lunes, 25 de octubre de 2010

Las tortillas con sal




A mi edad lo mejor es volverse más selectivo, aprovechar el tiempo ocupándose de los simples placeres que da la vida y no perderse en la búsqueda utópica de la gran felicidad.

Por su puesto que no es cuestión de conformismo, es solo que a mi edad, ya tengo muy claro que es lo que quiero y que es lo que me gusta. Claro que esto no ha sido gratis, he tenido que pagar un precio, y ese precio fue… crecer.

Ahora es muy importante para mí, para mí que ya el tiempo comienza a ser “factor”, el aprovecharlo al máximo haciendo solamente lo que me gusta y lo que me hace feliz.

Cuando comenzamos a caminar por la vida, es natural andar probando mil cosas, ese es el único camino conocido para descubrir que nos gusta, y que nos hace feliz. Mientras más pronto encontremos lo que nos hace feliz, más tiempo tendremos el resto de nuestras vidas para ocuparnos de ello y, entonces si, ser felices.

Es muy triste, pero conozco personas que a mi edad todavía no saben que quieren, que los hace feliz, y siguen probando y probando, perdidos en una eterna búsqueda de algo que realmente los apasione. Yo por mi parte, aunque conozco y reconozco bien mis pasiones, nunca me cierro al feliz encuentro de alguna pasión “escurridiza”, una nueva pasión que llegue a enriquecer más mi vida. Sin embargo, ya no estoy empeñado, como antes, en seguir en una búsqueda frenética de nuevos placeres. Como les digo, no quiero perderme en esa búsqueda, descuidando todo aquello que ya he identificado perfectamente... como mis fuentes de placer.

Y es que a veces no es necesario comerse todo el pastel para saber si a uno le gusta o no. Basta con probarlo un par de veces, para decidir si uno quiere o no terminarse todo el pastel. En un principio similar a este, se basa eso que los expertos llaman: “investigaciones de mercado”. La clave del éxito está, obviamente, en saber escoger una muestra lo suficientemente representativa. Haciendo esto, no es necesaria entonces, escuchar todos los tangos, para saber si a uno le gusta o no el tango; o probar todo los platillos de comida tailandesa, para saber si a uno le gusta o no la cocina tailandesa; u observar toda las pinturas de Dalí, para saber si a uno le gusta o no Dalí.

Por todo ello gentiles amigos, si a ustedes no les molesta, les ruego me permitan seguir disfrutando de mis placeres conocidos, sin tener que ser etiquetado, como un hombre cerrado a descubrir nuevas “fuentes de felicidad”. En verdad, creanme que siempre estoy abierto al encuentro de algo nuevo. Pero eso si les advierto, jamás renunciaré a mis viejos placeres, tan solo por adoptar un nuevo gusto exótico o poco común que me haga sentir “especial” y “diferente” a los demás. Definitivamente yo estoy muy feliz, con mis simples, comunes y vulgares placeres, porque ellos son los que me han hecho lo que soy, un hombre sencillamente… feliz.

¡Bienaventuradas sean las tortillas con sal, si es que ellas me hacen feliz!


Otro día con más calmita… nos leemos.





martes, 19 de octubre de 2010

Frases Jotitas 16

El otro día vi a un hombre en el Metro que vendía alegrías a 5 pesos. Estuve a punto de comprarle todas, hasta que me di cuenta, que solo se trataba de simples barras de amaranto. Ojalá alguien algún día pudiera vender alegrías reales… habemos tantos antojadizos de felicidad.

- said -

sábado, 16 de octubre de 2010

Frases Jotitas 15

En cuestiones de amor, nunca las segundas partes fueron buenas, más vale comenzar de cero haciendo una nueva historia. Sin embargo… ¡se vale repetir el Estelar!

- said -

jueves, 14 de octubre de 2010

Consejos de un Mercadologo

Mi hija debería de embotellar sus sonrisas y venderlas. No hay nada mejor para hacer feliz a las personas… bueno, al menos conmigo funciona.


Princesa, hay días como hoy... que te amo igual que siempre.

  

martes, 12 de octubre de 2010

Por el primer lugar de pachequines



Los mexicanos somos reatascados. Nomás hay que ver como comemos, lo que comemos y la cantidad que comemos. Esto nos ha hecho ganar el “honroso” primer lugar en obesidad en el mundo.

Viendo esto, no sé como hay quienes se atreven a decir que se deberían legalizar las drogas en nuestro país. Y que conste que no estoy diciendo que si se llegaran a legalizar las drogas la cantidad de pachequines aumentaría, realmente no creo que eso pasara. Aunque por otro lado, no creo que la inseguridad producto del crimen organizado en su vertiente del narcotráfico desaparecería.

Los que están a favor de legalizar las drogas, argumentan que si esto se llega a dar, el poder económico del crimen organizado se vería mermado, y por lo tanto, su fuerza. Yo creo, que lo único que pasaría, es que los narcotraficantes se mudarían a otro tipo de hechos delictivos igualmente rentables, ejemplo: el secuestro y la extorsión.

También los promotores de “quemarle las patas al diablo” afirman que, al legalizar la droga se podría cobrar incluso un impuesto que iría dirigido a desincentivar el consumo de estos estupefacientes. Yo pienso, que el gravar la droga con impuestos muy altos como es el caso de los cigarros, solo haría que la droga se encareciera y de nuevo surgiera un mercado paralelo informal al que se tendría que combatir posiblemente sin éxito.

Además, está comprobado como decía al principio, que a los mexicanos nos vale queso nuestra salud, prueba de ellos es lo poco efectivas que han sido las campañas tendientes a promover el ejercicio y la buena alimentación. Con todo y campaña millonaria, los mexicanos seguimos siendo exquisitamente rollizos, adiposos y marranos, además de unos perfectos bolsones en cuestión de practicar deporte o realizar algún tipo de ejercicio. Luego entonces, no creo que una campaña en contra del consumo de drogas ayudaría en lo más mínimo a alejar a nuestro pueblo de las drogas.

A mí francamente me da igual si legalizan o no la droga. Yo creo que uno debe de ser libre de hacer con su vida un papalote. El que quiera morir de diabetes o un infarto por tragón, que se muera. El que quiera morir de cirrosis por borracho, pues ¡salud! Y el que quiera quedarse en un viaje producto de un “pazón”, pues igual, que le llegue. Lo que si no me gusta, y en lo que no estoy de acuerdo, es en todos esos argumentos sin ningún fundamente científico o por lo menos lógico, que se suelen argumentar irresponsablemente solo para manipular políticamente la posibilidad de legalizar o no las drogas.

¡Venga pues!, vamos por el primer lugar mundial en pachequines, ya tenemos el de panzones y nalgonas, así que… ¡si, se, puede; si, se, puede!


Otro día con más calmita… nos leemos.



lunes, 11 de octubre de 2010

Los "niños" que han llegado mas lejos

“Respetemos a nuestros adultos mayores, son personas llenas de sabiduría y experiencia”… claro, eso dicen los que no tienen uno de estos cebollines o ciruelitas viviendo en su casa. Los que tenemos la “bendición” de compartir nuestra morada con una de estas joyitas arqueológicas conocidas ahora elegantemente como adultos en plenitud, sabemos lo que eso significa y la monserga que representa.

Por eso, si usted gentil amigo tiene la suerte al igual que yo de compartir su espacio vital con un ancianito, seguramente sabrá que:
  • Está estrictamente prohibido abrir tan siquiera un ápice una ventana, esto para los cebollines representa un posible “chiflón” que les podría causar una “bronconeumonía”.
  • Constantemente hay conatos de incendio en la casa, porque las ciruelitas son fanáticas de dejar veladoras olvidadas junto a los 37 santitos y estampitas a las cuales les rinden fervorosa devoción.
  • Es común encontrar en los ceniceros de cristal cortado que hay en la casa, restos de un dulce medio chupado, chicles masticados, y demás regurgitaciones producto de la escasa dentadura de los cebollines y las ciruelitas.
  • No hay nada más aterrador que ver un cebollín o ciruelita quedarse dormido en un sillón. Generalmente parase que ya pasaron a mejor vida, por lo que siempre corre uno por un espejito para ponerlo frente a su boca y checar si aun lo tenemos entre los vivos.
  • Las conversaciones en la mesa a la hora de tomar los sagrados alimentos, siempre giran en torno a temas tales como: el estreñimiento, la constipación, los gases, las flemas, las agruras, etc.
  • Hay tantas medicinas en la casa, que la mismísima DEA podría irrumpir en cualquier momento sin ninguana orden de cateo de por medio, pensando que se trata de algún laboratorio clandestino de fármacos. Por cierto, la mayoría de las veces, esas medicinas ya caducaron hace más de cinco años pero los cebollines y las ciruelitas se niegan a tirarlas.
  • La ciruelitas acopian cuanta revista llega a sus manos, sobre todo TvNotas y TvNovelas. Son incapaces de tirarlas porque las pueden leer una y otra vez, y gracias a su volátil memoria, se siguen sorprendiendo con el asesinato de Selena o con la boda de Lucerito y Mijares.
  • Es común encontrar en un vaso con agua, una hermosa colección de incisivos, caninos, premolares y molares viviendo en perfecta armonía y "sonriendole" a la vida.
  • Si la ciruelita se levantó con gansas de preparar su famoso “guisadito”, seguramente habrá que tener un extintor a la mano, porque generalmente olvidan las papas o el pollo en la estufa, lo que ocasiona que de pronto una nueve de humo invada la casa indicándonos que las papas o el pollo han sido cocinados… ¡a las brasas!.
  • A las ciruelitas les encanta comprar vajillas, edredones, sabanas, toallas, manteles, etc. ¡pero nunca los estrenan!, siempre dicen que son para cuando haya invitados. Y por la casa van y vienen invitados y nunca ocurre el tan esperado evento… quizás porque cuando las ciruelitas dicen invitados, se refieren a alguien como el Santo Papa, Fernando Columga o Mariano Osorio.
  • Es muy fácil saber cuando se acerca un cebollín o una ciruelita, solo por el sonido que hace su bastón al avanzar. Esto parece emular el sonido que hacían las espuelas de los cuatreros del viejo oeste. Por cierto, si el individuo en cuestión no es lo suficientemente viejo para depender completamente del bastón, seguramente que se la pasará olvidándolo y perdiéndolo en alguna tienda o restaurante.
  • Cuando uno va a salir de la casa con un cebollin o ciruelita, es muy común tener que abrir la puerta de la casa en varias ocasiones luego de cerrarla, ya sea porque el viejito quiere de nuevo pasar al baño, checar por duodécima vez si apagó bien la estufa, buscar sus lentes (que normalmente ya trae puestos), cambiarse de ropa por quinta vez ya que no está seguro del clima que habrá afuera, etc.
  • Cuando alguien se apiada y decide, luego del una ardua labor de convencimiento, darle una limpiadita al closet del cebollín o la ciruelita, seguramente se topará con una serie de regalos navideños y de cumpleaños sin abrir. Estos olvidados presentes, luego de obligar al vejete en cuestión casi a punta de pistola a abrirlos, resultará que son en su mayoría, cajas de chocolates o galletas en avanzado estado de descomposición. Pero eso no le importará al propietario, porque luego de sugerirle que los tire, lo único que recibiremos a cambio, es un rotundo y contundente - ¡no te metas con mis cosas! -.


Vivir con una persona grande pude llegar a ser una monserga, pero también un privilegio y una bendición. La compañía de estas personas llenas de sabiduría, experiencias y amor acumulado, simplemente no tiene precio y debemos valorarla. Después de todo, hay que recordar, que a lo más que podemos aspirar en la vida con el tiempo, es a envejecer con dignidad, y como vamos a lograr esto, si hoy no sabemos tratar con cariño, amor y respeto, a esos "niños" que han llegado mas lejos en la vida... tan solo porque empezaron antes que nosotros.


Otro día con más calmita... nos leemos.