están extrañando! Le digo que ya vamos para allá y emprendo camino.

Son las cinco de la mañana, ya estoy en mi casa de regreso, la navidad como siempre fue un éxito, muchos regalos, comida rica, vinos y licores en abundancia, niños sonriendo, jugando, gritando y jodiendo, incluso un par de perros moviéndose todo el tiempo entre las piernas de los invitados, pero lo mejor de todo, fue que hoy por primera vez y después de quince años, pude sentir a mi hija a mi lado compartiendo conmigo una Navidad, la mejor en muchos años.


(continuará…)

Nota.- Este capítulo está dedicado, por su puesto, a mi querida y amada primera novia, mi novia primera, mi querida “China”. Gracias por ser mi inspiración, mi ejemplo a seguir, gracias por ser una incansable luchadora. Te admiro y lo sabes.

domingo, 2 de enero de 2011

La Navidad de Said... (parte 4 de 6)


Jueves 23

Ayer en la noche, antes de acostarme, saqué al avechucho del congelador para dar por terminada la Era de Glaciación del pavo. Hoy, salgo de mi cuarto, voy al “antidoping” (como marca la tradición), y luego me dirijo a ver como va Mr. Guajolote (alias el pavo). Al entrar a la cocina, me encuentro con que mi Sacrosanta madrugó para preparar el relleno del pavo. Antes de ponerme a sus órdenes, constato que el pavo aun esta tan frío como la tasa del escusado de Santa Claus, por lo que decido sacarlo del refrigerador y dejarlo a temperatura ambiente para que se descongele a tiempo para su “inyección”. Hecho esto, entonces si le digo a mi madre - ¿Quieres que te ayude en algo? -, - Si, porque no vas pelando las manzanas y picándolas en cubos pequeños y rebanando las aceitunas en partes de cuatro a lo largo, mientras yo termino de pelar las nueces y las almendras -. Después de escuchar tantas instrucciones de un golpe, me hago bolas, luego de comprenderlas, me da hueva, luego de darme hueva, me arrepiento de haberme ofrecido, luego de haberme arrepentido… pues me chingo y lo hago, ni modo, es el bonito espíritu navideño que me hace acomedirme en la cocina.

Pido unos minutos para acicalarme y estar más presentable, digo, uno nunca debe de perder el estilo, ni siquiera cuando se trata de picar aceitunas o pelar manzanas. Mi madre, generosa, me los concede, pero me pide que me apure. Yo, hago lo posible por apurarme, pero le recuerdo a mi Sacrosanta, que por más que el Papa Julio II lo jodía todos los días para que se apurara, Miguel Ángel se tomó aproximadamente cuatro años para pintar la bóveda de la Cappella Sistina. Así que le pido un poco de comprensión a mi madre mientras me visto y me peino, obvio, no seré una obra de arte como la Cappella Sistina, pero una bonita pieza hecha a mano… si soy.

Una vez vestido, peinado, y con mi mandil puesto, me miro al espejo, creo que soy una mezcla entre el Chef Oropeza y Chepina Peralta, pero ¡qué importa! Entonces, llego hasta donde está mi abnegada madrecita pica que pica nueces y almendras, cojo mi cuchillo de chef que compré con mis puntos en una promoción de la Comercial Mexicana, y comienzo a hacer alarde de mi destreza en el arte de la picada, la rebanada y la cortada de dedos. Afortunadamente en esta ocasión no tengo que recurrir a mis curitas de Hello Kitty, ya que no sufrí la amputación de ninguno de mis juguetones dedos. Terminamos de picar todo y mi madre me dice – Ven para que veas como se hace, para que aprendas y la próxima vez lo hagas tu solo -, yo, nada pendejo, le salgo con la clásica “coba” - ¡Cómo crees! Nunca me va a quedar a como a ti, a ti te queda exquisito, tu sazón no lo tiene nadie -. Lo cierto es que mi madre no es tonta y además me conoce muy bien, así que solo finge demencia y me deja ir pacíficamente a mi cuarto sin levantarse en armas por mi actitud “concha”. Antes de dejar la cocina, de pasadita y con suma discreción, me chingo un puñadito de nueces y almendras, es que dicen que son muy buenas para… para no sé que madres, la verdad es que son muy ricas.

Luego de dos horas de tirar olímpicamente la hueva, tomo la difícil decisión de poner a remojar mis partes blandas, por lo que me meto a bañar. Decido terminar también con mi look “padroso”, así que saco un rastrillo nuevo, y me tumbo mi ya muy crecida barba. Momentos después, procedo a esparcir una porción generosa de after shave con aroma a Hugo Boss sobre mi irritada tez, para luego rematar, con un grito pelado estilo Macaulay Culkin en “Mi pobre angelito”. Luego de contemplarme por unos minutos frente al espejo, paso con éxito la rigurosa prueba de calidad y me retiro de mis termas.

Salgo de la Domus Saidiana para hacer algunas diligencias. Me topo con un banco pletórico de samaritanos que buscan, al igual que yo, hacer los pagos necesarios para olvidarse los próximos días de visitar los tediosos bancos. Luego de la atención siempre amable de las damitas de mi banco de cabecera, me retiro a darle su “shampoo de cariño” a mi hermoso y fiel Corcel Negro. Mientras observo como le dan su bañadita, descubro a lo lejos, a Don Frutín, un señor que vendía frutas afuera de mi escuela primaria. Corro hasta donde está y pido, como lo hacia hace tantos años, un cucurucho con “basurita” (zanahoria y jícama rallada) con mucho chile y limón. No cabe duda que “recordar es vivir”… ¡y enchilarse!

Con mi carro lavado y perfumado, voy a la gas a llenarle el tanque. Listo, ahora si ambos estamos hechos unos rorros, corcel y jinete. Antes de regresar a mi principado, paso a ver a una amiga que está de visita en la ciudad. Nos damos nuestros arrumacos, intercambiamos cariñitos y deseos, y ahora si, me retiro a mi Principado luego de terminar con mis pendientes.

Son las diez de la noche, hora de “atender” al plumífero prospecto de cena. De nuevo me pongo mi mandil con motivos navideños que me regalo mi Princesa y me dirijo hacia la cocina. Por no haber ido personalmente a comprar el pavo, el estúpido al que se lo encargué, me trajo una especie de pichón que me recuerda a mi ahijado el “tortolitito”. No sé si es un pavo pigmeo, o un pavo cambray, o un pavo colibrí, lo cierto es que está muy chiquito, apenas si pa’ mi trinche antojo anual de pavo. Si clarito dije que necesitaba un pavo de 7 kilos o más y me compraron uno de 5.5 kilos, en verdad que ya ni la ching… Y es que yo conozco muy bien a mi familia, son de buen diente, siempre tienen más hambre ¡que una pulga en peluca!

Bueno, yo pensaba inyectarle vino al pavo, pero luego de ver su tamaño, parece que este mini pavo lo que necesita es que le inyecte esteroides y anabólicos. Mi madre me observa desde la tele y me dice - ¿Qué tanto le contemplas al pavo? ¡Ya inyéctalo! -, microsegundos después, regresa su mirada a su novela y me deja en paz para que pueda seguir con mi reflexión gastronómica. Recuerdo lo que tanto me han dicho mis amigas las “puercas”: “el tamaño no importa Said”… ok, me resigno y hago como que creo eso, aunque sé perfectamente, que eso no es cierto.

Destapo un buen vino. No es cierto, la verdad es que no es tan bueno, pero ¿se han fijado que siempre que nos referimos a un vino de mesa decimos invariablemente “un buen vino”? Por ejemplo, cuando alguien hace una pasta, siempre dice: “esto iría muy bien con un ‘buen vino’ tinto”, y normalmente el “buen vino” resulta ser un trinche Padre Kino o cuando mucho un Calafia que estaba en oferta en el súper. En este caso, en el caso de mi pavo “Kentucky”, le aplico unas cuantas inyecciones, primero de margarina derretida, después, de un vino blanco chileno de mediana calidad (Concha y Toro). ¡Listo!, ahora si este pavo ya no pasa el alcoholímetro ni a madrazos. Luego de terminar con los piquetes, como debe de ser, lo meto al refrigerador para que se marine toda la noche y adquiera un delicioso sabor a chardonnay.

Nomás por no dejar, me llevo el sobrante del vino a mis aposentos y me lo tomo con singular alegría. Debo de aclarar, que para mí, el mejor vino blanco es… ¡el tinto! Y es que francamente solo tomo vino blanco cuando es muy necesario, cuando el maridaje así lo ordena. Yo siempre preferiré, por encima de todo, una copa de vino tinto (ojo que no dije “un buen vino” tinto).

Mientras tomo mi vino blanco cual “niña bien”, de esas de las que habla Guadalupe Loaeza en su libro, suena el teléfono, contesto, y es mi hija que tiene ganas de papá. Yo, que siempre tengo ganas de hija, me pongo cómodo y tenemos una gran charla, de esas que incluyen carcajadas, citas, anécdotas, chismes, más carcajadas, lecciones de vida, confidencias, discusiones, pero sobre todo, una gran cantidad, como siempre… de amor.

Luego de un buena dosis de cariñitos al corazón vía telefónica, la mando a dormir y yo me pongo a ver la tele hasta quedar dormido, soñando, soñando como siempre, el lo feliz y afortunado que soy a lado de mis celosas y latosas… mujerecitas.


(continuará...)