miércoles, 17 de diciembre de 2014

Crónica de un Shopping Anunciado



Bonito día fui a escoger para llevar a mis owners a dar la vuelta a Perisur, viernes, 12 de diciembre Día de las Lupitas, y por si esto fuera poco, día de la Gran Venta Nocturna de Liverpool.

Mi arribo al bonito centro comercial del sur de la Ciudad de México fue de lo más normal, o sea, luego de casi dos horas de un trinche tráfico decembrino del asco. Durante el trayecto tuve que escuchar a mi Sacrosanta contándome de los adelantos en la mesa de negociación para la cena de navidad familiar. He de decirles que la mesa de diálogos del IPN se queda pendeja a lado de la mesa de diálogos de mi familia; imagínense a pura octogenaria tratando de llegar a acuerdos en lo que viene siendo el menú y la sede para la cena de navidad. En fin, según mi sacrosanta seguirán las discusiones y las negociaciones entre las matriarcas de la familia, y conociéndolas, será hasta el minuto cero de un día antes en que llegue a un feliz acuerdo. Vía de mientras yo estoy a cargo de las bebidas embriagantes, o por lo menos de las mías, que son las que realmente importan en estos casos, y todo está a bajo control.

Llegué a Perisur por ahí de las siete de la noche, el primer reto fue encontrar un espacio para estacionar mi corcel. No había un trinche lugar, había más coches en Perisur que ácaros en mi colchón (si me permiten esta licencia poética). De pronto y antes de abortar la misión, una camioneta que estaba frente a mí puso reversa e hizo mutis dejando el bonito lugar para su servidor. Le eché habilidad y me estacioné como pude, y es que siempre me he preguntado qué caso tiene pintar rayas en el suelo si nadie las respeta, parece que sirvieran para que los coches jueguen rayuela y no para que se estacionen correctamente.

Luego de echarle su bendición a mi corcel para librarlo de las señoras con camioneta que no miden bien los espacios, procedí a dirigirme a la entrada de Liverpool cual Pancho Villa con mis dos viejas a la orilla, a saber: mi Sacrosanta madre y mi Friducha hija. Apenas habían puesto un pie en la tienda cuando ya estaban chifladas viendo todo, parecían perritos en carnicería, no sabían ni para dónde jalar. Lo primero que vieron fue unos abalorios harto útiles y baratos para el regalo navideño “forzoso”, ya saben, esos regalos que se dan nomas por compromiso, no por gusto. - ¡Mira Said!, ¿ya viste estos aretitos?, ¿cómo ves esta pulserita?, ¿le gustará este prendedor?... ¡Ay! Para qué sufro, pa’ las mugres que me dan cada año, apenas esto –. Y así comenzaban oficialmente las compras navideñas con ese “bonito” espíritu navideño que tanto quiero. Lugo de casi una hora en el departamento de abalorios y bisutería chafa finalmente logré sacarlas de ahí, pero fue como salir de Guatemala para entrar a Guatepeor (como diría mi Inmortal), y es que no habían caminado apenas unos metros más cuando volvieron a hacer base. – Mira Said, yo ando buscando un suetercito como estos, ¿a poco no está divino? No me lo vas a creer pero es exactamente el que yo andaba buscando -… si, aja, el viejo truco.

Yo iba preparado, mentalizado, incluso ligeramente dopado para soportarlo todo, o al menos eso creía, y es que cuando mis dos damitas divisaron allá en la lontananza el departamento de zapatería, fue entonces que supe que ese iba a ser mi limite de paciencia. – Said, mira ¿ya viste estos que suavecitos están? Ay no, y el color de aquellos le iría perfecto a mi bolsa de “ositos” -, - Pero si nunca usas esa bolsa -, - Pues por eso, porque no tengo unos zapatos bonitos que combinen -.

Siempre he pensado que a mi mamá le hizo falta una hija que la acompañara en esa bonita aventura del shopping femenino, y es que por más que me esfuerzo por sacar a la jotita que llevo dentro para poder emocionarme como ella con unos zapatos con tacón muñeca o un saltito de cama vaporoso y coqueto, la verdad es que no puedo, simplemente me pego las aburridas del siglo cuando entro con mi Sacrosanta a una tienda. Pero en esta ocasión corrí con algo de suerte, afortunadamente mi Friducha luego de notar que mi paciencia estaba a punto de ebullición, generosamente me hizo el quite y me pidió que respirara profundamente, que contara hasta diez y que lo tomara con mucha calma al estilo Solín. Mi madre renuente aceptó el cambio de asesor y compañero de shopping y siguió del brazo de su nieta en búsqueda de todo aquello que le hacía falta y de los regalitos navideños que tanto le apuraban. Antes de hacerme a un lado, mi madre me entregó su bastón sabiendo que tiro por viaje lo pierde en las tiendas y, entonces sí, se dio vuelo recorriendo con Friducha todos los departamentos de Liverpool. Yo hubiera querido ir a los departamentos que a mí me chiflan: Fotografía, Electrónica, Juguetería, y, of course, a la bonita Experiencia Gourmet donde me puedo pasar horas viendo vinos y viandas, pero no lo hice, no lo hice porque en aquel maremágnum de corcueras, godínez y wannabes corría el riesgo de haber quedado al instante “viudo” de madre e hija.

A las dos horas logré convencerlas de salir de Liverpool asegurándoles que las demás tiendas iban a cerrar más temprano y en cambio Liverpool iba a estar abierto hasta la media noche. Las logré sacar de allí pero la verdad no sé ni para qué, porque inmediatamente se fueron a otra tienda, y luego a otra, y luego a otra, y otra… y yo, sin más remedio, busqué la querencia de las tablas en el Sanborns para “desengentarme” tomando un café. Les confiezo que a mí me choca Sanborns, pero por otro lado me gusta Sanborns, no sabría cómo explicarlo, es una especie de relación amor-odio la que tengo con este merendero eslimniano.

Luego de obtener una mesa y depositar mis bien torneado derrière en la silla, comencé a hacer mi acostumbrado y siempre recreativo “escaneo social”, digo, no pa’ criticar, ya ven que eso a mí no se me da, solo para tomar nota y hacer una que otra observación constructiva. El respetable ahí reunido era el de siempre, todos inmersos en sus enchiladas suizas o molletes, yo, yo solo iba por uno de los famosos cafés quitasueño que tanto me gustan. Al poco tiempo se acercó una mesera, ya saben, una quinceañera de aproximadamente 70 años enfundada en su típico uniforme de Sanborns, de esos que lucía Laura Pausini en La Voz México. Antes de que yo ordenara mi café archirequeterecontra cafeinado ella me ofreció un rico y delicioso ponche navideño. Como era obvio, sucumbí ante el encanto de esa bebida que me chifla y gustoso acepté. Todo iba bien hasta que regresó la mesera con mi ponche. En cuanto vi la bebida noté que algo andaba mal, muy mal, resulta que me sirvió mi ponche en un trinche jarrito de barro… ¡¡¿¿Pues qué se creen, que soy nuevo??!! Al instante pedí hablar con el gerente, incluso estuve tentado a marcarle a mi payino Carlitos para presentar mi enérgica queja. – A sus ordenes señor, en que le puedo servir - , me dijo un mozalbete que ostentaba el flamante puesto de gerente del restaurante. -  Óigame, cuando yo era niño a mí me servían mi ponche en una piñatita, ¡EXIJO que me traiga mi piñatita! -, - Antes que nada le ofrezco una disculpa, es que se nos acaban de terminar y no nos han surtido -. Francamente me molesté mucho, admito que asumí una actitud cuasi de normalista cruzado con anarquista y estuve a punto de quemar el lugar, pero es que no se vale, primero lo ilusionan a uno y lo hacen recordar tiempos felices y luego le salen con que no hay piñatita, eso no es de Dios #YaMeCanse #RenunciaPeñaNieto. En fin, de nuevo recurrí a mis técnicas tibetanas y así recobré mi ritmo cardiaco y estado zen.

Justo cuando estaba terminando mi poche sonó mi teléfono y recibí la feliz noticia, mi Sacrosanta estaba agotada y ya no quería seguir comprando nada. Me dijo mi hija que me esperaban en una banca a un costado del árbol de navidad, cosa que me dio mucho gusto. Cuando llegué mi madre tenía facha de sobreviviente de Auschwitz y mi hija como que todavía tenía pila. Enseguida procedí a tomarles una foto junto al árbol para proceder a evacuarlas del mall antes de que mi Sacrosanta recobrara fuerzas y cambiara de opinión. En eso estaba cuando mi hija me preguntó – Pa, ¿me dejas ir a esa tienda?, es que el otro día vi una blusa de los Beatles que me encantó -. Luego de todo el parote que me había hecho con su abuela la verdad es que no pude negarme, además me tiene bien medidito, bien sabe que con su carita de gatito de Shrek no me le puedo negar a nada.

Para ahorrar tiempo le dije a mi hija que la acompañaba, así que dejamos “ensillada” a su abuela comiendo su imperdonable helado de Nutrisa mientras Frida y yo íbamos a ver la dichosa blusa. La tienda era la típica tienda puberta, butimil jotitos adolescentes atendían a butimil chocantitas pubertas. La tienda estaba ambientada con la música moderna que tanto me enerva, el calor entre tanta gente y luces era insoportable. Yo pensé, me enseña la blusa, le digo que esta padrísima, la pago y nos vamos luego luego, rápido, sin pestañar, en friega, en chinga pues… si, aja, cómo no. Pa’ mi trinche suerte las malditas blusas de los Beatles habían volado, ya no había, estaban agotadas. Al escuchar la noticia proveniente del Liri-Lirón que nos atendía, mi Friducha puso una cara de tristeza nivel niño Teletón que me partió el alma, y yo, que soy más blando que un Frutilupi remojado en leche, no tuve más que decirle – Pues busca otra cosa, algo que te guste, escoge de una vez tu regalo de navidad -. Para estas alturas el calor ya comenzaba a hacer estragos en mi persona, yo sudaba cual gorda borracha después del tercer plato de pozole mientras mi hija corría de un anaquel a otro. Afortunadamente la tienda estaba a punto de cerrar, o seo creía ella, porque yo había escuchado a un puberto decirle a un cliente que iban a cerrar una hora más tarde de lo normal. Decidí guardar el secreto por razones obvias. Mi hija regresó con varios vestidos, me pidió que la acompañara a los vestidores para que le diera mi opinión, cosa que hice. Mientras esperaba afuera de los vestidores mi paciencia comenzaba a naufragar, estaba rodeado de las pubertas amigas que esperaban a las pubertas aspirantes a modelos que se probaban la ropa. Las conversaciones entre ellas eran realmente infumables, el “florido” lenguaje que manejaban podía haber hecho sonrojar al mismísimo Polo Polo,  me vi obligado a felicitarme por haber educado a mi hija de un modo diferente. De pronto salió mi Friducha  luciendo un vestido de corte moderno y entallado en un estampado escoses que la hacía ver hermosa, demasiado para mi gusto de padre celoso. Luego salió con otro igual de bonito, este le dejaba la espalda muy descubierta, como pa’ pescar una pulmonía… ñññ, como que también estaba muy atrevido para mi gusto. El tercero si no tenía madre, estaba más que entallado, pegado, embarrado diría yo, además muy muy zancón, casi se le veían los calzones… ese ni de chiste se lo iba a comprar. Pero siendo honestos yo tengo la culpa, porque a mí hija, como creo que a todas las niñas de su edad, le gustaban más los pantalones, yo fui el que le insistí mucho en que se veía muy bien con vestidos, le dije que tenía muy bonitas piernas y que debería de lucirlas… y ahora me chingo y me aguanto por wuey.

Salió del vestidor y afortunadamente no fue difícil convencerla por la primera opción, la del vestido rojo escoses. Cuando ya me encaminaba hacia la caja para pagar, me pregunta – Pa’ ¿puedo ver un saco?, es que me hace falta -. Chiale, y recontrachiale, sentí que mi destino iba a ser el de morir deshidratado en una tienda rodeado de jotitos y pubertas. Mi Friducha me conoce, y me conoce bien, y sabe que tengo un límite (eso se me nota en la mirada), así que salió disparada por el dichoso saco (sospecho que ya lo tenía bien identificado) y regresó con él en menos que canta un gallo. Se probó el saco frente a mí y vi que le quedaba bien, bueno según ella así se usan ahora, yo por no verme vegete y anticuado y con tal de salir de ahí cuanto antes, asentí con la cabeza.

Friducha salió de la tienda feliz. Mi madre entretenida viendo el pasar de las hordas de victimas del consumismo nos esperaba en una banca. Yo que soy más listo que el hambre pensé: “si volvemos a pasar por Liverpool de regreso al coche segurito que volverán a ser víctimas del canto de las sirenas con comisión, así que mejor le voy a decir a mi Sacrosanta que salgan por la puerta más cercana y que ahí las recojo para que no caminen mucho”. Mi madre mordió el anzuelo, y mi hija, feliz y cansada, también aceptó.

Luego de atravesar todo Liverpool me dirigí hasta las cajas en donde se paga el estacionamiento, hice un leve fila, pagué, llegué hasta mi coche, y por fin, me instalé de nuevo en mi zona de confort, mi amado corcel blanco quien me recibe con un mullido asiento y la relajante música del sensacional grupo Chicago. Arranqué el coche y pasé por mis domadoras quienes ya me esperan en una de las salidas de la plaza. Salimos del estacionamiento y emprendimos el feliz regreso.

Cuando íbamos a la mitad del camino, de pronto mi madre interrumpió el gorgorito de Peter Cetera para decirme – Oye Said, por qué no nos llevas al Centro a ver la iluminación -. Lo primero que pensé fue abrir la puerta del carro para arrojar a mi madre al carril de alta del Periférico, pero luego de pensarlo mejor, acepté, porque sabía que con lo friolenta que es mi madre no se iba a querer bajar del coche, así que con hacer un recorrido por el Zócalo y la Alameda iba a bastar. Mientras tanto mi hija en el asiento trasero comenzaba a caer en los brazos de Morfeo, ¡ha! pero eso sí, bien que estaba al pendiente de la conversación, tanto que de pronto exclamó – Pa’, ya que vamos a Centro, ¿podemos comprar churros para cenar? -. De nuevo comenzaba a complicarse la cosa, yo ya quería llevar a mi Principado para tirarme a ver la tele y mis patronas todavía seguían con cuerda. Le dije a Friducha – Está bien, pero tú te bajas y los pides para llevar -, -¡Va! -.

La pinche iluminación navideña nos la quedó a deber el Jefe de Gobierno porque el muy marro ya la había apagado, así que no vimos nada. Yo estacioné el coche en la calle de Uruguay mientras mi hija corría al Moro por dos docenas de churros, los míos normales y los de ella con canela. Luego volví a tomar camino hacia el sur de la ciudad, pasé a dejar a mi hija a su casa y finalmente llegué a la Domus Saidiana ya casi de madrugada. Mientras me desvestía y me preparaba para meterme a la cama, vi a la Sacrosanta como feliz desempacaba todo su motín de guerra y eso me hizo sentir muy bien; y es que finalmente de eso se trata esta temporada, de provocar sonrisas y alegrías en las personas, y eso lo conseguí aquel día con mi hija y mi madre, y espero ahora haberlo conseguido con ustedes al reseñarles lo sucedido a traves de este mamotreto… ánimas que así haya sido.


¡Feliz Pre-navidad amigos lectores!

domingo, 14 de diciembre de 2014

Frases Jotitas 55

¿Recuerdas cuántas veces mis ganas caminaron por tu vientre, por ese sinuoso camino que nos hacía volar? Bueno, pues hoy, el perfume de ese cielo, me volvió a llevar a ti.

- said -

lunes, 1 de diciembre de 2014

Para Itzel en su día.



Todos tenemos una misión en esta vida y evidentemente la tuya es alegrar los corazones de los demás, cosa que desde que naciste has hecho con mucho éxito. Dulce, cariñosa, y claro, INTENSA, siempre nos haces reír y nos contagias tu alegría por la vida. Con tus “tequieros” abrazas y con tus sonrisas acaricias, eres de esas personas que hacen sentir a los demás sumamente afortunados por el solo hecho de tenerte en sus vidas. Nunca dejes de ser como eres, así, tal cual, eres la alegría de todos… gracias por haber llegado a nuestras vidas.

¡FELIZ CUMPLEAÑOS MI NIÑA HERMOSA!


Te quiere... tu tío Said.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Todos somos Ayotzinapa



¿Todos somos Ayotzinapa? No, yo no, yo no tomo casetas, yo no bloqueo carreteras, yo no hago pintas, yo no quemo edificios públicos, yo no secuestro autobuses, yo no robo mercancía de camiones repartidores, yo no exijo mi libre derecho a manifestarme arrojando bombas molotov o piedras, yo no golpeo para luego llamarme victima de la represión... no, yo no, yo no soy Ayotzinapa.


Atte. El políticamente incorrecto pero honesto de mí.


OJO.- Nada justifica la desaparición de personas.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Con qué cara les pedimos a nuestros gobernantes que no sean corruptos y rateros.




Francamente no entiendo por qué nos indignamos de que nuestras autoridades sean corruptas y rateras si vivimos y formamos parte de una sociedad corrupta y ratera… la mexicana.

Y es que no queremos autoridades corruptas pero en cuanto podemos le decimos al poli que nos pide que movamos nuestro coche porque está mal estacionado “Poli, no me voy a tardar, deme chanse y le doy pal chesco”, o igual cuando vamos a verificar nuestro coche nos acercamos al encargado para decirle “Qué tranza Mike, ya sabes, este va con brinco”, o al tramitar un permiso o sacar una licencia, o ante cualquier trámite, siempre hacemos uso del cohecho para evitar cumplir con los requisitos de ley.  

Por otro lado nos quejamos de que nuestras autoridades sean rateras cuando la secretaria se roba una caja de clips y lápices para llevársela a su casa, o el gerente se roba producto para revenderlo, o el director se roba computadoras y considerables cantidades de dinero al facturar de manera “conveniente”. De igual modo la tía se roba los sobrecitos de azúcar del Vips, el primo las pilas de Walmart, la hermana la música de internet, el compadre la luz de su casa, la muchacha el cambio del mandado, etcétera etcétera etcétera.

Claro que me dirán que no se compara el robo de una caja de clips con los millones de pesos que se roban las autoridades y nuestros gobernantes, pero claro que se comparan, son exactamente lo mismo, la diferencia es que la secretaria no puede ni tiene los medios para robar más, pero en la medida que pudiera, seguro lo haría.

Rateros, corruptos y tramposos somos, antes, creo, tendríamos que cambiar para poder tener cara para exigir honradez y honestidad a nuestros gobernantes. Robar poco o robar mucho, por más que le busquemos, es exactamente lo mismo. Aquí no aplica eso de "nomás la puntita". Hagan un ejercicio de conciencia, sean honestos, y verán que tengo la razón. 


Otro día con más calmita… nos leemos.


(Este post va dedicado el pinche ratero que me robó hoy en Walmart)

miércoles, 26 de noviembre de 2014

La doble moral de Calle 13



Dicen ser contestatarios, defensores de las causas populares, irreverentes y harto valientes, para mí son más falsos que un billete de tres dólares y tienen menos talento que una tortuga disecada. Este grupo de puertorriqueños oportunistas-engañabobos se han vuelto millonarios a costa de explotar la ingenuidad de los “oprimidos” que ven en ellos a sus redentores. Dicen estar en contra del sistema, del capitalismo, del neoliberalismo, de los poderes facticos, sin embargo están firmados con una de las compañías de discos más grandes, poderosas y capitalistas de los Estados Unidos, léase Sony Music. Un día se presentan en una entrega de premios y lanzan su mensaje de solidaridad con el pueblo, al otro día sacan una camiseta con un lema oportunista para vendérselas (carííísimas) a ese mismo pueblo que dicen defender. Defienden su derecho a la libertad de expresión pero dicen que van a demandar a todos aquellos que se expresaron mal de ellos por el caso de esas camisetas oportunistas.

Yo puedo entender que haya gente con pésimo gusto musical a las cuales les guste este grupillo, lo me pudre, lo que me enerva, es que los eleven a niveles cuasi de caudillos o mesías revolucionarios.  Ya la vida se pasó de lanza con la humanidad cuando nos dio a Arjona, el que ahora nos regale a este grupillo de pseudomúsicos oligofrénicos  encabezados por René Pérez Joglar “Residente”,  eso, eso me parece una verdadera y reverenda... chingadera.





Otro día con mas calmita... nos leemos. 

jueves, 20 de noviembre de 2014

El "Birdman" de González Iñárritu.



Ver a un actor trabajando estupendamente en una película, habla bien de él; ver a todos los actores de la película trabajando estupendamente, habla bien del director… luego entonces ¡Bravo Negro!

Luego de ver “Birdman” no me queda otra más que reconocer, no el talento, la GENIALIDAD de Alejandro González Iñárritu. Yo no soy quién para intentar calificar su trabajo, ni siquiera para reseñar una de sus películas, pero en mi calidad de público palomero gustoso de las buenas películas tengo que decir que la suya simplemente me encantó. El manejo que hace de la cámara que asemeja una sola toma continua (desconozco el nombre de la técnica) es extraordinario, y claro, se lo debe al gran Emmanuel “Chivo” Lubezki. Las tomas son casi todo el tiempo primeros planos de los actores lo que nos acerca al máximo a la impecable actuación de cada uno de ellos. En todo momento pareciera que el espectador está parado a lado de los protagonistas. La banda sonora también es un acierto, es el “repetumbe” de una batería, eso y solo eso.

Por último creo, y casi podría apostarlo, que el actor principal de la película Michael Keaton, el cinematógrafo Emmanuel Lubezki y el director González Iñárritu, ya se pueden ir anotando, por lo menos, una nominación al Oscar.


La película en mi opinión es más que buena, extraordinaria diría yo, tanto que logra hacer a un lado mis “injustificadas” antipatías por Emma Stone y el mismo González Iñárritu. Vale la pena verla, perdérsela seria un desperdicio.





Otro día con más calmita... nos leemos.