jueves, 31 de diciembre de 2009

Cuando el futurno "no" nos alcanzó


Tendría diez, quizás once años, cuando después de jugar “bote pateado” o “quemados”, nos sentabas mis amigos y yo, a platicar de bobada y media. Entre esos elevados diálogos propios de un grupo de niños que no rebasaban los 15 años, el tema de conversación preferido, era el futuro lejano. Para nosotros, el futuro lejano se llamaba “El Año 2000”. Llegó el futuro y nomás no veo claro.

Nos preguntábamos los unos a los otros, - ¿se imagina como va ha ser “esto” o “aquello” en el año 2000? -... y así comenzábamos a fantasear en un mundo lleno de tecnología y cosas mágicas que algún día llegaría.

Pues bien, de ese tan esperado año 2000, estamos por cumplir ya diez años de haberlo vivido y nomás no veo claro, y si no me creen, aquí unos ejemplos de lo que inocentemente afirmábamos por aquellos años.

* Para el año 2000 ya habrá una vacuna para el Cáncer.- ¡Pura madre qué!... el maldito cáncer nos sigue arrebatando a nuestros seres queridos y la ciencia nomás no encuentra una vacuna para esta maldita enfermedad. Es más, la trinche ciencia, no puede encontrar una vacuna eficaz para el simple catarro o resfriado. Así que a la fecha, simplemente dejé de tomar “desenfriolitos”, los cuales mi mamá disolvía en una cucharita con agua, para ahora tomar “desenfriolotes”, los cuales mi vilipendiado estómago intenta disolver en mi panza. Pues el cáncer sigue y a él se le han unido nuevas enfermedades, para las cuales tristemente, tampoco se esperan grandes adelantos médicos... seguiremos esperando.

* Para el año 2000 los coches van a volar.- Si en este momento volteamos al cielo tratando de encontrar un coche por las nubes, pues ¡nos la peleichon!. Lo que sí anda por las nubes, es la trinche tenencia, la gasolina, la licencia de manejo, los seguros de cobertura amplia, la verificación, y por su puesto, el precio de los coches. Estamos casi en el 2010 y ningún coche puede volar, y lo que es peor, ¡ningún coche puede circular!, porque el maldito trafico, las manifestaciones y las obras publicas, nomás no lo permiten. ¡Cómo me gustaría que mi coche volara!, tan solo para poder arrojar desde las alturas, algún tipo de fluido o desecho corporal, sobre la calva de nuestros flamantes gobernantes y amigos que les acompañan… empezando por el querido “Carnal” Marcelo.

* Seguro que en el año 2000, la comida vendrá en polvo y al agregarle agua, esta mágicamente aparecerá.- Pues me toco ver como apareció el “Tang”, polvo mágico usado por los “cosmonautas”, que luego de agregarle agua, se convertía en un delicioso jugo de naranja. Así como lo vi aparecer, así lo vi desaparecer, porque sabía bien “Kool-Aid” (o sea gacho). Sin embargo, los alimentos que hoy encontramos en la calle, tiene algo de lo que imaginábamos en aquellos nuestros años mozos, ya que la mayoría están cubiertos de espesa capa de “polvo” (o tierra), que al contacto con el agua, mágicamente se convierten en un delicioso cultivo de hongo y bacterias mutantes, asesinas y vaciladoras.

* Para el año 2000, seguro que los teléfonos tendrán una cámara y podrás ver con quien hablas.- Efectivamente llegaron las videoconferencias y las videollamadas, solo que ha nadie le interesaron. Resulta que no nos gustaría que nos vieran, cuando le hacemos señas a la “chacha” (Chacha - Dicese de la damita que ayuda en las tareas del hogar a cambio de una remuneración y un poco de sexo ocasional con el patrón.), para que al contestar diga: “lo siento, no esta el señor, tuvo que salir y no me dijo cuando regresaba…”. Tampoco nos gustaría que nos vieran, luego de que al escuchar algo extraña nuestra voz, nos preguntan por ahí de las 12 de día - ¿qué, estabas dormido, te desperté? -, se imaginan si nos ven con el almohadazo a todo lo que da, lo que pensarían… ¡trinche “buebón”!.

* Seguramente para el año 2000, va a haber un horno que en segundo cocine los alimentos.- Esta tecnología de punta, que muchos afirman nos fue legada por seres extraterrestres, ya llegó a la tierra… ¡son los hornos de microondas!. Lo malo de esta tecnología del espacio, es que solo nos sirve para hacer palomitas mientras vemos la tele, o para calentar agua para café o en su defecto, las tortillas. Cosa que no resulta del todo bien, porque las palomitas no saben como las del cine, el café sabe como a maquina de gasolinera, y las tortillas quedan más sudadas que una gorda borracha en Playa Caleta. Para lo que más o menos sirve esta tecnología del “microwave”, es para recalentar la comida preparada que compran en la comer, todas las señoras “bolsas” negadas para la cocina.

* Para el año 2000, todas las teles va a ser planitas y a colores.- Y llegaron los plasmas, y llegaron las pantallas LCD, y llegaron ahora las nuevas LED’s… ¿y?, ¿y?, ¿yyyyy? (favor de decir esto con acento de conductora del Teletón). Ahí están en las tiendas, estas maravillas de la tecnología con alta definición y toda la cosa, solo que a precios que solo los ricos y los pirruris pueden comprar (chale, ahorita hablé como el Peje). Pero es la verdad, hay pantallas de 30,000 pesitos o incluso más caras, se imaginan cuantas familias podrían sobrevivir varios meses con ese dinero. Pero bueno, en el hipotético caso que usted amigo lector, sea un respetable funcionario publico y esté bien remunerado en su trabajo, seguramente usted sí podrá comprarse su pantallón de LED’s de 42 pulgadas (digamos pa’ ponerla en la cocina o en el cuarto de las “miaus”). Ahora bien, yo me pregunto, con esa súper tele de alta definición, ¿qué carajos piensa ver en ella?, acaso ¿Me quiero enamorar?, ¿Corazón Salvaje?, ¿el Pachuca contra el Morelia?, ¿La Academia?, ¿Lo que callamos las mujeres?, ¿Mujer casos de la vida real?, etc. etc. etc… ¡pues qué desperdicio de dinero!. Pero como dirían los abogados, “suponiendo sin conceder” que usted tiene para Cable HD, Sky, Blu-Ray, PlayStation, etc., entonces seguramente tendrá el varo suficiente para ir a jugar golf, ir a esquiar a Teques, ir de compras a Antara, ir por sexo de calidad a las Lomas, ir a los mejores conciertos y espectáculos, etc. Entonces, en pocas palabras, ¡pa’ qué carajos queremos esas pantallas tan apantalladoras!. Yo me conformo por lo pronto, con mi televisión en blanco y negro con patitas marca Telefunken, con su antena de conejo y su regulador Koblenz a un lado.

* Para el año 2000, seguro que ya van a vender la “Oxigoma” en la tiendita de la esquina.- Para los ajenos a esta palabra, para los lectores que no sean “adultos contemporáneos en avanzado estado de putrefacción” (¡como yo!), les voy a explicar lo que era la “oxigoma”. Por ahí de los años 70’s (aquí es donde todos los pubertos dicen “huuuuuu”, para luego yo poder proceder a mandarlos a ching… en fin), bueno, les decía que por ahí de los años 70’s en el Canal 5, pasaban una caricatura que me chiflaba, se llamaba “Marino y la Patrulla Oceánica”. Ahí aparecía un adolescente medio jotito de nombre Marino, enfundado en un traje rojo tipo neopreno (de buzo), traje que por cierto, lo hacía lucir como integrante del grupo Menudo cuando cantaban aquella de “Fuego, fuego…”. Este chicuelo, luego de masticar su “oxigoma”, podía respirar bajo el agua y nadar junto a sus amigos los delfines sin mayor bronca. Así combatía junto con la “Patrulla Oceánica”, a los malhechores del fondo del mar. Pues mis amigos y yo, por aquellos años, soñábamos con encontrar esa “oxigoma” que nos permitiera respirar bajo el agua. Ahora, después de tantos años, yo sigo soñando con la “oxigoma”, ya no para respirar bajo el agua, eso ya me da “bueba”, ahora me conformaría, con darle unas cuantas masticadas, antes de entrar al convoy del Metro una tarde de verano en la estación Pino Suárez o Pantitlan.


En fin, que estamos por llegar ya no al año 2000, sino al 2010, y nomás no veo claro. Todo aquello que soñábamos de niños, nomás no llega… o llegó, pero no sirvió de nada. Ahora ya me resigné a que la tecnología no caminará de la mano conmigo, en lugar de venir a hacerme la vida más sencilla, ha venido a complicármela. Ahora mismo, podría estar escribiendo esto en mi Olivetti Letrera en la cual hice tantas tareas de la Secundaria, y sin embargo, aquí estoy tratando de escribir, sin ese delicioso aroma a tinta y aceite que despedía mi vieja máquina de escribir, y sin esa poética campanita que sonaba cada vez que estaba por terminarse el renglón.

Pero qué le vamos a hacer, ¡así es la vida moderna!. Habrá que seguir adelante, aunque los coches no vuelen y aunque tenga que masticar Trident (9 de cada 10 dentistas lo recomiendan), en lugar de mi añorada ¡Oxigoma!.

Otro día con más calmita y hasta el próximo año… nos leemos.

martes, 29 de diciembre de 2009

Ahi sigue, junto a la paletería


El otro día fui a caminar por las calles donde crecí, calles que dejé de recorrer apenas hace seis años. Me dio mucho gusto encontrar a lado de la peletería, ese pequeño local que de niño me chiflaba. Tenía colgado un poster de “Viruta y Capulina”, que forzosamente me hacia voltear cuando paseaba tomado de la mano de mamá. Después crecí, seguía volteando cada vez que pasaba frente a él ya que tenía una serie de máquinas, instrumentos y herramientas de trabajo, verdaderamente interesantes. Seguí creciendo y descubrí que la persona que atendía el negocio era uno de esos ancianos que también me chiflan, de esos que enseñan lecciones de vida y malas palabras indistintamente, por lo que yo no perdía oportunidad para pasar a saludarlo y platicar con él.

De pronto un día, por alguna extraña razón, deje de crecer y comencé a envejecer, fue en ese instante cuando me llamó por primera vez la atención el letrero mal hecho y deslavado que indicaba el giro del negocio. Ahí, arriba de la entrada del minúsculo local, perdido entre la cortina sucia y rota, apenas se leía, “Reparador de Calzado”.

No hay un oficio en la vida que me de más nostalgia que este. Y es que la vida de un zapato definitivamente debe de ser muy dura, creo que lo mejor sería dejarlos bien morir. Pero por alguna extraña y egoísta razón los dueños nos empeñamos en alargar su agonía a como de lugar. Un poco de gratitud para con ellos, no estaría mal.

Mientras tanto, yo sigo caminando las calles de mi ciudad buscando bajo las cortinas llenas de cochambre y mugre, algún negocio que diga “Reparador de Corazones”. Creo que ahí sí valdría la pena salvar, o por lo menos alargar, la agonía de algunos… a mí me encantaría ser el primer cliente, a mi corazón le urge... una buena “reparada”.

Otro día con más calmita… nos leemos.

Frase Cele bral 5


No pretendo cambiarte, tan solo quiero que seas, exactamente... ¡como yo quiero que seas!

- said -

sábado, 26 de diciembre de 2009

Huequitos en el Cielo...


En verdad que ella es especial. Sí, cierto que es un poco caprichosa y celosa, pero qué mujer no lo es. También es cierto que se burla constantemente de mis achaques, de mi edad y de mi celular, pero quién no lo haría si me la paso quejándome todo el tiempo como el más viejo de lo seres humanos, renegando de toda la modernidad, renegando de los celulares. Ella tiene pésimos gustos, acostumbra enamorarse de quien no debe, pudiendo fijarse en los ojos de un hombre ella prefiere el bigote y la distancia.

Pero yo la adoro, nadie como ella para pastorear estrellas en las noches limpias y despejadas. Cuando ella sale a caminar por las vías del tren que llevan a la vieja estación, estación que pronto llevará mi nombre, de pronto descubre una estrella que a gritos y susurros llama su atención. Ella, irremediablemente piensa en mí, estira su brazo y de puntitas, la toma para hacerme feliz. Sabe que no hay nada que me de más gusto en esta vida que descubrir que, a su regreso, ella me ha traído una estrella más para mi colección, y no una estrella cualquiera, una estrella escogida personalmente por ella.

Dice que no va a parar hasta que forme una constelación, que por decisión propia, llevará su nombre. Aun faltan muchas estrellas, pero no quiero apresurarla, quiero que cada estrella que me regale sea especial, no soportaría que un día tomara un puñado de ellas, eso sería de mal gusto. Por ahora ya tengo cinco, todas están guardadas en una cajita de madera (una estrella bien doblada puede caber hasta en el bolsillo de mi camisa). A veces de esa cajita se escapan rayitos de luz, de luz de estrellas, eso me mantiene tranquilo porque sé que están bien. Ocasionalmente las saco para que tomen el aire, el aire de la noche, y últimamente han comenzado a oler deliciosamente… huelen a madera pura, a madera de Olinalá.

Ella tiene una voz que me tranquiliza a pesar de que me recuerda a mi “perversa” madrastra. Su voz tiene los mismos efectos de un temazcal, me desintoxica, me relaja, me purifica, me da paz. Por su puesto que ella no se ha fijado y no quiero que lo sepa, pero sus “NO’s” son magníficos, me gusta provocarlos, son arrastraditos como el violoncello de Casals.

De pronto ella se preocupa y me confiesa que tiene “sentimientos encontrados”, yo la tranquilizo y le digo - ¡menos mal!, porque siempre es mejor tener “sentimientos encontrados” que "sentimientos extraviados” -.

La distancia todo el tiempo nos acerca, cada vez más y más. A veces ella se conforma con eso, a veces yo creo confórmame con eso. Sé que el día que ella se lo proponga podrá tocar mi pelo y extraviar sus dedos en el… si pude alcanzar las estrellas, seguramente podrá llegar a mí.

Pronto regresará de nuevo con una nueva estrella para mi colección, yo, como siempre, estaré ansioso esperando para ver la que ha escogido. Ahora solo espero que la Sociedad Astronómica cuando encuentre huequitos en el cielo no se enfade conmigo, total, en el cielo hay tantas estrellas que bien pueden alcanzar para todos los necesitados de ellas.

A ella no le gusta que diga su nombre, de hecho no lo recuerdo, pero ella cuando lea esto sabrá perfectamente de quién hablo. A esta hora seguro que andará pastoreando estrellas sobre la vida del tren, pensando en mí; yo, por mi parte, a esta hora estoy pensando en ella, como todas las noches… a la distancia.



Otro día con más calmita y con una estrella más en mi colección… nos leemos.




* Esta es la Estación de Trenes que próximamente llevará mi nombre.

jueves, 24 de diciembre de 2009

martes, 22 de diciembre de 2009

Para Romina e Irenka...

¿Por qué cuando nacemos nadie se toma la molestia de entregarnos un instructivo para no estropear nuestra recién estrenada vida?.

¿Por qué mientras crecemos nadie tiene la atención de llevarnos hasta nuestro lugar en la vida para no tropezar en la oscuridad?.

¿Por qué la vida de vez en cuando no nos muestra su rostro para poder asestarle un buen golpe cada vez que nos haga trampa o nos juegue sucio?.

Si la vida tiene un principio y un fin, ¿por qué carajos no se respetan los turnos?...

¡Cuántas preguntas y que pocas respuestas!…

-------- O --------

Cuando una persona pierde a un ser querido, recibe la amputación de una parte muy importante de su corazón. Con la muerte de este ser querido, muere también un poco de aquel que se queda a vivir la perdida. La amputación al corazón, siempre es más grave que la de una extremidad, como puede ser un brazo o una pierna. Para una persona que ha sufrido una amputación, el simple andar por la vida le resultará sumamente difícil. Pero para una persona que ha sufrido una amputación al corazón, el andar por la vida le resultará prácticamente imposible, a menos que encuentre la ayuda necesaria.

Para los amputados de extremidades, existen las prótesis en forma de piernas o brazos, que aunque nunca suplirán a los originales, por lo menos estas prótesis los ayudaran a andar por la vida y seguir adelante. Pero para los amputados del corazón, las únicas prótesis que existen, no tiene forma de piernas ni de brazos, en este caso, las prótesis tienen forma de amigos o familiares.

Para los amputados del corazón, la única forma de seguir adelante por la vida, es apoyándose en estos amigos o familiares que harán las veces de prótesis, y así, apoyados en ellos, juntos todo el tiempo, aquellos que haya sufrido la perdida, aprenderán a caminar y a seguir adelante hasta el final del camino.

Hoy me ha tocado ser prótesis y amputado al mismo tiempo, solo espero poder hacer las dos cosas sin rendirme en el intento. Sé que tú desde donde estas, me vas a ayudar a lograrlo.

Querida Olga, te voy a querer y a pensar por siempre… hasta el final de los tiempos.


lunes, 21 de diciembre de 2009

Los 10 Peores Regalos y Los 10 Mejores Regalos para dar en Navidad


Queridos amigos, finalmente ha llegado la temporada de las compras de pánico y el clásico roperazo, esto por su puesto, con el fin de agasajar a nuestros seres queridos y los no tan queridos. Todas las navidades, nos enfrentamos con la bonita monserga de tener que comprar afecto y no regalarlo. Yo que vendo caro mi amor aventurero, siempre estoy dispuesto a recibir esos “detallitos” y esas “bagatelas” que tanto estimulan mi desinteresado… ¡interés!. Sin embargo, este año quiero convidarlos a que sean un poco más selectivos en sus presentes navideños, para que este su galán otoñal, se sienta bien querido y bien amado. Ya lo saben, ¡el amor se demuestra con hechos!… sí, pero con hechos en Hemès, en Ermenegildo Zegna, en Hugo Boss, en Cartier, en Burberry, etc…

Para ayudarles en la tarea de escoger mi “cuelga” navideña, he preparado la lista de lo más deseado y lo menos deseado en la navidad. Por favor, tómenla en cuenta y demuéstrenme cuanto me quieren (no se tienten el corazón y menos el bolsillo). Señores y Señoras, esta es la lista de “Los 10 Peores Regalos y Los 10 Mejores Regalos para dar en Navidad”:


Los 10 Peores Regalos.

1. Calcetines.- Una de las cosas mas peladas que hay, es el regalar calcetines. “Entre el zapato y el pantalón, esta el detalle de distinción…”, ¡sáquese que!. Yo he llegado a acumular tantos trinches calcetines, que si les pongo ojitos y boca, seguramente podría competir con el mismísimo Jim Henson, el creador de los “Muppets”. Por favor no lo hagan, no regalen calcetines, y menos de esos transparentes que parecen tobimedias... son ¡gatísimos!. Ahora bien, si hablamos de calcetas, la cosa cambia, porque hay gente (me han contado), que las usan para aumentarse el “paquitin” y lucir como matador de toros con las pilas por delante.

2. Figuritas y Recuerdos Navideños.- Normalmente las tiendas comienzan a poner todos esos artículos a mitad de precio cuando está por terminarse la navidad, así que muchos aprovechan para comprar el ridículo Santa Claus Rocanrolero, unos Pescados horribles que cantan villancicos al estilo de Bing Crosby, muñequitos de nieve hechos de pasta con harta brillantina dorada, o lo que es todavía peor, los Ositos de Coca Cola que venden afuera de las estaciones del Metro.

3. Cualquier cosa que mencione en la etiqueta la palabra “Waldo’s”.- Sobretodo cosas comestibles o eléctricas, a menos que uno pretenda quitarse la vida por medio de un envenenamiento fulminante, por achicharramiento producto de un incendio causado por un corto circuito, o por una descarga eléctrica cortesía de la ahora extinta Compañía de Luz y Fuerza del Centro. Muy socorridos en esta prestigiada tienda, son: los marcos para fotos, los frascos multiuso de vidrio, las figuritas “aborto” de porcelana china, las lociones “efímeras” que duran menos que la virginidad de una niña del CETIS, los juguetes tóxicos “made in china” altamente recomendados por el mismísimo Rey Herodes, etc.

4. Ropa Interior de Color.- Se acostumbra regalar estas elegantes y sugestivas prendas de vestir, con el fin de atraer la buena suerte para el próximo año que esta por comenzar. No hay nada más desagradable que ver salir del baño a tu hombre, enfundado en un estilizado bikini rojo apenas visible bajo las carnes colgantes del abdomen, con la promesa de que al usarlos, la Diosa Fortuna le traerá buena suerte en el amor. Seguramente la dama al ver este sensual espectáculo que evoca al mismísimo “Vaselinas” (Lalo el Mimo) en alguna película de Ficheras, correrá a deponer la cena, y terminará por mandar a dormir a la tina al pretencioso y romántico galán. Las mujeres por otro lado, no se escapan de caer en la tentación de la superchería calzoneril, y seguramente lucirán la bonita pantaleta amarilla que cubrirá las estrías del bajovientre y la cicatriz queloide de su cesárea, y que además hará juego con su bra también amarillo “Piolín”, esto por su puesto, con el fin de atraer el dinero y la abundancia. Sin embargo, esto no lo van a conseguir jamás, a menos que dichas prendas sean expuestas junto con sus propietarias en las calles de Sullivan o Tlalpan, y vengan incluidas con un “frances” gratis (no me refiero a un oriundo de Francia), o en su defecto una “rusa” (tampoco me refiero a una oriunda de Rusia)… you know what I’m talking about!!!

5. Libros de Superación Personal o de Ángeles.- No hay manera más elegante de decirle a alguien “eres un pinche mediocre bueno para nada”, que regalándole un motivacional libro de “Superación Personal”. Y los expertos en este tipo de literatura basura, son el nefasto Miguel Angel Cornejo y el meloso de Mariano Osorio (pa’ vomitar ambos). Otros libros que me parecen igual de nefastos y que están de moda, son aquellos que hablan de los Ángeles, Arcángeles y amigos que le acompañan. La gente comienza leyendo estos libros, y de pronto termina invadido de figuritas de Ángeles y Arcángeles por toda su casa. Y a menos que seas “el señor telenovela” Don Ernesto Alonso y tengas el varo para comprar arte religioso del siglo XVII, XVIII y XIX, abstente de comprar figuritas de pasta en los tianguis… ¡se ven muy peladas!.

6. Cualquier producto Avon, Jafra o Stanhome.- Recibir una loción que viene en un frasco en forma de piano, coche o desarmador… simplemente ¡es naquísimo!. Por otro lado, es mil veces mejor una mascarilla de aguacate con todo y totopos, que una crema rejuvenecedora de Jafra. Un producto Stanhome, a menos que seas la “chacha” o un homosexual obsesionado con la limpieza, es una mentada de madre para el que lo recibe. Así que estas marcas están vetadas de por vida en estas fechas… ¡y en el resto del año!.

7. CD’s de Música.- Por favor, no regalen CD’s de música a menos que el destinatario del mismo, haya preparado con antelación una lista de peticiones. El dar un CD siempre resulta un gasto inútil. Si por pura casualidad le atinamos al gusto del futuro dueño del mismo, lo más probable es que ya lo tenga. Por otro lado, si no sabemos ni que onda con el gusto del individuo, seguramente le compraremos lo que vimos de moda en el tianguis pero que jamás va a escuchar, como: el último de “Alejandro Fernandez”, el de “Filippa Giordano”, el de “Il Divo”, el nuevo de “Black Eyed Peas”, los “Exitos Rancheros de Estelita Nuñez”, alguno de “Villancicos”, etc. Recuerden que los gustos musicales son muy personales, ¡más personales que la ropa interior!, así que si no saben, mejor ni lo intenten y busquen otra cosa.

8. Un Rompecabezas.- No frieguen, no regalen rompecabezas. Están viendo que mi vida es un desorden y no termino de organizarla, en pocas palabras de armarla, y todavía me dan un trinche rompecabezas de ¡5000 piezas!, dizque para que me distraiga y me relaje. Esas son ganas de joder al individuo. Ahora sí que, si yo no lo desarmé… ¡por qué carajos lo voy a tener que volver a armar!.

9. Condones.- Mientras yo no tenga con quien usarlos, me parece un regalo de mal gusto y un insulto para mi amiguito. Ya me cansé de inflarlos para jugar voleibol yo solo tirado en la cama. Además, no sirven para hacer bonitas figuras onda payasito… ni una trinche flor he podido hacer, ya no digamos una jirafa pescuezuda o un perrito salchicha. Los condones que me han regalado con sabor a “menta”, por lo menos me han sido útiles cuando se me han terminado mis pastillas “Tic Tac” y necesito refrescar mi aliento… morderlos da buen resultado antes de una cita importante.

10. Un Tratamiento Estético.- ¡Pésimo regalo!, sobre todo si es con Valentina de Albornoz o con el Dr. del Villar, o peor aun, con “La Mata Bellos”. Sin embargo y aunque es bien sabido por la comunidad en general que yo no necesito ningún tipo de “hojalateada”, de ves en cuando un cariñito por aquí y otro por allá, no le harían daño al “Rostro del 2010” (o sea a mí). Pero como no quiero terminar con cara de nalga de la Guzmán, prefiero recurrir únicamente a mis cremas de noche de prestigiada marca francesa y a un poco de polvito translucido, para lucir mono todo el día. Para mi bien torneado “derrier”, basta con unos bonitos chones que levanten y estilicen mi cuasi perfecto trasero. La liposucción y la lipoescultura, esa no me la hago ¡ni a madrazos!, es más, todavía extraño a mi vieja que por andar chupándose los gorditos, terminó toda culeca… mi vieja para los que no lo saben, era Lucha Villa.



Los 10 Mejores Regalos.

1. Efectivo.- Nada mejor que el vulgar, prosaico y de mal gusto, ¡dinerito en cash!. No hay nada más pelado e insultante, que el recibir dinero en efectivo. Esto solo demuestra, el poco interés que tuvo la persona para escoger personalmente un regalo para el destinatario. Demuestra que no tiene la sensibilidad ni la capacidad de conocer bien a la persona, para saber por lo menos, cuales son sus gustos. Demuestra que francamente, lo único que él quiere en ese momento, es salir del compromiso y cumplir con esa absurda costumbre de regalar mugre y media en navidad. Pero yo que soy un trinche naco, vulgar y materialista (sobretodo materialista), me vale todo lo que piense el respetable, mientras que llegue a mis manos, un bonito billete o en su defecto, una tarjeta con una respetable cantidad preabonada. Así que háganme sentir con toda confianza “un vil ser interesado”, es más, échenle más al sobrecito y háganme sentir “un sexoservidor profesional”… ¡qué carajos!, yo no me ofendo.

2. Chocolates Ferrero Rocher.- Ya estoy harto de tener que darle una mordida a una tableta de chocolate “Abuelita” cada vez que sufro un ataque de hipoglucemia o un simple antojo. Estoy harto que me regalen “Snickers”, aunque estos vengan acompañados con una notita muy “mona” para alegrarme el día. ¡Basta!, yo quiero ser como Luis Miguel o como el mismísimo “Embajador”. Así que espero recibir este año, muchas cajas de chocolates “Ferrero” para refinármelas yo solito, que importa que termine con más barritos que un puberto de secundaria. Por favor señores y señoras, si van a regalar estos chocolates, no salgan con la “gatadita” de dar escuches de menos de 16 chocolatitos, recuerden que en estos casos… ¡más es más mejor!.

3. Juguetes.- Eeeh!!! eso sí me gusta. Los juguetes que me quieran regalar serán muy bienvenidos, sobretodo si son juguetes “ochenteros”. Un G.I. Joe me puede encantar, no de las figuritas pequeñas, me refiero a los que en México conocimos como “Aventureros de Acción” de la marca Ledy. Un Señor Cara de Papa sería genial, sobretodo en su presentación ochentena de “Darth Vader”. Un Pizarrón Mágico también me caería genial, ya que el que yo tenía, pereció en mi última creación abstracta. Algún accesorio para mis trenes eléctricos siempre es muy bien recibido… no quiero que a mis trenes les pase lo que a “Ferrocarriles Nacionales de México”, que ahora solo forman parte del recuerdo de los amantes de los trenes como yo. En fin, cualquier juguetito incluso los tradicionales mexicanos de hojalata o madera, siempre me encantan. Por cierto, en esta categoría tambien entran los “juguetes sexuales”… ¡no olviden las pilas!.

4. Vinos.- Para los dipsómanos consuetudinarios como yo… o sea los pedotes, no hay mejor regalo, que un buen ¡pomo de vino!. En esta temporada, las canastas navideñas van y vienen con singular alegría, todas ella plagadas y rebosantes de botellas de vino. Así que hacerle una disección a una de esas canastas para realizarle una “pomosectomia” (pomosectomia: es la acción quirúrgica de chingarse un pomo de una canasta navideña), siempre es una excelente idea. Cualquiera que sea el pomo, siempre será bien recibido por hombres como yo, que fácil le encontraremos un buen uso a ese elixir etílico. Pero si se trata de agasajar a este su servidor (o sea Saidcito), favor de poner atención en la etiqueta de la botella y asegurarse que esta contenga alguna de las siguientes letras: “V.S.O.P.” o “X.O.”. En su defecto, favor de ratificar que dentro de la etiqueta aparezca la siguiente leyenda: “Appellation d'origine contrôlée (AOC)”, y si junto a esto se encuentra escrito algo así como “Petrús” o “Chateau…”, entonces sí los voy a adorar (desinteresadamente claro está). Si me van a dar algo espumoso, por favor que sea “Cristal” y no una trinche “Cidra Pelayo”.

5. Corbatas.- ¡Las corbatas son un excelente regalo!. Contrario a lo que la mayoría piensa, en el sentido que es muy difícil encontrar una corbata que le guste a la persona a la que se la vamos a regalar, yo siempre he pensado lo contrario. Una corbata siempre será muy bien recibida, sea o no marca “Hermès”, “Scappino” o “Boss”, sea o no de buen o mal gusto, sea o no de seda italiana, etc., por la sencilla razón, que a las corbatas se les pueden dar usos distintos al tradicional, o sea, usos alternos. Por ejemplo, las corbatas que no nos hayan gustado por traer un estampado “peladón” o un color muy “charro”, pueden servir para atar a la cama a nuestras “damitas” y desatar nuestras más bajas perversiones en este bonito juego sexual. También son muy socorridas por ahí de mes que viene, ya que la famosa “cuesta de enero” insita a la depresión y al suicidio. Así que un par de corbatas feitas atadas entre si, son muy útiles para colgarnos de algún lugar de la casa al mejor estilo de Judas Iscariote… mejor esto que tirarse al las vías del Metro, digo, no hagan tiradero ni interrumpan el servicio de transporte colectivo… no hay que ser.

6. Cualquier producto con la leyenda Sony.- Ya sea un Plasma o una Pantalla LCD BRAVIA, una Cámara Digital de fotos o video, un buen equipo de Audio para mi Corcel Negro, un Home Theater Systems, una VAIO, un Blu-Ray, un PlayStation, un Sistema de Audio para la Casa, o ya de perdis un trinche reproductor MP3, todo esto, sin que les quepa la menor duda, ¡será muy bien recibido!. Para los amantes de los “Gadgets”, no hay nada mejor que este tipo de regalos. Lo que si les voy a pedir, es que estos regalos vengan acompañados de un Ingeniero de la NASA o un Nerd puberto, para que me ayuden a entender… ¡cómo carajos se usan!.

7. Comida Gourmet.- Para un practicante en activo del pecado de “Gula” (como es mi caso), no hay nada más emocionante que recibir en esta temporada, una basta dotación de productos “gourmet” en una bonita canasta (o en una trinche caja de cartón, eso no importa). El toparme con un buen jamón bellotero “Pata Negra” o con un delicioso Salmón Ahumado, ¡es algo que no tiene precio! (bueno si tiene precio y mucho, pero que chingaos). Un frasco con Nueces Mixtas o en su defecto, Nueces de la India o Almendras saladas con un toque de miel, es algo que me puede volver loco. De las galletas con chispas de chocolate, ya ni hablamos, ya conocen mi adicción. Una canasta con quesos también me sienta muy bien, de preferencia cuando se trata de quesos: Brie, Camembert, Emmental, Edam, Cabrales o el de Chihuahua (el original). Un frasco con Espárragos de Navarra, me recuerdan cuando corrí en el 2001 un “encierro” en las fiestas de San Fermín, en Pamplona (mentira, aquí si me quise adornar, pero lo de los espárragos esos sí, ¡yomi!). Y que decir de un frasquito de Caviar Beluga... ¿qué decir?, ¡pues que sabe a madres!. La verdad aquí sí chefeo gacho, porque nomás no termina de gustarme la hueva de pescado, es más, con la mía tengo. Así que si me regalan un poco de este producto que sabe a Sexoservidora de San Pablo, prefiero pasar a la Catafixia.

8. Cigarros.- ¡Orale!, aquí si me dan en mi mero mole. Ya sea que se mochen con uno o con toda una caja, me caen de perlas. No necesariamente tienen que ser cubanos, yo no soy malinchista y también consumo producto nacional, y del producto nacional, hay unos de muy buena calidad. Como sé que la mayoría no sabe mucho de este mi vicio, no hay nada mejor que acudir con un experto (ya sea en Perisur o en el Centro Histórico), y dejarse asesorar por el “desinteresado” vendedor, quien seguramente les ayudara a escoger los mejores. Y antes de que empiecen a regañarme como la clásica tía gorda, déjenme decirles que ya sé que a mi asma no le va muy bien el que yo fume, pero ¡que demonios!, como decía mi Inmortal Abuela cuando yo le pedía que ya no fumara: “pa’ lo que voy a durar en este convento… ¡me cago adentro!”. Perdón por lo escatológico de la cita, pero así era mi Inmortal Abuela… ¡una mujer muy sabia! (y pelada como yo).

9. Memorabilia.- Cualquier objeto con una historia interesante, es digno de pertenecerme. Contrario a lo que la mayoría cree, para mí un objeto de estos puede haber pertenecido a un perfecto desconocido, pero si ese perfecto desconocido tiene una historia interesante aunque esta también sea perfectamente desconocida, por lo menos a mí, ese objeto, ¡me interesa!. Claro que si se trata de algo relacionado con los Minnesota Vikings, con Donald Dock, con el Automovilismo, o con el Cine (en especial las “Classic Movies” o “La Epoca de Oro del Cine Mexicano”), ¡pues que mejor!. Sin embargo, una simple piedra viniendo de la persona indicada, ya es un tesoro para mí, un preciado tesoro, de… ¡Memorabilia!.

10. Más Efectivo.- El efectivo nunca sobra…


Otro día con más calmita… nos leemos.

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Un árbol, una flor, y un beso... (cap. 4)


La puerta se abrió y ahí estaba ella. No había cambiado nada, si acaso ahora usaba lentes, cosa que me encantaba porque le daba un toque de intelectualidad a ella, que de por si ya tenía. Me vio y se sonrió, seguro que no vio en mí al Said adolescente que conoció, pero estoy convencido que le gustó en lo que me había convertido. Sin decir nada, nos dimos un abrazo que no duró una hora, así que ese no contó. Luego me dio un beso en la mejilla, cosa que tampoco contó… y entonces me invito a pasar.

Antes de decir nada, metí mi mano a la chamarra y saqué un sobre, y al verlo ella, noté como se le llenaron los ojos de lágrimas, al descubrir que dentro de él, había una flor. Era una rosa, una rosa roja, era ¡La Rosa Roja!… la misma rosa que veinte años atrás ella me había entregado y que yo había guardado, como el más grande de mis tesoros. Cuando le dije que se trataba de la misma flor, ella me abrazó y no pudo más, lloró lo necesario, lo necesario para aliviar todo ese dolor que había guardado durante tantos años. Yo contagiado, sentí como por la mejilla me escurría una lagrima (o muchas), así que la separé de mí, le di otro beso en la mejilla, y le dije – ya estoy aquí, tal vez 20 años tarde… pero ya estoy aquí -. Ella sonrió, secó sus lágrimas, y me tomó de la mano para llevarme hasta la sala donde nos sentamos a platicar.

Durante horas estuvimos ahí tomando vino y recordando todo por lo que habíamos pasado durante esos 20 años de espera. Hubo un desfile de sentimientos y sensaciones a lo lardo de aquella tarde. De pronto, yo ya un poco avalentonado por el vino, me animé a decirle – ¿recuerdas que me debes un abrazo? -, ella con una risa burlona me dijo – pero si ya te di varios -. Yo me puse serio, ella enseguida soltó una carcajada y se puso de pie. Al ver que todo había sido una broma, yo también me puse de pie y sin darle tiempo a que se arrepintiera, le dije – recuerda que es un abrazo de una hora -. Ella me dijo – sí, de una hora completita, ya sabes que yo siempre cumplo lo que prometo -.

Entonces, estiré mis brazos, la tomé de los hombros, y cuando la acerqué a mí para darle el tan esperado abrazo, ella me alejó bruscamente. Yo confundido le pregunté - ¿qué pasa? -. Ella me miró con toda dulzura a los ojos, y dijo entonces – un abrazo de una hora, puede ser muy cansado si estas de pie… -. Inmediatamente me tomó de la mano y sin decir más, me llevó hasta su recamara. Yo, al llegar a su cuarto y ver la enorme cama desde la puerta, me quedé congelado y no pude avanzar más. Ella siguió, se sentó por unos segundos en la cama, hasta que finalmente se recostó sobre ella. Al ver que yo no me movía del marco de la puerta, ella sonrió de nuevo y abriendo los ojos coquetamente, me dijo - ¡ven por tu abrazo! -.

Caminé a lo largo de la recamara envuelto en un ataque de nervios, pero afortunadamente el vino tinto (no yo), logró vencer ese manojo de nervios y así pude llegar hasta ella. Me recosté a su lado, y así, los dos, envueltos en un hondo y profundo silencio, finalmente nos fundimos en un abrazo, un abrazo eterno, un abrazo ¡de una hora completa!. Lo que sentí durante esos 60 minutos, durante esos 3600 segundos, simplemente no sabría explicarlo. Solo sé que durante ese tiempo, pude impregnarme de ella hasta llenar cada poro, cada célula, cada átomo de mí ser. Después de ese abrazo, su olor me iba a acompañar hasta el final de los tiempos, su respiración la sentiría en mi cuello por siempre, el latido de su corazón latiría al unísono que el mío… por toda la eternidad. Eso era lo que me había propuesto con ese abrazo, y eso era lo que había obtenido. Me llevé conmigo para siempre luego de ese abrazo, un poco o un mucho, de la esencia de Liz. Ella por su parte, solo cerró los ojos todo ese tiempo, y aunque no podría asegurar lo que ella sintió, estoy seguro que fue algo parecido a lo que yo sentí.

Cuando faltaba poco para terminar con ese amoroso enlace de brazos, recordé que ese abrazo solo era la mitad del acuerdo al que habíamos llegado. Ahora faltaba lo mejor, ese beso que durante veinte años había estado hibernado pacientemente en la esperanza, esperando tan solo a que el destino lo llamara… y el destino estaba a punto de llamarlo.

Al cumplirse la hora exacta, la alejé solo un poco de mí, y le di un beso en la nariz, cosa que a ella le causo ternura. En ese momento, la miré directamente a los ojos, y le dije - ¿te puedo dar un beso? -. Al escuchar esto, Liz volvió a abrir los ojos coquetamente y me dijo – para dar un beso no se pide permiso -.

Luego de veinte largos años de espera, ¡veinte!, finalmente mis labios tocaron los suyos. Fue un beso muy diferente a como lo había imaginado. El beso que yo pensaba sería un beso de amor, se convirtió luego de unos segundos, en un beso de pasión, un beso cargado de una fuerte dosis de erotismo, un beso deliciosamente perverso y corruptor.

De nuevo les voy a pedir que me crean… hasta ese momento, para mí los besos eran una manera muy linda de expresar el amor que yo sentía por alguien, jamás, se los juro, jamás sentí con un beso, nada que no fuera solo amor. Pero con ese beso de Liz, descubrí lo fácil que puede uno excitarse con un beso. Descubrí que con un beso, no solo estamos diciéndole a nuestra pareja “te amo”, con un beso también podíamos decir, “te deseo”.

Sé que para la mayoría de ustedes, esto que estoy diciendo les parecerá absurdo, incluso pensaran que miento, pero es la verdad. Por primera vez en la vida, un beso significo para mí, algo más que un “te quiero” o un “te amo”. Y no es que no supiera que un beso puede llegar a excitar a alguien, yo con mis parejas lo vi, pero nunca lo había experimentado en mi persona.

A ese primer beso le siguieron muchos más. La temperatura en nuestros cuerpos se elevó a tal grado, que pensé que tendríamos que arrancarnos la ropa antes de que esta se incendiase. Aquel silencio que nos había envuelto durante una hora mientras nos abrazábamos, ahora se había visto groseramente interrumpido ante el jadeo y la respiración alterada de los dos. La humedad producto de la excitación de ambos, comenzó a empapar nuestras ropas, las almohadas, y la cama misma. Por unos momentos nos perdimos en el tiempo, y nos dejamos llevar por nuestro deseo de continuar tocándonos, descubriéndonos ahora de esa manera, en la intimidad. Su manos me faltaron al respeto, las mías lo hicieron de una forma igual o más soez, pero en ese momento solo eso esperábamos el uno del otro. Mis manos se dieron gusto tacándola, desde la punta de la uña de pie, hasta el más erizado de sus cabellos despeinados… ella hizo lo mismo.

De pronto sentí la necesidad de un beso, ¡otro más!, pero ahora, de los que yo conocía. Así que nos separamos por un minuto, nos quedamos viendo hacia el techo de la recamara todavía borrachos de pasión, y esperamos a que nuestras respiraciones y algunas partes del cuerpo ahora congestionadas, volvieran a su estado normal. He de decirles que no fue fácil, pero logramos detenernos, para entonces sí, recibir uno del otro, el primer beso de amor, del amor entre los dos.

Quizás se van a sentir defraudados con mi historia, pero aquella noche no pasó nada, o a decir verdad, pasaron muchas cosas, pero de sexo… nada. Al final, la abrace por la espalda, cosa que ella me pidió que hiciera, le acaricie el pelo durante un rato, y así felices estuvimos, hasta que los dos nos quedamos profundamente dormidos.

El siguiente día fue maravilloso, hicimos vida de pareja por 24 horas. Parecía que ya habíamos vivido juntos toda la vida. Si no teníamos necesidad de hablar, no lo hacíamos. Esto cuando sucede entre dos personas que no se quieren o que apenas se están conociendo, resulta muy incomodo, pero cuando parece que toda la vida has estado con esa persona y que la conoces perfectamente, un silencio no es nada más que una parte importante de la relación… como lo son los silencios en la música.

El domingo terminó con los dos tumbados en la cama…

Queridos amigos lectores, me gustaría seguir dándoles más detalles, pero el resto de la historia me gustaría guardármela solo para mí, y sé que ustedes me van a entender, porque me conocen bien. Solo les diré, que la relación con Liz duró lo que tenía que durar, hasta que poco a poco la distancia, los tiempos, y la situación en la que nos encontrábamos los dos en ese momento, fueron fracturándola, hasta que finalmente terminó por romperse.

A ella no la he visto desde hace cinco años aproximadamente. Sé que esta bien y que es feliz. Yo, igualmente soy feliz, porque gracias a ese abrazo de una hora y de aquel paciente beso que finalmente llegó, logré cargarme de ella lo suficiente, como para llevarla conmigo por el resto de mi vida. De ella ahora solo tengo los más bellos recuerdos generados a lo largo de tantos años, de casi toda una vida. Y junto a esos hermosos recuerdos, existe un sobre blanco con una rosa roja en el interior, que permanecerá a mi lado, hasta que ambos terminemos por convertirnos en polvo, en polvo de rosa roja, en polvo de Said… en polvo de amor.

Fin.


Otro día con más calmita… nos leemos.

martes, 15 de diciembre de 2009

Un árbol, una flor, y un beso... (cap. 3)


Apenas había comenzado mi historia a lado de Gaby, cuando regresó a mi vida Liz. Como les dije al principio de esta historia, “una buena amistad puede sobrevivir a todo, incluso a un tropezón de amor”. Así que un buen día, solo el teléfono de mi casa y era ella, Liz, para decirme que había logrado entrar a la escuela que tanto quería. Yo por aquellas fechas, también había recibido una notificación, en donde me hacían saber que yo también había logrado entrar a la escuela que había elegido. Así que los dos compartíamos felicidad, por lo que había que vernos para abrazarnos y festejar el comienzo de esa nueva etapa en nuestras vidas.

Ese reencuentro tenía que ser en el mismo sitio donde unos meses atrás, habíamos decidido quizás de una forma unilateral, dar por terminada nuestra relación de noviazgo. La cita fue en el mismo parque, el Parque de las Rosas. Fue una sensación muy especial la de nuestro reencuentro. La última vez que la había visto, ahí estaba yo sentado en mi carro, viendo como Liz se alejaba de mí y se perdía en la oscuridad de parque. Ahora, estaba yo sentado de nuevo en el carro, cuando la vi venir caminando hacia a mí, entre las flores de los jardines y bajo un hermoso sol que le iluminaba el rostro y la sonrisa a lo lejos.

Bajé del carro y me adelanté un poco a su encuentro. Le di un abrazo con todo mi amor, y al momento de hacerlo, noté que elle era más bajita que Gaby, esto me recordó lo que por un instante había olvidado… que yo ya tenía una novia. El abrazo duró escasos segundos, pero fueron suficientes, para que yo supiera que ella me seguía queriendo igual que siempre, y para que ella supiera que yo igual la seguía queriendo, también, igual que siempre.

El abrazo terminó, la miré a su cara, y rápido le dije – no sabes como me da gusto saber que te quedaste en la escuela que querías -, y ella comentó lo mismo – también estoy feliz por ti, sé que te quedaste donde querías -. El único problema, es que nuestras escuelas ya no iban a ser las mismas, ahora no íbamos a poder vernos todos los días como lo habíamos hecho durante dos años en la secundaria. En seguida descubrí que ese no era el único problema como yo creía, el otro problema, el principal de todos, era que a Gaby no le iba a gustar la idea de que yo siguiera viendo a Liz, aunque fuera solo como amigos.

Gaby era sumamente celosa, y principalmente de Liz. Gaby en una ocasión me comentó, que el momento en el que ella se había dado cuenta que realmente me quería, no como amigos sino como algo más, había sido el día que yo había llegado muy feliz a contarles, que finalmente Liz me había entregado esa rosa roja que tanto esperaba. En ese momento, dijo ella, había sentido unos celos enormes, celos que fueron suficientes para hacerle ver que se había enamorado de su amigo, como yo lo había hecho de mi amiga.

Recuerdo que esa tarde, como queriendo regresar el tiempo, fuimos a Plaza Universidad a tomar un café. Platicamos por horas, reímos, nos acordamos de tantas y tantas aventuras que vivimos en la escuela juntos. En algún momento, salió en la platica el nombre de Jesús, mi amigo y compañero de ella también. Fue entonces, cuando le dije que él se había hecho novio de mi “cuasi” prima, así que ese fue el momento indicado, momento que tarde o temprano tendría que llegar, para decirle que yo por mi parte, me había hecho novio de Gaby y que estaba muy enamorado de ella… cosa muy cierta. Recuerdo que ella al escuchar esto, se puso un poco seria, pero manejó muy bien la situación, gracias a la impresionante madurez que ella tenía para su edad y que yo hasta la fecha le admiro. Me dijo que le daba mucho gusto por mí, y que ojalá y cuidara mucho esa relación, porque me veía muy feliz.

Luego, seguimos hablando de todo, con ella se podía hablar de todo. De pronto, ella miró su reloj y me dijo que ya se tenía que ir. Salimos de ahí, la tomé de la mano, y ella correspondió apretando la mía. Mientras caminaba a su lado rumbo a mi carro, sabía que ahora sí tendría el valor, el mismo que antes no tuve, para pararme, rodearle la cintura con mi brazo izquierdo, tomarle la cara con mi mano derecha, y entonces si, darle ese primer beso de amor que nunca le di. Desafortunadamente la vida no nos brinda segundas oportunidades, o por lo menos en ese momento lo creía… pero que equivocado estaba.

El recuerdo de la sonrisa y los ojos de Gaby, me ayudaron a llegar hasta el carro sin hacer alguna estupidez. Nos subimos Liz y yo, y salimos rumbo a su casa. De nuevo la dejé donde siempre, en el “Arbol de la Tormenta”. Nos despedimos con un fuerte abrazo y un beso en la mejilla, y de nuevo la vi alejarse y perderse en la oscuridad de la noche, pero ahora con la diferencia, de que estaba convencido de que no la había perdido.

Durante los casi cuatro años que duró mi relación con Gaby, yo me veía con Liz siempre a escondidas. Las necesitaba a las dos. Mi relación con Gaby era completamente hormonal, mientras que mi relación con Liz era más neuronal, pero ambas, estaban basadas en un profundo amor y cariño mutuo. Gaby en repetidas ocasiones se enteró que me veía a escondidas con Liz, lo que me trajo muchos problemas con ella. Yo siempre entendí a Gaby y le di la razón, pero nunca pude ni quise sepárame de Liz. Jamás durante esos años, hubo nada más que amistad entre Liz y yo, pero Gaby siempre pensó lo contrario. Aun así nuestra relación, la de Gaby conmigo, fue muy feliz y apasionada a lo largo de esos años.

Como todas las cosas que conozco, siempre tienen un principio y un fin. Así un día, la relación con Gaby llego a su fin y nuestras vidas tomaron rumbos distintos. Yo pronto conocí otras personas, otras niñas que formaron parte importante en mi vida. Algunas durante mucho tiempo, otras solo por un corto tiempo, pero todas ellas, tienen un lugar muy especial en mi vida, en mis recuerdos. Gaby, intento regresar en repetidas ocasiones conmigo, pero nunca funciono, así que un día, llamó para decirme que se iba a casar. A mi me dio mucho gusto porque sabía que entonces sí, nuestro capitulo se había cerrado para siempre. Luego, aun casada, seguía buscándome quizás ya solo como amiga, hasta que tuve que pedirle que ya no lo hiciera más, para evitarle algún problema con su esposo. Después de eso, ya no he vuelto a saber más de ella. Por otro lado, Liz siguió viéndose conmigo, pero siempre que reaparecía en mi vida, yo tenía una relación a la cual no podía traicionar, así que nunca hubo una segunda oportunidad con ella.

Cuando terminé la universidad, al mismo tiempo terminé la segura relación más importante en mi vida. Con esta persona, viví realmente lo que era el amor. Fue una entrega total, una confianza mutua, una fusión de sentimientos compartidos, un respeto total a la individualidad de cada uno que pronto se convirtió en la individualidad de dos, fue sin duda, el verdadero y gran amor de mi vida. Todo esto, hasta que llegó el momento de probárselo, y fue entonces cuando tuve que dejarla ir, renunciar a ella, por el gran amor que le tenía. Esto es tan difícil de explicar, que seguramente en otra ocasión le dedicare muchas letras a ello, por ahora, tendrán que confiar en lo que les digo… renuncié a ella, por el gran amor que le tenía.

Finalmente, al salir de la universidad y luego de superar la perdida del gran amor de mi vida, me encontraba libre, sin ningún compromiso sentimental y listo para seguir caminando por la vida en otra nueva etapa. Así, un buen día, recibí una llamada, al escuchar de quien se trataba, mi corazón que por un tiempo se había apagado, comenzó a latir de nuevo. Era la voz de Liz, que de nuevo regresaba a mi vida.

Platicamos de todo, de mucho, de cosas sin importancia, de cosas que nos hacían felices a los dos. Ella había terminado su carrera de Diseño Industrial, yo por mi parte, la mía. Ella estaba haciendo lo que le gustaba, al igual que yo. Ella estaba sola, sin pareja, al igual que yo. Ella seguía sintiendo emoción al escuchar mi voz, al igual que yo la de ella. Yo finalmente había madurado, ella lo había hecho hace muchos años, creo que desde que la conocí en la secundaria. Así que ahora que ya no había ningún impedimento, quizás había llegado la hora de una segunda oportunidad, quizás después de todo, la vida si nos brindaba en ocasiones especiales, esa segunda oportunidad, la cual hasta ese momento yo dudaba que existiera. Así que emocionado le dije – oye, ¿por qué no nos vemos?, me encantaría verte y abrazarte de nuevo -, ella me dijo que igual le encantaría, solo que había un problema… ¡y cuándo no!.

Liz estaba viviendo en otra ciudad, lejos de aquí. Se había ido a trabajar a Celaya. Esto sin duda que iba a ser un impedimento para podernos ver. Yo había encontrado mi primer trabajo y me mantenía ocupado incluso los fines de semana. Ella lo mismo, su trabajo no le permitía estar viajando a la Ciudad de México. Nuestra relación se convirtió en una relación epistolar, esto le daba un toque de romanticismo, cosa que nos encantaba a los dos. El recibir una carta de ella, me emocionaba a tal grado, que no veía el momento de tirarme en la cama a leerla… una, y mil veces. Cada carta que recibía era una poesía, porque siempre estaba llena de mucho de ella y de lo que sentía. En ese entonces, para nuestra fortuna, no existía el internet, los e-mails. Así que cada sobre que llegaba a mí, contenía mil cosas que irremediablemente me hacían evocar aquellas cartas que recibía de ella en la secundaria, quizás ahora no tenían una rosa roja esos sobres, pero tenían letras escritas por su puño, que valían igual o más que esa rosa roja. Podía oler su cabello a trabes del papel y sentir su mirada fija en él, al igual que la mía.

Durante mucho tiempo, seguimos conociéndonos y reconociéndonos en esas cartas. En algún momento se lo dije, le dije que la quería, que nunca había dejado de hacerlo, que había logrado a aprender a vivir sin ella, sosteniéndome solo de su recuerdo. Ella me dijo lo que yo había sabido siempre, que yo era la persona más importante en su vida, y que ella al igual que yo, había aprendido a vivir compartiéndome para no perderme.

Las cartas se convirtieron en cartas de amor, de esas que los desahuciados de amor acostumbran. Nos decíamos tantas cosas, que pronto nuestros corazones nos habían hecho a un lado para hablar entre ellos, sin la impertinencia de nuestras personas. En algún momento, la Razón pidió permiso para intervenir, y sugirió algo que parecía ser lo más inteligente. La Razón me dijo con esa voz de “Sean Connery” que tiene - ¿qué estas esperando para irla a buscar, ve por ella? -, de pronto al a voz de la razon, se sumo la voy del cuerdo de Don Juanito (mi amigo de la imprenta), y dijo – solo has lo que tengas que hacer… ¿recuerdas? -.

Yo ante dos personajes tan respetados, la Razón y Don Juanito, no tuve más que sacar una hoja blanca, y sin perder más tiempo, escribí “en 15 días que tengo vacaciones, voy para allá, espérame por favor”. Listo, todo lo que nos habíamos dicho a través de cartas, ahora nos lo podríamos decir frente a frente, y entonces sí, mis labios finalmente tocarían los suyos. Durante esos días, mis nervios estaban colapsando, yo no veía el momento ya, de subirme a mi carro e ir a su encuentro. Desde entonces yo ya era muy organizado, así que empecé a planear todo el viaje hasta en el más mínimo detalle: el hospedaje, las comidas, la ropa que llevaría, los lugares que quería visitar con ella, etc…

Faltaban solo un par de días para su encuentro, cuando recibí de vuelta, la misma carta que uno días atrás yo le había mandado. La carta venía cerrada y traía un sello, que palabras más palabras menos, decía que la persona a la cual iba dirigida la carta ya no vivía en ese lugar. En ese momento me preocupe, así que levante el teléfono y me comunique con su prima aquí en la Ciudad de México. Ella recuerdo que andaba de viaje, así que no me pudo dar información. En seguida, decidí llamar a Liz a su trabajo, ya que en la casa de huéspedes donde vivía no tenía teléfono. En el trabajo me informaron que ya no trabajaba ahí y que no me podían dar más datos. En ese momento sentí, que ahora si la había perdido para siempre, sin embargo, me seguía pareciendo muy extraño que no se hubiera despedido de mí.

Por unos días estuve muy triste y preocupado, hasta que un día al regresar del trabajo, me encontré con un sobre, enseguida busque el remitente y efectivamente era de Liz. Corrí a la privacidad de mi cuarto, y abrí el sobre. En la carta me explicaba que había renunciado a su trabajo para irse a estudia a Londres. Cuando leí esto, me di cuenta que ahora si la distancia iba a ser un real impedimento para nuestro amor. Yo conteste la carta, diciéndole que estaba a punto de irla a buscar a Celaya, cosa que ella dudo. No tuvimos más que seguir con nuestra relación epistolar ahora trasatlántica. Sin embargo, la distancia como suele ocurrir en los grandes amores, hizo que este floreciera más y reforzara lo que sentíamos uno del otro.

Había pasado más de un año, cuando de pronto la Razón volvió a intervenir en mi vida. De nuevo esa voz de hombre maduro lleno de sabiduría y con acento ingles, me dijo - ¿qué estas esperando para irla a buscar, ve por ella? -. Eran las mismas palabras que había escuchado de la Razón hacía más de un año, solo que ahora la distancia que nos separaba era mayor. Pero al igual que en aquel entonces, Don Juanito y su recuerdo, decidieron unir fuerzas para convencerme de lo que tenía que hacer. Don Juanito me volvió a recordar aquello que me enseñó en la preparatoria, así que de nuevo escuché cuando me dijo - solo has lo que tengas que hacer… ¿recuerdas? -.

Lo tenía claro, esto iba a representar un mayor esfuerzo pero valía la pena. Así que comencé a planear mi viaje a Londres y a juntar el dinero suficiente… nada me lo iba a impedir, así tuviera que vender uno de mis riñones para conseguirlo. De nuevo planee todo, hasta el más mínimo detalle, incluso había escogido el lugar donde sería nuestro encuentro, donde mis labios tocarían lo suyos por primera vez. Ese lugar sería el Puente de Waterloo. Yo que soy un amante del cine, de los clásicos del cine, de las películas románticas, en alguna ocasión había visto una película con Robert Taylos y Vivien Leigh, que se llamaba así, “Waterloo Bridge” (El Puente de Waterloo). Así que me pareció muy romántico el lugar para reencontrarme con ella. Seguro que si hubiera vivido en New York, hubiera escogido el mirador del “Empire State Building” para nuestro encuentro, por las mismas razones (“An Affair to Remember” con Cary Grant y Deborah Kerr).

Pensé por aquellos días, que las cosas siempre pasaban por algo, y si el destino no había querido que la encontrara en Celaya, seguro que el mismo destino había escogido esa otra ciudad, para enmarcar de una forma más “espectacular”, este amor “espectacular” que nos teníamos. Pero de nuevo, el destino me jugo una mala pasada.

Faltando menos de un mes para salir al encuentro de Liz, sonó el teléfono y escuche su voz. Cuando me dijo que ya había regresado a Celaya, yo no lo podía creer… cuando le dije que estaba por salir a Londres a su encuentro, ella no lo pudo creer. La molestia que sentí con el destilo, la trasladé hacia su persona y tuvimos un fuerte disgusto. Ella me acuso de ser en pocas palabras… ¡un cobarde!. Yo solo le reproche su inestabilidad. Le dije que no podía estar siguiéndola por todos lados, que era necesario que buscara una estabilidad para poder planear un futuro a su lado. Creo que los dos estábamos enojados con el destino y nos desquitamos el uno con el otro… colgamos el teléfono enojados y pensé que ese era el fin.

Finalmente yo hice mi viaje a Londres, me paré en el Waterloo Bridge sobre el Río Thames, y estuve ahí por un momento tratando de imaginar ese momento que nunca fue. El puente que había visto en la película de 1940, obvio que ya no lucía como el que Myra (Vivien Leigh) había pisado, pero a lo lejos se veía la cúpula de la Saint Paul's Cathedral (Catedral de San Pablo), tal y como se veía en la película. El viaje fue maravilloso, aunque de la mano de Liz hubiera sido un sueño. Regresé casi un mes después a México, y seguí con mi vida.

Durante los siguientes meses, llegué a hablar con ella pero todo estaba muy frió. Cuando finalmente comenzamos a retomar nuestras largas platicas, ya en un mejor tono. Me dijo que había conseguido un muy buen trabajo en San Luis Potosí y que se iba a mudar de nuevo. Yo ya no quise comentar nada, pero por mi mente ya pasaba la idea de irla a ver a Celaya. Siguió el tiempo pasando y nuestras charlas de nuevo fueron muy cariñosas y comenzamos a ver todo lo que nos había pasado en la vida, con mucho humor. Nos reíamos de las jugadas que nos había hecho el destino y de lo increíble de nuestra historia durante todos esos años.

En una de esas platicas y después de tantos años, finalmente le conté cual había sido la verdadera razón por la que había decidido terminarla aquella noche en el Parque de las Rosas. Cuando ella supo que todo había sido por el miedo del primer beso, por primera vez en la vida, la escuche decir ¡una majadería!… claro que luego soltó una carcajada. Le comente entre risas, que yo no me quería morir sin nunca haberle dado ese beso… entonces, ella dejó de reír, hizo una pausa y me dijo – ¡pues ven por él! -. Yo todavía pensando que bromeaba, le dije, - si tan solo pudiera abrazarte por toda una hora sin soltarte y darte ese beso, creo que eso haría que hubiera valido la pena todo lo que nos ha pasado -. De nuevo ella ya muy seria, me dijo – ¡pues ven! -.

Ahora no había hablado La Razón ni Don Juanito, era ella quien me estaba diciendo lo que tenía que hacer. Así que no me quedó más que decirle – en quince días estoy ahí… por mi beso y por mi abrazo -, - aquí te espero – contestó ella.

Le dije que mañana mismo iba a buscar un hotel para hacer la reservación, pero ella me interrumpió y dijo que me podía quedar en su departamento. A mí que me gusta tanto planear mis viajes, pues de pronto me di cuenta que ya no había nada más que planear, solo había que esperar el día, llenar el tanque de la gasolina, echar un poco de ropa a la cajuela y salir a su encuentro… y así lo hice.

Llegue un sábado como a las 2 de la tarde a San Luis. Luego de preguntar por la dirección, finalmente di con su casa. Camine hasta el edificio y subí al segundo piso, el corazón me latía a más no poder y la respiración me faltaba. Decidí esperar un momento antes de tocar para recuperar el aliento. Luego de respirar profundamente y de acomodar con mis dedos un poco mi cabello, toqué a su puerta.


a esta historia le falta, así que, CONTINUARA...

viernes, 11 de diciembre de 2009

Un árbol, una flor, y un beso... (cap. 2)


Siempre he dicho que no hay acto más grande de amor, que el de renunciar a la mujer que uno ama por el bien del amor mismo. Claro que este no fue el caso, esto solo fue un acto de estupidez e impotencia, de cobardía.

Esa tarde yo la llamé y nos pusimos de acuerdo para vernos al siguiente día. Yo la había invitado al cine, pensando que esa sería mi última oportunidad para romper mi timidez y poder finalmente tocar sus labios. Recuerdo perfectamente hasta el más mínimo detalle de esa tarde. Recuerdo la plaza comercial a la que fuimos, la película que vimos, el tiempo que pasamos abrazados mientras veíamos como filmaban un comercial en una de las tiendas, todo lo recuerdo muy bien, incluso el color de la cinta que llevaba en el pelo. Lo que no recuerdo, quizás porque no quiero recordarlo, fue la excusa estúpida que puse para terminarla.

Saliendo de Plaza Universidad, luego de ver una película de Michael Keaton de nombre “Mr. Mom”, y luego de ver finalizado el comercial de Galletas Gamesa en Sears, nos dirigimos a uno de nuestros sitios preferidos… el Parque de las Rosas. Mientras estábamos en el cine, tomados de la mano, compartiendo cada una de las sonrisas que nos producía la película, yo había olvidado la intención primordial de aquel último encuentro, el de darle finamente un beso. Ahora, estábamos los dos sentados en el carro bajo un árbol, sin saber a ciencia cierta lo que iba a pasar. Se los juro que no recuerdo que dije, solo recuerdo que ella lloró, se bajó del carro, y se perdió en la oscuridad del parque. Yo no quise seguirla, no hubiera sabido que decirle al alcanzarla, así que me quedé ahí un buen rato, tan solo pensando que la había perdido para siempre… y todo por un simple beso que nunca llegó.

Los días que siguieron a aquella noche en que perdí para siempre a mi amiga, al amor de mi vida, fueron sumamente tristes para mí. En aquel momento, todo mundo notó mi estado anímico, de una felicidad que contagiaba como la peor de las pestes, mi ánimo cayó por los suelos y experimenté por primera vez, lo que era una depresión.

A la vuelta de mi casa, vivían un par de amigas, ¡de entrañables amigas! diría yo. Ellas habían sido fieles testigos, de todo mi feliz proceso de enamoramiento, y ahora, de todo mi doloroso proceso de perdida. A ellas las conocí desde la primaria, una de ellas (dos años mayor que yo), a todo mundo le decía que era casi mi prima, por la amistad que tenían entre si nuestras madres. La otra, Gaby, la más bonita, se había hecho amiga de mí, gracias a que era vecina y amiga de mi “cuasi” prima. A ella, a la bonita, le gustaba mucho uno de mis amigos de la secundaria con el que yo acostumbraba jugar tenis. Mi amigo se llamaba Jesús, así que yo bromeaba mucho con ella diciéndole que tenía “Chuchomanía”, ya que todo el tiempo quería estar hablando de él.

Cuando se enteraron de que había terminado con Liz (a partir de este momento así le voy a llamar para que no exista ninguna confusión), ellas se encargaron de hacerme sentir lo menos mal posible. En las tardes me iban a buscar a mi casa y me llevaban toda clase de regalitos, desde muñequitos de peluche, hasta pasteles que ellas mismas hacían. La verdad es que su compañía me ayudaba a pensar menos en Liz, sacaba por momentos de mi mente, la idea que constantemente rondaba en mi cabeza, de correr a pedirle perdón y buscar una segunda oportunidad.

De pronto un día, comencé a notar a Gaby cada vez más y más cariñosa conmigo. Para mí la explicación era muy sencilla, Gaby solo quería hacerme sentir bien, como lo haría cualquier buena amiga. Pero una tarde mientras platicábamos en las escaleras del edificio de mis amigas, mi “cuasi” prima que también ya había notado algo rara a Gaby, le dijo – oye tú, que rarita andas, ya ni preguntas por Jesús, ¿qué pasó con tu “chuchomanía”? -, Gaby se sonrió, me volteó a ver, y dijo – ya se me pasó la “chuchomanía”, ahora tengo… “saidmanía” -.

Mi “cuasi” prima y yo soltamos una carcajada, pensamos que Gaby estaba bromeando, así era ella, todo lo decía de broma. Pero los días siguieron y sus miradas cada vez eran más sugestivas, hasta provocativas diría yo. Un sábado cuando mi amigo y yo habíamos regresado de jugar tenis, mis amigas nos descubrieron desde la ventan de su edificio mientras tomábamos un refresco sentados en la banqueta, justo afuera de la farmacia de la esquina. Estábamos por irnos de ese lugar, cuando las vimos venir corriendo hacia nosotros. Gaby, prácticamente ignoró a mi amigo, el mismo que hasta hace apenas unos días le parecía el hombre más guapo del mundo. Se dirigió a mí, y me dijo toda emocionada – los invitamos a una fiesta en la noche, es en casa de mi tía, estamos un rato ahí y ya luego nos podemos ir a dar la vuelta… anden digan que sí -. Rápido consulte con Jesús y estuvo de acuerdo, así que aceptamos la invitación y ellas se fueron igual como llegaron, corriendo y felices. Nosotros nos despedimos, y cada quien se fue a bañar a su casa.

En la noche pasé por mi amigo y llegamos puntuales a la fiesta. Mi amigo me confesó, que le gustaba más mi “cuasi” prima que Gaby, sospechando me imagino, que las posibilidades que ahora tenía con Gaby, eran muy pocas. Salio Gaby y nos invito a pasar, era una fiesta completamente familiar, así que mi amigo y yo nos sentimos muy incómodos ante tanto adulto desconocido… ¡éramos unos intrusos!.

Ahí estábamos mi amigo y yo sentados en unas sillas, sosteniendo cada uno un refresco en la mano, soportando esa horrible sensación de incomodidad que surge cuando uno no esta con los suyos. De pronto, se acercó la mamá de Gaby y nos presentó – mira mamá, te presento a un amigo, él es Jesús -, mi amigo todo apenado contestó – mucho gusto señora -, luego dio medio paso y se puso frente a mí, - mira mamá, él es Jaime… mi novio -. Déjenme decirles que a la señora no le hizo ninguna gracia, en cambio a mí… ¡menos!. Seguro que me puse color “rojo capote ensangrentado” de la vergüenza, pero saqué fuerzas de no sé donde, y luego de ponerme de pie, le dije a la señora – mucho gusto señora, es un placer -. La señora que era mas seria que un cáncer, estrechó mi mano, mostró una sonrisa más que fingida, y luego se reintegró a la fiesta. Mi “cuasi” prima conociendo a Gaby, se moría de la risa, al ver la cara que habíamos puesto mi amigo y yo, luego de esa original introducción.

En la primera oportunidad que tuvimos, nos salimos a la calle a tomar el fresco y a que fumara la viciosa de mi “cuasi” prima. Yo todavía, pensaba que aquello que había dicho Gaby, era una de sus acostumbradas bromas, así que empecé a darle menos importancia a sus palabras. De pronto ella dijo – ¿por qué no nos metemos al coche a escuchar música? -, yo con tal de no regresar a la incomodidad de esa fiesta familiar ajena a mí, acepte gustoso.

Antes de que me diera cuenta, ella ya se había sentado en la parte delantera de mi Datsun plateado (bueno, el de mi mamá), por lo que mi amigo Jesús y mi “cuasi” prima, no tuvieron más remedio que sentarse en la parte trasera. Así estuvimos un buen rato, platicando y escuchando música (seguramente mi cassette de Lipps Inc., con su éxito “Funky Town”). Ahora bien, déjenme decirles que por aquellos días, yo era un puberto inseguro, que todo el tiempo estaba buscando un look que me hiciera ver más “cool”, así que no sé de donde había agarrado la manía de sostener todo el tiempo en mi boca, ¡un cerillo!, cosa que según yo, me hacía ver muy sexy. Pues ahí estaba yo sentado junto a Gaby escuchando música y la siempre divertida platica de mi “cuasi” prima y mi amigo Jesús, cuando de pronto ella, Gaby, se me quedó mirando fijamente, con es mirada súper provocativa y coqueta que bien recuerdo, y me dijo en tono amenazante - ¡ya me tienes harto con tu cerillito!, o lo tiras, o te lo voy a quitar yo… -, luego hizo un pausa, intensifico su mirada provocativa, y termino la frase diciendo - ¡con la boca! -.

En ese momento, no he de negarles que me sentí sexy, muy sexy… ¡súper sexy!. Pero de nuevo, yo pensé que todo era parte de un juego, incluso pensé que intentaba llamar la atención de mi amigo Jesús, quizás solo quería darle un poco de celos. Entonces comencé a reír burlonamente ante tan infantil amenaza, pero esa risa burlona de pronto se vio interrumpida, cuando escuché a mi “cuasi” prima decirle a Jesús – vente, acompáñame, me quiero fumar un cigarro -. Como sabían que yo no permitía que fumaran en el coche, ella muy conciente, cada vez que quería fumar, se salía del coche y así me evitaba una discusión con mi madre, a la cual no le gustaba la idea de que su hijo adolescente fumara. Así que de pronto, nos quedamos solos en el coche, Gaby y yo.

Entonces, comencé a sentirme algo nervioso, ya que ella insistía con esa mirada, con esa mirada que hacía que comenzara a sentir una especie hormigueo en algunas partes de mi cuerpo. De pronto, así sin más ni mas, ella me dijo - ¡te lo advertí! -, y antes de que yo pudiera reaccionar, comenzó a acercarse lentamente hacia mí, hasta quedar prácticamente subida en mis piernas. Al ver que ella comenzó a acercar su boca a la mía, yo intenté echar atrás lo más posible mi cabeza, pero esta topó con la ventanilla que estaba cerrada. Recuerdo perfectamente, que lo único que hice, fue cerrar lo más fuerte posible los ojos, y esperar a que no lo hiciera. De pronto, el hormigueo que sentía, en una fracción de segundo, se transformó en una fuerte descarga eléctrica, justo cuando su labio superior rozó el mío al momento en que ella mordía el cerillo que descansaba en mis labios, para luego finalmente arrebatármelo. Solo fue una fracción de segundo lo que duró el contacto de su labio con los míos, pero fue suficiente, para que yo haya experimentado esa sensación indescriptible, que solo se obtiene, del primer beso de amor.

Recuerdo que pensé en ese momento, que cuanto antes debería de poner un nuevo cerillo en mi boca, para volver a experimentar esa cosa tan maravillosa que acababa de vivir. Apenas lo estaba pensando, cuando sentí de nuevo sus labios tocar los míos, esta vez, para perpetuarse por una eternidad, en mi segundo beso de amor. Mi reacción fue distinta, ahora mis dedos se habían perdido en los caracoles rojos de su cabello, al tomarla por la cabeza. Ahora su corazón latía más rápido que el mío y la respiración entrecortada no era la mía, era la de ella. Ahora los labios que buscaron ese tercer beso de amor, fueron los míos, no los de ella, los suyos solo se prepararon a recibir los míos, una y otra vez.

Todo había sido muy rápido, de pronto ya tenía novia, y luego de pronto, ya le había dado el primer beso. Eso era maravilloso, mi amiga se había convertido en mi novia, y lo más maravilloso, el primer beso ya estaba dado. Entonces, ¿que seguía?...

Lo que siguió queridos amigos y amigas, fueron cuatro de los años más felices de mi vida a su lado. Gabriela terminó por convertirse, en mi primer y verdadero gran amor. Yo con dieciséis años, y ella con quince, comenzamos a descubrir juntos, todas las formas en que puede manifestarse y expresarse el amor… ¡todas!.

Nuestra relación fue sumamente intensa, no sé si por el carácter de los dos, o por la falta evidente de madurez de ambos, pero siempre estuvo salpicada de mucha “pasion”. Los celos entre los dos fueron casi “enfermizos”, al mismo grado de nuestro amor casi “enfermizo”. Y esto se vio agravado, cuando de pronto un día, Liz decidió regresar a mi vida.


a esta historia le falta, así que, CONTINUARA…

* La foto que aparece arriba, muestra el sitio exacto en el que descubrí por primera vez, lo que era un beso de amor.

martes, 8 de diciembre de 2009

Un árbol, una flor, y un beso... (cap. 1)



En el tema del amor, todos tenemos nuestra propia teoría. Para mí, el amor no es para siempre; para otros, el amor simplemente no existe; y para otros más, el amor puede llegar a ser eterno. En este caso, mi intención no es descubrir quien tiene la razón, yo tan solo me propongo contarles una historia, que eso sí… tiene algo o mucho de “amor”.

Antes de comenzar tengo que hacer la advertencia de siempre, “si a usted amigo lector le causa escozor o empalago este tipo de relatos, pues absténgase, seguro que pronto regresaré a las mamarrachadas que acostumbro escribir, para deleite de usted”. Bueno, una vez echa esta advertencia… pues a darle.

¿Alguna vez han escuchado eso de que, “nunca te enamores de un amigo, porque puedes echar a perder una bonita amistad”?. Yo lo he escuchado, cientos de miles de veces, pero el hecho de que lo haya escuchado, no quiere decir que haya hecho caso de esta máxima de Erich Fromm (mentira, Fromm nunca lo dijo, pero seguro lo vivió).

A ver, usted que me lee, dígame una cosa, ¿qué mejor manera hay de conocer a una persona, que siendo su amigo?, y ¿qué mejor manera de evitar sorpresas en una relación, que conociendo bien los defectos y las virtudes de dicha persona?. Créame, una buena amistad puede sobrevivir todo, incluso un tropezón en el amor, así que no hay porque no tomar el riesgo.

De nuevo, usted que me lee, dígame, ¿una verdadera relación de amistad, no es en sí, una relación sentimental, ya que no se puede negar que en la amistad también están involucrados los sentimientos?. Entonces, ¿qué es lo que hace diferente una relación de amistad, a una relación sentimental?. Para mí la respuesta es muy simple, ¡prácticamente nada!, si a caso, cuando mucho… el intercambio de ciertos “fluidos corporales”.

Bueno, pues gracias a esta filosofía mía que seguro acaba de escandalizar a muchos y sobretodo a muchas, mis relaciones sentimentales con “intercambio de fluidos”, han sido sin duda, la cosa más maravillosa que me ha pasado en la vida (quitando el hecho de ser padre, por su puesto). Con esto no estoy diciendo que todos nuestros amigos se tienen que convertir en nuestras parejas, claro que no, precisamente esto gracias a que los conocemos bien, y sabemos que esperar o no de ellos. Tampoco estoy diciendo, que esto asegure que nunca nos vayamos a llevar una desagradable sorpresa en la relación, ya que la gente constantemente cambia, por lo que uno nunca termina de conocer a las personas que nos rodean. Pero de que es más probable que una relación de este tipo funcione, comparada con una relación en donde sabemos poco de la otra persona, creo que eso es innegable. De cualquier modo, en estos temas del amor y el desamor, todos están en libertar de escoger el camino que deban seguir, en busca de su anhelado verdadero amor.

Luego de esta pequeña introducción con la que seguro no estarán de acuerdo, ahora sí procedo a compartir con ustedes, una historia de amor… una de mis historias de amor.

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La conocí en segundo de secundaria, tendríamos como 14 años. Ella era mi mejor amiga. Si era muy bonita, pero tenía algo más que a mí me llamaba la atención, era inteligente, risueña, a veces un poco introvertida, de carácter enérgico y en ocasiones voluble, en pocas palabras… muy parecida a mí. Ella me contaba todo lo que le pasaba, lo que sentía, sus problemas y sus alegrías, y yo en justa retribución, hacía lo mismo. Nuestra amistad día a día iba creciendo, y como ocurre a esa edad, nos hacíamos regalos, nos escribíamos cartas, y nos escapábamos del resto de nuestros amigos, para estar solos más tiempo.

El tiempo pasó, y de pronto ya estábamos a pocos meses de salir de la secundaria. Fue empezando el año, cuando empecé a experimentar un sentimiento que nunca antes había tenido… no era amor, eran celos. Ella por su parte, comenzó a sufrir esa misma y extraña sensación, sensación que sentimos, justo cuando tememos perder lo que queremos, lo que amamos.

Había una niña en el salón, que comenzó a mandarme todo tipo de señales para que yo que era un ciego, me diera cuenta que le gustaba. Por su puesto que en el salón de clases, yo fui el último en enterarse de los sentimientos de esta niña. Ella era muy diferente a mi amiga, ella era más extrovertida, más chacotera y también muy risueña.

Mi amiga comenzó a sentir celos, y aunque ella creía que yo no lo notaba, era difícil disimularlos. Yo, torpemente entré en el juego de la otra niña y comencé a coquetear inocentemente con ella, aunque para esos días, mi corazón ya le pertenecía completamente a mi amiga.

En una de esas muchas pláticas que tenía con mi amiga, un día me explicó cual era el significado del color de las flores, en particular de las rosas, ya saben: amor, amistad, etc. A los pocos días de esa plática, recuerdo muy bien que yo estaba pasando unos apuntes sentado en mi lugar, cuando alguien tocó mi hombro. No necesité voltear para ver de quien se trataba, mi amiga se sentaba siempre justo atrás de mí, así que era obvio que se trataba de ella. Sentí que se acerco a mi oído, y en voz muy baja buscando que nadie se diera cuenta, me dijo – toma, es una carta, ten cuidado porque adentro viene una flor -. Rápido la metí a mi mochila, y entonces, creo que el tiempo se colapso, se detuvo. Faltaban todavía dos clases para salir, fueron eternas, parecía que el tiempo no avanzaba. Yo solo deseaba en ese momento, correr fuera de la escuela hasta donde nadie me viera, y ver lo que decía la carta, pero principalmente, lo que ansiaba, era ver el color de esa flor.

Por fin, se escuchó el tercer toque que marcaba la salida de los grupos de tercer año. Recuerdo perfectamente que aquella noche no me despedí de nadie, ni siquiera de los amigos con los que acostumbraba caminar de regreso a casa. En ese momento, yo solo buscaba un poco de privacidad para abrir ese sobre. Mi intención como les digo, era llegar afuera de la escuela y perderme en la oscuridad de la noche, en busca de la intimidad que brinda el tronco de un árbol o el portón de una casa, para así, de esta manera, poder descubrir cuales eran los sentimientos reales de mi amiga. Sin embargo, mi desesperación era tal, que no logré alcanzar siquiera la puerta de la escuela. Al salir del salón, caminé hacia el lado contrario que ya se encontraba completamente solo, y ahí, en uno de los pasillos y bajo la luz parpadeante de una balastra apunto de morir… decidí abrir el sobre.

Mi intención era hacerlo lo más rápido posible, para así tener la oportunidad de alcanzarla y decirle que yo sentía exactamente lo mismo por ella. Sin embargo, los nervios no me dejaban hacerlo, dudé un poco, hasta que finalmente y armado de valor, lo hice. Yo no me vi, pero creo imaginarlo, seguramente al descubrir lo que había en ese sobre, mi cara se mimetizó con el color de esa flor, de esa flor… ¡blanca!.

La verdad no lo entendía, luego de tanto tiempo de conocernos, yo estaba seguro que ella sabía bien lo que sentía por ella, y yo estaba igualmente seguro de lo que ella sentía por mí. Entonces, ¿qué había pasado?... ¿se habrá equivocado de color?, ¿yo habré entendido mal y el blanco representaba amor y no amistad?. La verdad fue inútil, no encontré nada que medio justificara el color de esa flor. La carta que acompañaba a esa flor, solo decía “aquí esta la flor que tanto deseabas recibir de mi”. Triste, muy triste, salí de la escuela y caminé de regreso a casa. Toda la noche, tumbado en la cama, confundido, seguí pensando y seguí sintiendo, hasta que finalmente el sueño me venció.

Al siguiente día, como ustedes se imaginaran, fingí estar enfermo y no fui a la escuela. No sabía como debía reaccionar con ella, que le iba a decir cuando la viera de nuevo a los ojos. Ese día desfilaron frente a mí, una bola de sentimientos encontrados que solo me confundieron más. Sentí odio, celos, tristeza, coraje, desilusión, frustración, y mil sentimientos más a los cuales el ser humano ni siquiera les ha dado un nombre. Finalmente me resigne, y decidí aceptar su decisión y no volver a tocar el tema.

A los pocos días (no había pasado más de una semana de aquel triste capitulo), la otra niña se paró frente a mí en uno de los descansos, y me dijo – Said, me gustas mucho, ¿quieres ser mi novio? -. Estaba por terminar el curso y yo nunca había tenido una novia, así que sentí que ya era hora y le dije que sí.

Perfecto pensé, ya tengo novia y ella me va a ayudar a dejar de pensar tanto en mi amiga. El único problema, el gran problema, era que yo no sentía nada por ella, más que solo una bonita amistad. Más tarde que temprano, lo supo todo el salón… ¡Said ya tiene novia!. Yo, tímido como era, me la pasaba huyendo de ella en todo momento, no quería quedarme a solas con ella porque no iba a saber como reaccionar. También por aquellos días, me enteré que mi amiga ya tenía novio, entonces comencé a entender, el por que de la palidez de esa flor. Ella, mi amiga, había conocido a un “guey” fuera de la escuela. Era mucho más grande que nosotros, feo, muy feo. Quizás ustedes se preguntarán, que tiene que ver que fuera feo o no, pues déjenme decirles que para un adolescente inseguro como lo era yo en ese entonces (y como a veces lo sigo siendo), sí tenía mucho que ver, por lo menos eso rescataba un poco de mi orgullo y mi amor propio. Quizás se había fijado en él, porque él era más grande que yo, por lo tanto mas maduro, igual que ella. También era su primer novio e igual que yo, estaba luchando por entender de qué se trataba eso de amar a alguien. Pero el problema de su relación y de la mía, es que ninguno de los dos amábamos a la persona con la que estábamos, así que eso no iba a terminar bien.

Haciendo un paréntesis en esta historia, les contaré que cuando yo viví en Chihuahua, mi padre tuvo la genial idea, de enseñarme a manejar… ¡a los ocho años de edad!. Así que para entonces, ya a los 16, mi madre me dejaba de vez en cuando llevarme el coche a la escuela. Un día de estos, en los que me había llevado el coche, mi inseparable amigo y yo, nos disponíamos a regresar a casa, cuando en mi intento por huirle como siempre a mi flamante novia, fui descubierto por ella, así que no me quedó más remedio que ofrecerme a llevarla a su casa. Rápido acordé con mi amigo que no se moviera de su lugar, el del copiloto, para que mi novia tuviera que subirse en la parte de atrás. Mi amigo que era un maldito, lo primero que hizo, fue invitarla a que ocupara ese lugar y él se pasó atrás. No era necesario que él fuera un “vidente” y supiera leer mi mente, seguro que bien sabía lo que estaba pensando, y seguro que le valía y se estaba riendo a más no poder por dentro. Entonces, pensé en dejarla primero a ella en lugar de a mi amigo, para no darle oportunidad a quedarse a solas conmigo. Todo iba bien, ya nos habíamos despedido, cuando al muy gañan de mi amigo se le ocurrió preguntar - ¿qué, nunca se han dado un beso? -. A lo que rápido mi precoz novia respondió - ¡no! -. Yo comencé a sudar frió, temía que mi amigo hiciera algo indebido, cosa que por su puesto hizo. Así que antes de que yo pudiera reaccionar, él dijo – a ver, dense un beso -. Estoy completamente seguro que cuando él lea esto, se va a atacar de la risa al recordarlo, él muy maldito no sabe en que predicamento me puso. Yo jamás había besado a nadie, en cambio ella, ya había tenido un par de novios a los cuales seguramente había besado. Y así fue queridos amigos, como tuve que dar mi primer beso, con mi querido amigo de testigo y casi metiendo su nariz entre nuestras bocas.

Finalmente ella salió de carro, mi amigo se pasó adelante y procedí a decirle cuanta majadería se me ocurrió. El, abusando del cariño que le tenía, solo soltó una carcajada y emprendimos nuestro camino a casa. Ese fue el principio de miles y miles de situaciones inoportunas que viví con mi querido amigo y de las cuales ya les contaré en otra ocasión.

Así, el tiempo pasaba, y yo seguía todo el tiempo huyendo de mi novia. Mi amiga por su parte, seguía distante de mí sufriendo igual con su novio, al cual tampoco quería. Hasta que un día, faltando menos de dos semanas para salir de la secundaria, decidí terminar con mi novia y buscar rescatar al amor de mi vida.

Solo bastó que ella me preguntara si era cierto que ya no andaba con mi novia, para que yo inexplicablemente encontrara el valor que antes no tuve. Así que luego de confirmarle la noticia que había llegado a sus oídos, solo tuve que decirle de una forma enérgica y tajante – quiero mi flor, pero no blanca, quiero una rosa roja -. Ella, me pidió que a la salida la acompañara hasta su casa, para así poder hablar con más calma. Esto me dio como una luz de esperanza, pensé que algo bueno iba a pasar, pero de nuevo yo estaba equivocado. Me dijo que ella se había comprometido con él para ser su novia y que no se merecía que ahora jugara con él, que no lo terminaría. De pronto, mi corazón interrumpió a mi cerebro (que siempre ha sido el más torpe de los dos), y encontró la manera precisa de decirle lo que ella debería de hacer. Así que la tome de la mano, la hice que me mirara a los ojos, y le dije – esta bien que no quieras jugar con él, eso lo respeto y es lo que admiro de ti, pero dime una cosa… ¿andar con él queriendo a otro, no es otra forma de jugar con él? -. Le solté la mano, me di la vuelta, y me fui a casa bajo una tormenta que hizo que me empapara, pero eso no me importó, porque algo me decía, que lo que le había dicho en ese momento, iba a cambiar las cosas.

Se atravesó el fin de semana, yo procuré no pensar en ella todo ese tiempo, cosa que por su puesto no conseguí. El sábado me fui temprano a jugar tenis con un amigo, pero estuve pensando toda la mañana en ella. Me fui al cine en la tarde con otro amigo, pero estuve pensando en ella, todo el resto del día. El domingo salí con mi familia, y por supuesto, seguí pensando en ella.

Finalmente llegó el lunes, no podía esperar a llegar a la escuela para ver cual iba a ser la reacción luego de esa plática. Cuando finalmente llegué a la escuela, descubrí tristemente que no había ido, su prima la había reportado como enferma. Pero el martes, cuando entré al salón, la descubrí sentada en su lugar, justo atrás del mío. Al verme, sonrió y bajo la mirada, yo sentí como si un rayo me hubiera caído en ese instante. A lo largo de todo ese día, casi no cruzamos palabras, de nuevo me convertí en el cobarde de siempre. Pero en la última hora, en plena clase, de nuevo sentí que toco mi hombro, se acerco a mí, y me dijo en voz baja – toma, tengo algo para ti -. De nuevo era un sobre blanco, el cual metí inmediatamente a mi mochila. Luego de unos segundos de poner atención a la clase del maestro, decidí que eso no me importaba en lo más mínimo, así que volví a abrir mi mochila y ahí adentro, abrí el sobre para descubrir en él, lo que tanto había soñado, lo que tanto había esperado. Al fin, era una flor, una rosa… ¡una rosa roja!.

En estos días, un chico de 16 años, sabe perfectamente que hacer con su novia, yo, en aquel entonces, no tenía ni idea que hacer en esa situación. Para entonces, yo apenas si había besado en un par de ocasiones a mi novia primera, y eso porque fui literalmente forzado a hacerlo. En fin, en ese momento no quise pensar en eso, solo di la vuelta, la mire a los ojos y le dije todavía incrédulo - ¿es en serio? -, ella por su parte, igual o más tímida que yo, solo asintió moviendo la cabeza.

Recuerdo que aquella noche, la esperé emocionado a la salida. Ella me vio, se despidió de sus amigas y caminó directo hacia mí. Le dije - ¿quieres que te acompañe a tu casa? -, ella dijo que sí y comenzamos a caminar rumbo a su casa, en un mágico acto de levitación en pareja, prácticamente sin tocar el suelo con los pies. Yo como todo un caballero, le pedí su mochila y la puse en mi hombro mientras caminábamos en dirección a su casa tomados de la mano. Yo estaba sumamente nervioso, sabía que al llegar a su casa tendría que despedirme de ella, y temblaba solo con la idea de tener que darle un beso… mi primer beso de amor.

Nos paramos a unos metros de su casa bajo aquel famoso árbol, justo en donde había platicado con ella, aquella noche de tormenta. Comenzamos a platicar, yo buscando alargar el momento de la despedida. En el camino, la había tomado de la mano y eso había hecho que mi nerviosismo creciera, hasta el punto en que pensé que iba a morir de amor (o de un infarto, para efectos médicos y prácticos). De pronto ella vio su reloj y me dijo – ya me tengo que ir o se van a preocupar en mi casa -, yo respondí solo moviendo mi cabeza. Entonces, cuando ella se inclino para despedirse, perdí esa gran oportunidad y lo más que hice, fue darle un beso en la mejilla. Ella se dio la vuelta, caminó unos cuantos pasos, y finalmente a lo lejos, la vi entrar a su casa. Entonces, en ese momento, yo sentí el deseo y la necesidad de golpear mi cabeza contra el árbol, como un justo castigo por el tremendo error que había cometido.

Los siguientes días a su lado, eran maravillosos, hasta que llegaba el momento de despedirnos, entonces de nuevo, inexplicablemente, no me atrevía a darle un beso. Esto comenzaba a ser muy incomodo, tanto para ella como para mí. Yo no encontraba el valor para hacer algo tan sencillo, tocar sus labios con los míos… ¡qué tan difícil podía ser esto!.

Al cabo de unos días, terminaron las clases y fue más difícil verla. Su padre era sumamente estricto y no fácilmente le daba permiso de salir. Las pocas veces que nos llegamos a ver ya fuera de la escuela, pasábamos las horas felices platicando, así, tomados de la mano. Pero siempre que el tiempo se terminaba y llegaba el momento de despedirnos, yo sufría a tal grado, que tuve que tomar la peor de mis decisiones hasta ese momento… la de terminarla.


a esta historia le falta, así que CONTINUARA...



* EL ARBOL QUE APARECE AL PRINCIPIO, ES EL ORIGINAL ARBOL DE LA TORMENTA.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Gastando mi domingo en el "estanquillo" de la esquina...


Cuando yo tenía 9 o 10 años de edad, recuerdo que mi Inmortal Abuela me daba cada semana, una monedota de ¡5 pesos de domingo!. Con esa impresionante cantidad de dinero, corría al “estanquillo” de la esquina, a comprar los “víveres” que me iban a acompañar a lo largo de toda la tarde del domingo. Imagínense el poder adquisitivo de entonces, que con esos 5 pesos, yo podía comprar tal cantidad de cosas, que la encargada del “estanquillo” (la tiendita), tenía que darme una “bolsita” para podérmelas llevar a casa. El problema de cada semana, era el poder decidir que golosinas me iba a embutir en el transcurso del día. Seguro se han fijado, que a los niños de esa edad, todo lo que ven en la tienda les gusta. Pero con el tiempo, nosotros los adultos, cuando nos paramos en una tienda, solo vemos: harinas refinadas, saborizantes artificiales, edulcorantes, pintura vegetal, sodio en gran cantidad, y mucha mucha azúcar y grasa. Pero en ese entonces, como les digo, yo era un crío al cual nada de esto le importaba, entonces, simplemente me dejaba llevar por mi instinto y mi intuitiva ¡tripa!.

Haciendo un ejercicio de memoria, de esos que me chiflan y a los cuales los amargados les llaman despectivamente “nostalgia”, me puse a recordar qué era lo que me gustaba comprar en esos años y que ahora difícilmente encuentro en el estanquillo (ahora OXXO) de mi calle. Seguro que si ustedes al igual que yo, son unos “adultos contemporáneos en avanzado estado de putrefacción”, los recordaran con “nostalgia”:

- En la Sección de Chicles (la preferida de mi dentista), se podían encontrar los todavía hasta hace poco famosos chicles “Motitas”. Otros tan populares como estos, eran los chicles “Canguro”, que seguro muchos recuerdan. Pero los que a mi me chiflaban, eran los chicles de “Superman” y de “Batman”. Estos chicles eran cuadraditos, y lo genial era que venían envueltos en una papelito que por dentro tenía un mini comic, con una historieta de Superman o de Batman. No podemos dejar de recordar los famosos chiclosos “Kory”, que sin duda fueron el terror de muchas amalgamas mal puestas por los dentistas. De mis preferidos eran los “Sugus”, que por cierto, yo tenía la habilidad de lograr meter todos los “Sugus” que venían en el piquetito a mi boca, ¡al mismo tiempo!… ¡mmm!. Mas tarde, ya cuando yo era un poco mayor, salieron los famosos chicles “Futy Gom”, con el famoso “Villano Reventón” en sus comerciales. Otros chicles de los que casi nadie se acuerda, son los chicles “Flecha”. No olvidar los chicles “Bubbaloo” con centro liquido.

- En la Sección de Polvitos había unos sobrecitos que se llamaban “Correcaminos”. Era un polvito agridulce muy sabroso y venia en varios sabores (piña mi preferido). Por su puesto, seguro que estan pensando en los adictivos “Salim”, “Miguelito” y “Chamoy”. El “Chamoy” se podía conseguir liquido o en polvo. Seguro que la mayoría lo preferíamos en polvo, de esta manera, podíamos introducir en el paquetito una rica paleta de dulce previamente babeada, y así darle un rico toque picosito.

- En la Sección de Dulces, recuerdo entre tantos, a mis queridas “Cerbatanas”. Eran unos popotes llenos de chochitos, los cuales depositaba en una bolsita para usarlos como “arma de fuego de alto calibre” en contra de los glúteos de mis latosos primos. También habían unos dulces marca “Bocati” bastante sabrosos. Otros de mis preferidos eran los “Selz Soda”, que tenían en el centro un polvito bastante vacilador y efervescente. Las paletas “Tutsi Pop” con su chiclote en el centro y que aun se venden, también eran muy solicitadas. De esta misma marca eran los Tutsi Roll, unos chiclosos largitos y muy sabrosos. Uno de los dulces que más extraño y que inexplicablemente desaparecieron, eran los “Salvavidas” (si no tienen hoyo, ¡no son salvavidas!). Para hacer “caras” mientras nos los comíamos, estaban las “Aciditas”. También me acuerdo de las famosas “Palelocas”, con una carita dibujada en su envoltura. Unas pastillitas que no recuerdo su nombre, pero que venían en una bolsita y tenían la forma de corazoncitos, también eran indispensables. De las paletas de dulce, como olvidar los “Chupirules”, que tenían la capacidad de deformase y alargarse en la medida que los íbamos chupando. Picoso y acidito era el “Pulparindo”, y con gusto vi que aun existen, ya que en una fiesta infantil los descubrí en las bolsas de dulces que dan a los niños.

- En la Sección Fría, no podían faltar las “Congeladas”, que fueron las precursoras de los actuales “BonIce”. Habían unas paletas muy buenas que se llamaban “Vampiro” de “Bambino”, eran ideales cuando hacia calor. Incluso había unas paletas “Bambino” que tenían chicle en la parte de adentro. De esta sección fría, a mi me encantaban los “Raspaditos” de “Holanda”, que venían como en un triangulito y que terminaban por pitarte la lengua de colores (sobretodo el de uva, mi preferido).

- En la Sección de Chocolates, el rey de todos era el “Carlos V”. Más adelante salieron el “Cacahuatoso” y el “Cajetoso”, que eran ya mas sofisticados que la simple barra de chocolate con leche que era el “Carlos V”. Los pirrurris, acudían al Sanborn´s a comprar los chocolates “Tecolote”, “Cocolete” y “Manicero”. Unos que a todos les gustaban, eran los “Kranky” de “Ricolino”. Había un chocolate que a mí nunca me gusto, como que me dolían las muelas cuando lo comía, se llamaba “Toblerone”, y también se encontraba mucho en las dulcerías de los cines (como en el “Dorado 70”, el “Pedro Armendáriz” o en el “Manacar”). Otro que odiaba porque se me pegaba en las muelas, era el “Almonris”.

- De la Sección de Pastelitos y Galletas, recuerdo el “Negrito” de “Bimbo”, que no era más que un pan sin chiste cubierto de chocolate, el cual por cierto, odiaban los miembros activos del Ku Klux Klan. Los adorados “Tuiky Wonder” que hace mucho no veo, eran muy buenos y además venían con personajes de Hanna Barbera o cochecitos para armar. Yo siempre preferí los “Tuinky” a los “Submarinos”. Los “Flipys”, venían cubiertos de chocolate y en la envoltura aparecía un delfín con gorra de marinero. Otros de mis preferidos eran los “Bombonetes” y las galletas “Plativolos” de “Marinela”. Por su puesto que mis preferidas desde entonces ya eran los “Triki-Trakes” de “Marinela”. Los “Gansitos” venían con un palito de madera para meterlos al congelador y luego comérnoslos como paletas.

- En la Sección de Frituras, recuerdo como me encantaban las “Pizzerolas” de “Sabritas”, redonditas y con sabor a queso y tomate. El resto de las frituras de “Sabritas” y de “Barcel” creo que aun existen, por eso no nombraré más. Las frituras de “Cazares” siempre fueron geniales por el chilito que le ponían.

- En la Sección de Refrescos, ¿recuerdan la “Fiesta Cola”?, gacha gacha gacha, nunca pegó. Las preferidas de los niños, eran sin duda las “Chaparritas”. Las originales que venían en unas botellas chiquititas y pachonas, se podían encontrar en varios sabores (de nuevo piña era mi preferida). Todavía, hasta hace poco, en los carritos de hotdogs las podíamos encontrar en su botella de vidrio, ahora creo que ya solo las hacen en botella desechable. Este refresco junto con los “Boing” de triangulo ¡con popote!, eran la bebida oficial en las fiestas infantiles (el “Frutisi” todavía ni existía). También podíamos encontrar en los refrigeradores, los exquisitos “Pato Pascual” (ya se veía venir mi amor por el Pato Donald). El “Orange Crush” venía en su botella de vidrio con “estrías”, y todos estarán de acuerdo conmigo, que cuando cambió la botella cambió el sabor. Otros refrescos corrientitos pero muy ricos que podíamos encontrar, eran el “Trébol”, los “Jarritos”, la “Lulu”, el “Titán” y cuando íbamos de vacaciones a Acapulco, la “Yoli”. Estos aun existen y de vez en cuando nos podemos tomar uno para recordar. La “Mirinda” hizo su aparición por aquellos años, en una botella grande y larga para los sedientos como yo. ¿Recuerdan el anuncio donde salía una chica estilo la Mujer Maravilla cantando “soy Mirinda y te vengo a refrescar…”?.

- En la Sección Prohibida para Niños, estaban los cigarros y las cervezas. Recuerdo unos cigarros que fumaba mi mamá que se llamaban “Kent”, tenían un curioso hoyito en el filtro. La gente viciosa pero sin varo, tenía que fumar “Carmencitas” (este nombre seguro tiene que ver con la ópera de Bizet). Otros igual de baratos, eran los “Faros”, “Alas”, “Tigres” o “Delicados”. Mi Inmortal Abuela, le metía a los “Winston” y mi padre a los “Raleigh”. Mi tío que era más exótico en sus gustos, fumaba “Phillips Morris”, y luego cambio a “John Player Special”. Por otro lado, existia una cerveza de nombre “Brisa”, la cual anunciaban Pompín Iglesias, Mauricio Garcés y Flavio. El eslogan de esta cerveza era “Brisa... ¡que bien cae!”. Otra cerveza que se consumía por aquellos tiempos, era la “Bavaria”, que creo igual desapareció.


En fin, creo que por hoy fue suficiente ejercicio mental. Ahí les encargo que si ustedes recuerdan algo que se me haya pasado, me lo hagan saber para enriquecer mi “golosa” y “nostálgica”… memoria.

Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota. Dedicado para otro incurable enfermo de “nostalgia” como yo, mi amigo Jorge M.