jueves, 30 de junio de 2016

Said el Grabador




Pocas cosas más peladas que escribir en cemento fresco, y yo que soy su majestad el Rey de los Pelados no podía dejar de predicar con el bonito ejemplo.

Hace muchos muchos años, cuando yo estaba entrando a la universidad, mientras visitaba uno de mis lugares favoritos me encontré una escalera que tenía cemento fresco. Como iba con Claudia, mi recién estrenada novia, se me ocurrió que sería un bonito gesto grabar nuestras iniciales en aquella escalera. Presto saqué mi navaja suiza (también peladísima) para dejar impresas para la posteridad nuestras iniciales. Las iniciales quedaron perfectas y cuando el cemento secó nuestro bonito amor quedó registrado per secula seculorum.

Desafortunadamente el noviazgo con Claudia duró apenas un par de meses ya que francamente nunca quise a esa niña, todo fue un reto inmaduro para probar mi en ese entonces inexistente capacidad de conquistar a una mujer (pero eso es otra historia).

Lo mejor de todo es que unos meses después conocí a una niña que fue super importante en mi vida. Un día que paseábamos por mi lugar favorito, el Desierto de los Leones, recordé lo que había grabado en aquella escalera. Entonces tomé a mi novia de la mano y bajamos hasta el escalón en donde estaban las iniciales. Al llegar ahí, la miré a los ojos y le dije: “Mira lo que grabé, son nuestras iniciales”. Ella se sintió muy feliz cuando vio la inicial de su nombre, la “C” de Cinthya. Sí, es cierto, le mentí, pero la emoción fue tanta que nunca le dije la verdad, y francamente creo que luego de los años felices que pasamos juntos no le hubiera importado.

Ahí mismo, en el Desierto de los Leones, más adelante grabamos nuestras iniciales en un árbol. Luego el tiempo pasó, nuestra maravillosa historia llegó a su fin y cada quien siguió por caminos diferentes. Un día decidí llevar a mi hija para que viera el famoso escalón y el árbol en donde estaban las iniciales de mis novias junto con la mía. Cuando llegamos al árbol apenas se distinguían las dos letras, la corteza se había regenerado y casi había borrado las letras. Entonces, de nuevo, saqué mi navaja suiza (peladísima) y cambié la letra “C” por la “M” de Mariana. Mi hija retocó mi letra y así quedaron de nuevo legibles nuestras iniciales. A partir de ese día adoptamos ese árbol como nuestro.

Cada vez que íbamos mi hija y yo al Desierto de los Leones pasábamos a visitar nuestro árbol hasta que un día tristemente vimos que ya no estaba, había sido talado. Posiblemente el árbol murió y por seguridad lo tiraron o igual fue talado de forma ilegal. No lo sé, lo cierto es que nos dio mucha tristeza que ya no estuviera. Sin embargo, el escalón, luego de tantos años, ahí sigue. Solo espero que antes de que se le ocurra a alguien destruir esa escalera me den la oportunidad de rescatar el escalón para llevármelo conmigo. Si un día van a esa bonita reserva natural no dejen de visitar mi escalón y me cuenta cómo está. La escalera es la que baja del Convento al pequeño lago.


Esta es la escalera que baja del Convento al Lago.

Y allí están, hasta la fecha, las iniciales que grabé hace nuchos muchos años.

Nuestro árbol. La letra de mi novia Cintya casi desapareció pero las
iniciales de mi hija y la mía se ven muy bien. Nuestro árbol fue
talado pero nuestro amor sigue creciendo tan fuerte como el
árbol más grande.



Si un día encuentran cemento fresco, no se detengan, porque aunque es muy pelado escribir en el cemento no deja de ser un gesto harto entrañable, más si lo que se graba está basado en el amor por alguien. Si lo van a hacer en un árbol no se olviden de pedirle permiso primero y de disculparse si le causan dolor, a los árboles les gusta que seamos atentos con ellos... y ellos que son unos románticos nos entienden y les gusta.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

viernes, 17 de junio de 2016

La ilusión viaja en el tranvía del carnal Marcelo




Mi gordo adorado Marcelo Ebrard, que cómo no lo voy a adorar si me trajo de cachucha a Paul McCartney al zócalo, ¡ah! porque una cosas es una trinche rebanada de rosca de reyes y otra muy distinta un concierto gratuito de Sir. Paul McCartney, o sea hasta en el populismo hay niveles. Bueno les decía que mi incomprendido carnal Marcelo siempre soñó, como Porfirio Días, en convertir esta ciudad en una ciudad europea, en una ciudad de primer mundo. Tristemente eso es imposible, porque para que eso suceda primero hay que contar con el material humano, cosa que aunque suene malinchista pus nomás no. Y es que no es lo mismo Estocolmo con sus 1.3 millones de suecos que nuestro Defe con sus cuasi 20 millones de tenochcas junto con todos los problemas que esto trae.

Bueno pues entre sus sueños guajiros estaba el de poner una red de trenes eléctricos en el Centro para disminuir la contaminación y, por qué no, para chulear el lugar y hacerlo ver más nice. Estos bonitos trenes, que de inmediato nos remiten a aquellos que circulan por todas las ciudades europeas, parecía que ya eran una realidad en nuestra ciudad, incluso llegó a poner en la Plaza Mayor (zócalo) un tren de muestra para que los chilangos nos fuéramos familiarizando con nuestro nuevo y moderno transporte europeo. Peeero, el presupuesto, las tranzas, las mafias, los sindicatos, los adversarios políticos o vayan ustedes a saber qué, hicieron que eso quedara, como muchos de sus proyectos, en solo eso, en proyectos de opio.


Este era el tranvía que soñó mi gordo Ebrard para el Centro.

Con este proyecto los tranvías iban a regresar al Centro del DF, como 
aquel que atropelló al Camellito en "Nosotros los Pobres". 

No sería mala idea que sustituyeran el contaminante
metrobus por estos tranvías eléctricos.


Marcelo finalmente consiguió realizar su sueño de vivir en una ciudad de primer mundo, lástima que no fue el DF sino París. Y lástima para nosotros porque él la debe de estar pasando bomba en la bonita ciudad luz disfrutando de ese dinerito que se ganó tan honradamente con el sudor de sus corvas (favor de leer esto último en el tono más sarcástico que puedan).

Pero bueno, siendo justos yo le agradezco lo que hizo por mi Centro porque él consiguió, por ejemplo, sacar a todo el nefasto comercio ambulante, comercio que por cierto poco a poco comienza a recuperar terreno en esta nefasta administración de Mancera. A Ebrard y sus amiguis de varo le debemos la remodelada calle de Madero, hoy uno de los paseos preferidos de la chilangada. La Alameda también nos la dejó bien bonita aunque hoy de pronto ya luzca algo descuidada.

En fin, sus imperdonables tranzotas que hizo (incluyo en esto sus ominosas grúas) hoy como que se las andaría perdonando si regresara a seguir enchulando esta cada vez más acochambrada ciudad. Claro que eso de que le  perdonaría sus tranzas es solo un decir… viejo cabrón.


Otro día con más calmita… nos leemos.



jueves, 9 de junio de 2016

Era callejero por derecho propio




No conozco un perro callejero triste, si quizás algunos con hambre o frío, pero eso nunca no se refleja en su estado de ánimo. Por el contrario, sí conozco cientos de perros con dueños que viven en un triste abandono y en un estrés permanente.

Los perros callejeros tienen la libertad de ir y venir por donde quieran, cosa que es su naturaleza. No falta nunca algún buen samaritano que comparte con ellos por lo menos un mendrugo de pan, los restos de la comida o algo, cualquier cosa, que los alimente. El perro callejero siempre encuentra un lugar en el cual refugiarse de la lluvia, del frío, bien puede ser en algunos cartones abandonados, bajo el resguardo de un coche o en cualquier rincón o recoveco de la ciudad. Suelen causar lástima, se ven solos y abandonados, pero yo creo que ellos son felices. Cierto, no tienen dueño ni amo, no son de nadie, pero a la vez son de todos. Normalmente las personas solas, incluso las personas en condición de calle son sus amigos. No necesitan un collar porque no quieren huir de nadie, escapar de un amor obligado, forzado. Ellos van y vienen, se paran donde quieren, con quien quieren, son libres, son felices.

Por otro lado están los “afortunados” perros que sí tienen dueño. Esos que son felices porque tienen un techo y comida segura. ¿Pero en verdad son felices?, no lo creo. Estos perros son prácticamente obligados a vivir, en el mejor de los casos, en un hogar. Muchos de esos hogares son pequeños espacios que no fueron diseñados para tener mascotas, pequeños departamentos que los mantienen enclaustrados todo el día. Otros, peor aún, viven en patios traseros o azoteas desde donde solo ven pasar la vida, o ni eso. Los menos afortunados, contrario a lo que muchos piensan, son esos perros que son sobre amados, humanizados, convertidos en juguetes o hijos sustitutos. Estos perros viven en las piernas de alguna señora o señor que solo busca llenar un vacío, su soledad. Otros son usados como artículos de lujo que dan estatus, que sirven como un accesorio más en el outfit de algún o alguna wannabe o poser. Estos animalitos son obligados a hacer cosas y a usar cosas que van en contra de su naturaleza: los visten ridículamente, los meten en bolsas lujosas para llevarlos de algún lugar a otro, incluso hay quienes hasta los pasean en carriolas evitando que hagan el mínimo ejercicio. Estos perros que son, repito, humanizados, no pueden ser felices porque les falta el contacto con su congéneres, la libertad de ir y venir por donde quieran, la libertad, por derecho propio, de ser perros y no humanos.

Los perros callejeros tienen un carácter amigable; los perros enclaustrados, humanizados, son generalmente ermitaños, huraños y hasta agresivos. Por supuesto que hay la excepción que hace la regla, pero en general así es, y no lo digo yo, cualquiera que pasa por la calle y ve a un perro en una azotea o encerrado puede ver su carácter agresivo, mientras que los perros que caminan tranquilamente por la calle son amigables y mansos.

Pero con esto no quiero decir que el ideal es que todos los perros vivan en la calle, que no tengan techo o comida asegurada, por supuesto que no. Lo único que quiero decir y hacerle entender a las personas que tienen perros en las azoteas, en los patios traseros o en sus diminutos departamentos, es que están muy equivocados si creen que le están haciendo un bien a esos animalitos. Si buscan algo para descargar su conciencia, para expiar alguna culpa, no va por ahí. Los perros necesitan atención, la mínima. Por otro lado, los perros NO necesitan sobreprotección, ni ser humanizados, simplemente hay que quererlos y amarlos mucho, pero COMO MASCOTAS.  

Si yo fuera un perro definitivamente preferiría mi libertad, sería un perro callejero. La peor pesadilla para mí, si fuera un perro, sería vivir en las piernas o en la bolsa de alguna señora o en la azotea o el patio trasero de algún hombre con espíritu de protector de animales. Si usted amigo lector tiene un perro en su hogar espero se tome un momento para reflexionar en esto, no necesita dejar de querer a su perro, no necesita dejar de amarlo, solo necesita tratar a su mascota como lo que es, UN ANIMAL que quiere y merece ser tratado con dignidad.



Otro día con más calmita… nos leemos.

lunes, 6 de junio de 2016

El que busca encuentra... ¡y a veces hasta porno!




Bueno llegó la hora de seguir enriqueciendo mi raquítico lenguaje, me dije, y presto me di a la tarea a buscar el significado y de paso la etimología de varias palabras que usamos frecuentemente en nuestra madre lengua huehuenche. Porque la verdad eso de usar palabras a diestra y siniestra sin saber el significado real y su origen, es de pelados.

Comencé mi búsqueda por la red movido por mi sed de cultura y la información poco a poco fue dándome luz. Muchas de las palabras me sorprendieron, cosa que las palabras hacen cotidianamente, cuando vi lo equivocado que estaba al usarlas de manera incorrecta. Pronto mi léxico comenzó a hacer los ajustes necesarios para no cometer el mismo error, porque de eso se trata “aprender”. Pero de pronto, al buscar una palabra, que no diré cuál, el buscador me mandó directo a una página que no tenía nada que ver con la RAE (Real Academia Española) o con WordReference (sitio que uso frecuentemente), no, nada que ver con eso. La página en cuestión era un sitio de encueratrices, como diría mi inmortal abuela.  

Yo que soy harto curioso y que les manejo un nivel de morbo entre aceptable y enfermizo decidí echarle un vistazo. El sitio sin ninguna restricción ni previo aviso mostraba una serie de videos más que pornográficos. Todos los videos eran caseros, es decir hechos por ingenuas mozuelas que no tenían nada que ver con la industria de la pornografía. Todas estas damas, que más que damas eran cuasi pubertas, unas incluso evidentemente menores de edad, seguramente hicieron estos videos sin la intención de que terminaran en un sitio como este al alcance de cualquier viejo cochino. ¿Cómo terminaron los videos en ese lugar?, no lo sé, quizás el estúpido novio lo subió, quizás la nena extravió el celular y este cayó en las manos de algún gandul, o quizás, cabe la posibilidad, la descomposición es tal que las mismas criaturas y criaturos lo subieron para mostrarse.


Esta es una pequeña muestra de lo que encontré
en ese sitio de internet.

Algunas se graban frente con su camara web mientras chatean.

Otras se graban con su celular y luego comparten el
video con sus novios.

Otras son grabadas por sus parejas a veces sin su
consentimiento.


Me sorprendí de ver la enorme cantidad de videos que hay, es decir, la enorme cantidad de escuinclas babosas que no terminan de entender que esto no lo deben de hacer porque tarde que temprano esas fotos o videos terminan al alcance de todos. La información la tienen, todas conocen de casos como estos, y aun así son convencidas por algún patán para hacerlo. No me puedo imaginar la vergüenza por la que atravesaron estas niñas al saber que su video anda suelto por la red. Todos los que son de mi putrefacta edad si alguna vez pasaron por la enorme vergüenza de que su madre les descubriera una revista pornográfica bajo el colchón saben lo que se siente, ahora imaginemos que hubiera pasado si los personajes de la revista porno hubiéramos sido nosotros, seguramente nos hubiéramos muerto de la pena y hubiéramos querido que nos tragara la tierra. Pues eso deben de sentir estas nenas cuando se enteran de que su video puede ser visto por cualquiera, incluso por alguien muy cercano a ellas. Por más que la moral esté tan relajada en estos días, no creo que a ninguna de esas mujeres les sea indiferente el hecho de mostrarse en pelotas ante sus semejantes.

Hoy cada celular es una cámara fotográfica y de video, me imagino que eso debe de ser una eterna tentación para los jóvenes, es más yo creo que de joven yo hubiera hecho lo mismo si hubiera tenido a mi alcance un celular con estas características. Pero de eso a subirlo a la red y compartirlo, eso sí me parece un acto muy cobarde, muy manchado.

A mí siempre me ha gustado la fotografía, desde muy chavo soñaba con hacer grandes fotos, incluso desnudos. Varias de mis novias aceptaron posar para mí sin ropa, nunca las forcé, ellas aceptaban gustosas porque sabían que podían confiar en mí, que nunca se las iba a mostrar a nadie. Pero eso ellas creían saberlo porque igual yo podría haber traicionado su confianza portándome como un patán escudado en mi inmadura y puberta edad (15-16 años), afortunadamente nunca lo hice y hoy me siento orgulloso de eso. Por eso más vale no hacer algo de lo que se puedan arrepentir toda la vida, y es que la red es una cruel memoria imborrable que los seguirá por siempre.

Yo tengo una hija y desde muy muy chiquita tomé la decisión que la mejor manera de alejarla de esto era mostrarle videos de este tipo. Durante mucho tiempo me cuestioné si había hecho lo correcto, hoy al tiempo creo que hice bien. Hoy mi hija ya casi es un adulto y creo que mi niña es muy consciente de sus actos. No hay recetas para educar, no hay un manual de padres, pero creo que la comunicación es básica y muy importante en cuanto a la sexualidad.

La página en la que terminé tenía ligas (links) que llevaban a otras páginas similares, llenas de videos iguales, lo que me hace pensar que esto pasa todo el tiempo, más de lo que nos imaginamos. Terminar con este tipo de sitios me parece que es una tarea inútil, lo mejor es educar, advertir de los riesgos. Yo solo buscaba una definición, una simple etimología, y ya ven terminé viendo un montón de escuinclas babosas enamoradas mostrándose para sus novios, así de fácil y de accesible es la humillación de estas mujercitas. Los que tienen hijos pequeños están a tiempo de hacer algo, de prepararlos para un futuro que cada vez a mí me asusta más, y no sé si es porque estoy hecho a la antigua o porque simplemente la descomposición social crece cada día más. A mí los desnudos no me asustan, incluso creo que la pornografía cumple una función social, lo que no me gusta es la explotación de las personas a través de engaños o coacción.

Luego de todo esto no solo aprendí el correcto uso de unas palabras, aprendí también que el amor y la inexperiencia nos hacen cometer muchos errores, errores que antes, como les dije, el tiempo se encargaba de enterrar, de poner en el olvido, pero hoy el internet nos seguirá por siempre recordando  nuestros errores cual trinche estigma. Por eso, señoritas, jovencitas, escuinclas babosas, por favor… ¡mucho ojo!

Recuerden que todo lo que suban a la red los perseguirá por siempre.
Piénsenlo dos veces antes de hacerlo.


Otro día con más calmita… nos leemos.



jueves, 26 de mayo de 2016

Feria de las Culturas Amigas 2016




Luego de haber estado en dos museos y de una visita relámpago cuasi pagana a Catedral fui tocado por la curiosidad, esa misma que mató al gato. Y es que al salir de la majestuosa Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, ciudad que habito junto con otros cuantos millones de tenochcas,  me encontré con eso que tanto presume nuestro ilustre Jefe de Gobierno, eso que pomposamente llaman “La Feria de las Culturas Amigas”.

Anteriores visitas a este conglomerado de “culturas” ya me daban una ligera idea, o por lo menos una pista, de lo que podría encontrar allí. ¡Ah!, pero como les dije anteriormente: “la curiosidad mato al gato… al gato e ingenuo de mí”. Pues nada, que ya estando ahí en la Plaza Mayor, o Zócalo como le llama el populo, pensé que debería darle una tercera oportunidad a la dichosa Feria de las Culturas Amigas.

Era domingo, aproximadamente las 5 de la tarde, el calor era dantesco (o sea del carajo), mis pies ya pedía tregua luego de la caminata por los dos museos y las calles del Centro, y así, todo disminuido de mis facultades físicas más no mentales, me encaminé hasta el acceso al pabellón circular que en esta ocasión dispusieron para la Feria.

Al entrar a ese lugar lo primero que llamó mi atención fue un fuerte olor como a pescado, una verdadera majadería para mi agudo olfato. Por más que me esforcé haciendo uso de mis “seis” sentidos nunca pude identificar cuál era la fuente de ese particular olor. Resignado seguí caminando hasta incorporarme a un pasillo circular el cual tenía en sus extremos una serie de locales o stands en los cuales las famosas culturas amigas exponían sus artículos y alimentos nativos.

Había tanta gente ahí adentro que lo único que tuve que hacer fue dejarme llevar cual naufrago por esa marea de pelados que transitaban en un solo sentido. Mientas caminaba en ese ritual que irremediablemente me recordó a esos millones de musulmanes que giran alrededor de la Kaaba en sus famosas peregrinaciones a la Meca yo intentaba ver algo de lo expuesto en los stands, pero la muchedumbre era tanta que lo único que veía eran paisanos y más paisanos intentando hacer lo mismo que yo. Hubiera sido más fácil conseguir la visa de Estados Unidos teniendo antecedentes penales y estando la lista de los más buscados del FBI que poderse acercar por lo menos a un metro de lo expuesto en los locales.

Mis conspicuos congéneres al tiempo que caminaban en esa peregrinación circular deglutían alimentos preparados de manera improvisada en los stands. Las bebidas exóticas y forasteras preparadas bajo los estándares más estrictos de salubridad (estoy siendo sarcástico por si no se han dado cuenta) refrescaban a los sedientos. Todo esto, bebidas y viandas, era servido en elegantes platos de unicel y vasos de plástico. Pero eso parecía no molestarle a los sibaritas allí reunidos que gustosos jambaban y libaban aquellos manjares. Esa bajilla y cristalería desechable, obvio, terminaba tarde que temprano siendo depositada en el suelo.

Luego de caminar unos metros por el pasillo de la Feria de las Culturas Amigas me entró el famoso Síndrome del Vagón a Auschwitz, síndrome inventado por su servidor, por lo que comencé a sofocarme y a entrar en un inquietante estado de engentamiento cabrón. Antes de verme en las regaderas de gas, que no hubiera sido una mala idea para terminar con la sobrepoblación pelada de la ciudad, decidí pasar a retirarme cuanto antes. Al final del tunel vi una luz y hacia allá me encaminé corriendo, gritando y empujando, así tal y como mandan las normas de protección civil, creo.

Cuando logré salir y pude al fin respirar aire puro, con su respectiva dosis de partículas suspendidas y ozono, sentí que el alma regresaba a mi sudoroso cuerpo. Esquivé un montón de basura, le hice cazuelitas pérsicas a unos oficiales que amagaban con amonestarme si seguía tomando fotos de aquel muladar, y finalmente me retiré del lugar en busca de un oasis en el cual pudiera descansar y rehidratarme al tiempo que era convidado con ricas botanas.

Mientras descansaba y reflexionaba en aquella vieja cantina del Centro llegué a la conclusión que lo mío no es el contacto físico con las hordas de pelados, lo mío es la gente pero en dosis precisas y controladas, sin importar su condición. Creo que si yo no tuviera las posibilidades de viajar para conocer otras culturas, como legítimamente lo puede desear cualquier persona, lo mejor sería comprarme un “Turista” y sentarme a jugar con mis amigos en la comodidad de mi Principado, por lo menos eso sería más cómodo y menos insultante para mi quisquilloso y chocantito olfato. Pero en fin, cada quien es libre de asistir a donde quiera, yo, por lo pronto, ya no pienso darle una oportunidad más a la famosa Feria de las Culturas Amigas.







Otro día con más calmita… nos leemos.   

martes, 17 de mayo de 2016

Dibujando corazónes y comiendo Triki-trakes




Como ya tenía varios días de no ver a mi hija por culpa del exceso de tarea que le dejan, esta tarde decidí pasar a su casa para hacerle por lo menos una visita exprés. Antes de llegar me compré mi vasote de café para poder platicar a gusto con ella.

Le toqué el claxon y ella salió corriendo entre la lluvia, se subió al carro y me puso esa cara de niña feliz que tanto me chifla. Desde el momento en que me saludó sentí como que aquello era un flashback, un especie de déjà vu. Y es que por un instante recordé mis lejanos años pubertos en los que en las tardes iba a visitar a mis novias o a mis amigas a sus casas. Ellas salían, obviamente con el permiso de sus papás, y se sentaban a platicar en mi coche mientras escuchábamos música y tomábamos café con Triki-trakes. Muchas veces el pretexto era que yo les explicara algo de la escuela. Para ello me ofrecían un tentador soborno con el objeto de que yo aceptara ir a sus casas, el soborno era obviamente un paquete de Triki-trakes y un café negro sin azúcar. Yo gustoso aceptaba. Otras veces el pretexto era algo tan simple como platicar, echar chisme de lo que había pasado en la escuela. Si se trataba de alguna novia el pretexto era el natural, o sea, el intercambiar fluidos y apapachos mientras escuchábamos mi casete archirequeteromantico de Air Supply o bien alguno de Emmanuel.

A veces llovía, como suele ocurrir cualquier tarde en la Ciudad de México, eso hacía que los cristales de mi vocho se empañaran. Luego, cuando los cristales estaban completamente empañados, entonces comenzaba mi momento artístico, mi momento creativo. Empezaba a crear verdaderas obras de arte dibujando con el dedo sobre los cristales empañados del coche. Los temas siempre eran los mismos, me encantaban, y les encantaban, eran los Baby Muppets, era el Pato Donald, eran monigotes iguales a los de la revista Mad. A veces, si el momento romántico y cursi lo ameritaba dibujaba el clásico corazón con las iniciales de la romántica pareja en cuestión. Otras veces, confieso, me salía lo vulgar y dibujaba un desnudo nada artístico, una peladez. Pero bueno, el arte hecho a base de vaho es efímero así que no me preocupaba eso.  

Pero el tiempo volaba cuando estaba con mis amigas. Nos faltaba tiempo para contar otro chisme, para reírnos de algún maestro o para comernos a un compañerito. Con mis novias el tiempo pasaba al doble de la velocidad normal (2X). Apenas un beso, o cien, no recuerdo cuántos, el chiste es que siempre nos quedábamos con ganas de más. Pero la mamá, o peor aun el papá, desde una ventana siempre comenzaban a mosquear o hacerle señas a mi amorcito para que ya se metiera a buen resguardo. Sin más remedio y respetando a los padres, eran otros tiempos, yo me despedía por ese día y soñaba con que llegara lo más pronto posible la próxima tarde-noche.

Hoy platiqué con mi hija como lo hacía con mis amigas y mis novias en aquellos años. Nos reímos, hablamos de su escuela, dibujamos sobre los cristales empañados del coche, tomé café, y ni modo, igual que antes, me tuve que despedir justo cuando la plática estaba en lo más interesante. A mi hija ya le había contada de esas maravillosas tardes de mi adolescencia, de los famosos sobornos de café con Triki-trakes. Lo encantador, lo que me hizo amarla más, si es que se puede llegar a amar más a una hija, fue que luego de despedirse con un beso me dijo: “gracias por venir papá, te amo, te prometo que para la próxima vez te voy a comprar tus Triki-trakes”.

Mi hija se bajó del coche, corrió entre la lluvia hasta su casa, se despidió de nuevo con un beso a la distancia, y yo me quedé por un momento allí pensando en lo rápido que ha pasado el tiempo. Pareciera que apenas ayer visitaba a mis amigas de la prepa, hoy, hoy en cambio visito a mi hija la universitaria. Sí, son muchos años, pero sin duda… ha valido la pena.


Otro día con más calmita... nos leemos.


lunes, 9 de mayo de 2016

Cosas de aquellos tiempos - Cosas de estos tiempos



Cuando yo iba en la secundaria el director de la escuela se paraba en la entrada para ver que los alumnos se presentaran a clases de una manera pulcra e impecable. Por supuesto que yo no lo hacía y “Matute” (como le decíamos al director) tiro por viaje me regañaba y me hacía alinearme. A mí no me gustaba traer la camisa fajada así que el director no me dejaba entrar a la escuela hasta que me la metiera dentro pantalón, claro que en cuento llegaba a mi salón la camisa en automático salía y yo volvía a adoptar mi look pandroso. El otro eterno problema con él era que yo era feliz andando greñudo, de hecho no me gustaba ni peinarme, así que de nuevo el director se echaba un tiro conmigo  todos los días amenazándome que no me iba a dejar entrar si no me cortaba el pelo.

Hoy los tiempos son otros. El otro día leí que un padre de familia había demandado al director de una escuela por discriminación, y no solo demandó sino que ganó la demanda. Resulta que el director le había impedido la entrada a un niño por traer el pelo largo. Podrán acusarme de antiguo, vetusto y arcaico, pero hoy yo le doy la razón al director. Es cierto que no hay que juzgar a las personas por su imagen, pero también es cierto que cuando los papás no cooperan con la educación de los hijos los maestros forman parte importante de esa educación. Y la verdad yo no me imagino una escuela en donde los niños estén tatuados, llenos de piercings y con las uñas pintadas de negro. Creo que cuando ellos ya sean adultos y tengan la madurez necesaria podrán hacer lo que quieran con su imagen pero mientras son unos pubertos imberbes es responsabilidad de los padres mostrarles que vivimos en sociedad y que por ende tenemos que observar ciertas reglas. Sí ya sé que sueno como viejito, pues qué quieren… ¡soy viejito!

Yo le agradezco al mi querido director “Matute” porque, como siempre ocurre en estos casos, con el tiempo descubrí que tenía razón y que me hicieron mucho bien todas esas actitudes cuasi “dictatoriales” que tuvo para conmigo. Durante varios meses el director me obligó a ir todos los días a la dirección para que él revisara personalmente mi uniforme y mi corte de pelo, cosa que yo hice y que hoy le agradezco.

Ni hablar don Susanito, nos estamos haciendo viejos.


El director Infante (Matute), mi viejo
diseñador de imagen. jeje


Otro día con más calmita... nos leemos.