martes, 25 de mayo de 2010

La Metamorfosis de Said

Cada cuatro años, cíclica e irremediablemente, ocurre un fenómeno inexplicable y sumamente extraño dentro de mi ser. Por alguna razón todavía desconocida, quizás por un capricho de la naturaleza, Said sufre una extraña mutación, una especie de metamorfosis que lo convierte, en un ente completamente opuesto y distinto a lo que es.

Así es, cada cuatro años y aproximadamente durante un mes, mi cuerpo, mi alma y mi espíritu, se transforman de un modo tal, que el solo pensarlo, me estremece.

Todo comienza de pronto, cuando la parte baja de mi abdomen, comienza a mostrar una extraña curva que asemeja un embarazo “chelero” de 9 caguamas. Mi cabello adquiere una rigidez inexplicable y comienza a pararse cual simpático puercoespín, al tiempo que, comienza a decolorarse como si hubiera sido victima de una sobredosis de peroxido. La piel blanca que cubre lo más querido de mi ser (o sea todo yo), se torna poco a poco cada vez más obscura, hasta finalmente adquirir ese sutil tono “morenón” que tiene el barro negro de Oaxaca. No solo los cambios ocurren en mi cuerpo, también en mi vestimenta. Durante este tiempo, el verde comienza a ser imprescindible en mi ropa, sobretodo en la parte superior que cubre mi torso. Incluso, para tapar mis partes pudendas, sustituyo el común y tradicional pantalón, por un finísimo “chort” blanco que exhibe mis peludas y mal torneadas piernas. Para acompañar mi nueva vestimenta, increíblemente sobre mis mejillas, aparecen una especie de lunares en forma de lábaro patrio y escudo nacional, al tiempo que sobre mi frente, se puede leer una leyenda que dice: “¡si se puede México!”.

Todos estos cambios físicos que ocurren en mi ser cada cuatro años y durante este mes, vienen también acompañados de cambios anímicos y de comportamiento. De pronto, comienza a dejar de importarme la situación económica, política y social del país. Deja de interesarme la inseguridad que se vive en México. Hago a un lado el hábito de la lectura. Mi vocabularios se reduce hasta volverse elemental y casi monosílabo, y mi léxico, se vuelve cada vez más y más vulgar. Mi fuente de cultura, se enfoca en: el canal 2, el TVyNovelas, el TvNotas, Ventaneando, y por su puesto, en La Jugada, Deportv, el Esto, el Ovaciones y La Afición. Me vuelvo más visceral y menos deductivo, más violento y menos racional, más naco y más naco y más naco…
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Bueno, después de todos estos cambios en mi físico y en mi conducta, creo que ya adivinaron lo que me pasa… es el trinche FUTBOL que entra a mis venas y me convierte en lo que yo tanto critico, ¡un amante del Fútbol!. Así es, cada cuatro años y durante aproximadamente un mes, dejo a un lado el capote y el ovoide, y los sustituyo por la aburrida y enajenante... “pelota” redonda.

Pero la verdad es que todo lo anterior es una broma, solo eso, una broma. Seguramente muchos amantes del fútbol, ya se echaron a andar y me estarán mentando la madre. Lo cierto es que yo respeto todos los deportes, sin embargo, me gusta jugar criticando al fútbol, porque… pus, pus porque si. También lo cierto es que durante los Mundiales, me vuelvo un verdadero “amante” del fútbol, digamos que “salgo del closet”. Todo comenzó quizás en el Mundial de México 86, y desde ahí a la fecha, no me pierdo un solo partido durante los mundiales. Ya veo como le hago, si los grabo, si me llevo una tv portátil a donde tenga que estar, o si suspendo actividades y me meto a un bonito lugar a ver el partido en compañia de varios oligofrénicos aficionados como yo, el chiste, es que no me pierdo un solo partido.

Por su puesto que apoyo a nuestra súper Selección Mexicana, pero si algo sé de fútbol, si algo he aprendido en todos estos años, es que no sirve nuestra selección, es que a pesar de la enorme afición que existe en nuestro país por ese deporte, simplemente, los mexicanos no servimos para jugar fútbol. Y ya casi estoy escuchando a los comentaristas de siempre, decir lo de dicen siempre, luego de que México es eliminado: “bueno, ya se perdió, ya no hay que mirar para atrás, ahora hay que ver al futuro, tenemos cuatro años para prepararnos, para analizar nuestros errores y aprender de ellos…” etc. etc. etc. (y ya verán si no).
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Sin embargo, eso no quita que me emocione ver jugar a México, que en el fondo tenga el deseo y la esperanza, de que en esta ocasión sí vamos a hacer un buen papel durante el Mundial. Pero como también suelo ser desgraciadamente muy realista, pues siempre adopto un segundo país al cual apoyar, de esta manera, evito que la “fiesta” termine demasiado pronto para mí. Este segundo país que adopto y al cual apoyo como si fuera mi selección, ha sido desde el Mundial de México 86, la Selección de Italia. Sé que en México, el resto de los mexicanos terminan haciendo lo mismo, aunque siempre la mayoría, se inclina por la Selección de Brasil por sobre cualquier otra.

Esperemos (como cada cuatro años desde que tengo uso de razón), que en esta ocasión, México nos de la “sorpresa”, pero si esto no ocurre, creanme, no se acaba el mundo. Desgraciadamente NO se acaba el mundo, ni la inseguridad, ni la falta de trabajo, ni la mala educación, ni la falta de servicios de salud, ni el narcotráfico, ni las novelas de Televisa, ni la Cámara de Diputados, ni los Sindicatos, ni el PRD, el PRI y el PAN… nop, todos los males de nuestro país ahí seguirán junto con la nueva Selección Mexicana, lo único que sí espero termine algun día de estos, es la indiferencia que sentimos para con esos males.

Les deseo de todo corazón a todos los amantes del fútbol, que disfruten de el Mundial que está a unos días de comenzar… yo, lo voy a hacer. Apoyemos a México; apoyemos a nuestro “Plan B” (en mi caso la Selección de Italia); y seamos muy felices consumiendo este popular deporte, junto con una guarnición de carnitas, chicharrón, cacahuates, papitas, y por su puesto, ¡cerveza fría en cantidades devastadoras!. Seamos felices pues, pensando solamente en fútbol durante todo un mes, al fin y al cabo, el Fútbol, lo queramos o no… es el opio de nuestra sociedad.


Otro día con más calmita… nos leemos.

lunes, 24 de mayo de 2010

Frases Jotitas 9

"Si al irnos de este mundo logramos dejar atrás a alguien que nos recuerde por el resto de sus días, entonces… ¡habrá valido la pena vivir la vida! "

- said -

jueves, 20 de mayo de 2010

Los Abrazos... mis abrazos.


Es de pésimo gusto interrumpir a dos personas cuando hablan, pero es peor aun, casi un acto imperdonable, interrumpir a dos corazones mientras en complicidad se dicen cosas bonitas. Quizás ustedes no lo saben aun y por eso no lo entienden, pero cuando dos personas que se quieren se dan un fuerte abrazo, los corazones se sienten, y casi de inmediato, comienzan a comunicarse entre ellos. No esperen escucharlos, ellos nunca levantan la voz, ni siquiera se comunican a “sotto voce”, entre dos corazones, solo puede haber susurros, a ellos, eso les basta.

Por eso, ustedes saben que yo jamás doy un abrazo con una duración menor a un minuto. Hacer esto, sería más frustrante que un “coitus interrupus”. Un buen abrazo, para que surta sus conocidos efectos medicinales, tiene que tener el tiempo suficiente para que ese par de corazones tan cercanos en ese momento, puedan decirse lo que se tengan que decir.

Muchas personas no entienden esto, para ellos, eso un exceso. Pues déjenme decirles, que si ustedes no comienzan pronto a practicar los abrazos con duración mínima de un minuto, sus trinches abrazos se convertirán en simples palmaditas condescendientes, las cuales solo son útiles para sacar un eructo o para saludar a quien no se quiere saludar de un modo hipócritamente efusivo. Un buen abrazo debe de ser un ejercicio de fusión entre dos personas, debe de ser el corolario de un “te quiero silencioso”.

Este tipo de abrazos efectivos, me refiero a los de duración prolongada, se pueden dar de varias formas: de pie, por la espalda, acostados, o incluso, en ese momento en que dos personas intercambian respiraciones entrecortadas mientras se aman. En ese instante, debemos de olvidarnos de cualquier pudor que pudiera estorbar al acto que para mí es más íntimo que un beso… el abrazo.

Durante un abrazo, yo sugiero el silencio total, las palabras sobran, las palabras solo interrumpen a ese par de corazones que se dicen cosas, que se comunican. Mientras esto ocurre, las sensaciones que experimentamos son varias. Son sensaciones que nos hacen sentir que somos seres protectores, o protegidos, o que somos solidarios, o agradecidos, o amados, o simplemente, que somos un par de seres convertidos en uno solo por un momento, por el momento que dure el abrazo.

En mi vida, estos abrazos siempre han estado presentes, incluso en el día más feliz de mi vida… y paradójicamente, también en el día más triste de mi vida.

Sin duda alguna, el día más feliz de mi vida… corrijo, ¡el momento más feliz de mi vida!, fue cuando tuve a mi hija por primera vez en mis brazos y le pude decir con un abrazo, lo agradecido que estaba con Dios por el regalo que me acababa de hacer. Al mismo tiempo, con ese mismo abrazo, le decía a ella, que desde ese momento todo mi corazón y mi amor le pertenecerían, hasta el final de los tiempos.

Sin duda alguna, el día más triste de mi vida… corrijo, ¡el momento más triste de mi vida!, fue cuando tuve a mi Inmortal abuela por última vez en mis brazos y le pude decir con un abrazo, lo agradecido que estaba con Dios por el regalo que me había dado. Al mismo tiempo, con ese mismo abrazo, le decía a ella, que siempre mi corazón y mi amor le habían pertenecido y le pertenecerían, hasta el final de los tiempos. Durante ese abrazo cargado de todo el amor posible, mi abuela dejo de respirar y se convirtió en Inmortal.

Como verán, para mí un abrazo es más que unas palmadas en la espalda. Por eso, que no les extrañe el día que mis brazos los cubran por más de un minuto, les juro que no es cosa mía, son simplemente dos corazones que intentan decirse cosas… dos corazones susurrando.


Otro día con más calmita… no leemos y nos abrazamos.

lunes, 17 de mayo de 2010

Y tú, ¿vas al súper o a la Comer?


El otro día venía de regreso a mi Principado cuando sonó mi teléfono. – Bebe, Nene, Muñeco, Rorro, ¿podrías pasar al súper porque ya no tenemos agua? -, era mi Sacrosanta que solicitaba mi servicio de trabajador domestico. Todo buen hijo que soy, conteste gustoso - ¡claro!, que más necesitas -, - nada más, si acaso te traes jamón, leche y un shampoo porque ya no tienes, ya luego yo voy por lo que falte -, - ok -.

Inmediatamente después de colgar el teléfono, enmendé el rumbo y me dirigí a mi Comer preferida. Al llegar, el instinto me hizo estacionar en los lugares destinados exclusivamente para cebollines y ciruelitas (personas de la tercera edad entrando a la cuarta). Como normalmente voy a la Comer con mi Ciruelita de cabecera, pues siempre me estaciono ahí, solo que ahora se me quedó viendo medio feo el “viene viene”, cuando al bajar de mi Corcel, él descubrió que yo no era un cebollin. Antes de que me la hiciera de jamón, voltee y le dije – son mis cremas, viera que buena está saliendo últimamente la Teatrical -. El buen hombre sonrió y me dio chanse, total, ya era bien tarde y no había casi nadie en el estacionamiento.

Al entrar, una ciruelita toda tierna me dio un carrito y la bienvenida. Por primera vez en muchos años, parecía que al carrito le acababan de hacer la “alineación y balanceo”, porque normalmente esos trinches carritos se atoran o se van de lado, pero este estaba como Formula 1. Por un momento tuve la bonita intención de encarrerarlo y subirme en él, como lo hacía de chavito, pero consideré que no iba a ser bien visto un labregón como yo en tan infantil actitud, así que me ganó la prudencia y no lo hice.

Primero fui en busca de mi Shampoo. Al llegar al pasillo de dichos productos, me topé con chingomil marcas diferentes. Por su puesto que no recordaba la marca de shampoo que uso, solo medio sabía como era la botellita, así que desfile entre ellos con la esperanza de reconocerlo. Finalmente di con él. Cuando lo iba a tomar, me di cuenta que había uno que decía: para cabello seco, y otro para cabello normal, y otro para cabello graso, y otro para dar cuerpo, y otro para rizo perfecto, y otro para cabello teñido, y otro 2 en 1... y creo que hasta había uno para pelones. Total, me persigné para no equivocarme y tomé el que decía: “para cabello de príncipe encantador” y lo eché al carrito.

Luego de tan estresante disertación, abandoné el área de champuseses y me fui con rumbo a la papa. Mi zona preferida es donde están las latas, y me creerían que casualmente pase por ese pasillo. En ese lugar, me siento un científico de esos que trabajan para la Revista del Consumidor. Me encanta leer todas las latas y ver que carajos son y que traen. Entonces, de pronto mi carro se fue llenando de latas y frascos con cosas harto sabrosas, por ejemplo: que los ostiones ahumados, que el frasco de espárragos de Navarra, que unos mejillones en escabeche, que las aceitunas rellenas de pimientos, que las anchoas y angulas (útiles para preparar mi famosa carne tártara), que el jamón del diablo (¡uy que meyo!), que la salchichita coctelera, etc., bueno, con decirles que hasta una trinche lata de carne con chilorio eché al carrito.

Cuando salí de ese pasillo, mi carrito ya pesaba y comenzaba a necesitar dirección hidráulica para manejarlo más cómodamente. De ahí me fui directo a carnisalchichonería en busca del jamón pa’ mis “changüis”. Al llegar, me dice la “damita” de carnisalchichonería: - dígame, ¿qué le vamos a dar? -, - quiero un cuarto de jamón por favor -, - ¿de cuál le vamos a dar? -. En ese momento, vi un montón de letreros atrás de ella, que decían todas las marcas y tipos de jamón que tenían: que de pavo, que de pierna, que virginia, que York, que ahumado, que sin grasa, que sin sodio… y como chingomil marcas distintas. Como no quise quemarme el coco como con el shampoo, hice lo que estaban haciendo la mayoría de los señores que estaban en mi situación… ¡llamando a casa para preguntar!. Marqué a la casa y me contestó mi Sacrosanta – mamá ¿que de qué jamón compro? -, - pide jamón virginia de Fud de pavo, ¡ah! y les dices que te lo den bien delgadito -, - ok mi cabecita de algodón, ya casi termino, al rato llego -. Por cierto, ¿por qué carajos siempre piden las rebanadas de jamón súper delgaditas?, nunca he entendido esa obsesión de las señoras, por eso cuando yo era niño y me preguntaban en la escuela, que de qué era mi torta, yo siempre tenía que decir que... ¡de migajón!.


Para cuando voltee a ver de nuevo a la señorita que me esperaba con una rebanada de jamón en la mano marca X para que lo probara, por su puesto que ya se me había olvidado lo que me dijo mi madre, así que no me quedó más que comprar el que ella me sugirió, jamón York San Rafael. La señorita sacó una rebanada y me la mostró… ¡otra pendejada! ¿cómo creen que uno va a ver el tamaño de la rebanada a lo lejos?, siempre hacen eso, y la verdad no creo que nadie tenga la vista de águila para ver milimétricamente el grosor de la rebanada. Así que solo le dije – nomás no me las de muy delgaditas -, la damita luego de escuchar esto, hasta me miró toda extrañada. Total, que me siguió ofreciendo pruebas y salí de ahí no solo con el jamón, sino con tocino, pastel de pollo y algo de jamón serrano (no era Jabugo ni Pata Negra, pero estaba bastante pasable para mi no exigente paladar).

Al dar la vuelta luego de salir del entrañable departamento de carnisalchichonería, me encontré un refrigerador lleno de quesos, ¡de buenos quesos!. Como ustedes sabrán, seguramente yo en otra vida fui ratón, no precisamente como Mickey Mouse, pero sí seguramente como el Ratón Crispín… por pelado y panzón. El chiste es que no me contuve al tener tantos quesos frente a mí, así que al identificar mi preferido, el queso Camembert, inmediatamente lo puse en mi carrito. Como uno no es ninguno y dos son la mitad de uno, pues tomé tres. Ya de pasadita, también puse así como quien no quiere la cosa, un quesito Brie, un Edam y un Cabrales (apócrifo). No cabe duda, estos sí son quesos, no el trinche Caperucita Roja que siempre lleva mi Sacrosanta para hacer quesadillas.

De ahí directito a la leche. Cuando llegué, de nuevo… ¡mocos!, otro pasillo lleno de diferentes leches: que Entera, que 2000, que Semi, que Descremada, que Light, que Light extra, que Deslactosada, que Deslactosada light, que Cuarenta y tantos, que Kids, etc. y esto solo hablando de una sola marca. Quizás la de “Cuarenta y tantos” hubiera estado bien para un adulto contemporáneo en avanzado estado de putrefacción como soy yo, pero esto podría evidenciar mi edad con la cajera y perdería yo la bonita oportunidad de coquetear con ella. Por otro lado, la de “Kids” no hubiera sido creíble, hubiera sido un exceso, por lo que tomé la “Entera”, así es, Entera para un hombre entero como yo… ¡arroooz!.

Me dirigí a mi última escala en la Comer, la sección de aguas. No cabe duda que “nos estamos haciendo viejos Don Susanito”, porque antes levantaba con toda tranquilidad esos garrafones de agua, ahora, casi aborté ahí mismo, sentí que se me herniaba la hernia al subir un garrafón Ciel de agua, al carrito. Para acabarla de amolar, un fina y educada ciruelita solicito mi ayuda – joven, sería usted tan amable de ayudarme, es que no lo aguanto -, así que tuve que repetir la hazaña con el garrafón de doña Libertad Lamarque de Tlachichilco. Clarito escuche a lo lejos, una voz en mi subconsciente inconsciente, que me gritaba a todo pulmón: ¡Lonoool!.

Ya rumbo a la caja, pasé por el pasillo de las botanas y fui seducido de nuevo por el canto de las sirenas. Compré más cacahuates que los que compra el zoológico de Chapul y el Circo Atayde Hermanos para sus elefantes y changuitos. De paso, unas nueces de la india y unas almendras con miel que me chiflan. ¡Ah! y no podía faltar, mi dotación de palomitas de caramelo y otras más con extra mantequilla, marca ACT II (of course), para ver mi cinito en casa.


Afortunadamente al pasar por la sección de vinos y licores, recordé que en mi casa ya no cabe un pomo más, así que ni siquiera hice el intento. Todavía al llegar a la caja, aventé al carrito más de dos chocolates, unos cuantos Snickers para mí y unos Ferrero para Carola.

Al comenzar a sacar la mercancía y depositarla sobre la banda, algo me hizo suponer que había comprado de más. Creo que me habían encargado como cuatro cosas y llevaba un poco más de eso. La cajera con la cual pensaba coquetear, era un cajerito medio amanerado… bueno más bien ¡putísimo!, con uña larga y ceja depilada. Me dijo con voz toda seductora – buenas noches, ¿encontró lo que buscaba? -, a lo que yo contesté con voz de hiperhombre – si, gracias -, - ¿tiene tarjeta naranja? -, inmediatamente se la di y comenzó a marcar la mercancía. Comencé a asustarme al ver como subía la cuenta cada que pasaba un producto. Mi vida comenzó a pasar rápidamente por mi cabeza, como cuando dicen que vas a morir. En ese momento entendí y recordé, porque desde hace mucho tiempo ya no iba solo al súper, porque mi Sacrosanta era indispensable para hacer el súper, simplemente, ¡alguien tenía que decirle que no a mis compras compulsivas!. Que fácil era todo cuando yo era chico y me mandaban a la tiendita de Don Tino a comprar el jamón y un Bimbo, siempre salía de ahí, solo con eso, cuando mucho con un chicle de mas que don Tino me regalaba, solo por el hecho de ser un niño todo “cute”. En cambio ahora, estos supers como La Comer, ¡son cosas del diablo!, todos seductores que te hacen comprar madre y media que tú ni pensabas llevar.

Finalmente salió el total y casi me voy de chichis (yo nunca me voy de espaldas), “ni pedo dijo Alfredo” y tuve que sacar la tarjeta y firmar la cuenta. Todavía el Ricky Martin de la Comer me dijo – ¿tiene boleto de estacionamiento? -, se lo entregué y me volvió a decir – son tres pesos -… ¡que poca madre!, todavía que uno gasta una lanota en su tienda, le cobran a uno tres pesotes de estacionamiento. Pues ni modo, saqué los tres pesotes y otros cuantos más para el cebollin que había empacado (muy mal empacado), todo mi súper. Con eso de la "conciencia ecológica", ahora quieren ahorrar bolsas y te dan todo en una bolsa súper delgada, que en cuanto la cargas ¡se rompe!, y se cae todo en la cajuela de tu coche (si bien te va).


Todo triste salí desfalcado de ahí, y para curar mi pena, no pude más que comprarme un elote con mayonesa y quesito, el cual me comí en el estacionamiento… ya lo decía mi Inmortal abuela: “las penas con elotes son menos” (o era algo así, no recuerdo). Todavía le tuve que dar otra lana al cascarrabias del “viene viene”, al cual por cierto, siempre se le hace poco lo que le doy… ¡pendejo!, ni que estuviera haciendo una cirugía a corazón abierto, solo hace señitas y chifla, y por eso quiere que le de la mitad de mi sueldo… ¡nombre!.

Bueno gentiles amigos, eso pasa cuando los hombres vamos al súper. Ni hablar, para eso las mujeres se pintan solas, por eso buscan precios, piden el jamón muy delgadito y no compran más que lo que traen en su lista. Pa’ la otra, mejor me quedo sin jamón y leche…


Otro día con más calmita… nos leemos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

"Botanita de Cultura" No. 1


El domingo pasado asistí a un concierto increíble. Se trató del Programa No. 4 de la OFUNAM. Dentro de la mejor sala de conciertos de México y de Latinoamérica, se encontraban aparte de la Orquesta Filarmónica de la UNAM, el Coro Promúsica, el Coro Convivium Musicum, el Coro de la Escuela Nacional de Música, el Coro de Cámara de la Escuela Nacional de Música, y el Coro de Niños y Jóvenes Cantores de la Escuela Nacional de Música. Los solistas fueron: la soprano Guadalupe Jiménez, el tenor José Luis Ordóñez y el Barítono Guillermo Ruiz. Todos ellos magistralmente dirigidos por el Director titular de la OFUNAM, el maestro Alun Francis.

Seguramente luego de ver que estamos hablando de más de 150 personas en los coros, entre hombres, mujeres y niños, sabrán y podrán adivinar que obra fue la que se interpretó ese día. Por su puesto que no podía ser otra más que “Carmina Burana” de Carl Orff.

En la primera parte del concierto, se entrenó en México la obra “Praga” de Josef Suk. Dicha obra hizo honor a una de las más hermosas ciudades del mundo. La interpretación de la orquesta fue impecable.

Luego del intermedio, el área conocida como “Coro” de la Sala Nezahualcoyotl, se llenó completamente con los cinco diferentes grupos corales. En la orquesta aparecieron dos pianos de cola, entre muchos instrumentos más. Los solistas y el director agradecieron el aplauso y entonces apareció la magia. Comenzó la “Fortunata imperatrix mundi” de una forma imponente. Alrededor de 100 músicos y más de 150 cantantes, hicieron vibrar la sala de una forma impresionante. De los solistas, durante la obra destacó el barítono Guillermo Ruiz con una potencia sobresaliente en su voz. La soprano Guadalupe Jiménez, también estuvo encantadora. Al final, en el VI movimiento, de nuevo la “Fortunata imperatrix mundi” hizo el imponente cierre de esta obra de Orff.

La sala se vino abajo en aplausos, y luego de salir en varias ocasiones a recibir los aplausos tanto el director como los solistas, el respetable pidió un “encore” (repetición). De pronto, el director volvió a salir del escenario y por un momento pensé que no iba a haber “encore”… y efectivamente, no hubo. Me moleste mucho y, estuve a punto de incendiar la sala, porque ya me lo estaba saboreando. Sin embargo, de pronto, el maestro de los platillos y el maestro de los timbales, comenzaron a tocar a destiempo como loquitos; y en una de esas, y a la de tres, toda la orquesta junto con los coros (mas de 250 músicos), comenzaron a tocar ¡Las Mañanitas! para todas las madrecitas que habían asistido al concierto. Aquello como ya se imaginarán, fue súper emotivo, la mayoría de las mamitas soltaron la lagrima con todo y moco de burbuja ante ese maravilloso regalo. Así terminó ese concierto maravilloso… todos salimos de la sala comentando el bonito momento que habíamos vivido.

Sí, me imagino que estarán pensando que soy un cabrón por no haberles avisado con tiempo del concierto, y tienen toda la razón. Así que hoy tuve la idea, de hacer una sección donde pueda tomarme la libertad de recomendarles algunos eventos culturales, mismos que me gustaría compartir con ustedes. Hoy para comenzar, tengo dos sugerencias:


I. IMÁGENES LATENTES.- Si a ustedes les gusta la pintura de Rufino Tamayo o de Francisco Toledo, seguramente esta exposición les encantará. Imágenes Latentes es una retrospectiva del pintor oaxaqueño Rodolfo Nieto Labastida. Este pintor tuvo una vida muy corta ya que murió a los 49 años, sin embargo, su obra es amplia y aquí se puede ver lo más representativo de ella. Les recomiendo que vean una pintura que se llama “Marimba”, obvio que es mi preferida (ya saben porque), mi preferida junto con un par de pinturas más de “Toros”. Si van, no se van a arrepentir. La exposición está en el Palacio de Cultura Banamex, en la calle de Madero No. 17 en el Centro Histórico. El edificio en si es digno de visitarse, se trata del antiguo Palacio de Iturbide (para variar, no se pueden tomar fotos ¡carajo!).
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II. EL MUNDO INVISIBLE DE RENE MAGRITTE.- Si a ustedes como a mí les chifla esta corriente artística conocida como Surrealista, no se lo pueden perder. Les prometo que no se van a aburrir, con la pintura de este artista belga eso sería prácticamente imposible. En esta exposición se incluyen pinturas, dibujos, litografías, así como filmes y fotografías del artista en el ámbito cotidiano, acompañado ya sea de sus amigos, sus perros y su esposa. Por favor, háganme caso y no se la pierdan. La exposición está en el Museo del Palacio de Bellas Artes y estará solo hasta el 11 de julio.
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Nota: Yo no soy un crítico de arte ni mucho menos, soy alguien que se alimenta de cosas “bonitas” y que disfruta compartiéndolas con sus amigos… solo eso.
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Otro dia con mas calmita... nos leemos.

domingo, 9 de mayo de 2010

La Gratitud


Para mi uno de los valores más importantes que debe tener el ser humano, se llama “gratitud”. Una persona ingrata, merece todo mi desprecio, todo mi odio, de ese odio que guardaba para mí mismo (como decía Sabines). Tristemente cada vez más me desilusiono de la raza humana, raza que por cierto, cada vez tiene menos de humana. La gente se ha convertido en su peor versión. Solo buscan el bien propio, el manipular, el utilizar, el convertir al prójimo en un Tampax (úsese y tírese).

Es cierto que no hay que esperar nada a cambio cuando hacemos algo en favor de alguien.
Sin embargo, obtener un poco de respeto por el acto en si, sería un gesto esperanzador en este mundo lleno de gente interesada y manipuladora.

Y no quiero parecer el peor de los pesimista, no quiero sonar amargado ni quiero generalizar, sé que en este mundo aun existe gente agradecida, agradecida con las personas y con la vida misma. Desafortunadamente, este tipo de personas son fácilmente contagiadas con el virus de la “ingratitud” luego de tener malas experiencias relacionadas con lo mismo.

Yo tengo una teoría que dice que todos en este mundo somos unos interesados. Puesto que todos tenemos intereses en la vida, todos vamos buscando la manera de obtenerlos. Y esto no es malo cuando lo hacemos abiertamente, repito, cuando lo hacemos abiertamente. Nuestros intereses no necesariamente tienen que ser económicos, pueden ser afectivos. Por ejemplo, cuando yo conozco dos personas y termino siendo amigo de una y no de la otra, fue simplemente porque mi decisión se basó en uno de mis intereses. Posiblemente me interesó esa persona por divertida, o porque sabe escuchar, o por inteligente, o porque compartimos los mismos gustos. Y lo mismo pasa al escoger una pareja o un empleo, es decir, cualquier decisión que tomamos en nuestras vidas, está siendo influenciada por nuestros intereses, lo cual por ende, nos convierte a todos en “interesados”. Claro, cuando esto no se hace abiertamente, nos convertimos en manipuladores, lo cual sí es bastante repugnante y deleznable.

Usar a las personas no es malo, pedir ayuda es un gesto humilde, pero esto siempre debe de ir acompañado de la gratitud, de lo contrario, nos convertimos en personas ruines. Cuando yo encuentro una persona agradecida, siento que he descubierto uno de esos tesoros que conservaré celosamente por toda la vida. Pero por otro lado, cuando me topo con una persona ingrata, inmediatamente me deshago de ella, porque son personas que no valen la pena para mí.

Hoy es tiempo de hacer un “recorte de personal” en mi vida. Las primeras personas que saldrán de ella, serán las ingratas. Depurar de vez en vez a las personas que nos rodean, nos hace bien, nos hace concentrar nuestro cariño, amor y respeto, en aquellos que realmente valen la pena.

Yo soy una gente que exige gratitud de los demás, por lo tanto, siempre predico con el ejemplo, vivo agradecido con todos aquellos que han estado cuando los he necesitado… mi memoria es muy rencorosa pero también muy agradecida, ¡qué le vamos a hacer!.


Otro día con más calmita… nos leemos.

jueves, 6 de mayo de 2010

La Evolución... y las nuevas especies



Una de dos, o mi madre insiste en cambiarle el nombre a todo, o la evolución de las especies sigue dándonos sorpresas. Resulta que el otro día estaba cómodamente tirando la “bueba” en El Lugar de mis Éxitos (léase mi recamara), cuando mi madre interrumpió abruptamente la paz y el ambiente de meditación que se respiraba ahí, para darme la siguiente información: - Bebe, Nene, Rorro, ¿ya escuchaste lo que dijeron en el radio? -, - nop, ¿qué dijeron? – contesté yo con harta curiosidad. Entonces, mi Sacrosanta, tomó aire, y luego de adoptar una actitud científica estilo Marie Curie, me dijo: - pues acaban de decir en la radio, que no debes de tender la cama, y así se mueren todos los “cácaros” que viven en el colchón y las almohadas -, - ¿los qué? -, - ¡los cácaros! -.

Por un momento pensé que mis conocimientos adquiridos en el Animal Planet o en el Discovery Channel no eran suficientes, porque jamás había escuchado hablar de esa extraña especie. Incluso sorprendido, llegué a pensar que los cácaros eran seres microscópicos que provenían de los calzones sucios en personas que no se limpiaban bien el “yoyis”. Sin embargo, luego de unos segundos de echar a rodar la piedra como diría Mick Jagger, entendí que se trataba de mis amigos vouyeristas y exhibicionistas con los que convivo todas las noches mientras aplasto oreja, me refiero… ¡a los ácaros!.

Después de llegar a esta conclusión luego de tan sagaz razonamiento, me tranquilicé, y dejé de preocuparme por esas caprichosas “marcas” que aparecen ocasionalmente en mis “Trueno”. Tetándose de tan finísimas criaturitas de nombre ácaros, ahora conocidos cariñosamente como cácaros, no tengo porque atentar contra sus vidas, ya que ellos y yo hemos vivido en prefecta armonía por tantos años, en un bonito ambiente de mutuo respeto. Mis amiguitos podrán vivir tranquilos copulando a mi alrededor mientras duerno, porque así como ellos respetan mis "travesuras" con damitas, yo bien pudo hacer lo mismo con ellos. El solo hecho de pensar que duermo entre una orgía de seres microscópicos copulando a diestra y siniestra, me hace sentir que vivo rodeado de mucho amor, por lo menos, en mi cama.

Así que convido a todos ustedes, a que respeten al igual que yo a los “cácaros” que duermen todas las noches con ustedes, porque cada vez que pasan la aspiradora por sus colchones y almohadas, están cometiendo un genocidio solo equiparable... al holocausto nazi.


Otro día con más calmita y en otra cápsula científica más… nos leemos.