lunes, 21 de noviembre de 2016

La afición mexicana reprobó en el MNF de la NFL




Comenzó bien el evento. El estadio Azteca repleto y luego de su “chainiadita” hasta se veía decoroso (en lo que cabe). El himno de los Estados Unidos se interpretó de manera impecable y el respeto que mostró el aficionado mexicano fue digno de encomio. Luego como que la puerca comenzó a torcer el rabo. Apareció Julión Álvarez para cantar el Himno Nacional Mexicano… ¿así o más pelado? La interpretación estuvo medio confusa, entre que se le olvidó y entre que no se entendió. Yo me preguntó, ¿si tenemos al Coque Muñiz para qué invitar a este hijo de la Banda? 

Momentos después lo inevitable, lo que no puede faltar en el estadio Azteca, EL NACO. Y así, a coro, la chusma mostró su código postal gritando el peladísimo ¡Eeeeh Puto! Sí, estoy de acuerdo, no es un grito homofóbico, pero de que es peladísimo (por decir lo menos)… lo es. 

Y por si estas bonitas muestras de subdesarrollo no fueran suficientes apareció un naco con un laser dirigiendo la luz a la cara del QB de los Texans. Esto lo vieron en todo el mundo y lo vieron las autoridades de la NFL, así que no nos extrañe si este fue el último partido en nuestro país. 

Faltaba la cereza en el pastel y esta la puso… ¿quién creen? Pues más nacos. Lo hicieron lanzando avioncitos de papel al terreno de juego hechos con los cartones que les habían dado para hacer los mosaicos del medio tiempo. 

Ni hablar, somos un país subdesarrollado al que le falta muchísima educación. No generalizo, sería injusto, pero es triste que por unos pocos, o en este caso unos muchos, paguemos los aficionados a este deporte.


Hablando del partido hay que decir que estuvo bastante bueno, muy emocionante. Claro que hubo un par de “errores” de los oficiales que definitivamente ayudaron a que los Raiders ganaran el partido. No quiero pensar mal pero con eso de que es una costumbre que los árbitros se vendan en este estadio todo “sospechosismo” es aceptable. 

En fin, espero que algún día podamos comportarnos como gente de primer mundo si es que queremos seguir disfrutando de estos espectáculos de primer mundo. Digo.

Julión cantando el Himno Nacional Mexicano... no hubo pa' más.

El nefasto grito del futbol mexicano estuvo presente en el partido de
la NFL... ¡de pelados!

El láser que estuvo molestando al QB de los Texans podría ser la causa
de que no regrese la NFL a México.

Otro día con más calmita... nos leemos. 


martes, 15 de noviembre de 2016

La Súper Luna



¿Vieron la Súper Luna? ¿No? Yo tampoco, no se preocupen. La Luna allí está y allí estará por mucho tiempo. Es la misma que vieron los enamorados hace miles de años y va a ser la misma el resto de nuestras vidas (enamorados no se angustien). Más grande sí, un poco, casi imperceptible. Lo cierto es que gente se sugestiona cuando escucha el término “súper” por lo que asegura que la Luna de ayer era tamaño XL. Pues no, la Luna se vio igual, ligeramente más grande pero no tanto como cuando se asoma al caer la tarde o cuando se baña en el océano.

Lo que yo recomiendo, yo que soy un astrónomo villamenlón, es que no esperen a que le pongan adjetivos a la Luna para voltear a verla, adjetivos ridículos como “súper”, “sangre” o “eclipse”. La Luna es una y ya, de queso y lista cada mes para los amorosos que, como diría el poeta chiapaneco: “la toman en dosis precisas y controladas”.

Viéramos de voltear más seguido al cielo, ahí viven y juegan una enorme cantidad de astros que por un momento nos permiten escapar de esta nuestra esquizofrénica morada llamada Tierra. No es tan difícil, solo levanten la vista y ya.





Foto: Esta no es la Súper Luna de ayer, es la Luna a secas, así sin apellidos ni apodos. ¿No es hermosa?


Otro día con más calimta... nos leemos. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El extraño sueño de la Sacrosanta




Ayer mientras unos se jugaban las elecciones presidenciales en Estados Unidos mi Sacrosanta se jugaba la vida en un hospital. Y es que tres estudios simultáneos que para cualquiera de nosotros son a piese of cake, para ella, una ciruelita de la tercera edad (entrando a la cuarta), es algo bastante serio. Si a eso le añadimos la ya mermada y abollada salud de Doña Laura, pues la cosa no estaba fácil.

La noche previa me la pasé en vela preparando todo para su cita con los galenos: ropa, medicina, documentos, dinero, etc. Tuve que consumir grandes cantidades de café porque Morfeo se la pasó coqueteando conmigo all nigh long, pero afortunadamente nunca caí en sus brazos.

Llegué muy temprano al hospital, media hora antes de la cita. Me dirigí directo a la recepción en donde le harían los estudios y las maniobras pertinentes. La amable señorita luego de darme los buenos días me mandó a la caja acompañado de mi tarjetita de crédito. Ya saben que en esos lugares lo primero es lo primero… o sea el varo.

Regresé con la señorita luego de haber apoquinado y me dio nuevas instrucciones – Tome asiento por favor, enseguida le llaman -. Obediente cual niño en vísperas de navidad fui a depositar mi bien torneado trasero en una silla junto a mi madre. Luego intenté distraer a la Sacrosanta haciendo algunos comentarios “picarescos” acerca de la concurrencia allí reunida… eso nunca falla. Mi madre que estaba harto nerviosa por un momento se distrajo hasta que una señorita salió a llamarla.

La enfermera le entrego ropa de hospital y la mandó a cambiarse. Luego mi madre regresó conmigo a darme sus pertenencias y así la vi desaparecer por una puerta junto con la enfermera que la llevaba del brazo. Yo me quedé en la sala de espera junto con los familiares de otros pacientitos que andaban en las mismas.

Como sabía que la cosa iba a ser tardada yo iba bien preparado: libro, walkman, celular con juegos (ajedrez, sudoku y scrabble), galletas varias, más café, y mi infalible libreta por si se me ocurría algo (como esto). Mentalizado, así como cuando uno viaja a Europa y sabe que le esperan 12 horas de vuelo, intenté olvidarme del reloj y enfocarme a perder el tiempo en lo que fuera. Un rato jugué con el celular, otro rato escuché música, otro rato más escuché música mientras jugaba con el celular, intenté leer una biografía de Cuauhtemoc (el Tlatoani no el futbolista-político), platiqué con algunas de las personas que esperaban junto conmigo, en fin, hice todo lo posible por matar el tiempo. Incluso me puse a ver una televisión que había por ahí y quedé maravillado con lo que encontré. Primero vi un programa de esos que hay en las mañanas en donde salen como mil conductores, entre los que reconocí estaban: Albertano, Adrian Uribe, el “Burro” Van Rankin, Araiza, Galilea, Legarreta y muchos muchos más que no tengo la menor idea de quiénes eran. El programa estaba como para que en ese momento me hubieran internado a mí también con un severo daño cerebral irreversible, una cosa de pena ajena. Luego empezó una telenovela en la que descubrí al matador Capetillo, cosa que me dio gusto porque hace mucho tiempo que no lo veía en la tele (ni en la plaza de toros). La novela no sé ni cómo se llamaba y solo reconocí a Guillermo Capetillo. Francamente no entiendo cómo puede haber gente que se siente a ver esa programación y menos en las mañanas… ¿qué no tendrán algo mejor que hacer?

Pasaron una, dos, tres, cuatro horas y nada que me daban noticias. Para ese entonces ya me sabía la vida de todos los allí presentes junto con el historial clínico de sus familiares. Ya había jugado tantas partidas de ajedrez que si me hubieran traído a Karpárov seguro le hubiera dado la vuelta. Por mi walkman ya habían desfilado desde Yo-Yo Ma hasta Ramón Ayala y sus Bravos del Norte. En fin, ya me estaba comenzando a aburrir y, lo que es peor, a preocupar.

Salí un rato de la sala pero sin irme muy lejos por si me necesitaban. Estiré las piernas justo afuera de los quirófanos. Mientras estuve allí escuché a varios doctores que salían a hablar con los familiares. De los cinco casos que me tocó escuchar cuatro fueron muy malas noticias así que opté por retirarme de ese lugar ya que en lugar de distraerme comencé a preocuparme más. Regresé a mi lugar y retomé mi lectura tlatelolca.

Las horas seguían pasando y yo veía como uno a uno se iban retirando los pacientes con sus familiares. Aquella sala repleta comenzó a quedar sola. A lo largo del día vi como cada vez que alguien se acercaba a pedir información les decían que siguieran esperando, que ellos les iban a llamar. Por esa razón yo no me había acercado a peguntar por mi ciruelita pero llegó un momento en que decidí que ya era hora de hacer panchos. Justo cuando estaba por levantarme me llamaron del mostrador. La amable señorita en lugar de darme informes me pidió que fuera a pagar un material extra que habían tenido que usar. Antes de ir le pregunté por la salud de la Sacrosanta pero no me quiso decir nada, me dijo que en un momento iba a salir el doctor a hablar conmigo.

En friega me fui a pagar a la caja. Mientras caminaba le daba una leída a la larga lista de chunches que me estaban cobrando. Casi me da un infarto cuando en la lista encontré algo que decía “resucitador”. No me quedó más que apresurar el paso para regresar cuanto antes.

Cuando volví a la sala la encontré vacía. Las dos personas que esperaban a su paciente ya no estaban y la señorita del mostrador brillaba por su ausencia. De pronto salió el doctor, un doctor de esos que le gustan a mi madre, “de buen tipo” como dice ella. Me explicó que mi ciruelita estaba bien, que ya se estaba despertando. Me dijo que habían tenido que hacer algunas “maniobras” durante el procedimiento que no tenían contempladas pero que en general estaba bien y fuera de peligro. En ese momento ya me tranquilicé y mis amígdalas falsas regresaron a su lugar de origen.

El amable galeno me llevó hasta la habitación en la que tenían a la Sacrosanta tendida en una cama. Ya despierta, pero todavía bien pacheca por el Propofol, me vio entrar y le dio mucho gusto. Le estaba platicando a otro doctor que había tenido un sueño muy raro. El doctor intrigado le preguntó qué había soñado y mi madre le dijo que estaba soñando con un partido de americano muy bueno. El doctor se rió y le preguntó – ¿En serio?, ¿y quienes jugaban? -, mi madre obvio no le supo decir pero le dijo que estaba muy bueno porque se habían ido a tiempo extra. El doctor volvió a sonreír extrañado de los gustos de la Sacrosanta, gustos obviamente influenciados por los míos. Yo todavía sacado de onda con eso del “resucitador manual” me pregunté si lo que había soñado no habría sido ese “túnel con la luz al final del camino” del que muchos hablan y ella lo confundió con el túnel de los vestidores. Charros, qué miedo.

Poco a poco incorporé a mi madre y mientras una enfermera la ayudaba a vestirse yo recibí las últimas indicaciones del doctor. Salimos del hospital casi a las 7 de la noche. En la radio escuché la noticia que ya todos sabían, que al parecer Trump sería el futuro presidente del gabacho. Del cielo caía un tormentón y la temperatura bajaba súbitamente. Todo parecía estar muy triste, el futuro de México y hasta el clima. Pero yo no, yo estaba muy feliz, poco me importaba Trump y la tormenta por el simple y sencillo hecho de que mi Sacrosanta había salido bien de su aventura en el hospital.


Hoy doña Laura se recupera poco a poco en casa y yo sigo con hambre y sueño pero ya mañana seguramente todo irá mejor, incluso para México. Y es que nada dura para siempre, ni  las peores cosas. Así que a ser positivos que lo malo pronto pasa, ya sea una visita al hospital o la presidencia de un fanático.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

jueves, 3 de noviembre de 2016

Tiembla MARVEL, no estás solo




Pues ahí tienen que venía un autobús del Estado de México al DF. En alguna parte del trayecto suben cuatro personitas mismas que pasan a asaltar a todos los felices viajeros. Al bajarse del autobús aparece de entre los pasajeros una persona armada misma que les mete varios tiros a los ratas incluyendo en bonito y acertado tiro de gracia. Los cuatro cacos quedan tirados a orilla de la carretera en calidad de fiambres y el autobús sigue su curso. En pocas palabras estos fueron los hechos.

Hoy la celosa y eficiente policía del Edomex busca vehementemente al Charles Bronson de Tlachichilco que “ajustició” a los trinches rateros para refundirlo en la cárcel. Las personas que iban en el autobús y que fueron víctimas del asalto hasta el momento no han ido (voluntariamente) a rendir declaración y dudo que lo hagan. Es evidente que los pasajeros ya están hartos de los continuos asaltos y ahora están protegiendo a quien piensan hizo justicia en su nombre. Mientras tanto los familiares de los muertitos ya fueron a reclamar sus cuerpos. Resulta que todos eran primos y que uno de ellos ya era toda una fichita.

Yo no soy partidario de la pena de muerte, tampoco aplaudo que hayan perdido la vida estas lacras pero siempre será mejor que los muertos sean del lado de los malos y no del lado de los buenos. La policía dice que va a detener al “delincuente” que mató a los criaturos porque en el Edomex ningún delito queda impune, ja… ja… ja… Ojalá la policía le echara las mismas ganas para agarrar a los malandrines y así no habría necesidad de que ningún súper héroe “región 4” tuviera que interceder por Juan Pueblo. Por otro lado yo siempre he pensado que los familiares de todos los “cabroncitos” deberían de ser responsables solidarios con lo que hagan sus nenes, y es que cuando traes a alguien a este mundo es tu responsabilidad hacer de él una persona de bien, de lo contrario deberían de ir a la cárcel críos y padres. Sé que esto es un sueño guajiro ya que no existe esa figura jurídica pero en verdad que me encantaría.

Bueno vía de mientras vamos a ver qué pasa con este súper héroe. Hay que estar pendientes por si no surgen otros más, onda “copycats”  como les dicen los gringos. Yo tengo la esperanza de que pronto aparezca el famoso Tlalocman porque desde hace mucho yo soy su híperfanz. Y por si ustedes no lo conocen aquí esta su tema interpretado por mis queridos Botellos.






Otro día con más calmita... nos leemos. 

domingo, 30 de octubre de 2016

Los Muertos invaden el Centro de la Ciudad de México




Definitivamente un chimpancé de laboratorio aprende más rápido que yo. Una y otra y otra y otra vez me prometí no volver a ir a eventos multitudinarios, a eventos que convoquen a más de chingomil personas en un solo lugar. Pero no aprendo, soy más necio y aferrado que el Peje después de elecciones.

Pues nada que me entero que el flamante gobierno del DF, sí dije DF y no CDMX (les digo que soy necio), iba a organizar un mega desfile de Día de Muerto tal y como aquel que se inventaron los productores de la película de James Bond “Spectre”. Pero claro, una cosa es la magia de Hollywood (o su versión inglesa) y otra muy distinta es la cruda realidad tenochca de nuestra sobrepoblada ciudad.

Hice mi plan perfecto. Me llevo el coche, lo dejo en los alrededores del Metro Chabacano y llego cómodamente en metro al Centro. Y digo Centro y no Centro Histórico porque me choca que le hayan puesto “apellido” al que siempre conocimos como Centro a secas (de nuevo les digo que soy muy necio). Bueno mi plan perfecto parecía no tener ningún problema, pero claro estaba muy equivocado.

Llegué a los alrededores del metro Chabacano y no encontré ni un trinche lugar donde estacionarme. Recordé que allí muy cerca estaba la Comercial Mexicana Asturias así que metí el coche al estacionamiento de Don Julio Regalado ¡pero niguas! Vueltas y vueltas por el estacionamiento y cero lugares disponibles. Fácil estuve media hora esperando que la suerte me sonriera. Finalmente, segundos antes de abortar mi plan perfecto, una señora subió a su camioneta y dejó disponible un espacio mismo que inmediatamente ocupé.

Caminé hasta el metro y lo abordé, yo y otros poco menos de chingomil congéneres. El paseo en metro fue como siempre, toda una experiencia. Afortunadamente el trayecto en metro siempre es rápido así que sobreviví gracias a una buena actitud y a mis conocimientos tibetanos (nivel dalai) de relajación.

Llegué por la línea 8 hasta la estación Bellas Artes. Allí el metro se purgó y de él bajamos una bola de ilusos con la esperanza de disfrutar de un bonito carnaval mortuorio. Algunos de mis compañeros de viaje ya venían en traje de carácter. Zombis, catrinas y espectros, todos Región 4, se dirigían a puntos estratégicos para poder disfrutar de la parada. El lugar que yo había escogido minuciosamente y de donde pensaba tomar grandes fotos era la calle de Tacuba a la altura de la Plaza Manuel Tolsa, para mayor referencia frente al MUNAL.

El desfile empezaría a las 3 de la tarde desde la Glorieta del Ángel y yo llegué a mi photo spot a las 4 en punto, así que según mis cálculos no iba a tener que esperar mucho. La gente ya se encontraba estratégicamente ubicada a la orilla del arroyo vehicular, como quien dice con las nalgas en la banqueta. Yo me ubiqué atrás de una familia que estaba sentada en la banqueta así que la vista que tenía era inmejorable, solo había que esperar pacientemente.

Una de las personas que estaban sentadas en la banqueta por alguna extraña razón se levantó y se fue, quizás fue a hacer de la chis. Así que como decía mi abuela: “el que se fue a la Villa perdió su silla”, y yo pasé a ocupar su silla, o en este caso su cacho de banqueta. Mientras esperaba platiqué muy a gusto con el señor de provincia que tenía de lado izquierdo y con una ciruelita que tenía de lado derecho. Mientras la doña me platicaba de sus “riumas” frente a nosotros desfilaban cientos de miles de millones de trillones de compatriotas, todos con rumbo hacia el zócalo. No voy a negar que mientras esperé allí sentado me divertí horrores recortando al respetable, ya ven que yo soy un gran “observador de la vida social” como Montesquieu.

Toda clase de seres desfilaron frente a mí buscando un buen lugar donde ubicarse. Unos caracterizados, otros no, pero eso sí todos daban harto espanto. Desde niño me enseñaron que no debo de juzgar a la gente por su imagen pero francamente había unos que si no eran secuestradores o malvivientes, pues qué desperdicio de cara. Otros más en lugar de dar “meyo” daban harta ternura, como un gordis que iba disfrazado de James Bond en la película “Spectre”. Mi rollizo amigo se hizo su máscara de cartón igualita a la que traía Bond en la película. El traje era también idéntico al de Bond, claro que confeccionado en pura cabeza de indio y no en casimir ingles. Venía, como debe de ser, con su sombrero de copa, pero no crean que comprado en Sombreros Tardán, nop, el sombrero también lo había confeccionado él con cartoncillo y engrudo. Este flamante 007 del Bordo de Xochiaca venía acompañado de su distinguida y elegante chica Bond. Y así todos desfilaban frente a mí haciendo muy agradable y entretenida la larga espera.

De pronto comencé a ver que poco a poco la gente se fue retirando, cosa que llamó mi atención. Luego una señora le comentó a otra que el desfile siempre no iba pasar por la calle de Tacuba como habían dicho sino que iba a dar vuelta por la calle 5 de Mayo. Por un momento yo escéptico me resistí a dejar mi lugar estratégico pero llegó el momento en que tuve que levantar mi derrier de la banqueta para investigar qué estaba pasando. Y sí, efectivamente me cambiaron la jugada y descubrí que el desfile había cambiado su ruta original. Cuando regresé al Eje Central casi me fui de chichis cuando vi la enorme cantidad de gente que llenaba en su totalidad la antigua calle de San Juan de Letrán. Nunca en mi vida había visto tanta gente, ni en los conciertos de Paul McCartney o Roger Waters, ni en los desfiles del 16 de septiembre, ni siquiera en las noches del Grito de Independencia. Aquello era un impresionante mar de cabezas.

Intenté caminar por el Eje Central hasta la calle de 5 de Mayo pero me fue imposible. Afortunadamente mi estatura me permitía ver por encima de los demás, pero lo que veía era más “demás”. La gente trepaba por los postes y las ventanas de los edificios intentando ver algo. Yo logré observar algo del desfile, y ese “algo” me desilusionó. Francamente aquello no valía la pena así que comencé a pensar rápido en mi retirada. No quería imaginar cómo se iba a poner el metro en cuento terminara de pasar el desfile.

Tomé rápido un par de fotos para dar testimonio de la bonita afición de los mexicanos, de la afición a reproducirse cual conejos en primavera. Niños y papás frustrados se encontraban con ese gentío sin saber qué hacer, para dónde caminar. Yo no pude más así que busque la entrada al metro y me abrí paso hasta el andén.








Recordé que mi plan B del día era un concierto gratuito que iba a haber en la Delegación Benito Juárez. El tenor Fernando de la Mora, acompañado de la Orquesta Sinfónica del Edomex, iba a cantar a las 7 de la noche en la explanada de la delegación así que tenía hora y media para llegar hasta allá. Mientras iba en el metro mi cerebro como que decidió empezar a trabajar en serio y entonces entré en razón. Me dije: “Bueno Said tú no aprendes, vienes de un gentío y ahí vas de nuevo a otro evento gratuito a seguir haciendo corajes”. Así que decidí hacerme caso y aborté mi plan B a tiempo.

Y es que francamente yo soy muy chocantito, por no decir mamila, por no decir muy &#%*. Así que qué necesidad de ir a pasar incomodidades si bien puedo comprar mi boleto para Bellas Artes o la Sala Nezahualcoyotl en donde voy a ver y a escuchar un concierto como debe de ser, como siempre lo he hecho, en un ambiente cómodo, de respeto y acompañado de gente igual de chocantita que yo. Además ya he visto infinidad de veces a Fernando de la Mora y aquí entre nos francamente no es un buen cantante de ópera, apenas si está bueno como para cantar en delegaciones o teatros del pueblo.


Cuando recogí mi coche salí con rumbo a mi principado y no a la Delegación Benito Juárez. Ya en la Domus Saidiana me tumbé en el sofá y me puse a disfrutar de la Serie Mundial. Pero bueno, creo que no fue mi día porque perdieron los Chicago Cubs que es el equipo al que yo le voy. De cualquier modo la experiencia valió la pena, y valió la pena porque me dio un pretexto para hacer una de las cosas que más me gustan, escribir, escribir para ustedes.


Otro día con más calmita... nos leemos.


viernes, 28 de octubre de 2016

Los Alebrijes andan sueltos




Todo comenzó como el extraño sueño de un artesano cartonero de la Ciudad de México. Al maestro Pedro Linares López es a quien se le adjudica la creación de estos animales mágicos a los que el mismo llamó Alebrijes.

Se dice que durante una enfermedad don Pedro tuvo un sueño alucinante en el cual conoció a unas extrañas criaturas. Eran animales difíciles de distinguir por su fisonomía compuestas de varios seres, algunos incluso míticos. Estos animales irrumpieron el tranquilo sueño en el que se encontraba este cartonero de la Merced con gritos al unísono que decían: ¡Alebrijes! ¡Alebrijes! ¡Alebrijes! Don Pedro pudo escapar de ese fantástico sueño luego de que un extraño hombre le mostró la salida.

Cuentan que Pedro Linares despertó en medio de su propio velorio causando tremendo revuelo entre los presentes. Con el tiempo el quiso explicarle a sus más allegados todo aquello que él había vivido en ese sueño. Utilizando sus conocimientos en cartonería (él fabricaba piñatas, judas y máscaras de carnaval) comenzó a elaborar a todos esos seres extraordinarios que había conocido en aquel viaje fantástico. Y así fue como nacieron los primeros Alebrijes.

El trabajo de don Pedro Linares poco a poco se fue dando a conocer. El dueño de una galería de arte en Cuernavaca descubrió su trabajo, mismo que comenzó a difundir. De esta manera el maestro Diego Rivera, quien era un profundo admirador del arte popular mexicano, comenzó a adquirir algunas de sus obras. Por último la cineasta Judith Bronowski realizó un documental del trabajo de don Pedro que hizo que los Alebrijes se conocieran más allá de las fronteras.

El maestro Pedro Linares López murió en 1992 pero su obra continúa gracias a sus descendientes y a miles de artesanos de todas las regiones de México que hoy en día continúan elaborando Alebrijes. El Museo de Arte Popular, uno de mis favoritos de la Ciudad de México, cada año organiza un monumental desfile de Alebrijes. El de este año fue el 22 de octubre. Si por alguna razón se lo perdieron todavía están a tiempo de ir a admirar a los Alebrijes ya que van a permanecer sobre Paseo de la Reforma, entre la glorieta de la Diana y el Ángel de la Independencia, hasta el día 6 de noviembre. ¡Son 221 alebrijes!


Para las personas que viven fuera de la Ciudad de México con gusto les comparto algunas de las fotos que tomé este año en la avenida Paseo de la Reforma. Espero que para la próxima se den una escapada acá por tierras tenochcas para que puedan ver este bonito espectáculo muy mexicano.


























Otro día con más calmita... nos leemos. 


Nota: Si les gustan el arte que hacen los maravillosos artesanos de nuestro país no dejen de visitar el Museo de Arte Popular que se encuentra en el Centro de la Ciudad de México, ¡no tiene desperdicio! 

miércoles, 19 de octubre de 2016

Mi Nirvana



Me gustaría que me creciera más rápido el pelo porque uno de los lugares que más disfruto es mi peluquería de cebollines. Es un lugar con un paisaje fantástico, fresco, cómodo, relajado, un ambiente tranquilo en el cual uno se aleja por unos minutos del mundanal caos de la ciudad, un verdadero remanso de paz.

Me encanta, adoro, IDOLATRO a mi peluquero estrella, porque es muy callado, eso sí corta de la chingada, pero es muuuy callado. Muy diferente Charlie, mi anterior estilista, que era un artista con la tijera pero hablaba más que un perdido cuando aparece y así pues francamente yo no disfrutaba “mi momento”.

Mi actual peluquero Filegonio, sí así se llama no es apodo, es un hombre que respeta profundamente ese trance en el que caigo en cuantos sus tijeras comienzan a tocar mi pelo. Ese nirvana que alcanzo no es interrumpido a menos que yo lo quiera, así que mi estado de sublimación por unos minutos alcanza niveles cuasi orgásmicos, y todo por unos cuantos pesos. Nada que ver con los masajes de final feliz, esto es más espiritual jeje.

Filogonio, o “Filo” como yo le digo de cariño, se limita a saludarme, a ofrecerme “una coquita” y a preguntarme cómo voy a querer el corte. Jamás me pregunta la opinión de algún partido de futbol o hecho político, cosa que me choca (para eso están los trinches taxistas).

Filogonio también entra en un transe junto conmigo. De pronto lo miro de reojo y él está viendo mi coco como quien mira la lontananza en un ejercicio sublime de introspección.


El maestro "Filo" haciendo su magia.

Cuando me levanto del cómodo sillón de piel quedo profundamente complacido con el trabajo de “Filo” aunque en la nunca porte tremenda mordida de burro, eso no importa. Filogonio recibe su buena propina y se despide de mi seco como es, educado pero parco. Yo me retiro del lugar deseando que mi pelo crezca lo más rápido posible para poder regresar a mi lugar favorito, mi amada peluquería.


Otro día con más calmita… nos leemos.