viernes, 31 de diciembre de 2010

Gracias 2010... no te quito más tu tiempo


Quien iba a decir, que unos bigotes dalilezcos, iban a poder tocar mi corazón de esta manera tan intensa. No cabe duda que la vida todo el tiempo está refrendando lo que ya sé, que los sueños, tarde que temprano, se vuelven realidad. Por eso, hoy que termina un año más, solo quiero decirte… gracias por ser mi sueño hecho realidad.




¡Feliz Año Nuevo a todos! Que sus sueños, este año que está por comenzar, se hagan realidad. Y que nunca, jamás, nunca, nunca, dejen de soñar…


Otro año con más calmita… nos leemos.

jueves, 30 de diciembre de 2010

La Navidad de Said... (parte 3 de 6)




Miércoles 22

Se me fue el sueño. Pensaba dormir largo y tendido, saber que se siente estar en un coma inducido, pero no, la estúpida de mi vejiga confabuló con el trinche frío de la mañana e hizo que me parara al “antidoping” en carácter de urgente. Claro, eso me pasa por tomar tanta agüita de jamaica antes de dormir. En fin, estoy de regreso en la cama y ya no me pudo dormir, así que prendo la tele con la esperanza que me arrulle de nuevo y recupere el sueño perdido. Me doy cuenta que ya son casi las 11 de la mañana, no tiene caso seguir intentándolo, además, descubro que la tele en las mañanas está diseñada para señoras fodongas, de esas  que no hacen “quehacer”, así que mejor apago la tele y me retiro del lugar de mis éxitos… ¡mi cama!

¿Qué haré este día? Tengo tantas cosas que hacer y nada a la vez, que no sé por donde empezar. No me preocupo. Segundos después, del Cuartel General sale mi superior con instrucciones precisas: - Hijo, a ver si vamos al rato a la Comer a comprar lo que falta para el relleno -. ¡Joder! Y yo que pensaba saltarme este día el tedioso ritual de baño diario. Le pido a mi Sacrosanta que lo tome con calma, tenemos todo el día para hacer eso. Ella reacciona y me dice casi a modo de reproche – ¡Ay! Said, no quieres hacer nada, contigo no se cuenta -. Yo contesto cual insigne expresidente de México - ¿Y yo por qué? -. En fin, le digo a la doña que en la tardecita con gusto la llevo, que por el momento, me deje en santa paz. Ella acepta y se retira a hacer sus acostumbradas oraciones frente al adorado Santo Niño de Atocha.

Faltan dos días para navidad y yo aun no termino de poner todos los arreglos navideños de la casa. Descubro en un rincón, las luces que bajé del cuarto de servicio hace tres semanas y que no he tenido tiempo de poner. Son las luces con las que adorno el exterior de la Domus Saidiana. Al mal paso darle prisa. Entonces, temerariamente expongo el físico colgado cual integrante del Cirque du Soleil, pero todo sea, por humillar a mis nacos vecinos que ya se me adelantaron poniendo mugre y media en las fachadas de sus casas. La mía queda más bonita, ahora es la envidia de mi Principado y sus alrededores, incluyendo el Polo Norte, El Peñón de los Baños, la Pensil, la Romero Rubio y la Bondojo.

Bueno, ya es hora, más vale que vaya a comprar a la Comer lo que falta o me voy a topar con las temidas compras de pánico. Mi Sacrosanta me pregunta - ¿No quieres comer primero? -, - No, vamos de una vez -, - Luego no te aguantas y te pones de malas -. ¡Ahora resulta…! Pero si yo soy un pan de Dios, que digo un pan, un bizcochito de Dios. – Ándele mi cabecita de algodón, póngase su chipiturco pa’ que no le de frío y vamos ahuecando el ala -.

Llego a la Comer con mi ciruelita del brazo y lo primero que hago, es aventarla, porque corro a donde están regalando pruebitas de Baileys. Luego de dar dos que tres codazos a unos caballeros que ya habían hecho base a lado de las hermosas “damitas” demostradoras, obtengo la susodicha bebida, solo que es como diría mi Inmortal, una “cagadita” de Baileys (cagadita.- porción mínima, tirando a miserable, de algo). Por su parte, mi madre se entretiene viendo un suetercito a la entrada, sí ¡Un suetercito! ¡Otro más! Si sigue así mi madre, seguro que le va a romper la ídem al record de “La Persona con más Suéteres”, record que actualmente posee Cesar Costa. Pero ¡qué importa! No le hago caso, porque veo que más adelante están dando, ahora, “cagaditas” de tequila con refresco de toronja. La “damita” demostradora de Cazadores está más mami que la de Baileys, así que nada me quita coquetear un poco con esta señorita haciendo honor a mi avanzada edad de viejo libinopútrido. Luego de flirtear con ella y de ser olímpicamente bateado, descubro que cerca del departamento de lácteos, hay una “damita”, esta si poco agraciada, regalando pruebas de jocoque con pan árabe. A falta de otra botana, me apunto con el jocoque… ¡aaaaagh!, sabe a, ahora sí, ¡cagadita!

Luego de correr del Baileys al tequila, del tequila al jocoque, del jocoque a los quesitos Caperucita, y de los quesitos al jamoncito, ahora solo me queda correr al bañito. Pero no, afortunadamente logro dominar mi impulso, o sea mi retortijón, o sea mi entuerto intestinal, y de esta manera, impido que, como se dice elegantemente… “la rata me de portazo”.

Busco a mi madre freneticamente por toda la tienda y finalmente la encuentro en “frutas y legumbres”, hurtando sigilosamente, una buena porción de uvas, nada de “cagaditas”. Entonces pienso, si ella ha de ir a la cárcel, ¡que me lleven a mí primero! Así que me solidarizo con mi mamita y le entro, en amorosa complicidad, a la pizca del bonito fruto de la vid.

Afortunadamente hemos evadido el largo brazo de la justicia, así que ¡a lo que te truje Chencha! Le pregunto a mi Sacrosanta – A ver, dime ¿qué vamos a necesitar para el relleno? -. Ella saca tremenda lista y me la muestra. Luego de revisarla, le hago tremendo pancho, y es que hay cosas que yo ya le había comprado y ahora quiere comprarlas de nuevo. Le digo enojado – Oye, pero si ya compré esto -, - ¿Qué? -, - Pues la nueces por ejemplo, ¿no te acuerdas que te compre un “madrazo” de nueces? – (madrazo.- lo contrario a una “cagadita”, o sea, una gran cantidad de algo).

De pronto, mi madre me aplica su famosa mirada estilo Maria Félix y, toda indignada, me recrimina - ¡Qué poca! Pero si te las tragaste todas, ¿no te acuerdas? Estabas viendo tu partido en la noche -. ¡Ups! Ahora lo recuerdo, fue el Monday Night Footbol el culpable de que me tragara todas las nueces y, si mal no recuerdo, también las almendras. Mea culpa.

Nada que no tenga solución, ahora es mi turno, aplico la mirada estilo Pedro Armendáriz y, seguro de mi mismo, le digo – No hay problema, pues compra más de lo que falte y, además, ponme otro cuartito de kilo de nuez y almendras para ver mis toros el domingo -. Listo, solucionado el problema, mi madre compra, le doy su shampoo de cariño y luego de unos minutos, finalmente concluimos las compras para el relleno del rechonchete pavo navideño.

Ya en mis aposentos y luego de una opípara comida-cena, me dispongo a jugar un rato. Por si no lo saben, los adultos contemporáneos en avanzado estado de putrefacción, como yo, también jugamos. Me pongo frente a la tele, prendo mi SSS (Surround Sound System), y conecto mi entrañable y nostálgico Súper Nintendo (ahí me quedé, no evolucioné junto con los videojuegos). Entonces, pongo mi cartucho preferido de Súper Mario World, boto los zapatos, me pongo cómodo en el sofá, y comienzo a dar cátedra con mis habilidades cual puberto en maquinita de farmacia.

En esos menesteres estaba yo, sumando puntos y batiendo mi propio record, cuando hace su aparición mi Sacrosanta madre. Me dice, al  tiempo que pone su tierna carita de perro en carnicería – Said, llévame a ver la "iluminación", no la vayan a quitar y yo no la he visto -. Contrario a lo que mi hueva decía (no, ¡no vayas!), mi sentido común me hace pensar que no es una mala idea ir entre semana, seguro que no habrá tanta perrada.

Pensando en esto estaba yo, cuando suena mi celular, contesto, y veo que se trata de mi Princesa. - ¿Qué pasó mi amor? ¿Cómo te va la vida? -, - Bien, ¿qué haces? -, - Estaba jugando con mi Nintendo, ¿y tú? -, - Nada, es que estoy aburrida -. Peor es nada, pensé yo. Así que le pregunto a mi hija si quiere acompañarnos, a su abuela y a mí, a ver la "iluminación". La noto insegura, como que no le entusiasma la idea, así que tengo que sobornarla, por lo que le digo – Ándale, y luego vamos a cenar churros al Moro o te picho un café con leche en los Bisquets de Álvaro Obregón -. Mi hija, o más bien el estomago de mi hija, responde entusiasmado que sí, cosa que yo ya sabía, despues de todo, sé muy bien de que pie cojea mi hija.

Luego de hacer un poco de tiempo, paso por mi hija que “sale como pedo por ventana” de su casa (Salir como pedo por ventana.- dicho que usaba mi Inmortal para referirse a una velocidad exorbitante y descomunal). Mientras más me acerco al Zócalo, más tráfico encuentro y más palabrotas salen de mi boca de chupón. Intento mantener la calma y comienzo a cantar con mi hija algunos temas de los Beatles, de esos que tanto le chiflan a mi Princesa. Mientras hacíamos los coros de “Octopus's Garden” llegamos a la plancha del Zócalo. ¡Me cago en la leche! Marcelito volvió a hacer de las suyas. Todo luce horrible, lleno de carpas y mantas. Lo mejor del Zócalo que es la vista de los edificios que lo rodean junto con la Catedral, está obstaculizada por su trinche pista de hielo y demás juegos “inverñerales”. Me pensaba bajar a tomar fotos, pero la verdad, me ahorro la fatiga y, luego de permanecer no más de un minuto ahí, decido hacer mutis.

Paso por Reforma a ver si hay algo que valga la pena y no, nada fuera de lo normal. A veces un poco de ingenio y creatividad hacen más que muchos millones de pesos de presupuesto, desafortunadamente, no es el caso. No me queda otra, antes de que se amotine mi tripulación, que llevarlas a cenar unos bisquets a los Bisquets de Álvaro Obregón, en la calle de… Álvaro Obregón, obvio.

Los mexicanos son, o somos (dijo el otro), unos tragoncillos incorregibles. Mientras llega el mesero para tomar la orden, me doy cuenta que la mayoría de los rollizos y las adiposas ahí presentes, no solo van a tomar café y pan, ¡no! Eso es solo para ellos como una entrada antes de que llegue la súper milanesa (con fleco), o las enchiladas tradicionales, o los sopecitos de pollo, o las tostadas de pata, o los frijoles con chorizo, etc. Aunque, la verdad, ¡qué me sorprende, si yo soy igual!

Una vez limpiada y arreglada nuestra mesa, llega el mesero y pregunta - ¿Les puedo tomar su orden? -, todos asentimos con la cabeza (y el estomago) y procedemos – A mí me trae un café con leche, un taquito de piña, un bisquet, una Milanesa y una Coca de dieta -, mi hija, incredula, se me queda mirando como diciendo ¡te cae! Sin embargo, la mosquita muerta le dice al mesero – Yo quiero un café con leche, un taquito de piña y unas enchiladas tradicionales -, - ¿Y para usted señora? -, pregunta el mesero a mi Sacrosanta. – Yo quiero un café con leche, un bisquet y un taquito de piña -. ¡Qué diferencia! La única mesurada a la hora de jambar es mi madre, ni hablar.

Llegamos a la Domus Saidiana, son las 12 de la noche, mi hija ya está en su casa, mi madre se prepara para dormir en su cuarto, y yo… yo corro a buscar mis Melox, me espera una noche muuuy difícil. Sin embargo, lo mejor de todo, es que no hay arrepentimiento.


(continuará...)

martes, 28 de diciembre de 2010

Y las marimbas callaron...



Don Zeferino Nandayapa
(1931-2010)

Esas maderas que alegremente le cantan a Dios, hoy están de luto, el gran músico ha dejado de hacerlas cantar. Pero pronto, cuando el viva en cada árbol de Chiapas, cada nota que salga de una marimba, será la sonrisa de Zeferino que se asoma de nuevo a este mundo. Descanse en paz el gran maestro.

lunes, 27 de diciembre de 2010

La Navidad de Said... (parte 2 de 6)



Martes 21

Apenas acabo de abrir los ojos, cuando mi madre me dice: - Said, quiero que me lleves a ver que le compro a Mariana -. Claro, el viejo y conocido truco del chantaje sentimental. La verdad es que la doña quiere ir a hacer sus tediosas compras navideñas y la única manera de pedírmelo sin que yo estalle en múltiples quejidos, es haciendo que parezca que se trata del regalo de mi princesa. En fin, ¡ya qué!

Luego de voltear hacia abajo y después de checar que la pastillita azul que me tome hace tres días no haya hecho efecto apenas hoy por la mañana, salgo de la cama con dirección a las famosas Termas Saidianas. Luego de echar a nadar a la nutria, me paro frente al espejo y evalúo si es necesario o no la rasurada. Definitivamente a los sex symbol, a los top models, y a los trinches pandrosos piojosos como yo, se nos ve retepiocha la barba crecida, así que opto por dejarla tal cual y me voy directo a la regadera.

Mientras me baño y aprovechando el look, interpreto el bonito tema “Nena” al más puro estilo de Miguel Bosé. Los aplausos no se hacen esperar, es mi vecino que se burla a lo lejos de mis bien entonados berridos. Como siempre, uso el agua muy caliente, hirviendo, tanto que al terminar, solo bastaría enterrarme un palillo para ver si ya estoy bien cocido. Salgo de la ducha, me envuelvo en la bata que robe de un prestigioso hotel de Tlalpan y corro directamente a mi “pieza” (como decía mi Inmortal abuela).

Ya en mi cuarto, me paro frente al espejo, abro mi bata blanca, y recreo aquella bonita escena de la película “The silence of the lambs” (El silencio de los inocentes) mientras canto y bailo el tema “Good bye horses” (jeje, no se crean todo lo que escribo). Luego del instante recreativo, regreso a lo mío. Me acicalo un poco hasta verme lo suficientemente guapo, no mucho, no sea que vaya a lastimar a alguien. Y entonces, salgo de mis aposentos en busca de mi Sacrosanta, que cuando se trata de ir de compras, es sumamente puntual.

Bajamos en busca de nuevo de mi fiel Corcel Negro, antes, tengo que regresar a revisar si mi Sacrosanta no dejo nada en la lumbre. Esto lo tengo que hacer siempre, de lo contrario, tendré que regresar de donde esté, porque según ella, siempre dejó algo en la lumbre.

Ya dentro del carro, le pregunto - ¿A dónde quieres ir? -, y hasta la pregunta es necia, porque ya sé la respuesta… ¡a Perisur! No hay nada que le chifle más a mi madre, que ir a Perisur.

Mientras me encamino a Perisur, me voy programando mentalmente, me voy preparando psicológicamente, para enfrentarme con una chusma embravecida la cual converge a borbotones en ese mendigo centro comercial. Ya sé lo que me espera, un estacionamiento copado de camionetas nalgonas que no dejan espacio para mi humilde, pero fiel, Corcel Negro. Intento tomarlo con filosofía, pongo algo de música, mi madre como siempre me pide que le baje, yo como siempre no le hago caso, ella como siempre me insulta, yo como siempre hago un chiste para que se relaje, ella como siempre no se ríe de mis finísimos chistes, yo como siempre… termino haciéndole caso.

Cuando llego a Perisur, ocurre uno de esos famosos milagros de navidad, me encuentro un espacio para estacionarme ¡justo frente a Liverpool! Eso me anima, me da esperanzas. Luego de desmontar a mi Sacrosanta de mi Corcel, me toma del brazo, y comienza a desfilar a mi lado toda orgullosa de su bebote.

Al entrar a Liverpool, ocurre el segundo milagro de navidad… ¡galletas! Si, estoy frente a las galletas que tanto me chiflan, así que hago una escala antes que otra cosa suceda. Compro una de nuez con chocolate, otra de almendra con chocolate, y otra más con arándanos. Le pregunto inmediatamente a mi Sacrosanta si no va a querer una, porque como ya saben, si alguien osa quitarme mi comida, puede resultar seriamente lastimado. Ella dice que no le gustan, que están muy grandotas, a mi me parecen insuficientes para satisfacer mi inmenso apetito por las galletas. La Sacrosanta no se queda con ganas de una golosina y corre a las nueces garapiñadas, su perdición.

Terminamos de entrar a la tienda y me dice: - Said, vamos a escogerle una camisa y unas corbatas a tu hermano -. Yo por dentro pienso, otra camisa o corbata que vendrá a cambiar mi hermano al día siguiente de navidad, igual que como cada año. Así que decido, en esta ocasión, no perder mucho tiempo escogiendo corbatas o camisas, total, le doy la nota como siempre y el vendrá a hacer su cambio. Entonces, llego al departamento correspondiente, se acerca un amable mozuelo, y me dice: - ¿le puedo ayudar en algo? -. Rápido le digo: - mira, quiero una camisa como esa, blanca, talla 17, manga 4, por favor -, mientras me la trae, cojo un par de corbatas amarillas (tipo senador perredista) y las llevo a la caja. Ahí me alcanza el mozuelo con la camisa. Pago todo, y me entrega las cosas en una bolsa de plástico.

Mi madre que es una experta en el fraude, hace el viejo truco de depositar una moneda de diez pesos en la cajita para tomar una bolsa de Liverpool de asa, con el osito Bolo impreso. Claro que ella echa un peso y no diez, dice que bastante le roban ya con los precios, como para que todavía le cobren la pinchurrienta bolsa. Yo que soy una persona honrada, honesta y justa… ¡me hago güey también! Mi madre deposita la camisa y las corbatas en dicha bolsa, y continúa su camino por la tienda.

Unos pasos más adelante, me dice: - Said, ¿Cómo ves? ¿Le compraré una cremita a tu cuñada? -. La méndiga cuñada resulta que tiene la piel delicada, así que solo usa la marca Clinique, sino, me cae que le compraba su cremita Teatrical en un Woolworth. En fin, llego a perfumería y le pido a la demostradora una Creme-Lait Demaquillant. Y es que no están ustedes para saberlo ni yo para contarles, pero yo durante un tiempo trabajé en la bonita industria del “fichu”, o sea, la industria cosmética, así que yo se de esto, ¡eh!

Seguimos por la tienda, y la Sacrosanta feliz y fascinada compre que compre. Lastima, lo que me ahorre en Waldo’s lo vine a derrochar a Perisur con mi Corcuera madre. Todavía yo en un bonito acto de supervivencia económica le digo – mamá, si quieres mañana te llevo al tianguis para que compres lo que falta -, ella toda cool y desenfadada contesta – no, si aparte quiero que me lleves al tianguis a ver que le veo a las niñas y a tus primos -. ¡Ah méndiga! No tiene llevadero mi Sacrosanta.

Cuando termina de comprarle a su hermana, su hijo, su nuera, su par de nietas y a mí (of course), finalmente escucho la palabra que pensé nunca llegaría, - listo, ya está -. Yo optimista pienso que solo es cuestión de un par de minutos para que me encuentre en mi coche ya de regreso a mi zona de confort, mi Principado. Tonto de mí, iluso, pobre pend… ¿qué equivocado estaba!

Se acerca mi madre a una vendedora y le dice: - disculpe señorita, ¿dónde me pueden envolver esto? -. ¡Me cago en la ostia! Ya estuvo que nunca saldremos de aquí. Nos mandan a un sitio, no difícil de dar con el, solo había que seguir las hordas de señoras encopetadas que se dirigían hacia allá en busca de cajas, moños y papel, sitio en donde se encontraban ya reunidas todas las mamás, abuelitas y tías gordas de México, en espera claro, de que les envolvieran sus regalos. La fila era enorme, de hecho eran dos filas, una para envolver y la otra para que le entregaran a uno el material (hágalo usted mismo). Mi madre no confía en mi habilidad de “envolvedor” y se forma en la kilométrica fila. Yo que soy un hijo muy comprensivo y consiente, mando a sentar a mi Sacrosanta y estoico hago fila durante casi dos horas. Para mi mala suerte, me toca la “damita” mas atarantada, y el resultado es, una bola de regalos muy mal envueltos. Ya no hago más panchos y me retiro de ese sofocante sitio.

Voy hasta donde estaba mi madre cómodamente sentada y le digo: - Bueno Maria madre, ahora si ya vámonos -, y ella me contesta con su carita de ciruelita tierna – Nomás vamos rapidito al Palacio de Hierro porque te quiero enseñar un suetercito que me gusto mucho, es que así ando buscando uno desde hace mucho -. El trinche suéter lo vio la semana pasada cuando vino con mi hermano, la pregunta es… ¡por qué carajos no se lo compró mi hermano!

Luego de atravesar todo Perisur y después de haber hecho parada en los apestosos helados de Nutrisa, mismos que no perdona mi madre, llego al Palacio de Hierro. Al ir en camino hacia donde se encontraba el dichoso suéter, mi Sacrosanta me dice: - ¿cómo ves esta blusa? -. Creo que mi madre debió haber tenido una hija o un hijo jotito, porque siempre se la pasa pidiendo mi opinión en cosas meramente de mujeres, si me preguntara de aparatos de electrónica, herramientas, vinos, fotografía, etc., tal vez la podría ayudar. Le digo, le pido, le suplico, le imploro, que, por favor se de prisa y se avoque (como dicen los polis) a buscar su maldito suéter para ya retirarnos. Mi madre se indigna, dice que soy un mal hijo, que soy un egoísta, que nunca la quiero llevar, etc etc etc etc etc…

Luego de comprar el dichoso suéter y esperando reivindicarme como buen hijo, no me queda otra, más que depositarla en el departamento de zapatería mientras yo voy por el Corcel Negro hasta el otro lado del estacionamiento. Le explico que es para que ya no camine tanto y le pido de la manera más atenta, que en 20 minutos salga a la puerta y ahí la recojo.

Cuando llego a la puerta del Palacio de Hierro, de la Sacrosanta ni sus luces, así que no me queda otra más que pujar pa’ dentro y buscar de nuevo donde estacionarme. Empiezo a pensar si no la habrán secuestrado, pero no, ya gaste mis milagros navideños y ni modo. Entro a la tienda, voy a zapatería, y ahí está, probándose unos zapatos “bajitos”, claro, de esos que ya tenía mucho tiempo buscando y que ahí los fue a encontrar. La saco prácticamente de la oreja, se enoja, se indigna, pero me vale, finalmente está en el coche conmigo de regreso a casa.

En el camino me dice que ya tiene hambre y que no hay nada para comer en la casa, yo prefiero morir de inanición antes que buscar ahora un restaurante que le agrade.

Al fin estoy en la casa, no morí de inanición gracias a las bondades del “automac”, ahora tengo un par de McTrios frente a mí esperando a ser devorados por mis aterradoras fauces. A la Sacrosanta se olvidó de la muina cuando sacó sus regalos de las bolsas y se sentó a contemplarlos satisfecha de su manipulador y chantajista, pero efectivo… plan de compras.


(continuará...)

sábado, 25 de diciembre de 2010

La Navidad de Said... (parte 1 de 6)





Lunes 20

Faltan cuatro días para navidad y llegó la hora de probarle al mundo que no soy un tacaño. Luego de pensarlo un momento, tomo la decisión, lo mejor será ir a Polanco directamente. Ahí encontraré todo lo que necesito, puedo comenzar en el centro comercial Antara donde venden cosas muy monas y, si me falta algo, ahí cerca está Presidente Masaryk donde puedo encontrar seguramente alguna que otra baratija para completar mis regalos navideños.

Luego de calzarme con unos zapatos cómodos, onda chancla casual, tomo mi “plástico” doradote para endrogarme como es mi costumbre y, de esta manera, seguir siendo un miembro honorario del “Buró de Crédito”. Ya con la tarjeta en mano (o en más bien en nalga), bajo hasta donde descansa mi hermoso Corcel Negro, me subo, me acomodo el pantalón y pongo un poco de “orden” en mi entrepierna (esta costumbre es de pelados pero es muy socorrida), luego ajusto el cinturón de seguridad y, entonces sí, salgo de la Domus Saidiana a hacer mis compras navideñas.

Después de hacer un store check por las tiendas de Antara y Presidente Masarik, comprendo tristemente que, ni con todo el aguinaldo, la tanda y la venta de alguno de mis riñones, podría pagar siquiera el regalo de la Sacrosanta. Cambio entonces mi estrategia. Luego de salir del tedioso tráfico de Polanco, llego al tedioso tráfico de la Colonia del Valle una vez sorteado el tedioso tráfico, adivinaron... del resto de la ciudad.

Al fin llego a la prestigiada y afamada tienda Waldo’s. Lástima que en Presidente Masarik no encontré una sucursal, pero ¡qué importa!, ahora estoy finalmente en mi tienda preferida. ¡Qué diferencia! Aquí puedo encontrar una gran cantidad de artículos de lo más variado y de las más prestigiadas marcas (de China). Comienzo a llenar el cochecito, que el bonito marco para fotos, que el salerito y pimentero de algún metal brilloso, que el angelito de algo parecido a porcelana Lladro, que el siempre útil juego de palanganas, que una serie de atractivos y chacoteros juguetes con apenitas algo de toxicidad, que un coqueto juego de trapitos para cocina, que una gran variedad de fragancias de imitación, que el aromático sachet o popurrí de flores, en fin, que ahí encuentro todo un mosaico de múltiples opciones para regalar. Incluso salgo de la tienda con una serie de antojos y golosinas: papas, galletas, chocolates, dulces y refrescos, todos de exóticas marcas.

Pago, felicito a la cajera, le doy su “cuelga” al cerillito (cuelga.- palabra que usaba mi Inmortal para referirse a un regalo), y salgo satisfecho de mi generosidad y desprendimiento navideño. Ahora me dirijo a completar lo que me faltó.

Como resulta que mi familia está llena de ciruelitas y cebollines, las últimas compras las hago en ¡Farmacias del Ahorro! Ahí compro, que el six pack de Ensure para una tía que ya parece grabado de Guadalupe Posada, que el Zenocot y el Metamucil para el tío estreñido y de vientre inflamado, que el Corega para amacizar la mazorca de dos que tres tías a las cuales les baila más la dentadura que al exgober Montiel, que varios frascos de Gerolán para brindar en navidad (por cierto, ¿aun existe?), que el paquete grande de Depend para los que les gana “la risa” en la noche, que la bonita y recreativa lavativa para la colonoscopía de la semana, y además, Omeprazol y Melox para repartir cual dulces de colación a todos los comensales, antes y después de la cena de navidad.

Finalmente llego a mi Principado, subo mis compras, me quito mi calzado cómodo para ponerme otro más cómodo (simples calcetas), y me tumbo cual manati de Sea World a ver la televisión, claro, con la bonita satisfacción que da el haber cumplido con la familia.

(continuará...)

jueves, 23 de diciembre de 2010

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Una frazada de cariñitos

Gracias a todos por sus felicitaciones. Me encanta la manera como cobijan mi corazón en estos días fríos. Y como los quiero tanto, me permití guardarles una rebanada de pastel...




En verdad, les agradezco todos los bonitos deseos y todo el inmerecido cariño que me dan. ¡Ánimas que nunca se olviden de mí!

domingo, 19 de diciembre de 2010

Respuesta a la carta de una Princesa


Y me das las gracias por quererte, pero si eso no tiene chiste, eso cualquiera, cualquiera que tenga la misma suerte que yo de tenerte. Y es que tú no lo sabes, y es que tú no lo notas, pero desde el día que llegaste a este mundo me has dado tanto. Me has dado el mejor regalo que la vida le puede dar a un hombre, me has dado algo que solo entenderás cuando tengas a tus hijos, me has dado, o mejor dicho, le has dado… sentido a mi vida.

¿Sabías que los corazones felices sonríen? Si pudieras ver en mis ojos lo feliz que se pone el mío cuando estas a mi lado, seguro que me creerías. Y es que ya no sé que eres. Una vez te dije que eras mi trocito de granizo, pero a veces eres mi sol porque me iluminas, a veces mi estrella porque me muestras el camino para seguir, a veces eres mi luna porque inspiras mi vida, y a veces, o casi siempre, mi arcoiris, porque pintas de colores mi vida, colores que me ponen muy feliz. Tú me haces feliz y me haces sentir el hombre más afortunado de la vida, y solo por tenerte a mi lado.

Hija, yo también espero cumplir muchos muchos años, o los que tenga que cumplir, pero de algo debes estar segura, jamás me vas a perder, porque aunque me vuelva “invisible” siempre estaré contigo para acariciarte en las noches, para aconsejarte en los sueños y para ayudarte a levantar todos los días y cuantas veces sea necesario. Eso te lo prometo, debes estar tranquila, porque jamás me vas a perder, jamás te voy a dejar de querer, por siempre serás mi Princesa.

¿Te has fijado que nuestra relación es muy especial? Y es una relación padre e hija muy especial porque se basa en la confianza, en la confianza mutua. Me encanta que sepas valorar eso, porque la manera más cómoda de transitar por este mundo es, sin lugar a dudas, teniendo alguien en quien confiar, y sobre todo, que ese alguien confíe en ti. Yo no sé tú, pero yo, me siento un padre muy especial, porque puedo presumirle al mundo que tengo una hija que confía plenamente en su padre, así como igualmente yo confió en ella. Eso pocas veces sucede, es una pena, porque como te habrás dado cuenta, la vida es mejor cuando confiamos en alguien.

Por último, quiero darte las gracias por ser siempre mi mejor regalo de cumpleaños. No creo que exista nada mejor para mí que tú. Y lo digo muy en serio, tienes tantas virtudes que tardaría mucho en nombrarlas, así que solo diré la más importante para mí, eres una hija buena… y con eso me quedo.

Te amo con todo mi corazón hija, gracias por haber nacido.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Y tú, ¿de qué tamaño lo tienes?


¡El tamaño no importa! Bueno, al menos eso dice Santa Claus. Y tiene mucha razón, en estas fechas navideñas, definitivamente, el tamaño no importa. Si no me creen, vean lo que me encontré caminando por las bonitas calles de mi ciudad de “vanguardia”.




Y es que en lugar de andarnos quejando de los precios y de la carestía de la vida, viéramos de seguir el ejemplo del propietario de este flamante automóvil, que luego de hacer cuentas y de ver su raquítica situación financiera, decidió comprar el árbol de navidad más pequeño del mercado.

Total, que importa si lo tienes chiquito o lo tienes grandote, con que tengas… espíritu navideño, ¡es suficiente!

Pasemos pues una feliz navidad con lo que tengamos y no nos preocupemos por lo que piensen los demás… si, ya sé lo que están pensando, “otro más que lo tiene chiquito”, y sí, mi espíritu navideño es chiquito, ¡ah pero eso si, muy juguetón!


Otro día con más calmita… nos leemos.

viernes, 10 de diciembre de 2010

La jotería navideña de mi hermano



A veces yo tengo actitudes harto jotitas, pero en estas fechas, mi hermano me dice ¡quítate que ahí te voy! Y es que mi hermano es un adorador de las fiestas decembrinas, nadie disfruta más esta temporada que él. Eso está padre, todos volvemos a ser un poco niños en estos días, pero él… o sea, ¡no manches!

Cuando mi brother me convida a su casa para que vea como la arregló, sé que será toda una experiencia. Debo aclarar que él solo la arregla, él y su hija de ocho años, que no es así que digamos, una gran ayuda. Mi simpática y activa cuñada, solo se remite en estas fechas, a ejercer el siempre sano y cómodo ejercicio de... la contemplación.

Cuando mi hermano termina de decorar su casa, parece que la hubiera vomitado el mismísimo Santa Claus. Todo es navideño en su casa, hasta el más mínimo detalle tiene un motivo navideño. Con decirles que me da pena ir al baño, porque el tradicional “pachoncito”, es sustituido en estas fechas por un elegante papel con la bonita imagen del querido Santa. Y es que, lo que sea de cada quien, no creo que este simpático botijón merezca que se le trate de esta escatológica manera.

La mesa de su comedor luce como si estuviera por servirse la cena navideña. Solo falta ver el súper pavo en la mesa y a mis queridas tías de Antropología e Historia sentadas con cuba en mano, para pensar que ya es Nochebuena. A todo lo largo y ancho de su casa, cuelgan guías decoradas con cientos de foquitos y arreglos navideños que giran, suben y bajan. El árbol es imponente, pletórico de personajes de Disney (los preferidos de mis sobrina), todos caracterizados ad hoc a la temporada. En cada una de las paredes hay algo alusivo a la navidad, desde las tradicionales coronas navideñas, hasta un Santa Claus que habla y da la bienvenida en la puerta principal.

Por si todo esto fuera poco, el olfato y el gusto también participan de esta fiesta navideña. Todos los días de diciembre, sobre la estufa de su cocina, hierve un delicioso y aromático ponche navideño en espera de que un sibarita amante de las bebidas espirituosas (como yo), solicite que se le convide un poco de ese delicioso potaje. Claro que por tratarse de mí, la porción siempre es generosa y está enriquecida, obvio, con el clásico “piquete”, que es el lo que le viene a dar el toque final a tan suculenta bebida. No faltan las españolísimas y suculentas “peladillas”, el turrón (a veces de Alicante, a veces de Jijona), dátiles y frutas secas, y por su puesto, la imperdonable, vulgar, corriente, ordinaria, pero encantadora… colación.

Sin embargo, para mí, lo mejor, lo que más me chifla de la casa de mi hermano, es sin lugar a dudas… su monumental nacimiento. Esto sin lugar a dudas, es una herencia cultural, misma que le debemos, por su puesto, a mi Inmortal abuela. Ella cada año ponía personalmente su nacimiento, al pie del árbol de navidad. Recuerdo que lo único que nos pedía, era que alguien la llevara a comprar el musgo y el heno para su nacimiento; lo demás, lo hacía ella sola.

Bueno, pues mi hermano es el único de los cinco nietos que ha seguido con esa bonita tradición. Claro que todos ponemos un pequeño nacimiento, sería una ofensa para la memoria de la Abuela no hacerlo; pero mi hermano es el único, que realmente se esmera como lo hacía mi Inmortal.

Una gran parte de la sala de la casa de mi hermano, es invadida todos los años, por cientos de personajes que conforman “el Belén” (así le llamaba mi abuela a su nacimiento, tal y como le llaman en España). Mi hermano usa, como debe de ser, una gran cantidad de musgo verde para su nacimiento, que por cierto, según yo, no tiene mucho que ver con la verdadera vegetación de Belén… ¿o si? En fin, mi abuela lo hacía y mi hermano sigue su ejemplo. No puede faltar el río con todo y puentes que va a desembocar a un lago cristalino, que obvio, no es más que un espejo enterrado entre el musgo con patos y peces de yeso malhechotes. Lo que me da mucha risa, es la “biodiversidad” que existe en el nacimiento que pone mi hermano. Ahí se pueden encontrar: guajolotes, patos, cerdos, caballos, burros, camellos, elefantes, borregos, bueyes, vacas, chivos, gallinas, mulas (¡ah no! ese soy yo), etc. todos ellos, a diferente escala, lo cual los hace ver a muchos, cual animales prehistóricos. Yo le digo a mi hermano que ya solo le falta poner un ornitorrinco, un canguro, un pingüino y un choloescuincle, para completar con todos los animalitos de “la creación”. Otra cosa que también me da risa, es que su niño Dios es de una escala mayor a la Virgen Maria y José, así que parece Jenruchito en pañales dentro del pesebre. Mi sobrina le pone el toque final al nacimiento, al introducir en el “elenco”, a su flamante colección de Princesas de Disney con todo y Príncipe, mismos que van gustosos a rendirle pleitesía al hijo de Dios que acaba de nacer.

Como verán, la casa de mi hermano se viste de gala en esta temporada y, feliz recibe, a todo aquel que acuda a pedir posada junto con un delicioso ponche. Yo que solo soy un año mayor que él, ya la verdad me da harta flojerita arreglar mi casa, pero él, estoico como siempre, todas las navidades, saca el jotito que lleva dentro y decora de una forma divis divis su hogar. Bienvenida sea pues la jotería navideña de mi hermano, porque así le hace un bonito homenaje a mi Inmortal y, al mismo tiempo, le inyecta un poco de espíritu navideño al Grinch que llevo dentro… jo jo jo ¡Merry Christmas!


Otro día con más calmita… nos leemos.


miércoles, 8 de diciembre de 2010

Regresa el Gutiérrez Vivó de Tlachichilco


EL CORRE QUE TE CAGAS

Decía mi Inmortal Abuela cuando me portaba mal de chavito: “síguele así, y seguro que Santa Claus te va a traer un ‘corre que te cagas’ esta navidad”. La verdad nunca sucedió tal cosa, siempre me salía con la mía y Santa cumplía puntualmente con su obligación de agasajar a los niños harto “cutes” ¡como yo! Sin embargo, siempre me quedé con la curiosidad de saber ¿qué era un ‘corre que te cagas’?… y hasta la fecha.

Ahora me encantaría que esta navidad Santa Claus me trajera un autentico y original ‘corre que te cagas’, sería padrísimo finalmente poder conocerlo y tenerlo. Pero no creo que esto suceda. En primero lugar, porque yo ya me porto retebien, retebonito, soy un nene ejemplar que merece un trato exclusivo y preferencial de este rollizo señor de las barbas. Y en segundo lugar, porque pienso que este año, se destinará toda la producción existente de “corre que te cagas” a una criaturita, que no ha sido que digamos, el niño mejor portado de México. Me refiero por su puesto, a Edgar Jiménez Lugo, mejor conocido como… ¡El Ponchis!

Este nene, que con sus tijeras escolares (sin punta para no lastimarse) le cortaba el “firiflau” y demás partes pudendas a sus victimas, fue detenido hace unos días en plena huida, junto con sus hermanitas “Las Chavelas”. El mocoso perteneciente al cártel del Pacifico Sur, mismo que degollaba a sus victimas (fácil más de tres), tendrá que atenerse a las consecuencias. De entrada, esta navidad no le van a traer nada, ni Santa Claus ni los Reyes Magos, cuando mucho y como decía mi Inmortal, le van a traer… ¡un corre que te cagas!

Para muchos, el Ponchis es un inocente niño desubicado… ¡madres que! Este cábula, ya no es un niño, ya tiene “cuerdas en el violín y pelícanos en la coliseo”, así que ni digan que no sabía lo que hacía. Desgraciadamente, nuestro pésimo sistema de justicia, próximamente lo dejará libre (máximo unos tres años), y entonces sí, ¡aguas!... a cuidarnos todos el “firiflau” porque el Ponchis andará suelto.

En fin, querido Ponchis, si me estás leyendo, ahí te encargo me invites a jugar un rato con tu “corre que te cagas”, digo, no hay que ser… ¡quiero conocerlo!

Edgar Jiménez Lugo "El Ponchis"... ¡criatura!

"Las Chavelas", hermanitas del Ponchis.

 
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¿DE A CÓMO EL METRO DE CALLE?
 
Hay gente sumamente “inteligente” que piensa que la mejor manera de evitar que nos enfermemos, es subiendo el precio de las medicinas y no mejorando la alimentación y fomentando la cultura del ejercicio entre los mexicanos. O al menos algo parecido a esto es lo que está haciendo nuestro flamante gobierno de la Ciudad de México, de nuestra ciudad de “vanguardia”.
 
Y es que con la idea de desincentivar el uso del automóvil, las autoridades capitalinas, han tomado la decisión de llenar de parquímetros a Polanco y la Roma. Según ellos, esto fomentará más el uso de transporte colectivo, en lugar de usar el automóvil.
 
A estos ilustres e ingeniosos hijos de su madre, no se les ha ocurrido que lo mejor para incentivar el uso de transporte publico, es brindar un mejor servicio en este tipo de medio de trasporte. Yo sería el primero en dejar en casa a mi fiel Corcel Negro y viajar en transporte público, si se me garantizara no ser asaltado en una de esas unidades. Yo estaría feliz de que mi hija usara el trasporte público, si supiera que ningún trinche pelado le va a querer agarrar una nalga o arrimarle el “crustáceo”. Yo mandaría tranquilamente a mi Sacrosanta Madre en micro, si supiera que le iban a ceder el asiento y que el oligofrénico operador iba a tener cuidado en el asenso y descenso del pasaje (incluyendo a mi madre). Pero no, ni en mis sueños más guajiros eso ocurre, ni ocurrirá.
 
Así que el estúpido gobierno del carnal Marcelo, lo que viera de hacer, es comenzar por poner orden en el transporte publico y mejorarlo, así, de esta manera, les apuesto que más de dos íbamos a optar por este tipo de transporte, tal y como ocurre en muchas partes del mundo.
 
Pero no, con este pretexto, el gobierno de la Ciudad de México junto con las Delegaciones, se aprovechan para hacer negocio. Y no es que yo sea mal pensado, pero el querer poner parquímetros implica, por su puesto, una concesión más de la cual el corrupto gobierno de Marcelo Ebrard, hará uso para hacerse de más dinerito para la futura campaña presidencial, o en su defecto, para el cómodo retiro laboral y vejez de Marcelo.
 
Bajita la mano, no sé si lo han notado, el gobierno ha comenzado a vender la vía pública, o por lo menos, a arrendarla. Y es que junto con la puesta en marcha de estos parquímetros, se busca legalizar a los odiados y nefastos “Franeleros”. Esto para mí, no es otra cosa, más que darles permiso a estos malditos “viene viene”, para que sigan extorsionando a los automovilistas que tienen que pagar por adelantado una lana, o de lo contrario, cualquier cosa podría sucederle a sus automóviles.
 
Pero bueno, en esta parte, es donde generalmente pongo un párrafo a manera de corolario para cerrar el post de una manera atractiva e inteligente, solo que ahora no se me ocurre nada, así que lo único que pondré para terminar con esta publicación es: Marcelo y amigos que lo acompañan, por favor… ¡ya no chinguen!

Parquimetros en el D.F. "Patrocinadores oficiales
de la campaña presidencial de Marcelo Ebrard".
 
Otro día con más calmita... nos leemos.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Mis Superhéroes y su Base de Operaciones



Desde pequeño siempre fui fan de la “Liga de la Justicia” (Justice League of America), algo que en la tv mexicana se conoció mejor como: “Los Súper Amigos”. Eran todos mis superhéroes juntos, mis favoritos, haciendo gala de sus poderes en favor de la humanidad. Aunque por esa Liga de la Justicia desfilaron muchos superhéroes, los principales fueron: Superman, Batman, La Mujer Maravilla, Flash (Barry Allen), Linterna Verde (Hal Jordan), Aquaman y el Detective Marciano.

Por muchos años, durante toda mi infancia, soñé con algún día poder encontrar la Base Secreta de Operaciones de estos superhéroes, para así, poder conocerlos en persona. En las historietas se hablaba de: The Watchtower (destruida), El Refugio (destruido), Las Embajadas de la LJI (desactivadas), el Bunker de Detroit (desactivado) y la Estación Espacial Satelital (reconstruida)… desgraciadamente, nunca pude dar con ninguna de ellas.

Al pasar de los años, como siempre ocurre en estos casos, finalmente me contagié de esa terrible enfermedad a la que todos estamos constantemente expuestos y la cual tarde o temprano termina por matarnos, esa enfermedad conocida como… “madurez”. Este estado de gravidez, también conocido como “edad adulta”, trajo como secuela principal, el que yo dejara de creer en los superhéroes y, por consiguiente, desistí de mi imperioso intento por encontrarlos, por encontrar su Base de Operaciones.

De pronto, un día, apareció en mi vida una vacuna milagrosa y me curé de “madurez”. Esta vacuna administrada en dosis precisas y controladas (parafraseando a Sabines), pudo revertir muchas de las secuelas que me produjo la “madurez” y, de esta manera, así recuperé entre otras cosas, mi fe en los superhéroes. La vacuna de nombre “AMORcilina”, logró regresarme la fe perdida en los superhéroes, en todas esas personas que deben de existir en este mundo, para ser un ejemplo constante para los demás.

Una vez que la “AMORcilina” comenzó a circular por todo mi cuerpo y luego de que entendí que sí existen los superhéroes, lo demás fue muy sencillo, simplemente continué con mi búsqueda, hasta que finalmente los encontré.

Tal y como yo lo creía de niño, solo había que encontrar su Basa de Operaciones para dar con ellos. Así que, un día de diciembre, finalmente encontré la Base de Operaciones de los superhéroes, de los Súper Amigos, y junto con ella, a mis admirados superhéroes.

Ellos le llaman ahora a su Base de Operaciones, “El CRIT”; y no solo es uno, ¡son varios! Solo hay que atravesar sus puertas para poderlos conocer en persona, ahí están todos, a la vista de cualquier escéptico que no crea en ellos. Todos con súper poderes increíbles, todos dispuestos a ayudar a quien lo necesite, todos ellos… un ejemplo para el resto de nosotros.


CRIT (Centro de Operaciones de los Superhéroes).

Uno de mis Superhéroes favoritos "Batboy", cuyo poder
principal es... su sonrisa.

La verdad es que no puedo creer, como todavía puede haber gente en este mierda mundo que no crea en superhéroes. Si es tan sencillo como irlos a conocer en persona, yo ya hice el trabajo mas difícil, el de encontrarlos, ahora solo les queda a ustedes, ir hasta allá a abrazarlos y a darles las gracias por existir. ¡Qué esperan! ¡Háganlo!


Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota: Los que somos padres de hijos sanos es necesario que creamos en superhéroes; los que tienen hijos con algún problema de salud, no necesitan creer en ellos… porque ya viven con uno.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Yo prefiero los profiteroles... ¡qué alguien me sane!



¡Ahora resulta que esto de la jotería sí es como un catarro! Esto lo dice un homosexual redimido, el cual afirma, poder “sanar” a todo aquel que quiera enmendar camino en cuanto a su preferencia sexual.

Richard A. Cohen es un escritor y terapeuta, que luego de llevar una vida homosexual, un día decidió cambiar su orientación sexual y se volvió heterosexual. Esto sería muy respetable y no tendría nada de extraordinario, de no ser porque este personaje, a este cambio de preferencia sexual, le llama “sanación”. Al hacer esta absurda afirmación, él esta infiriendo, que los homosexuales son seres enfermos, cosa que muchos expertos, pues nomás no comparten.

Para mí, como para muchos, la homosexualidad es una simple preferencia. Así que lo que este tipo pretende hacer, es tan ridículo, como si un cocinero un día quisiera “sanar” mi preferencia por los profiteroles y cambiarla por el helado de fresa o el flan napolitano.

La técnica que usa Richard Cohen, para según él sanar a los enfermitos homosexuales, se llama “Bioenergética”. Consiste, en pocas palabras, en golpear un objeto con fuerza, mientras se repite el nombre de una persona que evoca un recuerdo infantil doloroso. Además, se apoya en una técnica que consiste en abrazos y la repetición de palabras positivas llenas de amor.

De nuevo, con este tipo de terapia, él da por hecho, que todos los homosexuales sufrieron algún tipo de agresión en su infancia o carecieron de cariño a lo largo del comienzo de su vida. Francamente, a mí esto me parece una reverenda estupidez.

Quizás muchos miembros de la comunidad heterosexual, son los que están ávidos y urgidos, de recibir algún tipo de terapia psicológica (seria), que los ayude a desaparecer sus miedos internos, para que de esta forma, puedan aceptar que las personas pueden ser diferentes unas de otras, sin que esto necesariamente, los estigmatice como personas “enfermas”. Repito, ser diferente o tener una preferencia diferente, no es motivo para querer “sanar” a nadie.

Y aquí es donde tengo que aclarar, que yo soy un hombre heterosexual. Y aclaro esto, porque no quiero que se piense, que estoy atacando a este ilustre terapeuta, solo porque me sentí aludido o agredido por sus afirmaciones. Simplemente me molesta, que personas como él, lucren con la ignorancia y la desinformación de muchas personas.

El mensaje debería de ser para las personas que todavía no pueden entender, que la diversidad es parte de nuestro mundo. Que el respeto hacia las preferencias de los demás, es básico, para la buena y, en este caso, sí “sana” coexistencia entre los seres humanos.

Dejémonos pues de pendejadas y no pretendamos sanar al mundo. Comencemos por amar a los demás tal y como son y, lo que es más importante aun, comencemos por amarnos a nosotros mismo y a aceptarnos… como somos.

Señor Don Richard A. Cohen, le repito, “esto de la jotería no es un catarro”, así que hágame el favor de... ¡no estar chingando!


Richard Cohen (a la izquierda) con uno de sus "enfermitos".


Otro día con más calmita… joteamos y nos leemos.

Nota.- Cuando digo “jotería”, lo digo con mucho cariño, amor y respeto, y los que me conocen lo saben. Así que jotitas y demás locas, no se me vayan a ofender, se los dice un buga que las quiere y las respeta de todo corazón. Besos

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Y dónde está Leslie Nielsen?...



Leslie Nielsen
(1926-2010)

Siempre se agradece una sonrisa. Con él pasé horas y horas de carcajadas, así que le estoy eternamente agradecido. Que descanse en paz el gran Leslie.