lunes, 30 de noviembre de 2009

Tarde de Toros... Tarde de Corajes!!!


Tres de la tarde y todavía no llegan a mí, mis deliciosas empanadas argentinas de carne. Parece ser que el indispensable “chimichurri” no termina de madurar, y por eso es que no me las han traído aun. El tiempo poco a poco comienza a agotarse, lo bueno es que no estoy lejos de la Plaza, digamos a unas tres cuadras. Por la ventana veo pasar a borbotones a los aficionados, y atrás de ellos, o adelante, o a un lado, o por todos lados, a los “pseudoaficionados”. En la bolsa de mi camisa junto con un buen puro, aguardan ya impacientes mis boletos de barrera de 357”ava” fila (para mayor referencia, abajito del reloj). Hoy no hay tinto en la mesa, hoy hay una cerveza que será la primera de muchas más que vendrán en la Plaza. Al fin, se aparece el mesero con mis empanadas, el corte, ese será para otra mejor ocasión, no quiero llegar a bajar tanta escalera con la digestión aun en ciernes. Pronto mi taurina acompañante y yo, devoramos las minúsculas empanadas y apuramos nuestras cervezas, al mismo tiempo que pedimos la cuenta para ahorrar tiempo. Pago, recojo mis indispensables binoculares de la mesa, el celular, y salgo con rumbo a la “Monumental”, ansioso de que de comienzo ya la tarde taurina.

Mientras camino rumbo a la plaza, observo cuidadoso eso que hace tan entrañable y única a la fiesta brava: los revendedores, las personas que ofrecen puros de baja calidad, los policías desviando el tráfico, los puestos de comida y recuerdos, los aficionados previamente disfrazados de taurinos, y todos esos detalles que convergen en ese sitio donde dos toreros se jugaran la vida en la arena.

Llego a la puerta, y luego de saludar a un par de amigos que esperaban ansiosos al tercero con los boletos, finalmente entro a la Plaza que ya huele a “sangre y arena” (frase cinéfila hurtada descaradamente por mí). Antes, platico con el responsable de revisar lo boletos, que al igual que yo, muestra su enfado con el diseño de los nuevos boletos. Le expreso mi molestia con el nuevo diseño, ya que antes y durante muchos años, los boletos lucían una hermosa estampa taurina, lo que los volvía tentadoramente coleccionables. Ahora, y gracias a “Ticketmaster”, lo único que se puede admirar en los modernizados boletos, es un trinche código de barras que solo inspira a la destrucción inmediata del mismo.

Al pasar junto al túnel rumbo a mi destino final, veo llegar a uno de los toreros. En esta ocasión es tanta la gente, que no alcanzo a distinguir de quien se trata, sin embargo, mi instinto me dice que es Arturo Macias… mi instinto, y la emoción que causa en un grupo de señoritas que exaltadas parecen escurrir ante su presencia.

Al fin estamos instalados en nuestros lugares. Por costumbre observo a mi alrededor en busca de algún amigo o por lo menos conocido, como siempre, me doy cuenta que estoy rodeado de cuarenta mil desconocidos, claro, solo en esta corrida, porque por lo general, somos en la Plaza: el torero, su cuadrilla, los de las “chelas”, uno que otro despistado más, y su servidor. Mientras ubico las salidas de emergencia y a los vendedores de “chelas” (cosas sumamente vitales en este momento), veo emocionado que la Plaza está por llenarse, o por lo menos los tendidos numerados. En lo alto, la banda toca hermosos pasos dobles en espera de que sea interrumpida por los “parches y metales” ordenados por el Sr. Juez de Plaza.

El reloj monumental de la Plaza marca las cuatro en punto. Luego de la indicación sonora del Juez, se abren las puertas para que salga el hombre a caballo y de inicio la hermosa fiesta. Los matadores toman su sitio en el ruedo, y acompañados del paso doble “Cielo Andaluz”, comienzan a partir plaza acompañados de un monumental… oleee!!!.

Los monosabios dan los toques finales a la arena del ruedo, mientras los matadores sueltan un poco los músculos y los nervios, haciendo unos quites imaginarios con sus capotes aun inmaculados de sangre. La gente sigue ocupando sus lugares, apresurándose antes de que brinque el primer toro al ruedo.

De pronto, suena mi celular, la pantalla muestra que ha llegado un mensaje. Lo leo, y me doy cuenta que se trata de una amiguita “villamelón”, que sabiendo que estoy en la Plaza, decidió interrumpir de manera ordinaria, esa comunión que debe de existir entre el torero y el aficionado. Yo que soy dos o tres veces más “villamelón” que ella, le contesto, no con uno, sino con ¡dos! mensajes a su celular, con la esperanza de iniciar una amena charla taurina. Seguramente alguien más mesurado que ella y yo, le llamó la atención, por lo que decidió dedicarse el resto de la corrida, a atender a los hombres que se jugaban la vida en el ruedo, y a desatender los mensajitos sosos de su celular. Yo, al no recibir ninguna respuesta suya, levanto la mirada hacia lumbreras en busca de ella, y justo cuando la encuentro atrás de sus hermosos bigotes dalilescos, mi acompañante me llama la atención y me pide que me concentre en el primer toro de la tarde.

El mano a mano que se esta llevando a cabo esta tarde, es algo así como un confrontación entre México contra España, o para ser mas precisos, entre Aguascalientes y Galapagar. Lo cierto es que en el arte, no hay nacionalidades, hay solo arte, por lo que los “nacionalistas” o los “malinchistas”, están completamente fuera de lugar en la fiesta brava.

Solo unos minutos me bastan, para darme cuenta que estoy rodeado de puro “villamelon”. Uno de mis vecinos, con gran sapiencia le explica a su acompañante, que es de mala suerte si luego del brindis, cae la “cachucha” del torero con los machos hacia arriba. Llamarle “cachucha” a la montera del torero, ya es una señal de que el caballero no es muy diestro en esto, pero hacerlo dentro de este comentario, comprueba que el caballero no sabe nada de toros, porque este comentario, junto con el grito pelado de – ¡échale agua! – refiriéndose a la muleta en caso de que haya mucho viento, es lo único que aprenden los que poco les interesa realmente la tauromaquia. Sin embargo, estos dos comentarios siempre los hacen ver como expertos antes los ojos de un novel aficionado.

En este momento, he decidido prender mi puro, luego de que el primer toro ha sido arrastrado por las mulitas hasta su mortaja final. Mientras termino de encender con todo cuidado mi cigarro, escucho los comentarios todavía llenos de emoción de los aficionados que sedientos y hambrientos buscas satisfacer sus necesidades. Unos llaman urgidos al vendedor de cervezas, otros buscan una pizza (nada que ver), otros prefieren solo una botana, y otros simplemente hacen alarde de habilidad, al tomar a la distancia del chorro de vino que sale de su bota marca “Las Tres ZZZ” (o “Las Tres PPP” si es pirata).

En el callejón, los periodistas gráficos corren con sus cámaras en busca de la mejor imagen de una “celebridad” en los tendidos. Algunos entrevistan a personas realmente taurinas que dan su opinión precisa de lo que acaban de ver en el ruedo y de lo que resta, otros, entrevistan a las “estrellitas y famoso”, que solo acudieron a la Plaza en busca de un poco de foco para alimentar sus carreras, y claro… sus egos.

Poco a poco la corrida sigue su curso, de nuevo, los “villamelones” hacen acto de presencia, y desde el tendido uno grita - ¡música! –, mientras el diestro realizas unos pases naturales de forma impecable. Este pobre hombre ansioso de música, no sabe que en la Plaza México no existe esa costumbre, costumbre que sí se realiza en las plazas del interior de la República. Aquí, en la Plaza México, la única vez que se escucha música durante la lidia de un toro, es cuando se trata de la despedida de algún torero, entonces sí, la banda entona las notas de “Las Golondrinas” mientras el torero realiza sus últimos pases.

La noche ha empezado a caer, el alumbrado artificial de la Plaza se enciende, y hace que los trajes de luces de los toreros hagan honor a su nombre, emanando de ellos, cientos de brillos y reflejos enervantes. La arena gracias a la luz artificial, adquiere un tono casi dorado, que me hace recordar la arena particularmente dorada de la “Plaza de la Real Maestranza de Caballería” en Sevilla. Para este momento, el frió se ha dejado sentir, así que decido meterme en mi chamarra para resguardarme del clima. En lo que ayudo a que mi acompañante haga lo mismo, uno de los toreros decide regalar un toro a lo que el nunca satisfecho respetable, responde con una ovación.

Finalmente ha caído el último toro, y luego de la cachetada final del puntillero, se da por concluida la cita entre el arte y la muerte. Se acerca a mí nuestro fiel proveedor de cerveza para que salde mis deudas, cosa que hago. Como buen taurino que soy, me despido siempre de mis vecinos aficionados, luego de hacer cita para el próximo cartel. Mis amigos los “villamelones” y yo, salimos satisfechos de la Plaza comentando lo sucedido en esa tarde.

Ahora estoy ya en mi casa escribiendo esto, porque esta es la mejor manera de revivir todos esos sentimientos que quedan latentes en los apasionados taurinos como yo, por su puesto, luego de una gran tarde de toros, una gran tarde de… ¡corajes!.

No sé si se dieron cuanta o no, pero en esta ocasión, la palabra coraje no la use como sinónimo de mis famosos berrinches, sino, como un digno sinónimo… de ¡valor!.


Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota. Se habrán fijado, que en ningún momento hablé del desempeño de los dos toreros durante la corrida, por la sencilla razón, de que el arte del toreo es tan subjetivo, que todos tenemos nuestra propia opinión, y como debe de ser, la opinión más importante, ¡es la de uno mismo!.

El mamotreto de hoy, va dedicado con todo mi cariño, para mi nueva amiga compañera de pasión, de pasión por los toros. Para ti Rebeca, con todo mi cariño.

jueves, 26 de noviembre de 2009

En la salita de espera


Espulgando en una de mis chingomil libretitas de apuntes, me encontré con una serie de “observaciones” que hice el otro día, mientras esperaba… ¿en dónde creen?, pues en una “sala de espera” (obviooo), a ser atendido por mi flamante galeno de cabecera. Aquí algo de lo que escribí ese día.

Cuando uno tiene en casa a una ciruelita entrada en años (muchos) como es el caso de mi sacro santa, no es extraño que de vez en vez, uno de sus múltiples achaques se ponga loco y nos haga salir corriendo al doctor. Este fue el caso. Resulta que la interfecta, una buena mañana pidió mi auxilio porque decía que todo le daba vueltas. Luego de interrogarla para cerciorarme si no se había ido de juerga el día anterior y había logrado evadir el alcoholímetro, me di cuenta que no era el caso, que se trataba de algo relacionado con el vértigo o el “vaguido”.

Yo que soy más nervioso en estos casos que una quinceañera con retraso de tres semanas, lo único que se me ocurrió, fue llevarla en carácter de urgente, a ver a nuestro “dotorcirto” de cabecera. Ella, mi sacro santa, que es más calmada y ecuánime que yo, me pidió que por favor le tomara la presión. A mí siempre me ha parecido una reverenda incongruencia (iba a decir pendejada pero ya no quiero ser tan pelado), el tomarle la presión a los enfermos, sobretodo cuando nadie que no sea un doctor, entiende lo que significa una u otra lectura de dicho aparatejo. Mucho menos sabemos como tratar una presión alta o una baja, según sea el caso. De cualquier forma, yo obediente, procedí a tomarle la presión, solo para comprobar lo que les acabo de decir (que no les extrañe, yo siempre tengo la razón). Resulta que el aparatejo que compré en Sangron’s, me indicó que la presión alta estaba alta, y la que presión baja… adivinaron, ¡estaba baja!… ¿¿o sea??.

- ¿Hijo, tú cómo ves, qué me tomaré? – me preguntó mi madre bohemia, a lo que yo respondí – lo único que puedes tomarte… son las cosas con calma, así que deja y saco una cita con el Dr. Campos Licastro para que te cheque -. Debo aclarar que no se llama así el doctor de la familia, pero como a mí se me figura mucho un doctor muy famoso que había en la Plaza México y que era un fregonazo para reacomodarle las tripas a los toreros caídos en faena (ejemplo: Antonio Lomelin), pues así le digo de cariño, aunque para el resto de la familia, es el respetable Dr. “Chapatín”. La enfermera/recepcionista contestó a mi llamado y luego de preguntarme amablemente – ¿y cómo está la familia? -, pregunta por cierto harto estúpida, ya que si le estoy llamando es por algo, procedió a darme una cita puntual a las 12 del día.

Cargué prácticamente en calidad de bulto a mi sacro santa hasta donde se encontraba mi hermoso Corcel Negro, y emprendí camino hacia el nosocomio, donde seguro me iba a aguardar mi querido discípulo de Hipócrates, para quitarle con toda su sapiencia, la borrachera a mi amada madrecita. Yo, como siempre, frío y calculador, ecuánime y tranquilo, me pasé como 15 semáforos en rojo, invadí en varias ocasiones el carril de contrasentido del trolebús, e hice girar en forma graciosa y artística sobre el asfalto, a tres “oficiales” que lograron esquivar mi presto Corcel Negro que no obedeció su señal de alto. Luego de aproximadamente 7 minutos, y no gracias a mi Ángel de la Guarda que decidió bajarse de mi Corcel Negro en la segunda luz roja que me pasé, llegué sano y salvo al consultorio de mi querido Dr. Campos Licastro.

Toqué la puerta, se abrió, llegué hasta la sala de espera, y me topé con ocho individuos que al mismo tiempo levantaron sus ojos, distrayendo por unos segundos su lectura, solo para ver quien había llegado.

- Buenos días – saludé al respetable, a lo que todos contestaron al unísono como parvulitos en salón de clase – buenos días maestro – (bueno, sin el maestro). La sala estaba llena, no había ni un solo lugar donde depositar a mi mareada madre, la cual caminaba entre la sala, como si se acabara de bajar de una lancha con fondo de cristal en caleta, o como si hubiera salido de “Arroyo” después de una novillada y dos botellas de tequila. Usando mi ya famosa mirada inquisidora, hice que un “visitador médico” se levantara del sillón de piel donde se encontraba, y le cediera de forma “cuasi voluntaria”, su privilegiado espacio vital.

Una vez ya asegurada y a buen resguardo mi sacro santa, me dirigí a la enfermera/recepcionista y le pregunté - ¿qué faltará mucho para que la reciba el doctor? -, a lo que la rolliza dama contestó – es que no ha llegado el doctor, si gusta esperar… ya no tarda -, - ¡me cago en la leche! – sin querer exclamé en voz alta, lo que hizo que todo el respetable volviera a distraer su lectura.

No tuve otra opción, que resignado ubicar mi par de exquisitos glúteos en el descansabrazos del sillón donde se encontraba mi madre, y proceder a hacer, las ya antes citadas “observaciones”:

* Se han fijado que en las salas de espera, todos están leyendo o jugando con sus celulares, pero solo aparentemente. En realidad, no pierden oportunidad para echarle un vistazo a los demás, con el único y morboso afán, de lograr adivinar la razón por la cual, cada uno de ellos tuvo que acudir al doctor. Yo no sé ellos, pero por lo menos mi ojo clínico nunca se equivoca. Así que presto, y para matar un poco el tiempo, comencé a hacer mis infalibles diagnósticos clínicos. Seguro que aquel jovenazo viene con esa muchachita, porque ya se comieron la torta, y tienen la esperanza que solo sea un simple “retrazo” común y corriente. Solo que el doctor les va a decir, que esa protuberancia que tiene en la panza la señorita, no es una torta de tamal sin digerir, y que los retrasos de tres meses y medio, ya son signo de algo más que una irregularidad en la “regla” de la damita. Aquel otro que parece vendedor de la Enciclopedia Británica, seguro que viene, porque el estar sufriendo mes con mes para alcanzar la cuota de ventas, le ha traído una gastritis ulcerativa perforativa y ¡méndiga!, que lo tiene retorciéndose de dolor día y noche. El otro caballero misterioso de la esquina, ese solo viene a consultar al doctor acerca de las hemorroides del primo de un amigo. La señora frente a mi, no estoy seguro si viene a que la revisen en su séptimo mes de embarazo, o a que le diagnostiquen una oclusión intestinal, lo que si es seguro, es que va a necesitar muy pronto, o una cesárea, o un enema mezclado con un laxante bien fuerte. Los dos caballeros que platican junto a la ventana con sendos portafoliotes, seguro son “visitadores médicos”, que orgullosos representan a alguno de los Laboratorios Transnacionales de mayor prestigio a nivel internacional (de ellos hablaré más adelante). Esa viejita apolillada de mi derecha, seguro que viene porque… ¡a no!, esa es mi madre, sorry. Por último, la encopetada con peinado de señora de Tecamachalco y tinte color “rubio dorado apaulinado”, seguro que viene por su receta mensual de Tafil o Qual, para poder lidiar día a día, con su “estrés de señora rica”. ¡Ah!, del caballero que estoy viendo en el espejo, mejor ni digo nada, porque esta tan buenote, que parece que no le duele nada.

* ¿Por qué será que las revistas que hay en las salas de espera de los consultorios, o son de cosas y equipos médicos que al mortal como un servidor no le interesan, o son el “TvNotas”, el “TvNovelas”, el “Hola”, o el “Proceso”, pero literalmente del siglo pasado?. En una de ellas estoy viendo, que se sospecha de Raúl Salinas de Gortari en el asesinato de Ruiz Massieu. Otra, trae la reseña completa de la boda de Lucerito con Mijares, en el Convento de la Vizcaínas. Otra más, habla del estreno de “Aventurera” con Carmelita Salinas y Edith González. Incluso una, hace la increíble revelación, de que existen problemas maritales entre el Príncipe Carlos y la Princesa Diana. Me cae que no entiendo por qué si cobran las consultas tan caras, no pueden encargar siquiera el “Teleguía” o el “Notitas Musicales”, para renovar y refrescar un poco su acervo literario.

* Después de revisar toda la literatura que hay en el consultorio y decidir que nada de eso nos interesa, siempre existe un “Plan B”. Me refiero a la bola de folletos y trípticos que nunca faltan en una mesita junto a una pecera o en el escritorio de la recepcionista. Lo peor que uno puede hacer, es comenzar a leer esos folletos, que normalmente hablan de varias enfermedades espantosas, y del modo de prevenirlas o diagnosticarlas. Para cuando uno termina de leerlos, uno ya se siente peor de como llegó al consultorio. Si a uno no le dolía la espalda pero leyó algo de la “Espondilitis Anquilosante”, seguro que empezará a sentir un dolorcito extraño en la espalda baja. Si nunca habíamos tenido ninguna molestia como la del primo de un amigo, luego de leer el tríptico de la Operación de Hemorroides, comenzamos a rezar porque ese dolorcillo en salva sea la parte, no vaya a ser nada grave. El folleto de la “Diabetes Mellitus”, nos causará un sentimiento de culpa impresionante, luego de recordar los 10 tacos al pastor y la gringa que nos tragamos la noche anterior, junto con dos Orange Crush y un hotcake con cajeta afuera de la iglesia. Por último, el folleto para “Dejar el Cigarro” que muestra junto con fotos e ilustraciones horribles todas las enfermedades que nos puede causar esta adicción, ¡ese sí nos vale!, de hecho, nos recuerda que somos adictos al humito, por lo que salimos corriendo a fumarnos un cigarrito en lo que nos llama el doctor.

* Regresando a los infalibles “Visitadores Médicos”. ¿Se han fijado el maletón que siempre traen consigo?. Esta maleta con rueditas que usan, es donde traen aparte de la información y los folletos impresos, las muestras de medicamentos y demás chucherías que les regalan a los doctores, para así convencerlos de que su medicamento es el mejor, razón por la cual, deben de recetarlo a diestra y siniestra, por sobre otros medicamentos más que existen en el mercado. Después de tanto tiempo de espera, a mí me gusta fantasear y pensar que de un momento a otro, uno de esos caballeros, se va a levantar y va a pedir un aplauso al respetable, para animar a que salga de esa maleta con rueditas, un muñeco de ventrílocuo simpático y peladón como a mí me gustan. Seguro que unos cuantos chistes de doctores contados por ese muñeco, harían ese momento de espera más agradable y llevadero. Pero no, eso nunca pasa, y normalmente esos individuos se están durmiendo con su “Palm” en la mano, en lo que el doctor se digna a recibirlos.

Seguía yo haciendo mis observaciones, cuando de pronto… ¡taraaaan!, apareció finalmente el susodicho “dotorcito”. Luego de saludar a la recepcionista, el galeno se dirigió al respetable – buenas tardes, una disculpa, es que tuve que operar de emergencia -, ¿operar de emergencia?... ¡madres que!. En su impecable bata blanca, resaltaba una mancha caprichosa, no precisamente de sangre, sino más bien de algo parecido a mole poblano, producto de una mala técnica en la degustación de unas ricas echiladas de mole. ¡Claro que mi teoría tenía más sentido!, no era necesario haber trabajado en “CSI” para llegar a esa conclusión, y más que a una calle del consultorio, se encontraba un “tianguis sobre ruedas” con hartos puestos de comida y antojitos mexicanos.

El doctor luego de saludar y disculparse, atravesó la salita de espera bastón en mano (les digo que ya esta bastante mayorcito, dice que tiene 72 años), y desapareció en su consultorio. Yo creo que todavía el muy canijo, llegó a echarse una “siestecita” en la mesita de auscultación, porque tardo todavía un rato en llamar al primer paciente.

Poco a poco, ¡pero muy poco a poco!, fue recibiendo a los pacientes que habían llegado antes que nosotros. En lo que el doctor llamaba a mi sacro santa, vi que entró una señora que necesitaba un Certificado Médico, entonces, escuché que la recepcionista le dijo – como no señora, si gusta esperar, en un momento la atiende el doctor y le extiende su Certificado Médico -. Inmediatamente pensé: “en lugar de su Certificado Médico, mejor que tramite el Certificado de Defunción, porque para como va el doctor, ahí se va a secar esperando”.

Luego de ¡tres horas!, y del lamentable deceso de una paciente que murió en la sala de espera, no del preinfarto que llevaba, sino de aburrimiento (mentira), el doctor finalmente llamó a mi madre - ¿la señora Doña Ciruelita? -, - aquí estoy doctor -, contestó mi madre. Y así, finalmente entramos al consultorio del compañerito de pupitre de Louis Pasteur.

Su consultorio es bien simpático, está lleno de miles y miles de figuritas de elefantitos. Por alguna extraña razón empezó a coleccionar elefantitos, así que cada una de sus pacientitas que se mejoran, gustosas acuden con el bonito regalo de agradecimiento, lo que hace que se incremente su colección día con día. Seguramente la señora que hace el aseo, cada vez que encuentra una figurita nueva, eleva una oración al cielo para agradecer a Dios por la “sanación” de una paciente, y por otro lado, mienta cuanta madre puede, porque eso significa que tiene que sacudir un elefantito más. Atrás de la inmensa silla del doctor, se encuentra una hipercolección de diplomas y reconocimientos. ¿Se han fijado como les encanta a los doctores presumir sus diplomas?... a mí me pareció ver, incluso hasta uno de un curso que tomó de “Gelatina Decorativa” y otro más de “Macramé”. A cada lado de ese cúmulo de diplomas, se encuentran dos bocinas marca “Bose”, de donde salia una voz melosa que anunciaba la estación “El Fonógrafo”. Así que mientras comenzaba el interrogatorio y el doc buscaba el expediente de mi sacro santa, aproveché para disfrutar de una bonita canción con “El Flaco de Oro” y Amparo Montes, de nombre “Azul”. En una esquina del consultorio, hay una pesa. La verdad yo no sé, ¿pa´que chingados siempre que vamos al doctor nos pesan?, si de cualquier forma, para los doctores siempre estamos pasados de peso. ¡Ah! pero esos sí, ellos lucen tremendas panzotas, que a penas si pueden abrocharse sus enormes batas blancas. No es el caso de mi querido Dr. Campos Licastro, él está muy bien en su peso, para su 1.50 de estatura (con la mascara apropiada, bien podría pasar por “La Parkita” q.e.p.d.).

Finalmente comenzó el interrogatorio. Yo tenía que hacer las veces de traductor y altavoz, porque este par de cocolitos, ya no oyen nada bien. Entonces, el doctor le pidió a mi madre que se subiera a la camita para revisarla. Lo primero que hizo, que siempre hacen, es usar un aparatejo para verle el oído. ¿Qué carajos buscan siempre los doctores en el oído?, aunque a uno le duela la panza o el pie derecho, siempre se van sobre el oído. Yo recuerdo que mi pediatra cuando era yo un “baby”, me decía que iba a revisar si tenía cucarachas en el oído, el ¡pendejo! no se daba cuenta, que como broma era muy mala, y yo siempre salía traumado de ahí, pensando que tenía infestada la cabeza de cucarachas. De todos modos, le mando un cariñoso saludo al Dr. Yoshida (ere japonés), hasta donde quiera que se encuentre, él y sus pinches cucarachas imaginarias. Pero regresando a la consulta de mi sacro santa, les diré que luego de revisarla y ver que no era nada de cuidado, procedió a recetarle chingomil medicinas, que terminaron por dejarme en la quiebra total.

Ya con receta en mano y luego de despedirnos de nuestro querido Dr. Campos Licastro, salimos por fin de ahí felices, mi madre con su receta, y yo con las bolsas de mi chamarra repletas de paletas de diferentes sabores. Pasé a pagar la consulta y me retiré con rumbo a mi Principado. Antes, hice una escala en la farmacia, donde una experta en caligrafía egipcia, luego de descifrar lo que había escrito en la receta el “dotorcito”, procedió a surtirla y a terminar por desfalcar mi ya lastimada economía.

Y como de tanto escribir ya estoy comenzando a sentir un ligero mareo, aquí le dejo, ya no quiero volver a pasar por la misma monserga sanitaria.


Otro día con más calmita… nos leemos.

lunes, 23 de noviembre de 2009

Frida Mariana




Llegaste a mi vida como llegan los cometas y las estrellas, no antes, no después, simplemente en el momento preciso. Como todo lo mejor que me ha pasado en la vida, de pronto un día me caíste del cielo. Al principio, eras tan pequeña como un trocito de hielo, un trocito de granizo. Antes no lo sabía, ahora lo sé, en algún momento te desprendiste de la estela de un cometa y decidiste llegar a mi vida.

Cuando te vi tan pequeña en mi mano, decidí que te iba a cuidar y a proteger el tiempo que fuera necesario. Para los trocitos de granizo, el tiempo necesario a veces es mucho, pero para los trocitos de granizo provenientes de la estela de un cometa, el tiempo necesario, simplemente es… el tiempo necesario.

Durante este instante de vida (la felicidad se mide solo en pequeños instantes), he procurado darte todo lo que un trocito de granizo necesita para sobrevivir en la mano de un hombre como yo, principalmente… amor. Desafortunadamente o afortunadamente, un amor como este, genera tanta cantidad de calor, que poco a poco has comenzado a derretirte frente a mis ojos, y ahora, cada vez más, me cuesta trabajo retenerte en mi mano. Así, poco a poco, has comenzado a escurrirte de mí, y estas empezando a tocar el mundo, a tocar la vida.

Sé que tarde o temprano no quedará nada en mis manos de ese hermoso trocito de granizo que un día cayo del cielo, cuando llegue ese momento, tú te habrás convertido en un arroyo que buscará su cause por la vida. El destino final de los grandes ríos, siempre tiene que ser el océano, así igual tú, tendrás que buscar tu propia ruta, tu propio cause, para finalmente alcanzar ese inmenso océano de felicidad.

El cause de los ríos frecuentemente se ve alterado por los accidentes de la vida, pero ellos, los grandes ríos, siempre buscan la manera de sortear esos accidentes para seguir adelante, ya sea modificando su curso o derrotando todos esos irremediables obstáculos. Tú que eres más grande que cualquier río conocido, estoy seguro que jamás te estancarás, y seguirás adelante hasta tu meta final. Tendrás eso sí, que cuidarte de la mano del hombre que constantemente esta ensuciando el agua cristalina de los ríos, para que tu camino por la vida, sea lo más cristalinamente posible.

Y una vez que llegues a tu meta, un Sol, tú propio Sol, te estará aguardando para calentarte de tal manera, que volverá a transformarte, para hacerte de nuevo elevar a las alturas que tú mereces. Yo por mi parte, paciente y amoroso, estaré pendiente toda la vida de tu regreso. Así, cada vez que del cielo caiga la lluvia, yo correré, levantaré mi cara, abriré los brazos, e impaciente estaré listo para empaparme… de todo tu amor y de toda tu grandeza.

Mi pequeño trocito de granizo, gracias por haber caído del cielo. Te amo...

viernes, 20 de noviembre de 2009

TELETON


Algunas veces prefiero pensar que ciertas actitudes son producto de la ignorancia, y no de la insensibilidad, maldad e iniquidad del ser humano…

Cuando alguien esta involucrado en la ayuda y protección hacia los animales, seguro que han escuchado a alguien decir – en lugar de estar ayudando a los animales, debería estar ayudando a tanto niño pobre que hay en este mundo -. Cuando una celebridad adopta a un niño africano, seguro que han escuchado a alguien decir – en lugar de andar adoptando niños en África, debería de adoptar uno de su país, seguro que ahí también hay pobreza y niños que necesitan una familia -. Cuando una persona dona sus corneas, seguro que han escuchado a alguien decir – en lugar de haber donado sus corneas, hubiera donado el resto de sus órganos, total, ya muerto ni te sirven -. Cuando alguien acostumbra ir a un asilo a leerles a los ancianos, segur que han escuchado a alguien decir – ¿para qué les lee, si ya ni entienden?, mejor los debería de bañar y cambiar en vez de andar perdiendo el tiempo -.

Este tipo de gente que nunca esta conforme con las acciones de los demás, normalmente son la gente más desensibilizada, apática y ajena al dolor y sufrimiento de los demás. Lo mejor que podrían hacer estos “nefastos” seres, es mantener su boca cerrada y dejar que los demás hagan algo por los demás… cosa que ellos jamás harán. Pero no, les encanta andar haciendo alarde de su negatividad, buscando siempre encontrar a sus iguales, para no sentirse solos en esa horrible tarea de la crítica y el desprestigio.

En estos días, he escuchado ¡cada estupidez!, que insisto, espero sea fruto de la ignorancia y no de la maldad y amargura del ser humano. Por ejemplo, hace unos días, escuché a una persona decir - yo no voy a donar dinero al Teletón, porque todo ese dinero se lo queda Televisa -. Otra persona decía – yo no voy a dar ni un quinto al Teletón, porque ya pago muchos impuestos, así que no tengo porque dar más dinero, sería como pagar dos veces impuestos -. Y otra más decía – ¡nel!, yo voy a “voicotiar” a Televisa, porque nunca dice la verda, así que no voy a dar pa’l Teletón -.

Alguien debería de hacerles entender a estas personas, que si hacen un donativo al Teletón, este es deducible de impuestos, así que de ninguna manera pagarán doble impuesto, por el contrario, de esta forma, ustedes se aseguran de que sus impuestos lleguen directamente a quien lo necesita, y no que vayan a parar a la bolsa de algún Senador o Diputado (por decir lo menos). Además deben de entender, que si están o no de acuerdo en como Televisa maneja la información, eso no tiene nada que ver con el Teletón, y con toda la bola de chiquitos que día a día se benefician de los Centros de Rehabilitación. Por último, deberían de asistir personalmente a los Centros de Rehabilitación, para platicar con los padres de los niños y las personas que ahí trabajan, y así darse cuenta de lo bien encausado que está hasta el último centavo que entra al Teletón.

Sé que una de las personas que me leen, tuvo la necesidad de acudir a estos Centros de Rehabilitación, porque su hijito tenía un problema en su pie. Y también sé, que ahora el niño ya esta muy bien, y sus padres felices y sumamente agradecidos con el Teletón.

Amigos, uno podrá estar en desacuerdo con Televisa, con TvAzteca, o con el ahora “abominable” Carlos Slim, pero si un día desafortunadamente tuviéramos la necesidad de buscar ayuda, ahí está la Fundación Televisa, La Fundación Azteca, y La Fundación Telmex entre otras, en donde seguramente encontraríamos el apoyo que tristemente el Gobierno no nos puede brindar. ¡Qué importa! si estas Fundaciones fueron creadas solo para que estas empresas tuvieran una mejor “Imagen Corporativa”, o para “evadir” impuestos, o para espiar las culpas de sus millonarios dueños, repito ¡qué importa!, si al fina, mucha gente como el hijo de mi amiga lectora, se puede beneficiar de estas fundaciones de ayuda.

Si ustedes amigos lectores, prefieren ayudar a APAC, o a AMANC, o a una Casa Hogar, o a un Asilo, o al Juguetón, o a la Asociación Protectora de Animales, o a su vecino… ¡hágalo!. Si usted no puede ayudar a nadie porque no tiene los medios, no hay problema, con que esta conciente de la necesidad de ayudar basta. Pero si usted, en lugar de ayudar, le gusta entorpecer esa ayuda, ¡púdrase!… solo espero, que nunca vaya a tener la necesidad de acudir a pedir ayuda a cualquiera de estos sitios.

Quiero compartir con ustedes las siguientes imágenes, para que vean cuanta estupidez circula por la red:
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Por último, hago un atento llamado a que ayudemos, no nos dejemos llevar ni manipular por esos “dolidos” de la sociedad. El daño no será para Televisa, será para cada uno de los niños que reciben o recibirán sus terapias en los Centros de Rehabilitación.


Otro día con más calmita y “chin chin el que no ayude”… nos leemos.

martes, 17 de noviembre de 2009

El Inadaptado de Said


La monserga de los cumpleaños me sigue todo el tiempo. ¿Por qué carajos tenemos que festejar los cumpleaños?, ¿solo porque alguien logró la “proeza” de no morir en el transcurso de 365 días?… ¡mta! pues que gran hazaña. Los que me conocen, sabe que yo toda la vida he preferido festejar los “nocumpleaños”, son mas espontáneos, menos formales, y sobre todo, nunca se me olvidan. Sin embargo, la gente se sigue inclinando por celebrar la fecha en que nació, y a mí no me queda más que hacer de tripas corazón, y acudir gustoso a los convites y tertulias que se organizan para tal efecto. Afortunadamente la natura me dotó con el don de la mentira y el choro, así que siempre existe la posibilidad del bonito desafane, usando una de mis creativas mentirigillas. Sin embargo, cuando se trata de la familia o de un ser querido, como que me gana el remordimiento y tengo que doblar las manitas, por lo que termino irremediablemente acudiendo puntual al llamado… como fue en este caso.

Yo no se ustedes, pero a mí, me exacerba de sobre manera (por no decir que me emputa), que si me invitan a una fiesta, me salgan con el clásico – oye, te podrías traer una botella de Tequila, el hielo y dos Cocas de pasadita -, o el también clásico – a ti te tocan dos kilos de carnitas y el chicharrón -. ¡Carajo!, ¿pues qué voy en calidad de invitado o de “sponser” (“patrocinador”, para los que fueron en escuela publica)?.


Debo decirles que en esta ocasión, el anfitrión que era mi primo (ánimas que no lea nadie de mi familia esto), hizo la cordial invitación sin solicitar ninguna “coperacha”, como debe de ser. Ah!, pero no falta la tía metiche (siempre hay una en cada familia), que siempre se solidariza con el anfitrión y se pone de creativa a buscar “voluntarios” que solventen el convite con su respectiva aportación, ya sea en especie (el clásico guisadito o pomo), o con una corta feria para lo que haga falta. Normalmente estas tías benefactoras y altruistas, son las primeras en hacerse güeyes y no cooperar con absolutamente nada, y así tan tranquilas se presentan al evento, solo portando una bolsa de la Comer llena de “toppers” pa’ llevarse, eso sí, su itacate a la salida.

De nuevo, yo no se ustedes, pero a mí, me exacerba de sobre manera (ya conocen esta licencia literaria), el tenerme que disculpar, porque cometí el grosero atrevimiento, de llegar puntual a la cita. Creo que México es el único país en el mundo, en el que si te dicen que tienes que llegar a las nueve, y llegas a las nueva, ¡te tienes que disculpar por ser puntual!... porque generalmente no ha llegado nadie a la hora acordada, y los anfitriones apenas se van a meter a bañar. Por eso cuando alguien me invita a una boda o fiesta de 15 años, siempre pregunto, si la hora que viene en la invitación es la neta, o le pusieron media hora antes “pa’ que todos lleguen puntuales”. Me choca (o sea me exacerba, o sea me emputa), que yo sí soy puntual, y siempre termino chutándome la mita de la boda de un par de trinches desconocidos… ¡ah! pero eso si, salgo con recuerditos de ambas bodas y doble bendición.

Regresando a mi fiestita familiar, les diré que llegué intencionalmente a las 5 de la tarde, sabiendo que la cita era a las 4 (conociendo bien a mi gente). Y no me equivoqué, no había llegado nadie, y eso que en el mismo edificio ¡viven tres familiares!, cada uno en su departamento. O sea, que lo único que tenían que hacer, era levantar sus nalguitas de donde las tuvieran, subir un piso, y voilà!... ya estaban en la fiesta.

Toque el timbre y me recibió la esposa de mi primo, la festejada. Luego de entregarle el bonito regalo de cumpleaños acompañado de la infaltable frasecita trillada – no te fijes, es cualquier cosita -, procedí a darle su abrazo y permitir que se agasajara con este pedazo de galán que es el que escribe. Pa’ pronto, me ubiqué estratégicamente en la sala, cerca de una mesita con botanita variada: que las aceitunas con pimiento morrón, que el queso (Babas o Soplais), que las nueces de la india (de la india que vende afuera del mercado), que salchichita coctelera, etc. No me puedo quejar, a mi se me atiende bien en esa casa, así que es un placer siempre visitar a mi primo/compadre. Luego de que finalmente hizo su aparición mi compadre, procedió a sacar el mejor tequila de su acervo etílico, para ponerlo a mi completa disposición. La esposa, que es “ritiarto” acomedida, me equipó con los indispensables complementos de ese fruto del agave, me refiero al limón y la sal. Para completar el cuadro, mi compadre activó su súper equipo de sonido, y de esta manera, se escuchó en todo el edificio, mi querida y adorada marimba chiapaneca. Entonces, ahora sí, al ritmo de “Las Chiapanecas” interpretadas por el maestro Ceferino Nandayapa y al calor del tequila, procedí a brindar por la festejada.

Por si no estuviera lo suficientemente a gusto, mi primo/compadre, se perdió por un momento en su mansión, para luego regresar con dos sendos purotes de muy buena hechura cubana. Señoras y señores, ¡qué más se puede pedir en la vida!... que vivan los placeres mundanos del ser humano.

Y en eso estábamos mi compa, su vieja y yo, cuando comenzaron a llegar el resto de los invitados... que las tías, que los sobrinos, que los hermanos, que los primos, y por su puesto, los colados que nunca faltan.

Lo dicho, la tía embarcadora, llegó con su clásica sonrisota fingiendo demencia, y por su puesto, con las manos vacías. Con todo descaro, eso sí, preguntó a todo mundo, si había traído lo que ella les había dicho, cosa que el resto de mi familia sí hizo (generosa que es mi familia, o pendeja, según quieran verlo). Finalmente mi tía deposito su descomunal trasero en el sofá y con su sonrisita que me parte el hígado, me dijo: – Jimmy, no me preparas una “cubita”, suavecita ya sabes -. En seguida dejé mi tequila y la platica, y corriendo fui a prepararle su “cubita”… jajaja, ¡hasta creen!. Solo giré 90° a la derecha mi enorme humanidad, fingí demencia igual que ella, y seguí fumando mi habano y tomando mi tequila, mientras escuchaba atento a Ceferino Nandayapa y su marimba chiapaneca.

Mi familia es bastante longeva, así que parecía más que una fiesta de cumpleaños, la Muestra Itinerante de las Momias de Guanajuato, o una reunión cualquiera de la Casa del Actor o el Asilo Mundet. Afortunadamente, momentos después, llegó mi hermano con su niña de 7 años, que junto con otra mocosa de 6 años que dice ser mi sobrina, le inyectó sangre nueva a ese apolillado festejo.

El respetable, o sea la bola de invitados al convite, amenazó con tomar Reforma, si mi compadre no quitaba ya el cd de marimba que me tenía embelezado, así que no me quedó más remedio que aceptar humildemente su petición, y darle instrucciones a mi compadre para que les cambiara la música. Amigos lectores, les juro que mi familia no era “naca”, no sé en que momento la perdí… y vean si no.


Mi compadre, como buen anfitrión, preguntó - ¿como qué les gustaría escuchar? -… y las peticiones no se dejaron esperar, - no tienes el último de Alejandro Fernández, canta divino y esta buenerrimo – dice mi tía ¡de 75 años!; - ponte uno del Tri o de Celso Piña tío – sugiere mi sobrino pachequín aun en estado de sobriedad; - yo traigo uno de K-Paz de la Sierra en el coche, si quieres lo subo – propuso mi primo; - no papá, pon a Black Eyed Peas, esta chidísimo y de hipermoda – le dijo mi ahijada pubertifresa a mi compadre. Por último, mi madre, que es una nostálgica igual que yo, pidió uno de Oscar Chávez, para recordar cuando fue novia de él en su otrora juventud. El, mi compadre, que es igual que yo de complaciente, les dio el avión a todos, para posteriormente mandarlos al carajo y poner lo que el quiso… Etta Jones y su privilegiada voz ¡yeah!. Yo complacido… brindé por eso.

Luego de los aperitivos y la degustación (exterminio) de la botana, finalmente la anfitriona convocó a la concurrencia – ya se pasan a la mesa, esta todo caliente, antes de que se enfríe -. Mi hermosa familia que siempre tiene más hambre que una pulga en peluca, corrió a la mesa al feliz encuentro con las viandas. Para la honrosa ocasión, se sirvió: “Salea de Cerdo en Salsa Esmeralda” (o sea, un pinche chicharrón en chile verde), “Chichi Machucada” (o sea, chicharrón prendado), además la súper Moronga que prepara mi sacro santa, y por su puesto, las carnitas en cantidades devastadoras. Para acompañar y a manera de guarnición había: arroz, nopalitos, chicharrón, guacamole, así como diferentes salsas, y por su puesto, una buena dotación de tortillas calientes. Yo intenté acercarme a la mesa para prepararme un taco de moronga, pero luego de ver a mi hambrienta familia, inteligentemente decidí esperar, de no haberlo hecho, seguro que hubiera perdido una mano en el intento.

En lo que esperaba mi turno al bat, mi sobrina adorada se apiado de mí y me preguntó – tiito, ¿no quieres una cerveza? - ¡pinche escuincla!, por eso la quiero, por eso la adoro, es en mi vida todo mi tesoro, a veces despierto borracho de angustia… - va, ¿de cuál hay? – le pregunté, y ella presta me contestó – mi papá compró León, Indio y Montejo -. Ya lo he dicho muchas veces, soy un animal de costumbres y no me gustan los cambios, así que no me entusiasmó mucho el que no hubiera comprado cerveza Sol mi compadre, pero ni pex, a veces soy más borracho que exigente, así que opté por la Montejo. No la acababa de destapar y apenas estaba a punto de darle el primer sorbo, cuando mi madre me hecho una mirada inquisidora y en tono enérgico me dijo – acuérdate que tienes que manejar eh -, ¡háganme ustedes el favor!, semejante labregón de chingomil años, y todavía su cabecita de algodón lo regaña cuando se pone a libar. Pero yo que la quiero tanto y la respeto, asentí sumiso con la cabeza, al tiempo que me daba la media vuelta y me la chingaba de un solo trago. Mi sobrina al ver esto, se carcajeó y corrió a traerme otra.

Finalmente pude acercarme al fogón, y me prepare unos cuantos tacos de moronga y carnitas, no muchos, porque mi gastroenterólogo me puede excomulgar si se entera que no le pongo ganas a la dieta de “pastito” que me recetó.

Una vez satisfecho (ya con la tripa llena), logré recuperar luego de comer, mi preciado y estratégico lugar en la sala. De nuevo mi sobrina adorada, me consultó – no quieres un Baileys tío, o un Amaretto, o un Hennessy, o un rompopito -. Era claro, mi sobrina me quería empedar, algo traía entre manos, quizás me iba a pedir un favor o un paro con su papá… de cualquier modo, le pedí una copa de Licor 43 y en friega me lo trajo. Junto a mí se sentó uno de mis primos, con el que mejor me llevo, porque es solo un año mayor que yo. Platicamos a gusto de sus Miami Dolphins y de mis Minnesota Vikings. Todo iba bien hasta que apareció otro de mis primos. Preguntó interesado - ¿qué onda, quien juega mañana? -, yo pensé que se había equivocado, porque los sábados no hay partido de americano, pero no, se refería al odioso y pelado deporte de las patadas, al fútbol.

En ese momento quedé completamente marginado de la fiesta, porque desgraciadamente es un tema que no manejo, cosa contraria que el resto de mi pambolera familia. Poco a poco, todos los machos “alfa” se juntaron frente a mí, y comenzó un bonito debate futbolero del cual yo no pude participar, dada mi ignorancia y claro valemadrismo ante ese tema. Pensé en darles chanse, creyendo que de un momento a otro, la testosterona iba a retornar a sus niveles normales y el tema de la conversación iba a dar un giro radical para caer en algo más interesante (al menos para mí), pero no, tristemente, la charla siguió y siguió entorno a este popular deporte.

Mis nalgas, que a veces son más impulsivas que el resto de mi cuerpo, decidieron levantarse del cómodo sofá donde se encontraban, en busca de otra charla menos elevada que esa. Así fue que terminé sentado junto a una de mis tías preferidas, mi tía la “sibarita”. Ella es una solterona bastante entrada en años, que inteligentemente decidió dedicar su vida, a la poco común tarea… de ¡vivirla!. Y queridos amigos, no hay nada que me apasione más en el mundo, que encontrar este tipo de personas, que tiene tanto que decir.

Su compañía resultó un bálsamo en ese momento en que mi paciencia comenzaba a dejar de existir. Para su larga edad, ella goza de una memoria privilegiada, que combinada con su experiencia, resulta el cóctel perfecto para pasar horas y horas, escuchando historias y anécdotas, harto interesantes. Los seres humanos frecuentemente cometemos el terrible error, de tratar a la gente mayor, con el mismo trato que le damos a un “Tampax” (úsese y tírese). Recuerdo que en mi época de estudiante, al final de cursos, se llevaba a cabo la ceremonia de “La Quema del Libro”, cosa que siempre me pareció una salvajada. Pues lo que hacemos con esos “niños semiusados” conocidos como ancianos, equivale a eso, a quemar un libro, a destruir la cultura y la experiencia que hay en ellos. Por eso, yo siempre encuentro por lo menos un tiempito, para sentarme a escuchar a cada uno de esos seres que siempre tienen algo interesante que decir, se trate de quien se trate.

Pues bueno, solo tuve que iniciar la platica y dejar que fluyera, - oye tía, no me has contado como te fue en el viaje que hiciste -. Apenas hacía unas semanas, que ella regresó de un crucero por el Nilo, así que ustedes se han de imaginar todo lo que vio allá por Egipto; ¡y con lo que a mí me chifla la arqueología y la historia!, pues me tenía prácticamente estupefacto (pendejo), con lo que me estaba contando.


Por otro lado, mientras yo ponía toda mi atención en lo que me decía mi tía, mis queridas sobrinitas estaban a punto de sacar al Herodes que llevo dentro. Corrían y gritaban frente a mí, sin que su padres se incomodaran en lo más mínimo, parecía que esos críos habían crecido salvajes en las estepas sudamericanas. No voy a negar, que por un momento, atravesó por mi mente la genial idea de estirar accidentalmente mis patotas, para provocar una graciosa caída a estas simpáticas criaturitas… total, en una de esas y hasta podían ganarse una moneda, si al caer y romperse el hocico, perdían uno o dos dientes y luego los ponían bajo la almohada. Desafortunadamente tuve que abandonar esta idea, cuando una de ellas se acerco a mí, y gritando me dijo – tío, tío, ¿queres ver lo que he aprendido en mis clases de ballet? -, y antes de que yo pudiera contestar, ya había adoptado la posición conocida como “Anna Pavloba de Tlachichilco”, para enseguida ejecutar unas cuantas piruetas bastante descompuestas. Déjenme decirles amigos lectores, que la verdad, se veía bien ¡cute! (tierna y hermosa di a madres)… así que, ¡me ganó!, y no me quedó más que felicitarla y darle un abrazo, cosa a lo que ella correspondió dándome un pegosteoso beso en la mejilla, mientras me decía quedito en el oído – te quero mucho tío -. La otra niña, mi otra sobrina que no toma clases de ballet, procedió a hacer lo mismo, buscando el reconocimiento de este juez de baile estilo “Félix Greco”, que soy yo. Luego de darle también su abrazo y recibir otro beso lleno de baba, chocolate y sabe Dios que otra sustancia pegajosa más, les di instrucciones para que fueran a enchinchar a mis sobrinas pubertas que estaban en una recamara chateando enajenadas.

De pronto voltee en busca de mi tía para retomar la interesante platica de Nefertiti, y ¡oh sorpresa!, había desaparecido. ¿Sería la maldición de Tutankhamon?... la verdad no creía, seguro que era algo más grave, porque me pude dar cuenta que no solo ella había desaparecido. Junto con ella, se habían esfumado de manera más que misteriosa, el resto de las mujeres que se encontraban en la fiesta. Por un momento me preocupé, pensé que algo verdaderamente grave había pasado. De pronto, salio corriendo la festejada del baño con rumbo a una recamara. Yo corrí tras de ella pensando lo peor, que se trataba de una emergencia… pero, ¡madres que!. Ahí estaban todas las féminas de la fiesta, grandes, chicas y medianas, echadas y apretadas frente a un televisor, viendo la telenovela de Pedrito Fernández e Itati Cantoral.

Si ustedes gentiles amigos lectores, creen que en ese momento desapareció la preocupación que tenía, pues déjenme decirle que por el contrario, aumentó y casi entré en pánico. De nuevo se los digo, y se los juro, ¡mi familia no era naca!, no sé que les pasó, no sé cuando los perdí… pero es un hecho, mi familia en algún momento se apeladó a tal grado, que fue capaz de suspender la fiesta para atender la interesantísima trama de esa trinche telenovela.

La festejada al ver mi cara de asombro, se levantó y se dirigió hacia a mí, para decirme como buscando disculparse – ya ni la amuelan Jimmy, ¿verdad que está nefasta esa novela?, la verdad, yo veo mejor las de Azteca -. Seguro que si mi súper Abuela hubiera estado ahí, hubiera dicho con la sabiduría que la caracterizaba – TvAzteca es la misma mierda, pero en diferente bacinica – (de todos modos, seguro lo dijo desde el cielo porque a ella no se le iba una).

La mitad de la fiesta estaba clavada hablando de fútbol, y la otra mitad viendo la telenovela. No me quedó otra, más que unirme al feliz grupo de niñas ballerinas, y jugar con ellas a que yo era “Said Nuréyev”.

Luego de un rato, se retomó la fiesta, vino el pastel, siguió el consumo desmedido de alcohol, y la plática de fútbol se prolongó por los siglos de los siglos… hasta que decidí finalmente partir, y dejar en paz a mi familia en ese bonito y eterno convite.

Así que luego de asumir tristemente que soy un “inadaptado”, me despedí de los anfitriones y del resto de los convidados, y salí de ahí, como diría Chava Flores… “sin nada a comentar, no vaya a creer mi compadre, que jui pa’ criticar”.


Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota: Ahí les encargo que esto quede entre nosotros, porque si se entera mi familia, seguro que me desheredan y me mandan al exilio o al destierro (que no es lo mismo, pero es igual).

jueves, 12 de noviembre de 2009

La Imagen de la Iglesia Católica


Ante el temor del embate despiadado de un enema, me encontraba yo frente a mi tele, limpiando mi colon con un plato generoso de “All Brown” enriquecido con mis inseparables “Frutilupis” (Froot Loops), cuando de pronto, tuve una epifanía religiosa. En mi telera (telera: pantalla de plasma de 60 pulgadas… ¡hasta creen!), apareció en una nota “pediodistica” (de pediorismo), la imagen de uno de los máximos representantes de Dios en nuestro mundo, nada más y nada menos, que el Cardenal Juan Sandoval Iñiguez. Esto, me llevo a hacer… ¡sí adivinaron!, una de mis famosos reflexiónes.

Recordando mis casi nulos conocimientos de Mercadotecnia, vino a mi mente, lo que se conoce como “El Ciclo de Vida de un Producto”, que es algo así, como la vida misma de un producto. La vida de un producto es similar a la vida de un huehuenche como yo, es decir, que consiste en: - crecer, estar en lo más alto, y terminar por comenzar de bajada el camino a la extinción -. Los mercadólogos, buscan lograr mantener los productos el mayor tiempo posible, en esa cúspide del Ciclo de Vida, para lo cual, usan lo que se llama “La Mezcla de Mercadotecnia” (Marketing Mix). Por ahí de los años 60’s, un tal McCarthy, introdujo lo que él llamó las “4 P’s”, que vienen siendo lo mismo, en pocas palabras, que el Marketing Mix. Para terminar, rápido les digo que estas “4 P’s” son: Producto, Precio, Plaza, y Promoción.

Bueno, después de esta gratuita y poco eficiente clase de mercadotecnia (Nivel CONALEP), les explico lo que se me ocurrió.

Por si no lo han notado, “El Ciclo de Vida” de la iglesia Católica va en picada. Ante la pérdida de valores en el ser humano, los escándalos dentro de la comunidad religiosa (léase sacerdotes pedófilos, corruptos o aliados del narco), y el crecimiento de otras religiones o sectas, nuestra querida y otrora añorada iglesia católica, apostólica y romana, se dirige irremediablemente a la extinción. Así que después de ver en la tele al Cardenal Juan Sandoval Iñiguez, lo primero que se me ocurrió, y atendiendo a la ya explicada Mezcla de Mercadotecnia, es que tenemos que cambiar urgentemente la “imagen”, de estos que son, los representantes de la Iglesia Católica.

Yo siempre he sostenido, que para ser torero, lo primero es, parecer torero… es decir, ¡verse como torero!. Y exactamente pienso lo mismo de un religioso, es decir que, para ser religioso, hay que parecer religioso y verse como religioso. Como es posible que (con todo el debido respeto), los máximos jerarcas de la Iglesia Católica en nuestro país, tengan una cara de narcotraficantes o degenerados, que nomás no pueden con ella. Lo mismo el citado Cardenal Sandoval Iñiguez, que Don Onésimo Cepeda o el mismísimo Arzobispo Primado de México, el Cardenal Norberto Rivera Carrera. Y ya ni que decir, de S.S. el Papa Benedicto XVI (Joseph Ratzinger). Todo ellos, “no dudo” que sean excelentes personas, con una conducta intachable, y apegados a los principios cristianos, pero… ¡qué onda con su imagen!.

Definitivamente pienso, que deberían de hacer “casting”, antes de nombrar a alguien a uno de estos puestos dentro de la Iglesia. ¿Recuerdan la cara y la imagen de Juan Pablo II?... ni Santa Claus le ganaba a mi adorado Karol Wojtyła. La imagen que él transmitía al mundo, era de paz y amor, y no de narcotráfico, pederastia o campo de concentración nazi. ¿Recuerdan como estaba el “raiting” de la Iglesia Católica en los tiempos de Juan Pablo II?... ¡por las nubes!, o en esta caso, ¡por los cielos!. Así que si me permiten, haré la siguiente recomendación:

Hay que hacer ajustes entre otras cosas, a una de las “4 P´s”, la “P” de Producto, en especial, lo que se conoce como “envase”. En este caso, el envase son: desde el más modesto padrecito de un pueblo, hasta el mismísimo Vicario de Cristo en Roma. Existen expertos en diseño de imagen, como Víctor Gordoa, que seguramente los puede asesorar bien. Así que, a hacer “casting” mis niños, si es que quieren subir el “raiting” de esta venida a menos Iglesia Católica (no hablo de la Religión Católica, que eso es otra cosa). Queremos ver sacerdotes con la leyenda “Plus”, “Nuevo”, “Mejorado”, “Ultra”, etc., aunque como se sabe en mercadotecnia, el producto sea completamente el mismo, solo que con una manita de gato que atraiga de nuevo al consumidor final… o sea, a los feligreses.

Después de que hice esta reflexión, retomé mi empeñosa tarea de limpiar mi colon frente a la telera…

Otro día con más calmita y ya con mi colon limpio… nos leemos.

Frases Jotitas 7

“No hay mejor enseñanza, que el enseñar a dudar de lo que se enseña."

- said -

martes, 10 de noviembre de 2009

Sístole / Diástole


Sístole, Diástole, Sístole, Diástole, Sístole, Diástole… me explicaba un amigo cardiólogo, que mucho sabe del corazón y poco de amor. Yo, que sé poco de amor, pero mucho de desamor, atento escuchaba su explicación. Mi amigo el galeno me decía – es muy simple Said, mira, a la contracción del corazón se le llama sístole y a la relajación del corazón diástole, de esa manera, el corazón se llena y se vacía de sangre, y así, realiza su función de bombearla por todo el cuerpo -. Después de su explicación lo tuve claro, durante toda la vida, este eterno fenómeno de llenado y vaciado del corazón, es lo que nos permite vivir. Si llegara a faltar la sístole o la diástole, el corazón terminaría por llenarse demasiado hasta explotar; o por otro lado, el corazón se vaciaría, y terminaría por secarse y ya no servir. - ¡Caray! Doc, no cabe duda que todos los días se aprende algo nuevo – le dije a mi gentil amigo, con esa seriedad y respeto que me caracterizan.

La plática en torno a un par de tasas de aromático expresso, siguió fluyendo a través de la tarde-noche. – Oye Said, pues yo te veo muy bien, no te haces nada – me decía, a lo que yo contestaba – pues tú también estás muy bien, por ti no pasan lo años doctor -. Ya saben gentiles amigos, la bonita “Sociedad de los Elogios Mutuos” a su máxima expresión. Entonces, yo de pronto decidí cambiar de tema, antes de que eso se convirtiera en un romance o algo parecido. Pero, ¿de qué se le puede hablar a un hombre que se la vive entre sueros, sondas y catéteres?… si yo voy a un concierto, el va a un congreso; si yo voy a los toros, el va al quirófano; si yo termino de leer la biografía de Diego Rivera, el termina de leer la última publicación de un nuevo proceso de “bypass coronario”… en fin, no hay mucho en común entre los dos, más que el cariño incondicional que une a un par de viejos amigos. De pronto, un tema que nunca falla… ¡no!, si creen que me refiero al fútbol, se equivocan, ahí sí tenemos mucho en común, a los dos nos vale madres el fútbol. Me refiero a lo más importante para los dos, la familia, - y que me cuentas Doc, ¿cómo esta Lucía? – le pregunté. Inmediatamente frunció el seño y creí adivinar la respuesta – ¿no te había contado?, fíjate que nos estamos separando, todo iba muy bien, pero de pronto, algo cambió, todavía no lo entiendo -. Conociendo el amor que le tenía mi amigo el cardiólogo a su mujer, inmediatamente entendí el dolor por el que estaba pasando. Tenía que decirle algo o cambiar pronto el tema de la conversación, pero mi espíritu de buen amigo, me llevó a decirle: - ni modo amigo, son cosas que pasan y tenemos que aceptarlas… así es la vida -. No podía haber terminado mis palabras con una frase más gastada y cursi que esa, “así es la vida”, pero ni modo, no se me ocurrió otra. Levantó la vista mi amigo, se tomo un tiempo para pensar y sorber su café, y me dijo: - sí Said, yo lo sé, así es la vida, solo que no lo entiendo, todo iba muy bien entre los dos, en verdad, que no lo entiendo -. Ok, ok, ok, pensé; creo que mi amigo necesita mi opinión, no en carácter de amigo, sino en carácter de experto en la materia… y aquí voy:

Amor, Desamor, Amor, Desamor, Amor, Desamor… le explicaba a mi amigo el cardiólogo, que mucho sabe del corazón y poco de amor. Yo, que sé poco de amor, pero mucho de desamor, le explicaba mientras él atento escuchaba. Entonces, le decía yo a mi amigo el galeno – es muy simple Doc, mira, a la contracción del corazón se le llama desamor y a la relajación del corazón amor, de esa manera, el corazón se llena y se vacía de sentimientos e ilusiones, y así, realiza su función de alimentarnos el alma -. Después de mi explicación lo tuvo claro, durante toda la vida, ese eterno fenómeno de llenado y vaciado del corazón, es lo que nos permite, amar. Si llegara a faltar el amor o el desamor, el corazón terminaría por llenarse demasiado hasta explotar de amor; o por otro lado, el corazón se vaciaría y terminaría por secarse y ya no servir… para amar. - ¡Caray! Said, no cabe duda que todos los días se aprende algo nuevo – me dijo mi querido amigo, con esa seriedad y respeto que lo caracterizan.

Salimos de ahí, luego de terminar con un par de cafés extras, y una vez que se consumieron nuestros cigarros oriundos de las Islas Canarias. Nos fundimos en un abrazo, y los dos abandonamos el lugar, pensando que esa reunión nos había dado la oportunidad de aprender una nueva lección, a mí de cardiología, y a él de desamor. Pero luego de un momento, cada uno por su lado, comprendimos que la lección no había sido, ni de cardiología, ni de desamor, había sido, una simple y llana lección… de amistad.

Queridos amigos lectores, así como es parte de la vida la sístole y la diástole, igual lo es, el amor y el desamor. Hay que entender, que uno no pude solo amar todo el tiempo, el corazón terminaría por llenarse y ya no tendría espacio para nuevos sentimientos e ilusiones, por lo tanto, dejaría de funcionar… de amar. Luego entonces, no hay que tenerle miedo al desamor, ya que también es muy importante en nuestras vidas. Así, en el desamor, nos preparamos para recibir nuevos sentimientos e ilusiones, que nos renovarán una y otra vez, preparándonos para comenzar de nuevo, la bonita función del ser humano… de amar.

Esto se los dice un experto, ahora en sístole y diástole, pero también, en amor y desamor…

Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota: Amiga de Monterrey, vas a estar bien… dale un tiempo al desamor, que ya volverá el amor.

domingo, 8 de noviembre de 2009

Depresión


Queridas amigas y amigos amantes del Prozac, creo que hoy es necesario que me dirija a ustedes (los demás, siéntanse en libertad como siempre, de leer este mamotreto en calidad de metiches). Me he dado cuenta en estos días, que hay una epidemia con tientes de pandemia, de esa terrible enfermedad conocida como depresión. ¡Y cómo no!, si este mundo cada vez esta peor. Los problemas que todos los días tenemos que enfrentar, nos van desgastando, nos van abrumando, de pronto ya no encontramos la salida, y eso nos lleva directitos, a la “bonita” depresión.

¿Quién no ha sentido en un momento de su vida, que se lo está cargando la chingada?... yo, sí. Pero también, ¿quien no recuerda aquel problemón que tuvo, que parecía que no tenía solución, y que ahora ya forma parte del pasado?... yo, también. Lo que les quiero decir, es que: - nada es para siempre -… déjenme les cuento:

Hace unos mesecillos, un grupo de células rebeldes y alborotadoras que habitaban en mi cuerpo, decidieron portarse “mal”, así que el doctor las bautizó con el nombre de “malignas”. Luego de un lento proceso de diagnostico, el cual a mí me pareció eterno, finalmente el doctor tomó la decisión de operar, para así retirar a esa bola de células alborotadoras y mal portadas, de mi también mal portado cuerpo. Cuando estuve internado, mientras miraba a través de la ventan a toda esa gente a lo lejos yendo y viniendo por las calles de la ciudad, me decía – no cabe duda, que la vida se ve mejor desde afuera, que desde la ventana de un hospital -. Luego, volteaba la cabeza hacia el otro lado de la cama, y veía la foto de mi hija en una mesita, justo a un lado de uno de esos monitores que nos dicen que el corazón no se ha rendido, y me decía – no cabe duda, que la sonrisa de mi hija se ve mejor en persona, que en una foto -. Más tarde, entraba mi madre a visitarme y me tomaba de la mano mientras platicábamos, y entonces yo me decía – no cabe duda, que prefiero tomar del brazo a mi madre mientras caminamos por el parque cerca de mi casa, que en este frío cuarto de hospital -.

El domingo pasado, mientras caminaba y platicaba del brazo de mi madre por el parque, veía a lo lejos a mi hija subida en un columpio con su típica sonrisa, esa que me ilumina por dentro cada vez que la miro. Entonces, supe que nada es para siempre, que el panorama que antes estaba más negro que la noche, se había ido. Ahora podía ver la vida, no desde la ventana de un hospital, sino desde la banca de un parque. Estaba viendo a mi hija sonreír, no en una foto, sino a unos cuantos pasos de mí. Y mientras pensaba esto, mi madre me sostenía la mano, mientras ella hacia lo propio… ver pasar la vida, delante de ella.

Por eso querido amigo o amiga, mientras tengas salud, no hay ningún motivo para deprimirte. Con salud, uno puede levantarse todos los días y salir en busca de la felicidad… créeme que ahí está, solo está esperando que la encuentres. Pero si estás enfermo, si te sientes desesperado como yo cuando estaba en esa cama de hospital, piensa que nada es para siempre. Yo me mentalizaba diciendo - cada día que estoy aquí, es un día menos para que termine todo esto -. No sabía cuanto iba a durar, solo sabía, estaba convencido, que no iba a ser para siempre. Además, si eso no te consuela, piensa que esa enfermedad que tienes, no la hubieras deseado para tu hijo, tu madre o tu hermano, así que agradece a la vida que te escogió a ti, y no a ellos, para luchar contra ella. Pero si fuera el caso, que el que está enfermo es tu hijo y no tú, piensa en lo afortunado que es él, al tenerte a su lado para enfrentar esa enfermedad, así, juntos, los dos de la mano.

Ahora bien, si tu problema de depresión no tiene que ver con la salud, si lo que pasa es que estas sola y no tienes a nadie, y piensas que eso es sufriente razón para deprimirte, pues déjame decirte que - ¡no chingues!, ¿qué acaso estoy pintado o qué?... ¡aquí estoy, y aquí estaré para ti, cada vez que me necesites!... ¿ok?. Así que no me ofendas, sabes que cuentas conmigo incondicionalmente y ya sabes donde encontrarme -.

Gentiles amigos lectores, los invito, los convido, a que todos juntos formemos una bonita cofradía, en donde sea de todos los días, el estarnos haciendo cariñitos al alma los unos a los otros, verán que rico se siente. Y así, de esta bonita manera, podamos de una vez por todas, mandar a la depresión… sí, adivinaron lo que iba a decir, - ¡a chingar a su madre con todo y Prozac! -.

Otro día con más calmita, pero incondicionalmente… nos leemos.

Nota: Querida amiga, espero que te sirva esto. Hace como dos años, tuve la oportunidad de salvar una vida, de hecho, resucité a una persona. Sí, aunque no lo creas, eso hice. Logré que una jovencita resucitara, y es que ella no se había dado cuenta, pero ya tenía varios años muerta. Ahora, está por terminar la universidad, y es la niña más feliz del mundo. Todos podemos darnos una segunda oportunidad… y las que sean necesarias.

viernes, 6 de noviembre de 2009

5 centavos de notas... No. 5


Hoy quiero empezar por explicarles lo que es esta sección conocida por mi publico (¡cálmate Lucia Méndez!), como “5 Centavos de Notas”. Todas y cada una de estas notas, son como diría mi sobrina puberta y frecilla, unas pobres y patéticas “gunabis”. Son notas que quisieron ser “post” y murieron en el intento. Nomás no les alcanzo el gas ni el intelecto de su autor, para desarrollarlas y convertirlas en unos sanos y adultos “posts”.

Una vez explicado el triste origen de esta sección, procedo a iniciar con este cúmulo de idioteces que conformar, la ya antes citada, sección de los “5 centavos de notas”… enjoy it.

********** O **********

Yo sí puedo soportar, que el nene López Obrador use tenis marca “Loui Vuitton” de 900 dolarucos, algo así como $12,000 pesitos aproximadamente; también puedo soportar, que este mismo vástago del “Presidente Legitimo”, se la pase muy “nice” departiendo en un yate con sus “pobres amigos”, tal como lo hace cualquiera de nosotros; incluso puedo soportar el discurso eterno de López Obrador, de que los malos son los ricos y los buenos los pobres, y de que los “pirruris” son los causantes de todos los males de México. Sí amigos lectores, todo eso lo puedo soportar.

Pero lo que no puedo soportar, lo que me indigna, lo que me exaspera… lo que me encabrona pues, son sus defensas inútiles carentes de inteligencia y sentido común, ante sus constantes errores (pendejadas). Como puede él ante estos hechos evidentes, decir que todo es parte de un “complot”, de una campaña de desprestigio de los medios y los Poderes Fácticos, y que todo esto es solo para destruirlo. Digo, ¡qué alguien lo asesore! (aunque sé que él no se deja asesorar), y que ya le cambien este “discursito” desgastado, que ya no convence a nadie… “primero los pobres”, sí, aja.

Por favor Don Andrés Manuel, ya no insulte nuestra inteligencia.

********** O **********

Lo que nos faltaba. Un programa que resulta motivacional e inspiracional. Me refiero a “House M.D.” (Dr. House). Este programa, sirve como una inspiración y motivación, para todos los médicos o prospecto de médicos, que adoran a este personaje. El Dr. Gregory House, es un déspota, majadero, prepotente, insensible, hiriente, pelado, inhumano, necio, sádico, inconmovible, impasible y maldito.

Mi pregunta es: ¿qué no tenemos ya suficientes doctores como este en el Seguro Social, en el ISSSTE y en los hospitales del Sector Salud?... la única diferencia, es que el Dr. House es un genio, y claro… un adorado.

********** O **********

Tengo una amiga que se la pasa chingue y jode (perdón por lo de jode), recordándome todo el tiempo que soy un voluble. Cuando le doy mi opinión sobre algo, inmediatamente ella salta y me dice – ¡ah cómo eres voluble!, yo recuerdo perfectamente, que hace nueve años decías lo contrario -.

Por favor, que alguien me diga, donde dice que uno no puede cambiar de opinión en la vida, donde dice que uno se debe de casar con sus ideas per saecula saeculorum. Por si no lo sabe mi amiguita, los seres humanos (y también yo), estamos hechos de experiencias, de vivencias, somos seres cambiantes que todos los días adquirimos nuevos elementos de juicio que nos ayudan a conformar nuestro criterio… dicho esto en pocas palabras, somos seres vivos cambiantes. Entonces, porque carajos nos tenemos que asustar o sorprender, cuando una persona cambia la concepción o el punto de vista que tenía sobre algo en particular.

Mi amiguita, que es más molesta que un barrito en el glúteo derecho, tendrá que entender de una vez por todas, que no es malo cambiar, y cambiar las veces que sea necesario, definitivamente es más mala, la intransigencia y la “tozudez”.

Y algo que va “junto con pegado” (como diría mi abuela), es el ser objetivo o subjetivo cuando opinamos acerca de algo. A las personas se les pide que sean muy objetivas cuando dan su opinión… cosa que es lo más estúpido que he escuchado. Yo soy total y completamente “subjetivo”, por la sencilla razón, que soy un “subjeto”; así que no me pidan que sea “objetivo”, porque definitivamente, no soy un “objeto” (objete sí soy). De nuevo, lo mismo, uno esta hecho de experiencias, de vivencias, influenciado por tradiciones, por cultura, por conocimientos, incluso cada uno tiene sus propias apatías y simpatías. Así que es imposible desprendernos de esto, esto que forma nuestra esencia, lo que somos, y por lo tanto, lo que pensamos y sentimos.

Para finalizar y a manera de corolario, diré que: - lo más sano en estos casos, es asumirnos sin pena alguna, como seres “volubles” y “subjetivos”, pero al fin de cuentas, y lo más importante… ¡honestos! -.

********** O **********

Yo no soy muy fan de los pasteles que digamos, pero no puedo negar que en ocasiones, en muy extrañas ocasiones, se me puede llegar a antojar uno. Esto pasa normalmente en las fiestas de cumpleaños, a las que yo “involuntariamente” suelo acudir (o sea, que me llevan a juerzas).

Lo que me trauma, es que una vez que uno de estos pasteles ha logrado seducir a mi hambrienta y ermitaña “Solitaria” (lombriz de panza), irremediablemente, la concurrencia a dicho convite, comienza con esos cánticos pelados, que a coro piden – mordida, mordida, mordida -. Y es ahí, justo ahí, donde “la puerca torció el rabo”, como dirían los clásicos. Porque en ese momento, no falta el tío gandalla, o el amiguito manchado, o el hermano revanchista, o el novio gandul, que sujeta la cabeza del festejado o festejada, y la introduce delicadamente en el pastel, hasta la altura de la cerilla de las orejas.

De este modo, el niño llorón con moco de burbuja, deja una buena porción de baba, llanto y moco, aderezando la torta de cumpleaños, lista para que la deguste la concurrencia. O la cuarentona que ya anda a medios chiles luego de unas cuantas cubitas “suavecitas”, deja ahí junto a la cereza del pastel, una de sus pestañas postizas “Pixie”, y una mancha amarilla en el betún, de su “Angel Face de Pons”, el cual por cierto, no sabe que no le cubre sus “pequeñas imperfecciones”. O la adorada ciruelita que cumple sus 80 añotes, introduce la bonita verruga con pelos de su arrugada nariz, junto con el resto de su ajado rostro, dejando un delicado sabor a crema de “Las Tres Caritas” en el pastel, además de que luego hay que esperar a que sonría, para comprobar que no se haya quedado en el pastel, su dentadura postiza que se hizo con el Dr. Jairo Campos en los 80’s.

Luego de las risas y los aplausos de familiares y amigos, la anfitriona de la casa hace la pregunta – bueno, a ver, que levanten la mano los que van a querer paste -. Por su puesto que yo soy el primero en levantarla, pero para agitarla en un acompasado vaivén luego de cerrar el puño, con el único propósito de hacerle saber a todos, que pueden coger su pastel y metérselo… al refri. Porque yo definitivamente, ¡paso!.

********** O **********

Otro día con más calmita… nos leemos.

martes, 3 de noviembre de 2009

Esos son Cristianos y no chingaderas...


¿Qué esta pasando con la comunidad Cristiana?... ahora recluta, a la “crème de la crème”. Antes de que a alguien se le ocurra llamar a mi puerta para sermonearme después de leer esta bonita “reflexión”, quiero advertirles que yo estudié la Biblia durante varios años, así que absténganse de un debate inútil.

Me encanta toda esa gente que busca una religión lo suficientemente “flexible”, la cual les permita estar en paz con Dios y sus conciencias, sin que esto implique, ningún esfuerzo significativo o sacrificio de alguna especie. Es algo así, como buscar en los recovecos que tienen las leyes fiscales, la manera de pagar impuestos, pero siempre, los menos posibles. Bueno, pues este tipo de gente del cual me gustaría hablarles, eso es lo que han encontrado en el Cristianismo, una religión que han modificado (interpretado) a su conveniencia, una religión finalmente… ¡a su medida!.

La religión, como la mayoría, no es mala en si, sino aquellos que buscan usarla para su conveniencia. Así, encontramos en las filas del Cristianismo, a personajes tan finos y ejemplares, tales como: Gloria Trevi, La Familia D'Alessio, Mitzy (diseñador), Yuri, José José, tan solo por decir los mas famosos y conocidos.

Yo sé que para Dios, no importa si hablamos de: asesinos, drogadictos, homosexuales, alcohólicos, güilas (y demás gente de “ambiente”), de hecho, para eso esta él, para perdonar a estas “ovejitas descarriadas”. Pero lo que esta gente no entiende, o no quiere entender, es que – ok ok, ya los perdonó, ahora vayan ¡Y NO PEQUEN MAS! -.

Les podría citar una lista interminable de versículos de la Biblia, tan solo para demostrarles, como estas finísimas personas, solo son Cristianos “a medias”, pero la neta, no es esa mi intención, allá ellos y el Altísimo. Sin embargo, no deja de molestarme (para variar), que estos ejemplos a seguir (para el resto de nosotros los pecadores), anden por la vida promoviendo una religión, la cual ellos no terminan por aceptar, aunque a ellos se les llene la boca, cada vez que dicen que ya recibieron a Cristo en sus corazones.

Bueno queridas “ovejitas descarriadas”, si van a andar por el mundo navegando con bandera de Santos, pienso que: una vida mas humilde, no les vendría mal; una vida lejos de los placeres mundanos y hedónicos, les sentaría mejor; una vida en donde el perdonar este presente, seguro que les resultaría más reconfortante; y una vida tolerante hacia las demás creencias y religiones, eso sí sería… una verdadera virtud.

Mis niños y niñas lectoras, espero que no se me hayan sentido ofendidos por el tema. Sé que hablar de religión, es un tanto cuanto delicado. Pero también sé, que son gente pensante y por eso me leen… y si no son pensantes, pues ni me apuro, total, ni me entendieron.

Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota: este post salió de mi retorcida mente, luego de ver al niño D’Alessio y la actitud (nada Cristiana) que tuvo para con su recientemente fallecido padre. Espero de todo corazón, que haya tenido el tiempo para perdonarlo y para perdonarse, sino, no quisiera estar en estos momentos, en los zapatos de ese cristiano ejemplar… Jorge D’Alessio.

Nota de Ultima Hora: el otro niño D’Alessio (el “talentosísimo” cantante y actor), dijo que no iba a respetar la voluntad de su padre de ser incinerado, y que iba a sepultarlo como “Dios manda”. Dijo textualmente: - Voy a hacer la voluntad de Dios, de lo que dice la palabra del señor, ya saben que no obedezco a la palabra de un hombre. Además, después de lo sucedido, el que toma las decisiones en la familia, soy yo -. ¡No les digo!, ven la paja en el ojo ajeno, y no la trinche vigota en el suyo. ¡Que huevotes de Cristiano!...

Frases Jotitas 6

"Es tan fácil dar nuestra opinión, lo difícil es escuchar la de los demás. Pero lo que es casi imposible, es cambiar la nuestra, aceptando que estábamos equivocados."

- said -

Frase Cele bral 3


Estoy acostumbrado, mal acostumbrado, a las costumbres. Creo que tengo que desacostumbrarme, porque esto se esta convirtiendo ya… en una costumbre.

- said -