lunes, 27 de julio de 2015

Mi primera vez con el Soumaya




Es una verdadera pena que el museo Soumaya tenga ya tanto tiempo que abrió sus puertas al público y yo que me jacto de conocerme casi todos los museos de esta tenochca ciudad aun no lo conociera. Recuerdo que quise ser de los primeros en conocer este museo, más sabiendo que el patrocinador oficial y mecenas de este bonito remanso de arte era mi payino Carlitos Slim, el problema fue que el día que hice acto de presencia en el museo aun no abría sus puertas porque como diría el peje “le estaban dando su chuleadita” y pues me tuve que quedar con un palmo de narices. Luego el tiempo pasó y por una u otra razón (léase hueva y desidia) nunca regresé hasta apenas hace poco en que una fuerza superior a mí (la beatlemaniaca de mi hija) me llevó de nuevo allá.

Pues sí, fue el orgullo de mi nepotismo quien me pidió encarecidamente y casi a punta de pistola que la llevara a la exposición temporal de memorabilia de The Fab Four (Los Bicles) que se encuentra en el museo; y yo que soy más ruco que mi hija, y por lo tanto más beatlemaniaco que ella, accedí gustoso y presto.

Luego de aplazar en varias ocasiones la visita al Museo Soumaya por cuestiones de logística (léase ahora las pinches y consuetudinarias marchas de esta ciudad) finalmente llegó el día en que padre e hija pudimos satisfacer nuestra apetito de Beatles. Y ahí estábamos bajos los rayos del sol esperando en las escalinatas del museo a que avanzara la fila, mi hija llevaba puesta, como buena nerd beatlemaniaca, una camiseta del cuarteto de Liverpool muy ad-hoc a la ocasión, yo, procurando verme menos teto solo llevaba tatuado en mi corazón a John, Paul, George y Ringo. A esta aventura nostálgica-retro-vintage se sumó la Sacrosanta quien confiesa que solo le gustan un par de canciones de los melenudos esos.

Una de las cosas más maravillosas que tiene el gran Museo Soumaya es su gratuidad, y es que es completamente gratis, cosa que en estos tiempos de devaluación y carestía se agradece y se aplaude de sobre manera.

No hay nada más bonito que ver los museos pletóricos de chiquitines y chiquitinas, así como de cebollines y ciruelitas (adultos mayores), y este era el caso, en la fila para entrar al museo había de todo, todo un abanico de edades, clases sociales, géneros y especies de seres vertebrados. Y bueno mientras estábamos en la fila, yo, para no perder la costumbre, realizaba mis “observaciones de la vida social” al más puro estilo de Montesquieu, criticaba pues, pero en buen plan. Por cierto, todo un espectáculo ver la arquitectura del lugar, el museo en sí ya es una obra de arte, esto se lo debemos al arquitecto mexicano Fernando Romero quien dicen se inspiró en la obra escultórica de Rodin.


El arquitecto Fernando Romero es el responsable de esta belleza. 


Luego de pasar los correspondientes puntos de revisión y seguridad mi hija tuvo la encomienda de investigar en dónde se encontraba la exposición de los Beatles que era la que nos estaba comiendo el seso. Y ahí, justo en nuestras propias narices se hallaba, en un pequeño y acalorado espacio. Al pasar por la puerta, una persona de seguridad más que amable me ofreció una silla de ruedas para mi Sacrosanta madre, misma que agradecí pero rechacé conociendo a mi orgullosa y digna jefecita quien aun se resiste a poner sobre ruedas su esquelético cuerpecito. Mi hija en cuento cruzó la puerta quedó fascinada al escuchar algunas rolitas de los Beatles que venían de la proyección de sus videos. Sus beatlemaniacos ojitos pizpiretos le brillaron al descubrir varios discos LP de vinilo que se encontraban en exhibición. Fue directo a ellos, los vio, los envidió, y luego se conformó sabiendo que en mi testamento ya está contemplado el que varios de esos discos que tengo en mi poder pasen a sus manos el día que yo pele mis pollos. Vía de mientras ya le heredé en vida un par pa’ que no vaya a andar deseando mi muerte, digo, no vaya a ser.  

El espacio como les decía era realmente pequeño, he de confesar que quedé algo decepcionado, y es que yo pensaba encontrar objetos con más valor histórico por tratarse de un museo, algo así como por ejemplo una guitarra autografiada por alguno de los integrantes o ya de perdis restos de sangre con el ADN de John recolectados afuera del edificio Dakota, pero no, básicamente eran souvenirs que bien pudieron pertenecer a cualquier fanático medianamente aplicado. Pero bueno, los Beatles son los Beatles y se agradece el esfuerzo y la intención, uno como buen beatlemaniaco se hinca y reverencia lo que sea, cosa que hicimos mi hija y yo. Mi madre por su lado, nada tonta, opto por sentarse a descansar mientras veía los videos de The Beatles que se proyectaban en una pantalla.










Luego de experimentar ese momento cuasi religioso con nuestra banda favorita, mi hija y yo nos dispusimos a recorrer el museo con la bonita intención de encontrar algo interesante, algo en extremo piocha para redondear la visita al museo. De entrada, y en la entrada, el visitante al Museo Soumaya es bien recibido por la escultura de “Le Poète”, mejor conocido como “Le Penseur”, y todavía más mejor conocido como “El Pensador” de Rodin. Yo de antemano ya sabía que una buena parte de este museo estaba dedicado al gran escultor Auguste Rodin cosa que me encantó, porque desde que yo tuve la fortuna de conocer el Museo Rodin en Paris quedé prendado del talento y arte de este insigne hombre galo. Así que sin chispar nos informamos en donde se encontraba expuesta la obra del maestro Rodin y nos dirigimos hacia allá.

La Era de Rodin se exhibe en la Sala 6 del museo, prácticamente hasta la azotea. Para llegar hasta allá tomamos el elevador hasta el quinto piso para luego continuar por una rampa que da acceso a la Sala 6. Para estas alturas del recorrido la digna de mi madre comenzó a refunfuñar y a arrepentirse de no haber aceptado la silla de ruedas, después de todo sus 83 años ya pesan. Sin embargo, como siempre ocurre con ella, en cuanto tuvo a la vista esa maravillosa sala pletórica de obras de arte su estado de ánimo cambió y se transformó en algarabía desbordada. Sacó fuerza de no sé dónde y metió segunda para terminar de subir lo más rápido posible la rampa. Una enorme cantidad de esculturas nos recibieron, algunas, la mayoría, de Rodin y Dalí, dos de los favoritos de mi madre. Mi hija que también “amadora” a Salvador Dalí, inmediatamente reconoció algunas de sus obras (por obvias razones) y corrió hasta ellas para admirarlas de cerca. Yo me fui derechito hacia una de las obras principales del recinto, las Trois Ombres (las Tres Sombras), escultura que corona la maravillosa y dantesca Porte de l’Enfer (Puerta del Infierno) del maestro Rodin de donde por cierto salieron varias de sus esculturas más conocidas, entre ellas, por supuesto, El Pensador. En la Divina Comedia de Dante las tres sombras eran las almas que se encontraban a la entrada de los Infiernos y que señalaban una inscripción que decía: “Vosotros que entráis, abandonad toda esperanza” (cualquier parecido con Auschwitz-Birkenau es mera coincidencia). En fin, esa fue una de las esculturas de Rodin que a mí más me gustaron de esa sala junto con las famosas manos “La Cathédrale” (La Catedral) y  “Le Baiser” (El Beso) del cual encontré dos versiones en bronce.


Obra de Salvador Dalí.

Trois Ombres (Las Tres Sombras) de Rodin.

Le Baiser (El Beso) de Rodin.


Luego de estar un buen rato contemplando el arte ahí expuesto la vejiga de mi madre tomó la decisión de pasar a retirarnos para ir en busca de un WC. Mi intención era visitar por lo menos otra de las salas del museo, en especial la Sala 4 en donde se encuentra la exposición permanente Del Impresionismo a Las Vanguardias. Hicimos mutis de la Sala 6, descendimos por la rampa, tomamos de nuevo el elevador, y listo, llegamos a nuestro nuevo destino. Ya en la Sala 4, lo primero a admirar fueron los retretes de los baños, mismos que encontramos harto limpios y bien dispuestos, luego, ya con la vejiga descansada comenzamos el recorrido.

Una de las corrientes de arte que más me chiflan es el Impresionismo, y en especial la obra de Pierre-Auguste Renoir, ya saben, mis gustos a veces suelen ser muy jotitos, y este es el caso. Bueno pues cuando descubrí que ahí se encontraban un buen numero de pinturas de Renoir no pude evitar emocionarme cual alcohólico en vinatería. Mi puberta hija disfrutaba al igual que yo de todas las pinturas allí expuestas, luego de hacer una pausa frente a un grupo de cuadros del catalán Miro de pronto se me adelantó y por un momento la perdí de vista. Yo seguía extasiado frente a las oleos de Renoir cuando de pronto veo venir a mi hija de nuevo hacia a mí toda emocionada, ¿la razón?, había descubierto entre todas esas maravillosas pinturas algunas del gran Vincent van Gogh (mejor conocido como “El Mochaorejas”). Frida Mariana, mi hija, me tomó de la mano y luego de darme tremendo jalón me llevó hasta las pinturas de van Gogh para que las admiráramos juntos. Por su parte mi Sacrosanta absorta disfrutaba de cada una de las pinturas ahí expuestas, haciendo pausa en las de Monet que tanto le gustan.


Mi Impresionista favorito, Pierre-Auguste
Renoir.

Hija e impresionistas juntos... y yo feliz.

La firma de Claude Monet, nada más y nada menos.

La presencia de Vincent van Gogh.


La estábamos pasando bomba en el museo, aun nos faltaba por recorrer más de la mitad de esa sala cuando de pronto, como dicen los polis, me “percaté” de la hora y tuve que, con la pena, emprender la retirada por compromisos contraídos con anterioridad.

Yo siempre he pensado que los museos hay que disfrutarlos y no padecerlos, por eso soy de la idea que un museo nunca se debe recorrer cuando uno ya está cansado o saturado, es mejor dejar el resto para otra o muchas otras ocasiones, más aun cuando tenemos la fortuna de tener esos museos prácticamente a la mano, que no sería el caso si estuviéramos de visita en otra ciudad o país. Así que por lo pronto le puse “pausa” a mi visita al encantador Museo Soumaya prometiéndome que pronto voy a regresar para continuar mi visita hasta peinar prácticamente en su totalidad el museo el cual tiene mucho, pero mucho más que mostrarme.

Por último, amigos del Museo Soumaya, mil gracias por ser tan buenos anfitriones y por esa generosidad cultural que ofertan a los amantes de la belleza como su servidor… y si no es mucha molestia, pronto, muy pronto, les estaré dando lata de nuevo. ¡Gracias payino!


Otro día con más calmita… nos leemos. 

domingo, 19 de julio de 2015

Hoy me dueles tía




La Tanatología según el diccionario es el conjunto de conocimientos relacionados con la muerte, con sus causas y sus fenómenos. Un tanatólogo es el experto en esta materia, aquel que ayuda a las personas a lidiar con sus pérdidas. Pero la tanatología no entiende nada de sonrisas, de caricias, de abrazos, de una larga vida compartida. La tanatología desconoce el sonido y el significado de la palabra “hijo”, sobre todo cuando esta se le dice con cariño a un sobrino. La tanatología no puede ayudarle a un corazón fracturado cuando este ha sido permanentemente tatuado por el amor de una persona. Recuerdos como una sopa de papa, un largo viaje o el despertar con el sonido de las maderas de una marimba siempre serán más poderosos que un conjunto de métodos y técnicas bien intencionadas. Un beso de despedida, el último beso de despedida, quedará fijado en la mente y el corazón hasta el final de los tiempos, a pesar de la tanatología. La tanatología no quiera el dolor, quizás ayuda a vivir con él, a sobrellevarlo, pero quién quiere vivir con el dolor como compañero, yo no. La tanatología sale sobrando ante el profundo amor que une a dos personas y que sobrevive a todo, incluso a la muerte. Por eso yo no quiero escuchar para nada la palabra tanatología, no me interesan los tanatólogos, no quiero oír nada de resignación, de aceptación. Me resisto a ser sumiso a mis perdidas, a conformarme, me rebelo ante la ausencia de un ser querido; mi amor, mis recuerdos y yo retamos a la muerte, al olvido, nos sabemos superiores a todo, a ellos. Cierto, ahora me duele, y me duele mucho, pero como siempre, en complicidad con el tiempo, sabré manejar este dolor, transformar este dolor en algo mejor… en la Inmortalidad.


Tía amada, bienvenida a mi panteón de seres inmortales. Te amo.

martes, 7 de julio de 2015

Mad Max: Fury Road




Estaba bien escéptico con esta película, no podía quitarme de la mente la impresión que me dejó la versión original allá a principios de la década de los 80s cuando yo todavía era un prepuberto. Y no es que aquella película hubiera sido una obra maestra, no, de hecho era un churrote, una película australiana de acción y ciencia ficción de muy bajo presupuesto, pero tenía algo que la distinguía del resto de películas de acción de aquellos años, de aquellas taquilleras de Burt Reynolds que tanto nos chiflaban por sus persecuciones en autos harto piochas. Pero “Mad Max” tenía algo diferente, quizás la visión futurista apocalíptica del director George Miller, el mismo de esta nueva versión.

Aquella película, como todos saben, sirvió para catapultar a uno de los actores más taquilleros de Hollywood, el buen Mel Gibson. Fue en esa película donde seguramente Gibson comenzó a experimentar sus caras de loco que tanto lo han caracterizado a lo largo de su carrera, ¿recuerdan las de “Lethal Weapon”? Pero bueno, les decía que me resistía a ver esta nueva entrega de la franquicia porque pensé que se trataba de un intento más de hacer dinero reviviendo lo que aun está vivo, vivo por lo menos en la memoria de todos los adultos contemporáneos en avanzado estado de putrefacción (como yo) que aun recordamos al viejo Max y su amigo Jim Goose. Pero estaba equivocado, y me da gusto decirlo, porque luego de ver “Mad Max: Fury Road” comprobé, contrario a lo que pensaba, que esta película no tiene nada que ver con la de 1979. Esta nueva entrega se parece más a las secuelas, a “Mad Max 2” y “Mad Max: Beyond Thunderdome”. Y aun así, no es lo mismo, esta tiene lo suyo, un Max con una personalidad completamente diferente a la de Gibson, este es más callado e introvertido. Ahora, con más presupuesto y mejores efectos, Miller puedo darse vuelo en sus persecuciones con harta bala y explosion, y si a esto le sumamos un grupo de bizcochitos bastante potables que desfilan en la pantalla, pues ahí tienen los ingredientes básicos para hacer una película de acción que le chifle a la mayoría de los seres vertebrados del genero hombre macho masculino (del verbo no te agaches porque te ching...).

Por supuesto que esta película está muy lejos de ser una película de culto, por más que se quiera, nada que ver con películas de ciencia ficción legendarias como “Blade Runner” (ánimas que nunca se les ocurra hacer una nueva versión); pero bueno, esta película es buena y harto divertida, se puede ver sin ningún esfuerzo intelectual, poniendo el cerebro en automático y dejándose llevar por el espectáculo visual y sonoro de la película. Mi recomendación es que la vean, se la van a pasar bien sobre todo si por su organismo corre una buena cantidad de testosterona.


Yummy yummy!

Charlize Theron.


Otro día con más calmita… nos leemos. 

jueves, 2 de julio de 2015

Jacobo Zabludovsky, adiós al MAESTRO


JACOBO ZABLUDOVSKY
1928 - 2015


Apenas hace una semana comentaba con mi Sacrosanta el deleite que era escuchar a Jacobo, ya fuera hablando de él o de otra persona, en alguna entrevista. Incluso antier le platicaba a mi hija la maravillosa entrevista que le había hecho Jacobo Zabludovsky a Dali, cosa nada fácil conociendo el genio, el temperamento y la complicada personalidad “psiquiátrica” del maestro. Y es que yo siempre lo he dicho, en todo momento y a lo largo de toda mi vida, para mí no hay mejor entrevistador que Jacobo Zabludovsky. Por supuesto que afirmar esto siempre me ha traído criticas y reproches, sobre todo últimamente con todos esos neonatos mentales de las redes sociales que se siente subversivos y contestatarios tan solo porque repiten lo políticamente correcto en las redes sin tener el más mínimo conocimiento del tema.  

Yo siempre he pensado que antes de juzgar a Jacobo Zabludovsky como periodista, reportero o informador hay que ubicarlo en su justo contexto de tiempo y espacio, porque no es lo mismo despotricar hoy en día en contra del Presidente en turno como lo hacen muchos pseudoperiodistas (ahí te hablan Carmen) que haberlo hecho por ejemplo en tiempos de Díaz Ordaz o Echeverría. En aquellos años si es que se quería trabajar en ciertos medios de comunicación había que aceptar y entender la censura velada y a veces descarada que imponía el Gobierno a los dueños de aquellas empresas y a sus empleados. La única manera de darle la vuelta a aquella cerrazón era usando la inteligencia y la “sutileza” a la hora de informar, y creo que para eso Don Jacobo se pintaba solo.

Cuando yo nací Jacobo ya era el periodista más importante en la televisión mexicana, de hecho el nació profesionalmente junto con la televisión mexicana, allá en el edificio de la Lotería Nacional en donde estuvo el primer canal de televisión, el canal 4 de la familia O’Farrill. Así que para cuando yo llegué a este mundo Jacobo ya tenía su noticiero, primero en las mañanas y luego por la noche con el icónico noticiero “24 Horas”; y así lo recuerdo, con sus enormes audífonos, su telefonista, su frase “¿Ya llegó Paula?” (Paula Cusí quien luego se convirtió en la esposa de “El Tigre” Emilio Azcárraga), y por su puesto su simpático caricaturista Vic. Después con el tiempo a la sección de deportes llegó Heriberto Murrieta, “El Joven Murrieta”  como el mismo Jacobo lo bautizó. Por su noticiero también desfilaron Lolita Ayala y Fernando Schwartz entre muchos otros. El noticiero 24 Horas es sin duda un referente imprescindible de la televisión mexicana.

Pero como les decía, cuando yo disfrutaba más a Jacobo era en sus entrevistas, contando sus anécdotas, platicando con sus amigos o hablando de su amado Centro, y digo Centro y no Centro Histórico porque el “apellido” Histórico se lo pusieron apenas recientemente, pero para mí así como para él, el Centro siempre será el Centro, así, sin apellidos ni nada. Y es que era una delicia escuchar a Jacobo hablar de su infancia en la Merced, de la vida, de su vida por las calles del Centro de aquellos años.

Nadie podrá negar que Jaboco era un hombre sumamente culto, un gran lector. También era un amante de la música, del tango en particular. Taurino de toda la vida, amigo de grandes toreros, su favorito Lorenzo Garza, aquel matador regiomontano al que se le conocía como el “Ave de las Tempestades”.  Jacobo era en resumen un excelente periodista, entrevistador, cronista, charlador, lector, melómano, taurino, y muchas cosas más, pero principalmente, dice la gente que lo conoció de cerca, era un gran amigo. En alguna ocasión lo escuché decir que para él antes que la noticia estaba la amistad, y que él jamás traicionaría una amistad por ganar una exclusiva o por dar una noticia. Esto para muchos podría ser cuestionable, sobre todo hablando profesionalmente, pero para mí es bastante plausible y valiente el hecho que él lo reconociera abiertamente. No solo fue un gran amigo, también fue un gran padre, y para muestra basta un botón: cuando su hijo Abraham Zabludovsky renunció a Televisa luego de que le negaran la titularidad del noticiero de la noche, Jacobo de inmediato se solidarizo con él y también renuncio a su casa de trabajo, la casa de toda su vida, Televisa.

Yo tuve la oportunidad de conocerlo en persona en dos ocasiones, una vez, tenía que ser, en el restaurante taurino “El Taquito” del Centro en donde pude estrechar su mano e intercambiar algunas palabras. La segunda vez que lo vi fue en la famosa cantina de Coyoacán “La Guadalupana” en donde departía con varios de sus amigos, seguramente todos inteligentes e interesantes. Siempre me llamó la atención lo impecablemente vestido que andaba, y sobre todo su figura tan erguida que lo hacía ver como un "maniquí".  

En fin, me lamento no haber escrito esto hace una semana como me lo había propuesto, porque ahora podría parecer que no soy lo suficientemente sincero y honesto con lo que escribo, sobre todo si entendemos que cuando alguien se va normalmente se habla bien de esa persona, pero no es el caso, para mí todo lo dicho lo he pensado siempre, independientemente de que hoy el maestro Jacobo Zabludovsky “se nos haya adelantado en el camino”, como dirían los clásicos.



Descanse en paz Jacobo Zabludovsky… buen viaje MAESTRO. 

viernes, 26 de junio de 2015

Miguel Angel y Leonardo da Vinci en Bellas Artes... ¡formense!




La Doña decía: “a mí lo que me cuesta mucho trabajo ya no me gusta tanto”, y yo soy del mismo modo de pensar… igual de mamón pues.

Francamente creo que ya me pueden ir poniendo falta en el Palacio de Bellas Artes porque no creo que vaya a ir a las exposiciones de Mickey y Leo por más importantes que estas sean, y es que no estoy dispuesto a lidiar con chingomil personas oligofrénicas a las cuales en su vida les ha interesado el arte y mucho menos el Renacimiento, ¡ah, pero eso sí!, van cual zombies a donde la mercadotecnia, la publicidad, el “teacher” y las redes sociales les dicen. No estoy dispuesto a soportar la insufrible monserga de los cientos de miles de estudiantes de primaria y secundaria a los cuales se les obliga a asistir a los museos solo para cumplir con un trámite llamado “tarea”. A estos críos poco les importa lo que tienen enfrente, únicamente van a copiar en sus cuadernos lo que dicen las cedulas de la obras impidiendo que el resto de la gente pueda admirar lo verdaderamente importante, lo maravilloso, lo extraordinario… ¡las obras de arte!

Es cierto que el arte no debe de ser elitista, es cierto que el arte debe de acercarse al pueblo, es cierto que una de las funciones de los museos es divulgar la cultura y el arte, y es cierto que muchos de los obligados a ir terminan quedándose en el mundo de la cultura por gusto propio, pero también es cierto que muchos solo van a hacer bola y a enchinchar quitándole la oportunidad a aquellos a los que si les interesa la exposición. Alguna vez me tocó ver en el Zoológico de Zacango a un grupo como de 25 personas haciendo tremenda alharaca por algo que descubrieron en uno de los prados, yo curioso me acerqué a ver de qué se trataba y cuál sería mi sorpresa cuando vi que el objeto de su éxtasis desbordado era una trinche ardilla. Yo no daba crédito, frente a ellos había una pareja de majestuosos rinocerontes blancos y ellos los ignoraban olímpicamente por contemplar a una trinche y vulgar ardilla negra. Así de “curioso” (por decir lo menos) es el comportamiento humano.

Por eso, ojalá las personas a las cuales no les interesa el arte, aquellos que en su vida han leído nada del Renacimiento y de estos dos artistas, hicieran un verdadero acto de conciencia antes de ir y se preguntaran si van solo a pasar lista para poder decir que ya fueron o van dispuestos realmente a maravillarse con lo maravilloso, a conocer, a aprender o simplemente a disfrutar del talento de estos dos grandes, si es así, entonces bienvenidas sean las kilométricas filas que se hagan afuera del Palacio de Bellas Artes. Ojalá no se repita el fenómeno Kusama que tantos entuertos y muinas me hizo padecer.


No, no es la cola de las tortillas, es la fila para entrar a ver las
exposiciones de Miguel Angel y Leonardo da Vinci.

 Otro día con más calmita… nos leemos. 

miércoles, 24 de junio de 2015

El Feroz Ataque de los Juangabrielibers




“Juan Gabriel está descuidado físicamente y ya no tiene la voz que tenía antes”… decir esto en youtube me costó casi el linchamiento colectivo a manos de las huestes de comadritas del Divo de Juárez. Pues sí, para mi sorpresa las y los seguidores de Juanga resultaron más bravos y agresivos que los mismísimos fanáticos de Belinda, Anahi, Arjona y Justin Bieber juntos.

Yo siempre he reconocido el talento y el lugar que tiene Juan Gabriel en el mundo de la música, de hecho en el mismo comentario al que me refiero aclaré que su talento era incuestionable, lo que es triste, lamentable, son las reacciones tan agresivas que puede provocar un simple comentario en los “fanáticos”, que no fans, de un artista determinado, en este caso de Juanga. En todo el mundo, pero particularmente en México, somos propensos a idealizar a nuestros artistas y deportistas, el cariño y la admiración que podemos sentir por ellos nos ciega y nos adelgaza la piel a tal punto que nos hace sumamente sensibles a las criticas y a los comentarios que no compartimos.

Muchos de los juangabrielibers que brincaron ante mi comentario seguramente son mucho más jóvenes que yo y quizás no tuvieron la oportunidad de ver a Juanga en plenitud como lo vi yo. A mí, aunque ellos lo duden, me gusta mucho Juan Gabriel, pero no de ahora o de ayer, sino desde hace mucho tiempo. Yo era un niño de 8 años cuando en Chihuahua lo vi por primera vez, él empezaba su carrera y se presentaba en restaurantes y bares de por aquellos lares. Mi padre como trabajaba en el negocio de la cerveza tenía acceso a todos esos lugares y en un par de ocasiones yo lo vi trabajar ahí. Por supuesto que a esa edad me daba lo mismo, de hecho apenas lo recuerdo cantando “No tengo dinero” o “No se ha dado cuenta”. Luego, ya más grande, me tocó ver su éxito en el centro nocturno llamado El Patio, ahí no lo vi personalmente porque todavía era menor de edad, pero mi madre sí y ella me contaba del éxito que tenía cada vez que se presentaba. Luego llegó el tiempo de Premier en donde a mi juicio fue el mejor momento de su carrera, ahí sí lo vi y era increíble el kilométrico y apoteótico show que daba, muy diferente, repito, MUY DIFERENTE a lo que es ahora Juan Gabriel. La voz y el físico, aunque no lo quieran aceptar sus “fanáticos”, eran completamente distintos, y es que “el tiempo no perdona” como él mismo lo dice en una de sus canciones. Luego de Premier lo vi infinidad de veces en los palenques de Texcoco y Monterrey, así como en el Auditorio Nacional e incluso en Bellas Artes. Así que no me pueden decir que no sé de lo que hablo, porque yo junto con él hemos visto pasar el tiempo y, se quiera o no, este ha venido mermando sus facultades como artista, y eso no es malo, es parte de la naturaleza humana. Es indiscutible su descuido físico comparado con otros artistas de su tiempo que han sido más disciplinados, es indiscutible también que su voz ya no es la misma de antes, y por último, también, hay que aceptar que él ya no es lo prolífico que era antes a la hora de componer.


El Juan Gabriel de antes.

El Juan Gabriel de ahora.


Pero bueno, convencer de esto a sus “fanáticos” es gastar saliva a lo tonto, o en este caso bytes a lo tonto, y como no es mi intención convencer a nadie sino simplemente señalar lo inflexibles y cerrados que somos los mexicanos a las críticas, pues mejor hasta aquí le dejo. Juan Gabriel ya tiene su lugar bien ganado en la historia musical de este país, gordo o no, viejo o no, con voz o no, inspirado o no, él siempre será un gran artista, al igual que sus “fanáticos” siempre seguirán siendo sus defensores a ultranza, cueste lo que cueste, incluso a costa de la objetividad. 


Otro día con más calmita... nos leemos. 

viernes, 8 de mayo de 2015

La Casa Azul, la casa del amor.




Al fin hice las paces con el Museo Frida Kahlo… aunque por poco y no. Y es que entre el Museo Frida Kahlo y yo hay una historia de amor y desamor, de entuertos y muinas, de querencias mal realizadas y de pasiones encontradas.

Resulta que siempre me pareció absurdo el hecho de que yo por azares del destino haya podido atravesar el Atlántico para llegar hasta Amsterdan y así poder visitar sin ningún problema la casa y el estudio de uno de mis pintores favoritos mientras que en mi propio país nunca tuve la misma grata experiencia al visitar la Casa Azul de Friducha. En el museo Casa de Rembrandt pude hacer mis fotos sin ningún problema (con las naturales y obvias precauciones de no usar flash), en cambio en el Museo de Frida Kahlo siempre me lo impidieron o me pusieron mil trabas. Además, el costo del museo siempre me pareció un exceso si lo comparamos con el resto de los museos de la Ciudad de México que incluso destinan un día de la semana para dar acceso gratuito al respetable. Pero en fin, el amor de mi hija por la vida y obra de Frida Kahlo y el mío por la del gran Diego Rivera me hizo darle una tercera oportunidad (ya en dos ocasiones anteriores había estado ahí) así que decidí visitarlo aprovechando que mi hija no tenía clases.

La invitación para visitar el Museo Frida Kahlo la tuve que hacer extensiva a mi Sacrosanta madre que es amante de los museos, de todos, se conoce los más importantes del mundo y para ella no hay museo pequeño, y tiene razón. Bajo amenaza de muerte las conminé, a mi hija Frida y a mi Sacrosanta, a que estuvieran puntuales previendo que por ser un día de asueto podría haber mucha gente. Por supuesto que no estuvieron a tiempo, ni mi puberta hija ni mi anciana madre, y si he de ser sincero, yo tampoco. Pero bueno, así son mis mujeres y así soy yo, como los grandes “nunca llegamos temprano ni tarde, siempre llegamos cuando llegamos, y punto”.

Estacionarme fue fácil, eso levantó un poco mi pesimista estado de ánimo y cambio mi actitud de negativa a positiva. Pero poco me duró el gusto, al dar la vuelta a la esquina descubrí en la entrada al museo tremenda fila que parecía no tener final. De inmediato mi carácter explosivo tipo anarquistas se activó y comencé a refunfuñar; mis domadora que ya me conocen y son harto inteligentes hicieron lo posible por tranquilizarme, cosa que lograron.

Resignados caminamos hasta el final de la fila y procedimos a esperar pacientes bajo los rayos del sol. Mientras estaba parado ahí qué más podía hacer sino criticar a los seres vertebrados que tenía a mi alrededor. Me preguntaba qué hacían ahí, me preguntaba si realmente conocían la obra de Frida, si alguna vez habían visitado el Museo de Dolores Olmedo o el Museo de Arte Moderno para ver alguna pintura de Frida. Incluso llegué a sugerir que para ingresar al museo deberían de hacer  una examen de conocimientos básicos de Frida Kahlo para así ganarse el derecho a ocupar el espacio ahí adentro y no estorbar a los que realmente están interesados en conocer cómo vivían esos dos grandes maestros de la pintura. Obvio, mis mujeres al escuchar mi genial ocurrencia solo atinaron a decirme casi a coro – Estas pendejo, cómo crees -, bueno la que lo dijo fue mi madre pero mi hija la acompañó y apoyó con tremenda carcajada. Y si, ahora que lo pienso mi madre tenía razón, fue una sugerencia bastante estúpida pero en mi defensa he de decir que el sol estaba canijo y pudo haber hecho mella en mi siempre ocurrente cabecita.


La fila interminable para entrar al museo.


La espera fue de aproximadamente 30 minutos, espera que me permitió seguir reflexionando sobre el por qué carajos las personas llevan niños de brazos a los museos; pero bueno, basta de criticar que no fui a eso, o al menos no solo a eso. Ya en la taquilla saqué las identificaciones necesarias para los respectivos descuentos, la mía que me acreditaba como miembro honorario de este país, la de mi puberta hija que la acreditaba como estudiante cuasi sobresaliente y la de mi Sacrosanta que la acreditaba como ciruelita octogenaria en plenitud. Por otro lado yo ya iba preparado a desembolsar $60 pesos extras para comprar, ahora sí, mi permiso para tomar fotos dentro del museo y no solo en los jardines. La verdad es que yo no sé por qué le dicen “permiso” si de permiso no tienen nada, es un simple boleto que se compra y ya (no cabe duda que lo que les importaba era el varo y no cuidar la integridad de las obras como argumentaban antes).

La carita de emoción que puso mi hija al cruzar la puerta del museo hizo que desde ese momento valiera la pena la visita. A ella ya la había llevado hace algunos años pero aun estaba muy chica para disfrutar como se debe la visita, además en aquel entonces comenzaba apenas a conocer la vida y obra de Frida, hoy en cambio es toda una experta. Yo por mi parte igual me emocioné en cuanto entré a la primera sala y descubrí algunas obras de Frida, cosa que honestamente no recordaba, según yo casi no había obra de Frida y Diego en el Museo, pero como digo, me emocionó ver que estaba equivocado. Por otro lado mi madre que no tendrá ya buena memoria pero sí harta sensibilidad, comenzó a hacer el recorrido admirando cada una de las pinturas ahí expuestas. He de decir que mi madre se ha leído varias biografías de Frida y especialmente de Diego así que estaba bien enterada de lo que estaba viendo.

Llegamos a una parte del museo en que el acceso estaba cerrado, creo que era la sala 5. Pensé que en ese espacio era en donde se encontraba el comedor, la cocina o alguna de las recamaras de la casa pero afortunadamente me informaron que no, que se trataba de una sala en donde se estaba preparando una exposición temporal. Seguimos las amables indicaciones que nos dieron y regresamos por donde veníamos para seguir con el recorrido. Luego de atravesar uno de los patios de la casa ingresamos a lo que otrora fuera el comedor, comedor bellamente decorado con artesanías, piezas prehispánicas, pinturas y demás cosas harto mexicanas que hacen de ese lugar un lugar propio del estilo de vida de Frida y Diego. Junto al comedor estaba el acceso a una de las recamaras, posiblemente una que ocupó en algún momento Digo ya que colgado en una pared estaba uno de sus overoles y un par de sombreros. Mi hija y mi madre se dieron vuelo posando para mis fotos y yo me di vuelo tomando fotos de aquel maravilloso espacio. Ahí mismo, a solo unos pasos, se encuentra la cocina, cocina igualmente decorada con harto motivo mexicano. La "estufa" es de las que funcionaban con leña, y aunque ya existían las estufas de gas se dice que a Frida le gustaba cocinar con leña como seguramente lo hacían cuando era pequeña. Me imagino que aquel lugar todo el tiempo estaba impregnado de olores mexicanos, el olor a mole, a epazote, a café de olla, a ajo y cebolla… La figura rolliza del gran Diego me indica que él era una amante de la comida, y la devoción y amor de Frida por él me hace suponer que constantemente ella le daba gusto con sus platillos y guisos favoritos.



Parte del comedor de la casa.

México presente en cada rincón.

La cocina en donde la pareja debió haber pasado mucho tiempo
comiendo y platicando con amigos.

Una de las recamaras de la casa que
seguramente uso Diego en algún
momento.



Seguimos el recorrido y luego de subir por una pequeña escalera de piedra llegamos al encantador estudio que le construyó Diego a Frida allá por los años 40s. Si no me equivoco el estudio se construyo en 1946 y Frida murió en 1954 así que seguramente mucha de su obra se realizó en este acogedor espacio. Contrario a lo que imaginé y a lo que había visto afuera del museo, adentro no se notaba tanto el gentío, de hecho los miles de mocosos que daban lata en la fila parecía que habían sido absorbidos por un portal mágico que los había transportado directamente a la tierra de Narnia, o la chingada, una de dos. Pude hacer mis fotos dentro del estudio sin ningún problema. Mi hija se tomo foto a lado de caballete de Frida, de su silla de ruedas, de sus pinceles y paletas de colores, y de su biblioteca por supuesto.


Las herramientas de trabajo de una artista.

El estudio que construyó Diego a Frida.

Así debió lucir este estudio allá por los años 40s y 50s.

El caballete que sirvió para crear arte.



Enseguida del estudio sigue un pequeño espacio que cuenta con una vista hacia el amplio jardín que estuvo destinado a la "cama de día” de Frida. Seguramente en esta cama pasaba la mayor parte del tiempo ya que además de tener una bonita vista estaba bien iluminada y ventilada. Se dice que fue justo en esa cama donde Frida murió el 13 de julio de 1954 a la corta, muy corta edad, de 47 años. La cama tiene en la parte superior un espejo que seguramente fue colocado ahí para que ella pudiera seguir haciendo sus autorretratos mientras ella estaba tendida sobre la cama. En la colcha blanca que cubre la cama descansa la máscara mortuoria de Friducha enmarcada por un chal muy mexicano. Enseguida a se encuentra la recamara de Frida con una cama idéntica a la “cama de día”. El lugar es pequeño y tiene algunos artículos que seguramente pertenecieron a la pareja, un librero, un tocadiscos, un escritorio (secreter), algunos otros muebles y accesorios, y por su puesto el tocador de Frida. Es justo ahí, sobre el tocador, donde se encuentra una urna de barro en forma de “sapo-rana” (como le decía Frida a Diego) en el que se dice descansan los restos de Frida Kahlo. Al respecto yo tengo mis dudas porque me parece increíble que la urna no tenga siquiera una placa que haga alusión al respecto, vaya ni siquiera existe una vela o una flor que pudieran indicar que ahí se encuentran las cenizas de la gran pintora mexicana. Tristemente para la mayoría de los visitantes la urna con los restos de Frida pasa completamente desapercibida. Conociendo el profundo amor que se profesaron toda la vida Diego y Frida creo que lo mejor hubiera sido que descansaran juntos, pero no, Diego se encuentra en la Rotonda de las Personas Ilustres dentro del Panteón Civil de Dolores y Frida aquí en su Casa Azul de Coyoacán… yo creo que habría que hacer algo al respecto, digo, por el bien del amor.


La Cama de Día donde se dice murió
Frida Kahlo.

Urna en la que se dice están depositados
los restos de Frida Kahlo.

Máscara mortuoria de Frida.



A estas alturas del bonito recorrido fue cuando mis acompañantes empezaron a dar lata, mi ciruelita comenzó a pedir a gritos un lugar pasa desaguar su vejiga mientras que mi puberta hija, todo lo contrario, pedía agua para saciar su sed y llenar su vejiga. Sin más remedio hicimos una parada técnica en los baños y posteriormente en el maravilloso jardín de la Casa Azul en donde nos rehidratamos con líquidos diversos (lástima, no había whiskol o cerveza para moi). Mientras departíamos alrededor de una mesa bajo el cobijo de la refrescante sombra de un árbol, mi hija que siempre está más enterada que yo me dijo que había una exposición ahí mismo con los vestidos de Frida. Ni tardo ni perezoso, bueno perezoso si, la mandé a investigar en dónde estaba dicha exposición. En lo que ella iba con mi encomienda yo aproveché para seguir reposando mi derrière en la cómoda silla al tiempo que mi Sacrosanta madre recordaba todo lo que había leído acerca de la vida de Frida y Diego en esa casa.


En el jardín de la Casa Azul.


Antes de que regresara mi hija yo aproveché para hacerle al Guillermo Kahlo tomando algunas imágenes de la casa y el jardín. Y en eso estaba cuando veo venir a mi bebota con tremenda sonrisa en su cara, sonrisa señal inequívoca del éxito de su búsqueda. Bien dicen que preguntando se llega a Roma, cuantimas a los vestidos de Frida. Al parecer el museo compró la propiedad contigua y ahí, en unos cuartos acondicionados armó la exposición de los vestidos, corsés y demás abalorios de la cejijunta pintora. Por cierto, eso que los que saben llaman la “museografía” en mi opinión falló porque los vestidos estaban muy amontonados y si a eso le sumamos la mala iluminación pues el resultado no era muy bueno ya que no se podían apreciar en su máximo esplendor.


Algunos de los corsés de Frida.

Parte del dolor de la pintora.

Vestidos de Frida.

Siempre orgullosa de su mexicanidad.

Hija de madre oaxaqueña Frida vestía
como tehuana.

Cualquier espacio era bueno para
crear arte.
   

Mientras tanto la gente seguía llegando por hordas, la mayoría los típicos “villamelones” que solo van al museo porque han sido víctimas de la gran mercadotecnia que rodea a la pintora y a los cuales francamente les vale sombrilla su obra, así que tomé la sabia decisión de hacer mutis y pasé a retirarme del lugar. Antes, dos señoritas, por chingomilésima vez, se acercaron a mí para pedirme que les tomara una foto; yo creo que tengo cara de fotógrafo o no sé qué carajos, el caso es que siempre me están molestando con eso, pero yo que soy un ser sumamente encantador y harto amable (especialmente con una pareja de chicuelas extranjeras bien piochas), accedí y les tomé su bonita foto del recuerdo.

Mi madre y mi hija ya me esperaban afuera del museo muy contentas y satisfechas por lo que habían visto ahí. Yo, he de reconocer que finalmente hice las paces con ese museo, así que también me fui feliz de ahí con mis fotos y mi remojón cultural. Ojala todos esos villamelones que convergen todo el tiempo en la Casa Azul se dieran la oportunidad de conocer más de la pareja, que con ese mismo entusiasmo y expectativa visitaran el Museo Anahuacalli, el Museo Dolores Olmedo, el Museo de Arte Moderno, los murales de Diego en el Palacio Nacional, en Bellas Artes, en la SEP o incluso en el Palacio de Cortés en Cuernavaca, que no se quedaran solo con la cocina y la cama de Frida, porque Frida es más que eso, y Diego… DIEGO AUN MÁS.






Otro día con más calmita… nos leemos.