Mientras
realizaba un ejercicio de introspección en relación a la perennidad de los
crustáceos decápodos, o sea, mientras pensaba en la inmortalidad del cangrejo,
o lo que es lo mismo, mientras desovaba… ¡tiraba la hueva pues!, sonó una
simpática campanita en mi celular misma que me advirtió que había recibido un
mensaje de texto. Al leerlo me percaté que se trataba del mio fratello, o sea, de mi “broder” Georgie; el mensaje de texto decía
lo siguiente: “Hola, mañana baila Liz a las 11:00 por si quieres ir”.
¡Carambas!, la verdad es que hubiera preferido leer algo así como: “Lo
esperamos mañana para su colonoscopía, no olvide que tiene que prepararse con
tres lavados por enema… disfrútelos”. Y no es que no quiera a mi única sobrina,
la adoro, pero todo mundo sabe que eso de los festivales escolares son una
verdadera monserga, un fastidio, sobre todo si el mocoso en turno no es tu hijo
o hija. Pero yo que soy facilito y de corazón blando, nomás no pude negarme y
tuve que ajustar mi “apretada” agenda para darle un tiempo de calidad a mi
adorada “Pestañitas”.
Luego de
dejar preparado todo mi equipo fotográfico para tan magno evento, me retiré a
descansar para estar fresco la mañana siguiente en la que tendría que hacer alarde
de mis habilidades como fotógrafo. Ni hablar, ese es el precio que uno tiene
que pagar cuando las fotos que tomas no salen tan mal, sin quererlo y sin
proponértelo, te conviertes en el fotógrafo oficial de la familia.
Con esa
bonita puntualidad inglesa que me caracteriza, llegué puntualito al Colegio, rayando
mi fiel Corcel Negro como debe de ser. El tendido de numerado ya se encontraba
ocupado, o sea, las no más de treinta trinches sillas que pusieron las “mises” en
el patio ya estaban apartadas por las madres, abuelitas y demás “madrinas” de
los parvulitos. Yo como iba en calidad de tío, pero sobre todo, de fotógrafo
oficial de “Pestañitas”, pues no hice caso de las sillas y ubique mi enorme
humanidad en el mejor sitio posible para lograr las mejores tomas.
Entre el
respetable reconocí a varios miembros de mi familia, que al igual que yo, se
solidarizaos con “Pestañitas” y acudieron puntuales a la cita para presenciar
sus habilidades artísticas. Ahí estaba en primera fila mi cuñada, la orgullosa
madre de Liz. Junto a ella, Lilia, mi adorada “Tiadrina” (es mi tía y madrina
al mismo tiempo). Una fila atrás estaban mi prima Perlita con su hija Itzel y
mi otro sobrino Chis con su flamante esposa e hijo. O sea que a mi sobrina no
le iba a faltar porra, de hecho todavía no comenzaba el evento y ellos ya estaban
más animados que el club de fans de Camilo Sesto en "Siempre en Domingo".
Del otro
lado del stage alcance a divisar a mi
hermano que presto se encontraba ya para videograbar la actuación del orgullo
de su nepotismo. Con un discreto pero elocuente gesto nos dijimos a lo lejos: -
¡Que onda wuey! -, - ¡Quiubo! -, y así, con esta breve ceremonia, nos dimos por saludados.
El show
comenzó, los niños iban desfilando por el escenario, unos como solistas y otros
en grupo. El desplante de talento se hizo presente desde el principio en cada
uno de los números, talento casi equiparable al de Thalía, Paulina o Gloria, o
sea, talento nulo. Como para el quito número musical comencé a sentirme
incomodo, para el sexto, aquello ya era tan molesto como una hemorroide infamada.
¡Y cómo no! si la mayoría de las selecciones musicales era “regetoñeras”, o
sea, ¡de pelados! ¿Pos no que mi hermano estaba pagando una escuela nice para su hija? Aquello parecía la Academia
de Formación de los futuros Daddy Yankees de Tlachichilco. Allá de pronto
aparecía en escena algún crío bailando algo diferente, un bonita pieza
hawaiana, algo de danzas árabes, o incluso música pop de moda, pero en general,
aquello parecía una de esas tocadas que hacen en “Indiapalapa” con la crema y
nata de la socialité huehuenche.
Después de
escuchar aquella música de moda, yo me pregunto: ¿Dónde quedó “La Sandunga”,
“El Kazachok”, “El Jarabe Tapatío”, “El Siquisiri”, “La Raspa”, y todos
aquellos bailes que se acostumbraban en mis tiempos? Si, ya sé, los tiempos
cambian y ya sueno como el tipo viejito amargado, pero por Dios, ¡todo menos reggaeton!
Pero bueno, los futuros chacas ahí presentes estaban felices emulando a sus
ídolos Don Omar o Wisin & Yandel.
Como en
todos los festivales infantiles, las orgullosas madres no perdían detalle de lo
que pasaba en escena esperando ansiosas a que el turno de su vástago llegara
para aclamarlos, después de todo, de eso se trata ser madre ¿o no? Celular en
mano, las señoras rubias (producto del peroxido y no precisamente de su raza
aria o escandinava) luchaban entre ellas por obtener la mejor toma de lo que
ahí pasaba. La mayoría de estas “damitas” sacaban el cobre en el toma y daca
entre ellas, digamos que a estas “piojos resucitadas” (como dice mi abuela) les
afloraba el código postal a más no poder. Y es que hoy en día, con eso de que
la gente de dinero ya no son precisamente las que tienen mejor educación sino
las que hacen mejores tacos de barbacoa o dominan el narcomenudeo, entonces, no es de
extrañar su compartimiento de peladas.
De pronto
me sentí rodeado, sofocado y abrumado por toda esa grupo de personas wannabe,
tanto que me dieron ganas de correr a comprar mis $50 pesotes de gasolina para
rociar el lugar y prenderle fuego… total, lo más que podría pasar es que con
tanto niño quemado Platanito Show pondría haber sacado más material para sus shows
privados. Claro que no lo hice, solo fantaseé con hacerlo y me reí un rato
pensando en los “Kentucky Fried Children” (chiste cruel cortesía de Platanito).
Pero los niños no tienen la culpa del comportamiento de sus acomplejadas mamitas,
porque, uno como quiera, pero ellos… ¡son criaturas!
El tiempo
pasaba y aquello no terminaba. Yo no podía hacer mutis hasta que saliera a
escena mi adorada sobrina, quien al parecer, estaba destinada a cerrar el
evento. Ese festival, que por cierto no les dije, era en honor al Día del Amor
y la Amistad, se estaba tornando eterno, ya era más largo que el mismísimo Vive
Latino y más aburrido que un mimo cuadrapléjico. ¡Ah! pero yo estoico, como
buen tío que ama a su sobrina, no me movía de mi estratégico lugar y no perdía
detalle alguno para poder captar el momento de la entrada en escena de
“Pestañitas”.
Luego de
ver a una niña interpretar, ella sí, magistralmente una rolita de Madonna, llegó
finalmente el turno de mi sobrina. El maestro de ceremonia, que seguramente era
el conserje de la escuela, hizo la presentación oficial del grupo “X” (no me
fije como se llamaba el grupo de mi sobrina), grupo compuesto por tres
integrantes, ¡como las legendarias Flans! Tampoco puedo decirles a ciencia
cierta como se llamó el bonito tema que bailaron, porque como ya les dije, yo
no sé nada de reggaeton. Bueno, pos no es por presumir, pero la mera verdad, de
todos los grupos que desfilaron en escena, ellas fueron las mejores, las más
coordinadas, las más “copladas”.
Mi hermano,
cual “Chivo” Lubezki, hizo las mejores y más profesionales tomas con su cámara
de video. Yo por mi parte, hice lo propio con mi cámara de Mafafa Musguito. Al
finalizar la actuación de mi sobrina y sus dos compañeritas, el respetable se
vino abajo en aplausos, bueno no todo, solo el grupo de paleros que íbamos
apoyando a este bonito trío de criaturas, ¡ah, pero eso sí!, con harta
enjundia.
Después del
baile de mi sobrina vinieron un par de grupos más y finalmente aquello llegó a
su fin. Cuando yo ya estaba a punto de poner pies en polvorosa, el sonido local
anunció que los jueces ya estaban deliberando para decidir quienes habían
obtenido los primero lugares del evento. ¡Ah, chinga! yo no sabía que aquello
era un concurso, de lo contrario me hubiera puesto de acuerdo con mi hermano
para sobornar a los jueces, pensé. No me quedó otra más que esperar el fallo
inapelable de los jueces y cruce los dedos. Luego de un par de minutos de
deliberación comenzaron anunciando a los tres primeros lugares en la modalidad
“solistas”. Las ardidas madres de los niños perdedores, lanzaron miradas
flamígeras en contra de los jueces, ni modo… malas perdedoras (a los niños les
dio igual, ellos como si nada). En seguida, anunciaron los premios para los
“grupos”, y como dice mi abuela: “para no hacérselas larga” (sin albur),
resulta que el primer lugar del Certamen de Baile del Día del Amor y la Amistad
cayó en manos de mi adorada “Pestañitas” y sus otras dos compañeritas. Claro,
ya luego me enteré de que mi hermano, que siempre piensa en todo, se había discutido
con unos bonitos regalos para las “mayestras” y la Directora, lo que quizás,
posiblemente, en una de esas, influyó un poquito en la decisión de los jueces. Aunque
la verdad, como les dije, neta, si fueron las que bailaron mejor.
Desgraciadamente
el premio al primer lugar solo consistió en un fuerte aplauso, ya ven, con eso
de que los artistas viven del aplauso, así que mi sobrina, tristemente, no sacó
de pobres a la familia, a comparación de la nena de Los Vazquez Sounds que al
parecer ya hizo ricos a sus padres. En fin, yo solo espero que mi adorada
sobrina valore y no olvide el esfuerzo que hice para acompañarla y aplaudirla
en su somnífero festival de baile el día que ella me tenga que cambiar el pañal
en mi ya no muy lejana vejez. Digo, no hay que ser…
| El escape a la libertad. |
Otro día
con más calmita… nos leemos.





























