jueves, 14 de septiembre de 2017

El mundo azul azulote de Yves Klein




Ya lo saben, yo de crítico de arte tengo lo que Peña Nieto tiene de estadista, o sea nada. Sin embargo en mi calidad de “observador de la vida social”, o dicho de otro modo “pinche criticón”, procederé a darles mi opinión de la exposición que se está presentando en el MUAC (Museo Universitario de Arte Moderno).

De entrada debo de aceptar que como siempre sucumbí a la trinche curiosidad, esa misma que mató al gato. Desde hace mucho estoy convencido que lo mío no es el arte contemporáneo porque considero que el 99% apesta, pero claro, es políticamente incorrecto aceptarlo públicamente porque uno podría ser tachado de ignorante o inculto pero eso a mí siempre me ha tenido sin cuidado.

La muestra en cuestión es de Yves Klein, un artista francés al cual se le considera “pionero del arte acción y las prácticas inmateriales”, bueno eso dicen los que saben yo solo lo cito. La exposición toca tres facetas que marcaron la obra del artista: la monocromía, la materialidad de la carne y el arte como campo inmaterial.

De su periodo de “monocromía” la exposición nos muestra algunas de sus obras, una de ellas icono de este periodo, me refiero a Expression de l’univers de la couleur mine orange (Expresión del universo del color naranja mina) que no es más que un trinche lienzo pintado de naranja y ya, con su respectiva firma, eso sí, del autor. Llámenme ignorante, naco y hasta pelado si quieren pero yo no le veo nada de artístico a eso, con la pena. En este mismo contexto de la “monocromía” Klein creó y patentó su famoso color IKB (International Klein Blue) o sea el color azul azulote que lo hizo tan famoso. Con este IKB el artista siguió con sus obras monocromáticas, al principio bidimensionales y después experimentando con objetos, dejando así un sello propio en su trabajo. Con este color azul ultramar Klein parece que intenta pintar el mundo y todo aquello que le rodea, quizás esto viene de un complejo pitufo o na’vi… sabe.


"Expression de l'univers de la couleur mine orange", 1955.
Pigmento seco y resina sintética sobre cartón montado sobre papel.








Luego de ver mucho IKB llegué hasta donde se encuentran sus famosas “Antropometrías”, quizás las obras más conocidas de Klein. Para realizar sus famosas “antropometrías” el artista usó a sus modelos como pinceles humanos, las embadurnó de pintura para luego, en calidad de sello de burócrata, estamparlas en hojas de papel o lienzos para dejar ahí las impresiones de sus cuerpos desnudos. Para él el arte solo puede suceder en el espacio y por lo tanto como experiencia, y creo, eso sí, que eso era toda una experiencia. Cuando Klein realizó la Antropometría del periodo azul lo hizo en vivo y a todo color, bueno a todo color azul. Además, para hacer más locochón el asunto, se hizo acompañar de unos músicos, igual de locos que él, que tocaron la partitura de la Sinfonía Monótona Silente, una obra que solo consta de un solo tono y silencios. Ahora sí que como diría mi Inmortal y sabía abuela: “Dios los hace y ellos se juntan”.


Antropometría sin titulo, 1960.

Antropometrías sin títulos, 1960.

Antropometrías sin titulos, 1960.


En otra sala del museo encontré una serie de obras en las que el artista usó el fuego y el aire para realizarlas, quemando cartones para así crear algunas formas simpáticas y menos aburridas que sus “monocromías”.


"La marque du feu", 1961.
Cartón quemado sobre papel.


La muestra consta de 75 obras y algunos documentos como cartas, fotografías, dibujos y películas. El espació, que a mí en lo particular me chifla, como siempre parece estar demasiado grande para la exposición. Creo que el MUAC es un museo mal aprovechado que debiera de tener más obras para no dar esa sensación de “poquitez”.

Seguramente Yves Klein es un importante artista del siglo XX, seguramente tiene mucho mérito y hasta talento, pero a mí, en lo personal, francamente no me gusta y me parece solo un producto de la ocurrencia. Repito, yo no soy un crítico de arte y seguramente lo que digo son solo una sarta de tonterías producto de mi ignorancia pero por lo menos procuro ser sincero con mi opinión.

Yo me había prometido no volver a ir a este tipo de exposiciones pero quise darle una oportunidad a este artista por tratarse de quien es, sin embargo he de decirlo que me volvieron a timar, o por lo menos así me siento, engañado. Allá ustedes si quieren desperdiciar $40 pesotes visitando el mundo azulote de Klein, yo soy de la idea de que se los ahorren y mejor los inviertan en algo más gratificante, como por ejemplo una torta de milanesa con quesillo.

La exposición de Yves Klein, por si quieren ir, va a estar en el MUAC hasta el 14 de enero del próximo año. Advertidos están.


Otro día con más calmita... nos leemos.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

Frida Kahlo. Me pinto a mí misma




Amigo lector, usted lo sabe y lo sabe bien (como dice el “ticher”), el Museo Dolores Olmedo es sin lugar a dudas uno de mis museos favoritos de esta tenochca ciudad. Constantemente lo estoy promoviendo y recomendando porque me encanta, me parece un espacio único dentro de esta gran ciudad. Sin embargo hoy sí tengo una queja para este museo que tantas cosas bonitas me ha dado a lo largo de muchos años. Mi queja no es con el afán de molestar, de denostar, no, mi queja tiene el único y noble fin de señalar algo que no me gustó esperando que en un futuro se tome en cuenta mi opinión… sé que sí.

Resulta que el pasado fin de semana fui a la exposición Frida Kahlo. Me pinto a mi misma y descubrí que hubo un grave error al ponerle el nombre a dicha muestra porque se debió haber llamado Frida Kahlo en Penumbras. Y es que francamente la exposición está pésimamente iluminada, le falta mucha luz al espacio y a las pinturas. Sí, ya sé, me dirán que es para conservar la obras en buen estado… ¡la manga qué! Yo he estado en algunos de los museos más importantes del mundo y si bien las obras no tienen reflectores sí están lo suficientemente bien iluminadas para que el espectador pueda apreciarlas (salvo algunas técnicas que sí requieren poca luz para no dañarlas).

En Frida Kahlo. Me pinto a mi misma es tan mala la iluminación que algunas obras tiene incluso sombras sobre ellas, sombras de los marcos. Además, intentar leer las cedulas informativas con esa luz medieval es todo un reto para la vista humana, yo que todavía soy un adulto contemporáneo en avanzado estado de descomposición tuve dificultad para hacerlo, no me quiero imaginar el problema que tendrán los cebollines y las ciruelitas (adultos mayores) que ya no tienen su vista el cien por ciento.

Algunos museos rentan “audio guías” para acompañar al visitante en su recorrido, bueno pues creo que este museo debería rentar “perros guías”, de esos que usan los ciegos, serían harto útiles para no tropezar en el camino.





Es cierto que yo no entiendo nada de museografía y esas cosas, pero me imagino que parte del objetivo de dicha disciplina debe de ser la satisfacción del espectador que es finalmente para lo que se monta una exposición. Así que de la manera más atenta y respetuosa le pido a mi adorado museo que tome en cuenta mi observación para futuras exposiciones. Muchas veces visité las mismas obras en las salas de este museo donde se exhibieron antes y ahí la iluminación siempre fue óptima, o sea que sí se puede. Ahí les encargo, por favor.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 17 de agosto de 2017

Lluvia Singular


Cuando tenía 8 años había un bolero que iba a la casa de vez en cuando. Mientras lustraba los zapatos de papá yo me sentaba a su lado a verlo trabajar. Siempre, invariablemente, él me contaba que en su pueblo algunas veces por la noche llovían galletas y leche. Hoy que ya soy un adulto  francamente no tengo porqué no creerle. Lamentablemente nunca pregunté el nombre de su pueblo.

Otro día con más calmita… nos leemos. 


martes, 1 de agosto de 2017

Las Redes Sociales, un eterno pujido.




Qué carajos les pasará a los usuarios de las redes sociales, especialmente de twitter, que terminan convirtiéndose en un franco, total y absoluto pain in the ass. Y es que a la mayoría pareciera que ningún chile les acomoda, todo critican, pero en mala onda no en plan constructivo. Insultan, descalifican, critican, denuestan, en resumen JODEN a más no poder. Cualquiera diría que los pobres infelices no tienen una vida propia y su miseria la justifican tratando de resaltar los errores o los defectos de los demás.

Es cierto que las redes sociales son una buena herramienta para denunciar y para expresar sin ningún tipo de censura las ideas de uno, pero también es cierto que la mayoría aprovecha el anonimato que brindan las mismas solo para sacar toda su amargura y frustración.

Yo inmediatamente que detecto a ese tipo de personas, luego de compadecerlos y sentir una profunda lástima por ellos, procedo a darles cuello porque no sirven para nada. Ellos quizás en su pequeño ciber mundo buscan consuelo a su soledad y aislamiento, yo afortunadamente tengo la bonita opción de no leerlos y de buscar cosas más positivas y constructivas, cuando no en las redes sociales sí allá afuera, en el mundo real.

Me gustaría poder ayudar a estos seres amargados y frustrados, pero honestamente no sé cómo, quizás lo que necesitan es un buen laxante, un poco de sexo, una buena sobredosis de Prozac o simplemente la compañía de un ser humano tolerante que sepa tratar la discapacidad intelectual y emocional (sorry, yo no soy ese).  

En lo que son persas o son manzanas yo zafo, me alejo, renuncio a leerlos y me enfoco en lo que para mí es divertido o importante en las redes, lo demás solo es basura inorgánica cero reciclable. ¡Fuchi!



Otro día con más calmita… nos leemos. 

lunes, 24 de julio de 2017

El Paseillo en Taxi




Faltaba media hora y yo no encontraba dónde estacionarme. Di vueltas y vueltas y nomás no, nada, todo ocupado por coches, cubetas o espacios listos para que alguien callera en las feroces garras de los grulleros.

Recordé que como a un kilometro de donde estaba había una Comercial Mexicana así que no seguí perdiendo el tiempo y me dirigí allá. Esquivando el tráfico y pasándome alguna que otra luz preventiva llegué a la Comer y estacioné mi corcel. Luego no quise desperdiciar los pocos minutos que aun tenía buscando un taxi o un Uber así que me acerqué al sitio de taxis que estaba frente a mí.

Había un taxi listo, con las puertas abiertas, solo esperando a ser abordado. La mujer encargada del sitio me dijo que me subiera, cosa que yo hice sin perder tiempo. Mientras yo veía desesperado mi reloj y hacía cálculos buscando adivinar si llegaría puntual a mi importante cita llegó el chofer. Cuando se sentó y volteó para preguntarme a dónde me iba a llevar casi me fui de chichis al ver el pedazo de chofer que me había tocado. Era un cebollín, pero lo que se dice UN CEBOLLÍN.

En cuanto vi la edad de mi jurásico chafirete de inmediato supuse que no iba a llegar a tiempo ni de chiste, me imaginé que este buen hombre no conduciría a más de 20 km/h ni llevando a una dama en labor de parto. Cierto es que mi destino no estaba tan lejos pero el tráfico estaba del nabo así que la situación era desalentadora.

Le dije que no había encontrado donde estacionarme y que por eso había tomado el taxi. Él me dijo lo que no es un secreto para nadie, que la ciudad ya es un caos, que el tráfico es insufrible y que no hay manera de encontrar estacionamiento en ningún lado. Rápido y al alimón le mentamos su madre a Mancera por como tiene la ciudad de cabeza. El tráfico, los problemas de estacionamiento, la delincuencia, todo eso que hace que uno ya no quiera sacar su coche es algo que nuestro gobierno no ha podido resolver. Todo estaría bien si fuera una buena opción el transporte público, pero no, ese también tiene sus problemas: es insuficiente, sucio, inseguro y sumamente peligroso. ¡¿Entonces?! Pos nos chingamos y ya.

En eso estábamos, en las mutuas quejas y mentadas, cuando el don me dijo – Debería usted visto cómo era esta ciudad cuando yo llegué por primera vez allá por 1946. Esto era un pueblo, sí un pueblo grande pero al fin y al cabo un pueblo. Estaba lleno de vacas por todos lados. Recuerdo que yo compraba mi leche y cuando la hervía me hacía un tanto así de pura nata. Esa nata la ponía usted en un bolillo con azúcar y no sabe que delicia, un manjar de los dioses -. Yo por mi parte le comenté que a mí también me tocó ver, allá en la colonia Militar Marte donde nací (sobre avenida Pie de la Cuesta), un establo a donde todavía algunas personas iban a comprar su leche bronca.

Mientras platicábamos él buscaba con gran pericia evadir los autos parados en doble fila, los semáforos descompuestos, el tianguis que bloqueaba la mitad de la calle, etc. Luego de verlo actuar al volante con tanta habilidad no me resistí y buscando darle gusto a mi inquieta curiosidad le pregunté – Oiga don, y si no es mucha indiscreción ¿qué edad tiene? -, - Mire usted, yo nací en 1931, hace unos días cumplí 86 años -. Por supuesto que si yo hubiera traído sombrero me lo hubiera quitado como muestra de respeto; ok, no traería sombrero pero sí traía hocico así que lo use para deshacerme en halagos y cumplidos para ese ejemplo de hombre. – Me da mucho gusto verlo tan bien y tan productivo, usted es todo un ejemplo -, - Pues ni modo, yo gasté diez años de mi vida dedicado a mi pasión y ahora tengo que trabajar a estas alturas para ganarme el pan -, - Oiga don y cuál es esa pasión, si se puede saber -, - Pues el toro. Yo anduve diez años de mi vida buscando una oportunidad porque siempre quise ser torero. No salí bueno pero no me arrepiento, fueron los mejores años de mi vida -. En cuanto dijo la palabra “toro” se me abrieron los ojos, los oídos y hasta los poros del corazón.

Le confesé a este maletilla veterano que yo también era aficionado a los toros y que me encantaría platicar con él. Le pregunté por el Toreo de La Condesa, por sus toreros favoritos, por los cronistas taurinos de antaño (Paco Malgesto y el gran Pepe Alameda), por la situación actual de la fiesta, etc. Yo lo quería saber todo, tenía a una verdadera enciclopedia viviente frete a mí y no quería desaprovecharla.

Estaba tan entrado en la charla que no me di cuenta que hacía ya un rato habíamos llegado a mi destino. Ahí estábamos, en doble fila, platicando de lo que nos chiflaba, la fiesta brava. Yo veía mi reloj como queriendo parar el tiempo por un momento para seguir disfrutando de tan encantador anciano. Le pregunté si todavía iba a los toros con la esperanza de que me dijera que sí para invitarlo, hubiera sido un deleite tenerlo a lado en una corrida, pero no, me dijo que ya no iba porque la fiesta ya no era como antes, y tiene razón. Los toros están cada vez más descastados, y como dicen en el ambiente taurino: “para que haya guiso de liebre tiene que haber liebre”, así que sin toros bravos no puede haber buenas corridas y los toreros, por buenos que sean, nomás no lucen.

Estuvimos allí fácil 20 minutos platicando de lo que nos gusta, de lo que nos apasiona. Por supuesto que yo llegué tarde a la cita, pero valió la pena. Antes de bajarme del taxi le di un fuerte apretón de manos, hubiera deseado que fuese un abrazo pero una patrulla comenzó a apurarnos para que despejáramos el paso de los coches. Ya que se había ido me di cuenta que nunca le pregunté su nombre, pero no importa, ya sé que trabaja en el sitio de la Comercial así que un buen día me voy a ir a buscarlo para invitarle un café y charlar con él tranquilamente. Estoy seguro que tiene muchas cosas maravillosas que contar, taurinas y no taurinas, y es que cuando se llega a esa edad hay toda una vida que contar, lo único que hace falta es alguien que esté dispuesta a escucharla… y ese alguien, sin duda, soy yo.



Otro día con más calmita… nos leemos.


lunes, 17 de julio de 2017

Y que le caigo al MAM




Los museos de la Ciudad de México son muy bonitos por una sencilla razón, porque no hay gente. Y por eso yo soy feliz ahí, son como un remanso de paz en donde uno se puede desestresar y relajar rodeado de arte y gente bonita.

Ayer yo ya tenía planeado mi paseo, una rica caminata por el bosque rodeado de oyameles, pinos, encinos y quesadillas de flor de calabaza con queso. Cuando estaba a punto de emprender vuelo la “pegostes” de mi Sacrosanta se apuntó a mi paseo. Obvio que ella ya no está para caminar a campo traviesa, sus tiempos de mujer toda terreno ya fueron, así que tuve que improvisar y el resultado fue excelente. Una visita a la exposición “Rufino Tamayo el Éxtasis del Color” que se encuentra en el Museo de Arte Moderno en Chapultepec fue el nuevo destino.

Traer una ciruelita a bordo tiene sus ventajas, por ejemplo uno puede hacer uso de los estacionamientos destinados para los bebotes de la tercera edad, lo que en esta ocasión fue un gran paro ya que no había lugar en todo Chapultepec donde estacionarme.

El recorrido fue interesante, bello, cómodo, placentero, amable, y todo lo bonito que se puedan imaginar. Como siempre el personal de este museo, como el de la mayoría de los museos, fue sumamente amable y educado.






Cuando terminamos de recorrer la exposición de Tamayo salimos al jardín escultórico a tomar aire, y un cafecito de paso. Luego la saqué del museo por la entrada trasera, frente al Castillo de Chapultepec y a un costado del Monumento a los Niños Héroes, para que viera el bullicio dominical del bosque. Gente a borbotones: familias, vendedores, fotógrafos, merolicos, payasos, personas con perros y perros con personas, turistas, etc., todos interactuando y conviviendo en santa paz. Veinte minutos de baño de pueblo fueron suficientes para luego regresar al museo a retomar el recorrido.

Pasamos a dos salas más. En una estaba la exposición “La Colección. Escenarios de Identidad Mexicana” con parte del acervo del museo y en la cual, por cierto, sigo extrañando a "Las Dos Fridas" que anda de tour por el gabacho. En la otra sala nos encontramos con la exposición llamada “Amados Objetos”, con cosas bien bonitas e interesantes.


En la exposición "La Colección. Escenarios de Identidad Méxicana".

Exposición "Amados Objetos".

"Pronobis" de Reynaldo Velázquez. Talla en madera
ensamblada.

Pintura de viaje enrollada con la imagen de una virgen, s/f.

Con esta gran puerta la exposición da la bienvenida a los visitantes.


En los museos el tiempo vuela, tuvo que venir una de las personas del museo a decirnos que el museo estaba a punto de cerrar para que empezáramos a ahuecar el ala. Nosotros obedientes hicimos caso y salimos del museo contentos y felices, como siempre.

Por un lado es una pena ver que la gente poco va a los museos por iniciativa propia, muchos van en compañía de sus hijos porque los mandaron en la escuela pero pocos son los que acuden por verdadero gusto. Para los millones de chilangos que somos creo que debería de haber más personas disfrutando de los maravillosos museos que tenemos. Pero por otro lado gracias a que no hay tanta gente en los museos estos están bien cuidados y son harto disfrutables. Yo que soy enemigo de las multitudes y de la gente sin educación (que no cultura) me siento muy feliz cuando encuentro estos espacios tan padres.


Por ahora mi caminata al estilo Caperucita Roja fue pospuesta para la semana que entra, claro, si no es que se me atraviesa en el camino otra gran exposición como estas. 


Otro día con más calmita... nos leemos.


lunes, 12 de junio de 2017

Pablo Picasso y Diego Rivera, "Conversaciones a través del tiempo"




Con cuál exposición comienzo, me dije. Bueno pues “De tin marín de do pingüe cucara macara titere fue”... sí cómo no, hasta creen. En mi caso: uno propone, Dios dispone y la Sacrosanta IMPONE. Así que la que decidió a que exposición ir fue mi madre bohemia, y decidió bien. Doña Laura escogió la exposición de Pablo Picasso y Diego Rivera “Conversaciones a través del tiempo” que se presenta en el Museo de Bellas Artes.

Domingo, 2 de la tarde, entrada libre, ya se imaginar las colas kilométricas que encontré afuera de Bellas Artes. Una cola era para obtener boletos y la otra para entrar a la exposición. Pero no se preocupen, les voy a dar un buen tip: si ustedes tiene permiso legal para portar una ciruelita o un cebollín como yo, ya la hicieron. Resulta que mientras yo me formaba bajo el trinche Sol calcinante puse en buen resguardo a mi viejita, en la sombra. Mientras yo intercambiaba impresiones (ligaba) con una gringuita de buenos bigotes, la mañosa de mi Sacrosanta se movió y entró hasta el recinto a preguntar si no había trato especial para los y las viejitas pedorras. Un muy amable empleado de Bellas Artes le dijo – Usted no se preocupe, ahorita le consigo un boleto para que no se forme -. Presto el hombre fue hasta la taquilla y le trajo un boleto a mi madre, ella puso cara de “no chingue la amistad” y le dijo – Pero es que no vengo sola, vengo con mi hijo y como no veo bien pues necesito que entre conmigo -. De nuevo el buen hombre le dijo que no se apurara y fue por otro boleto para acá su charro negro.

Para entonces yo ya la había perdido de vista y comenzaba a preocuparme pues en la sombrita en donde la había estacionado ya no estaba. Pero de pronto veo que sale de la puerta de Bellas Artes y me hace una señal para que vaya hasta donde estaba ella. Ahí me enteré que ya tenía dos boletos listos para entrar. Le dije – Bueno, quédate aquí mientras me formo en la otra fila para entrar -, pero ella con cara de “tú no sabes con quién estás hablando” me dijo – Qué fila ni que ocho cuartos, vámonos directos por el elevador sin formarnos -. Yo lo único que atiné a decir fue ¡ah chinga!

Y así, por el elevador, subimos directamente a una de las salas de la exposición, de hecho tuvimos que salir para comenzar el recorrido desde el principio pero sin formarnos. No cabe duda que mi madre es más lista que el hambre, o por lo menos mañosa. Claro que a sus 85 años está muy bien que tenga ciertos privilegios y canonjías, mismas que yo disfruto por el solo hecho de ser un hijo bonito y encantador.

De la exposición qué les puedo decir, es una exposición imperdible. Obras prestadas de muchos museos del mundo, obras, muchas de ellas, inéditas y que difícilmente volveremos a ver en nuestro país. La gente que está acostumbrada ver a Diego Rivera como uno de los tres grandes muralistas verá en esta exposición mucha obra de los primeros años de Diego, cuando era un gran exponente del cubismo. Durante el tiempo en el que Diego vivió en Francia tuvo contacto con grandes maestros como el mismo Picasso y otros más que por aquellos tiempos experimentaban nuevas corrientes como el cubismo. Diego comenzó con sus murales en 1922 a instancia de Vasconcelos quien era el Secretario de Educación en ese entonces. Su primer mural, como todos sabemos, fue el que hizo en el anfiteatro Simón Bolívar de la escuela Preparatoria Nacional, hoy conocida como San Idelfonso. En la exposición vemos mucho del trabajo anterior a esa etapa de su vida, mucha obra cubista que se asemeja en mucho a la de Picasso.

Para los que creen que siempre hubo rivalidad entre Picasso y Rivera, en la exposición hay algunas cartas que Diego le mandó a Picasso en las cuales se puede ver el respeto y la admiración que sentían el uno por el otro. Por ahí hay quien dice que Picasso llegó a copiar el trabajo de Diego, que se lo fusiló pues, y al respecto Picasso dijo una vez: “¡Pues sí, he imitado a todo el mundo! Excepto a mí mismo”. Lo cierto es que la genialidad de ambos es indiscutible y cada uno tiene un lugar muy bien ganado en la historia y en el arte.

En la exposición se encuentra la obra conocida como Paisaje Zapatista de 1915 que se considera fue la que puso fin a su etapa cubista. En este cuadro se puede ver la influencia y la técnica de Picasso. Es una pintura muy interesante en la que se muestra lo europeo con lo meramente mexicano, cosa que sería el sello del maestro en los siguientes años. En sus siguientes trabajos Rivera tuvo una influencia considerable de Cézanne, esto se puede ver en esta exposición en dos obras: Paisaje de Fontenay y El Matemático.

En la exposición hay una serie de grabados que a mí en lo personal me encantaron, son grabados creados por Picasso de 1930 a 1937 a petición de Ambroise Vollard quien fue su galerista. A estos grabados se les conoce como “La Suite Vollard”. En este mismo espacio se encuentra la creación muestra del grabado de Picasso, La Minotauromaquia, que dicen algunos fue la obra precursora del famoso Guernica. Estos grabados se encuentran casi en la parte final de la exposición y son como la cereza en el pastel junto con unas ilustraciones que hizo el maestro Rivera para el Popol Vuh, 1931. Estas ilustraciones son impresionantemente hermosas, punto.

Despiden a los visitantes dos grandes obras: Cabeza de Marie-Thérèse (Tête de Marie-Thérèse) [1932-1934] de Picasso, y la famosa Vendedora de Alcatraces [1943] de Rivera perteneciente a la colección Miguel Alemán Velasco.

Bueno, desde aquella exposición de los 80s (si mal no recuerdo) que se presentó en el Museo Rufino Tamayo, “Los Picassos de Picasso”, yo no había visto una muestra tan completa del maestro malagueño como la que se está presentando ahora en Bellas Artes, así que no hay que perdérsela.

Salí de Bellas Artes muy cansado, qué quieren ya soy muy mayor, pero eso sí muy satisfecho de lo que vi. Además quedé muy agradecido con la gente del Museo de Bellas Artes por el trato tan amable y cordial que le dan a todos los visitantes, no solo a los que portamos viejita. Bien por ellos que hace su trabajo con mucho amor, cariño y respeto. Y ustedes, amigos lectores, no vayan a dejar de ver esta exposición porque es una de esas que se ven pocas veces en nuestra tenochca ciudad.

Las obras de arte son para verlas en persona y no en fotografía, así que solo les pondré algunas de la que tomé con el único fin de que se animen a ir y las admiren, como diría el gran Cantinflas: “De cuerpo presente”. Ánimas que les gusten.


Pablo Picasso
Autorretrato con paleta, 1906 
Diego Rivera
La niña de los abanicos, 1913



Diego Rivera
Retrato del escultor Elie Indenbaum, 1913 
Pablo Picasso
El poeta (Le poète),1912


Pablo Picasso
Hombre con bombín sentado en un sillón, 1915 
Diego Rivera
El joven de la estilográfica, Retrato de Best
Maugard, 1914


Diego Rivera
Paisaje zapatista, 1915 
Diego Rivera
El matemático, 1919


Diego Rivera
Tatuaje. Preparación de tinta (boceto para la grisalla del mural Cultura
purépecha en Palacio Nacinoal). 1942 
Diego Rivera
El amigo de Frida, 1931


Diego Rivera
Día de flores, 1925 
Pablo Picasso
La Flauta de Pan (La Flûte de Pan), 1923


Diego Rivera
La creación del universo, ilustración del Popol Vuh, 1931 
Pablo Picasso
Minotauro acariciando a una mujer dormida, de la Suite Vollard, 1936


Pablo Picasso
La Minotauromaquia (La Minotauromachie), 1935 
Diego Rivera
Vendedora de alcatraces, 1943


Pablo Picasso
Cabeza de Marie-Thérèse, 1932-1934 


Otro día con más calmita… nos leemos.