lunes, 31 de agosto de 2015

Ecología vs. Limpieza Excesiva



Mi hija tiene un gran problema, es una chocantita ecologista a ultranza y a la vez una obsesiva con la limpieza, y las dos cosas nomás no van de la mano, con la pena. Resulta que el otro día que la invité a comer a la Domus Saidiana ella muy acomedida me ofreció su ayuda. Generalmente cuando cocino no me gusta que nadie esté a mi lado, ni siquiera dentro de la cocina, me estorban, pero ella insistió tanto que la puse a lavar unos jitomates para la ensalada con tal de que dejara de enchinchar. Cuando volteé a verla, la muy “aséptica” ya tenía todos los jitomates enjabonados y dándoles sendos tallones con una escobetilla. El problema no fue ese sino que, en su afán de siempre ahorra agua, doña ecologista nada enjuaga bien, así que dejó todos los jitomates llenos de restos de jabón. Olvidaba decirles que otro gran problema que tiene mi hija es que es harto delicadita, parece jarrito de Tlaquepaque, así que no se le puede decir nada porque de volada se me “siente”. Ni modo, resignados nos tuvimos que comer los jitomates con restos de jabón fingiendo demencia.

Generalmente yo solo enjuago los jitomates con agua corriente y ya, no es el caso para las lechugas, espinacas y otras verduras con las que sí aplico hasta gotitas de desinfectante, pero mi hija me dijo que era un cochino porque no usaba jabón y escobetilla con los jitomates. Ya no le quise decir nada pero, aquí entre nos, la muy delicadita bien que se traga mugre y media en la calle y allí sí no se pone exigente, no le importa cómo lavaron el cilantro de los tacos que se come, o la higiene de sus raspados, jícamas, paletas, aguas frescas, chicharrones, etc etc etc. Para unas cosas sí es harto delicada y para otras, como digo yo “aplica restricciones”.

Más vale que mi Friducha no lea esto o no me la voy a acabar…


Otro día con más calmita... nos leemos.


Nota: Jitomates es lo que se conoce en el norte de México como tomates, digo para que no me vayan a regañar mis paisanos del norte que a veces son harto puristas del lenguaje.

viernes, 21 de agosto de 2015

Michelangelo Buonarroti y Leonardo da Vinci en tierras tenochcas




Al parecer mi fama de amargosito y de productor consuetudinario de entuertos y muinas ha alcanzado niveles insospechados, tanto que cuando amigos y conocidos se enteraron que tenía en mente visitar las exposiciones de Miguel Ángel y Leonardo da Vinci que se montaron en el Palacio de Bellas Artes de inmediato intentaron prevenirme y, en la medida de los posible, disuadirme. Una de las cosas que ayudó a que me decidiera a poner los pies en ese bonito recinto de mármol fue el hecho de que se podían comprar los boletos por anticipado sin tener que hacer kilométricas filas tipo el Monte de Piedad pasando de Semana Santa. En un principio eso no era posible pero luego alguien con más de dos dedos de frente tuvo la genial idea de hacerlo y pues “así si baila mi hija con el señor”. Los boletos los compré con una semana de anticipación, escogí una hora temprana para evitar las aglomeraciones vespertinas, al parecer eso no era necesario porque la gente va accediendo en “tandas” controladas, cosa también muy acertada.

Me presenté en el lugar junto con tres acompañantes ávidos de cultura, personas realmente interesadas y sabedoras de lo que ahí se presentaba, no como muchos que solo van para tener algo que agregarle a su currículum cultural o social, llámese Facebook.

Media hora de anticipación fue suficiente, de hecho podría haber llegado puntual y no hubiera tenido ningún problema para entrar, pero como en esta trinche ciudad uno no sabe con qué manifestantes se va topar más valía prevenir que lamentar. Y sí, ya sé que esos pobrecitos hediondos solo están ejerciendo su legítimo y constitucional derecho de desmadrarle la vida a los demás impidiéndonos transitar libremente con sus plantones, marchas y demás panchos. Pero regresando al tema diré que la llegada al Palacio de Bella Artes afortunadamente transcurrió sin ningún problema por lo que pude llegar con 30 minutos de anticipación a la hora marcada en el boleto.

Dentro del recinto lamentablemente sucedió lo que mis amigos pronosticaron cual Mhoni Videntes que son, y es que por más que yo me instalé en un estado zen para tomar las cosas con calma y con buena actitud pareciera que la gente conocida como “nacos de poco criterio” se esforzaron en sacarme de mis casillas. Resulta que la inoportuna vejiga de una de mis acompañantes, mi favorita (osease mi hija), sintió de pronto la necesidad de descargar su contenido antes de comenzar a gotear. Yo recordé que junto al llamado Café del Palacio se encontraban unos baños que ya en alguna otra ocasión otra de mis acompañantes había usado, así que presto le di instrucciones a mi hija y la vi encaminarse con buen rumbo hacia los servicios. Mi sobrino que es harto acomedido decidió acompañarla para que no fuera sola. Todo iba bien hasta que un estúpido mesero los detuvo argumentando que esos baños eran solo para sus clientes. Debo decirles que mi hija se sabe defender sola pero está tan bien educada que prefirió aguantarse antes que ponerle un pinche patín en salva sea la parte al oligofrénico empleado de la cafetería. Como les decía ella está bien educada, y yo también, pero mi estado zen tiene un límite, así que luego de ver la actitud del prepotente monito me dirigí hasta él para preguntarle de manera muy atenta y educada ¡¿por qué era tan pendejo y tan falto de criterio?! Él me contestó que con mi boleto podía subir al segundo piso y usar los baños que se encuentran allí. Yo le pregunté si ese era el trato que le daban al turista, si su frustración no le permitía entender que actitudes como esas son las que hacen que el turista se lleve una mala impresión de nuestro país. Él estaba un poco “shockeado”, o quizás ese era su estado natural, así como con cara de estúpido confundido. Por supuesto que hice caso omiso de su advertencia y llevé a mi hija hasta el baño dispuesto a hacer tremendo pancho, afortunadamente no fue necesario porque el caballero de la filipina ya no dijo nada. Ese apestoso Café del Palacio, que debería de estar en el Palacio de Lecumberri y no en el de Bellas Artes, jamás volverá a contará con mi presencia mientras tenga esas actitudes DISCRIMINATORIAS con los visitantes. Los encargados de ese lugar deberían de pagarles un viajecito a estos monitos para que vean como se atiende al turismo en otros países que sí viven de esa actividad económica.

Pero bueno, luego de sortear el pequeño altercado con ese acomplejado ser “unineuronal” pasé a formarme en donde me indicaron unas niñas dispuestas en el museo para informar y organizar al visitante. Las niñas al parecer estaban más confundidas que los visitantes o tenían serios problemas de comunicación porque confundían más de lo que ayudaban, eso sí, muy amables y harto dispuestas.


 

Ya formados y en completo orden, con una puntualidad casi inglesa, fuimos ingresando a las salas en donde se encuentran las dos exposiciones. Al entrar a la sala que contiene las obras de Miguel Ángel otra de las criaturitas que al parecer hacen ahí su servicio social nos dio la bienvenida junto con algunas indicaciones, la principal NO FOTOGRAFÍAS. Esto siempre me ha absurdo y es que nunca he entendido por qué en museos muy importantes como el Louvre, el Del Prado, el Rijksmuseum o incluso en los Museos del Vaticano, sí permiten que se hagan fotos, claro con los cuidados respectivos, en cambio en muchos museos de mi país me lo prohíben o me piden dinero a cambio de un “permiso” para tomar fotografías. Pero bueno, yo soy muy obediente y respetuoso de las indicaciones así que resignado accedí.

Es cierto que los que han tenido la fortuna de viajar al extranjero quizás se sintieron desilusionados al encontrarse con una exposición “raquítica”, pero para muchos que no tienen esa suerte seguro resultó harto interesante y emocionante el poder al menos disfrutar de unas cuantas piezas de esos grandes maestros del Renacimiento. La exposición de Miguel Ángel cuenta con 30 obras originales entre dibujos, oleos, documentos y esculturas. La pieza estrella de esta exposición es sin duda el Cristo Portacroce (Cristo Giustiniani), una hermosísima obra en mármol de 2.50 metros que salió por primera vez de Italia. Desde que uno la ve a la distancia es imposible no dirigir la mirada hacia ella y quedar cautivado por la belleza de la pieza. Tristemente vi que la gente no le prestaba la atención debida ya que se distraían con las pinturas que rodean la escultura, pinturas que no son de Miguel Ángel. Fue hasta que un guía comenzó a dar una explicación del Cristo Portacroce que los visitantes dirigieron su atención hacia él.






Otra de las esculturas que de inmediato llaman la atención es la famosa Pietà, y es que aunque se trata de una copia de la original que se encuentra en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, no deja de ser una obra IMPRESIONANTE. A diferencia de la original que se encuentra detrás de un vidrio y que solo se puede ver a varios metros de distancia, esta se puede admirar a centímetros.





La tercera escultura de la exposición, también original, es el David-Apollo, figura creada por Miguel Ángel en 1531 (quizás 1532). Esta escultura representa la masculinidad de Apolo y al mismo tiempo de David. El tamaño de esta pieza es menor al Cristo Portacroce, mide apenas 146cm y es una de las obras menos conocidas del maestro.





Los bocetos y estudios preparatorios que el maestro uso durante el proceso creativo para los frescos de la Capilla Sixtina también se encuentras expuestos y, tristemente, también pasan desapercibidos por la mayoría de los visitantes. Quizás como se trata de “dibujos inacabados en blanco y negro”  estos no resultan tan atractivos como otras obras pictóricas llenas de color allí exhibidas. Esto a mí lejos de molestarme me encantó porque tuve más espacio y tiempo para contemplarlos, así que si van, no se lo cuenten a nadie y aprovechen si los visitantes se distraen con las otras obras que no son de Miguel Ángel.

El resto de la exposición se complementa con 45 piezas más de artistas directamente influenciados por Miguel Ángel. Por supuesto que estas obras no son nada despreciables ya que fueron creadas por grandes maestros, entre ellos: Rafael Sanzio, Giorgio Vasari, Giorgio Ghisi, Daniele da Volterra, Andrés de Concha, Baltasar de Echave Orio, Leone Leoni, Marcello Venusti y Bernal Díaz del Castillo. Las obras que se presentan en esta exposición vienen de diversos sitios, entre ellos: la Casa Buonarroti,  la Galleria degli Uffizi (maravilloso lugar en Florencia), el Museo Nazionale del Bargello, el Musei Capitolini y el Museo di Roma.




A un costado de la exposición de Miguel Ángel se encuentra la de Leonardo da Vinci, el gran genio “todologo”: pintor, anatomista, arquitecto, artista, botánico, científico, escritor, escultor, filósofo, ingeniero, inventor, músico, poeta, urbanista, y quien al parecer también vendía mole los domingos en la Piazza della Signoria. Muchos conocen al maestro da Vinci porque tiene nombre de plumones, o de tortuga ninja, o por el famoso “Codigo da Vinci” de Dan Brown, o por la serie “Da Vinci's Demons”, bastante buena por cierto, pero también hay quien lo conoce por ser el autor de la pintura más famosa del mundo mundial y galaxias circunvecinas, la famosa “Gioconda” también conocida como “La Mona Lisa”.

De nuevo, al entrar a la sala, vi caras como de desilusión, seguramente no faltó el iluso que pensaba encontrar en alguna pared a la mujer de la sonrisa enigmática, o quizás “La última cena”, el “Hombre de Vitruvio” o “La Virgen de las Rocas”, pues con la pena pero niguas, esas están muy bien clavadas o pintadas en otros recintos y de allí no se van a mover. Así que de una vez les digo que los que quieran conocer estas obras no tendrán de otra más que juntar un varote para viajar hasta Paris, Venecia o Milán.

La exposición “Leonardo da Vinci y la Idea de la Belleza” está conformada por 11 piezas originales junto con otras 4 piezas de su círculo de estudios. Los bocetos y dibujos expuestos son sencillamente maravillosos, deberían bastar en la vida de cualquier persona para darse por bien servida en lo que respecta al arte de Leonardo. Estas piezas provienen de la Biblioteca Real de Turín.

Hay en particular dos obras que a mí me encantaron: “Cabeza de Joven” y “Cabeza de Viejo”, ambas reflejan la genialidad del maestro. Por supuesto también el boceto del estudio para el ángel de “La Virgen de las Rocas” es imperdible dada la técnica que uso, técnica que no permite borrar o alterar el trazo (punta de plata sobre papel en color pardo).



Cabeza de Joven - Leonardo da Vinci.

Cabeza de Viejo - Leonardo da Vinci.

Boceto del estudio para el ángel de La Virgen
de las Rocas - Leonardo da Vinci.

Tres Vistas de Cabeza de Hombre con Barba - Leonardo da Vinci.


Y así como la exposición de Miguel Ángel tiene al Cristo Portacroce como la pieza estrella, la exposición de Leonardo da Vinci tiene el famoso “Códice Sobre el Vuelo de las Aves” como su pieza principal. Este códice nada tiene que ver con el “Código da Vinci”, lo digo porque por ahí escuché tal barbaridad.

De nuevo corrí con suerte cuando llegué hasta donde estaba el famoso códice porque justo en ese momento una las personas del museo anunció que estaba por empezar un video, anuncio que hizo que la mayoría de los presentes corrieran a la sala contigua para ver dicho audiovisual; yo que no soy tonto (a veces), me dije: “para ver videos está youtube, mejor veo esto que probablemente no volveré a ver en toda mi vida”… y eso hice. Este famoso “Código Sobre el Vuelo de las Aves” es un pequeño libro de apuntes que cuenta con 18 páginas en las cuales Leonardo da Vinci escribió, dibujó y reflexionó sobre las aves y los mecanismos fisiológicos de las alas que les permiten volar. Seguramente de este estudio surgió su deseo de inventar alguna máquina para poder volar imitando el vuelo de las aves. No, si tonto no era el buen Leonardo, no cabe duda.


Códice sobre el Vuelo de las Aves - Leonardo da Vinci.


Yo, al menos yo, sí salí muy satisfecho de lo que vi en las dos exposiciones, así que si alguien me preguntara si yo se las recomendaría, rotundamente diría que SÍ, que no se las deben de perder. Ahora que si son millonarios y el día de mañana pueden volar en primera clase hasta el viejo continente en busca de más obras de estos dos genios del Renacimiento, entonces pueden dejarlas pasar si ninguna bronca. Pero si no, ya saben, corran a verlas, están a tiempo, no se van a arrepentir.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 6 de agosto de 2015

Mission: Impossible - Rogue Nation




He de confesar que el chaparrito Tom Cruise en un principio me caía en la puntita de… salva sea la parte, luego, con el tiempo, algo pasó que poco a poco se fue ganando mi simpatía, hoy no me da pena decirlo, Tom Cruise me cae harto bien y soy su fans.

Resulta que ayer me fui al cine a ver su nueva película (no digan “peli” son PELÍCULAS) y me la pasé bomba. “Mission: Impossible - Rogue Nation” (Misión Imposible 5) resultó una joya del cine de acción, no confundir, no es cine de arte, ni experimental, ni de autor, es cine de acción y como tal se debe de juzgar. Bueno pues en esta bonita y taquillera categoría de cine palomero esta película es una maravilla, tiene todo lo necesario para pasarla “bomba”: un galán muy chucho cuerero que todavía hace que a las féminas se les mueva la patita, un bizcochito ya madurón pero increíblemente potable, así como mandado a hacer para el hijo de mi apá o sea yo, persecuciones a velocidades superiores a la devaluación del peso, explosiones, balaceras, moquetazos, etc… todo muy bien logrado por el director Christopher McQuarrie quien por cierto ya ha dirigido en varias ocasiones a Cruise. Por favor pongan especial atención en la persecución en motos, está increíblemente bien lograda. No les digo de qué va la película porque no viene ni al caso, todas las películas de acción son iguales, poco importa la trama mientras estén bien producidas, y este es el caso.

Por favor, vean la película en una buena sala porque tristemente tengo que reconocer que muchas de las salas de México cada vez están más descuidadas y abandonadas, si siguen así próximamente vamos a tener los mugreros de cines que teníamos antes, todos piojitos y hediondos. Esto va dedicado a Cinemex, con Cinepolis, por ahora, no tengo queja en ese aspecto. Bueno pues, busquen un cine limpio que tenga aire acondicionado, buen sonido y buena proyección, y con público “nice” que sea respetuoso, que no saque sus trinches celulares a mitad de la película, que no platique, que no patee al de enfrente, que no se la pase haciendo ruido con todo lo que traga, en resumen, que vayan a ver la película como gente civilizada. Si consiguen una sala así y un público así, seguro que van a disfrutar esta película como varios Tom Cruises, o sea… como enanos.


Otro día con más calmita... nos leemos. 


(Francamente no sé ni para qué les hago esta “profesional” reseña si para estas alturas me imagino que ya la vieron todos jeje, en fin).

lunes, 27 de julio de 2015

Mi primera vez con el Soumaya




Es una verdadera pena que el museo Soumaya tenga ya tanto tiempo que abrió sus puertas al público y yo que me jacto de conocerme casi todos los museos de esta tenochca ciudad aun no lo conociera. Recuerdo que quise ser de los primeros en conocer este museo, más sabiendo que el patrocinador oficial y mecenas de este bonito remanso de arte era mi payino Carlitos Slim, el problema fue que el día que hice acto de presencia en el museo aun no abría sus puertas porque como diría el peje “le estaban dando su chuleadita” y pues me tuve que quedar con un palmo de narices. Luego el tiempo pasó y por una u otra razón (léase hueva y desidia) nunca regresé hasta apenas hace poco en que una fuerza superior a mí (la beatlemaniaca de mi hija) me llevó de nuevo allá.

Pues sí, fue el orgullo de mi nepotismo quien me pidió encarecidamente y casi a punta de pistola que la llevara a la exposición temporal de memorabilia de The Fab Four (Los Bicles) que se encuentra en el museo; y yo que soy más ruco que mi hija, y por lo tanto más beatlemaniaco que ella, accedí gustoso y presto.

Luego de aplazar en varias ocasiones la visita al Museo Soumaya por cuestiones de logística (léase ahora las pinches y consuetudinarias marchas de esta ciudad) finalmente llegó el día en que padre e hija pudimos satisfacer nuestra apetito de Beatles. Y ahí estábamos bajos los rayos del sol esperando en las escalinatas del museo a que avanzara la fila, mi hija llevaba puesta, como buena nerd beatlemaniaca, una camiseta del cuarteto de Liverpool muy ad-hoc a la ocasión, yo, procurando verme menos teto solo llevaba tatuado en mi corazón a John, Paul, George y Ringo. A esta aventura nostálgica-retro-vintage se sumó la Sacrosanta quien confiesa que solo le gustan un par de canciones de los melenudos esos.

Una de las cosas más maravillosas que tiene el gran Museo Soumaya es su gratuidad, y es que es completamente gratis, cosa que en estos tiempos de devaluación y carestía se agradece y se aplaude de sobre manera.

No hay nada más bonito que ver los museos pletóricos de chiquitines y chiquitinas, así como de cebollines y ciruelitas (adultos mayores), y este era el caso, en la fila para entrar al museo había de todo, todo un abanico de edades, clases sociales, géneros y especies de seres vertebrados. Y bueno mientras estábamos en la fila, yo, para no perder la costumbre, realizaba mis “observaciones de la vida social” al más puro estilo de Montesquieu, criticaba pues, pero en buen plan. Por cierto, todo un espectáculo ver la arquitectura del lugar, el museo en sí ya es una obra de arte, esto se lo debemos al arquitecto mexicano Fernando Romero quien dicen se inspiró en la obra escultórica de Rodin.


El arquitecto Fernando Romero es el responsable de esta belleza. 


Luego de pasar los correspondientes puntos de revisión y seguridad mi hija tuvo la encomienda de investigar en dónde se encontraba la exposición de los Beatles que era la que nos estaba comiendo el seso. Y ahí, justo en nuestras propias narices se hallaba, en un pequeño y acalorado espacio. Al pasar por la puerta, una persona de seguridad más que amable me ofreció una silla de ruedas para mi Sacrosanta madre, misma que agradecí pero rechacé conociendo a mi orgullosa y digna jefecita quien aun se resiste a poner sobre ruedas su esquelético cuerpecito. Mi hija en cuento cruzó la puerta quedó fascinada al escuchar algunas rolitas de los Beatles que venían de la proyección de sus videos. Sus beatlemaniacos ojitos pizpiretos le brillaron al descubrir varios discos LP de vinilo que se encontraban en exhibición. Fue directo a ellos, los vio, los envidió, y luego se conformó sabiendo que en mi testamento ya está contemplado el que varios de esos discos que tengo en mi poder pasen a sus manos el día que yo pele mis pollos. Vía de mientras ya le heredé en vida un par pa’ que no vaya a andar deseando mi muerte, digo, no vaya a ser.  

El espacio como les decía era realmente pequeño, he de confesar que quedé algo decepcionado, y es que yo pensaba encontrar objetos con más valor histórico por tratarse de un museo, algo así como por ejemplo una guitarra autografiada por alguno de los integrantes o ya de perdis restos de sangre con el ADN de John recolectados afuera del edificio Dakota, pero no, básicamente eran souvenirs que bien pudieron pertenecer a cualquier fanático medianamente aplicado. Pero bueno, los Beatles son los Beatles y se agradece el esfuerzo y la intención, uno como buen beatlemaniaco se hinca y reverencia lo que sea, cosa que hicimos mi hija y yo. Mi madre por su lado, nada tonta, opto por sentarse a descansar mientras veía los videos de The Beatles que se proyectaban en una pantalla.










Luego de experimentar ese momento cuasi religioso con nuestra banda favorita, mi hija y yo nos dispusimos a recorrer el museo con la bonita intención de encontrar algo interesante, algo en extremo piocha para redondear la visita al museo. De entrada, y en la entrada, el visitante al Museo Soumaya es bien recibido por la escultura de “Le Poète”, mejor conocido como “Le Penseur”, y todavía más mejor conocido como “El Pensador” de Rodin. Yo de antemano ya sabía que una buena parte de este museo estaba dedicado al gran escultor Auguste Rodin cosa que me encantó, porque desde que yo tuve la fortuna de conocer el Museo Rodin en Paris quedé prendado del talento y arte de este insigne hombre galo. Así que sin chispar nos informamos en donde se encontraba expuesta la obra del maestro Rodin y nos dirigimos hacia allá.

La Era de Rodin se exhibe en la Sala 6 del museo, prácticamente hasta la azotea. Para llegar hasta allá tomamos el elevador hasta el quinto piso para luego continuar por una rampa que da acceso a la Sala 6. Para estas alturas del recorrido la digna de mi madre comenzó a refunfuñar y a arrepentirse de no haber aceptado la silla de ruedas, después de todo sus 83 años ya pesan. Sin embargo, como siempre ocurre con ella, en cuanto tuvo a la vista esa maravillosa sala pletórica de obras de arte su estado de ánimo cambió y se transformó en algarabía desbordada. Sacó fuerza de no sé dónde y metió segunda para terminar de subir lo más rápido posible la rampa. Una enorme cantidad de esculturas nos recibieron, algunas, la mayoría, de Rodin y Dalí, dos de los favoritos de mi madre. Mi hija que también “amadora” a Salvador Dalí, inmediatamente reconoció algunas de sus obras (por obvias razones) y corrió hasta ellas para admirarlas de cerca. Yo me fui derechito hacia una de las obras principales del recinto, las Trois Ombres (las Tres Sombras), escultura que corona la maravillosa y dantesca Porte de l’Enfer (Puerta del Infierno) del maestro Rodin de donde por cierto salieron varias de sus esculturas más conocidas, entre ellas, por supuesto, El Pensador. En la Divina Comedia de Dante las tres sombras eran las almas que se encontraban a la entrada de los Infiernos y que señalaban una inscripción que decía: “Vosotros que entráis, abandonad toda esperanza” (cualquier parecido con Auschwitz-Birkenau es mera coincidencia). En fin, esa fue una de las esculturas de Rodin que a mí más me gustaron de esa sala junto con las famosas manos “La Cathédrale” (La Catedral) y  “Le Baiser” (El Beso) del cual encontré dos versiones en bronce.


Obra de Salvador Dalí.

Trois Ombres (Las Tres Sombras) de Rodin.

Le Baiser (El Beso) de Rodin.


Luego de estar un buen rato contemplando el arte ahí expuesto la vejiga de mi madre tomó la decisión de pasar a retirarnos para ir en busca de un WC. Mi intención era visitar por lo menos otra de las salas del museo, en especial la Sala 4 en donde se encuentra la exposición permanente Del Impresionismo a Las Vanguardias. Hicimos mutis de la Sala 6, descendimos por la rampa, tomamos de nuevo el elevador, y listo, llegamos a nuestro nuevo destino. Ya en la Sala 4, lo primero a admirar fueron los retretes de los baños, mismos que encontramos harto limpios y bien dispuestos, luego, ya con la vejiga descansada comenzamos el recorrido.

Una de las corrientes de arte que más me chiflan es el Impresionismo, y en especial la obra de Pierre-Auguste Renoir, ya saben, mis gustos a veces suelen ser muy jotitos, y este es el caso. Bueno pues cuando descubrí que ahí se encontraban un buen numero de pinturas de Renoir no pude evitar emocionarme cual alcohólico en vinatería. Mi puberta hija disfrutaba al igual que yo de todas las pinturas allí expuestas, luego de hacer una pausa frente a un grupo de cuadros del catalán Miro de pronto se me adelantó y por un momento la perdí de vista. Yo seguía extasiado frente a las oleos de Renoir cuando de pronto veo venir a mi hija de nuevo hacia a mí toda emocionada, ¿la razón?, había descubierto entre todas esas maravillosas pinturas algunas del gran Vincent van Gogh (mejor conocido como “El Mochaorejas”). Frida Mariana, mi hija, me tomó de la mano y luego de darme tremendo jalón me llevó hasta las pinturas de van Gogh para que las admiráramos juntos. Por su parte mi Sacrosanta absorta disfrutaba de cada una de las pinturas ahí expuestas, haciendo pausa en las de Monet que tanto le gustan.


Mi Impresionista favorito, Pierre-Auguste
Renoir.

Hija e impresionistas juntos... y yo feliz.

La firma de Claude Monet, nada más y nada menos.

La presencia de Vincent van Gogh.


La estábamos pasando bomba en el museo, aun nos faltaba por recorrer más de la mitad de esa sala cuando de pronto, como dicen los polis, me “percaté” de la hora y tuve que, con la pena, emprender la retirada por compromisos contraídos con anterioridad.

Yo siempre he pensado que los museos hay que disfrutarlos y no padecerlos, por eso soy de la idea que un museo nunca se debe recorrer cuando uno ya está cansado o saturado, es mejor dejar el resto para otra o muchas otras ocasiones, más aun cuando tenemos la fortuna de tener esos museos prácticamente a la mano, que no sería el caso si estuviéramos de visita en otra ciudad o país. Así que por lo pronto le puse “pausa” a mi visita al encantador Museo Soumaya prometiéndome que pronto voy a regresar para continuar mi visita hasta peinar prácticamente en su totalidad el museo el cual tiene mucho, pero mucho más que mostrarme.

Por último, amigos del Museo Soumaya, mil gracias por ser tan buenos anfitriones y por esa generosidad cultural que ofertan a los amantes de la belleza como su servidor… y si no es mucha molestia, pronto, muy pronto, les estaré dando lata de nuevo. ¡Gracias payino!


Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 19 de julio de 2015

Hoy me dueles tía




La Tanatología según el diccionario es el conjunto de conocimientos relacionados con la muerte, con sus causas y sus fenómenos. Un tanatólogo es el experto en esta materia, aquel que ayuda a las personas a lidiar con sus pérdidas. Pero la tanatología no entiende nada de sonrisas, de caricias, de abrazos, de una larga vida compartida. La tanatología desconoce el sonido y el significado de la palabra “hijo”, sobre todo cuando esta se le dice con cariño a un sobrino. La tanatología no puede ayudarle a un corazón fracturado cuando este ha sido permanentemente tatuado por el amor de una persona. Recuerdos como una sopa de papa, un largo viaje o el despertar con el sonido de las maderas de una marimba siempre serán más poderosos que un conjunto de métodos y técnicas bien intencionadas. Un beso de despedida, el último beso de despedida, quedará fijado en la mente y el corazón hasta el final de los tiempos, a pesar de la tanatología. La tanatología no quiera el dolor, quizás ayuda a vivir con él, a sobrellevarlo, pero quién quiere vivir con el dolor como compañero, yo no. La tanatología sale sobrando ante el profundo amor que une a dos personas y que sobrevive a todo, incluso a la muerte. Por eso yo no quiero escuchar para nada la palabra tanatología, no me interesan los tanatólogos, no quiero oír nada de resignación, de aceptación. Me resisto a ser sumiso a mis perdidas, a conformarme, me rebelo ante la ausencia de un ser querido; mi amor, mis recuerdos y yo retamos a la muerte, al olvido, nos sabemos superiores a todo, a ellos. Cierto, ahora me duele, y me duele mucho, pero como siempre, en complicidad con el tiempo, sabré manejar este dolor, transformar este dolor en algo mejor… en la Inmortalidad.


Tía amada, bienvenida a mi panteón de seres inmortales. Te amo.

martes, 7 de julio de 2015

Mad Max: Fury Road




Estaba bien escéptico con esta película, no podía quitarme de la mente la impresión que me dejó la versión original allá a principios de la década de los 80s cuando yo todavía era un prepuberto. Y no es que aquella película hubiera sido una obra maestra, no, de hecho era un churrote, una película australiana de acción y ciencia ficción de muy bajo presupuesto, pero tenía algo que la distinguía del resto de películas de acción de aquellos años, de aquellas taquilleras de Burt Reynolds que tanto nos chiflaban por sus persecuciones en autos harto piochas. Pero “Mad Max” tenía algo diferente, quizás la visión futurista apocalíptica del director George Miller, el mismo de esta nueva versión.

Aquella película, como todos saben, sirvió para catapultar a uno de los actores más taquilleros de Hollywood, el buen Mel Gibson. Fue en esa película donde seguramente Gibson comenzó a experimentar sus caras de loco que tanto lo han caracterizado a lo largo de su carrera, ¿recuerdan las de “Lethal Weapon”? Pero bueno, les decía que me resistía a ver esta nueva entrega de la franquicia porque pensé que se trataba de un intento más de hacer dinero reviviendo lo que aun está vivo, vivo por lo menos en la memoria de todos los adultos contemporáneos en avanzado estado de putrefacción (como yo) que aun recordamos al viejo Max y su amigo Jim Goose. Pero estaba equivocado, y me da gusto decirlo, porque luego de ver “Mad Max: Fury Road” comprobé, contrario a lo que pensaba, que esta película no tiene nada que ver con la de 1979. Esta nueva entrega se parece más a las secuelas, a “Mad Max 2” y “Mad Max: Beyond Thunderdome”. Y aun así, no es lo mismo, esta tiene lo suyo, un Max con una personalidad completamente diferente a la de Gibson, este es más callado e introvertido. Ahora, con más presupuesto y mejores efectos, Miller puedo darse vuelo en sus persecuciones con harta bala y explosion, y si a esto le sumamos un grupo de bizcochitos bastante potables que desfilan en la pantalla, pues ahí tienen los ingredientes básicos para hacer una película de acción que le chifle a la mayoría de los seres vertebrados del genero hombre macho masculino (del verbo no te agaches porque te ching...).

Por supuesto que esta película está muy lejos de ser una película de culto, por más que se quiera, nada que ver con películas de ciencia ficción legendarias como “Blade Runner” (ánimas que nunca se les ocurra hacer una nueva versión); pero bueno, esta película es buena y harto divertida, se puede ver sin ningún esfuerzo intelectual, poniendo el cerebro en automático y dejándose llevar por el espectáculo visual y sonoro de la película. Mi recomendación es que la vean, se la van a pasar bien sobre todo si por su organismo corre una buena cantidad de testosterona.


Yummy yummy!

Charlize Theron.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 2 de julio de 2015

Jacobo Zabludovsky, adiós al MAESTRO


JACOBO ZABLUDOVSKY
1928 - 2015


Apenas hace una semana comentaba con mi Sacrosanta el deleite que era escuchar a Jacobo, ya fuera hablando de él o de otra persona, en alguna entrevista. Incluso antier le platicaba a mi hija la maravillosa entrevista que le había hecho Jacobo Zabludovsky a Dali, cosa nada fácil conociendo el genio, el temperamento y la complicada personalidad “psiquiátrica” del maestro. Y es que yo siempre lo he dicho, en todo momento y a lo largo de toda mi vida, para mí no hay mejor entrevistador que Jacobo Zabludovsky. Por supuesto que afirmar esto siempre me ha traído criticas y reproches, sobre todo últimamente con todos esos neonatos mentales de las redes sociales que se siente subversivos y contestatarios tan solo porque repiten lo políticamente correcto en las redes sin tener el más mínimo conocimiento del tema.  

Yo siempre he pensado que antes de juzgar a Jacobo Zabludovsky como periodista, reportero o informador hay que ubicarlo en su justo contexto de tiempo y espacio, porque no es lo mismo despotricar hoy en día en contra del Presidente en turno como lo hacen muchos pseudoperiodistas (ahí te hablan Carmen) que haberlo hecho por ejemplo en tiempos de Díaz Ordaz o Echeverría. En aquellos años si es que se quería trabajar en ciertos medios de comunicación había que aceptar y entender la censura velada y a veces descarada que imponía el Gobierno a los dueños de aquellas empresas y a sus empleados. La única manera de darle la vuelta a aquella cerrazón era usando la inteligencia y la “sutileza” a la hora de informar, y creo que para eso Don Jacobo se pintaba solo.

Cuando yo nací Jacobo ya era el periodista más importante en la televisión mexicana, de hecho el nació profesionalmente junto con la televisión mexicana, allá en el edificio de la Lotería Nacional en donde estuvo el primer canal de televisión, el canal 4 de la familia O’Farrill. Así que para cuando yo llegué a este mundo Jacobo ya tenía su noticiero, primero en las mañanas y luego por la noche con el icónico noticiero “24 Horas”; y así lo recuerdo, con sus enormes audífonos, su telefonista, su frase “¿Ya llegó Paula?” (Paula Cusí quien luego se convirtió en la esposa de “El Tigre” Emilio Azcárraga), y por su puesto su simpático caricaturista Vic. Después con el tiempo a la sección de deportes llegó Heriberto Murrieta, “El Joven Murrieta”  como el mismo Jacobo lo bautizó. Por su noticiero también desfilaron Lolita Ayala y Fernando Schwartz entre muchos otros. El noticiero 24 Horas es sin duda un referente imprescindible de la televisión mexicana.

Pero como les decía, cuando yo disfrutaba más a Jacobo era en sus entrevistas, contando sus anécdotas, platicando con sus amigos o hablando de su amado Centro, y digo Centro y no Centro Histórico porque el “apellido” Histórico se lo pusieron apenas recientemente, pero para mí así como para él, el Centro siempre será el Centro, así, sin apellidos ni nada. Y es que era una delicia escuchar a Jacobo hablar de su infancia en la Merced, de la vida, de su vida por las calles del Centro de aquellos años.

Nadie podrá negar que Jaboco era un hombre sumamente culto, un gran lector. También era un amante de la música, del tango en particular. Taurino de toda la vida, amigo de grandes toreros, su favorito Lorenzo Garza, aquel matador regiomontano al que se le conocía como el “Ave de las Tempestades”.  Jacobo era en resumen un excelente periodista, entrevistador, cronista, charlador, lector, melómano, taurino, y muchas cosas más, pero principalmente, dice la gente que lo conoció de cerca, era un gran amigo. En alguna ocasión lo escuché decir que para él antes que la noticia estaba la amistad, y que él jamás traicionaría una amistad por ganar una exclusiva o por dar una noticia. Esto para muchos podría ser cuestionable, sobre todo hablando profesionalmente, pero para mí es bastante plausible y valiente el hecho que él lo reconociera abiertamente. No solo fue un gran amigo, también fue un gran padre, y para muestra basta un botón: cuando su hijo Abraham Zabludovsky renunció a Televisa luego de que le negaran la titularidad del noticiero de la noche, Jacobo de inmediato se solidarizo con él y también renuncio a su casa de trabajo, la casa de toda su vida, Televisa.

Yo tuve la oportunidad de conocerlo en persona en dos ocasiones, una vez, tenía que ser, en el restaurante taurino “El Taquito” del Centro en donde pude estrechar su mano e intercambiar algunas palabras. La segunda vez que lo vi fue en la famosa cantina de Coyoacán “La Guadalupana” en donde departía con varios de sus amigos, seguramente todos inteligentes e interesantes. Siempre me llamó la atención lo impecablemente vestido que andaba, y sobre todo su figura tan erguida que lo hacía ver como un "maniquí".  

En fin, me lamento no haber escrito esto hace una semana como me lo había propuesto, porque ahora podría parecer que no soy lo suficientemente sincero y honesto con lo que escribo, sobre todo si entendemos que cuando alguien se va normalmente se habla bien de esa persona, pero no es el caso, para mí todo lo dicho lo he pensado siempre, independientemente de que hoy el maestro Jacobo Zabludovsky “se nos haya adelantado en el camino”, como dirían los clásicos.



Descanse en paz Jacobo Zabludovsky… buen viaje MAESTRO.