sábado, 7 de enero de 2017

Cuando los mexicanos mostraron su ADN




Hace unos meses nos indignamos cuando Trump dijo que los mexicanos éramos unos delincuentes. Hoy, luego de ver los últimos sucesos, comienzo a pensar que tenía razón.

Unos dicen que son infiltrados pagados por el gobierno para desprestigiar las marchas y distraer la atención del objeto de la protesta. Otros dicen que son chairos enviados por el Dios Chairo (ya sabemos quién) con el fin de desestabilizar y hacer ver mal al partido en el poder. Quizás sea un poco de las dos cosas, a mí no me consta ni lo uno ni lo otro. Lo que estoy cierto, lo que es verdad, es que atrás de estos provocadores vienen otros cientos, quizás miles de ciudadanos comunes y corrientes que a la menor oportunidad sacaron su crianza silvestre carente del menor grado de principios e integridad.

Es muy triste y sobre todo penoso ver a niños, jóvenes, señoras y adultos mayores participando en esto a lo que unos llaman saqueo y otros actos de rapiña pero que yo siempre he conocido como vulgar robo. Hay fotos y videos donde claramente se ven a personas, incluso familias, cometiendo estos reprobables actos, personas que de infiltrados no tienen nada. Parece que el mensaje que los padres le quieren dar a sus hijos es que el robo se puede justificar e incluso aplaudir cuando este se comete en contra de alguien que tiene más o como consecuencia de un descontento o enojo colectivo. Si así es como piensan criar a sus vástagos qué podemos esperar de los mexicanos del mañana, una sociedad completamente descompuesta y corrompida en la que la norma será “chíngate al que puedas porque la vida ha sido injusta contigo”.

Durante estos actos delictivos (saqueos) en ningún caso vi a gente robando por hambre como muchos argumentan, yo vi gente robando por sinvergüenzas, porque así son, porque ese es su tamaño como personas, porque esa es su condición humana. Todos los días vemos a mexicanos violando normas, reglas, leyes, y lo vemos como parte de nuestra cultura, del folklore mexicano. Meterte en la fila en lugar de formarte, sobornar a alguien en lugar de cumplir con los requisitos, robarte un examen en lugar de estudiar, son cosas de todos los días, cosas simples que tristemente nos alejan cada día más de un mejor México.

Yo desde hace mucho tiempo perdí la fe en los políticos, en los que gobiernan este país, por lo que mi esperanza estaba puesta en el pueblo. Luego de todo esto mi pesimismo es radical y desesperanzador. Creo que la descomposición social ha tocado a la mayoría de los mexicanos. Es cierto que aun hay, y me incluyo, mexicanos que pensamos que la solución NO está en una persona, en un mesías, en un profeta, en un caudillo que mágicamente va a salvar a este país del pantano en el que se encuentra. Muchos creemos que la verdadera solución está en cada uno de nosotros, que en la medida en que seamos mejores personas seremos mejores ciudadanos que finalmente es de lo que está compuesta una nación, y que en la medida en que ese ejemplo les demos a nuestros hijos el futuro de este país será otro.

No me importa si hay descontento, no me importa si fueron chairos o infiltrados del gobierno, si eran provocadores profesionales, me importa y me preocupa que nosotros como sociedad no condenemos los hechos y solo lo veamos como algo anecdótico, divertido y hasta catártico porque eso solo habla de la descomposición social en la que todos estamos sumergidos.


Gobiernos vendrán de uno y otro partido pero nada cambiará mientras nosotros no lo hagamos. Cuándo será eso, francamente no lo sé.


Otro día con más calmita... nos leemos.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Se les va a secar la mano y a caer el pito




A mí la senadora Ana Gabriela Guevara me cae mal, pero lo que le hicieron no tiene madre. Cuatro peladazos golpeando a alguien en el suelo es de cobardes, pero si ese alguien además es una mujer entonces es lo más vil y abyecto que puede haber, por decir lo menos. Pero lo peor de todo, lo que me da más asco, son toda esa bola de idiotas de las redes sociales que hacen bromas con algo tan lamentable como esto. Yo defiendo el buen sentido del humor pero también hay que tener límites, y el límite siempre tiene que ser el buen gusto y el respeto por las personas en lo particular. Hacer bromas que tienen que ver con la preferencia sexual o la apariencia de una persona que acaba de pasar por algo tan lamentable solo puede venir de personas igual de ruines que los que la golpearon. Un comentario de estos de mal gusto equivale a una patada más en la cara de esta mujer.

Deberíamos de hacer lo posible por educar a nuestros hijos, que es lo que nos corresponde, para que en un futuro no se conviertan en ese tipo de lacras sociales de las que lamentablemente están llenas las redes sociales y la vida misma.

Como diría un amigo: “No chinguen la amistad”.


Otro día con más calmita... nos leemos. 

lunes, 12 de diciembre de 2016

¡Pun!... tranquilos, no pasa nada.




Que si los perros, que si el medio ambiente, que si son peligrosos, que si no me dejan dormir, que si la manga del muerto… puras quejas en contra de los cohetes y demás fuegos artificiales. Yo NO tengo ningún problema con esa tradición (NO EXCLUSIVA DE ESTE PAÍS).

Antes de vivir en mi actual Principado, en mi otra comarca, yo solía vivir enseguida a donde se encuentra un gran altar a la Virgen de Guadalupe, por lo que el 11 y 12 de diciembre aquello se transformaba en algo parecido a Bagdad en pleno bombardeo. Los cohetones que usaban para festejar a la Morenita parecían misiles tierra-aire, misiles Tomahawk o disparos de obuses, eran verdaderas explosiones hiroshimescas. Sin embargo yo nunca me puse punk, nunca fui de nena a pedirles que le bajaran a su festejo porque sabía que aquello no ocurría todos los días. Creo que hay cosas peores y que me molestan más (auditivamente hablando) que la esporádicas explosiones de cohetes. Por ejemplo el pinche perro de mi vecina que vive en la azotea y que no deja de ladrar (a coro) todas las noches. O los cientos de vendedores que pasan por las calles todo el día con tremendos megáfonos. O los millones de oligofrénicos que tocan el claxon a la menor provocación. O los nacotes que traen tremendos sistemas de audio en sus coches para escuchar su peladísima música de banda o reguetón (y todavía le bajan los cristales de sus coches para llamar la atención). En fin, hay cientos de fuentes de ruido que a mí me molestan más que los cohetes que puedan usarse en las fiestas patronales o en la noche del 15 y en Año Nuevo.

Con respecto a lo que contaminan, esto es mínimo si lo comparamos a las bonitas emisiones de tan solo una micro o de un puesto de pollos a la leña. A mí me preocupa más respirar toda la caca de perros pulverizada que hay en el medio ambiente que la bocanada de humo que genera un cohetón. Cierto es que los perros no tienen la culpa de esto sino sus estúpidos y huevones dueños que no levantan las heces de sus animales porque carecen de la más elemental educación cívica.

En fin, seguramente ustedes pensarán que yo soy descendiente directo del Ecoloco pero créanme que no. Tengo más conciencia ambiental que muchos de los que se cortan las venas cada vez que escuchan el estallido de un cohete, es solo que yo le doy la justa dimensión a las cosas y entiendo que la tolerancia es algo vital cuando vivimos en esto que llamamos “sociedad”.


Ya saben que yo no soy dueño de la verdad absoluta, esta es tan solo una opinión… la mía.


Disneyland.

Dubai.

Londres.

Hong Kong.

Paris.

Singapur.

Sídney.

Otro día con más calmita... nos leemos. 

domingo, 11 de diciembre de 2016

¡ALERTA AMBER!, se extravió mi espíritu navideño




Ya sé que es lo que me falta para comenzar a agarrarle sabor a la navidad… N.Y.

Sí, ya me cansé de recorrer centros comerciales en busca de alguna bonita locación que me haga sentir la navidad y nada, nomás no la encuentro. Los centros comerciales están bastante desangelados, igual que las calles y la ciudad completa.

Por otro lado ver a la gente en mangas de camisa eso tampoco ayuda al bonito espíritu navideño. Yo quisiera ver a todos con chamarras, abrigos, gorras, bufandas, guantes, etc., pero con este clima nada de eso se deja ver. Un poco de nieve no nos vendría mal, así el trineo de Santa se deslizaría mejor y no caería en alguno de los chingomil baches que tiene nuestra tenochca ciudad.

No sé si las navidades ya no son como antes o yo soy el que ya no soy el de antes, pero yo recuerdo que de chavo todo se veía diferente. Bueno ya ni siquiera podemos ir a tomarnos la tradicional y peladísima foto con los Santa Clauses de la Alameda, hasta ese gusto nos quitaron.

Ayer vi en un centro comercial a un grupo de niños cantando villancicos, de esos que son como del Ejército de Salvación, pero lo hacían con una hueva tal que daban lástima, además de que los caché haciendo tremendo playback al estilo Siempre en Domingo.  

Antes por estos días ya habían llegado a mi casa varias tarjetas navideñas mismas que yo orgulloso exhibía en algún mueble de la casa. Hoy eso ya es historia, ya nadie manda a hacer en Santo Domingo sus tarjetas navideñas personalizadas.  

Todo esto ha ido haciendo que mi espíritu navideño entre en fase terminal, por eso creo que lo único que podría salvar mi agonizante gusto por la navidad es una escapadita a Nueva York. Posiblemente las piernudas rockettes, una patinadita en Rockefeller Center y un paseo en carreta por Central Park nevado podrían regresarme ese gusto por la navidad que yo solía tener de crío.


Ánimas que se arme la coperacha para que su grinchiento amigo pueda viajar a la hermana República de la Hamburguesa en busca de su extraviado espíritu navideño. Vía de mientras ♫♪ Jingle bells, jingle bells… ♫♪  y caigamos en oración.


Rockefeller Center en Navidad.


Otro día con más calmita... nos leemos.  


lunes, 21 de noviembre de 2016

La afición mexicana reprobó en el MNF de la NFL




Comenzó bien el evento. El estadio Azteca repleto y luego de su “chainiadita” hasta se veía decoroso (en lo que cabe). El himno de los Estados Unidos se interpretó de manera impecable y el respeto que mostró el aficionado mexicano fue digno de encomio. Luego como que la puerca comenzó a torcer el rabo. Apareció Julión Álvarez para cantar el Himno Nacional Mexicano… ¿así o más pelado? La interpretación estuvo medio confusa, entre que se le olvidó y entre que no se entendió. Yo me preguntó, ¿si tenemos al Coque Muñiz para qué invitar a este hijo de la Banda? 

Momentos después lo inevitable, lo que no puede faltar en el estadio Azteca, EL NACO. Y así, a coro, la chusma mostró su código postal gritando el peladísimo ¡Eeeeh Puto! Sí, estoy de acuerdo, no es un grito homofóbico, pero de que es peladísimo (por decir lo menos)… lo es. 

Y por si estas bonitas muestras de subdesarrollo no fueran suficientes apareció un naco con un laser dirigiendo la luz a la cara del QB de los Texans. Esto lo vieron en todo el mundo y lo vieron las autoridades de la NFL, así que no nos extrañe si este fue el último partido en nuestro país. 

Faltaba la cereza en el pastel y esta la puso… ¿quién creen? Pues más nacos. Lo hicieron lanzando avioncitos de papel al terreno de juego hechos con los cartones que les habían dado para hacer los mosaicos del medio tiempo. 

Ni hablar, somos un país subdesarrollado al que le falta muchísima educación. No generalizo, sería injusto, pero es triste que por unos pocos, o en este caso unos muchos, paguemos los aficionados a este deporte.


Hablando del partido hay que decir que estuvo bastante bueno, muy emocionante. Claro que hubo un par de “errores” de los oficiales que definitivamente ayudaron a que los Raiders ganaran el partido. No quiero pensar mal pero con eso de que es una costumbre que los árbitros se vendan en este estadio todo “sospechosismo” es aceptable. 

En fin, espero que algún día podamos comportarnos como gente de primer mundo si es que queremos seguir disfrutando de estos espectáculos de primer mundo. Digo.

Julión cantando el Himno Nacional Mexicano... no hubo pa' más.

El nefasto grito del futbol mexicano estuvo presente en el partido de
la NFL... ¡de pelados!

El láser que estuvo molestando al QB de los Texans podría ser la causa
de que no regrese la NFL a México.

Otro día con más calmita... nos leemos. 


martes, 15 de noviembre de 2016

La Súper Luna



¿Vieron la Súper Luna? ¿No? Yo tampoco, no se preocupen. La Luna allí está y allí estará por mucho tiempo. Es la misma que vieron los enamorados hace miles de años y va a ser la misma el resto de nuestras vidas (enamorados no se angustien). Más grande sí, un poco, casi imperceptible. Lo cierto es que gente se sugestiona cuando escucha el término “súper” por lo que asegura que la Luna de ayer era tamaño XL. Pues no, la Luna se vio igual, ligeramente más grande pero no tanto como cuando se asoma al caer la tarde o cuando se baña en el océano.

Lo que yo recomiendo, yo que soy un astrónomo villamenlón, es que no esperen a que le pongan adjetivos a la Luna para voltear a verla, adjetivos ridículos como “súper”, “sangre” o “eclipse”. La Luna es una y ya, de queso y lista cada mes para los amorosos que, como diría el poeta chiapaneco: “la toman en dosis precisas y controladas”.

Viéramos de voltear más seguido al cielo, ahí viven y juegan una enorme cantidad de astros que por un momento nos permiten escapar de esta nuestra esquizofrénica morada llamada Tierra. No es tan difícil, solo levanten la vista y ya.





Foto: Esta no es la Súper Luna de ayer, es la Luna a secas, así sin apellidos ni apodos. ¿No es hermosa?


Otro día con más calimta... nos leemos. 

miércoles, 9 de noviembre de 2016

El extraño sueño de la Sacrosanta




Ayer mientras unos se jugaban las elecciones presidenciales en Estados Unidos mi Sacrosanta se jugaba la vida en un hospital. Y es que tres estudios simultáneos que para cualquiera de nosotros son a piese of cake, para ella, una ciruelita de la tercera edad (entrando a la cuarta), es algo bastante serio. Si a eso le añadimos la ya mermada y abollada salud de Doña Laura, pues la cosa no estaba fácil.

La noche previa me la pasé en vela preparando todo para su cita con los galenos: ropa, medicina, documentos, dinero, etc. Tuve que consumir grandes cantidades de café porque Morfeo se la pasó coqueteando conmigo all nigh long, pero afortunadamente nunca caí en sus brazos.

Llegué muy temprano al hospital, media hora antes de la cita. Me dirigí directo a la recepción en donde le harían los estudios y las maniobras pertinentes. La amable señorita luego de darme los buenos días me mandó a la caja acompañado de mi tarjetita de crédito. Ya saben que en esos lugares lo primero es lo primero… o sea el varo.

Regresé con la señorita luego de haber apoquinado y me dio nuevas instrucciones – Tome asiento por favor, enseguida le llaman -. Obediente cual niño en vísperas de navidad fui a depositar mi bien torneado trasero en una silla junto a mi madre. Luego intenté distraer a la Sacrosanta haciendo algunos comentarios “picarescos” acerca de la concurrencia allí reunida… eso nunca falla. Mi madre que estaba harto nerviosa por un momento se distrajo hasta que una señorita salió a llamarla.

La enfermera le entrego ropa de hospital y la mandó a cambiarse. Luego mi madre regresó conmigo a darme sus pertenencias y así la vi desaparecer por una puerta junto con la enfermera que la llevaba del brazo. Yo me quedé en la sala de espera junto con los familiares de otros pacientitos que andaban en las mismas.

Como sabía que la cosa iba a ser tardada yo iba bien preparado: libro, walkman, celular con juegos (ajedrez, sudoku y scrabble), galletas varias, más café, y mi infalible libreta por si se me ocurría algo (como esto). Mentalizado, así como cuando uno viaja a Europa y sabe que le esperan 12 horas de vuelo, intenté olvidarme del reloj y enfocarme a perder el tiempo en lo que fuera. Un rato jugué con el celular, otro rato escuché música, otro rato más escuché música mientras jugaba con el celular, intenté leer una biografía de Cuauhtemoc (el Tlatoani no el futbolista-político), platiqué con algunas de las personas que esperaban junto conmigo, en fin, hice todo lo posible por matar el tiempo. Incluso me puse a ver una televisión que había por ahí y quedé maravillado con lo que encontré. Primero vi un programa de esos que hay en las mañanas en donde salen como mil conductores, entre los que reconocí estaban: Albertano, Adrian Uribe, el “Burro” Van Rankin, Araiza, Galilea, Legarreta y muchos muchos más que no tengo la menor idea de quiénes eran. El programa estaba como para que en ese momento me hubieran internado a mí también con un severo daño cerebral irreversible, una cosa de pena ajena. Luego empezó una telenovela en la que descubrí al matador Capetillo, cosa que me dio gusto porque hace mucho tiempo que no lo veía en la tele (ni en la plaza de toros). La novela no sé ni cómo se llamaba y solo reconocí a Guillermo Capetillo. Francamente no entiendo cómo puede haber gente que se siente a ver esa programación y menos en las mañanas… ¿qué no tendrán algo mejor que hacer?

Pasaron una, dos, tres, cuatro horas y nada que me daban noticias. Para ese entonces ya me sabía la vida de todos los allí presentes junto con el historial clínico de sus familiares. Ya había jugado tantas partidas de ajedrez que si me hubieran traído a Karpárov seguro le hubiera dado la vuelta. Por mi walkman ya habían desfilado desde Yo-Yo Ma hasta Ramón Ayala y sus Bravos del Norte. En fin, ya me estaba comenzando a aburrir y, lo que es peor, a preocupar.

Salí un rato de la sala pero sin irme muy lejos por si me necesitaban. Estiré las piernas justo afuera de los quirófanos. Mientras estuve allí escuché a varios doctores que salían a hablar con los familiares. De los cinco casos que me tocó escuchar cuatro fueron muy malas noticias así que opté por retirarme de ese lugar ya que en lugar de distraerme comencé a preocuparme más. Regresé a mi lugar y retomé mi lectura tlatelolca.

Las horas seguían pasando y yo veía como uno a uno se iban retirando los pacientes con sus familiares. Aquella sala repleta comenzó a quedar sola. A lo largo del día vi como cada vez que alguien se acercaba a pedir información les decían que siguieran esperando, que ellos les iban a llamar. Por esa razón yo no me había acercado a peguntar por mi ciruelita pero llegó un momento en que decidí que ya era hora de hacer panchos. Justo cuando estaba por levantarme me llamaron del mostrador. La amable señorita en lugar de darme informes me pidió que fuera a pagar un material extra que habían tenido que usar. Antes de ir le pregunté por la salud de la Sacrosanta pero no me quiso decir nada, me dijo que en un momento iba a salir el doctor a hablar conmigo.

En friega me fui a pagar a la caja. Mientras caminaba le daba una leída a la larga lista de chunches que me estaban cobrando. Casi me da un infarto cuando en la lista encontré algo que decía “resucitador”. No me quedó más que apresurar el paso para regresar cuanto antes.

Cuando volví a la sala la encontré vacía. Las dos personas que esperaban a su paciente ya no estaban y la señorita del mostrador brillaba por su ausencia. De pronto salió el doctor, un doctor de esos que le gustan a mi madre, “de buen tipo” como dice ella. Me explicó que mi ciruelita estaba bien, que ya se estaba despertando. Me dijo que habían tenido que hacer algunas “maniobras” durante el procedimiento que no tenían contempladas pero que en general estaba bien y fuera de peligro. En ese momento ya me tranquilicé y mis amígdalas falsas regresaron a su lugar de origen.

El amable galeno me llevó hasta la habitación en la que tenían a la Sacrosanta tendida en una cama. Ya despierta, pero todavía bien pacheca por el Propofol, me vio entrar y le dio mucho gusto. Le estaba platicando a otro doctor que había tenido un sueño muy raro. El doctor intrigado le preguntó qué había soñado y mi madre le dijo que estaba soñando con un partido de americano muy bueno. El doctor se rió y le preguntó – ¿En serio?, ¿y quienes jugaban? -, mi madre obvio no le supo decir pero le dijo que estaba muy bueno porque se habían ido a tiempo extra. El doctor volvió a sonreír extrañado de los gustos de la Sacrosanta, gustos obviamente influenciados por los míos. Yo todavía sacado de onda con eso del “resucitador manual” me pregunté si lo que había soñado no habría sido ese “túnel con la luz al final del camino” del que muchos hablan y ella lo confundió con el túnel de los vestidores. Charros, qué miedo.

Poco a poco incorporé a mi madre y mientras una enfermera la ayudaba a vestirse yo recibí las últimas indicaciones del doctor. Salimos del hospital casi a las 7 de la noche. En la radio escuché la noticia que ya todos sabían, que al parecer Trump sería el futuro presidente del gabacho. Del cielo caía un tormentón y la temperatura bajaba súbitamente. Todo parecía estar muy triste, el futuro de México y hasta el clima. Pero yo no, yo estaba muy feliz, poco me importaba Trump y la tormenta por el simple y sencillo hecho de que mi Sacrosanta había salido bien de su aventura en el hospital.


Hoy doña Laura se recupera poco a poco en casa y yo sigo con hambre y sueño pero ya mañana seguramente todo irá mejor, incluso para México. Y es que nada dura para siempre, ni  las peores cosas. Así que a ser positivos que lo malo pronto pasa, ya sea una visita al hospital o la presidencia de un fanático.


Otro día con más calmita... nos leemos.