miércoles, 1 de septiembre de 2010

Tunas en "la bola"

Cuando un toro de lidia se siente herido o lastimado, inmediatamente su naturaleza le hace buscar esa sensación de protección que le brinda “la querencia de las tablas”. De igual forma, cuando Said se siente herido o lastimado, su naturaleza y su instinto de supervivencia inmediatamente lo hacen buscar el alivio y el confort que le da, en este caso… “la querencia de la sangre”.

Mi sangre es mi familia, y mi familia, es sin duda, mi Inmortal abuela. ¡Y qué mejor manera de refugiarme en ella que a través de sus recuerdos! Por lo que gentiles amigos, si ustedes me permiten, en esta ocasión quiero hablarles de ese ser maravilloso que fue, y es, mi Inmortal.

Voy a compartir con ustedes una de las historias favoritas de mi Inmortal. Cada vez que me contaba esta historia, se le llenaban sus ojos como a todos los viejos que recuerdan sus vidas, de una luz que le inyectaba vida renovada y las fuerzas necesarias para seguir caminando por la vida de la única manera permitida… siendo feliz y sintiéndose profundamente amada.

Comenzaré diciéndoles que mi Inmortal nació en el Estado de Zacatecas en un pueblo llamado Sombrerete, en el año de 1905. Fue la cuarta de una familia de seis hermanos, todos ellos mujeres excepto el más pequeño quien fue el único varón. A los pocos años de nacida, su padre de profesión maestro, se mudó a la Capital del Estado, donde al poco tiempo ocupó el puesto de Director de lo que fuera el Hospicio de Niños Huérfanos de Guadalupe, Zacatecas. Este hospicio fue fundado en el año 1878 y funcionó como tal hasta la primera década del siglo XX. Posteriormente funcionó como escuela primaria, hasta convertirse finalmente en lo que es ahora, el Museo de Guadalupe Zacatecas.



En esta foto mis bisabuelos y las dos hermanas más grandes
de mi Inmortal.

.La vida de mi Inmortal en la ciudad de Zacatecas fue muy feliz como la de cualquier niña de esa edad que permanece ajena a lo que pasa más allá de su entorno inmediato. Sin embargo y como todos sabemos, luego de que Madero proclamara en 1910 el Plan de San Luis donde llamó a los mexicanos oprimidos a tomar las armas en contra del dictador Porfirio Díaz, dio inicio la Revolución Mexicana y con ello el comienzo de una aventura inolvidable para mi Inmortal.

Al poco tiempo, la leyenda de un bandido, ahora caudillo, comenzaba a correr por todo el norte del país. Luego de tomar Ciudad Juárez, lo que hizo que Díaz tuviera que huir finalmente al exilio, Villa cobró una fama que pronto lo convertiría en leyenda.

Para junio de 1914, cuando mi Inmortal había recién cumplido 9 años, las tropas de Pancho Villa se encontraban muy cerca ya de Zacatecas. Los rumores de las atrocidades que cometían los famosos “Dorados de Villa” habían llegado a oídos de su padre, por lo que comenzaron a tomar previsiones en la familia. En la medida de lo posible, mi bisabuelo logró juntar algunos víveres por lo que pudiera pasar en los siguientes días.


Asi lucía la ciudad de Zacatecas antes de que se diera la famosa batalla
conocida como "La Toma de Zacatecas".
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La histórica batalla conocida como “La Toma de Zacatecas” se libró el 23 de junio de 1914. En tan solo un día, Villa logró vencer a las tropas de Victoriano Huerta con su famosa División del Norte, entre los que se encontraban Pánfilo Nateras y su admirado amigo Felipe Ángeles (Ángeles era la conciencia buena de Villa, contraparte de su conciencia mala, el temible Rodolfo Fierro).
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Felipe Angeles y Rodolfo Fierro, las "conciencias" de Pancho Villa,
la buena y la mala.
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Mi bisabuelo al escuchar las detonaciones que marcaron el inicio de esa batalla, dio la orden a todas sus hijas de refugiarse en el sótano de la casa. Las dos hermanas mayores de mi Inmortal (una de 18 y la otra de 16 años), fueron escondidas bajo una escalera atrás de un muro falso, ante el temor de que “los de la bola” se las robaran.

Junto a la casa de mi bisabuelo existía un “comercio”, por lo que fue uno de los primero lugares que buscaron los “muchachitos” de Villa para hacerse de alimentos una vez terminada la batalla. Así fueron recorriendo una y otra casa en busca de “botines de guerra”, comida, dinero y mujeres jóvenes, eso era bueno para ellos. Sin embargo, al llegar a casa de mi bisabuelo, algo los detuvo que impidió que abusaran de su familia. Para Villa, que en ese entonces ya había cobrado una conciencia diferente a la que tuvo en sus inicios cuando se dedico a robar y asesinar, lo más importante para el futuro del país, eran los niños y su educación. Así que él tenía en alta estima a los maestros, para él era sumamente importante que los niños tuvieran escuela. Esto quizás lo había aprendido en un principio de Madero a quien siempre admiró, y después de Felipe Ángeles a quien respetaba por su cultura general y amor por los libros.

Decía mi Inmortal que recordaba perfectamente bien, como al saber que su padre era el Director de la Escuela de Guadalupe (municipio conurbado con Zacatecas), se dio la orden de que por nada lo molestaran y respetaran completamente su casa. Esto tranquilizó a mi bisabuelo e hizo que diera la orden para que sus hijas salieran de sus escondites y regresaran a sus habitaciones.
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Esta es la casa donde vivieron mis bisabuelos y mi Inmortal en la ciudad
de Zacatecas. (Foto tomada en el año 2000)
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Mi Inmortal y sus otras tres hermanas, habían visto desde su escondite en el sótano a través de una pequeña ventana, como literalmente corría la sangre a lo largo de la calle frente a su casa. Los cadáveres de aquella batalla, había sido colocados en una pequeña plaza a unos cuantos metros de la casa, y la inclinación que tenía la calle, hacía que la sangre corriera calle abajo como un pequeño río buscando su cause. Para una niña de solo 9 años, eso quedó grabado permanentemente en su memoria, y cada vez que me lo contaba, yo veía como se le ponían cristalinos sus ojos. Sin embargo, lo peor fue para su hermana Evangelina de 16 años, quien descubrió que entre esos muertos se encontraba su joven pretendiente, un soldado que había caído muerto ante las tropas de Pancho Villa. Mi tía abuela Evangelina jamás se recuperó de ese golpe y quizas por eso nunca se casó.

Cuando hubo una relativa calma en la ciudad, mi bisabuelo, el Director de la Escuela, se dirigió junto con dos de sus hijas, las más pequeñas, mi Inmortal y su hermana Carmen de seis años, hacia la estación de trenes para hacer alguna “diligencia”. Mientras él entraba en una oficina (probablemente de correos), dejó a sus hijas encargadas con una persona de su confianza (la nana de las niñas), sentadas afuera de la estación.
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Contaba mi abuela, que ella y su hermana estaban impresionadas viendo todo el movimiento aquel de las tropas de Villa, cuando de pronto un hombre con unas enormes botas negras se acerco a ellas para “chulearlas”. Inmediatamente a ese par de niñas les llamó la atención la personalidad de aquel hombre. Luego de preguntarles sus nombres, aquel hombre tomó unas tunas que comía con sus manos llenos de tierra y les dio un par a cada una de ellas, luego, alguien le informó que se trataba de las hijas de Director de la Escuela. Aquel hombre les preguntó por su padre quien en ese momento salía de la oficina. Se acerco a él, intercambiaron algunas palabras, y se alejó no sin antes hacerles un cariño en la cabeza a cada una de las niñas.
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El Gral. Francisco Villa con su amigo el Gral. Ornelas.
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Efectivamente, aquel hombre de botas impresionantes (al menos para ese par de niñas de 9 y 6 años), había sido nada y más y nada menos, que el mismísimo General Francisco Villa. Mi bisabuelo contaba, que en esa pequeña platica que había tenido con Pancho Villa, le había contado del parentesco que él tenía con Benito Canales, aquel michoacano también amigo de la revolución que había muerto dos años antes. Villa conocía la historia de Benito Canales y de su simpatía con los hermanos Flores Magón, así que eso le creó mayor respeto por mi bisabuelo, el cual jamás fue molestado por las tropas de Villa.
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En esta foto aparece mi Inmortal abuela (extremo izquierdo) y su
hermana Carmen la menor (extremo derecho). A ellas fue a quien
Villa les regaló las tunas en las afueras de la estación de
trenes. Esta foto fue tomada algunos años después.
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Pues bien queridos amigos lectores, esta es una de mis historias favoritas de las muchas que me contaba mi Inmortal abuela, de cómo conoció al General Villa, de cómo Pancho Villa le convido tunas en su añorada Zacatecas. Mi abuela disfrutaba contándome esta historia y yo escuchándola una y otra vez, y una y otra vez, yo me emocionaba cada vez que me la contaba.

Con el tiempo mi bisabuelo y toda su familia ante la pobreza generada por el movimiento revolucionario tuvo que emigrar a la Ciudad de México. El viaje a la Capital fue también toda una aventura, ya saben, un viaje en tren lleno de emociones que ya en otra ocasión les contaré. Por ahora, me congratulo de tener siempre a mi lado a mi Inmortal, ya saben, ahora de manera “invisible”, pero mientras yo siga recordándola, sé que ella estará siempre aquí conmigo, aquí a mi lado.


Otro día con más calmita… nos leemos.

Este post va dedicado con todo mi cariño y mi amor, para una de las mujeres claves en mi vida, para mi amada abuela Rebeca, para “La Agüela”… para mi Inmortal.
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