jueves, 22 de enero de 2015

"The Theory of Everything" de James Marsh




Cualquier actor que quiera impactar fácilmente con una actuación a un neófito lo único que tiene que hacer es conseguirse una silla de ruedas y pretender una discapacidad. Y es que no hay mejor manera de lucirse como actor que con un papel de estos, basta recordar a Daniel Day Lewis en “My left foot” o a Tom Cruise en “Born on the Fourth of July”; y no digo que estos sean malos actores, pos su puesto que no, pero de que eso les da una ventaja frente a sus compañero actores que interpretan papeles con menos impacto visual, eso que ni que.

La película “The Theory of Everything” es la vida del famoso físico y divulgador científico Stephen Hawking, la película está basada en las memorias que escribió su ex esposa Jane Hawking. Básicamente muestra la relación que tuvieron ambos y el proceso más impactante de su enfermedad. Las actuaciones de Eddie Redmayne y Felicity Jones (Stephen y esposa respectivamente) son buenas pero nada del otro mundo. La dirección y la fotografía cumplen, pero igual, nada fuera de este mundo. La música, esa sí me pareció excelente.

Esta película obtuvo cinco nominaciones al Oscar: Mejor Actor, Mejor Actriz, Mejor Guión Adaptado, Mejor Banda Sonara y Mejor Película. Afortunadamente no hubo nominación para el director y el fotógrafo, cosa que me deja tranquilo. No creo que tenga mucha suerte con sus nominaciones, creo que hay mejores películas que esta.


Para mi resultó tan “X” la película que ni siquiera me sacó una de cocodrilo, y miren que yo soy bastante facilito para chillar con este tipo de historias. De cualquier modo váyanla a ver, disfruten la actuación de Eddie Redmayne que, como les digo, aunque no es la mejor del año, cumple. ¡Ah! y si no llevan Kleenex, no se apuren, de todos modos no van a moquear.


Eddie Redmayne haciendo a Stephen Hawking. 

De lado izquierdo los verdaderos Stephen y Jane Hawking.

Felicity Jones y Eddie Redmayne visitando a Stephen Hawking.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

lunes, 19 de enero de 2015

"Unbroken" de Angelina Jolie




Niño latoso y rejego es encausado al atletismo para ver si así se entretiene y deja de estar fregando. El crío sale bueno pa’ correr y llega a las Olimpiadas donde le va muy bien. Luego viene la guerra, lo suben a un avión y es derribado en medio del océano. Ahí está en dos mini lanchitas salvavidas junto con otro dos sobrevinientes tomando el sol durante más de cuarenta días hasta que él y su compa es rescatado (uno de ellos muere). Esa ya sería toda una película pero ahí apenas comienza su “viacrucis” (como diría la clásica tía gorda), y comienza ahí porque para su mala suerte es rescatado por el enemigo, un barco japonés. Los japoneses se lo llevan a una isla y luego a una prisión en donde se topa con un taka taka bastante gandalla el cual le carga calor por el simple hecho de ser un atleta famoso.

Más o menos de eso va la película, película insufrible y aburrida dirigida con las patas por Angelina Jolie. Esto que podría haber sido una buena película ya que la historia es buena (el guión estuvo a cargo de los talentosos hermanos Coen), resultó harto tediosa en las manos inexpertas de la labios de colágeno. Francamente no me explico cómo es que obtuvo tres nominaciones al Oscar: Fotografía, Edición de Sonido y Mezcla de Sonido. Las actuaciones son bastante malas, el taka taka odioso - Takamasa Ishihara - es una actor con una vasta experiencia, esperiencia de... ¡solo una trinche película! Este infumable caballero del oriente está sobreactuado, culpa, por supuesto, de la mala dirección de Jolie. El resto de los actores tampoco tienen una gran trayectoria en la industria y sus actuaciones son bastante mediocres.

Hay una escena en donde el japonés obliga al preso americano a sostener una viga de madera sobre su cabeza y da la orden para que en cuanto la baje le disparen, él, estoico, aguanta vara haciendo alarde de fuerza y entereza, yo, por mi parte, rezaba a todos los Santos para que la soltara, le dispararan, y así terminara ya ese suplicio de película… pero no.

Bueno, allá ustedes si quieren perder su tiempo y dinero viendo esta mugre película que apenas si está para verla un domingo en Canal 5, doblada al español y con hartos comerciales, solo a ese tipo de público le puede gustar algo así. Por cierto, la película se llama “Unbroken” y le pusieron en español “Inquebrantable”, y sí, hay que ser inquebrantable para soportar las dos horas de película.



Jack O'Connell hace al atleta Louis Zamperini.

Takamasa Ishihara hace al andrógino Watanabe.

Aquí la "talentosa" Angelina Jolie con el auténtico atleta
Louis Zamperini.



Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 18 de enero de 2015

Bye Bye Kusama



Interesante el peladísimo fenómeno Yayoi Kusama. Al parecer los que no pudieron visitar el museo Tamayo para tomarse la obligadísima “selfie kusamesca” serán tachados, hasta el final de los tiempos, de incultos e ignorantes. Y es que es curioso como hasta en el arte la gente cae víctima del encanto de la moda y la mercadotecnia con tal de no sentirse excluida.

Resulta que ayer hubo quien se quedó en tremenda fila a pernoctar TODA LA NOCHE afuera del museo tan solo para conseguir la tan anhelada “selfie” misma que segurito van a presumir en su “feis”. Yo me pregunto, qué fregados tiene de maravillosa esa exposición que causa este tipo de reacciones en los wannabes de la cultura, en mi opinión, nada. Entonces, por qué el éxito de esta artista y escritora japonesa. La única respuesta que encuentro a mi ociosa pregunta es, por el puro “glamur” que rodea la vida de esta Yoko Ono de Tlachichilco. Porque es innegable que la historia de su internamiento voluntario en un “manicomio”, en el cual por cierto ha vivido desde hace ya varias décadas, hace que el morbo lleve a la gente a ver su obra. Es cierto, nuestra querida Frida Kahlo también vende muy bien gracias a su interesante y sufrida vida (que no me oiga mi hija porque me mata), pero aun así creo que entre el talento de Frida y Kusama todavía hay un abismo.







En fin, se terminó la exposición de Kusama, ahora, ojalá que todos esos entusiastas amantes del arte conceptual moderno aprovechen el vuelo que traen y se den una vuelta por los demás maravillosos museos con los que cuenta nuestra hermosa ciudad de la nube gris, comenzando, por su puesto, con el Museo de Arte Moderno que está a unos pasos del Museo Tamayo. 


Otro día con más calmita... nos leemos. 

miércoles, 14 de enero de 2015

Los pelados con celular en el cine



Estoy harto, alucino los celulares, son una monserga, y más en una sala de cine. Por qué carajos la gente que va al cine no apaga sus teléfonos, no basta con bajarles el sonido y ponerlos en modo de “vibración”, tiene que apagarlos o dejarlos en el coche porque son muy molestos para la gente que va al cine a lo que se debe de ir al cine, ¡A VER PELICULAS!

Esos estúpidos que se la pasan sacando su teléfono cada vez que les vibra para ver que babosada les pusieron en su face o que whats les mandaron ¡molestan mucho!, por si no se han dado cuenta las pantallas son muy luminosas y en la oscuridad casi total de la sala de un cine, más. Y esos otros estúpidos que salen corriendo de la sala para contestar una llamada (según para no molestar a los ahí presentes), igual distraen y son muy molestos. Me ha tocado ver idiotas que salen hasta cinco veces de la sala para atender sus llamadas. Yo me pregunto, qué tan importante puede ser una llamada que no puede esperar dos horas para ser atendida, o si tienen un pinche pariente en terapia intensiva o a su pinche madre en fase terminal entonces qué carajos hacen en el cine. Les apuesto que el 99.99% de las llamadas y los mensajes que recibe la gente en el cine son reverendas estupideces, de no ser que la persona que contesta el teléfono sea un eminente medico experto en trasplantes de órganos que tenga que correr a trasplantar un corazón antes de que este se agusane, francamente no se justifica que los presentes tengamos que padecer los celulares de los demás.

Por qué si ahora hay tantos tipos de salas (Regulares, Premium, VIP, 3D, 4X, para Mamás, etcétera) no hay una para viejitos amargados como yo en donde exista un sistema que bloquee la señal de los celulares, así como en mi adorada Sala Nezahualcoyotl, me cae que muchos amantes del cine asistiríamos encantados a esa sala.


Pero como eso no existe, no me queda más que suplicarle al peladaje que por favor se abstenga de atender o siquiera sacar su celular durante la función, neta, a nadie de sus amigos del face les interesa saber si tienen o no aplastadas sus nalgotas en la sala de un cine, eso puede esperar a que termine la función, les prometo que sus oligofrénicos amigos del face o sus seguidores de twitter no se los van a recriminar. Por favor, seamos educados cada vez que vayamos al cine y comportémonos como seres civilizados, evitemos que nos brote el peladísimo código postal, total, son dos horas… qué tanto es tantito.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

martes, 13 de enero de 2015

Libertad de Expresión... ¿Libertad de Insultar?



Gran debate por todos lados, que si debe de haber límites a la libertad de expresión o no, y todos, o casi todos, opinan que no, que no debe de haber limites porque si los hubiese no existiría realmente la libertad. Esta es la respuesta más “políticamente correcta”, por eso pienso que es la misma que asumen muchas personas, pero yo, yo no, yo nunca seré políticamente correcto solo por quedar bien, yo podré estar equivocado pero nunca dejaré de decir lo que pienso aunque esto incomode o moleste a muchos.

Por eso yo afirmo rotundamente que la libertad de expresión por supuesto que SÍ debe de tener límites; y es que es muy fácil defender la libertad de expresión cuando esta no le afecta a uno directamente sino a terceros, es muy fácil decirle a una persona, a una comunidad, o a un nación entera, que aguanten vara, que no sean chillones, que no es para tanto. Muchos dicen defender a ultranza la libertad de expresión, la libertad de insultar, pero yo me pregunto si opinarían lo mismo cuando esa libertad fuera usada en su contra o en contra de alguno de sus seres queridos, ¿lo tomarían con la misma madurez?, ¿la seguirían defendiendo estoicamente en pro de las libertades del ser humano?, ¿reaccionarían con toda calma e incluso serían indiferentes a esos actos? Si la respuesta es “Sí”, felicidades, entonces el día de mañana si su hijo es víctima de bullying, o su hermana es víctima de misoginia, o su primo es víctima de homofobia, o su madre es víctima de calumnias o difamaciones, entonces seguramente no harán nada al respecto porque eso sería atentar en contra de la libertad de expresión de un tercero.


No me cansaré de decir que nada justifica un hecho tan condenable como el ocurrido en Francia, pero por otro lado creo que no se puede andar por la vida agrediendo, insultando y burlándose sin estar consciente de que eso puede tener consecuencias muy serias, consecuencias que pueden ir desde una demanda judicial hasta algo tan radical como la misma muerte. 

Por otro lado yo siempre he sido enemigo de las famosas “teorías del complot”, del “sospechosismo”, pero en este caso, como en el ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, siempre habrá que tomar en cuenta que puede existir la posibilidad de que esto haya sido orquestado por el mismo gobierno para tener un bonito pretexto para coartar las libertades del pueblo francés así como para agredir, atacar e incluso invadir a otra nación. Decía mi Inmortal y sabia abuela: “piensa mal y acertaras”… ¿será?


Otro día con más calmita... nos leemos. 

viernes, 26 de diciembre de 2014

La Cena de Navidad "Minimalista" de Said




Lo que van a leer no es producto de la cuestionable creatividad de este su servidor, es simplemente un relato fiel apegado a la realidad sujeto a hechos comprobables por los métodos científicos y chismológicos más estrictos.

Resulta que este año la navidad de Said estuvo, como dirían los cronistas de las revista Hola, "de rompe y rasga”, osease, de alto pedorraje. Todo giró en torno a un bonito ambiente “minimalista”, que no pelado, que no miserable, que no jodido, mucho menos naco, solo “minimalista” (favor de leer esto con un ligero tono sarcástico).

El menú parecía salido del Waldorf Astoria, un manjar propio de reyes. El primer tiempo consistió en una deliciosa sopita fría de coditos, la famosa “Pasta Quinceañera Ensueño” que gusta tanto. Para el segundo tiempo tuvimos dos opciones a degustar: el famoso “pavo emergente” y el adorado (y adobado) “lomo enchilado”. Para acompañar dichos manjares y a manera de guarnición se sirvió un exquisito puré de manzana preparado en el delicatessen de “La Costeña”.

En esta ocasión y luego de discernir entre cuál sería el mejor maridaje para esta cena gourmet, finalmente se optó por sustituir el Château Pétrus, el Château Margaux y el Dom Pérignon por unos refrescantes y aromáticos Jarritos de Tamarindo y Limón (qué ricos son), traídos directamente de los bonitos viñedos de la región de La Merced.

Buscando darle un toque de originalidad y distinción a la cena navideña, se cambió la cristalería Riedel por simpáticos y decorativos vasitos de plástico rojos; la tradicional vajilla Villeroy & Boch se sustituyó por platitos de unicel elaborados en un innovador diseño rectangular que evocaban aquellos en los que me servían mi changüis y mis papitas Sabritas en las fiestas de la secundaria; en lo que respecta a los cubiertos, los Zwilling J.A. Henckels cedieron su espacio a unos rupestres, ¡ah! pero eso sí, plateadotes, cubiertos de plástico. Sobre la elegante mesa destacaban las servilletas de papel resaltando un espíritu ecológico y ambientalista tan de moda en estos días.

Cabe destacar que todos los contertulios, o por los menos los más afortunados, nos sentamos a compartir los sagrados alimentos en cómodas sillas de lámina rentadas que caprichosamente intercaladas hacían bonito contraste con el antiguo y lujoso comedor Chippendale.

Al terminar aquella opípara cena vino el pastel mismo que acompañamos con el mejor café recién molido del “7- Eleven” de la esquina (claro, en vasito de cartón). Y para rematar con broche de oro aquel momento onírico, los caballeros sibaritas ahí reunidos terminamos fumando un buen cigarro, no un Partagás, no un Cohiba, sino algo más bien… “delicado”.  

Y así siguió la noche, todos libando alegremente y diciendo salud con vasos pletóricos de burbujeante Jarrito de Tamarindo y Limón. Entre las risas, el intercambio de regalos y uno que otro irremediable viboreo, pasó la noche hasta que por ahí de las 5 de la mañana llegó la hora de bajar la cortina para hacer mutis de aquel lugar. Finalmente, yo, luego de haber permanecido estoico y calmado como lo había prometido, abandoné ya con mucho sueño aquella bonita tertulia familiar… ¡Ah! pero eso sí, como diría el gran Chava Flores: “Salí de aquella casa sin nada a comentar, no vaya a creer la gente que fui pa’ criticar”.


Otro día con más calmita… nos leemos.


sábado, 20 de diciembre de 2014

Restaurantes para autistas




- ¿Qué onda, a ver si comemos, no? – frase harto común entre dos personas que se encuentran luego de un tiempo de no haber estado en contacto. Y es que no hay una experiencia más idónea para socializar que la de compartir los sagrados alimentos, bueno, al menos eso era hasta hace un tiempo porque de unos años a la fecha las cosas han cambiado radicalmente.  

El otro día mientras estaba en un restaurante me dispuse a hacer uno de mis famosos “escaneos” en mi carácter de observador de la vida social (como Montesquieu). El resultado de esta actividad meramente científica resultó harto curiosa e interesante. Por un momento sentí que en aquel lugar estaba rodeado de puros comensales autistas, y es que nadie platicaba, nadie intercambiaba anécdotas, experiencias, planes, vaya ni siquiera miradas sugerentes o concupiscentes con el prójimo. La culpa de esto, como ustedes seguramente ya adivinaron, es la maldita tecnología que todos los días se encarga de alejarnos del que tenemos enfrente para acercarnos al que tenemos en quién sabe dónde y que es quién sabe quién.

Aquel restaurante en el que me encontraba, que no era precisamente una fonda pedorra, estaba rodeado de enormes pantallas, pantallas que transmitían en un principio videos musicales y luego, claro, el peladísimo futbol. Por otro lado letreros dispuestos a lo largo y ancho de restaurante hacían saber a los contertulios que aquel establecimiento contaba con Wi-Fi. Como ya se podrán imaginar, el que no miraba absorto las pantallas se encontraba abismado y patidifuso atendiendo su “smartphone”. Frente a mí ocupó una mesa una familia compuesta por papá, mamá y dos hijas de aproximadamente 20 años. Antes de ver siquiera la carta, todos, a la voz de ya, sacaron sus teléfonos, se conectaron, y comenzaron a hacer quién sabe qué en sus teléfonos. El jefe de familia fue el único que no atendió su celular, solo lo puso en la mesa para enseguida clavar su mirada en el pambolero espectáculo que transmitían las pantallas. El mesero intentó entregarles la carta en las manos, al verse ignorado no tuvo otra opción más que colocar el menú sobre la mesa por si en algún momento aquella familia regresaba de su transe y se decidía a ordenar algo.

Y así era en todas las mesas, unos mandaban “whats”, otros retrataban sus platos de comida para luego subir las fotos a su “feis”, otros jugaban “candy”, “angry” o vayan a saber qué, el chiste es que nadie socializaba físicamente, todos lo hacían a través de las dichosas “redes sociales”. Y los negados para  la tecnología, esos hacían algo que requiere un mínimo de esfuerzo mental, contemplar simplemente a 22 pelados corretear un balón.

Aquello, como les digo, parecía un congreso de enfermos autistas. Ese momento maravilloso en el que las viandas y los tragos eran el marco ideal para realizar una entrañable charla con el prójimo prácticamente ha quedado en el pasado, claro, todavía hacemos quienes nos resistimos a eso. En mi caso está estrictamente prohibido atender llamadas mientras se jamba, no importa si provienen de un teléfono celular o de uno convencional. Si yo llego a salir con una persona que no pude dejar a un lado su teléfono mientras está en la mesa, pues debut y despedida, jamás vuelvo a ver a dicho ente (por más bizcocho que esté el susodicho ente).

Sé que no soy el único que tiene como regla fundamental la de no contestar llamadas en la mesa, de hecho una amiga mía que es igual de quisquillosa (mamona) que yo, puso una regla muy interesante a la hora de departir con sus amigas. Mi amiga me dijo que cuando ella sale con sus amigas a un antro, para evitar que pase esto que tanto nos molesta, todas ponen sus celulares al centro de la mesa y la primera que no resista contestar una llamada o mandar un mensaje, pierde y tiene que pagar todos los tragos que se hayan acumulado hasta el momento. Esto no solo es divertido sino que también es bastante útil para poder realizar una convivencia física y no virtual. Ahí se los paso al costo por si lo quieren aplicar la próxima vez que se vaya de copas con sus amigos o amigas.  

En fin, yo los convido a que abandonen sus vidas autistas y vuelvan a socializar con el prójimo, pero no de a través de la tecnología, sino, como diría Cantinflas: “en vivo y de cuerpo presente”, en verdad que esa experiencia es más gratificante que la de una trinche pantalla luminosa… ¡ah! pero no vaya a dejar de leerme porque entonces sí ya valió; ya saben, en esto como en todo, aplican restricciones, ¡YO!


Otro día con más calmita… nos leemos.