miércoles, 31 de marzo de 2010

Vamos a la Playa... oh, oh oh oh, oh


¡No se equivoque!, si usted cree que lo más chic es nadar con delfines en Xcaret, déjeme decirle que está equivocado. Lo de hoy son Las Playas del Carnal Marcelo. Si usted quiere tener una experiencia única, lo convido a que asista a alguna de estas playas que se han instalado en esta, la hermosa Ciudad de la Nube Gris.

Ahí no podrá nadar con delfines, pero a cambio, estos balnearios le ofrecen la oportunidad única y maravillosa, de nadar con especies exóticas, tales como: piojos nadadores (recientemente evolucionados), cácaros acuáticos, artemia, Sea-Monkey, y espermatozaurios marinos si es que corre con la suerte de que se encuentra en el agua algún viejillo libinoputrido. Seguramente esta aventura resultará inolvidable y dejará huella en usted (o por lo menos una buena infección).

Así que corra a divertirse y a hacer un poco de ejercicio a las Playas de Marcelo, nadando entre chiquillos y chiquillas que harán de esa “nadada”, un ejercicio extremo y con un grado de dificultad mayor. Le garantizo que luego de hacer este ejercicio acuático, terminará con una figura atlética, o ya de perdis… ¡un pie atletico! (con champiñón integrado).

Anímese, ahí nos vemos.
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Otro día con más calmita… nos leemos.

Frases Jotitas 8

"Confiar en alguien es muy fácil. Volver a confiar en ese alguien, es imposible y se requeriría de un milagro. Por cierto, los hijos hacen milagros..."

- said -

domingo, 28 de marzo de 2010

La Semana Santa de Said



Bueno, enfrentémoslo, estamos a unos minutos, horas, o días, no estoy seguro, de que comience oficialmente la Semana Santa. Como mis planes no comprenden, ni irme a tepetonguear, ni cumplir fielmente con los rituales que marca la Santa Iglesia, me dispongo únicamente a pasar unos días de intensa y adictiva dosis televisiva.

Eso de que la ciudad se pone maravillosa estos días, es un mito. Basta con querer ir a algún lugar a pasar en calidad de bulto las horas, para darnos cuenta que es temporada en que pulula el “peladaje” por todos lados. El bonito y tradicional paseo a Xochimilco, ¡ni pensarlo!; un día en Chapultepec con la visita oficial al zoológico y a las lanchitas, ¡estaría loco!; ir a caminar cual zombi a Perisur mientras jambamos un helado de “gugur” marca Nutrisa, ¡pero para nada!; acudir a provocarme el vómito cual top model en algún juego mecánico de Six Flags, ¡ni de chiste!; ir a llenarse los calzones de tierra a las motos y los caballos de La Marquesa para luego echar queka, ¡sería un suicidio!.

Así que no tengo otra alternativa, más que el retiro y enclaustramiento voluntario. Y para ello, nada mejor que chutarme como cada trinche año, las mil y un películas alusivas a la Semana Santa que nos ofrece la televisión.

Nunca fallan las clásicas películas con Charlton Heston: “Los Diez Mandamientos”, donde este difunto actor amante del rifle, el cuerno de chivo y la pistola de chinampina, lucía una barba de viejito casi tan chafa, como las pelucas de la novela “Corazón Salvaje” que ve mi Sacrosanta; o “Ben-Hur”, superproducción con una legendaria carrera de cuadrigas y un bonito leprosario para la familia. Otra película que no falla por estas fechas, es “Quo Vadis”, con el súper galán Robert Taylor y Deborah Kerr, y en donde el gran Peter Ustinov hace a un extraordinario Nerón. Otra que es una de mis preferidas, es “Jesús de Nazaret” de Franco Zeffirelli, en donde sale para mi gusto, el Cristo más parecido a Cristo (si es que esto se puede decir). El personaje de Jesús lo interpreta un actor que poco volvimos a saber de él, me refiero a Robert Powell. Tampoco faltan en este desfile de películas celestiales: “La más grande historia jamás contada”, “Rey de Reyes”, “Jesús”, “María, madre de Jesús”, y muchas más. A últimas fechas, podemos ver un nuevo clásico del celuloide, en donde Cristo termina como si hubiera sido el retador del campeón Manny Pacquiao, ya que le acomodan una reverenda madriza, al estilo judicial de la DIP de los tiempos de Durazo, o más bien y para estar a la moda, tipo “nacoejecución”. Me refiero por su puesto, a la película de Mel Gibson, “La Pasión de Cristo”. Ahora bien, si me permiten, les recomiendo que busquen la película del director Pier Paolo Pasolini de nombre “Il vangelo secondo Matteo” (El evangelio según San Mateo), que a mi juicio, es una de las mejores que se hayan hecho de este tema, aunque aclaro, es de Pasolini para que no se sorprendan.






Robert Powell en "Jesús de Nazaret"



El cine nacional también tiene sus “joyitas” alusivas a la temporada Santa. Así podemos encontrar en los canales que transmiten películas mexicanas, legendarios churros tales como: “Jesús, nuestro señor” con el infumable Claudio Brook (¿lo recuerdan en “El Castillo de la Pureza” de Ripstein?); otra infumable, es “El Proceso de Cristo” con Enrique Rocha, mejor conocido en el ambiente whiskolero como el “Rochón”; tampoco puede faltar este bodrio del celuloide conocido como “Cristo 70”, con el “varonil” Carlos Piñar.

Sin embargo, no todo lo que se hizo en México era tan malo. Existe una verdadera “Joya de la Cinematografía Mexicana”, que intencionalmente he dejado al final. Tiene una estenografía de cinco pesos, completamente acartonada (tipo pastorela de escuela primaria). Las actuaciones no son precisamente las que consagraron a los actores que salen en la película. Los efectos especiales, son de lo más primitivos y rudimentarios. El acento valenciano del Cristo, le resta credibilidad. Pero a pesar de todo, tiene algo esta película, que año con año, reúne a la familia frente al televisor y nos hace disfrutarla con singular alegría y devoción. Ustedes que saben más de esto que yo, seguro ya adivinaron a cual película me refiero, por su puesto que a “El Mártir del Calvario”, con el inolvidable y genial Enrique Rambal. En esta película filmada en el año de 1952, podemos ver al también genial Manolo Fábregas, ¡hecho un escuincle!.


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Enrique Rambal en "El Mártir del Calvario"


En fin, como verán, me espera un festival cinematográfico que me dejará más evangelizado y santificado, que una visita a Chalma con todo y bailongo. Seguro mientras admiro estas piezas de arte, llegará hasta mi olfato como cada año, el infalible olor a camarón, producto de las tortitas que hace mi Sacrosanta para acompañar los deliciosos “romeritos”. Y seguro que tampoco me escaparé, de alguna que otra visita a la iglesia, donde “voluntariamente” asistiré para llevar a mi madre cual beata que es, a ratificar su devoción por Dios nuestro Señor; y en mi caso, a ratificar mi devoción por los buñuelos, los hot cakes con cajeta y los benditos elotes con harta mayonesa y queso.

Así pienso pasar esta Semana Santa, ¡qué remedio!, en lugar de estar asoleándome en Caleta con la bonita concurrencia del jet set que frecuenta esta paradisíaca playa de Acapulquito. Si ustedes gustan, ya saben… ¡están invitados! Amén.


Otro día con más calmita… en sus manos encomiendo mi blog.


domingo, 21 de marzo de 2010

Mi héroe de película


Así lo conocí

Tendría yo como 19 o 20 años cuando conocí a este personaje maravilloso. A primera vista, era la persona más insignificare que yo hubiera conocido hasta entonces. Medía apenas un poco más del metro y medio, era delgado, usaba el pelo largo, el cual ya dejaba ver los inicios de una inminente calvicie, y lucía un gran bigote que la bajaba por las comisuras de la boca, hasta la barbilla. Su edad era difícil de calcular, quizás entre los 35 y los 40 años.

La primera vez que lo vi, salía yo de casa de mi Inmortal, y ahí estaba, sentado en el cofre de su coche, abrazando a la niña más bonita de la colonia. Ella era una mujer apenas unos años mayor que yo, sumamente atractiva, y digamos, algo ligera de cascos. Lo primero que pensé, fue: ¿Quién diablos es ese guey tan feo que se ligó a Cecilia?

A lado de ellos, estaban como diez de mis amigos, todos atentos a lo que él platicaba. Me acerque sin interrumpir y me uní al grupo. Atrás de mí, llegó corriendo uno de mis primos que había ido a casa de mi Inmortal por un salero, salero que había solicitado Cecilia, para acompañar el tequila que estaban tomando ahí, en plena calle. Por aquellos años, el tequila era solo de “pelados”, así que eso me llamó la atención.

Cuando Cecilia se separó por un momento de este personaje, de nombre Juan por cierto, pude ver que él vestía un pantalón ajustado de mezclilla, el cual lo hacía verse aun más delgado de lo que era. Abajo del pantalón, se asomaban un par de botas tejanas de piel de víbora, de esas bien picudas y con casquillo de plata. Por último, y si mal no recuerdo, traía una camisa a cuadros, roja, de franela.

Cecilia se dirigió al coche y de él sacó una bolsa de plástico con limones, tomó uno y se lo dio a Juan. Mi primo, inmediatamente se ofreció a ir ahora por un cuchillo, pero Juan lo interrumpió y le dijo que no fuera. Entonces, de su cinturón sacó una navaja suiza, y así cortó los limones. A mí me pareció muy “farol” con su navajita, pero al bajarse del carro y quedar de pie frente a mí para guardar su navaja, note que en la parte de atrás del pantalón, traía una escuadra impresionante.

Discretamente miré dentro de su coche y descubrí una torreta debajo de uno de los asientos delanteros. Obvio, se trataba de un policía, de un judicial seguramente. Pero todavía yo no me explicaba que le había visto Cecilia a ese insignificante personaje, por muy policía que fuera, Cecilia podía andar con alguien mucho mejor. En eso estaba pensando yo, cuando Juan se me quedo viendo directamente a los ojos de un modo retador (como él acostumbraba ver), y así me dijo: - ¿qué onda pinche güerito, chíngate un tequilita? -.

Rápido observé que el resto de mis amigos, todos, absolutamente todos, tenían un vaso desechable con tequila en la mano. Algunos de ellos no tomaban ni cerveza, así que asumí, que si no quería caerle gordo a ese hombre “armando”, lo mejor era aceptar su tequila. Aquí quiero hacer un paréntesis para decirles, que fue culpa de él, y solo de él, que desde entonces, y mucho antes de que se pusiera de moda el tequila, esa se convirtió en mi bebida preferida. Primero, he de ser sincero, por imitación, y luego con el tiempo, por gusto propio.

Una vez que me sirvió mi tequila blanco en un vaso desechable y que repartió limones a todos, siguió con su plática. Le estaba comentando a uno de mis amigos, al más grande, que él era el jefe de un grupo que se dedicaba, ya desde entonces, al secuestro. Su trabajo dentro de la temida y ahora extinta DFS (Dirección Federal de Seguridad), era la de comandar a un grupo de agentes que se movían en motos, para llegar cuanto antes a los lugares de donde se hacía la llamada para cobrar los rescates, claro, eso entre otras cosas. Fue entonces cuando me di cuanta, que no se trataba de un policía cualquiera.

Juan competía en carreras de motos, incluso había sido campeón nacional e internacional en algunas categorías. Se puede decir que era un experto manejando la moto, así que todo su grupo, se movía en motocicletas de carreras como la que él usaba.

De pronto, y ante tanta insistencia de mis amigos, comenzó a contar algunos de los operativos en los que había participado. Nos tenía a todos con la boca abierta con cada relato que contaba. Además, Juan era un experto en artes marciales, ¡tenía cinta negra!, por lo que cada vez que nos relataba como había detenido a los delincuentes, lo hacía “de bulto”, es decir, que si nos decía que le había dado una patada en la cara, al mismo tiempo levantaba la bota a una altura impresionante, para mostrarnos como había sido.

Parecíamos un grupo de niños emocionados escuchando cuentos e historias alrededor de una fogata. En tan solo unos minutos, ese tipo insignificante que al principio me había parecido un simple “farol”, ahora se había ganado toda mi admiración, me tenía prácticamente hipnotizado con cada historia.

Nos contó como se drogaba con cocaína, cada vez que empezaba una balacera. Nos enseñó como cortaba cartucho con una sola mano, ayudado solo con el cinturón o la bota. Nos mostró una granada de fragmentación que traía siempre bajo el asiento del coche, él decía, que el día que se lo fuera a “cargar la chingada”, se iba a llevar primero a otros por delante. En la cajuela de su carro, tenía todo un cargamento de armas. Nos contó que le gustaba balacear semáforos en la noche, solo por diversión, aunque en una ocasión, nos enteramos que lo hizo contra una discoteca que había en Av. Universidad, que si mal no recuerdo, se llamaba “Fandango”.

En fin, el tiempo voló entre una anécdota y otra, hasta que finalmente dijo que se tenía que retirar. Entonces, guardo su botella de tequila, su bolsa de limones, y le entrego el salero a mi primo. Se trataba de uno de esos famosos saleros de plástico en forma de manzana, que no valía más de dos pesos. Mi primo, queriendo congraciarse con él, le dijo – no Juan, quédatelo para que sigas tomando -. A lo que Juan contestó de nuevo con esa mirada retadora y con su voz rasposa – ¡cómo crees!, es de la casa, es de la jefa, y a la jefa se le respeta… tómalo -. Mi primo lo agarró, y yo quedé fascinado con la forma de pensar de Juan. A partir de ese momento, Juan se había convertido en mi héroe.



En el Carlos’n Charlie’s

Al siguiente día, recuerdo que me llamo mi primo, el mismo del salero, para invitarme al Carlos´n Charlie´s. En ese lugar, se reunían puntualmente los amigos de la colonia cada fin de semana. A mí nunca me gustaron ese tipo de lugares, yo desde entonces prefería lugares más tranquilos, lugares donde se pudiera platicar o escuchar buena música en vivo. Pero esta invitación no la iba a rechazar, luego de que me dijo que ahí iba a estar Juan con Cecilia. Además, el gerente del lugar nos conocía muy bien, así que no teníamos que esperar en la puerta, cosa que yo odiaba, y era otra razón importante por la cual no me gustaba ir a ese tipo de lugares.

Recuerdo que llegamos al Carlos como a las 11 y ya estaba instalado Juan en una de las mesas del fondo, dando la espalda a la pared. Nos acercamos a saludarlo, y nos invito a sentarnos con él. Ya tenía en la mesa su tequila blanco, así que de nuevo tuvimos que aceptarle una copa. A los pocos minutos, fueron llegando el resto de mis amigos, algunos de ellos, tuvieron que sentarse en las mesas contiguas porque ya no había espacio en la de Juan.

Desgraciadamente la música tan alta del lugar, no permitía que Juan siguiera contando sus historias increíbles que tanto nos habían apantallado el día anterior. Así que no nos quedó de otra, más que disfrutar del lugar y seguir tomando tequila con Juan, mientras él quitado de la pena, se fajaba a nuestra querida amiga Cecilia. De pronto, repentinamente, se apagaron las luces y la música, debido a una falla en la corriente eléctrica. Cuando mucho tardo cinco segundos en regresar la luz, apenas el tiempo necesario para echar a andar la planta de emergencia del lugar. Cuando volvió a iluminarse el Carlos, casi nos morimos del susto mi primo y yo, al ver a Juan debajo de la mesa, apuntándonos con su arma, y jalando a Cecilia de los pelos, ¡usándola como escudo!. Tenía lo ojos tan abiertos, que parecía que se le iban a salir… al igual que a nosotros, parecía que se nos iba a salir el corazón del susto.

En cuanto pude, me levanté y me dirigí al baño para recobrar el aliento. Al pasar por la mesas de mis otros amigos, noté que ellos ni se habían enterado de lo que había pasado en la mesa de Juan y seguían tan tranquilos como si nada. Estaba platicando con el chavo que cuidaba el baño luego de echarme agua en la cara, cuando apareció por la puerta Juan. Entró, se me quedó viendo con su mirada que imponía, y luego se soltó una carcajada. En seguida me dijo con su voz ronca - ¿qué pinche güerito, apoco te asustaste? ja ja ja -. Con la cabeza le deje ver que ¡claro que me había asustado!, entonces, él me jaló hacia uno de los cubícalos, se sentó en el escusado, y saco de la bolsa de su chamarra, una pequeña bolsa de plástico con polvo blanco… obvio, era cocaína. Era la primera vez en la vida que yo veía cocaína, así que el corazón me volvió a palpitar a mil por hora. El como si nada, metió la uña a la bolsa, tomo un poco de coca y la inhaló, luego repitió la dosis, y en seguida se chupo el dedo. Luego, levantó la cabeza y me dijo – ¡órele cabrón!, atásquese -.

Sentí que me iba a desmayar, no sabía que hacer, seguro que si le decía que no, se iba a molestar, y como estaba después de esa dosis doble, no sabía como iba a reaccionar. Por otro lado, yo jamás había probado droga, de ningún tipo, ni siquiera mota. Algunos de mis amigos fumaban marihuana y yo jamás les había aceptado cuando ellos me ofrecían. Pero a Juan, ¡cómo le iba a decir que no!, conociéndolo..

Entonces, subió la voz, y de nuevo volvió a preguntarme - ¡órale cabrón!, ¿vas a querer o no? -. Sin pensarlo más, salió la respuesta de mi boca, respuesta toda entrecortada – no gracias, a eso no le hago Juan -. Entonces, con toda la calma del mundo, se guardó la bolsa de nuevo en la chamarra, se levantó, dio unos pasos hasta donde yo estaba, me jaló bruscamente del hombro, y me dijo al oído – haces bien pinche güerito, ¡esta mierda mata!… síguele así y no te apendejes -. Enseguida, se separo de mí, tomo un poco de loción, unos chicles, dejo una propina (generosa), y salio del baño con su diminuta humanidad.

La persona que cuidaba el baño y yo, nos quedamos viendo uno al otro y fingimos que no había pasado nada ahí. Luego, salí del baño, y afortunadamente pude ver que alguien ya había ocupado mi lugar en la mesa de Juan, así que me fui a otra donde estaba mi hermano y otro de mis primos. He de decirles, que después de ese día, Juan jamás me volvió a ofrecer ningún tipo de droga… solo tequila.



De nuevo me sorprendió

Una mañana, llegó Juan con Cecilia a la cuadra. Yo estaba lavando mi coche afuera de la casa de mi Inmortal. Preguntaron por mi primo, y yo le toqué el timbre para que saliera. Comenzaron a platicar entre ellos, luego que terminé de lavar mi coche, yo me integré al grupo. Recuerdo que era un sábado, porque estaban bien “crudos” Cecilia y Juan, ya que se habían ido de juerga la noche anterior.

Ya era medio día, cuando Juan nos preguntó a mi primo y a mí: - que onda, los invita a comer cabrones, ¿quieren ir a Arroyo? -, mi primo y yo estábamos tan entrados de nuevo en sus historias y aventuras policíacas, que inmediatamente y sin pensarlo aceptamos.

Corrí a cambiarme a mi casa que quedaba a una cuadra, y mi primo hizo lo mismo. Yo creo que no tardamos ni cinco minutos en volvernos a reunir con Juan y Cecilia, los cuales por cierto, ya habían comprado un six-pack de cerveza para aliviar su “malestar”. Nos ofreció una cerveza, que obvio, aceptamos. Luego nos subimos en su coche, el cual por dentro era todo un desastre, además de que despedía un profundo olor a tequila. Juan encendió el coche, y entonces salimos con rumbo al restaurante.

Apenas habíamos salido de la cuadra, cuando nos dijo – vamos a pasara a mi casa por dinero y a cambiarme, así van haciendo hambre cabrones -. Por su puesto que nosotros solo contestamos – si Juan, no hay bronca -.

Al llegar a su casa, nos invitó a subir, cosa que emocionados aceptamos. Al abrir la puerta, lo primero que vimos, fue un enorme “rottweiler”, que inmediatamente nos mostró sus dientes mientras nos ladraba vuelto loco. Mi primo y no, nos quedamos congelados, ni siquiera respiramos esperando que Juan lo calmara o lo amarrara, pero sorprendidos, veíamos como a él también le ladraba, e incluso parecía que lo iba a atacar de un momento a otro. Cecilia que ya lo conocía, se había quedado varios metros atrás.

Juan comenzó a hablarle para calmarlo, pero lo increíble, fue que el perro no se calmó, sino hasta que Juan sacó su arma, se la dio a oler, y le dijo que la iba a poner debajo de un sillón. Luego de hacer eso, el perro que parecía la fiera más brava del mundo, se convirtió en un perro sumamente tranquilo, dócil e incluso, acariciable. Ya luego nos explico Juan, que ese perro estaba entrenado para detectar armas y drogas, y que era sumamente tranquilo e inteligente. Amigos lectores, es un pecado no recordar el nombre del perro, porque era otro personaje igual de interesante que Juan.

Cecilia, inmediatamente se sentó en uno de los sillones de la sala, mientras nosotros, estábamos verdaderamente emocionados viendo el lugar donde vivía Juan. Nos llamó la atención, la bola de fotografías que tenía por todos lados, donde él aparecía a lado de actores y actrices mexicanas. Después nos enteramos, que había trabajado en más de 30 películas y videohomes. Incluso gracias a la habilidad que tenía manejando motos, llegó a “doblar” en las escenas de peligro, a Rosa Gloria Chagoyan en algunas de sus películas de “Lola la Trailera”. Juan tenía varios amigos actores, con los cuales compartía las mismas “aficiones”. Recuerdo entre ellos, a uno que ya murió y que no voy a decir su nombre por respeto, pero Juan hacía una excelente imitación de él cuando estaba “intoxicado” (el actor, no Juan).

En otra parte de su casa, descubrimos una serie de instrumentos musicales, si mal no recuerdo, un teclado, una batería y una guitarra. También con el tiempo, nos enteramos que era músico, incluso había llegado a tocar con Javier Bátiz en algunos palomazos. Ese día, tristemente nos quedamos con ganas de verlo en acción en la batería o la guitarra, nos hubiera encantado escucharlo tocar algo.

Antes de que regresara Juan y nos sorprendiera husmeando por su casa, decidimos irnos a sentar a la sala junto con Cecilia. Cuando llegamos, Cecilia estaba profundamente dormida en un sofá, así que no hicimos ruido y esperamos a que saliera Juan de su recámara.

Cuando finalmente salió ya listo para irnos a comer a Arroyo, al ver a Cecilia dormida en el sofá, dijo con su voz ronca: - ¡ya valió madres!, a esta cabrona ya no la despierta nadie -. Mi primo y yo, fingimos ser comprensivos y le dijimos que no la despertara, que la dejara dormir. Luego, Juan fue a la cocina y regresó con tres cervezas, nos sentamos en la sala, mientras él encendía uno de sus “cigarros”.

Aprovechamos las fotos que tenía por ahí, para preguntarle de sus películas y de todas las amistades que tenía en el medio del espectáculo (todas con sus mismas “aficiones”). Luego, el tema cambió a la música, nos contó que desde muy pequeño su abuela le había enseñado a tocar el piano, y que una de sus más grandes pasiones era el rock. Y así fuimos cambiando de un tema a otro, todos igual de interesantes, hasta que finalmente regresamos al que más nos apasionaba, su trabajo como agente de la DFS.

Nos platicó todos los cursos y entrenamientos que había tomado. De pronto nos dijo: - ¿quieren ver algo chingón? -, inmediatamente dijimos que sí. Entonces se paró y se dirigió hacia su recámara, segundos después, apareció con un videocasete, prendió la tele, y puso la cinta en la videocasetera. Se trataba de un entrenamiento que había tomado con personas que parecían del medio oriente, o al menos eso nos pareció. En el video, aparecía con los ojos vendados, en algo que parecía un terreno baldío. Las personas que estaban con él, aventaban botes vacíos al suelo, el trabajo de él, era identificar donde caían para enseguida dispararles. Ese ejercicio me recordó la película “Guerra de Galaxias”, en la escena cuando Obi-Wan Kenobi le vendaba los ojos a Luke Skywalker para entrenarlo con su espada láser.

Mi primo y yo nos sentíamos realizados, estábamos casi entrevistando a nuestro súper “héroe”… ¡en la sala de su casa!. De pronto, cuando terminamos de ver el video, vimos que Juan estaba a punto de quedarse dormido, así que inmediatamente nos levantamos y nos despedimos de él. Juan insistió en que nos quedáramos, iba a mandar por comida, pero nosotros sabíamos que igual que Cecilia, Juan estaba a punto de quedarse dormido, así que le dimos las gracias y nos fuimos de ahí con ganas de contarles a todos, lo que habíamos visto aquella tarde en su casa.

Después de aquel día, pocas veces volvimos a ver a Moro. Por cierto, a Juan todos lo conocíamos por “Moro”, ya que su nombre completo es Juan Rafael Moro Ávila. Algunas veces lo vimos llegar con Cecilia en su moto, cosa que nos causaba mucha gracia, porque Moro parecía que apenas si alcanzaba a poner los pies abajo de la moto debido a su corta estatura, sin embargo, manejaba increíblemente bien esa enorme maquina.

Finalmente, perdimos contacto con él, y solo sabíamos de Moro cuando corría sus motos en el autódromo. La relación con Cecilia terminó, y eso hizo que no lo volviéramos a ver hasta aquel día en que supimos realmente… quien era Juan Moro.



El verdadero Juan Moro

No recuerdo el día exacto, pero fue en 1989, cuando me llamó completamente alterado mi primo, y me dijo: - prende rápido la tele, ¡esta saliendo Moro en el noticiero! -. Al prender la televisión, apareció Moro sentado en una mesa, rodeado de muchas personas, en algo que parecía una conferencia de prensa. Me quedé prácticamente congelado, cuando una de las personas que estaba hablando en esa conferencia de prensa, estaba acusando a Moro, de ser el autor material del asesinato del periodista Manuel Buendía.

Manuel Buendía para los que no lo recuerdan, era uno de los periodistas más importantes de aquellos tiempos, tenía una columna en el Excelsion que se llamaba “Red Privada”. Manuel Buendía, por aquellos años, había escrito acerca de la presencia ilegal de la CIA en México, de los vínculos de la ultraderecha con el narcotráfico y la venta ilegal de armas, y de la corrupción gubernamental en general. A Manuel Buendía lo habían asesinado el 30 de mayo de 1984, cuando salía de sus oficinas ubicadas en Insurgentes casi esquina con Reforma. Apenas unos días antes de la detención de Moro, el ex director de la DFS José Antonio Zorrilla Pérez, había sido detenido y culpado de ser el autor intelectual de la muerte de Buendía.

Cuando hablaron de quien era Juan Rafael Moro Ávila, haciendo algo parecido a una semblanza en la televisión, dijeron lo que yo ya sabía, que era actor, músico, corredor de motos y agente de la temida Dirección Federal de Seguridad. Pero lo que yo no sabía, y que me entere en ese momento, es que era nieto del “insigne” General Maximino Ávila Camacho, hermano del Presidente Manuel Ávila Camacho.

Moro siempre negó haber sido él quien había matado a Buendía años atrás. El recordaba que el día de la muerte de Buendía, a él lo habían mandado a recoger en el lugar, a otro agente al cual apodaban “El Chocorrol”, para que junto con él, “peinaran” la zona en las motos, buscando al asesino, de acuerdo a la afiliación que habían dado unos testigos que presenciaron el hecho.

Al principio, se decía que el asesino material de Manuel Buendía había sido “El Chocorrol”, y que Moro lo había ayudado a escapar en la moto, siendo su cómplice. Desafortunadamente, tres días después, “El Chocorrol” fue encontrado muerto en Zacatecas, con más de ¡120 puñaladas!.

El principal testigo del asesinato, el secretario de Buendía de nombre Juan Manuel Bautista, había descrito al asesino, como: un hombre alto y fornido, con corte de pelo tipo militar, descripción completamente opuesta a como lucía Moro en aquellos años. El retrato hablado, tampoco se parecía en nada a Moro.

Sin embargo, las investigaciones a cargo del entonces Procurador Ignacio Morales Lechuga, hicieron que culparan a Moro de ser el asesino materia de Buendía, por lo que recibió una condena de 25 años de prisión. Zorrilla, también fue encontrado culpable de ser el autor intelectual de asesinato, y fue condenado si mal no recuerdo a 35 años de prisión, por ese y por otros cargos más, tales como: acopio de armas, enriquecimiento inexplicable y otras cosas más.

Si ustedes amigos lectores, me preguntaran si creo o no, que Moro fuera capaz de matar a Buendía, les diría que, ¡no lo sé!. Pero si ustedes me preguntaran, si creo o no, que el Gobierno de entonces, pudo haber creado chivos expiatorios para ocultar un crimen de Estado, ahí con toda seguridad, les diría, ¡por supuesto que eran capaces de eso y más!.

Para el hermano de Manuel Buendía de nombre Angel, no hay duda que Moro fue quien lo mató. Incluso él hace referencia a las declaraciones de la actriz Jacaranda Alfaro, la cual en aquellos tiempos era la amante de Moro, donde ella afirma que: “Moro se levantaba por las noches angustiado, diciendo que Zorrilla lo iba a mandar matar por haber asesinado a Buendía”.

Muchos periodistas piensan igual que yo, que es muy posible que esto haya sido orquestado, y que todos fueron chivos expiatorios. Tal es el caso del periodista Raymundo Riva Palacio, quien tiene su columna “Estrictamente Personal” en el Universal, quien afirma: “Zorrilla fue chivo expiatorio de un crimen de Estado”. También hay quien dice, que todo se fraguó días antes del asesinato, en una reunión a la cual habían asistido: el Secretario de la Defensa de entonces, el General Arevalo Gardoqui, el Secretario de Gobernación Manuel Bartlett Diaz, el mismo Zorrilla, y algunos otros personajes de la ya desaparecida DFS.

Incluso, si me lo permiten, hay una “leyenda urbana”, donde se afirma que Manuel Buendía tenía unas fotografías, donde se veía al Presidente Miguel de la Madrid, ¡vestido de Cleopatra!, en una fiesta, junto con algunos de sus más cercanos colaboradores, todos vestidos igualmente… de “damitas”. Dado que la oficina de Buendía fue saqueada por agentes de la DFS el día del asesinato, nunca se sabrá que información o fotografías tenía Buendía, información o fotos que le costaron la vida.

En febrero del 2009 y luego de veinte largos años, Moro fue liberado “anticipadamente” al reducírsele la pena. Mientras estuvo en el Reclusorio Norte, formó un grupo de rock con el cual daba conciertos a los internos. Ahora ya en libertad, sigue con su grupo al cual inteligentemente y con muy buen sentido del humor, bautizó con el nombre de “Asociación Delictuosa”.

¡Todo un personaje mi héroe!. Hasta la fecha, recuerdo con emoción aquel primer encuentro con Moro afuera de la casa de mi Inmortal, y recuerdo sus palabras: “a la jefa… se le respeta”. Y cada vez que tomo tequila, secretamente, le estoy rindiendo un homenaje a ese personaje tan pintoresco.

La verdad de lo que ocurrió aquel 30 de mayo de 1984, como en muchos otros casos en nuestro país, nunca la sabremos a ciencia cierta.


Amigos lectores, les presento a mi “héroe” (con comillas), Juan Rafael Moro Avila…












Otro día con más calmita… nos leemos.

domingo, 14 de marzo de 2010

Fidelidad... ni tan dificil.


Es tan simple… ¡no se hagan bolas!. La fidelidad no es un acto heroico, plausible o digno de encomio, es simplemente un actuar con conciencia y sentido de “practicidad”. Ahora bien, sería falso si les dijera que yo jamás he sido infiel, la verdad es que si lo he sido.

Tendría yo aproximadamente 18 años cuando cometí este grave error, sin embargo, como todos los expertos en tropezones sabemos, los graves errores siempre vienen acompañados de grandes enseñanzas, solo hay que aprender de ellos, y entonces sí, el error habrá valido la pena.

Cuando uno tiene esa edad, se la pasa tratando de probarle al mundo y a uno mismo, una serie de cosas sin sentido, y que vistas a la distancia, resultan sumamente estúpidas. Como ya les he contado en otras ocasiones, hasta ese momento, yo jamás había escogido a mis novias, por el contrario, ellas me habían escogido, ellas se me habían declarado, ellas me habían dado mis primeros besos, etc. Así que yo tenía que probarme a mi mismo, que yo tenía la capacidad de escoger una mujer y lograr hacerla mi novia. Lo que hice, fue buscar alguna candidata que representara un verdadero reto para mí. La encontré en la escuela, era una niña seria, bonita y que además tenía novio. Eso sí sería un buen reto para un inmaduro puberto como yo. Sin embargo, por otro lado estaba la hermana de mi mejor amiga, a la cual yo le caía sumamente mal, incluso la escuche decir en una ocasión, que ella jamás andaría conmigo aunque fuera el último hombre en la tierra.

Las dos candidatas eran ideales para mi experimento/reto de “egocentrismo inmaduro”. Solo tenía que decidir cual de las dos representaría el mayor desafío, el mayor reto. Luego de pensarlo mucho, decidí que el mayor reto serían… ¡las dos!.

Solo fue cuestión de tiempo para que ambas, con apenas tres días de diferencia, se hicieran mis novias. Mi ego en ese momento, se sintió realizado. Sin embargo, comenzó a aparecer en mí otro sentimiento, sentimiento que se conoce como “cargo de conciencia”.

No me gusta decir que soy muy “intenso”, eso me suena muy pretencioso, simplemente lo que me pasa, es que a mí cualquier sentimiento se me presenta de una modo vehemente, fuerte, intenso y agudo, digamos que son sentimientos que llegan a mí “subrayados” y con “negritas”. Así que no pude más con ese “cargo de conciencia”, y luego de exactamente un mes, decidí terminar con las dos, ya que era evidente que no amaba a ninguna de ellas. Fue así como terminé con esa farsa que no me estaba dejando nada positivo, y si estaba entorpeciendo mi “crecimiento” como persona.

Después de eso, jamás estuve tentado siquiera a volver a cometer una acto de infidelidad con nadie. Para mí esto no ha significado un gran esfuerzo, simplemente como les dije al principio, para mí es un simple acto de “practicidad”. Miren, así lo veo yo:

Cuando uno se encuentra dentro de una relación y se nos presenta la oportunidad de cometer una infidelidad, uno tiene que saber, que por lo menos existe una pequeña probabilidad de que sea descubierta esa infidelidad. De igual modo, uno tiene que estar plenamente conciente, de que dicha infidelidad descubierta puede nunca ser perdonada.

Así que es tan fácil como preguntarse esto: ¿realmente vale la pena arriesgar lo que tengo por causa de una infidelidad?. Si la respuesta es NO, pues tan fácil, sigo feliz a lado de mi pareja y veo pasar esas oportunidades para serle infiel sin darles la mayor importancia. Si la respuesta es SI, pues es ahí donde entra el sentido de “practicidad”… ¡qué carajos hago yo con una persona a la cual no me importa perder!. Tan fácil como terminar con esa persona y comenzar una nueva relación con la otra.

Créanme que así lo veo yo, y de esta manera, la fidelidad, al menos para mí, no representa ningún sacrificio, y menos un acto heroico, simplemente es cosa de ser prácticos en la vida y en nuestras relaciones. Así que por favor gentiles amigos lectores, a partir de hoy, los invito a que ejerzamos la fidelidad, a que ejerzamos la… ¡practicidad!.


Otro día con más calmita… nos leemos.

jueves, 11 de marzo de 2010

"Condominio de Quejas"... 2



Y vuelvo a lo mismo… ¡qué trinche manía la de mi Sacrosanta de reciclar frascos y botecitos de crema alpura!. Cada vez que ando buscando esquizofrénicamente algo en el refri, termino casi al borde del colapso por culpa de esos trinches botecitos de crema alpura. Mi Sacrosanta como ya les he dicho, tiene una colección de más de 100 “topers” de primera calidad, en todo los tamaños y formas que se puedan imaginar, y sin embargo, ¡no los usa!. En su lugar, recurre a los botes de crema alpura y a los “topers” desechables que le dan en La Comer cuando compra arroz, o en la comida china con sus rollitos primavera. Pero el colmo, son los trinches frascos de mermelada vacíos… ¡igual los recicla!. Con decirles, que el otro día me hice uno de mis famosos y dietéticas “changüis” de crema de cacahuate (Aladino con trocitos de cacahuate) y mermelada de fresa, pero al probarlo, casi me vomito al descubrir que la mermelada sabía a chile chipotle. ¡Obvio!, mi Sacrosanta usó el frasco vacío para echar sus trinches chiles, y yo, en la oscuridad de la antojadiza madrugada, pues nomás no vi que se trataban de trozos de chile y no de fresas. En resumen, ya estoy harto de estar abriendo botecitos sorpresas de crema alpura, para poder encontrar en cual de ellos guardó mi Sacrosanta la salsa verde molcajeteada que preparé el día anterior… ¡bastaaa!.


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¡Ah cómo me chocan!, esas personas que solo se saben tres o cuatro trinches frases gastadas y trilladas, y que a la menor provocación las usan. Me dan ganas de regalarles por lo menos un libro de albures mexicanos para que ya salgan de lo mismo… creanme que diciendo semejantes frases, no se ven nada cultos o intelectuales. Y para los que no saben a que frases me refiero, aquí les pongo algunas:

- “No confundas la libertad, con el libertinaje”… ¡chales!

- “Para atrás, ni para coger vuelo”… ¡ay no ma ka!

- “Los perros ladran Sancho, luego… vamos pasando”, (los que dicen esto, normalmente nunca han leído “El Quijote”)… ¡o sea!

- “Si amas a alguien, déjalo ir. Si regresa es tuyo, sino, nunca lo fue”… ¡uts!

- “No hagas cosas buenas que parezcan malas”… ¡que web!

- “Piénsalo, medítalo, y saca tu mejor conclusión”… ¡que mamila!


Ahí les encargo, si ustedes usan estas frasecitas, digo… ¡ya cámbienle no!.


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Cada vez que voy a un Sanborns a comprar las revistas que acostumbro leer durante el mes, me topo con una bola de pelados que se la pasan leyendo de cachucha frente a las revistas, como si mi padrino Carlitos Slim les hubiera mandado poner eso para hacer las veces de biblioteca publica de pelados. Lo peor, es que todos están ensimismados con su revistota Vanidades, TvNotas, Hola, Caras, o algo parecido, y no son para mover su infame humanidad a otro lugar en el espacio de este universo, donde no me estorben. Y claro, si yo por alguna razón no compro mi revista el día que sale al mercado, normalmente despues de unos días, la encuentro ya toda hojeada, llena de “mengambrea” y media, y con un desagradable olor a gordita de chicharrón entre sus paginas. Así que, si usted amigo lector, es de esos pelados que van a hacerse gueyes al Sanborns a leer revistas de a grapa, tenga por lo menos el bonito detalle, de jalarse pa’ los baños o algún otro sitio, donde no estorbe a los que sí vamos a gastar nuestros domingos en literatura chafa, pero harto interesante… como el “Cinemanía”, jeje.


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El otro día estaba esperando a ser recibido por un galeno, sentadito todo muy mono en una incomoda silla de conocido nosocomio, cuando me percaté de lo entupidos y flojos que somos los mexicanos. Resulta que a tan solo unos metros de donde yo estaba, se encontraba una puerta de vidrio que daba acceso al consultorio. Me llamó la atención de sobremanera, ver cuantos “chingadazos” se daban las personas con esa puerta, por el simple hecho, que no leían sendos letrerotes que tenía dicha puerta estratégicamente ubicados, y que decían algo tan simple como: “empuje” y “jale”. Pero seguramente la culpa no era de mis paisanos, seguro que la culpa fue del programa de televisión “Plaza Sésamo”, que si mal no recuerdo, nos enseñó muy claramente la diferencia entre: cerca y lejos, ¿recuerdan?, “cercaaaa”!!!... “leeejos”!!!. Sin embargo, nunca se les ocurrió explicarnos con un “muppet” de por medio, la diferencia entre: “empuuuje”!!! y “jaaale”!!!. Ahora bien, existe una segunda hipótesis que explica los madrazos que se daban los transeúntes al entrar al consultorio, y dicha tesis es muy simple y muy fácil de sustentar… ¡los mexicanos somos bien buebones pa’ leer!.


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¿Por qué cada vez que entro a un sitio cualquiera, inmediatamente me comienzan a seguir los encargados de la seguridad del lugar?. ¿Qué acaso tengo cara de terrorista, pervertido o vulgar ladrón faldero?... la respuesta la desconozco, pero eso me enerva (enerva: modo elegante de decir que me encabrona). Lo mismo me pasa en una oficina de gobierno, que en la Comercial Mexicana, que en los cines, pero sobretodo, en los museos. ¿Será acaso porque uso resortera al cinto y siempre traigo lentes oscuro tipo narco/naco?... la neta, no lo sé. Es muy posible que mi foto esté entre los “10 más Buscados” de la PGR y yo no lo sepa, eso estaría chido, ya que siempre quise estar en el “Top 10” (de lo que fuera). Bueno, de cualquier forma, les aviso que soy de confianza por si un día de estos me quieren invitar a un convite en su bonita casa… prometo respetar los cubiertos de plata y el papel pachoncito del baño.


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Hay ciertas actividades que por su grado de peligrosidad requieren de la habilidad de ambas manos, así como una concentración total en lo que se esta haciendo. Tal es el caso en los hombres, del natural proceso fisiológico de hacer “pipi”. A nadie le gusta la idea de quedar atrapado en esa trampa para osos que son los “cierres” de los pantalones. Por eso, no hay nada que odie más, que esos peladitos “juegos de baño”, que a las damitas les chiflan. Ya saben, esas cosas tejidas o de tela que se ponen sobre la tapa del escusado y que en ocasiones vienen con un tapetito que hace juego. El problema con esto, no es solo que se ven bastante pelados los baños (aunque el jueguito de baño sea “totalmente palacio”), además de que son antihigiénicos, el problema principal y el que a mi más me preocupa, es que generalmente por culpa de estas mullidas y estorbosas cubiertas, el asiento junto con la tapa del escusado, ¡no se puede quedar levantados!. No los acaba uno de levantar, cuando… ¡tómala barbón!, ahí va de nuevo para abajo la tapa y el asiento del escusado. Y repito, para este delicado momento del “antidoping”, los hombres necesitamos de ambas manos o corremos el peligro de terminar gritando de dolor en la sala de emergencias de algún nosocomio. Entonces, por culpa de estos mendigos jueguitos de baño, tenemos que usar una de nuestras manos para detener la tapita, y así, de esta manera, no estropearla con una “goleen shower”. Si a esto le agregamos unas cuantas cervezas previas a esta bonita actividad urológica, el grado de dificultad aumentará considerablemente, ya que necesitamos de una tercera mano para sostenernos de alguna pared y no perder el equilibrio. Por todo ello, mi petición a todas las ñoras que adoran estos jotitos juegos de baño, es que se abstengan de usarlos por lo menos en el baño de las visitas, o en su defecto, busquen uno no tan “mullido”, el cual permita que la tapa y el asiento del escusado queden levantados sin necesidad de estarlos deteniendo. La otra opción, y que sospecho será por la que opten, es no invitarme a sus casas (sería lo más inteligente), o en su defecto, mandarme al terreno baldío de la esquina a desalojar mi vejiga. Claro que esto resulta muy incomodo cuando uno está departiendo con agüita de jamaica o cerveza, ya que estas bebidas hacen trabajar horas extras nuestro sistema de desagüe.


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Otro día con más calmita… nos leemos.

domingo, 7 de marzo de 2010

Palabras "Domingueras" para tu léxico.


El otro día, una querida amiga me dijo que le gustaba mucho leerme porque usaba muchas palabras “domingueras”, y eso a ella le encantaba. Así que hoy para complacerla, he aquí algunas de mis palabras “domingueras” preferidas:

- Chabelo.
- Hueva.
- Toros.
- Aviso Oportuno.
- Raúl Velasco.
- Pancita.
- Fútbol.
- Pants.
- Hidrofobia (miedo al agua o al baño).
- Misa.
- Chapultepec.
- Resaca o Cruda.
- Hora Nacional.
- Más Fútbol.
- Suegra.
- Chancla o Calzaleta.
- Pizza.
- Alameda.
- Carnitas.
- Perisur.
- y más, mucha más… hueva.


Espero que estas palabras “domingueras” les hayan sido de utilidad para enriquecer su bonito léxico. Sin más por el momento, echaré la bueba, el resto de este... “dominguero” domingo.


Otro día con más calmita y con menos bueba… nos leemos.

viernes, 5 de marzo de 2010

Pal bonito ataque de nostalgia...


Si ustedes son más viejos que yo y en el acilo donde se encuentran tienen internet, seguramente se acordaran de estos bonitos temas musicales recién desempolvados. Espero les de un ataque de nostalgia como a mí mientras los ven.

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ESTE MUÑECO HUMEDECIO A MUCHAS NIÑITAS ALLA POR LOS AÑOS 70´s. ESTE VIDEO VA DEDICADO PARA MI AMIGA MARICARMEN A DONDE QUIERA QUE ESTE... SI ES QUE TODAVIA ESTA.





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YO APENAS CAMINABA CUANDO SE ESCUCHABA ESTA CANCION EN LA RADIO... CREO.





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A MI INMORTAL ABUELA TAMBIEN SE LE MOVIA LA PATITA CUANDO VEIA O ESCUCHABA A ESTE SU GALAN.





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LOS QUE LE ESTEN PEGANDO AL TOSTON DE AÑOS Y LES GUSTABA LA ONDA, SEGURAMENTE SE ACORDARAN DE ESTOS CABALLEROS.





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A ESTOS SI NO CREO QUE LOS CONOZCAN, PERO DE CUALQUIER MANERA, AQUI ESTAN.





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Otro día con más calmita... recordamos.

jueves, 4 de marzo de 2010

Nuevo Diccionario Taurino


Luego de ver como la Plaza de Toros México últimamente se ha visto saturada de “Villamelones” (léase: nacos, pelados e ignorantes), me veo en la necesidad de compartir con el respetable, mi sapiencia taurina adquirida luego de asistir puntualmente los últimos 25 años a los Toros. Espero de esta manera, contribuir a erradicar el fantasma de la “peladez” que ahora reina en la Plaza México y que es más propio de los estadios de Fútbol. ¡Ánimas que les sirva!...


NUEVO DICCIONARIO TAURINO

Fiesta Brava.- Los “XV Años” de mi prima Chelo en el barrio de Tepito.

Toro de Lidia.- Toro obsequiado por la tía de Fernando de la Mora de nombre Lidia, el cual sirve para completar el encierro.

Alternativa.- Largarse al fútbol.

Media Verónica.- Actriz de apellido Castro de 1.50mts de estatura que protagonizó la telenovela "Los Ricos tambien lloran".

Sobresaliente.- Torero que saco puro 10 en la escuela taurina.

Torito.- Lugar a donde llevan a los toreros luego de que el alcoholímetro los sorprende.

Cogida.- Percance que tiene el torero con el toro y el cual obliga al toro a ponerle un departamento.

Corrida.- Parte preferida de un torero “español”, cuando este se encuentra con su esposa, novia o amante en pleno arrumaco, y que lo hace poner los ojitos en blanco.

Paseíllo.- Caminadilla por la Alamedilla divertidilla.

Burladero.- Lugar donde se protege el torero, para luego sacarle la lengua al toro y gritarle “lero lero…”.

Vuelta al Ruedo.- ¡agárrense que le van a dar la vuelta!

Cabestros.- Toros, o muy mensos, o muy jotitos… medio bueyes pues.

El Molinete.- Lugarcete donde venden unos pasteletes muy sabrocetes.

Pase.- Hilerita de polvito blanco que se inhala por la nariz antes de salir a torear cuando hay harto miedo.

Quite.- Lo que hace un torero para evitar ser cornado: – me quité -.

Morrillo.- Chavito que vive en el norte del país.

Par de Calafia.- Botellas de vino tinto al 2 x 1 en la Comer.

El Añadido.- Mi cuñado al cual no había invitado a los toros.

Tocar pelo a la hora de matar.- Damita que se pierde la estocada por ir a hacer chis.

Chicuelinas Antiguas.- Silvia Pinal e Irma Serrano.

Indulto.- Lo que hace decir al toro: - ¡ya me vi!… ¡ya me vi! -.

Trapío.- Lo que usan en el norte del país para limpiar las Plazas de Toros, - un trapio húmedo -.

Burriciego.- Jorge Van Rankin sin sus lentes de contacto.

Divisa.- Moño de colores según la ganadería, mismo que se adhiere al toro para saber cual es su tipo de cambio en relación al dólar y al euro.

Villamelón.- Lugar de donde vienen las personas que conocen poco de toros y que se dedican al cultivo de la fruta.

Monosabio.- El mejor amigo de “George de la Selva”.

Alguacilillo.- El Sherif de un pueblillo.

Banderilla.- Botana que venden en la plaza de toros hecha de salchicha con un palito de madera.

Capote.- Al Capone, Frank Nitti, El “Chapo” Guzmán, El “Mayo” Zambada, etc.; en general, cualquier capo de grandes dimensiones.

Apéndice.- Víscera que le sacan al toro antes de torearlo para que no le de peritonitis.

Trastes.- Instrumentos que usa el torero durante la faena para torear al burel. Se lavan con “ajax” si tienen mole pegado o cochambre, y se les puede echar limoncito.

Citar al toro.- Avisarle a Fernando Valenzuela que nos vemos el domingo a las cuatro de la tarde en la Plaza México.

Pinta del Toro.- Aquel toro que no entra a la plaza para irse a remar a Chapultepec o al cine.

Derecho de Apartado.- Lo que dicen tener los franeleros que están alrededor de la Plaza México.

Adelantar la suerte.- El “Melate”, un martes o un sábado cualquiera.

Porra de Sol.- Chiquiti bun a la bin bon ban, chiquiti bun a la bin bon ban, a la vio, a la vao, a la vin von van, el Sol, el Sol, rra rra rra…

Casaquilla.- Fraccionamiento para toreros que es la competencia de Casageo.

Temporada Grande.- "Aventurera" con Carmen Salinas.

Toro de Regalo.- Pa' la del cumpleaños... ¡que lo abra, que lo abra!.



Amigo aficionado a la Fiesta Brava, espero que los conceptos antes expuestos sean de utilidad para usted y lo conviertan en un verdadero experto taurino. Aprendamos a ver y a comportarnos en la Plaza, para que seamos un ejemplo para el pelado que acude con ganas de reventar la fiesta. Amigos aficionados… ¡Que vivan los toros y que NO muera el arte!.


Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota Importante.- La idea original de este post y muchos de los conceptos aquí vertidos son de Katie Lavannda, quien tiene un excelente blog altamente recomendable: http://bombonesybolillos.blogspot.com/.
Cualquier reclamación, allá con ella si me hacen favor… ¡Gracias Katie!.