viernes, 30 de diciembre de 2011

Termina el 2011, ¡listos para el Fin del Mundo!




A unas horas del fraternal y agasajado abrazo de fin de año, a escasos minutos de que se destape el champagne Cristal o bien la Sidra Pelayo, a escasos segundos de que aflore la lagrima con todo y moco de burbuja producto de la nostalgia, no me queda otra más que prepararme y prepararlos psicológicamente para despedir el trinche 2011. Bueno, esto les estaría diciendo si solo se tratara del un año común y corriente que se extingue, pero no es el caso.

Según mis cabezones paisanos, los mayas, este mundo está a punto de chupar faros. Así es, gente tan seria y prestigiada como la difunta Giovanita, Amira, Jaime Maussan, Antonio Vázquez Alba “El Brujo Mayor” y demás iluminados de este siglo, aseguran que algo importante pasará en el 2012, algo así como… ¡El fin del mundo!

Y como es muy feo que a uno lo agarren con los calzones abajo, pues mi consejo es que estemos preparados para hacer mutis de este mundo con la suficiente categoría y dignidad. Ya veremos con el tiempo si los antepasados de Manzanero tenían razón o no, en vía de mientras, permítanme darles algunos consejos y sugerencias antes de que truene esto.


CONSEJOS PARA EL FIN DEL MUNDO:

  • Primero y antes que nada, favor de traer siempre calzones limpios y en buen estado, no de esos todos aguadotes que ya parecen pañal de tres miadas, o esos otros todos balaceados y lacrados. Creo que si nos pensamos entrevistar con el mismísimo San Pedro, lo mejor es ir con la ropa interior en buen estado para poder entrar como Dios manda al cielo. Calcetines con talón gastado de esos que ya parecen ala de mosca o con sendos agujerotes, tampoco serán aceptables para el Fin del Mundo.
  • A las señoritas les recomiendo que relajen un poco la moral, el cuerpo, o sea, que aflojen un poco sus principios y estándares para que no se vayan a ir sin conocer de las mieles del amor. Ya saben, ¡qué tanto es tantito!
  • Los trabajadores, empleados, asalariados y gatos finos que tengan rencillas con sus patrones, podrán sacar el coraje acumulado durante toda su vida laboral mostrándole el trasero o el dedo medio (a escoger) al maldito negrero que durante tantos años los trajo en friega.
  • Todo acomplejado, cohibido, introvertido y tímido, podrá y deberá tirarle toda la onda al bizcocho más bizcocho de la comarca. No importa que no demos la estatura de su vida, no importa que seamos unas trinches pulgas de esa que no brincamos en su petate, el chiste es lanzarse como el Borras para no quedarnos con las ganas y lo que es peor, con la duda. Recuerden, en una de esas es chicle y pega.
  • Aquellos que la vida les haya dado la bendición de contar con una suegrita, podrán de ser necesario, molerla a patadas, cazuelearle un gas, aplicarle calzón chino, recitarle todo el repertorio que uno conozca de maldiciones, insultos, majaderías e improperios sin temor a ser recriminado por la domadora (esposa o concubina).
  • Hay que estrenar todo aquello que estemos guardando para una buena ocasión: toallas, jabones perfumados, cubiertos, copas, botellas de champagne, ropa, vecinas, ese condón que ya lleva cinco años en su cartera, etc. 
  • Si usted amable lector siempre tuvo ganas o bien la bonita y sana curiosidad de quemarle las patas al diablo, gástese sus buenos 500 pesotes en hierba de la buena y póngase hasta el keke. Ahora bien, si usted es un trinche pacheco que nunca paso de la mona, ya va siendo hora de pruebe algo mejor, ¡no sea usted prángana!
  • Si no ha tenido el gusto de preñar a una damita, no pierda más tiempo y sobres con la trabajadora domestica o la prima buenota. Recuerde que no importa el que dirán, a estas alturas de la vida, nadie va a tener tiempo de juzgarlo, el chiste es experimentar ese bonito mariposeo estomacal cuando le diga la futura interfecta en tono preocupado: “¿Qué crees?... que no me ha bajado”.
  • ¡Basta de cubrir las apariencias!, ¡anímese!, ¡salga del closet! Sobre todo si usted es Jefe de Gobierno, actor, periodista de espectáculos, intelectual, cantante, conductor de algún noticiero nocturno de TvAzteca, o bien, un trinche blogero cualquiera de ojos pispiretos. Ya sabe, en el 2012 ¡a jotear se ha dicho!
  • Pida prestado al que se deje y con lo que se deje. Métale lo más que pueda a sus tarjetas de crédito, sobregírelas hasta que sangren. Vaya con el agiotista del rumbo y que le preste con los intereses que se le de la gana. Que le fíen la del estanquillo, la vinata, el de la botica, su drug dealer de cabecera, incluso las chicas buena onda de Tlalpan. Haga que su palabra sea su fiador.
  • Póngase la guarapeta de su vida, no importa si es con Mosco de Toluca o con cognac de cuatro letras, que le hace si es con tlapehue de Apan o con whiskol blue label, así sea un trinche mezcalito cegador o un súper Petrus Pomerol, usted chupe lo que sea, el chiste no dejar de tomar hasta vomitar negro. 



En fin, yo le sugiero que siga mis sabios consejos antes de que este mundo pase a formar parte de la caca estelar. Los Mayas y sus sabias predicciones nos permiten estar preparados para enfrentar el fin de una era, para el posible Fin del Mundo. Total, si nos equivocamos y no se termina el mundo, como dirían los clásicos: “ya lo bailado… ¡quién nos lo quita!”.


Otro día con más calmita y ya en el 2012… nos leemos.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

En Navidad se barre la casa y algo más



Navidad, ¡ah, qué bonita época! La Navidad es tiempo de recogimiento espiritual, de perdón, de reencuentro con nuestras querencias, de buenas vibras y mucha luz… claro, eso en un mundo ideal, en el de Said, ¡ni madres que!

Para este su humilde y humanamente rencoroso servidor, la navidad no es más que tiempo de hacer limpieza, tanto doméstica como cardiaca. Así como se limpia la casa para recibir a los convidados a la cena, así mismo, con ese mismo esmero y cariño, suelo limpiar mi corazón de gente indeseada, con el único y profiláctico fin, de abrir más espacio para los nuevos inquilinos que decidan mudarse a lo más profundo de mi espacioso y confortable corazón. Este proceso de depuración no es más que una trinche barridita que acostumbro dar a mi visera cardiaca cada que lo considero necesario y pertinente, y depende, únicamente, de la mundicia acumulada con el pasar de los entuertos y las muinas.

Esta navidad pasada no fue la excepción, luego de haber hecho algunos entuertos a lo largo del año y luego de haber hecho un corte de caja para determinar el “acumulado” con los años, decidí, determiné y resolví, invitar a ciertas personas a salir de mi corazón en carácter de desalojo urgente e inaplazable. Es cierto, lo acepto, este tipo de desalojos no son bien vistos por el respetable, sobre todo cuando los invitados a “llegarle” comparten algún parentesco, apellido o consanguinidad con el que les habla, o en este caso, más bien, con el que les escribe; pero ¡qué le vamos a hacer!, a lo largo de mi vida he llegado a la fatal conclusión de que nunca les podré dar gusto a todos. Ahora bien, no les voy a mentir, seré sincero, esta navidad extrañé a algunas de las personas que fueron olímpicamente vetadas en mi cena de navidad.

Extrañé, por ejemplo, a la típica tía rica y avara que suele ofrecer a sus invitados, una trinche y diminuta bolsita de Cheetos (¡de las más chiquitas!) como botana. Eso si, esta miniporsión de botana anaranjada suele venir elegantemente servida en un bonito minibotanero de cristal, mismo que invariablemente me hace viajar en el tiempo hasta mis años mozos en los que solía jugaba a la comidita con mis amiguitas de la cuadra. Cuando dicha tía aparece con tan generosa vianda en sus manitas, parece que estuviera frente a una demostradora en el súper de esas que solo ofrecen “la probadita” o bien, frente a los sobrevivientes de los Andes a al hora de la repartición de los escasos alimentos.

Extrañé a la otra, porque siempre hay otra, típica tía avara, esa misma que cada año dice haber olvidado los regalos en el coche, misma que espera a que el último regalo de los que se encuentran bajo el arbolito se haya entregado para poder decidir a quien le tiene que dar y a quien no un regalito, esto depende, por su puesto, de quien le haya dado y quien no, claro, un bonito presente navideño. Además, y por si fuera poco, dicha tía acostumbra utilizar el mismo papel, cajas y moños en los que venían sus regalos para envolver sus costosísimos presentes calidad Waldo’s. Ya a nadie sorprende que dicha tía desaparezca de escena instantes después de terminar de repartir los regalos para, luego de un tiempo pertinente, regresar con su clásico – me creerán que se me habían olvidado los regalitos en el coche, pero ya los bajé, mira, tu disculpa, pero este es para ti, y este para ti, y este… -.

Extrañé también, por su puesto, a la típica concubina clandestinamente llegada a la familia. Advenediza damita de dudoso linaje y procedencia que se da ínfulas de grandeza y superioridad, y que como diría mi Inmortal abuela: “no es más que un piojo resucitado”. Esta dependienta del peróxido y la toxina botulínica (botox), suele hacer su aparición del brazo de su amasiato, esperando ansiosa, y en vano, a que se le rinda pleitesía.

Extrañé a los típicos sobrinos y sobrinas fresitas, unos originales y otros simples abortos (“wanabi”), esos que aparecen engominados y luciendo el último grito de la moda, de la moda pandrosa, of course! Orgullo de sus padres, padres que suelen hacerse de la vista gorda para no ver las adicciones y desfiguros de sus críos, adicciones y desfiguros que ellos mismos presumen en sus “feisbuques”.

Extrañé, ¡y cómo no!, a la típica tía cleptómana y gorrona, ya saben, esa que no pone más que su invaluable presencia para la cena. Esa misma que se la pasa diciendo todo el tiempo, en bonito tono lastimero estilo Libertad Lamarque, que es muy pobre o que ya está muy grande, de esta manera, ni se pone con su cuerno para la cena ni ayuda a prepararla. ¡Ah, pero eso sí!, a la hora de hacer mutis, es la primera en comenzar el saqueo, el pillaje y los actos de rapiña, sustrayendo, de manera descarada, los restos de la cena que ni pagó ni ayudó a elaborar. Esta tía con tendencias cleptómanas, en un chico descuido, lo mismo te puede dar baje con unos chocolates que con una nochebuena, y es que haciendo gala de sus habilidades de prestidigitadora de Las Vegas, puede desaparecer arreglos completos de nochebuenas o cajas enteras de chocolates sin el menor problema o reparo.

Extrañe el tío mítico, aquel que solo aparece en las navidades porque no tiene ni perro que le ladre, consecuencia, seguramente, de su nada don de gente. No le falla, siempre aparece diciendo: "pasaba casualmente por aquí y vi luz en la casa, así que dije, voy a pasar a saludarlos y a darles su abrazo". Claro, la buena educación obliga al anfitrión de la casa a convidarlo a la cena, cosa que invariablemente jamás rehusa, por el contrario, es el último en pasar a retirarse luego de haber disfrutado de las generosas viandas y las bebidas espirituosas..   

Extrañé, sobre todo, al típico pelado lleno de defectos que solo va a las fiestas a criticar, ese que se la pasa juzgando a todos sin ver la trinche viga en su “ojete”. Ya saben, ese que se siente la mismísima divina envuelta en huevo, ese que se cree el chistosito de las fiestas, el alma de los convites y las tertulias. Ese estúpido que tiene un blog en donde escribe y, según él, muchos lo leen y dizque se divierten con sus mamotretos. Ese que no es capaz de mostrar su cara y solo muestra sus ojitos tapatíos. Ese que una vez que su familia lea esto, será irremediablemente condenado al destierro en las tierras lejanas de la chingada. Ese mismo que, a veces… se parece tanto a mí.  

Ser rencoroso es vivir con ese feo sentimiento de no perdón, pero si sacamos a esas personas de nuestras vidas, pues ya no habrá a quien perdonar y por lo tanto, el rencor se ira y desaparecerá junto con ellos. Yo así le hago y me funciona, pero ustedes no sean así de feos como yo, ustedes si sean buenos y perdonen a sus semejantes, total, segurito que pronto les darán nuevas razones para seguir enmuinados con ellos. Ya saben, nos guste o no, la gente no cambia.



Otro día con más calmita… nos leemos.

viernes, 23 de diciembre de 2011

Aviso al Respetable

Hoy quiero desearles a todos los que por accidente o bien por masoquistas han leído alguno de mis mamotretos, que tengan una muy ¡Feliz Navidad!...
y ya saben, otro día con más calmita... nos leemos.

martes, 20 de diciembre de 2011

Papá, te contaré un sueño que tuve



Como dice el viejo y conocido refrán: “De tal palo, tal embarazo”, ¡ah, no verdad!, así no va, bueno, lo que pasa es que… ¡ahora resulta que los patos le tiran a las escopetas!

Acaeció que el orgullo de mi nepotismo, mi puberta hija Mariana, se puso a escribirme una carta ahora que fue mi cumpleaños, y he de decirles, que lo consiguió, así de fácil, a la primera y sin mayor pun (como dice ella). Efectivamente, consiguió la muy endina sacarme primero unas buenas carcajadas e instantes después, las de cocodrilo, sí, tremendas lagrimas con todo y moco de burbuja. ¡Y cómo no! si la emoción de leer aquello fue harta. Y es que bien lo dice el viejo y conocido refrán: “Cría cuervos y te sacaran las lágrimas”, ¡ah, no verdad!, así no va. Bueno, basta ya de hacerle al Chespirito y mejor, si me permiten, les comparto la carta que me regaló mi hija el día de mi cumpleaños. La carta comienza así:



Te contaré un sueño que tuve...

Mi sueño empieza cuando despierto, reviso mi cuarto y todo parece estar en orden, así que decidí meterme a bañar. Cuando me bañaba recordé que mi cuarto no tenía, mi súper póster, ni mi calendario, ni mi gorra de los Beatles, ni mi póster de Glee, ni mi foto con mi gorra promocional, ni la foto donde estoy comiendo Churrumaiz con mis lentes coquetos; salí de inmediato de bañarme para revisar que en verdad no tenía nada de eso. Cuando vi mi “pader”, en realidad no tenía nada. Me espanté y de inmediato desperté a mi madre y le pregunté - Mamá, ¿por qué no tengo mi súper póster, ni mi calendario, ni mi gorra de los Beatles, ni mi póster de Glee, ni mi foto con gorra promocional, ni la foto donde estoy comiendo Churrumaiz con mis lentes coquetos -. Ella me contestó – Mariana ¿estás loca?, a ti no te gustan los Beatles, ni tienes esas fotos de las que hablas, ¡y qué es eso de Glee! Sabes que, mejor apúrate para irte a la escuela -. En ese momento sentí un vacío enorme en mi panza y en mi corazón; yo me preguntaba por qué mi mamá me había dicho eso. De pronto escucho un espantoso grito de mi mamá diciéndome que me apurara. Me empecé a vestir, pero cuando abrí mi closet, solo encontré blusas a la “ya me voy a la Merced” y pantalones entubados entubados y como si les hubieran salpicado cloro a propósito. Busqué lo más decente que encontré y busqué mis Converse rosas, los cuales no encontré, así que tuve que ponerme unos tenis Jordan con una combinación rara de colores fosforescentes. Terminé de vestirme y busqué mi increíble sudadera de los Beatles y mi mochila, claro, ¡también de los Beatles!, en lugar de eso encontré una sudadera de Wisin y Yandel (perdón si lo escribí mal, pero no sé como se escriben los nombres de esos “damitos”) y una mochila de Daddi Yanqui que parecía que me la habían comprado en el hermoso Tepito. Me despedí de mi mamá y salí de mi casa con una pena enorme y rezando para que nadie me viera vestida así.

Cuando me subí al Metro, lo primero que hice fue conectar mis audífonos a mi cel para escuchar tal vez: “Don’t stop me now”, “The girl is mine”, “We are family”, “Loser like me”, “Maggie May”, “Don’t stop believing”, “Nena”, “I need somebody”, “Toda la vida”, “Somebody to love”, “Amante bandido”, etc, etc. Algo para calmarme, pero ¡NO!, lo único y más pinche que encontré, fue música de Wisin y Yandel, Daddi Yanqui, Don Omar y de tipos que en mi vida había escuchado. Lo primero que salió de mi boca fue – ¡oh que la chingada!, pues ¡qué pasa! -, lo cual provocó que las damitas que viajaban conmigo en el Metro me voltearan a ver feo.

Cuando llegué a la escuela, lo primero que hice fue sentarme junto a mi amiga Mónica y le dije – Mónica, ¿qué crees que me pasó? -, ella me vio raro y me dijo – No sé, ¿pero por qué me lo quieres contar a mí? -. En ese momento, se paró una original “chaka” frente a mí y me dijo – we, ven te voy a contar algo -, me fui con ella y ¡oh por Dios!, llegaron más chakas. Empezaron a hablar de una fiesta, se ponían de acuerdo para ver quien llevaría los pomos y las “monas”; no soporté tener a tanta chaka cerca de mí y me salí del salón, me fui al baño y dentro estaba un señor limpiando que me dijo - ¿Cómo va tu día mi niña? -, le di su avión y me preguntó - ¿Quién te falta para ser feliz? -. En ese momento me sentí como en la serie de “Joan of Arcadia”; en mi mente me dije a mi misma - ¡De cual fumaste Mariana! -. El señor que no sé porque rayos me preguntó eso, me dijo – Valora y se feliz con todo lo que te doy -. El señor salió del baño y yo salí corriendo tras de él, ya no lo encontré. Bajé lo más rápido que pude las escaleras, pero de tan rápido que iba me di un santo fregadazo, solo cerré los ojos, cuando los abrí, estaba de nuevo en mi cuarto y lo primero que hice no fue buscar las cosas que perdí, lo que hice fue hablarle a mi papá, porque me di cuenta que, lo único que perdí en mi sueño (que la verdad fue una pesadilla), fue a mi papá, porque sin él no sería quien soy.

Papi, para mí eres como la canción de Nat King Cole “Unforgettable”, o como la canción de Barbra Streisand “My Man” que yo la cambiaría a “My Daddy”, o como la canción de Queen “Love of my life”; y me siento como en la canción de los Beatles “I need you”, y quisiera lo que dice la canción de Elvis Presley “Love me tender”, y como en la otra canción de Elvis “You were always on my mind”, y solo porque me encanta “You are in my Herat” de Rod Stewart, y como dice la canción de los Beatles “From me to you”. Así puedo seguir y seguir, lo que quiero tratarte de decir es que eres muy importante en mi vida y siempre lo serás. Gracias por ayudarme, hablar conmigo, quererme, protegerme, hacerme reír, enseñarme, comprenderme, aconsejarme.


Te amo. ¡Feliz Cumpleaños!... Gracias por ser mi papá.

Mariana.



Mi hija podrá no tener la mejor prosa, ni la mejor ortografía, ¡ah, pero eso sí!, es innegable que tiene una gran imaginación, un gran sentido del humor, y lo principal y más importante de todo, una gran capacidad para hacerme sentir. Claro, ustedes dirán: “habló papá cuervo”, y sí, efectivamente, en este momento soy una rara mezcla entre un cuervo y un pavo real con todas las plumas extendidas, lleno de orgullo y profundo amor hacia mi hija… ni modo.

Saben, a mí me gusta compartir, creanme, si mi mejor regalo de cumpleaños hubiera sido un tequila o un cognac, seguro que ya estaríamos chupando tranquilos todos juntos y al unísono, pero como mi mejor regalo fue esta carta, pues aquí está, la comparto con todos ustedes amigos lectores a los cuales quiero tanto.

Hija, siempre has sido y serás, lo sabes, mi mejor regalo de cumpleaños, mi mejor regalo de vida. Gracias mil por intoxicarme todos los días de tanta felicidad. Te amo.


Otro día con más calmita… nos leemos.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dos pensamientos sueltos para mi papá




Cuando me paro frente a un espejo tratando de encontrar lo mejor de mí, a veces, y luego de un tiempo, lo consigo, pero solo bastan unos segundos para darme cuenta que, eso que miro en mí… eres tú.

Todos los días, todas las noches, todo el tiempo, lo sabes… te pienso.


---------- o ----------


Papá Rules, seguro que ahora donde te encuentras estarás muy ocupado, quizás pastoreando estrellas, capturando sueños extraviados o arropando por las noches a los que tienen frió de vida, pero tómate un pequeño descanso para pensar que, todo ese amor que diste en vida, ahora ha rendido frutos en nuestros corazones y nos ha permitido, al pensarte, volverte inmortal… así, justo al igual, como al verdadero amor.

Siéntete orgulloso de tu vida papá, que yo lo estoy. 

viernes, 9 de diciembre de 2011

Frases Jotitas 25

Mientras algunos comienzan a rehacer sus vidas otros luchamos en vano por terminar aquello que quedó incompleto, sin saber, claro está, que en cuestiones de amor, la inmortalidad siempre anda rondando.

- said -

viernes, 2 de diciembre de 2011

TELETON 2011




Año con año me he desgastado tanto tratando de convencer a los desinformados, que no a los egoístas, esos no tienen remedio, para que ayuden a TELETON. Se dicen tantas cosas malas del TELETON, todas sin fundamento alguno y si basadas en chismes y supuestos, que año con año hago harta muina con toda la gente que se expresa así de mal de tan noble causa. Tampoco me he escapado de las criticas, de calificativos hacia mi persona que van de “pendejo confiado” para arriba. Pero no me importa, yo sé que la desconfianza es propia de la naturaleza humana, y en especial, de la naturaleza humana de los mexicanos (y es que la burra no era arisca…).

En fin, este año no pienso gastarme tratando de convencer a los incrédulos de que la ayuda que brinda TELETON a través de los CRITs, llega puntualmente a muchas personas. En esta ocasión solo quiero pedirles a todos aquellos que no de mala fe y sí por una desinformación o mala información no confían en TELETON, que vayan a alguno de los CRITs y le pregunten al primer padre de familia que vean por ahí, si es que TELETON les ha servido de algo o no. Solo así, viendo en carne propia la sonrisa de esos padres, será que se les ablande el corazón y esto quizás los motive a ayudar con lo que puedan.

Y ya si ni así se convencen, pues les voy a suplicar que ayuden, si no por amor, por egoísmo puro… y es que se siente tan bonito dar, que eso solo debería de bastar.


AYUDA A TELETON… 

jueves, 1 de diciembre de 2011

20 Razones Para Dejar de Tomar a lo Güey en el Puente Lupe-Reyes



El bonito y tradicional Puente Lupe-Reyes está ya a la vuelta de la esquina. Habemos quienes desde hace ya un tiempo estamos preparándonos para tan etílico evento. Yo los convido a todos ustedes amables lectores, a que tomen las debidas precauciones para no terminar en condiciones penosas y lamentables. Recuerden, no todo es “El Torito”, también pueden ocurrir otros eventos desafortunados que podrían marcar negativamente una bonita peda.

A continuación les presento, sobre todo a mis amigos escépticos, por lo menos 20 Razones Para Dejar de Tomar de Manera Estúpida esta temporada marcada por los tradicionales brindis sociales.

























Bueno, ya saben a lo que se exponen aquellos que se toman hasta el pulso cuando asisten a un convite o verbena. O sea, sí hay que chupar… ¡pero con orden!


Otro día con más calmita… nos leemos.

Pd. Todo el crédito a los autores de estas fotos. 

viernes, 25 de noviembre de 2011

Un sueño más que húmedo


Como diría el morenazo Martin Luther King I have a dream…. Así es, ayer mismo tuve un sueño bien piocha, tan bueno como aquel en el que casi embarace a Shakira y Lucero al mismo tiempo.

Resulta que me encontraba cómodamente instalado en la ceremonia de inauguración de los próximos Juegos Olímpicos de Londres 2012, ya saben, como buen peladazo con mi sombrerote de charro y mi sarape de Saltillo cantando el “Cielito Lindo”, cuando de pronto, en un momento dado de la ceremonia, el presentador en su perfecto ingles británico anunciaba: - And now ladies and gentleman… ¡The Beatles! -. ¡Queeé! no lo podía creer, como dice una querida amiga: “casi me vine en seco”. Y como no si ahí estaban frente a mí los "Fab Four", John, Paul, George y Ringo, los cuatro juntitos y de cuerpo presente cantando “Can’t buy me love” a todo lo que daban. Aquello parecía un sueño, de hecho lo era, pero yo ni en cuenta. Al terminar de cantar y antes de que yo pudiera tomar aire, John, sí, el gran John Lennon, le daba durísimo a su guitarra y se soltaba cantando “Revolution”. Aquello era hermoso, increíble, sublime, apoteósico… ¡chingón pues!

Pero lo mejor vino después, cuando al terminar de cantar John, Paul se acercó al micrófono, dio algunos de sus característicos gritos, hizo una pausa, y dijo muy quitado de la pena: - I would like to invite to sing with us somebody special, so ladies and gentleman, my dear friend... Mr. Freddie Mercury -. ¡Queeé! ¡Segundo orgasmo en seco! He de decirles que el Estadio Olímpico de Londres prácticamente se venía abajo cuando en escena apareció el más grande de todos los roqueros,  el gran Freddie Mercury.

Vistiendo una enorme capa de terciopelo rojo y sosteniendo en una mano su imponente corona real, Freddie llegó hasta donde estaban los Beatles a los cuales saludó, uno a uno, con un cariñoso abrazo. Instantes después, Freddie fue hasta el frente del escenario, levantó su corona por unos segundos e hizo una señorial reverencia para saludar al respetable. En lo que él hacía esto, el publico y yo enardecíamos de la emoción, mientras, Brian May, John Deacon y Roger Taylor tomaban sus instrumentos y se mezclaban con los Beatles… ¡neta!

Aquello era la locura, todos gritábamos eufóricos, ¡qué más podía pedir!, en el escenario estaban juntos los Beatles y Queen, mis dos bandas preferidas, ¡las mejores! De pronto y antes de que comenzaran a tocar, siento la mano de alguien que me toca el hombro izquierdo y pone una cerveza frente a mí, una Guinness (of course!); y cuando volteo para darle las gracias, ¿saben quién era?... ¡Rod Stewart! (¡oh!, me cae, además es mi sueño y yo puedo invitar a quien quiera). Enfundado en sus clásicos pantalones de leopardo y con su blonda melena alborotada, ahí estaba el buen Rod discutiéndose con las chelas como buen valedor, así que como ustedes comprenderán y como las normas de etiqueta obligan, no me quedó otra más que decirle: - gracias carnalito, ¡que Dios te lo pague! Yo invito los cueritos y el chito pa’ la botana -. Rod solo me guiñó el ojo, se volteó y siguió platicando con su cuate David Bowie. Neta que sino hubiera sido por el par de bizcochotes que los acompañaban, hubiera pensado que el cuasiescocés me quería tirar toda la onda. Bueno, ahí la dejamos y regresamos nuestras miradas al centro del estadio a donde estaban los Beatles y Queen a punto de tocar… ¡juntos!

No acababan de tocar apenas los tres primero acordes de “A kind of  magic”, cuando… ¡tómala barbón! que suena la trinche alarma de mi celular y me despierta. ¿Saben lo frustrante que fue eso?, es como si Brooke Shields me dejara tocarle una nalguita y luego se diera la vuelta y se fuera, ¡así me quedé! Aquello fue un trinche coitus musicus interruptus.

No pude escuchar a mis ídolos tocar juntos; el imposible reencuentro de los Beatles se había dado junto con el también imposible reencuentro de Freddie Mercury con Queen, y por si esto fuera poco, ¡iban a tocar juntos! Nomás por eso, les confieso que ahora tengo mi pobre corazón hecho pedazos… ¡ah! y mi estúpido e inoportuno celular, también.


Otro día con más calmita… nos leemos.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Frases Jotitas 24


Una de las principales secuelas que nos deja la inteligencia, es una crónica e incurable… sonrisa.

- said -

lunes, 21 de noviembre de 2011

¿EL BUEN FIN?... ¡la manga que!



Como siempre queriendo imitar a nuestros primos los gringos panza de pescado. Lástima que nunca logramos copiar de una manera por lo menos decorosa las cosas buenas de los gringos (que aunque no lo crean las tienen).


A alguien se le ocurrió en nuestro país, no sé a quien, si lo supiera creanme que lo señalaría con mi dedo flamígero (el de en medio claro está), inventar o copiar el famoso Black Friday de los gabachos, día en el que se ponen muy buenas ofertas en las tiendas y en los centros comerciales (Malls) de gabacholandia. Por su puesto que el resultado fue solo un trinche aborto region 4 del famoso Black Friday gabacho.

Y es que no hace falta ser un experimentado mercadólogo como yo (ire ire ire ire) para darse cuenta que todo es un vil engaño, un trinche gancho para que los queridos consumidores acudan a las tiendas a gastar sus pocos varos. Lo cierto es que en la tiendas no hay ninguna oferta fuera de lo común, algo que realmente nos hiciera emocionarnos. Por ejemplo, en la Comer están reembolsando, como gran oferta del “Buen Fin”, la cantidad de 250 pesos por cada 1,000 de compra en línea blanca. Esto a simple vista suena como a un trinche 25% de descuento, cosa que ni siquiera es cierta del todo. Y es que la devolución es por cada 1,000 pesos de compra, o sea que si el producto cuesta 1,990 pesos, solo le devolverán al cliente mugrosos 250 pesos por los primero mil pesos. Esto no representa más que un vil, pulgoso, mugriento y raquítico ahorro del 12.6%. Además y por si esto fuera poco, la devolución en si no existe, es más bien una bonificación a su famosa Tarjeta Naranja, sistema que de un tiempo a la fecha han adoptado muchas tiendas y centros comerciales para obligar al consumidor a gastar ahí mismo su “quizque” ahorro.


Pinchurriento descuento del "Buen Fin" en la Comer.


En fin, allá ustedes si quieren caer en el consumismo, a mí la verdad ya ni Julio Regalado me seduce; yo, como tipo harto cuidado pal centavo que soy, antes de caer en los truquitos baratos que elucubran los mercadólogos, primero lo pienso dos veces y ya luego aflojo el cuerpecito… perdón, el varo (me traiciono el subconsciente).

Queridos amigos lectores, si pueden, vieran de dense una vueltita por el Black Friday allá en McAllen o Laredo (por no decir New York) para que vean lo que son descuentos reales y chonchos, que en honor a la verdad, solo son unos cuantos artículos los que tienen estos descuentos espectaculares, por esa razón la gente asiste muy temprano a las tiendas y hace grandes colas para poder conseguir alguno de estos productos espectaculares. En fin, mi consejo es que cuide su varo y no se deje llevar por los descuentos engañosos, que no le gane la emoción, después de todo, ganar el varo cuenta un buen (iba a poner "... un huevo" pero me pareció muy pelado, ¡que bueno que no lo hice!).


Otro día con más calmita… nos leemos. 

martes, 15 de noviembre de 2011

La Tarjeta de López Obrador




El otro día mi Sacrosanta apareció frente a mí con su muy socorrida carita de “plis”, esa chantajista cara que siempre pone cuando quiere solicitar mis servicios de “escort” para alguna diligencia. Resulta que mi adorada ciruelita quería que la acompañase y la llevase si se pudiese y si yo quisiese en mi ese, a recoger su casi beatificada “Tarjeta de López Obrador” (como ella le llama). El bonito Gobierno del Distrito Federal decidió de manera unilateral (o sea, por sus huevos), que ya era tiempo de cambiar las más de 472 mil tarjetas existentes por unas nuevas. Por favor, no quiero que vayan a pensar que esto tenga alguna implicación relacionada con un acto de corrupción, que el costo de la elaboración y sustitución de estas tarjetas tenga que ver con que nuestro flamante Jefe de Gobierno esté haciendo su guardadito para su campaña, o en el peor de los casos, para su retiro. Tampoco quiero que vayan a pensar que este bonito acto tenga connotaciones electoreras, ¡qué esperanza!, esto no ocurre en nuestro país y menos en la “ciudad de vanguardia”.

El caso es que mi Sacrosanta suplicome, implorome y luego de ver que esto no fue suficiente, amenazome e instigome, para que la llevara al bonito acto convocado por el Gobierno del D.F..  El evento tendría lugar en uno de los salones del Word Trade Center, o como lo conocemos los labregones como yo, en el Hotel de México. Como sé que ese lugar cuenta con todas las facilidades para un mamila como yo (estacionamiento, cafetería y gente bonita), acepté gustoso, bueno ni tan gustoso pero acepté y decidí llevarla.

La cita era a las 12 del día. Cuando llegué al W.T.C. me sorprendí al ver como hordas enteras de parvulitos, todos ellos mayores de chingomil años, llegaban al lugar. Jamás había visto a tanta ciruelita y a tanto cebollín juntos, parecía que todos se dirigían a un megaconcierto, claro, un megaconcierto de Marilu “La Muñequita que Canta” o de Pablo Beltrán Ruiz y su orquesta de “Los Millonetas” (si al leer esto no estás en un asilo de ancianos, seguro no sabes de quien te hablo).

Al entrar al enorme salón donde se llevaría a cabo el evento, el olor a perfume y loción con suaves notas naftalina flotaba en el ambiente. Yo era de los pocos presentes menores de 70 años, el resto parecía salido del casting de la película “Cocoon”. Algunos de los invitados ya se encontraban sentaditos y los que íbamos llegando recibíamos instrucciones para ocupar nuestro lugar dentro del salón. La organización era buena y el trato amable, sabían bien que estaban tratando con verdaderas joyas arqueológicas vivientes. De hecho me pareció que había gente del Instituto Nacional de Antropología e Historia supervisando que todo saliera bien.

Una vez que ocupé mi lugar dentro de aquel enorme galerón, comencé a hacer mis acostumbradas e inevitables “observaciones”. La verdad, luego de mirar a tanto viejito a mi alrededor, he de decirles que se me ablandó el corazón y comencé a sentir eso que los jotitos llamamos “ternurita”. Con tanto abuelito y abuelita a mi lado, me sentí como protegido y apapachado, de hecho estuve a punto de pedirle al cebollín que tenía a la derecha, que me contara un bonito cuento.

Fácil había más de dos mil adultos mayores reunidos en aquel lugar. Yo que soy bien mal pensado, no perdía de vista a los organizadores y a las gentiles “visitadoras” (o como se llamen), y es que con tanto viejito reunido en ese lugar, pensé que en cualquier momento de la parte de arriba saldría gas al más puro estilo Auschwitz-Birkenau. Pero no, afortunadamente toda la concurrencia fue indultada y no pasó nada.

Mientras seguían llegando a borbotones cientos de viejitos, en el centro del salón y sobre un entarimado, el maestro de ceremonia presentaba al cantante que iba a amenizar el momento. Era el típico cantante de bar, onda el “Bacón Rojo” del Wings o del Sanborns. Por su puesto que el repertorio que manejaba el apolillado artista parecía salido de la estación “seis veinte, la música que llegó para quedarse”. Me acordé de todos esos artistas que se presentaban en el antigüísimo programa de “La Hora de los Locutores” en el canal 4: Enrique Cáceres, Daniel Riolobos, Carlos Lico, Alejandro Algara, Amparo Montes con Teté Cuevas al piano, etc. (de nuevo, si no estás en un asilo no te apures, no vas a saber de quien te hablo). El solitario trovador comenzó cantando música de Agustín Lara, lo que hizo que todos los ahí presentes corearan al unísono las bonitas rolas. He de decirles que el respetable estaba bien prendido, eufórico, pero cuando aquel Juanito Penas interpretó aquella de: “Veracruz, rinconcito donde hacen sus nidos las olas y el mar…”, aquello fue apoteósico. Incluso pensé que en cualquier momento alguna de las ahí presentes se iba a sacar el bra o el calzón-pantaleta y se lo iba a arrojar al engominado cantante. Estaban tan prendidos todos, que estuve a punto de gritar - la siguiente ronda de Ensure va por mi cuenta -, pero no, me contuve y me porté bien, justo como Dios y Matusalén mandan.

Finalmente terminaron de entrar todos los cebollines y las ciruelitas que faltaban y el cantante terminó de interpretar sus éxitos de 78 rpm. De nuevo subió el maestro de ceremonias al escenario, ahora para presentar a la Lic. Rosa Icela Rodríguez Velásquez quien es la mera efectiva del Instituto para la Atención de los Adultos Mayores. La amable damita comenzó su perorata agradeciendo a todos los ahí presentes. Luego les informó de algunos servicios que se estaban prestando en el lugar de manera gratuita. Invitó a todos los que no tuvieran su acta de nacimiento a que pasaran a tramitarla sin costo alguno. Yo, que a veces suelo ser medio cabrón, le comenté a mi Sacrosanta que en lugar de tramitarles su acta de nacimiento mejor “vieran” de aprovechar y sacar su acta de defunción de un vez. Un ciruelita que se encontraba en la fila de atrás me alcanzó a escuchar gracias a su aparato para la sordera biónico y me echó una mirada que casi me parte en dos. Ni modo, me tuve que esta quietecito como dijo mi mamá… o hablar mas bajito. También convidó a los abuelitos presentes a que tramitaran su testamento, aunque francamente la mayoría se veía que cuando mucho podía heredar su dentadura postiza con todo y Corega  y algún perrito o gatito meón. Otro de los servicios que se les ofrecieron, fue una línea telefónica llamada “La Linea Plateada”, en donde podían recibir apoyo de diferentes modos, desde psicológico, hasta legal, porque según dijo la Lic. Rocita, hay mucho “oji de su retamapudre drema” que le gusta darle sus zapes a mis viejitos adorados… vieran de ponerse con uno de mi tamaño si son tan machitos.

La licenciadita siguió hablando como si lo que les sobrara a los presentes fuera tiempo. De pronto, las vejigas de las ciruelitas y los cebollines comenzaron a reclamar un lugar donde desaguar, esto porque a algún iluminado se le ocurrió dejar en cada lugar una botella de agua (bonito detalle pero no para una vejiga senil). En mi carácter de contertulio lazarillo, tuve que abrirle paso a mi Sacrosanta entre la multitud para buscar un lugar donde hacer del cuerpo. Hubiera estado bien que al entrar se les obsequiara un kit de supervivencia a los viejitos, que contuviera, por lo menos: un trinche pañal para adulto y una útil inyección de Epinefrina por si les fallaba el corazón (recomendada por el afamado Dr. House).


Mis compañeritos de bancada en el evento.

En el centro el Lic. Mario M. Delgado luciéndose con
los cebollines y las ciruelitas.


Cuando mi madre volvió para ocupar su lugar, yo ya había ligado con una octogenaria, que si no estaba muy guapa que digamos, por lo menos sí se veía de varos, pero mi madre llegó a hacer mosca como es su costumbre y tristemente nuestro novel amor no cuajó. En eso estaba, cuando milagrosamente la licenciada comenzó a pedir porras y aplausos para Ebrard, lo que según yo presagiaba, el anhelado final de aquel interminable speech.

Cuando pensé que finalmente iban a pasar a los lugares a entregar las dichosas tarjetas de Pensión Alimentaria como habían prometido… ¡tómala barbón! Que presentan a otro monito dispuesto a seguir con los discursos. El interfecto era el Lic. Mario M. Delgado Carrillo, que ostenta el puestazo de  Secretario de Gobierno del D.F. Para los que no lo saben, este caballero es el “delfín” de Ebrard, es quien goza de su simpatía y amistad, o sea, es al que quiere dejar en su lugar el carnal Marcelo Ebrard. Así que, como ya se imaginaran, el discurso de este ojón fue más un acto de campaña que otra cosa. Neta, mis espigadas nalguitas ya pedían a gritos un descanso, pero ni como hacerle, estaba en medio de una larga fila, así que pedir permiso para hacer mutis del lugar era prácticamente una monserga. No me quedo otra más que resignarme y concentrarme para que aquello terminara rápido.


No es Gordolfo Gelatino con Doña Naborita, es
Marcelo Ebrard con una de sus viejecitas. 


Finalmente el trinche candidato se cansó y se despidió, instantes después comenzaron a repartir las tarjetas nuevas. El reparto fue rápido, lo que permitió que ipso facto me retirara de ese Shangri-La capitalino con mi viejita del brazo. Y así, poco a poco, el resto de los cebollines y ciruelitas fueron desalojando el lugar portando orgullosos su nueva tarjeta. Estoy seguro que el próximo día primero me los voy a topar, como siempre, en el pasillo de las galletas de la Comercial Mexicana, haciendo feliz uso de su súper tarjeta... de “López Obrador”.


Otro día con más calmita… nos leemos.


Con todo mi cariño para esos niños grandes que llegaron más lejos tan solo porque empezaron antes... mis adorados viejitos. 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Frases Jotitas 23


A veces los grandes alucinógenos ayudan, por eso soy un adicto al amor, la música, el café, y claro… tu recuerdo.

- said - 

domingo, 30 de octubre de 2011

Frases Jotitas 22

Por más extraño y contradictorio que parezca, las mejores lecciones de vida... las da la muerte.


- said - 

martes, 25 de octubre de 2011

Mi más grande inspiración, mi ejemplo de vida




A veces le llamamos padre a aquella persona que nos hizo el favor de depositar un poco de semen en el cuerpo de nuestra madre, o aquel otro que nos patrocinó los estudios y nos compró zapatos nuevos de vez en vez. Yo, la verdad, no estoy de acuerdo con esto, en todo caso, ese tipo de personas deberían hacerse llamar a si mismos “donadores de semen” o “sponsors”.

Un verdadero padre es aquella persona que siempre está ahí, a veces para escucharte, a veces para hablarte, pero principalmente y la mayoría de las veces, solo para eso… para estar ahí. Un verdadero padre no es aquel que te educa, no, es aquel que se vuelve tu más grande inspiración, tu ejemplo de vida. Un verdadero padre no es aquel que te lo da todo, porque eso no es necesario cuando tú ya tienes lo mejor de él… a él.

Tú eres mi tío, según la genealogía. Tú eres mi padrino, según la religión. Pero según yo, y según mi corazón que pocas veces se equivoca, tú eres, fuiste, y serás, un verdadero padre para mí. Quizás nunca hubo la necesidad de decírnoslo con palabras, porque entre un par de corazones que se comunican, en la mayoría de los casos, las palabras sobran. Nosotros lo sabíamos, nos sabíamos, y, finalmente, solo bastó una mirada al final del camino para festejar nuestro eterno parentesco.

Gracias, porque sé que todos los días seguirás inspirándome para llegar a ser un mejor padre, un mejor hijo, un mejor hermano, un mejor amigo, un mejor ser humano. Gracias también por haberme llenado, saturado, ese espacio del corazón que los seres humanos destinamos únicamente para guardar los más grandes y mejores recuerdos. Gracias tío-padrino-papá, por todo el amor que siempre me diste y que he podido regresar, en justa correspondencia, a todos mis seres queridos. A nombre de ellos y del mío propio, gracias mil por existir en mi vida.

Como siempre lo he dicho: “Las personas únicamente mueren cuando dejamos de pensar en ellas”. Pues bien, de mi cuenta corre que, tú serás, a partir de ya, un ser inmortal… mi otro INMORTAL.


Te amaré por siempre papá Rules…

domingo, 16 de octubre de 2011

Frases Jotitas 21

A veces me gustaría tanto hacerte el amor, no por deseo, no por lujuria, solo por sentirme por lo menos una vez en la vida... inmortal.


- said -

martes, 11 de octubre de 2011

TV Azteca, televisión para Pelados en Abonos Chiquitos



TV Azteca, televisora de pelados, hecha por pelados, para pelados. Seguramente mis queridos y nunca bien ponderados Huey Tlatoanis mexicas se estarán revolcando en sus bonitos entierros prehispánicos, al saber, que el nombre de sus ancestros, los aztecas, se ha utilizado para nombrar a una de las televisoras más gatas y peladas del orbe. Aquel grupo de gente que un buen día salió de Aztlán en busca de nuevos horizontes, nunca imaginaron, que el nombre de su gran pueblo sería usado por una televisora que se dedicaría a enajenar y contribuir directamente con la evidente ignorancia del pueblo de México. No dudo ni tantito que en cuanto Mr. Ricardo Salinas Pliego pise el Mictlán (inframundo), ahí ya lo estarán esperando Axayácatl, Itzcóatl, Acamapichtli, Moctezuma, Cuauhtemoc y demás banda, solo para darle una buena calentadita al verdadero y más puro estilo azteca, por haberse manchado usando el nombre de su pueblo.


Cuando apareció TV Azteca, yo, al igual que muchos otros ilusos, nos fuimos con la finta de que al fin íbamos a tener una verdadera opción, algo diferente a lo que ya nos tenía acostumbrados Televisa… ¡pero cuál! Digo, y no es que acá su charro negro se las de de muy intelectual, es solo que a mi avanzada edad y con los excesos propios de la vida, de mi vida,  mi cerebrito cuenta ya, cuando mucho, con once trinches neuronas y la mayoría de ellas discapacitadas, así que hay que cuidarlas y evitar que perezcan mientras veo un programa de esos que causan daño cerebral en TV Azteca.

En alguna ocasión, “El Tigre” Emilio Azcarraga, comentó que él hacía televisión para jodidos. Ahora que veo lo que produce TV Azteca, espero impaciente que un día salga el efectivo de la televisora del Ajusco, Ricardo Salinas Pliego, y en un acto de honestidad pura, diga: “Yo hago televisión, no para jodidos, para jodidísimos y lo que le sigue”. Y es que lo pudo llegar a ser una opción diferente a Televisa, se convirtió finalmente, en una muy mala copia de esta.

Simplemente el domingo que intente ver en TV Azteca un partido de mi deporte favorito, el gabachísimo fútbol americano profesional, terminé haciendo el entuerto de mi vida. Resulta que los oligofrénicos comentaristas de ese canal encabezados por el “Ex Nacha Plus” Enrique Garay, ahora se la pasan brincando de un partido a otro, cosa que es desesperante y, por su puesto, ¡gatísima! O sea, ¡cómo pretenden que uno disfrute un trinche partido así! Es como si quisiéramos ver tres muy buenas películas al mismo tiempo y estuviéramos cambiando de una a otra solo para ver las partes más emocionantes de estas, o sea… ¡no manchen! Y es que digo, quizás si estuviéramos hablando de llevarnos a tres bellas y fogosas damitas de no malos bigotes a la cama, eso sería diferente, eso sí resultaría más entretenido. Se imaginan el poder aplicarle a una el bonito y tradicional “Chivito en el Precipicio” para luego cambiar e intentar con otra la siempre divertida “Jirafa de Tres Cabezas” y luego con la tercera rematar con la “Doble y Efectiva Maroma Tártara al Derecho y al Revés con el Dedo en el Gatillo”… que diferencia ¿verdad?, me cae que eso sí sería ¡chidísimo!

Pero bueno, merecido me lo tengo por andar sintonizando ese canal de pelados. Y que conste que no soy el único que piensa eso de TV Azteca. En una ocasión escuche decir a Héctor Bonilla cuando le preguntaron que opinaba de su nueva empresa TV Azteca en comparación con Televisa, lo siguiente: “TV Azteca es la misma caca, pero en diferente bacinica”… ¡Amén!

No sé por que yo siempre me he imaginado que TV Azteca tiene dentro de su organización un departamento que se llama “Pepena”. Dicho departamento de “Pepena” se dedica a escombrar la basura de Televisa, los desperdicios, los deshechos, lo que ya no quieren los televisos, y de ahí rescatan al nuevo “talento artístico” de TV Azteca. Claro, mientras ese talento artístico pertenece a Televisa, la ñora Chapoy habla pestes de ellos, pero en cuanto pisan TV Azteca, resulta que son la maravilla. Luego, obviamente, los extelevisos se dan cuenta que lo que les ofrecieron era puro cuento y buscan cuanto antes regresar a Televisa con el rabo entre las patas. Los que lo consiguen, de nuevo se convierten en basura y son victimas, una vez más, de la versión femenina corregida y aumentada de Raúl “Delasco”, la ñora Chapoy. Ejemplo de todo esto: Gloria Trevi, Héctor Suárez, Pepillo Origel, Rene Franco, Lucia Méndez, y chingomil personas más. Dice la “encantadora” ñora Chapoy cuando un artista de Televisa llega a TV Azteca: “¡Que maravilla que haya mas opciones y fuentes de trabajo para los artistas mexicanos!”; ¡ah! pero cuando es al revés volteado, cuando el artista sale de TV Azteca y se va a Televisa, entonces, no lo baja de ingrato, malagradecido y “chacha”… sino que le pregunten a Origel o a Martha Figueroa.

Pero bueno, ya le voy a parar o van a pensar que tengo mis acciones en Televisa y que soy intimo amigo y casi comadre de Emilito Azcarraga… ¡bueno fuera! La verdad es que solo estaba harto enmuinado con TV Azteca por su forma tan gata de transmitir el fútbol americano el domingo y tenía que sacar todo mi veneno chapoyezco para que no me fuera a hacer daño el coraje. Pero ya verán que pronto voy a “atender” como se debe a los televisos, que por su puesto que también tienen cada porquería en su programación… que pa’ que les cuento.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 6 de octubre de 2011

Steve Jobs nada te debo, Steve Jobs estamos en paz





Yo jamás tuve un firulito creado por el genio Steve Jobs, prueba de ello es mi Tablet que de ninguna manera se trata de una iPad. Así que, "Jobs, nada te debo; Jobs, estamos en paz".

Otro día con más calmita... nos leemos.

martes, 4 de octubre de 2011

Descubriendo ejemplos de vida donde menos se espera





Día a día pareciera que algunos familiares tuvieran la encomienda de hacerme perder la fe en el concepto de familia y en la bondad natural de la especie humana. Afortunadamente, cuando parece que están por conseguir su objetivo, aparece un perfecto desconocido que, con sus hechos, renueva mi fe en el ser humano y en su natural instinto de solidaridad y ayuda desinteresada. Bienaventurados sean todos esos ejemplos anónimos de buena voluntad que me encuentro por la vida.


Otro día con más calmita... nos leemos.  


viernes, 16 de septiembre de 2011

lunes, 22 de agosto de 2011

Said en Chapultepec



El domingo pasado, luego de despertar de mi coma inducido (inducido por un par de botellas de tinto) y luego de pasar a remojar mis miserias en la ducha, decidí que había que hacer algo que me alejara del sillón y la tele.

Luego de consultar a mi “juanete pronosticador del tiempo”, como el de Bullwinkle (si son lo suficientemente viejos recordarán), tomé la sabia decisión, para alejarme de la inminente lluvia, de realizar un bonito paseo “indoor”, o sea, bajo techo. Como lo mío lo mío son los museos y la arqueología, pues que mejor que el Museo Nacional de Antropología e Historia (uno de mis favoritos).

Luego de ponerme ropa cómoda tirando a pandrosona con un toque de turista hippie apestoso europeo, me puse a empacar algunas cosas en mi “rucksack”: agua, manzana, galletas, cámara, walkman (como buen ochentero yo uso walkman y no iPod), rompevientos y, mi nuevo vicio, las pastillas Salvavidas (si no tienen hoyo, no es Salvavidas). Acto seguido, deposité un poco de efectivo en mi cartera, tomé mi celular, unas gafas, mi “wacho” sport y, finalmente, antes de salir de la Domus Saidiana, me rocié con un poco de loción dominguera.

Ya montado en mi hermoso y fiel Corcel Negro, comencé a hacer ambiente escuchando mi súper cd de Paul McCartney and The Winds. Así, al ritmo de “Band On The Run”, finalmente me interné en el Viaducto y me encaminé hacia el maravilloso bosque de Chapultepec. A mitad del camino comencé a rezarle a mi querido San Isidro Labrador para que junto y en complicidad con el infalible Taloc (amo y señor de las tormentas y los chipi chispis), desataran toda su furia y mandaran sendo aguacerote a Chapul para espantar a las hordas de cristianos que acuden en domingo a ese bonito paseo. Mi preocupación, como siempre, era la de no encontrar un trinche sitio donde dejar a salvo a mi fiel Corcel, que aquí entre nos, no se sabe cuidar solito.

Ya casi por llegar a mi destino, más o menos a la altura de la casa del “espurio”, noté que el astro rey (como le dicen al Sol los nacos reporteros de la tele), se abría paso entre las nubes y comenzaba a brillar a todo lo que daba. Sin desanimarme, seguí hasta llegar a Reforma, y al dar vuelta en el Museo de Antropología, entonces sí, casi se me salen las lágrimas al ver a il popolo llegar a borbotones, en busca todos de un lugar para estacionar sus “unidades”. En ese momento pensé que iba a tener que abortar mi visita turística a Chapul, pero parece ser que el Dios Chapulín quería, o había “decretado” (para estar a la moda), que yo debería de concluir mi bonita misión en el Cerro del Chapulín.

Al emprender la retirada, de pronto, vi incrédulo que iba a salir un carro que estaba casi en la puerta del museo (mejor sitio, imposible). Como dicta el Manual de Carreño, y las buenas costumbres, y el sentido común, y la bonita educación mamada en casa, prendí mis “stops” y pacientemente esperé a que la conductora y su prole abordaran la unidad e hicieran las maniobras necesarias para luego yo estacionarme. Mientras esperaba, se acercó a mí un jovenazo de unos 25 años que me amablemente me dijo: - buenas tardes Don, ahorita que salga ese coche lo clava ahí, solo que van a ser 30 pesos… ¿está bien? -. Yo con la emoción, acepté gustoso.

La damita al volante en cuestión, luego de golpear un par de veces con su despostillada “facia” a los coches que tenía adelante y atrás, finalmente salió y pasó a llegarle, o sea, se retiró. Apenas estaba cambiando la velocidad a mi Corcel para estacionarme, cuando de la nada, salió algo parecido al eslabón perdido conduciendo un camionetota y, a la gacha, de lo más gandalla, me ganó el lugar. No lo pude evitar y puse cara de ¡qué pedo! El jovenazo se acercó a la camioneta del Hombre de Cro-Magnon y le dijo que ese lugar era para mí, cosa que olímpicamente el espécimen ese ignoró. Por su puesto que cuando le dijo que eran treinta pesos por el lugar, el peladazo ni siquiera le contestó.

Les confieso que yo pensé en hacérsela de jamón, pero luego de ver a la concurrencia que bajó de su camioneta, la verdad, me abrí gacho. Y es que, tan solo la pura ñora del caballero, una especie de orco salido del Señor de los Anillos, en tres patadas me hubiera aplicado calzón chino y me hubiera tupido duro y macizo. Mi instinto de supervivencia me hizo contar hasta diez y tragarme la muina.

Cuando estaba a punto de retirarme del lugar con el rabo entre las patas, el jovenazo me hizo una seña para que lo esperara. Yo, nomás por no deja, me esperé. De pronto, el buen amigo se subió a un coche que estaba enfrente del lugar que me ganaron, movió dicho coche, y me hizo la señal para que metiera ahí el mío. Y yo que había pensado que no había mejor lugar que el que me ganaron, ¡mangos qué!… este, hasta sombrita tenía.

Luego de estacionarme, sacar mi “rucksack”, cerrar bien mi Corcel y darle su bendición, procedí a pagar la cuota “voluntaria” al buen amigo. Le dije: - oye, que manchado el güey ese, y ni siquiera te dio pa’l chesco -, - si verdad, y tan bonita que está su camioneta, lástima… -, luego de decir esto esbozó una ligera sonrisa, cosa que me hizo sentir, harto bien. No me quedó otra más que volverle a agradecer el bonito detalle que tuvo con el Said y me fui de ahí, no sin antes decirle el clásico: - sale compadre, ahí te lo encargo -, - si jefe, aquí se lo cuido, no tenga cuidado -. Ni hablar, que bonito es lo bonito en un mundo de caramelo.

En lo que caminaba rumbo a la entrada del majestuoso Museo de Antropología, comencé a ver como llegaban por todos lados cientos de “suidadanos”, con el único y bonito fin, de pasar el domingo en compañía de su clan en el maravilloso bosque de Chapultepec. Todas las clases sociales convergen en Chapul los domingos, desde las clases más humildes y populares, hasta la gente “nice”, los pirrurris como dice el populista Peje, vecinos de Polanco que acuden a caminar con sus mascotas o a pasear con la familia.

Cuando llegué a la explanada del Museo de Antropología, me percaté (como dicen los polis), que la gente entraba al museo como si se fuera a celebrar el clásico Chivas - América en el patio central del bonito edificio que construyó el gran Pedro Ramírez Vázquez. Me imaginé entonces, que iba a ser prácticamente imposible acercarme siquiera a las piezas del museo. En ese momento fue que comencé a acariciar mi “Plan B” (conmigo siempre hay un “Plan B”).

Desilusionado por la multitud de huehuenches que visitaban el Museo de Antropología y también un poco seducido por las hordas de compatriotas que se internaban en el bosque, cambié a mi “Plan B” y decidí dejarme llevar por la multitud. Así comencé a caminar entre gente, puestos, y más gente. Lo primero que me llamó la atención, fueron los precios que manejaban los puestos instalados en los alrededores del museo. Puesto de hamburguesas, hotdogs, tlayudas, tacos de canasta, piezas arqueológicas de imitación, mascaras de luchadores, dulces típicos, y también, para los que quieren estar delgados, fruta fresca de temporada con su respectiva salecita, su limoncito, su chilito y su salmonelita, y todo ¡a precios súper bajos!

Caminé hasta la avenida Reforma y la atravesé. Al pasar por el camellón que está en medio de Reforma, experimenté una epifanía y vi a varios nacos alados que gustos se tomaban fotos, fue algo inexplicable pero sumamente reconfortante y espiritual. Seguí como en peregrinación en busca de la puerta que da acceso al bosque de Chapultepec. Mientras caminaba, vi la exposición de fotos de Cantinflas que pusieron sobre las celebres rejas de Chapultepec. Por momentos quise detenerme a contemplar una que otra foto, pero las ñoras que pasaban junto a mí me lanzaban miradas inquisidoras porque sus inmensas humanidades no quería rodearme, así que no quise estorbar y seguir dejándome llevar por el flujo humano.

Para ese momento yo ya tenía un nuevo objetivo y comenzaba a saboreármelo. Mi intención era llegar hasta el Zoológico de Chapultepec y entrar a recordar… ¡a qué más! Me sorprendió que los puestos que antes se encontraban sobre la calzada que lleva hasta la puerta principal de zoológico, simplemente habían desaparecido. No niego que eso me puso triste, parte de mi objetivo era convivir con la gente que merca cuanta mugre se puede. Incluso pensé que con un poco de suerte podría encontrar todo aquello que de chavito tuve y que ahora extraño, por ejemplo: mi pasta azul para hacer globos tóxicos con un popotito o mi Memín Pinguín defecador. Al ir caminado a un lado de la reja que delimita al Zoológico, recordé que por ahí pasaba el trenecito, incluso me asomé para recordar por lo menos, por donde pasaban las vías. Y no lo van a creer, pero se me puso la piel chinita cuando descubrí que, bajo del cemento, aun se pueden distinguir las dos líneas de los rieles. La verdad no sé si no los quitaron y solo los cubrieron con cemento o por alguna extraña razón se marco el riel sobre el cemento… fue algo muy padre (sí, ya sé, yo y mis joterías nostálgicas).

A medida que me acercaba a la puerta del Zoológico, el espacio entre individuos comenzaba a acortarse. Mi especio vital comenzó a ser invadido por las adiposidades de mis semejantes. Como dice mi Sacrosanta, comencé a “engentarme”. Esto lo solucioné igual que como hacen los buzos al hacer inmersiones profundas, con paradas continuas para la descompresión. Así que poco a poco me fui adaptando y preparando para la impresionante aglomeración que me esperaba.

Al fin llegué a las puertas del Zoológico y, tal y como me lo imaginé, la gente llegaba en manadas. Recordé cuando yo era un ser inconsciente y osado y me atrevía a ir al Zócalo los 15 de septiembre al “Grito”, yo creí que esa experiencia jamás la iba a volver a vivir, y es que la verdad, ya no estoy en edad de arriesgar el físico.

Me formé como pude en una de las chingomil filas que había y paciente comencé a avanzar hacia la entrada. Mientras lo hacía, vi que a muchos “mikes” los estaban regresando porque traían sendos bultotes (pañaleras, maletas, bolsotas, morrales, itacates, chimecos, etc.). La verdad yo no quiera dejar mi “rucksack” en la zona de paquetería, primero porque había mucha gente y me iba a llevar mucho tiempo entregarla, segundo porque la integridad de mi mochila y su contenido peligraba, y tercero… ¡pus nomás por mis huevos! (por mis huevos cocidos que me había puesto mi madre para la hora del lunch). La única solución que encontré en ese momento, fue la de poner mi infalible e intimidatoria cara de viejo mamón para que el poli de la entrada no se atreviera a regresarme, total, si no funcionaba, iba a tener que hacer mutis y salir de ahí con todo y mi cara de viejo gruñón (iba a volver a poner “mamón” pero se me hizo un exceso).

Pues bien, como les decía, mi cara de viejo mamila (de nuevo no me atreví a poner la palabra “mamón”) no falló y conseguí entrar sin ningún problema. La verdad es que no soy prepotente ni nada parecido, pero a veces mi cara puede aparentar lo contrario, o sea, neta soy un amor aunque tenga cara de viejo mamón (¡chin!, ahora si puse la palabra “mamón”, ustedes disculpen).

Luego de saludar al émulo del 777 y de que este me autorizara a pasar con todo y mi chimeco en la espalda, seguí abriéndome camino entre el respetable. Lo primero que vi y que provocó en mí un irremediable y cinematográfico “flashback” (a colores y sin efectos especiales), fue la antigua estación del trenecito convertida ahora en tienda de “souvenirs” (recuerditos y demás firulitos). En ese momento eché a andar mis neuronas, esas que están todas empolvadas por falta de uso, y comencé a tratar de recordar e imaginar como se veía la estación por aquellos años en los que yo era un hermoso parvulito. Solo tuve que quitar mentalmente algunos cientos de personas que se encontraban por ahí y listo, y es que la verdad no ha cambiado nada, solo faltaba la máquina roja con sus coches llenos de críos y abuelitos felices. Antes de continuar, saqué mi cámara y tomé algunas fotografías de la vieja estación. Y apenas había terminado de tomar esas fotos, cuando al volverme para continuar con mi visita, descubrí otra maravilla. Ahí, a unos metros de la estación y al pie de unas escaleras, se encontraban dos leones de bronce, dignos sobrevivientes del antiguo Zoológico que, estoicos y inmóviles, le daban la bienvenida a los visitantes. De nuevo corrí a tomarles fotos. Mientras les tomaba fotos, la gente comenzó a prestarles atención y para cuando me retire de ahí, ya había una fila de personas que se querían retratar con los celebres felinos.

La gente apenas si podía caminar, había que abrirse paso a codazo limpio si es que uno quería ver por lo menos algún animal. De lejitos y sobre unas rocas, alcance a ver unos como chivitos o cabras (desconozco el nombre científico de la especie), que seguramente habían trepado hasta esas alturas temerosos de que alguno nativo huehuenche los fuera a secuestrar para posteriormente convertirlos en una rica barbacoa (con todo y su salsa borracha). Por ahí, a lado de esos chivillos, se iniciaba el recorrido por el Zoológico, pero luego de ver a todos esos conciudadanos aglomerados, apretujados y enjutados (dije “enjutados” ¡eh!, porque enojados no estaban), opté por buscar la salida e intentarlo… “otro día con más calmita”.

A un lado de donde estaba yo, un policía discutía con un jefe de familia que intentaba salir por donde decía “Entrada”. Seguramente este individuo nunca vio Plaza Sésamo o le faltó oxígeno al nacer y por eso no distinguía la diferencia entre “entrada” y “salida”. El caballero era un ser vertebrado de aproximadamente metro y medio, algo adiposo tirando a cerdo, de tez morena, rasgos prehispánicos (pero muy prehispánicos, casi como el Hombre de Tepexpan… cavernícola pues), lucía un corte de pelo mohicano desvanecido con fleco en color rubio cenizo cuasiblanco que lo hacía lucir cual puro apagado, y como seña particular, tenía un tatuaje en su brazo derecho que decía “Hecho en México” (que bueno que lo traía, sino yo hubiera pensado que era Neozelandés).

Me fui de ahí sin ver el desenlace de ese bonito intercambio de inteligencias en busca de la salida. Pasé por el área de comida rápida (fast food) en donde se encontraba reunida una bola de hambrientos paisanos intentando conseguir lo que fuera para alimentar la tripa. Aquello parecía un centro de ayuda humanitaria de Somalia, en donde el más fuerte, era el que iba a sobrevivir a la hambruna. De nuevo continué mi camino antes de que a alguien se le antojara una carnosita pieza de Said.

Para llegar a la salida, la más próxima y la única, tuve que incorporarme a la marea de gente y dejarme llevar en automático. Mientras caminaba inmerso en ese mar de gente, comencé a percibir los efectos que provocaban el sol y el calor en mis eufóricos vecinitos. Luego de buscar afanoso a un felino de la especie “León Rey de la Selva” y de no encontrarlo, no me quedó de otra, más que deducir que el olor a León provenía de mis vecinos y no de la jaula de algún gatote greñudo. Lo único que se me ocurrió para sobrevivir a ese bonito “perfume” feromónico, fue emular al buen José "Pipín" Ferreras, por lo que aguanté la respiración lo más que pude como si estuviera buscando batir su record de inmersión a pulmón libre.

Mientras lentamente caminaba entre los animales (ahora si no me refiero a mis congéneres), yo trataba de buscar alguno nomás para justificar mi visita al zoológico y para que no fuera “de okis”. Pero ¡nanay!, parece ser que todos los animales del zoológico se encontraban pecho tierra ocultos de las miradas flamígeras e indiscretas (jodonas pues) del vulgo. Donde debiera de estar el oso, no había oso, donde debiera de estar el tigre, no había tigre, donde debiera de estar el policía, no había policía… en fin, que todos los cuadrúpedos brillaban por su ausencia.

De pronto escuché a un crío que eufórico gritaba: - ¡mira! ¡mira! ¡ahí viene el lobo! -. Por un momento no supe si estábamos jugando a eso de “¿lobo estás ahí?” o que onda, pero al ver correr a la gente hacia uno de los espacios destinados a los animales, en friega (en friega es mas rápido que rápido), comprendí que se trababa realmente de un lobo. Me abrí paso entre esa comunidad de hobbits, cosa que no me fue difícil, y llegué hasta donde estaba el dichoso lobo. Preparé mi cámara para captar esa bonita imagen estilo National Geographic, y justo cuando ya estaba listo, apareció en escena el lobo feroz. Con total parsimonia el dichoso lobo llegó hasta donde había un arbusto, blandió una mirada, levanto la patita, y coquetamente el lobito saludó al respetable con una buena y abundante… meada. Acto seguido, se dio la vuelta y regresó a la privacidad de su madriguera con toda tranquilidad. Ese espectáculo fue suficiente para causar la algarabía total entre las personas ahí reunidas, y lo mejor fue, cuando a coro, todos, absolutamente todos, comenzaron a aullar como intentando hacer regresar al lobito a escena. Inmediatamente comprendí que, lo más interesante en ese momento, estaba ocurriendo de este lado de la reja y no del otro, así que mejor presté atención a esa rara tribu que gracias a la evolución de las especies había logrado desarrollar la extraña habilidad de aullar como lobos, al más puro estilo de “Twilight” (Crepúsculo) en su versión huehuenche.

Luego de disfrutar como enano ese momento, me retire de ahí y seguí en busca de la anhelada salida del zoológico. El calor, la caminata y la gente, comenzaron a hacer estragos en mi de por sí precaria condición física, así que como señora en micro, comencé a buscar desesperadamente un lugar donde sentarme para tomar un respiro mientras bebía un poco de agua y me comía mi manzana encantada. Por su puesto que ni de chiste encontré un lugar donde depositar mis carnosos glúteos, así que todo resignadote seguí adelante.

Cuando llegué a la jaula del otrora famoso Osito Panda de Chapultepec, el mismo al que le cantaba Yuri antes de sustituirlo por Jesús, increíblemente y aunque ustedes no lo crean, ¡descubrí una banca! De hecho, todo el rededor del espacio destinado para los pandas, estaba lleno de cómodas bancas ubicadas estratégicamente bajo la sombra de generosos árboles. El único problema era que, obvio, todas estaban ocupadas. De cualquier modo aproveché para “espejear” en busca del panda con la intención de poder hacerle unas buenas fotos, y nada, de nuevo solo estaba su espacio vació, y del oso, ni rastro. Estaba por irme de ahí, cuando frente a mí, descubrí asombrado, una banca con el suficiente espacio vacío para ubicar mi escultural derriere. Entonces, hice unos hábiles movimientos y cortes de cintura para lograr esquivar a la gente que se interponía en la banca y yo, mismos movimientos que me recordaron a Walter Payton en sus mejores tiempos.

Finalmente logré llegar con éxito hasta la banca. No me acababa de sentar, cuando entendí porque ese espacio era el único disponible en todo el zoológico. Y es que para mi sorpresa, a mi lado izquierdo se encontraba algo que parecía ser un descendiente directo del jamaiquino Bob Marley. Era un changuito como de mi estatura, de piel blanca (muy quemada por el sol), con sus largas y apestosas rastas (hábitat seguramente de muchos animalillos hematófagos), con sus ropitas todas cochinas (llenas de quien sabe cuantos flujos y secreciones corporales), y calzado con unos muy ya cansados huaraches que dejaban ver sus colección de onicomicosis y las costras de mugre en sus talones. Dicho individuo despedía un olor como a sobaco de zorrillo francés (es lo más apestoso que se me ocurrió para describir esa peste). Dicho aroma europeo se mezclaba con el olor de una misteriosa sustancia toxica que el individuo tenía en un bote de Frutsi sostenido por su diestra. A ese cóctel de aromas, había que agregarle un fino toque a mota, pero de la buena ¡eh!, de la regañona.

Era tal mi cansancio, que de nuevo practique mis ejercicios de yoga y contuve la respiración lo más que pude para no tener que renunciar a esa cómoda banca. Y como a todo se acostumbra uno en esta vida, al poco rato, ya mi Pasha de Cartier se había mimetizado con las feromonas de mi compañero de banca y así pude soportar la peste. Mientras mi amigo el zorrillito hablaba solo (quien sabe de que), yo me distraje viendo pasar frente a mí a miles y miles de compatriotas en sorprendente desfile de modas. Mientras veía pasar a tanta gente en ese improvisado desfile de modas, comencé a reflexionar y a hacerme algunas preguntas: ¿Por qué mientras más feos más quieren llamar la atención con cortes de pelo estrafalarios y tintes exóticos? ¿Por qué no hacen las camisetas de los equipos de fútbol (América, Pumas, Chivas, etc.) en tallas XL, XXL y XXXL, si a todos les quedan chicas y apretadas? ¿Por qué a las damitas entradas en tamales les gusta usar “ombligueras” si entre tantas carnes lo menos que se les ve es el ombligo, en todo caso más bien serían lonjeras? ¿Por qué los caballeros usan shorts tan aguados y tan grandotes, tanto que parecen pañales de tres meadas, si no practican ningún deporte? Estas y muchas otras preguntas más me hice pero nunca encontré una respuesta razonable, son de esos misterios indescifrables de este mundo que quedaran sin resolver.

Luego de un rato, el aborto de Marley se retiró del lugar y con él, todos sus olores. Su lugar fue ocupado por una ciruelita que venía acompañada de un cebollín, como diría mi Sacrosanta: “de buen tipo”. Como yo ya me había hidratado y alimentado, y luego de haber descansado un rato, decidí pararme y cederle mi lugar al cebollín para que hiciera lo propio a lado de su adorable compañera de vida. Ganas no me faltaron para quedarme a platicar con ese par de tiernos ancianitos pero mi misión antropológica tenía que seguir.

Cuando pasaba yo, ya no por los jardines de los pandas sino por su jaula (con cubierta de cristal), me tocó presencial un acto de verdadera barbarie. Esa área de los pandas estaba limitada por un barandal y una cadena que decía “No Pase”, pues bien, la turba hizo caso omiso del letrero (bastó con que uno lo hiciera) y en banda se lanzaron hasta el cristal que separaba al panda de los bípedos nacos. Todos con celular en mano buscaban obtener una foto del panda devorando a uno de sus mocosos hijos, o al menos eso creo, porque en un momento dado, pensé que la turba iba a romper el cristal y a lanzarse sobre el panda que asustado los miraba desde adentro. Afortunadamente apareció el 777 y con un silbato les marcó a lo lejos algo que sonó como a un “penalti”, para luego conminarlos (casi a chingadazos porque no entienden de otra manera) a que respetaran el barandal y las señales que prohibían el paso. El pobre representante del orden se llevó una bola de silbidos y mentadas de madre por parte de la educada y fina concurrencia, que resignada abandonó el lugar con todo y sus frustrados vástagos que se quedaron sin la foto oficial con el pandita de Chapultepec.

Al fin y sobre miles de cabezas sudorosas, descubrí emocionado un letrero que decía “Salida”. Me puse muy feliz y seguí caminando hasta finalmente cruzar la meta, ¡la salida del zoológico! Cuando salí del zoológico, me encontré con una de las calzadas peatonales que atraviesan el bosque. Esta bonita avenida se encontraba colmada y pletórica de puestos y de miles y miles de personas caminando cual zombies eufóricos, mercando o simplemente yendo de un lugar a otro. Al comenzar a caminar entre los puestos, el primero que llamó mi atención, fue uno en el cual pintaban y maquillaban a los niños, o bien adultos con espíritu de niños (o sea viejos y viejas ridículas), tal y como sus personajes favoritos. Mientras yo veía como maquillaban a un niño como al sorprendente Hombre Araña, mismo que más bien me recordó al “niño araña”, aquel que por una maldición de sus padres fue convertido en ese horrible espécimen, otros impacientes niños hacían fila en busca de su turno para ser maquillados. Al darme la vuelta, ya para retirarme del lugar, ¡casi muero de un infarto! La razón, un niño de brazos, mismo que sostenía su madre, tenía toda la cara pintada (según de mariposa), pero en serio, en verdad, el niño de cuando mucho un año, se veía ¡horrible!, con decirles que el temible muñeco asesino “Chucky” a lado de él se hubiera visto con un tierno y adorable Nenuco.

Luego de ver a esa horrible criatura salida del averno, me fui en busca de un pedazo de bolillo que morder para recogerme la bilis producto del susto. Seguí caminando por esa verbena popular observando atento todo lo que se vendía ahí: que los puestos de bromas, que los simpáticos changuitos de 15 pesos para la cabeza, que los algodones de azúcar, que los globos con la figura de Bob Esponja y demás celebridades, que las camisetas con el escudo de su equipo favorito y con simpáticas leyendas alusivas, que los tatuajes de henna en diversidad de modelos, que los discretos sombreros y gorras para el sol, etc. etc. etc.

De pronto, mientras observaba la bonita labor de un dibujante haciendo una caricatura de una damita que en si ya era una caricatura, mi vejiga comenzó a pedir a gritos que le prestara un poco de mi absorta atención. Como yo ya estoy en la edad de cuidar mi próstata, no me quedo de otra más que atender inmediatamente el llamado de la naturaleza, así que ipso facto comencé a buscar un lugar apropiado donde hacer de las aguas. Luego de acercarme a un poli, este me indicó cual era el camino más corto para llegar a la zona de comida, lugar en donde se encontraban los sanitarios. A paso del Sargento Pedraza apuré mi caminar para evitar algún penoso contratiempo hidráulico. Cuando al fin llegué a área de comida, me llevé una desagradable sorpresa, y es que donde decía “WC” había una fila enorme, peor a las que se formaban en los años 80’s afuera de la Secretaria de Relaciones Exteriores para tramitar un trinche pasaporte. De nuevo y como en toda mi aventura por Chapul, no me quedó otra más que resignarme y ordenadamente formarme mientras realizaba un gracioso baile buscando evitar una desgracia. La fila estaba bajo el sol que caía a plomo (y yo que pensé que iba a llover), con mis pocos conocimientos de fisiología, anatomía e higiene, llegué a pensar que si sudaba lo suficiente posiblemente me ahorraría mi visita a las letrinas... obvio, no. De pronto, en la entrada de los baños se asomó una señora con delantal y, a grito pelado, invitó a los caballeros a que no se formaran y pasaran directamente a la puerta. Yo acudí gustoso a su llamado y con el clásico “compermisito” me abrí camino entre las señoras, ciruelitas y niñas meonas. Deposité cuatro pesos en la puerta automática y pasé directamente al baño de los caballeros como si fuera un cliente VIP del lugar. No les voy a mentir, no era precisamente una lujosa terma romana con mármol de Carrara, pero para echar una firma, me resultó bastante eficiente. El único problema era que para tanto cristiano y sobre todo cristianas ávidas de desaguar, era muy pocos los escusados y resultaban insuficientes, por eso la enorme fila en el WC de damitas.

Ya con el “espíritu” en paz, al salir de ahí, me entretuve viendo a los comensales engullir sus sagrados alimentos. Al pasar por uno de los puestos de comida, me encontré con una torta que, neta, se me antojó. Era una cosa impresionante, una súper tortota (tamaño baguette), la cual contenía: jamón, pierna, salchicha, chorizo, huevo, milanesa, quesillo y creo que hasta parte de un dedo que se había rebanado la doña que las preparaba. Además, ¡de nuevo me sorprendí con los precios! Había grandes promociones y paquetes, por ejemplo: tres Hot Dogs por solo 15 pesos o tres Hamburguesas por 25 pesos. Eso sí ¡eh!, la carne estaba muy fresca, tanto que todavía hacía 15 minutos ladraba. También había fruta fresca de la estación (si, de la estación del Metro “La Merced”) higiénicamente preparada (aja), a tan solo 10 pesitos el vaso.

Cobarde y joto que es uno, me retiré del “fast fud” sin degustar ninguno de esos manjares y me conformé con las galletas que tenía en mi “neceser”. De regreso tomé un atajo porque mis piecitos comenzaban a mentarme la madre y a exigirme ya un descansito. Mi plan era llegar hasta el lago y sentarme a descansar un rato en la bonita “marina” del mismo. Así que me interné en el bosque y dejé que mi Sistema de Posicionamiento Global (GPS) interno, me guiara hasta allá. Mientras yo caminaba cual Caperucita Roja por el bosque, me llevé una muy grata sorpresa al descubrir que por ahí corre un pequeño río. Tengo un chingo de años, tantos como mi edad, de visitar el bosque y jamás me había percatado de su existencia… la verdad estuvo padre mi encuentro con el Amazonas de Tlachichilco.

Al fin llegué hasta el lago y me senté a ejercer una de mis actividades preferidas… la contemplación. La “contemplación” la defino yo como: “la actividad de hacer nada mientras no se hace nada”. Así que ahí me quedé en contemplación por un buen rato mientras mis pies tomaban un segundo aire. Estando ahí me entretuve observando a una bonita familia que paseaba en una tradicional lancha de remos. La señora era la feliz propietaria de un enorme trasero, seguramente, supongo yo, producto de que jamás le decía que no a un segundo plato de pozole. Dicha dama, al embarcar, se ubicó en la parte trasera de la lancha junto con su también pesadito retoño, lo que hacía que la lancha se levantara de la proa al igual que el Titanic justo antes de hundieres. Por más que el feliz padre de familia autoproclamado Capitán de la Embarcación intentaba remar, nomás no conseguía avanzar ni un milímetro náutico y solo daba vueltas sobre su propio eje. La escena fue de lo más divertido y sirvió para darme ánimos en mi cruzada.

Otra cosa que igual llamó mi atención, fueron un grupo de personajes (celebridades diría yo), que se encontraban cerca de ahí dispuestos a ser la delicia de los chiquitines. Se trataba, nada más y nada menos, que de Kung Fu Panda, Bob Esponja, Barney y el resto de sus amigos. Claro, todos se veían como si les hubiera sobrado un cromosoma al nacer, estaban ligeramente cuchos y con rasgos alienígenos. El que más hizo reír, fue el famoso Kung Fu Panda que parecía que sufría de una terrible y crónica oclusión intestinal o tal vez amibiasis por la extraña inflamación de su vientre, de vientre caído pues. Los chiquillos y las chiquillas parece ser que no eran tan exigentes como yo y felices se tomaban fotos con sus personajes favoritos.

Antes de retirarme del lago me detuve por un momento a ver el “performance” que realizaban unos payasitos callejeros. La verdad es que la presentación de esa troupe estaba más aburrida que el programa de Jaitovich, sin embargo, tenían un buen de público alrededor que se veía feliz y fascinado. La verdad me dio gusto por ellos, una sonrisa, provenga de donde provenga, siempre se agradece. Mientras veía a tanta gente reír al mismo tiempo, gente que por unas horas era feliz, como que por osmosis fui contagiado y fui tan feliz como ellos.

Así, con el espíritu alto, elevado, emprendí el regreso hasta donde había dejado a mi fiel Corcel. Al pasar de nuevo frente a la explanada del Museo de Antropología, me detuve por un momento a ver a los “Voladores de Papantla” que en ese momento realizaban sus evoluciones. Como siempre, y aunque muchos lo duden, me sentí sumamente orgulloso de ser mexicano, de pertenecer y ser parte de ese pueblo bueno que acude en familia a pasar un rato de sana distracción y esparcimiento al querido bosque de Chapultepec. Lo que hace a un país grande, sin duda, es su gente, por eso yo estoy convencido que pronto y con el trabajo de todos, este país volverá a ser tan grande como lo fue. México es más que solo las malas noticias que vemos, leemos y escuchamos todos los días, México es, por ejemplo, la gente buena que felices acudimos a Chapultepec.

Y como diría el gran Chava Flores: “salí de aquel lugar, sin nada a comentar, no vaya a creer la gente, que fui pa’ creticar…”.


Para los que no conocen Chapultepec, asi lo ve Diosito.

Burbujas, Tlayudas y Botanas, hay de todo.

Que Julio Regalado ni que ocho cuartos, ¡estos son precios!

A las estatuas de marfil, el que se mueva baila el twist.

Rastros de las vías del trenecito del zoológico.

Antigua estación del trenecito del Zoológico de Chapultepec.

León de bronce del antiguo Zoológico de Chapultepec.

Área de comida rapida del Zoológico de Chapultepec.

Estancias de los pandas. De lado derecho se ve el comienzo de
motín de pelados que traspasaron el barandal.

Que Lyn May ni que ocho cuartos, ¡estas si son tortotas!

Comida de "calidad" y a precios increibles.

Mi feliz descubrimiento, el río que corre por el bosque de
Chapultepec.

Kun Fu Panda y su oclusión intestinal.

Il popolo caminando por Chapultepec.

Los changuitos de 15 pesos, el bonito adorno para la cabeza.

Chitos de 5 pesos para los que les gusten las emociones fuertes.

No podia faltar la camiseta de fut pal pelado pambolero.

¡Igual que el Titanic! Lancha con la proa levantada antes de
hundirse por culpa de un iceberg... o unas nalgotas más bien.

Un hacedor de sonrisas trabajando.


Otro día con más calmita… nos leemos.