viernes, 30 de octubre de 2009

El Festival de Halloween


Hoy fui al festival de mi querida y adorada sobrina, apropósito del día de muertos. Me “encantan” estos festivales, donde lo único que uno puede ver, es el trasero regordete de todas las madres eufóricas, que con cámara en mano, buscan entre la multitud de críos a sus adorados vástagos. Desde que llegué, fue una verdadera monserga el encontrar un lugar donde estacionar mi corcel negro. Mi espíritu cooperativo de tío bonachón, me hizo mantener la calma y no estallar en cólera (cosa rara). Finalmente encontré donde dejar mi “unidad” (como dicen los polis) y me encaminé hacia la entrada del “cole”.

Me recibió una maestra con un traje de calabaza anaranjada, que más parecía del escuadrón de limpia del D.F. Las sillas dispuestas para el respetable, ya se encontraban atiborradas de papás, mamás, abuelitas, tías, y de más entenados, todos ellos ávidos de ese bonito espectáculo que estaban por presenciar. Mi querido hermano, alzo su enorme humanidad sobre el resto de los padres, para indicarme que yo contaba con “derecho de apartado”. Luego del molesto – compermicito, compermicito -, logré llegar hasta mi privilegiado lugar, previamente reservado por mi puntual cuñada.

La gente seguía llegando a borbotones al evento, mostrando una evidente desilusión al darse cuenta que por no ser puntuales, literalmente se la iba a “pelar” y no iba a poder ver a sus querubines en escena. El “soundcheck”, estaba a todo lo que daba con el conserje que elegantemente decía en el micrófono – sí, sí, uno, dos, tres, probando, si, si -. Todo estaba ya listo para que las trinches criaturas hicieran su aparición en el escenario. En lo que esto ocurría, yo un poco inquieto, buscaba el lugar en donde había instalada la tradicional ofrenda de muertos, que era realmente lo único que me interesaba admirar, además de mi querida sobrina, of course!. Pero de la ofrenda… ni sus luces.

Finalmente y luego de una “espontánea” ovación por parte de los maestros, hizo su aparición la Srta. Directora (señorita que fácil rebasaba los 60 añotes). La Directora se dirigió al respetable: - Antes que nada, quiero dar la gracias por su presencia a todos los papacitos que vinieron al festival -, y era obvio que se refería a mí, sino hubiera dicho “papás” y no “papacitos”.

La Directora, luego de un choro mareador donde nos explicó el significado de la fiesta de Halloween, presentó al primer grupo (los más chiquitos, los de primero), que afortunadamente era el grupo de mi sobrina. En cuanto salieron a escena, cientos de padres con cámara en mano, unos de video otros de foto, atravesaron sus inmundas humanidades y no dejaron ver a nadie. Frente a mí se ubico un mini hombre, joven, gordito, pelón, de escasos metro y medio de estatura, pero con todo y su estatura milimétrica, nomás no me dejo ver nada. Ipso facto (o sea, en chinga), aclaré mi voz de locutor antiguo y me dirigí a él en tono enérgico: - disculpe, lo molesto, no me deja ver a mi hija -. A este mensaje, decidí imprimirle una mirada de esas que apenas si insinúan – o te quitas, o te rompo la madre –, cosa que afortunadamente funcionó, y el mini hombre procedió resignado a ponerse en cuclillas.

Ahí estaba mi sobrina en escena, con su hermoso traje de perversa brujita. La diva, porque han de saber que la señorita es una diva, a última hora, decidió salir “a cara lavada” a escena. Su madre, quería como al resto de las niñas, maquillarla para que su caracterización de bruja cara de Elba Esther Gordillo fuera completa. Pero no contaba con uno de los desplantes de diva que mi sobrinita acostumbra, así que la nena dijo – yo no quiero maquillaje, no me gusta verme fea -, y a su asistente (o sea su madre), no le quedo más que apechugar. De cualquier manera, se veía linda, hermosa y adorable, mi mal educada sobrina (por cierto, yo también contribuyo a mal educarla, ¡nomás faltaba!).

Luego de la indicación de su “miss” (maestra para los que estudiamos en escuela pública), y a la cuenta de tres, los niños cantaron una hermosa canción alusiva a la fecha. Mi hermano, todo orgulloso de su abominable pero hermosa hija, tomaba video sin perder un detalle. Mi cuñada, la cual se encontraba situada a mi diestra, mostraba cero emociones ante ese tierno espectáculo musical. He de decirles, que por alguna extraña razón, mi cuñada es más seria que el ¡cáncer!. Yo en cambio, estaba casi al borde de las lagrimas (sentimentalón y jotito que es uno), de ver ese bonito número lleno de críos felices y fascinados con sus disfraces.

Finalmente, el número musical de mi sobrina terminó y yo le rendí una ¡standing ovation!. Acto seguido, comencé a pedir “encore”… tristemente, me la “peleichon”. Después de tanta emoción, me tranquilicé y empecé a buscar la manera de hacer mutis del festival y emprender mi camino a mi quehaceres diarios. Y de nuevo… ¡me la “peleichon”!. Había tanta gente, que era prácticamente imposible volver al – compermicito, compermicito – sin morir linchado en el intento, por las multitudes enardecidas del festival. Nunca en la vida, desee más un simulacro de incendio o una estampida de ratones, como en ese momento. ¡Ni pex dijo Alfredex!... me tuve que chutar las intervenciones artísticas del resto de los parvulitos.

Como a la mitad del evento, como que empecé a caer en cuenta… ¿por que carajos no estoy entendiendo nada del festival, será que estoy muy distraído?. Distraído… ¡madres que!. Resulta que todo el festival estaba siendo conducido en el trinche idioma “chespiriano” que tanto odio, ¡el ingles!. Con razón, nomás no lograba encontrar por ninguna parte, la bonita ofrenda del día de muertos. Era la cultura de la hamburguesa que no estaba invadiendo, y que ya se había apoderado de las mentes de nuestros niños, y de los estúpidos padres que no se daban cuenta de lo que estaba pasando. Estoy de acuerdo que es importante que les enseñen ingles, pero ¿qué no es responsabilidad de las escuelas el fomentar el amor por México y sus tradiciones?. ¡Maldita sea!… la Catrina del maestro José Guadalupe Posada, se había transformado en nuestras narices, en la bruja de Disney, y nosotros ni nos habíamos dado cuenta. Así transcurrió todo el festival, canciones, representación teatral, y pequeños discursos, todos… ¡en ingles!.

Como ustedes gentiles amigos lectores me conocen, luego de ofenderme e indignarme… pues me encabroné (obvio). Le sugerí a mi hermano que inmediatamente sacara a mi sobrina de esa escuela “yankee” y la metiera a otra donde la hicieran sentirse orgullosa de mi querido México. Mi hermano, que ya me conoce, procedió a darme la razón (el avión) y mostró un poquito de indignación de manera solidaria conmigo.

Antes de abandonar el dichoso “cole” de mi sobrina, recorrí, más bien, ¡peine! la zona, solo para que no quedara duda, de que esa bola de “mises”, habían omitido la hiper tradicional ofrenda de muertos, ¡y lo dicho!, nomás no la encontré por ningún lado. A la salida, estaban reunidas la mayoría de las “mises” despidiéndose de los asistentes, todas ellas, disfrazadas de personajes gabachos de halloween, y tristemente ninguna de ellas… por lo menos de la Catrina. Al pasar junto a ellas, tuve el deseo intenso, de corre en busca de una “máscara de portero de Hockey” y una “sierra eléctrica”, para convertirme en Jason Voorhees (de “Viernes 13”) y darles lo que se merecían… ¡el susto de su vida!.

Amigos lectores, ahí les encargo que a sus hijos les festejen su “jalogüin”, pero también, les hablen un poco, de la bonita tradición mexicana del día de “Los Fieles Difuntos” y el de “Todos los Santos”. Digo, pa’ que su servidor ya no haga corajes… ¿va?

Otro día con más calmita… les doy su calaverita.

jueves, 29 de octubre de 2009

¡¡¡POST 100!!!


Hoy se cumplen “100 post” de estar asistiendo puntualmente a mi terapia en este Blog. Parece ser que el tratamiento psicoterapéutico está dando resultado, aunque mi frustración y amargura “grinchesca” ante el mundo, sigue siendo la misma. Creo que estoy empezando a comprender que mi enfermedad es incurable, así que tendré que aceptarme, como un ser odioso y neurasténico por el resto de mis días. Ustedes, amigos lectores, más les vale que hagan lo mismo conmigo, o terminaran un día de estos, clavándome un “piolet” en la cabeza por la espalda, como al buen Trosky… ¡no me gustaría verlos en “chirona” pagando por un magnicidio justificado!. Los convido a que sigan leyendo mis mamotretos para que mi vida tenga sentido… y que mejor sentido, que el compartir con ustedes mis frustraciones y amarguras.

Les prometí una foto y aquí esta. Casi no tiene retoques y es una de las más recientes que tengo. Por cierto, una disculpa, había invitado a Carmen Salinas y a Maxime Woodside a debelar la placa de mis “100 Post’s”, pero resulta que ahorita, el tema del momento, son las tan traídas y llevadas (literalmente) nalgas de la Guzmán, así que esto las mantiene ocupadas y esa es la razón por lo cual no pudieron venir a mi fiesta de los “100 Post’s”… ¡y qué le vamos a hacer!.

Otro día con más calmita… les agradezco que me lean.

lunes, 26 de octubre de 2009

Los odiosos puristas ortodoxos...



Parece que yo vivo eternamente instalado en el coraje, el berrinche y la muina. Resulta que el otro día que fui al ensayo de la OFUNAM, donde la Dra. Julieta Fierro participó haciendo las veces de narradora en la obra “Los Planetas” de Gustav Holst, al terminar, una persona que supongo es algún funcionario de la Orquesta, platicó con el respetable. Luego de dar una pequeña e interesante explicación de lo que acabábamos de ver y de lo que iba a pasar por la noche ya en la función formal, preguntó si el público quería hacer alguna pregunta o comentario. El público, en la mayoría jóvenes, al principio estaba un poco “reacio” a hacer preguntas, por el evidente temor a preguntar algo fuera de lugar. Yo siempre he sostenido que: “no existen preguntas pendejas… sino ¡pendejos que no preguntan!”. Así que luego de unos valientes, como que el resto de los muchachos se armaron de valor y comenzaron a preguntar y a hacer comentarios. Aunque no lo crean, muchos comentarios y preguntas fueron bastante interesantes, incluso aprendí cosas que yo no sabía.

Ah! pero nunca falta un pelo en la sopa, o en este caso, un pinche intelectualoide imberbe en el concierto. Resulta que el “típico” niño que se cree un iluminado, bendecido con el don de la inteligencia y poseedor de la verdad, hizo el siguiente comentario: - yo no estoy de acuerdo con la intervención de la maestra Fierro durante el concierto, porque considero que nos trató como niños, incluso me sentí ofendido con sus explicaciones bobas y simplonas, además de que sus movimientos en el escenario rompían con el flujo natural del concierto -. Debo de confesarles gentiles amigos, que mi primer reacción fue la de dirigir mi enorme y “jupiteriana” masa corporal, contra su escuálida y raquítica esencia. Por respeto al recinto, me contuve y me concreté a reflexionar, mientras esperaba que mi ritmo cardiaco regresara a la normalidad. Ya conocen a este tipo de personas seguramente, son jóvenes, con las greñas largas, el arete en la ceja, el morral tejido, el periódico de la Jornada bajo el brazo, la camisa de manta y los huaraches. Todo esto por separado, yo sería incapaz de criticarlo, pero aquel que gusta de usarlo solo por dar cierta imagen a la sociedad, nomás no merece mi respeto. Este tipo de personas que se jactan de odiar los “estereotipos”, no se dan cuenta que con su actitud y con lo que hacen en su imagen, están formando en si, un “estereotipo”. Repito, porque quiero dejarlo bien claro, yo NO critico a los hombres con el pelo largo, o con arete, tatuaje o demás perforaciones de esas que ahora se usan; ni critico a las personas que leen la Jornada, todo esto es muy respetable, lo que no soporto, son a las personas que adoptan esta imagen (y cualquier otra)… tan solo por “pose”.

Este aborto de intelectual, purista y ortodoxo de la música, parece que no conocía el significado de la palabra “extraordinario”. Cuando se habla de un Concierto de Música Extraordinario, lo que se quiere decir, es que es un concierto que se sale de lo ordinario (de lo común). Este tipo de conciertos “extraordinarios”, como los que se hacen con música popular o los dirigidos a los niños, tienen una función en especial, que es la de lograr acercar al publico nuevo o que no visita normalmente las salas de música, a esta bella expresión artística. Si a mi me preguntaran, si me había parecido muy “ñoña” la explicación que daba la Dra. Fierro antes de cada movimiento, hubiera dicho que – sí -, y si me preguntaran, si yo pienso que su intervención rompía con el flujo natural del concierto, yo también hubiera dicho que – sí -. Pero inmediatamente, y al más puro estilo de “Lucerito”, también hubiera dicho: - ¿y?, ¿y?... ¿yyyyyyy? -. Porque a diferencia de esa criatura con olor a pachuli, yo sí entiendo cual era el contexto en el que nos encontrábamos en ese concierto. Además, nadie ha dicho que el arte y la ciencia tienen que ser inflexibles, estirados y amargados. Aun dentro de la evidente precisión que existe en el arte y la ciencia, los seres humanos nos podemos dar el lujo de la “flexibilidad”, de vez en vez.

En el mundo Taurino, a cada rato me toca vivir escenas de estas. Cuando hay carteles con nombres importantes, acude la gente a la plaza en grandes cantidades. Muchos de ellos solo van por curiosidad, para ser vistos o porque los llevan, no son aficionados frecuentes. A este tipo de aficionado esporádico, se le conoce como “villamelón”. Los taurinos puristas y ortodoxos, que quieren mantener la fiesta en una especie de cofradía cerrada, de tan solo algunos elegidos, no aceptan que este tipo de aficionados acuda a las plazas. Eso es una reverenda pendejada, los que realmente amamos la fiesta, sabemos lo importante que es, el que continuamente surjan nuevos aficionados para que la fiesta no se extinga. Así que un poco de tolerancia y comprensión, no nos hace ni más ni menos conocedores.

Pero volviendo a lo que me toco vivir en el ensayo del concierto y ya para terminar, me gustaría decir lo siguiente:

Si vamos a una obra muy popular, de esas muy “taquilleras”, como podrían serlo: “La Novena Sinfonía” de Beethoven, o la famosa “Carmina Burana” de Karl Orff, debemos de ir mentalizados y preparados, pensando que va a acudir mucha gente a la sala, que normalmente no asiste a los conciertos de música clásica. Así que, si aplauden cuando no deben, si no guardan el debido silencio, si están distraídos, aburridos o incluso dormidos, tenemos que ser pacientes, porque por uno de ellos que quede “inoculado” con ese terrible virus de la música, habrá valido la pena todo el concierto, porque el arte, y la música en particular, habrán ganado un nuevo aficionado, y por consiguiente… un futuro experto amante de la música que no permitirá que muera el arte.

Queridos amigos, de nuevo, un poco de tolerancia en nuestras vidas, no nos haría mal.

Otro día con más calmita y en otro de mis “esporádicos” berrinches… nos leemos.

domingo, 25 de octubre de 2009

viernes, 23 de octubre de 2009

Mi Zona de Confort


Puntual como siempre. Eran exactas, las tres de la tarde. Yo, montado en mi fiel corcel negro, me disponía a hacer honor a mi nombre, alquilándome como vil chofer de señora de Polanco. Luego de unos segundos, aparecieron en la puerta, mi Princesa y su rolliza amiga. Siempre he sido pésimo para recordar los nombres de las personas, así que no me resultó nada extraño, el no recordar el de la mejor amiga de mi Princesa. Supongo que esto me convierte en un pésimo padre, pero no creo, solo me convierte, en el pendejo desmemoriado y distraído de siempre.

– Buenas tardes señor, ¿cómo le va? – me dijo la adiposa criatura de nombre desconocido, - bien hija –, le conteste así, a la “amigui” de mi verdadera hija. – ¡Hola pa! -, me saludo también, el orgullo de mi nepotismo, o sea, mi hija Mariana. Ya en una ocasión, les había comentado, como con el tiempo, mi adora hija, se ha ido haciendo “huevoncita” para hablar. Cuando era todavía una linda bebecita y empezó a hablar, ella se dirigía a mí, diciéndome – papito lindo -, luego con el tiempo, ya solo era su – papito -, siguió pasando el tiempo y me convertí en un simple – papá -, pero últimamente, cuando mucho, soy para ella, su – pa -. Tengo miedo que siga recortándome letras y termine en una simple “P”, y esto se podría prestar, como ustedes ya se imaginarán, a malas interpretaciones… ¿o no?.

Luego de que mi pasaje se montó a mi corcel negro, emprendí camino rumbo al destino acordado… la Expo de Orientación Vocacional “Al Encuentro del Mañana”. Yo soy un amante de las “Expos” y de las “Ferias”, desde la “Feria del Libro”, hasta la “Expo del Juguete” o la “Expo Sexo”. En esta ocasión, la Expo a la que se disponían a acudir mis desorientas futuras profesionistas, no me sedujo en lo más mínimo. Sin embargo, la idea de llevarlas, me pareció un excelente pretexto para visitar uno de mis lugares preferidos en esta la Nueva Tenochtitlan. Dicha Expo de Orientación Vocacional, se encontraba ubicada en el estacionamiento de aspirantes de Ciudad Universitaria.

Después de poco tráfico, cosa extraña, llegué al lugar, al cual por cierto, arribaban a borbotes, oleadas de estudiantes de todas las escuelas de esta la “Ciudad de la Esperanza”. Ahí se encontraba el futuro de México, buscando oportunidades para salir del subdesarrollo y la mediocridad de este país, haciendo lo que a ellos les corresponde… estudiar y preparase.

Luego da bajar a mi pareja de adorables pubertas, les di su bendición, las encomendé al Señor y pise a fondo el acelerador, para llegar cuanto antes a mi querida “zona de confort”. Me refiero, como la mayoría de ustedes ya se habrán imaginado, a la Zona Cultural de C.U., que se encontraba a menos de un kilómetro de ahí.

En menos de un minuto, ya estaba estacionando mi corcel, en uno de los estacionamientos de la Zona Cultural. No acababa de abrir la puerta, cuando tuve mi primera epifanía cultural. Me había estacionado, exactamente frente a la Dirección de Danza, y mi oído cuasi biónico, me permitió escuchar por una fracción de segundo, en lo que se abrió la puerta para que salieran unas personas, una melodía que inmediatamente me transporto a la Opera de Garnier, con todo y Margot Fonteyn.

Empecé a caminar entre los jardines y los pasillos que llevan al centro de la Zona Cultural, cuando por mis fosas nasales, comencé a percibir el olor a libros, a telones, a oboes, a celuloide, a oleos, a roca volcánica, pero sobre todo, un fuerte y penetrante… olor a vida. Ver a este grupo de jóvenes y adultos, tirados en el pasto, bajo un árbol o en una banca, leyendo o simplemente “pensando”, es un bálsamo esperanzador para mi fracturado espíritu, consecuencia de la ignorancia y la apatía cultural que muestran muchos jóvenes en nuestro país.

Mientras caminaba, recordaba, mientras recordaba, vivía, y mientras vivía… dejaba de morir, por lo menos por un instante. Cuando era estudiante, cuantas veces caminé por ahí tomado de la mano de una niña, amiga o algo más, buscando un poco de la “poca” paz, que no se encontraba en la facultad. Ahí sigue la cafetería, a la cual acudía con unos pocos pesos en la bolsa, para compartir unos molletes y un par de refrescos con mi novia. Ahora, sigo con unos cuantos pesos en la bolsa, pero sin la novia para compartir los molletes… ¡chido!, así me tocan cuatro y no dos.

Llegué al Centro Cultural Universitario, en donde se encuentra una fuente (de esas que tienen agua y no basura), y como niño chiquito en Disneylandia que no sabe a que atracción subirse, en ese momento, no supe hacia a donde dirigirme. Lo primero que me llamó la atención, fue una transmisión en vivo que se estaba llevando a cabo frente a la Sala Miguel Covarrubias. Poco duró mi interés por esa transmisión de radio para la “W”, ya que el tema eran los recientemente incrementados impuestos. Francamente, como en el Fútbol Americano, tuve que marcar un “offside” (fuera de lugar) en contra de la “W”. Creo que lo más indicado, hubiera sido que transmitieran desde la Facultad de Economía, y no desde el Centro Cultural Universitario. Así que hice “mutis” cuanto antes y me dirigí a una librería que se encuentra frente a las salas de cine José Revueltas y Julio Bracho. Ahí estuve en ese bonito remanso de paz, por algunos minutos ojeando, más no comprando, una buena cantidad de libros que me hubieran llevado a la ruina si los hubiera comprado. Ya saben, de esos libros grandotes grandotes, pesados pesados, llenos de hermosas fotografías e ilustraciones, que baratos, lo que se dice baratos… pues no son. Había unos de arqueología bastante fregones, en especial los de la cultura Maya. Otros que me gustaron, eran de algunos pintores famosos, incluyendo por su puesto, a la “idolo” de mi hija… Friducha.

Luego de unos minutos en la librería, me fui a mi sitio preferido, la maravillosa Sala Nezahualcoyotl. Ya pendí la cuenta de todos los conciertos que he presenciado en esa, que es sin duda, la mejor sala de conciertos de Latinoamérica. Conciertos con la OFUNAM por su puesto, pero igual con la Orquesta Sinfónica de Minería, orquestas invitadas de otros Estados o incluso Países, conciertos populares como los de Oscar Chávez, Tania Libertad, Susana Zabaleta, Eugenia León, Armando Manzanero, etc. También me tocó presenciar conciertos excelentes de jazz, o incluso algo tan mágico y único, como la lectura de la poesía de Sabines… ¡por el propio Sabines!. Recuerdo con mucho cariño, la vez que literalmente “me echaron” de la Sala durante un ensayo con el Maestro Luis Herrera de la Fuente. Cuando yo era estudiante, acostumbraba colarme en los ensayos de la OFUNAM, y en esa ocasión, el maestro Herrera de la Fuente (famoso por su pinche carácter), se encontraba dándoles una verdadera y reverenda “cagada” a los músicos, que nomás no podían con unos compases de un concierto. De pronto, volteó lleno de cólera hacia las butacas y nos descubrió a mí y a otro profesor, escondidos en la última fila de la sala. Luego de dar un grito estremecedor (que ni la soprano que se encontraba ahí), nos mandó desalojar inmediatamente la sala, lo cual hicimos sin chispar. Por su puesto que en la noche, ahí estaba yo en primera fila, aplaudiéndole de pie y pidiéndole “encore”.

Luego de entretenerme por un momento leyendo el programa de la Sala Nezahualcoyotl para los próximos días, me dirigí al recientemente inaugurado MUAC (Museo Universitario de Arte Contemporáneo). Por su puesto que a un museo nunca hay que ir con “prisas”, así que como en cualquier momento iba a sonar mi celular para darme la orden de regresar por mis noveles “patronas”, decidí no entrar más que a la tienda del museo. De nuevo ahí, los libros comenzaron a guiñarme el ojo, algunos prácticamente se me ofrecían como viles suripantas de Sullivan. De nuevo Friducha, con su cara llena de dolor y su columna rota, movía sus cejas frente a mí, como recordándome que yo tenía una hija ávida de información de esta sufrida pintora. Intente no verla, ¡pero cómo no verla!... apechugue, saque mi sobregirada tarjeta “dorada” (o adorada), y le compré el bonito detalle a mi bebe. Para mí solo compré un “colguije” en plata, de la mascara del Santo (el enmascarado de ídem)… que seguramente terminará también en las manos de mi hija, o en este caso, en el cuello de mi hija.

Saliendo de la tienda del museo, pensé en irme a tomar un café al restaurante del museo que esta bastante “nice” (nice: a gusto, confortable, acogedor, chingón pues), pero igual, un café no se debe de tomar con “prisas”, así que como digo yo: “otro día con más calmita”. Entonces, salí del museo y me senté a leer algo de los folletos que tomé de por aquí y por allá. Por cierto, es increíble toda la oferta cultural que hay en la Ciudad de México, para todos los gustos y para todos los bolsillos, por eso no entiendo a los jóvenes que se aburren en sus casas y no saben que hacer. En fin, les decía que estaba cómodamente sentado en la plaza del museo leyendo los folletos y el libro de Friducha, cuando procedí a sacar un walkman de mi “neceser” (neceser: bolsa bastante jotita que acostumbro usar, en donde guardo madre y media que no me gusta traer en las bolsas del pantalón). Luego de sacar mi walkman, o como quiera que se llame esa madre que sirve para escuchar música con audífonos a la cual yo le sigo diciendo walkman, procedí como siempre, a batallar por unos minutos con él, hasta que finalmente logré hacer que saliera música a través de sus audífonos. No me los acababa de poner, cuando un larguirucho parvulito lleno de barros, me pido de la manera más amable, que les ayudara con una tarea. Yo siempre dispuesto a ayudar a mis semejantes (semejantes escuincles jodones), accedi a ayudarlos.

El crío este, me hizo levantarme de mi posición estratégica en la plaza (bajo la cómoda sombra de un árbol), para desplazarme al centro de la plaza donde se encuentra una escultura enorme, para realizarme nada más y nada menos, que una entrevista. Ahí bajo la escultura, ya me esperaban tres compañeritos más, los cuales me explicaron que me iban a hacer una entrevista para su clase de “ética”. Por su puesto que como toda una “diva” que soy, lo primero que les dije levantando la ceja, fue: “les advierto que yo de mi vida privada no hablo”… inexplicablemente esto les causo risa (¡irreverentes!). Me pidieron que me sentara en la base se la escultura, yo pregunte si no tenia que pasar a maquillaje primero y ellos me dijeron que no era necesario. Después, les pedí que por favor cambiáramos de lugar, porque mi perfil bueno era el contrario, a lo que mi amigo el entrevistador accedió. Por último, le pedí al camarógrafo que me cuidara la toma, porque como últimamente no he ido al baño, tenia ligeramente distendido el estomago en ese momento. Luego de mis “profesionales” indicaciones, los niños productores contaron: “5,4,3,2… kiu” y entré al aire. Por su puesto que en ese momento adopte mi pose intelectualoide estilo Carlos Monsiváis, dispuesto a compartir mi basta cultura y experiencia con las nuevas generaciones. La primera pregunta se me hizo: -Señor, díganos que son los valores-, a lo que yo contesté –básicamente, o sea, se podría decir, este, como les diré… ¿me podrían repetir la pregunta?--sí, ¿que entiende usted por valores?-.

Queridos amigos lectores, he decirles que hice el oso de mi vida, mi mente quedo completamente “blank”. Definitivamente creo que “Sammy” hubiera estado mejor que yo. Por alguna extraña razón, sufrí un ataque de “pánico escénico” ante las cámaras, y estoy seguro que lo único que contesté, fueron una serie de estupideces sin sentido. Apenas hacía menos de un mes, le había ayudado a mi hija con una tarea precisamente de eso, de los “valores” y los “principios” en la Ética, pero en ese momento… ¡cero!, nomás escurría baba de mi rostro divagante. Estoy seguro, que en el auditorio de esa universidad, fui el “hazme reír” de todo el estudiantado. Después de este fracaso, seguro que Juanito Osorio ya no va a querer contratarme como galán joven para su próxima telenovela. Antes de retirarme de ese lugar, les pedí, casi les supliqué, que borraran mi participación y buscaran algún otro ingenuo, más conocedor de la materia de “ética”. Casi podría apostar, que no me van a incluir dentro de sus entrevistas, pero segurísimo, voy a ser la estrella en la sección de “bloopers” de su trabajo. En fin, adiós a mi carrera en los medios, yo que soñaba con llegar a ser como Adal Ramones… so sad!.

Volví a sentarme bajo mi árbol y fue justo ahí, ya si ellos enfrente, cuando llegó a mi mente, todo un tratado filosófico acerca de los famosos “valores” y “principios”. ¡Lastima Jaimelito!, no hay segundas tomas, los niños se habían ido, junto con mi oportunidad para ser la estrella juvenil del momento. Así que saqué de nuevo mi libro, me puse los audífonos, y deje que el “Réquiem” de Mozart musicalizara mi desgracia. Justo en la famosa parte del “Confutatis”, mi tetilla izquierda comenzó a vibrar, inmediatamente pensé que era un infarto producto de la vergüenza, pero no, era el celular que vibraba para avisarme que mis dos chiquitas ya habían salido de la Expo y estaban esperando que su chofer (o sea yo), pasara por ellas.

Solo me llevó unos segundos atravesar los jardines y llegar hasta mi corcel negro, el cual abordé para salir con rumbo al estacionamiento de aspirantes. Luego de recogerlas, inmediatamente les pregunté: -niñas, ¿ustedes saben lo que son los valores en ética?-… y, sip, no me lo van a creer, pero me contestaron perfectamente. Así que como ustedes ya se imaginaran, ellas terminaron por clavarme la puntilla, en mi “orgullo” ya de por si, falto de casta y trapío.

Cuando íbamos por Insurgentes, pasamos frente al Monumento a Alvaro Obregón, así que aproveche para preguntarles si sabían quien había sido él (nomás como para sacarme la espinita). ¿Pues qué creen?... me dijeron perfectamente casi la biografía completa de este ilustre Presidente de México, pero yo que soy un mal perdedor, inmediatamente las corregí y les dije que: “Alvaro Obregón ere el dueño de una cadena de franquicias de restaurantes que venden bisquets”… yo me reí por dentro de mí, al mismo tiempo que agradecía el no tener el don de leer la mente, porque seguro que lo que estaban pensado estas inocentes criaturas, era algo parecido a *%$#@&...
Finalmente al llegar a casa, le entregué su libro de Frida Kalho a mi hija, y ellas siguió amandome por los siglos de los siglos... achuuu!.

Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota: a mis amigas que son unas puristas del lenguaje y la ortografía, les hago de su conocimiento, que estaría loco si me pongo a revisar la ortografía de este interminable mamotreto, así que hay les encargo, que no sean tan criticonas y me den chanse por esta vez… ¡pos estas!.

miércoles, 21 de octubre de 2009

Hoy toca cine...


Mis días preferidos para ir al cine, martes y jueves. Así que hoy martes, decidí emprender mi viaje mágico y misterioso (como el de los Beatles) al cine. En lo que terminé lo que tenía que hacer y conseguí una voluntaria para ir a mi “palomera” encomienda, pues se me hizo tarde y tuve que hacer ciertos ajustes a mi poca flexible rutina cinematográfica.

Como buen animal de costumbres que soy, a mí no me sacan de mis cines “oficiales”, sin embargo, en esta ocasión, la distancia y el tráfico no estaban de mi lado. Desplazarme hasta las salas a las cuales acostumbro ir, hubiera sido un grave error, el tiempo estaba en mi contra. Yo no soy de esos pelados que se lanzan al cine a ver a que trinche película entran. Para nada, yo desde un par de días antes, estoy analizando cual es la mejor opción a ver y el horario más optimo. Sin embargo, esta vez tuve que cambiar la cede de mi “proyección”; la película en este caso, por ninguna manera la iba a cambiar. Así que luego de ver horarios en el internet, me lancé a unas salas que están muy cerca de mi Principado.

Antes de dirigirme hacia las salas de conocida cadena de cines, pasé por la "individua" a su trabajo, donde luego de esperar 14 minutos (15 es mi máximo de tolerancia), finalmente la damita apareció con una cara de “¿ya tenías mucho?”. Mi mirada inquisidora fue suficiente para que cambiara inmediatamente de tema y lograra tranquilizarme sin necesidad de usar un rifle con un dardo lleno de droga.

Ya camino al cine, se me cerró un taxi. Mi instinto de supervivencia (sino me desahogo me muero), me hizo alcanzarlo para por lo menos mentarle su sacro santa, pero luego de emparejarme con mi bello corcel negro a su carcachita, descubrí que se trataba de un cebollín (cebollín: dicese de la persona de avanzada edad que debería de empezar a pensar en abandonar el barco). Así como hay un mínimo de edad para poder manejar, siempre he pensado que debería de haber un máximo de edad, y este “terodáctilo” al volante, ya debería haber dejado de manejar hace un buen de años. Así como a los ancianos se les van cayendo los dientes con el tiempo, bien podrían írseles cayendo los espejos de sus coches también, porque parece que a estas alturas de la vida ya no los necesitan… tan tranquilos van y vienen de derecha a izquierda y viceversa, sin siquiera voltear o sacar la mano. No me quedó más que modificar la “seña” que ya tenía preparada para en su geta mostrársela, por otra menos ofensiva conocida como “bendición”. Así que luego de darles la bendición a los pasajeros de ese “rockotaxi”, seguí rumbo al cinema (chinema).

Como se imaginarán, me encantan ir los martes y los jueves, porque en esos días los cines están prácticamente vacíos… o eso creía yo. Total, que llegué apenas con el tiempo suficiente para pasar a la “dulcería” del cine. Ojo que puse “dulcería” entre comillas, porque lo único que deberían de vender en ese lugar son ¡dulces!, y si acaso palomitas y refrescos. Así que me acerqué al mostrador y le pregunté a mi gentil acompañante: -¿qué cosa se te antoja?-, a lo que ella contestó con un gesto condescendiente –unos nachos y un refresco-. Como ustedes comprenderán y conociéndome (u odiándome), no permití que ella metiera eso al cine, así que compre palomitas y refresco, y se tuvo que conformar… ¡al cine no se va a tragar! (y perdón por la brusquedad). Como ustedes se imaginaran, no soporto a esas personas que entran con tremendas charolas llenas de hotdogs, nachos, “changüis”… y creo que hasta pizzas venden. El cine solo debe de oler a palomitas y punto, no a cebolla y chile jalapeño.

Pero bueno, ya adentro de la sala, comencé a ver con cierto pánico, como se iba llenando de parejitas y grupos de amigos, todo ellos ¡pubertos!. Resulta, para los que no conocen la Ciudad de México, que hay una Plaza Comercial de nombre “Plaza Universidad”, que curiosamente, atrae en cantidades devastadoras a niños en la edad de la punzada (parafraseando a mi “agüela”). No precisamente estos niños, han sido educados en las mejores familias o escuelas, por lo que su comportamiento en sociedad deja mucho que desear. De pronto, volteo y veo una “damita” con las patas arriba de la butaca de enfrente. Me imagino que estas actitudes de desenfado, las hacen sentirse bien “cool”, como muy ajenas a los convencionalismos y las falsas poses, pero ¡que equivocadas están!... señoritas y señoritos “cules”, déjenme decirles, que eso es simplemente ¡una gatada!. Afortunadamente otra parejita de “cules” se sentó frente a ellos, por lo que la damita tuvo que bajar sus “cuartos traseros” de la butaca.

Arriba a mi derecha (como decía el Doctor IQ), llegaron tres individuos, que si no eran rateros o secuestradores, pues ¡que desperdicio de caras!. Tres jóvenes, todos ellos con su respectivo peinado de “mango chupado”, se instalaron en la fila de atrás y comenzaron a platicar en voz alta. Normalmente, yo era famoso entre la comunidad cinéfila, por callar y mandar sacar a estos babosos de las salas de cine, pero luego de medirlos y contarlos, como dirían los clásicos… “me abrí”. Yo mido aproximadamente 1.80, pero no sé que les dan últimamente a los críos que están creciendo a lo pendejo (¿serán los licuados estilo Doña Lucha?). Dos de ellos fácil me sacaban 10 cm, además de que yo les sacaba como 20 años, así que, entre que me sacaban y yo les sacaba… pues le saqué. No me quedó más que apechugar y esperar a ver si Diosito me hacía el milagro.

Por otro lado, a mi derecha, llegó una parejita de novios llenos de hormonas a punto de explotar. Todavía no apagaban la luz, y ellos ya estaban intercambiando fluidos corporales con sendos besos bilingües. Esto, por raro que les parezca, no me molesta en lo más mínimo, ya que siempre es bueno tener un “Plan B” por si la película esta aburrida. La nena estaba bastante potable, así que si la película no me convencía, solo tendría que girar 90° a estribor mi cabeza, para toparme con el bonito espectáculo de la naturaleza conocido como apareamiento (o cuasi apareamiento).

El resto del respetable igualmente me inquietaban, todos platicando, llamando por sus celulares, tragando como trogloditas, en pocas palabras, todo pintaba como para un fallido intento por disfrutar de una buena película. Me arrepentí inmediatamente de no haber ido hasta mis cines preferidos, que por estar retirados de esta zona altamente poblada de este tipo de “entes”, goza de una total tranquilidad dentro de las salas. Allá, normalmente aparece uno que otro vejete igual que yo, que lo único que busca es sentarse en la butaca, desconectar su celular, abrir una bolsa de panditas o gusanitos, y disfrutar del “séptimo arte”. Pero ni “pex” (como dicen los “cules” de los cueles les hablo), mi logística falló y terminé con mi acompañante, sentado en esta sala “piojito” sin más remedio, que tener que adaptarme al “pópulo” y convivir con él.

Seguramente a estas alturas de mi relato, ya les caí mal por mamila (léase mamón), y criticón, pero ya me conocen, yo no sé ser políticamente correcto y solo digo lo que pienso. También estoy seguro, que cualquiera de ustedes me mandaría al carajo si la invitara al cine, y eso es obvio, no tienen porque aguantarme, es más, si quieren subir los pies a la butaca y comer su hotdog o sus nachos… ¿quién chingados soy yo para impedírselos?. Por eso, agradezco de sobremanera a mi amiga cinéfila, que soporta tanto desplante y payasada de mi parte, cada vez que vamos al cine.

De pronto, la cortina se abrió, la luz bajo en intensidad, y comenzaron a proyectarse en la pantalla, una serie de churros cinematográficos que vendrán en un futuro próximo, a lo que los gringos llaman “coming atractions”. Vi una porquería de película que va a tratar del fin del mundo, de ese que hablan todos los “bien informados” que ocurrirá en el 2012. Otra, va a tratar por chingomilesima vez, del hombre lobo, que de no ser porque vi ahí a Sir Anthony Hopkins, diría que es un churro seguro. Pero la que pinta como para ser algo peor que “La risa en vacaciones 23”, es una secuela de una de “vampiros” (pubertos para acabarla de fregar), de nombre “Crepúsculo dos” (o algo así). Por cierto, si me permiten recomendarles algo verdaderamente bueno y original con el tema de vampiros, es una película sueca que se llama “Låt den rätte komma in”, en ingles “Let the right one in”, del director Tomas Alfredson. Es una excelente película que habla de la relación entre una niña (vampiro) y un niño, como de 12 años ambos… por favor, si confían en mis recomendaciones “palomeras”, búsquenla y veanla, en verdad es buena.

Regresando a mi penosa visita al cine, les diré que mientras comenzaban a pasar esos “cortos”, yo tenía la esperanza de que la concurrencia comenzara a callarse de una vez por todas y dejara en paz sus trinches celulares, pero ¡oh desilusión!, siguieron platica y platica, como si estuvieran chingándose un café en un Sanborn’s.

De pronto, para todos los escépticos como yo que dejamos de creer en milagros… ¡algo increíble pasó!. Al comenzar la película, los pubertos dejaron de hablar, algunos vi que incluso apagaban sus celulares, todos se sentaron como seres vertebrados pensantes y con maravilloso asombro (por lo menos de mi parte), se dispusieron a ver la película con un respeto total a mí, pero sobre todo, a la película. Seguramente ustedes pensaran que fue un milagro de Dios, ¡y claro que Dios hace milagros, así y más grandes!, solo que en este caso el milagro no fue de Dios… fue, de Tarantino.

Otro día con más calmita… nos leemos.

Nota. Una “amorosa” amiga mía, me pidió que hiciera una critica de esta película, pero lo siento, no puedo hacerla… ¿quien carajos soy yo para hablar de una obra maestra como esta?. Las amorosas entienden…

domingo, 18 de octubre de 2009

Los Acaros... criaturas libinopútridas.


El otro día que andaba divagando por los chingomil canales de televisión que tengo, de pronto uno llamó de sobremanera mi atención. Era uno de esos canales de ciencia (tipo Discovery), en donde se estaba presentando un reportaje de los “ácaros”. Para los que no lo saben, los ácaros, son esos animalitos microscópicos, más feos que “la Pinal sin maquillaje”, que se alimentan de los restos de nuestra piel, y que viven felices y fascinados en nuestro colchón y en nuestras almohadas.

Según este programa, por más limpios que seamos, irremediablemente estos bichitos conviven con nosotros todas las noches mientras nos “geteamos”. Por otro lado, ese bonito y ocioso espíritu científico que tengo, me llevó a pensar y a preguntarme lo siguiente: ¿qué harán estos animalitos mientras yo realizo mi famoso acto de apareamiento con una damita en el lugar de mis éxitos (mi cama)?. ¿Será que corren “ipso facto” por una botanita de escamas de piel (con jalapeños y queso amarillo), y se sientan cómodamente instalados, a presenciar aquel bonito y monstruoso espectáculo exhibicionista para adultos?. ¿Será que corren tratando de salvar sus vidas, para no morir aplastados por una nalga o rodilla en plena actividad copulatoria?. ¿Será que los ácaros también tienen “microteles” en donde ven el “Microdiscovery Channel”, por lo que corren por sus “microcamaras”, para grabar únicamente con fines didácticos, el proceso de apareamiento de su servidor?.

Todo esto, por un momento me inquietó de sobremanera, hasta que caí en cuenta, que hace mucho, pero mucho tiempo, que no realizo esa danza de amor, por lo que mis pervertidos microespectadores, seguramente ya decidieron mudarse a otro colchón con más actividad sexual. Ahora bien, lo que sí me parecería de mal gusto, es que estos “microamiguis”, no se solidaricen conmigo en mi involuntaria abstinencia sexual, y mientras yo duermo, ellos se la pasen dándole duro a la hilacha, en un orgásmico ambiente de lujuria y concupiscencia.

La verdad es que, como no creo que los ácaros que viven en mi colchón se priven de la continua búsqueda del hedonismo y los mundanos placeres que brinda el acto sexual, y como no tengo programación de adultos contratada dentro de mis chingomil canales, estoy seriamente pensando, en invertir mejor en un microscopio, para poder dedicarme al “vouyerista” acto de la “espiada”. Nada me va a dar más gusto, que el poderme burlar del “microtamaño” de sus “microcositas”… nomás, ¡pa’ que vean lo que se siente!.

Querido lector, si usted a diferencia mía, sí realiza el acto del apareamiento con más frecuencia que un eclipse total de sol, seguramente la próxima vez que decida “untarle manteca a la galleta” (me encanta esta frase por pelada y naca), sentirá que millones de ojitos lo observan, como al más famoso “porn star” de los 70’s. No les vaya a hacer caso, siéntase en libertad de experimentar como siempre, el Kama Sutra, y espere a que el respetable, luego de ese bonito espectáculo, le brinde una ovación de pie, a diferencia de su pareja, que no sabe apreciar seguramente, lo que es un buen amante… un amante, ¡enorme!.

Otro día con más calmita… nos leemos.

jueves, 15 de octubre de 2009

5 centavos de notas... No. 4


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Primero a los mexicanos nos tenían muy al pendiente del futuro de la Selección Mexicana, ahora, tenemos que estar pendientes las 24 horas del día y en todos los medios… ¡de las nalgas de “La Guzmán”!. Bien, muy bien, eso es un Pueblo profundamente informado, comprometido con el devenir de su país.


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Escuché a un caballero en la radio, promocionar su método de Lectura Rápida. Al principio me pareció interesantísimo… al final como siempre, me resulto una idiotez. ¿Quién en sus cinco sentidos, desearía leer la última novela de Saramago o del Gabo (G.G.M), en tan solo 20 minutos?. Esto sería tan estúpido, como intentar tomarse una botella de un “Pétrus” de Burdeos, ¡de un sopetón!. O como tener la oportunidad de hacerle el amor una única vez a Agelina Jolie, ¡y solo echarte un “rapidín” con ella!. ¿Verdad que no?... lo sostengo, ¡vaya estupidez!. Las cosas “de a poquito”, se disfrutan mejor.


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Después de estar tentado (increíblemente), a considerar como un buen candidato para la Presidencia de México a Marcelo Ebrard, por el excelente trabajo que ha hecho en mi adorado Centro Histórico de la Ciudad de México, me veo en la penosa necesidad de “desnegarme” (parafraseando a Cantinflas), luego de escuchar su apoyo incondicional, al corrupto Sindicato de Electricistas. Por lo que yo declaro en mi calidad de ciudadano lacra de este país, desierta la candidatura a la Presidencia de la Republica Mexicana para el 2012… al menos, para mí.


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Queridos amigos, todos ustedes saben que soy todo un “sommelier” experto en los frutos que nos da la vid (o sea, un borracho presumido). Así que el otro día, unas personas me hicieron una consulta, que igual y les puede resultar interesante o útil a ustedes. Me preguntaban: ¿cuál es la copa que va más con el Champagne, si la copa tipo “Flauta” (o Tulipa), o la vieja copa abierta que se usaba tiempo atrás?. Mi respuesta fue contundente. El tipo de copa que va mejor con el Champagne… es, ¡la copa “C”!.


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Me acabo de enterar que ayer miércoles, nuestra máxima potencia futbolística conocida como la Selección Mexicana, jugó contra “Trinidad y Tobago”. También me acabo de enterar, que para variar, no le pudimos ganar, ni a Trinidad… ¡ni a Tobago!. Ya me extrañaba que mis amigos del fecebook, no hicieran su tradicional “alharaca”, para presumir una de nuestras acostumbradas victorias contra las súper potencias del fútbol. Mejor suerte para la próxima… ¡seguimos al pendiente! (sí, aja).


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Atento Aviso a la Comunidad:

Se ha hablado mucho del poder curativo de mis abrazos… ¡nada menos cierto!. Está científicamente comprobado, que mis abrazos no curan ni un trinche catarro, “cuantimenos” una enfermedad cardiaca. Lo que sí es cierto, es que son un excelente bálsamo, antidepresivo y analgésico, para los males y dolores crónicos del corazón y el espíritu. Por lo que me pongo a sus órdenes en conocido facebook…


Otro día con más calmita… nos leemos.

domingo, 11 de octubre de 2009

¡Nos vamos al mundial, nos vamos al mundial!


¡Nos vamos al mundial, nos vamos al mundial!... ¡nos vamos al mundial, nos vamos al mundial!. ¡Pura madre que!... los mexicanos, ¡qué vamos a ir al mundial ni que ocho cuartos!. Como están las cosas en nuestro país, más bien todos ¡nos vamos al carajo, nos vamos al carajo!... ¡nos vamos al carajo, nos vamos al carajo!.

Cada vez que tengo que aceptar públicamente que no me gusta el fútbol y que francamente me vale madres lo que le pase a México en este sentido, siento que voy a ser acusado de traición a la patria, que voy a ser víctima de un linchamiento público, y que seré conocido a partir de ese momento como “Masiosare” (aquel famoso extraño enemigo).

Y cada vez que veo a mis finísimos paisanos aficionados a este deporte, quitarse la camisa para lucir sus torsos esculturales, gritar como trogloditas en temporada de apareamiento y brincar oligofrénicamente de emoción porque ganó su equipo, se me llena el hígado completamente de piedritas. Y como mi costumbre no es tragarme todos estos entripados que hago y cargar con la “muina” por el resto del día, no me queda otra, más que expresar mi opinión al respecto, consciente de las consecuencias y ateniéndome a estas.

Mi opinión es muy simple: “si México no tuviera al fútbol para amansar tarugos y a las telenovelas para amansar tarugas, seguramente ya hubiera habido un estallido social”. Por eso, el Gobierno y los ahora famosos “poderes fácticos”, son los primeros en otorgarles al hambreado pueblo, estos divertimentos que enajenan a las masas y los hacen olvidarse de la miseria que se vive en este país. Durante siglos, la enseñanza romana de darle al pueblo “pan y circo”, ha funcionado en este y en otros países. Si mantenemos al pueblo embelezado viendo fútbol y telenovelas, y a esto le aunamos eventos populistas en los que literalmente se regala pan (el día de Muertos y el día de Reyes en el Zócalo, por dar un ejemplo), tenemos la combinación exacta a la cual se referían los romanos del Imperio… ¡al pueblo, pan y circo!.

Así que, “platica poblano mientras yo te gano” (decía mi Abuela). Mientras las hordas de eufóricos aficionados salen a las calles a festejar la “hazaña” futbolista de nuestra Selección, y mientras las damitas esperan en sus casas ansiosas la nueva telenovela del Canal de las Estrellas, nuestros Gobiernos Locales y el Federal, nos quieren aumentar los impuestos y muchos de los servicios que “mal” prestan. Que triste que seamos un pueblo tan fácil de manipular, pero por otro lado… ¡que chido!, ¡nos vamos al mundial, nos vamos al mundial!... ¡nos vamos al mundial, nos vamos al mundial!. En fin…

Otro día con más calmita… nos leemos.

sábado, 10 de octubre de 2009

Señores y señoras… ¡que les valga!



Tengo que hacerle entender a una persona que amo, que lo que piensa la gente de uno, no debe de preocuparnos en lo más mínimo. Cuando hay personas débiles de carácter o que por su corta edad y experiencia no saben manejar sus emociones, es muy fácil que con un par de palabras o una actitud, las hieran. Y todos sabemos que hay personas (o algo parecido a ellas), que disfrutan lastimando a los demás en una actitud por demás sádica y cobarde. Así que esto me llevó a tratar de recordar, en que momentos en mi vida lo que piensen los demás, me ha importado un reverendo “pito” (pito: licencia poética comúnmente usada para expresar, ¡que a uno le vale madres!). A continuación, un lista de momentos o situaciones en las cuales, he llegado a comprobar que francamente lo que piensen los demás de mí… ¡me vale madres! (“me vale madres”: sinónimo de “me importa un reverendo pito”).

La primera prueba de lo que les digo, la tienen una línea arriba, en donde empleo un lenguaje por demás procaz, vulgar y prosaico, tirando a naco, pelado, gañan, sin que me importe herir susceptibilidades. Bueno la verdad es que esto es fácil, porque sé que las personas que me leen, una de dos: o son muy maduras y de amplio criterio por lo que no se asustan de mi lenguaje; o son igual o más nacos y pelados que yo… ¿o no?.

¿Quién dice que los zapatos tenis se deben de usar con calcetas y no con calcetines?. Yo, las pocas veces que uso tenis, déjenme decirles gentiles amigos, uso mi calcetinzotes (blancos, eso sí), porque nomás no me hallo con las calcetas. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Ya sea por mis actitudes, mis amistades o mi modo de ser, en más de una ocasión, la gente ha llegado a pensar que soy gay. Jamás me he sentido ofendido por eso, por el contrario, eso me impulsa a seguir “joteando” por la vida con singular alegría, finalmente yo se cuales son mis preferencias sexuales y estoy muy cómodo con ellas. Y si por alguna razón, las personas me perciben o me quieren ver como un vil “soplanucas” o “chusca descocada”, pues francamente a mí no me afecta. Por mí, que viva la diversidad sexual y el respeto por las preferencias de los demás, o lo que es lo mismo, que cada quien haga de su vida un reverendo cucurucho. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Por otro lado, he conocido personas, que piensan que soy uno de los hombres más “homofóbicos” de este planeta. Nunca he comprendido, el por qué no puedo hacer bromas acerca de los gays, sin que algunos se sientan ofendidos (generalmente no son los gays los ofendidos). A veces hago bromas de los “gorditos”, y no necesito disculparme con la comunidad “rolliza” de este planeta, ni se me ha acusado de “adiposofobico”. Lo mismo cuando hago bromas con los ancianos, los extranjeros, los discapacitados, o incluso cuando hago bromas de mi propia familia o mis amigos. Yo soy el primero en burlase de mí mismo, así que no entiendo porque la gente tiene la piel tan delgada y todo lo que se diga les molesta, cuando saben realmente que la intención no es más que la de bromear sanamente (aclaro que manchadito sí soy, pero en buena onda). Lo que sí nunca hago cuando me acusan de “homofóbico”, es salir con el clásico: “claro que no soy “homofóbico”, por el contrario, yo de hecho, tengo muchos amigos gays”… eso sí me parece bastante nefasto, los homosexuales no son objetos de colección para presumirlos. Después de todo, nadie anda por la vida presumiendo que tiene un amigo morenito, o un bajito, o un altito, o un judío, o un cristiano, etc… uno tiene amigos y punto. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Cuando me apetece, me sirvo un tequila con su limón y sal, me siento en el lugar más cómodo de mi Principado, y me dispongo a escuchar a Estelita Nuñez, con su versión del tema “Entrega Total”, que inmortalizara el maestro Javier Solís. Después, puedo seguir con algo de Oscar Chávez o Lila Downs, para terminar a todo volumen con Chavela Vargas o Lucha Villa, pasando antes, por la única Sonora Santanera y su “Perfume de gardenias”. No todo en la vida, es escuchar a Shostakóvich, con una copa de “Chianti” y una bandeja de quesos madurados… eso me queda claro. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Mi teléfono celular parece haber sido inventado por el mismísimo Antonio Meucci. Es una verdadera pieza de museo que ya lo quisieran en el “Smithsonian”. Sin embargo, me da el servicio para el cual, si no me equivoco, fue inventado… ¡para llamar por teléfono!. Así que contrario a las múltiples sugerencias para cambiar a uno más moderno, me resisto a deshacerme de el, mientras mi “chicharito” me siga dando un buen servicio. Además, para los que no lo saben aun, soy un enemigo de los celulares, así que ¡no molesten!, no lo pienso cambiar. O sea, me vale lo que piensen los demás.

No hay nada más pelado que coleccionar cosas. Empezar a coleccionar Patos Donald a los 14 años, creo que eso fue enfermizo, pero continuar coleccionándolos a mi edad, eso es verdaderamente ¡ridículo!. Uno en la vida siempre sueña con encontrar su alma gemela, la mujer con la cual se pueda uno identificar, para así lograr vivir a su lado por siempre. Desgraciadamente mi alma gemela resulto ser ¡un pato!, y lo que es peor aun… ¡la caricatura de un pato!. Inmediatamente que lo conocí, me identifique con él. Al principio, no me daba cuenta, no sabía que era eso que me atraía tanto de él, hasta que las personas que me rodean, me lo hicieron saber… tan sencillo como que, si yo fuera una caricatura, ¡sería Mr. Donald Dock!. Él es en primer lugar, sumamente enojón y neurótico… como yo; él es muy curioso y travieso… como yo; él es romántico y enamorado… como yo; él es persistente y tenaz, y no descansa hasta conseguir lo que quiere… como yo; él es muy paciente con sus sobrinos, mientras no lo sacan de sus casillas… como yo; él es un burlón de primera, ante la desgracia de los demás… como yo; él hace el amor con una pata… como yo (sobretodo cuando me da un calambre en la otra). Por todo ello, no puedo dejar de sentir más que simpatía por él. Como verán, esta es la razón por la cual, en la cabecera de mi cama, hay un cuadro del Pato Donald y no uno de Dalí o Chagall. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Mi postura en relación al aborto, es una, pero al día siguiente, ya es otra, para luego de unos días, regresar a la primera. Mi tendencia política, a veces tiende a irse a la izquierda, a veces a la extrema derecha y también en ocasiones, es de centro. A veces soy profundamente religioso, de pronto el peor de los ateos, luego, simplemente un agnóstico. Un día afirmo, que lo más delicioso que puede haber en este mundo, es un rebanada de Jamón de “Pata Negra” o “Jabugo”, acompañado de una copa de un buen vino de la Rioja, pero al siguiente día, estoy convencido que no hay nada mejor que unos Tacos al Pastor con un “Orange Crush” bien frío. Para toda la gente, soy una persona voluble que no tiene ninguna convicción firme, pero yo solo sé, que soy una persona “viva”, que cambia día a día con la experiencia y con todos los elementos de juicio que van llegando a mí. No estoy cerrado a escuchar nuevos puntos de vista, que puedan llegar a modificar mi forma de pensar, yo tengo permanentemente mi menta abierta a todo. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Viajar hasta Europa, al viejo continente, a ciudades llenas de cultura e historia, y con una gastronomía impresionante, para terminar un día comiendo hamburguesas en Eurodisney, eso señores y señoras, ¡no tiene perdón de Dios!. “Mea culpa”… ahí estaba yo, disfrutando como enano del Pato Donald hablando en francés, mientras unas “mademoiselles” francesistas de no malos bigotes, desfilaban frente a mí vestidas de Princesas. Si creen que en ese momento, me inundo un profundo sentimiento de culpa, por no estar cenando mejor en Le Fouquet's luego de haber visitado el Museo d’Orsay, pues déjenme decirles que… ¡para nada!. Decía Borges: “al final de mi vida, he cometido el peor de los pecados que un hombre puede cometer… no ser feliz”. Señores y señoras, eso a mí nomás no me va a pasar. Si yo soy tan feliz visitando el “Tiki Tiki Room”, como lo soy visitando el Museo del Prado, no veo porque no pueda hacer ambas cosas con el mismo gusto. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Cuando uno se dice cinéfilo, más vale que conozca y que le guste, la obra de: Sergei M. Eisenstein (“El Acorazado Potemkin”), Akira Kurosawa (“Seven Samurai”), Krzysztof Kieslowski (la trilogía de “Trois couleurs”), Pier Paolo Pasolini (“Teorema”), Alejandro Jodorowsky (“El Topo”), Fritz Lang (“Metropolis”), Federico Fellini (“La Dolce Vita”), Luis Buñuel (“El perro andaluz”), Carlos Saura (“Cria Cuervos”), Peter Greenaway (“The Pillow Book”)… etc. A mí, no solo me gusta, ¡me encanta! toda la obra de estos maestros del “séptimo arte”, sin embargo, disfruto más recomendando a mis amigos, todas esas películas “palomeras” que disfruté enormemente y que ningún cinéfilo respetable, se atrevería a recomendar, como por ejemplo: “Notting Hill” o “My Best Friend's Wedding” con Julia Roberts, “Grease” con John Travolta, “Sleepless in Seattle” o “You’ve got mail” con Tom Hanks, “Ghost” con Demi Moore… etc. A un hombre bien machote como somos todos los mexicanos, nos tienen que gustar únicamente las películas de acción, con harta bala y explosión, persecuciones de autos y con una buena dosis de desnudos femeninos no justificados por el guión. Pues déjenme decirle, que a mí me aburren esas películas (quitando algunas joyas como las de Tarantino), yo prefiero comedias, románticas, clásicos, infantiles, de terror o suspenso, y por su puesto… ¡los dramones!, de esos que te hacen correr por la caja de los Kleenex para llorar a moco tendido… claro que los desnudos (justificados o no), esos siempre son bienvenidos. O sea, me vale lo que piensen los demás.

En una platica de adultos cosmopolitas de mucho mundo, es muy común escuchar, que la comida que se sirve en los aviones es insufrible, una reverenda porquería, que es peor que el vomito verde de Reagan la niña del “Exorcista”. Pues a mí, la mera verdad me parece bastante buena, por lo menos la que sirven en vuelos internacionales. Desde niño me encantaba ver esas charolitas con miniporciones de comida, que por cierto a estas alturas, siempre me dejan con hambre. Ahí conocí por primera vez los “Tomates Cherry”, que ahora son mi perdición en una buena ensalada “Saidiana”. Creo que también, la primera vez que probé el Champagne, fue en un vuelo a Los Ángeles cuando tenía como 11 años. Así que no me puedo quejar, yo sí disfruto la comida del avión y por su puesto la bebida. Aunque debo de reconocer, que cada vez es más escasita, por lo que hay que conformarse con unos pinchurrientos cacahuates con una chela, esto, cuando el vuelo es nacional y de una línea patito. O sea, me vale lo que piensen los demás.

Amigas y amigos lectores asiduos a este blog, si creen que me preocupa que lo que escribo sea de su agrado, ¡ahí sí tienen razón!, francamente es muy importante para mí, que todo lo que escribo, les resulte de su completo y total agrado (¡mentiraaa!… lo que pasa es que soy muy educado y buena onda con ustedes, porque los quiero un chingo jeje). O sea, me vale lo que piensen los demás.

Bueno, creo que una vez que mi afligida personita lea estos ejemplos basados en mi persona, entenderá que uno nunca le pude dar gusto a todo mundo. Así que tiene que dejar de preocuparse por lo que opinen los demás y seguir el ejemplo de este que escribe, que esta muy lejos de buscar la complacencia de cualquier persona que no sea… el mismo. Queridos amigos, ahí les encargo que por favor, no se me mortifiquen nunca en la vida, por lo que llegue a pensar la gente de ustedes, por favor… ¡que les valga a ustedes también!.

Otro día con más calmita… nos leemos (y sino, ¡me vale! jeje)

“Este post esta dedicado para mis queridas Mariana y Marina… o Marina y Mariana (que no es lo mismo, pero es igual)”

martes, 6 de octubre de 2009

Las Pasiones (las de mi amigo no las mias)


Queridos amigos adictos a las letras echadas a perder y en avanzado estado de descomposición, una vez más, tengo que pedirles, que por favor NO lean esto. Normalmente no hago esta advertencia, porque siempre he pensado, que si ustedes quieren perder el tiempo leyendo lo que escribo, pues allá ustedes, es una decisión tan respetable como la de legalizar la marihuana. Seguro que les causara una risa simplona, algunas alucinaciones, y al final, un fuerte dolor de cabeza, producto del lamentable deceso de muchas de sus neuronas, y por su puesto que me refiero al leer mi blog y no a fumarse un churrito de la “regañona”. Les decía que normalmente no hago esta advertencia, pero en esta ocasión, este “post” quedó más largo que los pelos que salen de la oreja de un burócrata a punto de jubilarse, así que leerlo, puede ser más peligroso que una sobredosis de “tachas”, o lo que es peor aun, una sobredosis del programa “12 corazones rumbo al altar” de nuestra prócer mexicana Penélope Menchaca. De cualquier manera, siempre he considerado que tengo un grupo de lectores adultos y responsables que saben tomar decisiones maduras, o sea, allá ustedes si quieren leerlo, yo como Poncio Pilatos o como el Secretario de Salud ante emergencia sanitaria por el Virus A H1N1… ¡me lavo las manos!. Bueno, pues dicho lo cual, vamos a darle…

Para hablar de las Pasiones, no se me ocurre nada mejor que hablarles de una de las personas más apasionadas que conozco. Antes que nada, déjenme decirles, que la gente común y corriente, viene a este mundo a vivir la vida, y eso es bueno. Pero la gente apasionada, viene a este mundo, a fumarse la vida a bocanadas, a beberse la vida directamente de la botella, a torear la vida sin otorgar ningún indulto, a retratar la vida sin retoques, a cantar la vida “a cappella” sin importar el tono, a comerse la vida sin aderezos ni guarniciones, y a hacerle el amor a la vida sin ningún tipo de protección. La persona de la cual quiero hablarles, es una de estas personas apasionadas, yo diría, que la más apasionada de este mundo, aunque por otro lado, una de las personas más volubles, yo diría, que la más voluble de este mundo. Les cuento…

Un día, descubro que esta persona de la cual les hablo, disfruta enormemente el placer de fumar un cigarro. Según él, su más grande pasión es su afición por los cigarros Puros. El insiste, que en cada bocanada de humo de su puro, él esta inhalando un poco de la esencia de la mujer que le acompaña, un poco de la esencia del niño que juega a brincar un charco frente a él, un poco de la esencia del perro que mueve la cola a una distancia prudente pero lo suficientemente cerca como para una caricia, un poco de la esencia de la fuente que se esfuerza por elevar un poco más el chorro de agua que la inunda, un poco de la esencia del café que derramó sobre la Rayuela de Cortazar, y un poco de la esencia de todos los recuerdos que desfilan seductores a cada momento frente a él. Los médicos, los doctores, y los hombres con más de dos dedos de frente, le insisten que si quiere vivir, deje de una vez por todas de fumar. Él, solo asiente con la cabeza, da la media vuelta y enciende un nuevo cigarro, para entonces sí… comenzar a vivir. A él lo he escuchado decir en varias ocasiones, que: “encender un puro es un acto de celebración, es casi un brindis”, y yo amigos lectores… ¡brindo por eso!.

Otro día, de pronto, descubro que esta persona, mi apasionado amigo del cual les hablo, ahora siente una enorme pasión por la Fiesta Brava. La sangre comienza a hervir en sus venas, cuando en lo alto de la plaza, se escuchan “parches y metales”, y los toreros junto con sus cuadrillas saltan a la arena. La plaza saluda con el primer ¡olé! monumental, a esos artistas que están dispuestos a morir por el arte. Enfundados en sus trajes de luces, se encomiendan a Dios mirando al cielo antes de partir plaza y de que el primer burel salga de los toriles. Después de los primeros capotazos de tanteo, la piel de esta persona apasionada que absorto observa desde los tendidos, se erizará al escuchar el primer ¡olé!, luego de una hermosa y plástica “verónica”. Vendrán entonces, “chicuelinas” que lo harán ponerse de pie y gritar “torero… torero”. Entonces, después de varios “quites”, paciente esperará el trabajo incomprendido del picador, para dar inicio al Segundo Tercio, donde en cada par de banderillas, él con el corazón, buscará la embestida del toro para lograr que los tres pares sean enormes. Así, llegará el momento en que los diestros tomen la muleta, para realizar esa extraña danza con la muerte, conocida como el arte del toreo. El torero buscara en cada pase, ceñirse lo más posible, a ese par de pitones que buscaran la pierna del torero como prueba de la bravura y casta del astado. Al final, mi apasionado amigo, decidirá por un momento parar su corazón, justo cuando el torero cambie el ayudado por la espada de matar, y a tres tiempos y en igualdad de condiciones, se tire a matar buscando alcanzar la gloria y la inmortalidad. Cuando el torero toque pelo, el corazón de este apasionado espectador, volverá a latir con un nuevo significado de vida. Entonces, aparecerán los pañuelos en el tendido, que piden al unísono la oreja como trofeo para el torero, pero él, irremediablemente volteará al cielo, y pedirá el indulto para el espíritu de un gran guerrero que recién murió por el arte. La gente, la mayoría, ve como una expresión de barbarie y salvajismo a la fiesta brava. Los apasionados como él, buscan sin ningún éxito, defender la fiesta con miles de argumentos que normalmente no convencen a los antitaurinos. Pero mi amigo, como en todas sus pasiones, jamás buscará el consenso, la complacencia, o el pañuelo blanco del respetable ante su faena por la vida, él conciente de que nació condenado, pues condenado se enfocará, a darle la vuelta al ruedo a cada una de sus pasiones.

Ahora mi amigo dice, que en la vida, su más grande pasión, es indiscutiblemente la Fotografía… ¡ven como es voluble!. Tanto tiempo soñando con inventar una maquina que nos permita viajar en el tiempo, y él la descubrió desde que tenia ocho años, cuando su papá le regaló su primera cámara fotográfica. El poder parar el tiempo con solo apretar un botón, le confiere a él, un poder “casi” divino. Pero el poder viajar en el tiempo cómodamente sentado en sus recuerdos, disparado tan solo por una imagen fotográfica… eso sin duda, es un poder divino que Dios le ha otorgado. Él asegura, que la mejor manera de ver el mundo, es a través de la lente de la cámara, ya que esto nos permite, concentrarnos en el objeto que queremos inmortalizar, alejándonos de todas aquellas cosas que nos distraen de lo verdaderamente importante. La fotografía, según él, es la mejor ayuda para todos aquellos cortos de palabras, aquellos que no ven la manera de poder expresar lo que sienten y la forma en la que perciben lo que les rodea. Por otro lado, sería maravilloso, dice él, que la vida nos permitiera de vez en cuando, hacerle un mejor enfoque, un mejor encuadre, una mejor composición, un pequeño retoque… seguro que con todo esto y una buena iluminación, en la vida no aparecerían accidentalmente, las guerras, el hambre, la envidia, y el desamor, entre otras “distorsiones” propias de la vida. De niño, él quería pintar la vida de color caramelo, ahora, él se inclina por ver la vida en blanco y negro, sin distracciones innecesarias, que desvíen nuestra mente de lo realmente importante… el objeto de nuestras fotos. Por último, él dice, que no tengamos miedo a viajar en el tiempo, es seguro e inofensivo. El impulso necesario para viajar en el tiempo nos lo dará una fotografía, lo demás es muy fácil, solo hay que dejar que el corazón y nuestros recuerdos, hagan el resto. En pocas palabras, “cuando quieran hablar, ¡tomen una foto!... cuando quieran viajar, ¡vean una foto!”.

Abusando de su condición de ser humano imperfecto y voluble, ahora resulta que no hay pasión más grande en él, que la Música. Inmediatamente que aprendió a hablar, él ya entonaba en “Fa” (limón), aquel éxito del año del caldo que interpretaba magistralmente Julio Iglesias, y que llevaba por nombre “Tiré tu pañuelo al río” (les apuesto que nunca lo han escuchado). Con esa vocecita propia de un “castrati”, mi apasionado amigo, por una extraña razón emulaba al cantante español, en lugar de cantar algo más propio para su novel edad, digamos por ejemplo: “Allá en la fuente, había un chorrito, se me hacia grandote, se te hacia chiquito…” del maestro Francisco Gabilondo Soler “Cri-Cri”. Más tarde, por la irresponsable influencia de sus abuelas que fueron todas unas “bataclanas” del teatro, mi insigne amigo tuvo contacto con los “cuplés”, y dado lo pelado y naco que es él, le llamó mucho la atención este género, por el doble sentido que se maneja en sus letras. Este género a su vez, lo llevó a otros, tales como: la Opereta y la Zarzuela. Entre los ocho y diez años, mi amigo ya era un apasionado de “Orfeo en los Infiernos”, “El Murciélago”, “La viuda alegre”, “Las Leandras”, “La Verbena de la Paloma”, “Doña Francisquita”, “La canción del olvido”, etc., así que junto con sus abuelas las “tiples cómicas”, no dejaba de cantar toda esa música y se la pasaba todo el día, escuchando los discos de 78 rpm de su abuela, que incluían una grabación de la famosísima “Gatita Blanca”, mejor conocida, como Maria Conesa. Durante mucho tiempo escuchó este tipo de música tan alegre, hasta que poco a poco, comenzaron a llamarle la atención las grandes voces que escuchaba ahí, principalmente de tenores y barítonos españoles. Esto trajo como consecuencia, la aparición en su vida de un nuevo género musical… ¡La Ópera!. La primera vez que escuchó cantar a Franco Corelli algunas de las arias más famosas de ópera, supo que eso era lo más maravilloso que jamás hubía escuchado en la vida. Entonces, como a los 11 años, empezaron a llegar a sus manos, discos de Mario Lanza, Giuseppe Di Stefano, Beniamino Gigli, Alfredo Kraus, Ruggero Raimondi, etc., lo que lo fue convirtiendo en un amante del “Bel Canto”. En las navidades, junto con sus “Hombres de Acción” (G.I. Joe), llegaban discos y discos de ópera, los cuales escuchaba emocionado mientras abría el resto de sus regalos. Así fue como llegó a conocer a tres de sus más grandes pasiones, me refiero a los tenores Placido Domingo y Luciano Pavarotti, junto con la más grande de las cantantes que han existido en este planeta, la “Prima Donna” Maria Callas. Como era de esparce, también terminó siendo un apasionado de la música “clásica”, en especial de las obras hechas para violín y orquesta. Me platica que la Secundaria la cursó en el turno vespertino, así que mientras sus compañeros se iban de “pinta” al cine, él junto con otro amigo, se iban a Bellas Artes a la Opera o a los conciertos de la Sinfónica Nacional. Durante la Preparatoria, siguió explorando géneros musicales, que iban desde el “Canto Nuevo” y la “Trova Cubana”, hasta el Jazz, el Blues, y por su puesto, todo el resto de música que escucha cualquier joven “normal” de esa edad. Ahora, él, mi amigo el apasionado del cual les hablo, es feliz con su nuevo juguete llamado “internet”, el cual le permite bajar y conseguir, toda la música que jamás soñó tener. Dice que prácticamente él no deja de escuchar música en todo momento, incluso de noche cuando él y todos duerme. No concibe la vida sin música, la música que forma parte del “sound track” de su vida. Y aun en los momentos de silencio, él está convencido que se esta produciendo música, ya que como todos sabemos, los “silencios” son indispensables cuando se hace música.

Carajo, carajo, carajo… ¡sí que es voluble este tipo!, ahora resulta que su más grande pasión, es “viajar”. Para el resto de la gente, los “normales”, cuando hablan de su gusto por viajar, se refieren normalmente, a hacer viajes “de a devis”, o sea, a Singapur, a la Muralla China, a los Castillos de la región del Loira en Francia, a un Safari por África, a las paradisíacas playas de las Islas Bora Bora, al Tibet, a la India, o incluso si uno es muy peladote… a “Las Vegas”. Pero no, para mi desquiciante pero apasionado amigo, viajar es algo más sencillo, es subirse al Tolebus o al Metro, y observar hasta el más mínimo detalle. De la observación viene el goce, el goce por las personas, los sonidos, los olores, los sabores, los colores, los entornos, los ambientes, etc. todo aquello que nos permite conocer, el simple hecho de trasladarnos de un lugar a otro. Así, mi amigo es feliz, caminando por el Centro Histórico de la Ciudad de México, o por un barrio como Coyoacan o La Lagunilla, o por una zona arqueológica como Teotihuacan o Xochicalco, o por un pueblito miniatura como San Andres Tuxtla, o por una zona boscosa como El Desierto de los Leones, o por un lugar mágico como Real de Catorce o Catemaco… etc. Me dice que es impresionante conocer la ciudad de Pompeya en Italia, pero igualmente lo es para él, San Juan Parangaricutiro en Michoacan. Los viajes al extranjero, según dicen, nos permiten conocer otras culturas, otras costumbres, otras personas completamente diferentes a nosotros, pero él dice (mi amigo), que lo más importante de los viajes al extranjero, es que nos permiten conocernos a nosotros mismos, a nosotros mismos en la medida en que tengamos la capacidad de apreciar lo que tenemos, lo que siempre hemos tenido. Conocer lugares nuevos, ya sean en el extranjero o en nuestro país, o incluso en nuestra ciudad, es una de las pasiones de mi buen amigo, ya que esto le ha enseñado a valorar lo que tenemos, pero sobre todo, lo que no necesitamos… y eso a mi amigo, lo hace muy feliz.

Esto no necesita decírmelo, porque una de sus más grandes pasiones que sí conozco muy bien, es la que él tiene por todas las “mujeres”. Por ejemplo, tiene una relación casi enfermiza por su madre, incluso la gente que no lo conoce, lo acusa de tener un grave caso de “mamitis”. Yo que lo conozco bien, podría decir a su favor, que uno de los principales valores que él tiene, es el de la gratitud, y esto explica perfectamente, la relación que tiene para con su madre, y la que tenía para con su abuela. Él afirma, que una persona que no es buen hijo, jamás podrá ser buen esposo o buen padre. Y hablando de padre, la relación que tiene con su hija, también es casi enfermiza. Las pláticas que he escuchado entre él y su hija, podrían asustar, incluso a las personas con más criterio y más “modernas” que conozco. Quizás el hecho de que él no viva con su hija, lo hace aprovechar los pocos momentos que tiene para comunicarse con ella, dejando a un lado toda la paja que normalmente usamos para tratar algún tema delicado o incomodo. Esto lo ha llevado, a llamarle a las cosas por su nombre cada vez que platica con su hija, dando como resultado, una niña muy madura para su edad y una relación padre e hija sumamente entrañable. Las relaciones que ha tenido con sus parejas, yo diría que han sido también enfermizas. No es posible que se pueda querer tanto a alguien, a tal grado, que tanto ellas como él, hayan decidido que el amor los puede acompañar hasta el final de los días, aun después de una separación, de un rompimiento, o de un alejamiento voluntario. Él afirma, que cuando se ha amado realmente a alguien, ese sentimiento permanecerá por siempre, y de uno depende como lo maneje, para que este no estorbe en las relaciones que vendrán después. Yo no alcanzo a comprender, como es que si se quieren tanto, no están juntos, como es que no renuncian cada quien a sus vidas y vuelven a unir las suyas… él me dice: “precisamente por eso, porque nos queremos tanto, después de todo, qué prueba más grande de amor existe, que el renunciar al amor de tu vida por el bien de ese mismo amor”. ¡Insisto!... yo no lo entiendo. Por último, podría decir que la relación que tiene con sus amigas, por supuesto que también es enfermiza. Yo he intentado tener amigas y la verdad no puedo, son muy complicadas y nunca se que decirles. Él me dice, que ese precisamente es mi error, que a las mujeres no hay que decirles nada, hay que escucharlas, eso es lo que esperan ellas de un buen amigo. Él se siente muy cómodo con amigas, de echo solo tiene un amigo, el resto son amigas… complicadas sí, pero muy fieles e incondicionales. En verdad… ¡no lo entiendo!.

Bueno, si usted amigo lector ha logrado llegar hasta este punto, en verdad que es una amante de la lectura chatarra, o un masoquista que necesita urgentemente ayuda profesional, o una tele, o que alguien le enseñe a ver pornografía en internet. En fin, podría seguir hablando de las pasiones de mi amigo, pero francamente con lo voluble que es, no terminaría nunca. Para cuando creo saber realmente cual es su gran pasión, él ya esta explorando otra. Por eso ya no les voy a hablar de su pasión por: los Vinos, el Cine, la Pintura y la Escultura del Renacimiento, la Astronomía, los Niños (nada que ver con el padre Maciel o Michael Jackson), los Ancianos (nada que ver con la “Mata Viejitas”), la Arqueología, la Gastronomía, la Música de Marimba, los Trenes, el Ajedrez, las Iglesias góticas, los Juguetes, etc… francamente, no terminaría nunca.

¡Esperen!...¿saben qué?... después de haber escrito todo este mamotreto acerca de las “pasiones”, en especial de las pasiones de mi amigo el voluble, creo que finalmente he descubierto cual es su gran pasión… creo que fui muy tonto al no haberme dado cuenta antes. La Gran Pasión de mi amigo, es esa precisamente, ¡La Pasión!... o sea, de eso se trata, ahora lo comprendo, ya lo tengo claro. No se trata de tener una sola pasión, o muchas, sino que todo debe girar en torno a la pasión, todo lo que hagamos, todo lo que tengamos, todo lo que queramos, deberá de estar siempre impregnado de una profunda pasión. Tenemos que volvernos unos apasionados de la Pasión, que esa sea nuestra más grande pasión… ¡la Pasión!; y también ahora lo entiendo, no es que él sea voluble, es que el vive al día, haciendo de todo, su más grande pasión. Es más, mañana que lo vea, van a ver, se lo voy a preguntar para estar seguro… ¡ah!, porque no les había dicho, pero todas las mañanas lo veo. Sí, no hay un solo día, en que mientras me estoy rasurando no aparezca frente a mí. A veces es muy molesto, porque se peina igual que yo, habla como yo, me mira con el mismo interés que yo a él, cualquiera podría decir hasta que somos hermanos gemelos, solo que el es zurdo y no diestro como yo. ¡Carajo!, si tan solo pudiera atravesar ese espejo y conocerlo personalmente, seguro que eso sí resultaría… ¡apasionante!.

Otro día con más calmita (pero mucha más)… nos leemos.