viernes, 9 de febrero de 2018

"La Región Salvaje" de Amat Escalante




Hay dos tipos de personas que van a ver cine mexicano: los que acuden porque sale su estrella o galán de moda o los que acuden porque la película ha ganado premios en festivales del extranjero. Francamente no sé cuál de esos dos públicos sea peor.

Confieso que durante mucho tiempo yo prefería esas cintas que estaban precedidas por reconocimientos en festivales cinematográficos pero últimamente ya no creo en eso. Para empezar tengo que dejar claro que yo no soy un experto en cine, soy tan solo un simple espectador que anda a la caza de películas que me diviertan, unas haciéndome pensar y otras únicamente entreteniéndome. A mí francamente me vale queso si las películas son intelectuales, de culto o del llamado cine inteligente. A mí solo me importa que sean buenas películas para que independientemente del tema o la “intensidad” me hagan pasar un buen rato. Sin embargo, en mi carácter de cuasi ser humano suelo cometer errores y me dejo llevar a veces por la opinión de otros, y este fue el caso.

Resulta que escuché buenos comentarios de una película del director Amat Escalante, aquel que hizo “Heli” hace como cuatro años. “Heli”, sin haberme fascinado, me la chuté sin broncas aunque francamente no la volvería a ver. Pero bueno, el tiempo pasó y yo pensé que Amat abría madurado artísticamente por lo que merecía una segunda oportunidad.

“La Región Salvaje” es la nueva propuesta de Amat Escalante y es la película que ayer me receté. Al terminar de ver la película quería sacarme los ojos como autoflagelo por haber perdido dos horas de mi vida en esta infumable película. Mucho premio, mucha nominación en festivales, mucho respaldo de personas importantes de la industria tipo Alfonso Cuarón, pero aun así, a mí, lo que es a mí, me pareció un reverendo y total CHURRO.

Este bodrio trata de una pareja que vive en las afueras de Guanajuato y que por azares del destino tienen en su poder a una especie de ser extraterrestre capaz de dar placer sexual a los seres necesitados como este su servidor. La criatura parece un pulpo con sendos tentáculos así que ya se podrán imaginar lo que puede hacer con ellos, es algo así como el pulpo Manotas de las caricaturas pero en libinopútrido. La historia tiene ingredientes interesantes como el machismo, la homosexualidad, el suspenso, el terror, el desamor y el erotismo, esto en manos de un buen director podría haber resultado en algo mejor, pero nooo.

Los actores que salen en esta porquería de película son completamente desconocidos, y con justa razón. Son muuuy malos, tan malos que parece que están recitando sus diálogos en la ceremonia de los lunes de la primaria. Uno o dos se salvan pero la mayoría no saben actuar y esto se explica porque para casi todos ellos este es su primer trabajo… y espero que sea el último. Nomás por no dejar les voy a decir los nombres de los actores principales: Ruth Ramos, Simone Bucio, Jesús Meza, Eden Villavicencio y Andrea Peláez. Grábense muy bien estos nombres para que les corran cuando los vean en alguna película.

Hablando de la dirección, pues será muy Amat Escalante pero pareciera que esto se tratara de la ópera prima de un estudiante de cine de Coscomatepec. La cinta no está nada cuidada, parece estar hecha al chilazo, como si el director hubiera querido ahorrar película haciendo únicas tomas de cada escena, así como quedó a la primera se fue. La fotografía es del experimentado Manuel Alberto Claro pero aquí estuvo como de hueva.

En fin, como ya se habrán dado cuenta odié esta película. Yo, repito, sin ser un experto en cine les diría que ni de chiste gasten su dinero en esto, creo que prefiero que entren a ver una de Omar Chaparro o Aislinn Derbez porque por lo menos esas películas no son tan pretenciosas como quieren hacer ver a “La Región Salvaje”. Pero bueno, esa es solo una opinión… la mía. Como siempre ustedes tienen la última palabra.






Otro día con más calmita... nos leemos. 

jueves, 8 de febrero de 2018

"Call me by your name", la mini reseña.




Antes que nada les aviso que esta entrada va a parecer profundamente homofóbica pero créanme que no. Yo no tengo nada de homofóbico de hecho estoy a dos pasos “gallo gallina” de salir del closet, así que ni lo piensen.

“Call me by your name” (Llámame Por Mi Nombre) es una película muy jotita hecha para el deleite de la comunidad homosexual, de hecho la sala a la que fui a ver la cinta estaba repleta de parejas gays, parecía el mismísimo Cabaretito de la Zona Rosa. Por un momento sentí lo que es formar parte de una minoría, la minoría “buga”.

Es cierto que yo había dicho que no iba a comentar ninguna de las cintas nominadas al Oscar como Mejor Película hasta verlas todas pero haré una excepción porque creo que en este caso es importante dar mi siempre “subjetiva” opinión.

“Call me by your name” es una historia de amor muy bonita que se desarrolla en un lugar muy bonito con personajes muy bonitos, luego entonces muy jotito el asunto. La película va de la relación que tiene un adulto (Oliver) con un chavito de 17 años (Elio) con el consentimiento de sus muy “modernos” padres. La historia ocurre en 1983 en una pintoresca villa de algún lugar del norte de Italia. Oliver que es el asistente del padre de Elio poco a poco va seduciendo al joven puberto hasta que él queda perdidamente enamorado del otrora Llanero Solitario (Armie Hammer). La película está llena solo de escenas sensuales, que no pornos, para decepción de muchos de los ahí presentes que esperaban ver algo más “gráfico”. En mi personal punto de vista la película se torna larga (sinónimo de aburrida) pero el remate en los últimos cinco minutos de la película hace que valga la pena. El diálogo que tiene el padre de Elio con él es lo más rescatable de la película junto con la escena final a la que muchos no le prestan atención porque sucede ya con los créditos en pantalla.

Las actuaciones son buenas sin ser sobresalientes, quizás la más rescatable es la del joven Timothée Chalamet que hace a Eliot. La dirección del italiano Luca Guadagnino es muy X, lo mismo que la fotografía. No creo que sea una película que le pueda gustar a la mayoría del público sin embargo yo recomendaría que la vieran para que ustedes sacaran su propia conclusión.

La película tiene 4 nominaciones al Oscar de las cuales yo creo que no se va a llevar ninguna. La dosis políticamente correcta de cine de diversidad creo que ya la cubrió por un buen tiempo “Moonlight” (Luz de Luna), cinta infinitamente superior que ganó el Oscar a Mejor Película el año pasado. Así que mis queridos amigos de la comunidad gay siento decirles que este año no es su año cinematográficamente hablando, con la pena.


 Timothée Chalamet (Elio) y Armie Hammer (Oliver) en plena jotería.


Otro día con más calmita... nos leemos.

miércoles, 10 de enero de 2018

En Six Flags con mi hermano




Cualquiera que nos viera a mi hermano Georgie y a mí y no nos conociera diría que somos bastante desunidos, cosa más equivocada. Es evidente que tenemos pocas cosas en común, de hecho el mundo entero tiene pocas cosas en común conmigo, digamos que no soy el hombre promedio. Sin embargo cuando hay que “estar” siempre ahí estamos, como hermanos que somos nos apoyamos en momentos difíciles y nos celebramos en momentos felices.

De vez en vez buscamos algún pretexto para pasar tiempo juntos en algo que sí tenemos en común y que es nuestro gusto por las ferias y los circos con animales. Sí, lo sé, somos un par de viejos pero seguimos disfrutando como niños esos dos espacios. Comenzamos yendo, o más bien nos llevaban, a las ferias de aquellos tiempos que se ponían en algún terreno baldío, parque o kermés. También nos llevaban a los ya extintos juegos mecánicos infantiles en la Segunda Sección de Chapultepec o a Mundo Feliz que estaba al final de la avenida de los Insurgentes sur y que ya tampoco existe. Íbamos al Circo Atayde a la Arena México o al Holiday On Ice ahí mismo, pero igual papá nos llevaba a los circos piojitos que se encontraba por ahí perdidos en algún lugar de la ciudad. Luego, cuando ya podíamos irnos solos visitamos con mucha frecuencia La Feria de Chapultepec, Skatorama y Reino Aventura. Seguimos creciendo y seguimos yendo a todos esos lugares. Todavía hace como 6 años nos fuimos solos a visitar Disneyland y todos los parques que hay en California. También visitamos mi circo favorito, el Ringling Brothers and Barnum & Bailey con sus tres pistas y harto animal. Por cierto, se ven más maltratados y mal comidos mis pobres paisanos de Chiapas y Oaxaca que esos animales que estaban más que bien atendidos, digo esto para los “animalistas” que me leen.

La semana pasada para seguir con la tradición mi hermano me invitó a Six Flags dizque para que viera la iluminación navideña “Christmas in the Park”. Yo ya la había visto pero le dije que sí, total era un buen pretexto para pasar el día juntos. Confieso que mi experiencia en Six Flags ya no fue tan placentera como en otros tiempos, creo que me alcanzó finalmente lo cascarrabias. No solo había mucha mucha mucha mucha gente, sino que esa gente era, lo siento… puro trinche pelado. Cero educación, pura señora pelada con escuincles pelados encabezados por jefes de familia pelados. Empujaban, se metían en las filas, ensuciaban, gritaban, se chiflaban… y no es que uno sea clasista o mamón (cosas que sí soy) pero en Disneyland hay muchísima gente pero digamos que un poco más educada y ordenada, cosa que ayuda bastante a llevar la fiesta en paz. Afortunadamente mi nuevo estatus de viejo cascarrabias me da autoridad para regañar y poner en su lugar a esas doñitas carentes de educación y a sus bonitas parejas los orcos panzones educados por microbuseros, lo malo es que estas dos especies no tienen remedio.  

Llegamos en la tarde al parque porque nuestra intención era solo ver la iluminación y estar el menor tiempo posible ya que sabíamos que aquello iba a estar a “full”. Intentamos comprar algo de tomar lo cual nos fue imposible, las filas eran enormes para comprar un trinche café o un chocolate caliente. Recorrimos el parque para que yo pudiera hacer unas fotos, muy a huevito porque con tanta gente no se me antojaba ni sacar fotos. Luego nos formamos ordenadamente para ver el “magno” desfile navideño. Ahí comprobé que el parque estaba infestado de nacos. Todos querían pasarse de listos con las personas que ya tenían un buen tiempo guardando su lugar para el desfile. Mi hermano y yo que medimos más de 1.80 cada uno nos estiramos todavía más para no dejar ver a todas esas señoras que a punta de empujones  insistían en meterse delante de nosotros. Descubrimos entre la muchedumbre a dos señoras que resignadas se formaron atrás de nosotros con sus niños, obvio que al ver que eran personas educadas y decentes de inmediato las dejamos pasar con sus críos y quedaron en primera fila delante de nosotros. Las peladas que no dejamos pasar se enojaron y descubrieron que un “con permiso” o un “por favor” mueven montañas, o por lo menos a las dos montañas que éramos mi hermano y yo.






El famoso desfile francamente estuvo muy chafa, pero bueno como diría mi sobrina “es lo que hay”. Todo iba muy bien luego de que terminó el desfile y la gente comenzó a hacer mutis. Mi hermano y yo entramos a las tienditas para curiosear todo el merchandising, cosa que nos fascina. Donde la puerca torció el rabo fue cuando mi querido hermano me dijo que entráramos a un “juego” para ver si ya no había tanta gente. Nunca me iba a imaginar que el maldito me estaba tendiendo una trampa. Para cuando me di cuenta ya era muy tarde, estábamos formados en la fila de una trinche montaña rusa llamada “Superman – El Último Escape”. Se trata de una “roller coaster” de 65 mts. de altura, algo así como un edificio de 20 pisos, que alcanza una velocidad de 120km/h. El maldito de mi hermano sabe muy bien que yo tengo acrofobia (terror, PANICO a las alturas) y aun así me hizo formar confiado que mi orgullo no me iba a dejar rajarme. Debo decirles que todos ahí era pubertos, los más grandes no pasaban de 30 años, los únicos ancianos éramos él y yo así que hubiera sido muy bochornoso rajarme delante de tanto escuincle nalgas miadas.

Antes de subir vi un letrero que decía que ese juego no se recomendaba para personas con problemas en el corazón o en la columna vertebral… ¡o sea yo! Y aun así yo estoico aguante vara y seguí adelante. Justo unos metros antes de que nos tocara subir, una ñorita de esas peladas de las que les hablé comenzó a pelearse con otro interrumpiendo el juego. Por más que los encargados de la atracción intentaron solucionar el problema la peladaza seguía gritando y haciendo panchos. Yo feliz porque estaban por cerrar el parque y tenía la esperanza de que suspendieran el juego y nos dieran las gracias a los valientes ahí presentes. Tuvo que llegar la seguridad del parque para que la señora se hiciera a un lado y así pudiera volver a funcionar el juego. Tardó 30 minutos el incidente pero no fue suficiente como para que cerraran la montaña rusa así que no me quedó más que apechugar y esperar a que llegara el próximo trenecito para treparme.

Lo que sentí fue la experiencia más intensa y horrible de mi vida, si en mis mejores años me hubiera infartado ya se imaginarán ahora el terror que viví cuando la chingadera esa comenzó a subir y subir y subir. El resto de las montañas rusas del parque parecían de juguete desde aquella altura. El frío de la noche, eran casi las 11pm, me hacía temblar como gelatina a medio cuajar, bueno eso y el miedo que tenía. Finalmente el trenecito llegó a la parte más alta y comenzamos a caer como caca de pájaro. La velocidad ahogó mis gritos de señora en trabajo de parto. El recorrido no duró más de un minuto con treinta segundos pero fue suficiente como para dejar mi alma allá por donde estaba la Canoa Krakatoa en los tiempos de Reino Aventura.

Espero que mi hermano haya valorado mi solidaridad y el hecho de que no me haya rajado porque es la última vez que lo acompaño a un parque de diversiones, de ahora en adelante solo iré a lugares en donde lo más fuerte sea el Carrusel o el It's a Small World, algo tipo Legoland, o sea de bajo impacto. No estoy seguro cuales fueron sus intenciones al subirme a esa madre, quizás piensa que está en mi testamento y ahora anda algo corto de efectivo. Eso de pasar “tiempo de calidad” con mi hermano se acabó, si quiere convivir conmigo tendrá que ir a escuchar algún concierto a la Sala Nezahualcoyotl o a una corrida de toros a la Plaza México, nada que implique grandes alturas o pendientes de 50°. Vía de mientras iré con mi cardiólogo y con el neurólogo a ver si no sufrí algún daño en mi corazoncito o en mi espalda, porque lo que son mis calzones… esos sí sufrieron un daño permanente.







Caigamos en oración, pero no a 65mts. de altura por favor. 


sábado, 6 de enero de 2018

Rosca de Reyes para Said




Hoy toca rosca en familia. A mí ya me conocen, soy muy especial, muy chocantito, mamila pues… a mí me encanta la rosca de reyes pero la tradicional. Y es que hoy en día hay una gran variedad de roscas “gourmet” (así, entre comillas) que buscan satisfacer los paladares más sofisticados, o pelados diría yo. Todas procuro probarlas para que no me cuenten, que la de nata, que la de mazapán de almendra, que la de chocolate, que la de nuez, que la de zarzamora, que la de nutela, etc. Unas saben chiditas pero no saben a rosca de reyes, ni modo, con la pena, uno que es purista y ortodoxo no puede permitir que le suplanten esa maravilla que es la rosca tradicional con su costra de azuquitar y sus frutos cristalizados.

Hoy en la noche yo voy sobre la rosca tradicional, si se les ocurre llevar otra cosa exótica como rosca rellana de romeritos o rosca al pastor, pues que se la coman otros porque yo no. Y de la rosca tradicional voy sobre la costra de azúcar, esa parte es mi favorita, de hecho el resto yo lo tiro a la basura porque no sirve para nada. Como ya conocen mis gustos, a mis sobrinitos les encanta hacerme “la malda” y siempre inseminan artificialmente ese cacho de rosca para que me aparezcan gemelos o triates de un solo tirón. Yo encantado acepto a los críos, total ya luego mis abogados se encargarán de negar mi paternidad, digo no vaya a ser que pidan pensión alimenticia para el Día de la Candelaria.

Para acompañar mi buena rebanada de rosca yo pido siempre chocolate, no Quick, no Choco Milk, no Express… nooo, tiene que ser Abuelita que es “el mero bueno”, y si lo dice Sara García quién fregados soy yo para desnegarlo. De nuevo, como soy un purista y un ortodoxo, quiero mi chocolatote de tablilla y hecho con molinillo de madera, nada de licuadora o atajos cortos. Y para que suba bien bonita la espuma tiene que ser con molinillo y elaborado por un par de buenos brazos de tía gorda. Yo sí me ando refinando mínimo dos tazas de chocolate espumoso y luego, al final, un buen vaso de leche fría para evitar el empalague. Claro que por la noche me esperan unas terribles agruras con todo y reflujo, pero nada que unos buenos pantoprazoles y Melox no puedan aliviar... Y si no pues a pagar el precio con gusto.


Que tengan un bonito día de rosca mis queridos Reyes lectores. 

jueves, 4 de enero de 2018

"The Greatest Showman" (El Gran Showman)




Hay películas que me divierten mucho pero hay otras que simplemente me hacen muy feliz, esta es una de esas. La receta es sencilla: Circo (con animales), Cine, Musical, Hugh Jackman, Michelle Williams, una sala extrañamente con público respetuoso y una muy agradable compañía. Cada uno de estos ingrediente por separado ya es para mí un motivo de felicidad, pero que se dé esta combinación en un solo hecho, eso señores es motivo de una felicidad total. Y eso fue lo que experimenté al ver “The Greatest Showman” (El Gran Showman).

La película es un musical y va de la vida de Phineas Taylor Barnum, un empresario circense del siglo XIX el cual terminó conformando el circo más espectacular del mundo, el Ringling Brothers and Barnum & Bailey. Debo decir que mi amor por este personaje no comenzó con esta película o con mi primera visita a su famoso circo, no. Fue allá por el año de 1987 cuando vi en el Teatro San Rafael el musical “Barnum” con Héctor Bonilla y Macaria que nació mi fascinación por Barnum. Recuerdo que con ellos estaban los aun muy jóvenes Ari Telch, Lupita Sandoval y la desde entonces insoportable Susana Zabaleta. Como les digo, desde ese momento me apasionó la vida de Barnum, tanto que a una mascota le puse por nombre Phineas en su honor.

Han pasado treinta años desde aquel primer encuentro con Barnum y hoy lo redescubro en la pantalla grande. La películas es muy para hombres con espíritu jotito como el mío, así son la mayoría de los musicales, no para escuincles caguengues amantes de los efectos especiales o para adultos que solo pueden mantener su atención en la pantalla si se les presentan un par de tetas de tamaño considerable o bien varias explosiones y persecuciones. Hay películas que requieren de un esfuerzo intelectual por su complejidad y hay otras que requieren de una sensibilidad y gusto por expresiones artísticas como pueden ser la música, el canto y la danza, esta califica en el segundo caso.

Hugh Jackman está más que probado en los musicales porque parte de su carrera ha tenido que ver con ellos, y a un muy buen nivel. Lo mismo ha trabajado en Broadway que en su natal Australia en obras como: “Beauty and the Beast”, “Oklahoma” o “The River”. También en cine ha hecho musicales como “Les Misérables” en el 2012, quizás no con el éxito esperado pero eso no fue su culpa. Así que con toda esta experiencia no es sorpresa que mi adorado Wolverine esté como pez en el agua en esta maravillosa y entrañable película.

Acompañan a Hugh Jackman la hermosa y EXCELENTE actriz Michelle Williams a quien adoré el año pasado en “Manchester by the Sea”; por algo la señorita ya tiene cuatro nominaciones al Oscar y estoy convencido que un día terminará ganando la codiciada estatuilla. Zac Efron es otro de los actores que aparecen en la película y quizás, en mi opinión personal, el prietito en el arroz. No sé pero francamente no me gustó que hayan elegido a este actor, tiene la experiencia y el talento necesario pero a mí francamente no termina de gustarme. Creo que hay tanto talento allá en la República de la Hamburguesa que cualquier otro lo podría haber hecho igual o mejor. La actriz Zendaya a quien vimos en “Spider-Man: Homecoming” cierra el círculo de actores principales y lo hace bien, guapetona y talentosa la morena.

La dirección de Michael Gracey es buena pero nada del otro mundo. La fotografía es excelente lo mismo que la dirección de arte y el vestuario. Pero lo importante en un musical, obvio, siempre será la música y en este caso es estupenda. La banda sonora desde ya la quiero tener para poder jotear en casa al más puro estilo Wolverine con zapatillas y tutu.

Bueno pues en resumidas cuentas yo la recomiendo ampliamente, claro si es que tienen la “sensibilidad” necesaria y no precisan, como dije, de efectos especiales, tetas o explosiones para pasarla bien en el cine.


Barnum y las estrellas de su circo.

Michelle Williams (Charity Barnum), hermosa y talentosa.

Zac Efron (no gutó) y Zendaya (chí gutó).


Esto amigos lectores no es una reseña ni pretende serlo, es simplemente mi opinión de lo que vi en el cine y que me encantó de sobremanera… ahí ustedes dirán si la ven o no.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

ATENCIÓN: Véanla en ingles, NO en español.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Mi checklist de actividades navideñas




Como estoy a escasos minutos de caer en cama víctima de los virus tzotziles que la Sacrosanta trajo de contrabando a mi principado de quién sabe dónde, he aprovechado bien mis últimos días de hombre relativamente sano para atender los menesteres propios de la temporada navideña.

Como les conté, hace unos días me llevé a mi apoderada a un centro comercial al sur de la ciudad para que tuviera a bien hacer sus compras navideñas, principalmente la cuelga de su muñeco, oséase yo, que es la que más importa. Hicimos lo que hace todo pelado en un centro comercial: nos retratamos en el árbol gigante de navidad así como con su respectivo hombre de rojo; buscamos regalos baratos para los “compromisos” que puedan surgir de pronto en la cena de noche buena, tipo jabones, cremas y cosas para baño, aretitos o prendedores, bufandas y guantes, calcetines chistositos de moda, etc.; comimos en el área de fast food (corrijo ahora le dicen food court quesque porque se escucha más “nice”) algo para aplacar la lombriz y el incómodo rechinar de tripa; y por último rematamos la visita comprando un helado de Nutrisa para caminar cual zombis a lo largo y ancho del mall mientras paseábamos las compras.

También tuve la oportunidad de reunirme en un desayuno con mis viejos viejos viejos compañeros de la secundaria. Ellos son mis entrañables y eternos amigos, amigos más que calados con la prueba de fuego, prueba también conocida como “paso del tiempo”. Ahí recordamos, como cada reunión, las travesurillas que hacíamos en nuestros años pubertos, esas que nos llevaron tantas veces a visitar a la orientadora y en muchos casos a terminar recluidos (sin previa orden de aprensión) en la dirección. Recordamos lo inocentes que éramos en aquellos lejanos años, lo que significó en nuestras vidas el conocer allí a nuestra primera novia, lo que fue la experiencia de nuestro primer beso, y en muchos casos nuestro primer caldo (si son de mi época sabrán a qué me refiero). En esa reunión en la que nuestros corazones se abrazaron se habló de los hijos, del orgullo de tenerlos y verlos crecer, de saberlos ya hombres y mujeres de bien. Incluso se habló de nietos porque más de dos de mis amigas ya son abuelas, jaladoras sí, modernas sí, contemporáneas y reventadas sí, pero abuelas. De paso, y como debe de ser, aprovechamos la oportunidad para darnos el abrazo de navidad y desearnos parabienes.

La peladísima y tradicional visita al centro para “ver la iluminación” también ya la hice. Seguramente durante esa visita fue que mi madre contrajo el virus tzotzil que la hizo caer en cama y que me tiene al filo de la navaja en estos momentos. Visitamos Liverpool y el Palacio de Hierro intentando recordar lo padre que era visitar esos dos grandes “cajones” (como les decía mi abuela) que se caracterizaban por sus “espectaculares” aparadores decorados apropósito de las fiestas decembrinas. Antes, cuando no existía la populista y peladísima pista de hielo, lo bonito de la visita al Centro en esta temporada era acudir ya entrada la noche a la Alameda en busca del Santa Claus más bonito para en familia tomarse la foto oficial. Hoy la cosa es muy distinta, gracias al PENDEJO de Mancera se pueden encontrar en el centro al Capitán Jack Sparrow, a Barney (con algunos cromosomas menos), a Batman y Iron Man, a Mickey Mouse y Mini Mouse (en versión tenochca), a Pikachu, a Bob Esponja, y a un montón de macuarros haciéndole a las estatuas vivientes… pero lo que es un Santa Claus, un trinche Santa Claus ¡NO EXISTE! El final de esa experiencia navideña en el siglo pasado siempre concluía con una visita a los Churros de El Moro o bien a la tristemente desaparecida Super Leche. Hoy en cambio lo que uno quiere, al menos yo, es salir corriendo lo antes posible de ese enjambre de seres bípedos que no hacen caso de las mínimas reglas y normas de convivencia. En fin, mi visita al Centro para ver la iluminación navideña también ya la puedo palomear.

Quizás lo único que me falta es ver el pipirín. Tengo que ir a hacerle casting a los pavos, y es que soy tan chocantito a la hora de buscar el pavo perfecto para la cena de navidad que prácticamente es un casting lo que hago y eso señores lleva su tiempo. Yo creo que mañana mismo corro a buscar el pajarraco que voy a cocinar este año. Necesito uno tamaño Abelardo (el antiguo pájaro de Plaza Sésamo) porque como me gusta mucho quiero que me dure para todo el año. Por otro lado lo que es el vino ese ya está más que listo, porque podrá faltar qué comer pero nunca qué tomar, digo no nos vaya a venir una deshidratación, en esas fechas sería muy triste. El resto de la cena, que a mí no me importa, esa ya fue encomendada a otros miembros de mi familia: que el bacalao a la vizcaína como el que hacía la Tita (todos tenemos en casa una tía a la cual recordamos con su famosa receta de algo), que la pierna adobada para el que le gusta el chilito (de pelados), que los romeritos con tortas de camarón para que apeste rico la casa, que un lomo a la ciruela (me imagino que ese es para que “obren” bien las viejitas estreñidas, que una cremita o pasta (como si no fuera ya suficiente tragadera), que la tradicional ensalada de manzana que aquí entre nos esa sí me chifla, y por último las tortillas para los romeritos y el pan para el resto de la cena. Los accesorios tipo el hielo, los cigarros, los refrescos y lo que se vaya ofreciendo, eso se comprará en su momento en el OXXO de la esquina.

Ahora sí lo último que me faltaría sería pasar a una farmacia para “aprevenirme” con los medicamentos necesarios para sortear mi alergia estacional, mi posible indigestión y mi infalible cruda del 25.

¡Ah! y algo muy importante, una visita, aunque sea de pasadita, por la casa de Dios. Y es que nosotros los creyentes mochos de pueblo disfrutamos mucho el visitar en esa fecha tan importante a papá Dios. Nuestro sacerdote de cabecera (aclaro a los chairos ateos agnósticos demonios y demás enemigos de la fe que no todos los curitas son pederastas) nos recibirá con arto júbilo para hablarnos del verdadero significado de la navidad. Al final recibiremos de él su bendición y la Urbi et Orbi de SS el papa Francisco. Luego de atender lo espiritual entonces sí correremos a lo mundano que aquí entre nos es lo más chabocho. Y así estaremos consumando una vez más lo que viene siendo la cena de Noche Buena y la Navidad.

Seguro habrá algo que contar, a toro pasado, de esa noche familiar. Eperen la reseña.


Otro día con más calmita... nos leemos.


miércoles, 22 de noviembre de 2017

"La Liga de la Justicia"




Siempre que digo que ya estoy hasta la mandarina de las películas de súper héroes ocurre un milagro y aparece una maravilla como esta que me hace volver a amar el género. Y es que francamente me encantó “Justice League” (La Liga de la Justicia), tiene todo lo necesario para olvidarme de mis problemas de espalda mientras estoy aplastadote en el cine: los efectos especiales, el factor sorpresa, los chistes y gags… y claro un muy buen elenco encabezado por mi nueva novia la Mujer Maravilla (perdón Julia Roberts). Es cierto que el amor de mi vida siempre será Julia pero un “desliz” si me lo andaba aventando con mi Gal Gadot que está harto piocha.

El resto casting es perfecto: Ben Affleck (Batman), Henry Cavill (Superman), Amy Adams (Lois Lane), Ezra Miller (Flash), Jason Momoa sin su Khalessi (Aquaman), Ray Fisher (Cyborg), Jeremy Irons (Alfred) y J.K. Simmons (el comisionado Gordon), entre otros muchos. Un deseo marihuana mío hubiera sido que ya que en la historia reviven a Superman hubieran escogido para el milagrito a mi adorado y verdadero Superman Christopher Reeve y no al apócrifo Hanry Cavill. Y es que por más que les guste a las damitas, incluyendo a mi hormonal hija, solo hay un Superman y ese es Reeve, con la pena.

Por otro lado noté que Batman está un poco pasadito de tamales, se le nota una pancita que bien podría ser producto del uso indiscriminado de las batichelas que liba en su mansión. Flash está muy simpático, le pone el toque de humor a la película. A Aquaman me gustaría verlo montado en su caballote de mar como el que sacaba en las caricaturas que yo veía de niño, además de que le faltó usar su “telepatía” para echar coto con los peses. Al tal Cyborg francamente no lo conocía, no lo recuerdo en las caricaturas de Canal 5. La Mujer Maravilla como ya dije no tiene ningún “pero” de mi parte, es mi fantasía sexual llevada a la pantalla. Desde Linda Carter este personaje ya me hacía tener pensamientos concupiscentes, clarito me veía atado a la cama con su “lazo de la verdad” mientras ella me robaba la inocencia.

Pero basta de confesiones libinopútridas, volvamos a la película. Si a mí me dieran a escoger entre los personajes de “The Avengers” y los de “Justice League” sin pensarlo mucho me quedo con los segundos, con todo y que en “Los Vengadores” sale mi Scarlett Johansson que me chifla y el Spider-Man que me cae muy bien.

Bueno pues si no la han visto aun corran a verla, no verán una obra de arte como es obvio pero sí verán una película muy entretenida y bien hecha con ese plus llamado… Gal Gadot.





Otro día con más calmita… nos leemos.